Nuevas lecturas · Unidad 33 de 74
Unidad 33 · FABLAS DE DUEÑAS 97
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
FABLAS DE DUEÑAS 97
D. Lucas de Tuy, estaba ante ella, como humilde mozo so la palmatoria del maestro, dejóla obrar libremente y apartóse de este asunto, •en que su intervención directa pudiera hacerse sospechosa.
Envió entonces D.a Berenguela con grande urgencia dos secretos mensajes; uno al abad de Oña, para que encendiera gruesos cirios ante la imagen de Nuestra Señora en aquel Monasterio, é ficiesen rogativas é Misas, é ayunasen é orasen en toda la comunidat, fasta que pluguiera á Nuestra Señora acordar el asunto que en las sus manos ponia (i).
Iba el otro mensaje para la santa Reina doña Teresa de Portugal, que vivía retirada en el Monasterio de Larvaón, cerca de Coímbra, y
(i) La Reina D.a Berenguela tuvo gran devoción á la Virgen Santa María de Oña, desde que fué en peregrinación á este Monasterio para impetrar ante la sagrada imagen la salud de su hijo San Fernando, muy niño entonces y gravemente enfermo. El niño fué curado milagrosamente, según asegura su mismo hijo D. Alfonso el Sabio; y el abuelo, Alfonso VIII, que aún vivía, y estaba en Burgos ocupado en la fundación del Monasterio de las Huelgas, fué allá en romería á dar gracias á la Virgen. El Rey D. Alfonso el Sabio refiere todo este suceso en la cantiga ccxi de la magnífica edición de la Real Academia Española, que lleva por encabezamiento: Cómo Santa María guarecen en Onna al rei Don Fernando quand' era mcnynno, d' ua grand' enfermidade que avia. Esta antiquísima imagen existe todavía en la sacristía del Monasterio de Oña, que habitan al presente los Padres de la Compañía de Jesús.
98 NUEVAS LECTURAS
pedíale con grande humildad y cortesía, que le concediera una entrevista en el lugar y tiempo que á ella misma le pluguiese designar.
La prudencia buscaba apoyo en la piedad, y lo encontró en efecto. Doña Teresa aceptó sin vacilar un punto la propuesta de la Reina de Castilla, y ya la hemos visto llegar á la cita concertada en Valencia de Alcántara.
Encontráronse, pues, frente á frente aquellas dos mujeres que, dado el modo de ser de los humanos, debían albergar entre sí rivalidades de reinas, celos de mujer y egoísmos de madres.
Mas todo calló en ellas, si algo existía, ante los grandes intereses de la religión y de la patria; y al día siguiente, muy de mañana, oyeron Misa las dos Reinas, unidas como dos hermanas, en la iglesia de Nuestra Señora. Y como por hurtarse á la curiosidad de las gentes, y á las honras que la tributaban, no quisiese Santa Teresa desamparar la tribuna, acompañóla en ella D.a Berenguela, y allí asistieron las dos al santo Sacrificio, sin estrados ni doseles, puestas de hinojos sobre el duro suelo.