Nuevas lecturas · Unidad 18 de 74
Unidad 18 · RATÓN PÉREZ 59
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
RATÓN PÉREZ 59
lias, medio dormido, delante de una estampita del Niño Jesús de Praga, que había pegada en la pared, sobre la misma cama.
El rey Buby y Ratón Pérez se pusieron de rodillas con el mayor respeto, y hasta los Cazadores ligeros se arrodillaron también, dentro del canasto vacío, en que merodeaban silenciosos.
El niño comenzó á rezar:
— / Padre nuestro, qett estás en los rielos!...
Hizo el rey Buby un gesto de inmensa sorpresa al oirle, y se quedó mirando á Ratón Pérez con la boca abierta.
Comprendió éste su estupor y fijó en el Reyecito sus penetrantes ojos: mas no dijo una sola palabra, esperando sin duda que otro las dijese.
Emprendieron el viaje de vuelta silenciosos y preocupados, y media hora después entraba el rey Buby en su alcoba con Ratón Pérez.
Tornó allí éste á meter en la nariz del Rey la punta de su rabo: estornudó de nuevo Buby estrepitosamente, y encontróse acostadito en su cama, en los brazos de la Reina, que le despertaba, como todos los días, con un cariñoso beso de Madre.
Creyó, por el pronto, que todo había sido sueño: mas levantó prontamente la almohada, buscando la carta para Ratón Pérez, que había
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puesto allí la noche antes, y la carta había desaparecido.
En su lugar había un precioso estuche, con la insignia del Toisón de oro, toda cuajada de brillantes; regalo magnífico que le hacía el generoso Ratón Pérez, en cambio de su primer diente.
Dejólo caer, sin embargo, el Reyecito, sobre la rica colcha, sin mirarlo casi, y quedóse largo tiempo pensativo, con el codo apoyado en la almohada. De pronto dijo, con esa expresión seria y meditabunda que toman á veces los niños, cuando reflexionan ó sufren:
— Mamá... ¿Porqué los niños pobres rezan lo mismo que yo, — Padre nuestro, que estás en los cielos:...
La Reina le respondió:
— Porque Dios es padre de ellos, lo mismo que lo es tuyo.
— Entonces, replicó Buby aún más pensativo, seremos hermanos...
— Sí, hijo mío: son tus hermanos.
Los ojitos de Buby rebosaron entonces admiración profunda, y con la voz empañada por las lágrimas y trémulo el pechito por el temblor de un sollozo, preguntó:
— ¿Y porqué soy yo Rey, y tengo de todo, y ellos son pobres y no tienen de nada?
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Apretóle la Reina contra su corazón con amor inmenso, y besándole en la frente, le dijo:
— Porque tú eres el hermano mayor; que eso es ser Rey... ¿Lo entiendes, Buby?... Y Dios te ha dado de todo, para que cuides en lo posible, de que tus hermanos menores no carezcan de nada.
— Yo no sabía eso, dijo Buby meneando con pena la cabecita.
Y sin acordarse más del Toisón de oro, púsose á rezar, como todos los días, sus oraciones de la mañana. Y á medida que rezaba, parecíale que todos los Güitos pobres y desvalidos del reino se agrupaban en torno suyo, alzando también á Dios sus manitas, y que él decía, llevando, como hermano mayor, la voz de todos.
— ¡Padre nuestro, que estás en los cielos!...
Y cuando el rey Buby fué ya un hombre y un gran guerrero, y tuvo que pedir á Dios auxilio en los trabajos, y darle gracias en las alegrías, siempre dijo, llevando la voz de todos sus subditos, pobres y ricos, buenos y malos:
— ¡Padre nuestro, que estás en los cié lo si...
Y cuando murió el rey Buby, ya muy ancianito, y llegó su buena alma á las puertas del cielo, allí se arrodilló y dijo como siempre:
— ¡Padre nuestro, que estás e?i los cielos!...
Y en cuanto esto dijo, le abrieron las puertas de par en par miles y miles de pobres Güitos, de que había sido Rey, es decir, hermano mayor, acá en la tierra...