Nuevas lecturas · Unidad 17 de 74

Unidad 17 · RATÓN PÉREZ 57

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RATÓN PÉREZ 57

la calceta á medio hacer caída sobre las faldas.

Cesó el peligro una vez franqueado el agujero de salida, y faltaba ya tan solo subir á la última bohardilla de aquella misma casa, que era donde Güito vivía. Todo era entrada en aquella miserable habitación abierta á todos los vientos, y los ratones la invadieron por rendijas, grietas y agujeros, como se invade una ciudad ya desmantelada.

Encaramóse el rey Buby en el palo de una silla sin asiento, única que había, y desde allí pudo abarcar todo aquel cuadro de horrible miseria, que nunca hubiera podido ni aun siquiera imaginar.

Era aquello un cuchitril infecto, en que el techo y el suelo se unían por un lado, y no se separaban lo bastante por el otro, para dejar cabida á la estatura de un hombre. Entraba por las innumerables rendijas el viento helado del alba, que ya clareaba, y veíanse por debajo de la tejavana del techo, grandes cuajarones de hielo.

No había allí más muebles que la silla que servía de observatorio al rey Buby, un cesto de pan vacío, colgado del techo á la altura de la mano, y en el rincón menos expuesto á la intemperie, una cama de pajas y de trapos, en que dormían abrazados Güito y su madre.

58 NUEVAS LECTURAS

Acercóse Ratón Pérez, llevando al rey Buby de la mano, y al ver éste de cerca al pobre ( ri« lito, asomando las yertas manecitas por los trapos miserables que le cubrían, y pegada la preciosa carita al seno de su madre, para buscar allí un poco de calor, angustiósele el corazón de pena y de asombro, y rompió á llorar amargamente.

¡Pero si él nunca había visto eso!... ¿Cómo era posible que no hubiese él sabido hasta entonces, que había niños pobres que tenían hambre y frío, y se morían de miseria y de tristeza en un horrible camaranchón?... ¡Ni mantas quería él ya tener en su cama, mientras hubiese en su reino un solo niño, que no tuviera por lo menos tres calzones de bayeta y un vestidito de bombasí!!...

Conmovido también Ratón Pérez, se enjugó á hurtadillas una lágrima con la pata, y procuró calmar el dolor del rey Buby, enseñándole la brillante monedita de oro, que iba á poner bajo la almohada de Güito, en cambio de su primer diente.

Despertó en esto la madre de Güito, é incorporóse en el lecho contemplando al niño dormido. Amanecía ya, y érale forzoso levantarse para ganar un mísero jornal, lavando en el río. Cogió á Güito en sus brazos, y le puso de rodi-