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Unidad 30 · FABLAS DE DUEÑAS" 91

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FABLAS DE DUEÑAS" 91

Ayudáronla á bajar dos freirás que consigo traía, y cuando así en volandas la apeaban, postróse de hinojos ante ella la Reina D.a Berenguela, y asióla de los pies para besárselos.

Mas la dueña, esquivando con harta presteza tales demostraciones, echó los brazos al cuello de la Reina, y así quedaron buena pieza de tiempo ambas ancianas de rodillas en el polvo, abrazadas y sollozando.

Y fué caso temeroso que enmudeció allí las lenguas, y puso piedad en los corazones y llanto en los ojos, el de ver aquellas dos grandes hembras, abatirse así y humillarse.

Porque si la una era la excelsa Reina doña Berenguela de Castilla, era la otra la antigua Reina de León, Santa Teresa de Portugal, monja entonces del Cister.

Nunca se habían visto ni conocido hasta aquel entonces las dos Reinas D.a Berenguela y Santa Teresa, y jamás consignó la historia, ni acaso pudo imaginar la fantasía, situación más extraña ni enojosa, que la de estas dos ilustres Princesas, en aquella su entrevista de Valencia de Alcántara.

Ambas eran reinas del mismo reino; ambas

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eran mujeres del mismo marido; ambas tenían hijos del mismo padre, y ambas venían allí deseosas de conjurar una guerra sangrienta, y de conciliar los derechos encontrados de sus hijos, con el interés de la religión y el bien de la patria.

Mas para comprender á fondo tan extrañas circunstancias, fuerza será recordar al lector algunos sucesos históricos de aquel tiempo.

Cuarenta años antes, en 1 190, habíase casado el Rey de León D. Alfonso IX con la Infanta de Portugal D.a Teresa, hija de los Reyes don Sancho I y D.a Dulce.

Era la Infanta, en el cuerpo y en el alma, tan acabado modelo de Princesas, que el Padre Maestro Flórez nos ha dejado de ella el siguiente elogio:

«Sobre las gracias naturales tenía un juicio y discreción superior á su edad, con unos dotes y prendas sobrenaturales en el alma, que la hacían parecer una imagen pintada por el soberano Artífice, para tener en ella sus delicias.

»Era blanda y compasiva con los pobres desde niña; inclinada á ayunos y devociones, según lo que veía practicar á su aya D.a Goda, que era una matrona muy devota. La Misa la oía toda de rodillas, sin apartar los ojos del altar ni distraerse á la más mínima palabra. El Rey