Nuevas lecturas · Unidad 55 de 74

Unidad 55 · 150 NUEVAS I.KCTURAS

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150 NUEVAS I.KCTURAS

horrenda tempestad sorprendió é hizo zozobrar en el golfo al galeón que le llevaba.

Declaró también que era católico, apostólico, romano, y aunque nunca movía él pláticas religiosas, guardábase bien de huirlas, y seguíalas con instrucción y tino, concluyendo siempre por encargar á todos que pidiesen á Dios su pronto restablecimiento. La muerte le amenazaba sin embargo muy de cerca: habíale interesado el pulmón la herida del pecho, y las humedades y horrores del naufragio habíanle producido lo que llamaríamos hoy vulgarmente una tisis galopante, que le devoraba por momentos á la vista de todos, sin que él mismo lo conociese. Lejos de eso, era su conversación continua la de volver á su patria, donde debía realizar, según aseguraba, las más halagüeñas esperanzas.

Llegó por fin el terrible momento en que fué necesario anunciarle que su fin se aproximaba y debía disponerse á morir como católico. Dióle la fatal nueva el mismo Bocker-Barthon, y entonces pasó allí una escena horrorosa. Arrojóse el infeliz caballero del lecho con increíble fuerza, poseído de furor extraño, y comenzó á vocear pidiendo una espada para defenderse de los pérfidos papistas, los infames asesinos de la San Bartolomé, que le mataban á traición envenenándole lentamente.

EL SALÓN AZUL 15 1

Acudieron á las voces todos los de la casa, y ante ellos, pidiendo siempre una espada y guardándose tras el lecho, declaró que él no era católico sino hugonote, y que si había ocultado su religión, fué tan solo porque le pareció este el único medio de salvar su vida en aquella maldita España de inquisidores y papistas; pero una vez que le mataban á traición, envenenándole con tisanas, él lo declaraba así y les desafiaba á todos juntos, ó uno á uno, y declaraba también que la estocada que llevaba en el pecho la había recibido en París la horrenda noche de San Bartolomé defendiendo contra los asesinos católicos la vida del almirante Coligny, como defendería la suya propia contra todos los asesinos presentes, si el ser católicos no ahogaba en ellos todo resto de caballerosidad, y le daban una espada.

Dióle aquí una fuerte congoja, y aprovecháronla para volverle á la cama creyendo que deliraba, pues decíalo todo esto en inglés, y solo Boucker-Barthon podía entenderle. Esforzábase éste en vano por calmar su furia, y exhortábale á bien morir, reconciliándose con Dios, dispuesto siempre á la misericordia. Mas el moribundo, exánime ya y sin movimiento casi, mirábale con enconado odio y entreabría tan solo los labios para maldecir á los presentes y mur-