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Unidad 32 · FABLAS DE DUEÑAS 95

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FABLAS DE DUEÑAS 95

pues (1217) por muerte de su padre y de su hermano el Rey D. Enrique I.

Ni un solo momento tuvo, sin embargo, en sus sienes la diadema real de Castilla esta magnánima señora, que, como figura colosal, se destaca en su siglo. Dos solos y grandes pensamientos embargaron de continuo su corazón y su mente, y á ellos enderezó desde los actos de su política hasta sus sentimientos de madre.

Su mucha cristiandad hacíala desear á todo trance la completa expulsión de los Sarracenos, y su gran genio político adivinaba ya, como primera consecuencia de esta, la unidad española, cuya piedra fundamental había de ser por entonces la de las dos coronas de León y de Castilla.

Por eso, no bien se vio dueña por derecho propio de esta real diadema, pasóla á las sienes de su hijo D. Fernando, que contaha ya dieciocho años, esperando que en ellas vendría á reunirse la de León, á la muerte de sn padre Alfonso IX (1).

Ya hemos dicho, sin embargo, cómo el encono del monarca leonés contra los castellanos,

(1) Doña Berenguela heredó la corona de Castilla el martes 6 de Junio de 121 7, que fué el día en que murió su hermano D. Enrique I; y proclamó Rey de Castilla á su hijo D. Fernando, el i.° de Julio del mismo año. Fué esta proclamación en Valladolid, en el sitio que es hoy Plaza Mayor, y era entonces lugar para mercado, fuera de puertas.

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y el extraño desapego que mostró siempre á su hijo D. Fernando, dieron al traste, por el pronto, con las justas y fundadas esperanzas de la Reina.

Mas no era el gran corazón de D.a Merengúela de los que desfallecen, ni era su constancia de las que se abaten ante los obstáculos y ceden. Dijo una vez esta gran Reina á un ricohome desalentado: «El comenzar de todos es; mas perseverar en ello es de pocos. E si agora non se fizo bien por algún desacuerdo, catad otra vía é lo faredes mejor».

Esta era siempre su divisa, porque esta es la de los grandes caracteres, de enérgico temple, cuya fuerza de voluntad no se malgasta en ímpetus, y obra, según las circunstancias, ya violenta y ardiente, ya fría y reflexiva, y es hoy lo que era ayer, y será mañana lo que es hoy.

Cuando un obstáculo cierra el paso á las almas de este temple, lo remueven si pueden; si no, procuran salvarlo dando un rodeo, y si ni una ni otra cosa logran, se detienen y esperan, pero no desisten.

Y no desistió D.a Berenguela. Su gran entendimiento, su fe en Dios y su ^profundo conocimiento de los hombres y de las cosas, la inspiraron un recurso á que nadie sino ella hubiera podido recurrir. Su hijo, que según la frase de