Nuevas lecturas · Unidad 12 de 74
Unidad 12 · RATÓN PÉREZ 47
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
RATÓN PÉREZ 47
hasta el grandísimo picaro de Caín puso su primer diente, amarillo y apestoso como uno de ajo, escondido entre la piel de perro negro que le servía de cabecera. De Adán y Eva no se sabe nada: lo cual á nadie extraña, porque como nacieron grandecitos, claro está que no mudaren los dientes.
Apuradillo se vio el rey Buby para escribir la carta; pero consiguiólo al cabo, y no sin grande suerte, pues tan solo llegó á mancharse de tinta los cinco dedos de cada mano, la punta de la nariz, la oreja izquierda, un poco del borceguí derecho y todo el babero de encajes desde arriba hasta abajo.
Acostóse aquella noche más temprano que de costumbre, y mandó que dejasen encendidos en la alcoba todos los candelabros y arañas. Puso con mucho primor debajo de la almohada la carta con el diente dentro, y sentóse encima dispuesto á esperar á Ratón Pérez, aunque fuese necesario velar hasta el alba.
Ratón Pérez tardaba, y el Reyecito se entretuvo en pensar el discurso que había de pronunciarle. A poco abría Buby mucho los ojitos, luchando contra el sueño que se los cerraba: cerróselos al fin del todo, y el cuerpecillo resbaló buscando el calor de las mantas, y la cabecita quedó sobre la almohada, escondida tras
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un brazo, como esconden los pajaritos la suya debajo del ala.
De pronto, sintió una cosa suave que le rozaba la frente. Incorporóse de un brinco, sobresaltado, y vio delante de sí, de pie sobre la almohada, un ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja, terciada á la espalda.
Miróle el rey Buby muy espantado, y Ratón Pérez, al verle despierto, quitóse el sombrero hasta los pies, inclinó la cabeza según el ceremonial de corte, y en esta actitud reverente esperó á que S. M. hablase.
Pero S. M. no dijo nada, porque el discurso se le olvidó de pronto, y después de pensarlo mucho, tan solo acertó á decir algún tanto azorado:
— Buenas noches...
A lo cual respondió Ratón Pérez profundamente conmovido:
— Dios se las dé á V. M. muy buenas.
Y con estas corteses razones, quedaron Buby y Ratón Pérez los mejores amigos del mundo. Conocíase á la legua que era este un ratón muy de mundo, acostumbrado á pisar alfombras y al trato social de personas distinguidas.
Su conversación era variada é instructiva y su erudición pasmosa. Había viajado por todas