Nuevas lecturas · Unidad 70 de 74
Unidad 70 · LA CUESTA DEL COCHINO 187
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LA CUESTA DEL COCHINO 187
cuerpo hacia delante, mirando al parecer, con mucha atención, aquellos zapatitos negros que trotaban otra vez por encima de las losas. De pronto dijo muy bajo:
— Paece que va descosía esa suela...
Y ella, con el rostro medio vuelto y oculto en parte con el abanico, contestóle con picaresca sorna:
— En ca del zapatero voy derechita pa que me la remiende.
— ¿Y no la podría remendá yo?... En el bolsillo traigo la lezna...
— No lo permita Su Divina Majestá; que se iba usté á lleva un susto mu gordo...
— ¿Por qué?...
— Porque mi marío tiene mu mal genio.
— ¿Y se come los niños cruos?...
— No: pero le sacude las moscas á los sangregorda...
— ¿Con un plumero?...
— No: con la mano del almiré...
Sostenían este discreteo la maja y el banderillero en voz muy baja, sin dejar de andar, anhelante él y ciego ya por sus malas pasiones; provocativa ella y mostrando bien á las claras que pensaba en su mente todo lo contrario de lo que sus palabras decían.
1 88 NUEVAS LECTURAS
Caminaron así largo rato sin que lograse el torero alcanzar á la mala hembra, pues deslizábase ella por los derrumbaderos que las calles de entonces formaban, cual si tuviese alas en los pies ó la levantasen en vilo los demonios... Al doblar de cada esquina provocábale de nuevo con miradas y sonrisas: apretaba él su paso cada vez más anhelante, y al divisarla de nuevo, veíala siempre á igual distancia, sin que su andar revelase mayor premura, ni su cuerpo escultural fatiga ni cansancio.
Dejaron atrás la Catedral, pasaron el puente Nuevo, internáronse en las estrechas y tortuosas calles de la Judería, y al anochecer ya, cuando el cielo encapotado aparecía del todo negro, negro, y comenzaban á gruñir los truenos lejos, lejos, como tremendas amenazas de una cólera cercana, paróse la hermosa mujer al pie de la lóbrega y siniestra Cuesta del Cochino.
Encaramábase esta, estrecha y tortuosa como una serpiente negra que lamiese y estrechase el antiguo murallón romano de la ciudad, y veíase de vez en cuándo, á la luz de los relámpagos, la grotesta imagen del cerdo, esculpida en un
LA CUESTA DEL COCHINO 189
sillar de tiempo de Claudio, que daba origen á su extraño nombre.
Abríase á la mitad de la empinada cuesta una estrecha barreduela, y en el fondo de esta destacábase una casa blanquísima y risueña, con su balcón rebosando macetas de albahaca y de claveles, su cortina de lienzo crudo ribeteada de encarnado y sus alcarrazas á derecha é izquierda, prestas á tomar el fresco del sereno. Aquella era la zahúrda de Celestina la Patata.
Detúvose la mala mujer al pie de la cuesta, y haciendo significativas señas al banderillero, comenzó á subir poco á poco, muy despacio y sin volver ya el provocativo rostro. Siguióla Manolito Espejo ebrio ya de pasión y de esperanza, y frente por frente de la casa de la Patata, cuando tocaba ya casi las ropas de la mala hembra y sentía en su olfato el aroma de sus claveles, volvióse ella de repente y asióle brutalmente por el brazo...
Manolito Espejo dio un alarido atroz que los ecos de la negra cuesta prolongaron... En vez de la hermosa mujer que siguieron sus pasos, tenía delante un horrendo esqueleto, con la pelada calavera envuelta en la mantilla de blondas, y los secos miembros crujiendo y revolviéndose entre los flecos de madroños y los