Nuevas lecturas · Unidad 54 de 74
Unidad 54 · 148 NUEVAS LECTURAS
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148 NUEVAS LECTURAS
tempestades propias del Cantábrico. Embravecióse el mar de repente con tal ira y empuje, que llegó á cubrir por completo la peña de Humaillaría, y una ola, la mayor que hasta entonces recordaban allí los nacidos y de entonces acá recuerda en aquellos mares memoria de hombre, rompió contra el palacio, amenazando arrancarlo de cuajo, dividióse como por dos exclusas por los dos astilleros que había entonces á uno y otro lado de éste, y fué á estrellar contra la torre de la iglesia, á la altura casi de las campanas, las chalupas y despojos que había arrastrado á su paso. Diecisiete mareantes de la villa perecieron en aquella catástrofe, todos ellos de aquel valiente gremio de pescadores guipuzcoanos que se dedicaba entonces á la pesca de la ballena, frecuente antes en aquellos mares, y llegaba hasta Terranova en busca del bacalao.
Poco á poco fué arrojando el mar sobre la playa las víctimas y despojos de sus iras, y apareció entonces entre éstos una chalupa destrozada, salva por milagro, resto único de un galeón genovés, que había salido de no sé qué puerto de Francia con rumbo á Inglaterra. Venían en ella cinco infelices náufragos, medio muertos de hambre y de fatiga, y lleváronles á una casahospital fundada por D. Pedro de Zarauz y man-
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tenida y cuidada por la caridad inagotable de su mujer D.a María de Hernani y de su hija D.a Mariana. Era uno de aquellos infelices un joven que parecía expirante y en cuya extraña lengua, de nadie comprendida, creyó reconocer D.a Mariana la de su esposo Boucker-Barthon. Pasó éste á verle con grande caridad, y encontró en efecto que era el pobre joven un compatriota, noble caballero inglés, cuyo nombre no ha llegado á la posteridad por haberse ocultado entonces con delicada prudencia. Puede conjeturarse, sin embargo, que era deudo ó amigo íntimo del rígido puritano Sir Amyas Paulet, Embajador de Inglaterra, puesto que con él fué y con él había vivido en Francia.
Enterado D. Pedro de Zarauz de la desgracia y la noble calidad del náufrago, hízole trasladar á su palacio, con la caridad y cortesía de los españoles de aquel tiempo, y alojóle espléndidamente en la cámara azul, prodigándole toda la familia los más cariñosos cuidados. Explicó entonces el caballero su desgracia, diciendo que había ido á París dos años antes con el Embajador Sir Amyas Paulet; que en la corte de Francia había recibido en un desafío una estocada en el pecho; que para convalecer de su herida habíase trasladado á Pau con el rey Enrique de Navarra, y que volvía á su patria, cuando la