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Unidad 68 · LA CUESTA DEL COCHINO 183

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LA CUESTA DEL COCHINO 183

lleros, el simpático Manolito Espejo, gaditano de la Caleta, á quien el propio Costillares había de dar la alternativa el próximo día de la Virgen de Setiembre, en la plaza de Ronda, á petición de aquellos caballeros maestrantes.

No era todavía costumbre de los matadores reclutar ellos mismos cuadrillas estables que les acompañasen y siguiesen por todas las plazas. Lejos de eso, contratábanse picadores, banderilleros y peones directamente, unas veces con los empresarios, otras con las corporaciones ó cofradías que daban la corrida, y muy pocas con los espadas mismos. Manolito Espejo, sin embargo, hallábase contratado con su padrino Costillares, y con él llegó á X** seis días antes de la corrida señalada para el 25 de Agosto.

Entretúvose Manolito estos días de descanso en lucir por calles y plazas su linda persona, que lo era mucho en efecto. Contaba á la sazón veintiséis años y presentaba el genuino tipo andaluz fino, rebosando gracia y fuerza, elegancia natural y simpática gallardía. Tenía el color moreno mate, el pelo negro como la endrina y los ojos azules, grandes, rasgados, llenos de pasión y lúbricos pensamientos.

Su popularidad llegó á ser tan grande en aquellos días, que resultaba estrecha para sus visitantes la gran Posada del Mico, donde el ban-

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derillcro se hospedaba, y no podía poner el pie en la calle sin verse rodeado de numeroso cortejo de chiquillos y aficionados, cuyos homenajes recibía él con la serena afabilidad de un príncipe del trascuerno.

Veíasele por todas partes y á todas horas del día, agasajador y rumboso en la botillería de Naranjo, por la mañana; serio y devoto en el rosario de los PP. Güitos, por la tarde; decidor y galante en la Cruz de la Tinaja, al caer las oraciones, y loco y desenfrenado, aunque siempre generoso y valiente, en la buñolería de la Tarasca, la taberna del Zarpa ó la zahúrda de Celestina la Patata, allá en la lóbrega Cuesta del Cochino, á las altas horas de la noche.

El 24 de Agosto, víspera de la corrida, salió Manolito Espejo de la iglesia de los Güitos al caer de la tarde, y embozado en su capa de grana y ladeado el airoso castoreño sobre la flamante redecilla, fuese á dar una vuelta por la Cruz de la Tinaja, especie de mentidero entonces, donde acudían los desocupados de todas clases y las beldades más ó menos fáciles de la época. Estaba la tarde pesada, sombrío el cielo, y algunos relámpagos lejanos anunciaban la proximidad de una tormenta.

Llegaba entonces el paseo de la Tinaja desde la Cruz de este nombre hasta el convento de