Nuevas lecturas · Unidad 62 de 74
Unidad 62 · 170 NUEVAS LECTU
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170 NUEVAS LECTU
Volvímonos nosotros para examinar al viejo, y retiróse él paso á pasito, hasta sentarse en cuclillas sobre el umbral de piedra del despacho, como perrillo prudente que espera para acercarse el beneplácito de su dueño. Parecía de edad avanzadísima, no obstante su agilidad extrema, y más bien que pequeño ó encorvado, hallábase encogido por la acción de los años. Su rostro, de facciones muy regulares, presentaba en efecto las líneas relajadas de la imbecilidad, y hubiera parecido grotesto, si su cabellera espesísima, blanca como la nieve y naturalmente rizosa, no rodeara su cabeza con los replandores de un nimbo de plata. Inspiraba compasión profunda el temblor horrible y constante que agitaba todo su cuerpo, semejante, al andar, al de una varilla que, fija en el suelo por un extremo, oscila por el otro y recorre con movimiento constante y acompasado un arco más ó menos extenso: síntoma terrible este que se observa de ordinario en las personas alcoholizadas.
Encontró Joaquín en la entrada del viejecito nuevo tópico de conversación que le sacase de su elocuencia monosilábica, y, como á menudo sucede, dijo una tontería, por querer decir algo. Preguntó á la Superiora si aquel temblor provenía en el viejo del abuso de bebidas alcohólicas.
LA CUESTA DEL COCHINO 171
— ¡Ay, no!... ¡Pobrecito! — replicó vivamente Sor Ventura. — Jamás le vi beber sino agua clara.
Desconcertóse un poco Joaquín, temiendo haber ofendido al viejo, y tornó á preguntar si hacía mucho tiempo que estaba en el hospital asilado.
— Mucho debe hacer, — replicó Sor Ventura;— pero no lo sé á punto fijo... Cuando yo vine aquí de Superiora, hace veintitrés años, era ya antiguo en la casa.
— ¿Y no lo sabe él mismo?...
— ¡Oh, no!... Es un caso muy raro... Tiene perdida por completo la memoria del pasado, y recuerda en cambio por cierto tiempo todo lo que oye, con fidelidad pasmosa y sin entender palabra... Va usted á verlo... Nosotras le empleamos para trasmitir recados, y nos ahorra en este caserón inmenso mucho tiempo y muchos pasos.
Y volviéndose al viejecito le llamó con la voz y con la mano:
— ¡Zamama!
Acudió él muy presuroso, cimbrándose de atrás para adelante, y Sor Ventura le dijo articulando mucho las palabras:
— Vas á preguntar á Sor Teresa, que estará en la botica, si recuerda ella, que es más anti-