Obras dramáticas · Capítulo real 3 de 4

ESCENA DÉCIMA

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 30 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

ESCENA DÉCIMA

Dichos y el Vizconde con un hombre vestido como la alta clase, denegro, pero cuyo rostro como el del Vizconde trae cubierto por un antifaz. Dicho personaje no entra de lleno en la escena, permaneciendo bajo de la arcada, medio oculto por las sombras Apenas se presente Monteagudo desaparecerá hacia el fondo. El Vizconde no se ha arrancado el antifaz hasta que arrastra, á Paula, al término de la escena Ha encanecido y muestra la palidez y el enflaquecimiento que producen las pasiones.

Cielos !

El!

(Esta intenta salir )

(á Cristina)

Si dais una voz la mataré.

¡¡Horror!!

¡ Corred ! que le van á asesinar.

I Hombres sin corazón ! infames ! ¡ Dejadme morir, pero salvadle! por el cielo!

(Aturdida, desesperada, maquinal mente Tuelve Cristina á intentar aalir, y el enmascarado avanza y la detiene.)

ACTO SEGUNDO 75

k..._< m

¡Es inútil!

¡ Hombres de aiitifás ! cobardes, ! (Vuelve á la escena rabiosa^ desesperada) ¡Os reconozco, alma emponzoñada por las mas odiosas pasiones !

Por piedad no le matéis !

¡ Al fin os tengo frente á mí, Marquesa de Velazquez ! y á vos, Paula, prenda también de mí venganza; estáis, pues, en mis manos! . . .

¡ Vergüenza 'y fatalidad !

La Providencia os pone en mi camino, ángeles malditos de mis insomnios sin tregua!

Sacrilego ! insensato ! Invocáis la Providencia, que puede pulverizaros en este instante!

¡Oh! no le matéis á él, no le matéis! os lo pido por vuestra madre!

No, no tengo madre, no tengo sino venganza que ejercer ahora!

i Cómo esperar entonces de un corazón que no tiene un latido para la madre, que no la contempla en 'a mansión eterna, con la mirada fija en las accio-

76 MONTBAGUDO

nes del hijo, con el alma atormentada al verlo correr en pos de la iniquidad!

¡ Es inútil ! Hace tres años que os mezcláis ambas con mi sangre, y circuláis en mi cerebro como un veneno ardiente ! He encanecido, he enflaquecido, devorando ese jugo mortal de la venganza irritada ! mi palidez sombría es la huella que ha dejado en nii conciencia este pensamiento abrasador, al cruzar por ella, como la sombra del abismo. . . . !

(Retorciéndose en la angustia)

¡No hay, pues, esperanza!

(Con desesperación, pero cada vez mas viril, en propoicíon de

su indigoacion) •

¡ Un rayo para este satanás !

No me herirá, criatura maldita de mi existencia! El rayo partirá, mas no del cielo sino de mi corazón ! Se viene fundiendo desde aquella noche funesta del 22 de Junio de 1822 cuando en vuestros jardines, vos y vuestro amante humillaron la altivez del Vizconde de Campo Verde ! ¡ Insensatos, que despertasteis al león de su sueño profundo!

¡ A la pantera ! al lobo ! al infusorio del fango !

[Con terrible y amarga ironia]

Pero él! . . . . ¡ Oh ! saboreo en este instante el dolor, que vá á consumiros, hermosas deidades, que me arrojasteis de vuestras grutas azules! El puñal está afilado!

¡ Dios mió !

ACTO SEGUNDO 77

Oh ! un torero ; un negro. . . no erró jamás su brazo ejercitado y vigoroso, cuando se le designó una víctima !

CRISTINA Y PAULA

¡ Pero. . . . por quien os lo pediré ! qué queréis ! ¡ tomad mi vida ! ¡ ensayad en mi todos los tormentos que vuestros enojos sean capaces de inventar!. .

¡ No hay esperanza, no, para nadie !

¡Esto es horrible, Dios mió ! (gritando) \ Jorge ! . .

La algazara de los campesinos apagará vuestros acentos ! . . . Jorge no está ; oculto yo en las sombras de la arboleda, le he visto salir. ... el ügier se encontrará ahora con el Dictador, para lanzarse luego en busca mia, vendido por vuestro padre, ese realista traidor, ese jesuita artero, y solapado. . . . pero no me hallarán, no ; Y cuando corran aquí, será demasiado tarde! Mirad !. el templo de San Juan Bautista se destaca en la tiniebla, y ved al negro que va á ejecutar mi venganza al pié de la gradería del atrio !

¡¡¡Cielos!!!

Cristina y Paula intentan salir, dando voces.

¡Jorge! ¡Jorge! ¡todos! ¡venid, por el cielo!

[El Vizconde vuelve, se apodera de Cristina y el enmascarado de Paula, ambas mugeres luchan por desasirse.

78 MONTEAGÜDO

Ahí está Espinosa, á dos pasos de aquí, en la calle, con la pupila inyectada de sangre. ... le acecha, le seguirá como una sombra . . . . y le matará ! ¡¡le matará sin misericordia !!

PAULA. Y CRISTINA

¡i Oh Dios !!

¡Socorro! venid! todos!

[ A rrastrando á Paula] "' '^

Nos seguiréis. ... ¡ os entregaré su cadáver y habré cumplido mi misión!

¡ Soltadme ! ¡ hombres viles !

¡ Venid !

Monteagudo, que se supone ha oído estas voces, y corrido en pos deelas, se presenta en la arcada central, lo que obliga á aqi^ellos á dejar Ilibre á Paula y Cristina. Paula se precipita al lado de Monleagudo y rodéalo con su brazo; y Cristina se coloca naturalmente al otro lado.]

Dichos y Montkagudo, trayendo este unos papeles arrollados.

[Al aparecer Monteagudo]

j Monteagudo !

AGTO SEGUNDO 79

¡¡ Inflerno !!

[El Vizconde, darante esta escena, muestra con nadacia toda bu altivez y despechadas pasiones. El enmascarado desaparece con paso rápido y cauteloso sin ser notado.]

[Después de media pausa]

Me perseguiréis, pues, hasta en mi último asilo !

¡Traidor á la misma causa de la República y de la democracia, que jurasteis! Sánchez Carrion os lo enrostra y ha logrado felizmente haceros odiar del pueblo Peruano!

¡ Carrion ! ¿ Porqué es el nombre de un americano el que viene á turbar ahora mi existencia ? ¿ Demócrata insensato ó sicofanta del dogma popular ! Inteligencia sin elevación ó alma ofuscada, que se revuelve entre el círculo estrecho de rastreras pasiones! ¡O no sabe amar la democracia ó no ha comprendido á Monteagudo !

i Y vuestras declaraciones monárquicas ?

Si! se han constituido en sabuesos de las frases, que una fatal necesidad, pone en boca de los estadistas de una época, como un rodeo preciso para llegar al bien! ¡Vulgares ó pigmeos zapadores de la política, tomáis la frase sin penetrar el propósito elocuentemente revelado por los hechos notorios. Ah ! pero es ya indudable, que la justicia velará mi reputación en todos los momentos solemnes de mi vida

80 MONTEAGUDO

pública ! Sí ! Hace tres años que pulvericé las calumnias del realismo; y tengo aquí (mostrando los papeles) los medios de pulverizar las calumnias populares, sujestionadas cobardemente por los demagogos inconcientes, falsos amigos de las instituciones democráticas, que jamás, ni en estos momentos amaron con tanto entusiasmo como el apóstol argentinoi'.

¡ Justificaciones mentidas !

Son reales y sinceras como las de 1822 ! Es el proyecto de una confederación americana, á cuya sombra, defendida su independencia contra confabulaciones monarquistas, preparen los pueblos la necesariamente paulatina elaboración de aquel ideal. ¡ Diy vino ideal ! En la Paz y Chuquisaca, en el Plata - el Perú le he calentado en mi corazón y en mi espíritu; pero ¡ay! no he podido hacerle comprender, para que le amen y le rindan el culto que merece, Ah! pero llegará el dia, en que la gritería bruta que me condena, se apague en la tumba del tiempo y, entonces, dueña de la clave de mis actos internos, la posteridad levante su voz para justificar al que supo trabajar por los destinos de la patria y la gloria de la humanidad! Idos, Vizconde, no tengo odios, no los quiero tener, para que cuando la muerte me sorprenda, pueda volver sin mancha mi alma á su inmortal oryen.

[En este momento vaelve el enmascarado.]

¡No! ¡nuestros destinos se rechazan!

Saca un puñal, haciendo lo mismo el enmascarado.

¡ Malvado !

ACTO SEGUNDO 81

PAULA Y CRISTINA

(Cristina sale precipitadamente por la derecha.)

Le aguzo desde aquella noche que por vuestra fatalidad, pusisteis la mano en mi rostro!

(Mouteagndo saca sn pnfíal.)

¡ Como estampé mi mano en vuestra mejilla, ahora deberia poner mi puñal en vuestro corazón envenenado! ¡Ah! ¡Otro mas!. . . . ¡tu debes ser Carrion! ¡cobardes!. . . . Os haré entregar á la Justicia. . . . fSale unos pasos fuera). . . . ¡Jorge!. . . .

(Fil Vizconde intenta precipitarse sobre Monteagado, y Paula se interpone con sublime coraje.)

¡Airas, sicario!

(Dando un grito ahogado de mnerte]

¡¡Ahí! ¡Paula!. . . .

(Precipitándose á la puerta)

¡ Cielos !

(Mouteagndo en ese instante entra herido de muerte, y asido do Paula y entre las convulsiones de la agonia, cae cadáver en el centre de la escena, esclamando:)

¡¡ {América!!!. . . .

ESCENA üUODfiGIMü

Dicuos; Cristina y Jokgb, seguidos de campecínos, entrando Bsoradamenle por la derecha. El Vizconde se ha unido al que se snpone Carvion, en la izquierda. Un negro se dibuja en el vacio'del arco tras de Monteogudb. El puSaV ha quedado en la herida.

i ¡ ¡ Ah ! ! ! (ap.—\Bien\)

¡ ¡ ¡ asesinos ! ! !

(Monteagudo ha caído en brazos de Paula, que vencida por el peso del cuerpo inanimado de su amante, inca uua rodilla, de modo que la cabeza de este queda reclinada sobre el seno de Paula. El negro y el enmascarado desaparecen.)

I Bernardo !

ESGEM decía tercera

Dichos y el Margues. En seguida el Ugier con soldados armados, que permanecen en el dintel del arco central. Al entrar el Marques, Jorge se precipita robre él, le ase de uua mano y le dice con solemne acento:

¡Y bien, realista!

ACTO SEGUNDO 83

Cual es vuestra hermana!

¡Hija mía!

CRISTINA Y ALDEANOS

(ap.—\S\x hija!)

(Arrojándole de sí con violencia)

¡ Dios^tenga^ piedad de tu alma!

(ap. — Mi venganza es cumplida!)

(Paula está anonadada, llorando á sollozos, con la faz puesta sobre la cabeza del cadáver El Marques ha caldo de rodillas, parece la estatua del remordimiento. Consternación general, menos en el Vizconde, que sonrie como un Luzbel* Su aptitud es como para salir.)

¡Mártires! os espera la apoteosis de la inmortalidad del amor ! ¡ Subid !

(Dice esto, elevando los ojos y las manos al cielo, cayendo al mismo tiempo de rodillas. ^^^El Vizconde váá salir|y retrocede al ver al Ugitr.)

(ap.—\ ¡ Estoy perdido ! !)

UQIER

(Al entrar)

¡ Era verdad ! (acercándose al cadáver^ incando una rodilla y arrancando el puñal de la herida ; se 'pone de pié y presentando el puñal !) Mártir! os espera la apoteosis de la inmortalidad del apóstol! ¡Subid!

(Al decir el ügier «subid,* señala un punto del horizonte. Con religioso respeto cae de rodillafl, incluso el Vizconde. Enesteinsrante se oye en lu calle la misma serenata del principio del acto, y canta;)

84 MONTBAGÜDO

Felices aquellos, Que amando se casan; Y al cielo se elevan Amando sus almas.

(Se repite)

(Telón lento, al principiar el cauto.)

FIN DEL DRAMA

DRAMA ALEGÓRICO

MaUia 24 AÑOS

Andrea 28 »

Marquesa de Loreto 50 »

CARLOS LlNIERS 30 »

Capitán Guillermo Flores . ... 26 »

Marques DE Loreto 35 »

Lapeña 40 »

Don Juan de Cisneros 30 »

Enrique 12 »

Cacique Carul 50 »

Alférez

Oidor P. (personajes mudos) . . . Sacerdote « « . . . .

Verdugo. . . . •

Patriotas

Soldados del virei

Indios de ambos sexos

La acción pasa en un palacio de las afueras de Buenos Aires : principia á la caida de la tarde del 2á de Mayo de 1810, y termina al apuntar él sol del dia siguiente.

EL SOL DE MAYO

ACTO PRIMERO

La escena representa uno de los salones de la quinta-palacio de los Marqueses de Loreto, adornado con severo lujo: Puertas laterales y al fondo.

Andrea, por la derecha, trayendo dos candelabros encendidos, que coloca en las mesas. — Después Enrique, por el fondo.

Maria! viuda infortunada! fetal estrella alumbró tu cuna americana!

(Entrando)

Por las fechas de Carul ! ¡ Ah ! ¡ si encontrara á Lapeua!. . . .Andrea. ...

Enriquito ?. . . . parece que lioras ?

88 ACTO PRIMERO

¡De rabia! ¿!o entiendes? no de dolor. Lapefia! Lapeña ! Lapeña es. . . . Lapeña es espía y es verdugo á sueldo del Marques ? estás?. . . Bien dicen que tiene el alma como el caño de la chimenea: negra y profunda. ...

Pero? que te pasa?

¡ Oh !. . . . Como es ayuda de cámara del Marques de Loreto, no cesa de insultar á los americanos ; sobre todo á|los indios. Hace un momento que hablando con ese estúpido de Alférez, que también te hace arrumacos, prometía colgarse mañana una docena de los buenos patriotas, que en la ciudad depusieron al virrei. Volviéndose á mí, me dijo: «In- « diecito! serás como tus padres!. . . .pero látigo « habrá!. . . .lo mismo que para esa otra india (Lo <c decia por tí), que se desdeña de ser mi mujer, la « muy canalla.» A tales insultos no pude contenerme, Andrea ; y, como el picaro estaba sentado, precipitándome sobre él, lo derribé y lo sacudí ftiertemente de los cabellos. ... En esos momentos llega el Marqués, de hacia el parque de sauces de la ribera, y. . . . me dio un latigazo !. . . . ¡ Un latigazo, Andrea, asestado, sobre el rostro de la América ! ¿ No lo comprendes así ?. . . . el Sargento me lo dijo, ardiendo de rabia ! Mira. . . .

P (Se desabrocha su especie de jubón, y saca un pequeño puñalito de entre las ropas, muóstraselo á Andrea con recato, y con tono simuladamente trágico y de sorda amenaza,^ dice:)

Hé aquí lo que guardo para Lapeña!. . . . para

el inglés, para el francés. . . . ¡ para toda la Europa, si es necesario, en nombre de la América insultada !

¡Oh! ¿por qué alimentas esas ideas?

EL SOL DE MAYO 89

Nada me digas ! ¡ Ah ! no te hubieran ultrajado, bueaa Andrea, á hallarse aquí y no en Montevideo mi Capitán Guillermo !

(Con reprimido amor)

(ap.— ¡ Guillermo !. . . .)

Porque él te quiere mucho, Andrea.

(ap.—kh ! )

» «

Como te quiere su hermana dona Maria; ambos llevan su apellido Americano de Elores. . . .

No pronuncies ese nombre !

(Vá á oUservar á la puerta,)

Ya ! como el de Liniers, el de Flores es aqui un apellido condenado, ¿ Sabes una cosa ? Por una casualidad he oido todo de la boca de la misma Marquesa, en un altercado violento que tuvo con su hijo el Marques. Escucha :

Calla! . . .

Es una curiosa historia ! La Marquesa, viuda ya de su primer marido, el viejo Marques de Loreto, fué Helada cautiva á la tribu de Carul. . . .

(ap.-^Carul! . .) Silencio. . . .

90 ACTO PRIMERO

Porqué? El intrépido Cacique, doscondiente de aquella belicosa tribu Querandí que iníUiidió el espanto al fundador de esta ciudad de Bufónos Aires, el noble Carul, trató á la Marquesa como á una soberana. Dos años después fué rescatada por ei General Flores, con cuyo, hermano casó mas tarde la Marquesa, en la capilla de' esta misma quinta, propiedad del General y regalada á su hermano. Entonces volvió el lujo para la arruinada casa de Loreto. De ese matrimonio de la Marquesa con el hermano del General Flores, nacieron doña Maria y mi capitán don Guillermo. El Marques de Loreto, es hijo del primer matrimonio de la Marquesa; hace recien un año que vino de España á Buenos Aires, sin mas fortuna que sus medias de seda descoloridas, y sin embargo, es el soberano absoluto de la casa ! que, con el resto de la fortuna, son la herencia de doña Maria y de don Guillermo Flores ! ¡ El latigazo aun me escuece el corazón ! . . .

(Andrea vuelve de la puerta del foro, ú donde á ido ha observar.)

¿Pero tú no sabes, pobre niño, quo estos sscretos matan como un veneno ?

Oye lo mejor: Nosotros, tú y yo, Andrea, somos de esa indomable y guerrera tribu de Carul. ¿Pero cómo nos hallamos en este palacio, formando la servidumbre ? Por las fechas de Carul ! Lo he oido: el Marques nos hizo robar de la toldería, y si no hubiera sido por doña Maria y el Capitán Guillermo, que se encargaron de nosotros, no seríamos mas afortunados que esos miserables indios, que mueren en las inmundas caballerizas de los ... . civilizadores crstianos, dueños de América.

ANDDREA

Ni una palabra de todo esto, Enriquito

EL SOL DF. MAYO 91

Si; pero .... el latigazo ! . . . .

(op.-^jEl Marques! yLapeua.)

(ajp.— Dios los junta )

(El Marques aparece y se detiene un instante en la puerta del fo« ro, segaido de Lapena, que permanece en el dintel mientras aquel Kvanza lentamente. El Marques con una imperativa mirada despide A Andrea y á Enrique, los cuales obedecen; pero el segundo con enfrenado enojo, y envolviendo i Lapeña en otra mirada de desprecio. El Marques continua la lectura de los pliegos que trae entre manes. Lapeña viste traje de montar á caballo, cubierto cou el polvo del camino. El ha seguido d los indios con sangrienta mirada. El Marques ha tomado asiento y engolgolfiídose en la lectura de los pliegos.)

EL MARQUES Y LAPEÑA.

(ap.— Solo á hierro se puede abatir la altanería de esta raza salvaje de la Pampa!.)

Lapeña? Haz trasmitido al pie de la letra mis lustruciones á Alzaga y demás amigos de Buenos Aires ?

Al pié de la letra, Exmo señor.

92 ACTO PRIMERO

¿ Que el cauonazo seria al apuntar el sol de mañana, 25 de Mayo ?

Asi lo previne Exelentisimo. A mas, he propalado con éxito entre los Españoles monarquistas, que sus vidas se encuentran amenazadas, por un movimiento á mano armada:, que con tal. objeto estallará esta noche, dirigido por Belgrano, Saavedra, Monteagudo, etc.

Mi hábil maniobra : Depuesto Cisnero como virrei, lo restablezco como Presidente de una Junta de Gobierno, según lo quieren los criollos. Pero, como es verosímil que se aperciban del estratajema, es lógico que trataran de reaccionar á mano armada. . . .

Todos los Españoles monarquistas lo creen así, y esperan solo la señal del cañonazo, que les habéis prevenido, para dar principio á la San Bartolomé, según vuestro sensato plan. La nmchedumbre. . .

Sí, Lapeña; me has comprendido perfectamente. . la muchedumbre se lanzará sobre el palacio del virrei, sin ella sospechar el móvil oculto que la mueve, que soy yo; la razón que invoca, que es mi ambición ; el fin que me propongo, que es coronarme. ... La muchedumbre mata al virrei. . . .

Yo estaré entre la muchedumbre. . . .

En tonces me apodero del cetro para vengarle, y á fé que le vengaremos ejemplarmente, mi buen La-

EL SOL DE MAYO 93

peña. . . . después. ... un oscuro lacayo sacado de Ceuta, bien puede hacerse un gentillionibre de Cámara del Emperador Loreto I.

LAPE ÑA

Dime: ¿est¿l todo listo en este palacio?. . . .

Exelentísimo : lo está desde el 22, desde hace dos (lias, esto es, desd(3 que la presión popular impuso el cese del virrei. Los infantes y las dos piezas de artillería van ya á ocultarse en el parque de sauces; y so protesto de seguridad para la persona del virrei, que vendrá esta noche á la flesta del casamiento de su hijo con Doña María, he colocado y municionado guardias en los patios.

La fiesta será espléndida. Embriaga bien al populacho americano, Lapeña, ahógale en olas de sangre!. . . .principiando por sus caudillos.

Respondo de todo; esa gentuza ha comenzado ya á venir, no bajan, de doscientos. ...

¿ Crees que el Comandante del cuerpo do Patricios, Como Saavedra, venga al baile, en nombre de la concordia entre americanos y españoles? ¿Vendrán Moreno, Belgrano y Monteagudo?

Al menos acojieron con mucha cordialidad la invitación, que les hice en nombre del señor Cisneros y de su hijo Don Juan.

94 ACTO PRIMERO

Como político, no me conocen. Me he mantenido en una bien simulada abstención. . . . solo Guillermo podría sospechar mis intenciones; pero él se encuentra en Montevideo. ... le provoqué, esplotando su carácter, para que me despejara el escenario. . . . en cuanto á Carlos!. . . .

Le aseguraré!

("Oprimiendo Lapeña el mango de su puñal.)

(A Lapefm, con sangriento y profundo acento)

Apenas amanezca el sol de mañana, al tiro del cañonazo. . . . i ¡ ¡ les acuchillas ! ! !

Oh ! si ! hasta que no quede uno !

(Viendo el Marques que su madre se aproxima, despide á Lvlpeña.)

El marques, después la marquesa, que entrará por la derecha.

(Afectando indiferente serenidad.)

Madre.

Perdona, Antonio .... vengo con una nueva, qne

EL SOL DE MAYO 95

puede contrariarte: Guillermo ¿icaba de llegar de Montevideo: está aquí. •

Guillermo aquí, madre ! en estos momentos ? ¡ Oh ! vendrá á tomar parte en la revolución armada que se

susurra? . . .

No^puedo dar crédito á esas cavilaciones de LapeñaJ pero," como sea, juzgo que tu hermano Guillermo no trae siniestros propósitos, puesto que no ha entrado en la ciudad y se ha desembarcado aquí mismo, por el parque de sauces.

(op.— Por el parque de sauces ! Habrá hablado con su ayo el Sargento . . , . ) Vendrá entonces el joven capitán á oponerse al casamiento de su hermana María con el hijo del virrei.

Te garanto que ignora por completo ese casamiento.

Entonces, y como va á celebrarse dentro de breves minutos, impedid, madre, que Guillermo hable con

^LARQUeSA

Pondré los medios. Pero, trcitalo bien, Antonio, es tu hermano, le he llevado también en mi seno ¡

Os complaceré ; pero, no perdáis tiempo, madi-e, os lo suplico.

Voy . , . sé su hermano (ap. — ¡ Dios mío ! que negros presentimientos oprimen mi corazón en esta noche!)

(Parte por el foro.)

96 ACTO PRIMERO

* ¡ Oh ¡ se hará la boda aun á despecho del infierno !

("Parte por la izquierda.)

Guillermo por el fondo, vestido elegantemente de Capitán.— Despaes, Andrea, por la derecha Ambos so aman eu silencio coo ardiente, callado y respetuoso amor.

Pero, Antonio .... madre acaba de decirme que aquí le dejaba .... Andrea!

(Estrechándose las manos, ambos ruborizados y tímidos.)

No me trates asi, cual si fuera tu señor ! puesto que ya hace dos dias que se ha escrito en nuestros corazones el grandioso prólogo de la libertad Americana !

Mana tiene vivo interés de hablaros j esperadla aquí.

Andrea. . . . acabo de llegar de Montevideo, y antes de verme con Monteagudo y French, que me llaman con premura, he querido venir á esta ([iiinta,

EL SOL DE MAYO 97

santuario de flores, donde mi alma recibió la primera caricia. . . ,

(Andrea, como suplicándole BÍIencio, con snavisíma ternura, palpitante.)

¡Gallad!. . . .

(Sevá; y ya en la puerta bay entre ambos un rápido y mudo coloquio de amor, de un amor que rebosa, que pugna por derramarse; que apenas se contiene. — Parte, Andrea, como aturdida, y Guillermo la contempla con éxtasis.)

(Al contemplarla.

Qué hermosura tan viril, á la vez que tan tierna ! ¡Oh , hija de América ! siento por tí inesplicable afecto, tímido y dulce como el seno de la virgen de los altares, grande como el latido rencóndito del niar! Cuando quiero confesártelo todo, enmudezco, y no sé que misteriosa voz me manda arrodillarme y levantar la frente al cielo

G01LLE111IQ y María, lujosamente vestida; por la derecha, precipitadamente.)

Hermano mió.

98 ACTO PRIMERO

Pero traes los ojos enrojecidos . . . lágrimas . . . ¿ Porqué ? ¿ no vas á unirte al hijo del virei Cisneros? ¡Ah, María!

MARLL

¡Oh! no merezco tu reproche,, Guill^mo! Ah! ignoras la dura presión que Antonio ha ejercido sobre mi voluntad, el cobarde espionaje sobre mis acciones . . . . ¿ qué digo ? sobre mi concieneia ! Pero, al menos, no vestiré el traje de novia, que él hizo sagrado I

Sí \ cuan digno era Carlos de nuestro carino como de nuestro respeto! Qué magnánimo corazón! ¿Qué has hecho para honrar su memoria?

(Lapafíasin ser apercibido, cruza por la penumbra de la. puerta de fondo, lanzando una solapada y siniestra mirada á Guillermo y María.— Esta lleva & Guillermo oon misterioso recelo k nu ángulo del salón.)

Escucha, hermano mió: Declaré al Marques mi resolución de no pertenecer á hombreninguno. Guardó silencio. ... ¡oh ! el siniestro silencio de la nube de su entrecejo, era mortal como el arco del salvaje! . . Una noche, con acento helado y penetrante, — «Si rechasas al hijo del virei, me dijo, yo no podré impedir que sus amigos se venguen en tu hermano, como en tu esposo vengaron los mismos criollos las traiciones de Liniers ! »

¡Miente! Impenetrable misterio, que Dios, aclarará en un dia, envuelve el asesinato de Carlos; pero no fué, no, una venganzapolítica! y menos cierto esami, que haya sido perpetrado por sus compatriotas !

No levantes la voz!

EL SOL MS MAYO 99

GLILLERMO

Con qué mi hermano te amenazaba con asesinarme!

MARU

Pasos!

(Se separa de Gtrillermo.)

ESCENA SESTA

Dichos y el mabquss, la marqussa, dok Joak, LáPcITá; mas airas y cnya posición conservan, .Akdrra y Enriqok**-*Ki1 Marquca, adelantándose al entrar, usará con Guillermo un tono seremonioso.)

Hermano !

(Entrando de bracete con la Marquesa.)

Si he de manifestar con franqueza mi opinión, señora Marquesa, lo que es el sano pueblo Español desea tan de veras la libertad é indepéndencio de estas colonias, como desea barrer la península de la plaga de franceses que la humillan y la talan.

Don Juan, os presento á mi hijo el Capitán Guillermo, hermano de la que dentro de unos instantes va á ser vuestra esposa.

100 ACTO PRIMERO

DON JUAN t

(IncHnándose.)

Esos, para mi tan caros títulos, unidos al respetable nombre de vuestro padre, obligan, caballero, mi amistad, que os la ofrezco dicidida, prometiendo labrar la (Mcha de la mas buena y mas bella de las criaturas.

(Se dirijen el uno hacia el otro, y se estrechan las manos, ▼olviendo k su anterior posición.)

Gracias, don Juan: acepto con fé las garantías de vuestras protestas y, nobles calidades.

(Don Juan se inclina.)

La invasión inglesa os ofreció la oportunidad de revelaros digno heredero del valor de vuestro tio, el ilurtre americano General Flores.

En justicia debo reivindicar toda la gloria para este heroico pueblo de Buenos Aires: españoles y criollos fraternizaron en la i ornada, y espero que el porvenir mantenga unidos á los unos y á los otros : la causa de América es la causa de la humanidad.

(Interrumpiendo. )

Pasaremos al oratorio, si os parece.

(Maria se estremece.)

¡Oh! cuanto antes.

Como OS plazca.

EL SOL DE MAYO 101

(María acepta el brazo que le ofrece don Jnao, y se diríjeu á la puerta de la derecha El Marques da el suyo á la Marquesa y siguen á don Juauj en seguido Lapeña, Andrea, Guillermo y final, mente Enrique. Con escepcinn de don Juan, todos parecen do* blegados bajo el peso desombrios pensamientos.)

(AI salir.)

Esto parece un duelo . . .tan callados y tan tristes!

Carlos, por la i/quierda. — Viste chaquetón de pieles, pantalón ancho, dentro de unas botas también de pieles .* gran poncho pampa al hombro, sombrero de paja con anchas alas, sombreando una larga y rizada cabellera; barba poblada; un rico puñal aprisionado á la cintura por una faja pampa. — Garlos acaba de verificar un largo viaje por esta llanura. — Después María.

Enrique mismo no me ha reconocido . . . nadie me ha visto entrar: Dios está con América . . .

(Se oyen las pausadas armenias de un órgano religioso y se estremece.)

Ese órgano en la capilla!. . . ¿porqué me habré estremecido ? . » . en los palacios hay siempre causas para estremecerse ! Creo no haberme equivocado sobre la oportunidad . . . ¡ providencial coincidencia! . . . . . este salón corresponde al cuarto de Andrea, en el departamento de María, y permanece solitario en las noches de saraos ... He tenido que aventurar un billete á Andrea . . ^ suerte fué dar con Enri-

102 ACTO PRIMERO

quito; el mismo rostro de su padre! ¿pero, porqué lloraba en aquel apartado sitio ? ... yo soy ua misterio de la tumba; el misterio tenebroso precede también mis pasos . . . tiemblo, no por mis venganzas personales, que incidentalmente se mezclan en este drama . . . ¡ tiemblo por la Patria ! La misión está erizada de peligros, pero era necesario; las cartas de Monteagudo ! sublimes cartas! me indujeron á este aventurado pero oportuno golpe.

Sí, los prosélitos del virei van á la revolución, acaso han resuelto para esta noche un San Bartolomé, segua opinan Monteagudo y Belgrano.

(Cesa el órgano.)

Carul con sus indios tomarán parte. Es lógico que la América indígena intervenga en su emancipación!. . . El Marques de Loreto . . ¡el Marques de Loreto!. ... ¡Oh! es urgente cuando menos neutralizar los elementos del realismo, cuyo oculto arsenal es esta quinta. Andrea y Maria me servirán con eficacia. ¡Noche solemne! en vuestro seno, al calor de tantos corazones, se está incubando al germen de los grandes destinos de un Continente, que el sol de Mayo alumbrará en la frente del apostolado del Plata! . . .

(Un momento antes ha cesado el órgano. — Maria entra precípi' tadamente como perseguido por un fantasma. — Carlos se ha plegado á un ángulo.)

¡ Dios mió ! ¡ Dios mió ! y le vi delante, severo y ter-^ rible! .... su imagen ensangrentada parecía flotar sobre las nubes de incienso ! ... ¡ no me maldigas, no me maldigas ! ¡ me han aaeriflcado ! me han sacaÉSr cado!

(Cae de rodillas, cubriéndose el rostro con el pañuelo )

(Maria incorporándose; y al ver á Carlos intentando dej^eoerlp y^ huir.)

EL SOL DE MAYO 103

¡ Gran Dios ! ¡ también me persigue aquí ! . • .

Soy tu Carlos, tu «sposo !

No puede ser! no puede ser! . . .

(Carlos se ha ido aprozimáttdo lentamente, indeciso, agitado, ioa- 8Í aturdido.)

Sí, adorada María! el pañal no logró su inicuo propósito! . . .

MARLA

No ! tu no eres mas que un espectro ! Aparta, aparta, sombra vengativa! . . ¿escuchas? están gritándome del negro abismo: « ¡perjura! ¡perjura!» ¡ten piedad de mí! ¡ no me abandones ! ¡no me abandones!

(Loca, desesperada, aoGuadada /suplicante, o^e sin sentidos en brazos de Carlos.)

GARLOS

{ap.—iQué misterio es este, que me envuelve el corazón como las espirales de una serpiente de fuego!)

Dichos y Andrea; luego Ekrique

i Don Garlos! Ah! ocultaos allí en mi cuarto, ó estáis perdido !

(Toma á María de brazos de Garlos, la cual comienza á volver en si.)

GARLOS

¡ Oh ! . . . Pero, vuelve, Andrea; te necesito ahora mismo ....

(Enrique entra azorado.)

Pronto! que vienen! . . .

¡Entrad, don Garlos!

(Este entra al cuarto de la derecha.)

ESCENA NOVENA

Andrea— María — Luego el Márquez y Lafeí^a

(A María despacio

Silencio ! que hieres d^ muerte su cabeza ! .

EL SOL DE MAYO 105

¡ Dios mió ! . . .

¡Era él! ¡Vamos! . . .

(Van ásalir. Al llegar á ]a puerta del fondo retroceden confundidos, ante el Marques y Lapefia que aparecen en el dintel; hosco y terrible el Marques; descompuesto Lapeña. Estos personajes por su inmovilidad parecen un grupo de estatuas, que hablan, sin embargo, con mucha elocuencia. En medio de este silencio se oye el monótono y lejano canto de los centinelas.)

CENTINELA 1°

¡ Centinela alerta ! . . .

CENTINELA 2° (Mas distante)

¡ Alerta i

CENTINELA 3"* (Mas distante aun)

¡Alerta está ! . . .

FIN DEL PRIMER ACTO

ACTO SEGUNDO

Habitación lujofiíi de María

GiRLoE y Andrea. Oyese con int^rvalot la música y afgasara da

la fiesta.

i Cómo ha cambiado todo en esta casa !. . . . hasta

eUa!

Volvéis á recriminarla! si supierais cuánto safre! cuánto ha sufrido!

¡ A mí me hablas de sufrimientos !

¡Oh! María vendrá, sí, no lo dudéis, Don Gár-

IOS* • • •

Vendrá!. . . .

La prudencia la impone el disimulo, porque s§

108 ACTO SEGUNDO

trata de vuestra cabeza, Don Carlos; el mismo Don

¡Guillermo! ¿se encuentra pues, aquí?

Hace pocas horas llegó de Montevideo.

¡ Oh ! Llámale, Andrea ! Si mi vida no estuviera ligada á compromisos tan solemnes, yo entraría á esa ruidosa zambra de los Marqueses, para ejecutar mi justa veuganza! Pero siento aquí algo mas poderoso que la tempestad de la pasión, concitada por el perjurio de una mujer, amada hasta la idolatría ; es algo que levanta en peso á las naciónos, que inflama al héroe y al apóstol: Si, Andrea, mañana es el dia de los libres, y cada minuto que jpasa, resuena en el pecho del patriota, como en el de los esclavos fel pausado limar de sus cadenas!

[Andrea, emocionada virilmente. )

¡Qué decis!

Y verás á tus hermanos del desierto, que han querido compartir conmigo los peligros.

Ah! bien!

Vienen capitaneados por Carul, formidable y hermoso vastago de aquellos Querandies, espanto de los Conquistadores. Corre, Andrea, que Guillermo venga inmediatamente. . . ,

Vendrá, señor : ¿ Pero porqué no habéis permanecido en mí habitación?

EL SOL DE MAYO 109

¡Ay! tenia necesidad de contemplar esta estancia de María, llena aun del perfume de nüs eternas ilusiones ! del melodioso murmullo de sus besos ! ahora, música triste de los recuerdos que fueron!

(Oculta BUS lágrimas y entra al cuarto de Andrea, que se supone á la izquierda.

Andrea — Después Guillermo '

Le he escuchado y un nuevo soplo, vagamente sentido hasta ahora, hincha mi seno. . . . parece que el pampero se arremolina dentro de mi, y que con la espiral tremenda de la tromba me levanta al espacio, donde me recibe la corte de los incas envueltos en sus imperiales mantos! ¡ Ah !• por ventura no bulle ahora en mis arterias h sangre de los reyes, sacrificados en el Anahuac y en Cajamarca ? ¡ Guillermo ! tu aliento mezclase también á esta tempestad que se desata i. . . ¡El!. • . .

(Guillermo aparece en e} dintel de la puerta del fondo, dirijiendo BUS ojos hacia donde se supone que pasa el sarao. )

Es esta la última noche! Las farsas groseras de este dia, en que el virei derrocado sube á la presidencia de la Junta del pueblo, no puede durar por mas

lio ACTO SEGUNDO

tiempo! (entrando sin ver á Andrea) Libertad! razón ! sois bijas del cielo, lábaros de esperanza, eternas lámparas de la conciencia humana, que no ha podido apagar d soplo helado , de los fiiglos • ..: cómo, pues, ley divina del mundo, podríais desaparecer de la pupila marchita de la América!

No hables tan alto ....

Pero ¿qué sucede en est^i, casa? Siento que me oprime algo como la pesadumbre de un misterio formidable: entre su sombra espesa palpita unj incubo sangriento!

Capitán, entrad á esa habitación. Alli os espera un hombre, el espíritu colosal de unz raza destinada á la victoria.

("Ambos se encaentran celesiialmente transflgarados por el he roismo 7 el amor.)

Andrea ! ¡ Andrea ! te circunda la inspiración de la pitonisa !

(Se toman irresísttblemeDté kus manos y se contemplan.)

¡ Guütermo !

(Este cayendo de rodillas; arrebatado por el éstaxia del amor j de la patria.}

India ! genio de la libertad ! ángel del amor sublime !

¿ Qué haoek ? Levantad.

(Poniendo rópidumente tina mano sabré el poebo de Gnillenno como queriendo impedir el desborde de Sa pasión.)

EL SÜt DE MAYO 111

La patria lo quiere 1 Dios lo bendice t

(Toma la mano de Andrea, qnd no osa besar. Andre arrebatada 9 inclinándose, 7 con acento eterno y profundo.)

Sí! te amo!

Canto del cielo!

(Besa la mano de Andrea y se precipita ea el cuarto de la izquierda)

¡Ahora os encuentro mas grande! oh Dios de los cristianos !

(Cae de rodillas en acción de gracia. Luego echa á llorar. Un instante después se levanta sobk^altáda, al ver entrar áMaria.)

Andrea y María, que entra anclosa y acongojada.

Y Carlos, Andrea ? donde está ? ¡ Ay ! vá á despreciarme, Andrea, vá á despreciarme !

(Cae en brazos de Andrea.)

AHDBJSA

No dudes de sus sentimientos magnánimos. Pero aun no le reveles tu matrimonio con don Juan.

112 ACTO SEGUNDO

i Oh ! Andrea !' seria para él como una puñalada!

Serenaos, confia en Dios.

Qué otro consuelo me resta !

lapeSa

Mientras él habla con Guillermo, conviene que vuelvas al salón y tomes algunas precauciones para que no sigan tus pasosi

¡ Oh, si, pero díle que en seguida volveré á su lado !

(Andrea la conduce hasta la puerta.)

¡ Cálmate y obra discretamente, pobre María !

[María parte.]

Andrea — Guillermo y Carlos

La algazara del festin favorece nuestro intento. Habla al viejo sargento; fué tu ayo, te quiere como á un hijo; sobre todo, es un verdadero criollo. Si esta noche pierden los patriotas la esperanza de sostituir la Junta monárquica de hoy con otra verdade-

EL SOL DE MAYO 113

ramente republicana, no lo dudes, Belgrano, Monteagudo y demás amigos, darán el golpe armado, único medio de evitar una nueva es.lavitud. De cualquier modo, ello es necesario : la actitud del Marqués no deja dudas: esos soldados en acecho, el afán de embriagar á la muchedumbre, las invitaciones del virei á algunos patriotas de la ciudad para esta fiesta, según me informas. ... Sí, obremos que pocas horas nos quedan: No olvides: la hora es al apuntar el sol; y la señal convenida con Carul, el tiro de un cañonazo.

Descuida : el martirio ó la victoria, hermano mió !

(Se estrechaD l«as manos.)

¡Patria, libertad ó muerte!

(Parle Guillermo por la derecha.)

Don Carlos, va á llegar ; sed clemente, señor, con quien os ama.

(Se vapor el fondo.)

¡Clemente,- si, porque si fuera justo! . . .

Carlos y María; ésta por la derecha. — Se oye la música del baile, pero mas distante qae en el acto anterior. — María se presenta sin poder pronunciar una palabra; corre ansiosa i echarse en brazos de Carlos, y se detiene anonadada ante la actitud fría de éste. Pausa — Llorosa y temblando de dolor cae i los pies de aquél, tendiéndole las manos suplicante y prorrumpiendo, al fin, en esta conmovedora esclamacion:

¡Perdóname!

(Con amargura)

Ah ! es cierto, pues, que sois culpable ! Levantad, señora,. . . . ¿ por qué os postráis de hinojos ante un errante proscripto ? Levantad.

Escúchame por favor!

Mujer ! . . . . Hace un momento, fascinadora y riente entre los giros de la danza, arrastraba en torno suyo á la rancia nobleza de la monarquía!. . . .'vedla ahora. . . . á los pies de un empolvado mensajero de las pampas!. . . .

(Se aleja de Maria, y ésta se incorpora, y le sigue con angustiosa ansiedad}.

¡Oh! No apagues aquella blanca aurora que esmaltó los sueños de nuestra dichosa fantasía !. . . #

EL SOL DE MAYO ' 115

GARLOS

¿ Y qué habéis hecho de esos sueños ? ¡ Callad !

CIARÍA

¡ Oh ! cíómo quieres que ahogue el grito del dolor ! Ya que te recobro, que no eres, Carlos mió, una sombra del sepulcro, no condenes al silencio este amor infinito, que ftindió nuestras dos existencias en una sola!

(Carlos la ase de una mano con yiolencia, y con profundo acento de amargo reproche, le dice)

Escucha y responde á tu juez! Una noche. . . . era en esta misma estancia; la virgen desposada, ceñida aún su frente de azucenas con el azahar simbólico, juraba á su joven compañero conservar indeleble su memoria. [María le suplica que calle.) Cuan bella estabais ! el ángel de los dulces misterios de himeneo nos envolvía en el esplendor de sus alas! ... Un silencio profundo reinaba en la alcoba, sagrada aún por las emanaciones del incienso místico,- que se desprendia de tu blanco velo, agitado sobre mis cabellos por el soplo del amor celeste! ... el genio de los mas castos deleites se cernia sobre el pabellón de flores de nuestro lecho, y acordes de una música incomparable adormecían nuestras almas en venturosos éxta-

olo. ...

¡Oh, tormento ! mayor que mí delito!

Penetrábamos en el santuario y las nupciales alegrías fueron turbadas! En la casa paterna, un anciano. . . .

I MARÍA

¡Padre miol ...

116 ACTO SEGUNDO

GARLOS

Se retorcía entre las convulsiones mortales de un veneno. Volamos allí. . . . tu velo flotaba en la noche como un presagio, y azotaba mí rostro, como el crespón la losa del sepulcro en las noches de tempestad. . . . Yo me estreché á tí estremecido, ceñí tu cintura con mí brazo. ... tú temblabas como la hoja del árbol sobre el abismo. . . . Derrepente, dos hombres cubiertos por un antifaz, salen de improviso, se lanzan sobre nosotros, y uno de ellos clava en mi cuerpo un puñal. ¿Lo recordáis, señora?

Yo manché mis vestidos con tu sangre, abrazada á tu cuerpo exánime.

Un grupo de indios, capitaneados por Carul, ocultos entre los matorrales vecinos, acometen á los asesinos, obligándolos á la fuga, cuando iban á repetir la traidora puñalada. Y bien? cuál fué después vuestra conducta?

¿Pero qué quieres decir. Garlos?

Que la esposa guardó silencio sobre tan alevosp crimen. . . .

¡Dios mío! ¡Y no te lo han dicho Guillermo y Andrea! He estado loca, Carlos, loca, encerrada en mis habitaciones, devorada por la fiebre, consumida por el insomnio de tu recuerdo inolvidable!

¡Oh! pero vuelvo aquí, y en vez de los colores de la viudez, los de una cortesana dibiyan vuestras bellas formas, ...

EL SOL DE MAYO 117

Te lo diré todo, todo ! . . .

No ! que los celos que me despedazan me lo están gritando! Y he vivido en la esperanza! ¡iluso de mí ! . . . é Sabéis lo que es vivir en la esperanza ? iba á apurar su cristalina copa, y el perjurio la quiebra en mis sedientos labios ! . . .

i Mira mis lágrimas de amor !

¿No las vertisteis también sobre el altar bendito cuando pronunciabais el solemne si de nuestra unión eterna ? ¡ Yo las bebi, y pareciéronme el verbo de la felicidad inmortal !

¡Ah! ¡mira si te amo !

(María en el colmo de la desesperacioD, ha arrancado el puñal de la cintnra de Carlos, y se hiere. Carlos, pasando súbitamente al arrepentimiento, á la piedad y al amor, la detiene y puede evitar que se hiera mortalmente }

(Debilitada, besando con frenesí la mano de Carlos]

(Cae sin sentidos al pavimento, escapándose de los brazos de Carlos que intenta sostenerla. En el luismo instante se oyen pasos. Carlos se pone de pié.)

DicHOB y el MabquiIs-^Don Juah— LapiíTa y Soldados armados

¡Ella!. . . .

¡Lapeña! ¡soldados!

(Lapcña, pañal en mano, y los soldados vau á precipitarse sobre

¡ Ira de Dios ! ¡ estoy desarmado ! !

FIN DEL SEGUNDO ACTO

Una prisión con puertas laterales y al fondo: la de la izquierda da al calabozo de Garlos; la de la derecha sirve al Marqués-, y la del fondo, conveija, descubre, á trayezde la oscuridad, grn* pos de soldados en un yasto patio, y mas allá un parque de sauces álasoríllasdelBiode la Plata. En la escena, á la derecha, una tarima con gradería; sobre ésta una mesa con tapete rojo, en la que arde una luz, de las doce que contienen dos candelabros. Se oye la música á intervalos; pero casi apagada.

Carlos, meditabundo y sombrio — Después la Marquesa

Sí, no debo demorar esta revelación,. . . . quién sabe lo que nos espera en esta aciaga noche !. . , . la Marquesa. . . .

Carlos, hyo mió. . . . puedo creer en que vives? (Le abraza con frialdad) Cuando por GuUlermo recibí vuestro llamado, un sudor frió bañó mi frente. . . .

(ap.— Se turba !....) Señora, la suerte. ... ó la desgracia quiso, que no muriera,

Contadme. . . .

120 ACTO TERCERO

Dejemos en paz la historia de los muertos. . . .

Es que yo. . . . puedo empeñarm e con el Marqués, y éste con el yirei. . . .

Con el Presidente de la Junta popular. . . .No hablemos de eso: estoy convencido de que continuaré siendo un estorbo para el Marqués. Os he llamado para un grave asunto, que directamente os atañe. . . . /^ap.— Palidece!. . . !) Cuando asaltaron los indios vuestra quinta. . . .

Un cacique, dotado de esa viril belleza y soberana magostad de la raza Querandí. . . ¡ era imposible dejar de amarle !

Cesad !

Ese cacique, Carul, y yo, somos los únicos poseedores de este secreto. ... Es inútil referiros, cómo . fué que Carul intentó en vano rescatar de manos del Marqués, dos hijos que, poco después de vuestro rescate, le fueron arrebatados de sustolderías, Andrea y Enrique. . . . Tales propósitos le trajeron aquella noche horrible, en que la providencia le colocó .en el mismo sitio, á cuadras de esta quinta, en que yo estuve á punto de ser asesinado. . . »

Cuánto sufrí creyendo vuestra muerte!

EL SOL DE MA.YO 121

Enrique, vuestro paje, es hijo de una india, familia de caciques, y Andrea, que ha servido vuestros banquetes, como una sierva, y que ha devorado las injurias del último de vuestros lacayos. . . •

(Agitadísima)

Concluye!. . . .

Es vuestra hija. Marquesa.

¡Lo creo ! ¡ lo sentia !

Carul os devuelve una hija j que Enrique, pues, torne • á los brazos de su padre.

(Se aleja.)

Lo haré así, te lo juro ! Pero vuestra situación, . . .

Basta, señora, que alguien puede oir alguna frase que os comprometa : ahora soy el árbol de la sombra maldita.

(Entra á la prisión déla izquierda. )

Se va sin oirme. . . . tiene razón ! ha comprendido mis vacilacionQp. ... se va á cometer un crimen y no puedo impedirlo; recobro una hija que lloré perdida, y la luz apuntar á un borrón en mi frente al lado de mis besos maternales ! Este es el don de la grandeza !

( Se va por el foro. )

Ekriqüx por la derecha, s^uodo término, con recado de escribir, que coloca sobre la mesa, y enciende las demás luces.

Son cosas que no entiendo. . . . Guardias en los patios; el Marqués y Lapeña en movimiento;' la señora María con una herida en el seno, presa de la fiebre y de los delirios. . . . ¿ Pero por qué acusan á ese desconocido ? . . . miente Lape&a, de que ha pretendido, por medio del capitán Guillermo, seducir al sargento y á otros. . . . Ojalá fuera así : ah ! el latigazo ! el latigazo! . • •

Enrique, que ya ha descendido de la tarima, y Andrra por foro derecho, entrando apresuradamente — Enrique adopta en esta escena un talante militar, pero sin ridiculez, aunque olvidándose algunas veces de su papel.

Enriquito ! te buscaba con ansiedad.

Y me encuentras, de pié como un romano ! Acor-

EL SOL DE MAYO 123

dándome estaba de esos pobres presos acusados de sedición. . . . Mira: desearía sacrificarme en favor de ellos, ¡ por las ñechas de Canil !

¡ Ah ! los salvaríais ? . . .

Como hay Diosj ¡ por Jesucristo !

Hidalga resolución ! eres un valiente ! Pues bien, hagamos alianza, y el desconocido nos deberá el aire que respire !

(Recapacitando)

El desconocido. ... ¡ Ira de Dios ! la cosa es arriesgada. . . .

La audacia fué la pasión de los grandes capitanes. Te ofrezco todos mis besos. . . . toma el primero. — (Lo besa en los cabellos.)

¡ Con este beso me siento con bríos, hasta para sacudir de las melenas al león de las Españas ! Pero, escucha. ... la verdad es que es cosa seria eso de salvar al desconocido.

...

AI salvarle, libertas también al capitán Guillermo.

¿ i Mi capitán preso ? ! ¡ Dios de Dios ! ¡ por Jesucrísto! (esgrimiendo el puñalito.) ¡ Pluguiera á Satanás, para que no quedaras virgen, hoja de Toledo ! Y claro es que los ahorcarán, sí, á los dos ! ... no es esto ? al desconocido ya le han levantado. , , •

124 ACTO TBRCBRO

— -j La horca !

( Arrepentido de su indlscreciou )

— ¡ Qué ! ¿ no lo sabias ?

— ¡ La horca ! i Oh ! Enrique, no vaciles, por Dios ! En el gabinete de María te espero, ven cuanto antes !

( Se ya desesperada.)

En seguida ! he empeñado mi palabra, y aunque la vida me cueste ! Ah ! ¡ y qué ejemplarmente vengaré mi latigazo ! i Con mil de á caballo, que van á hablar las historias !

( Se va por la derecha. )

Lapeña y el alférez con soldados, qne apostan en las puertas, dejando abierta la del fondo, que les ha franqueado el paso.

Vuestras cabezas responderán al verdugo de su presa. fAp,—^o me ha costado poco convencer al Marqués, de que enterré á don Carlos. ¿ Pero quién habia de atender á tanto con los indios de Garul encima ? . . . Cierto es que le encuentro no sé qué semejanza.

EL SOL DE .MAYO 125

¡ eh ! cavilaciones ! . . • Alférez, listo con el sacerdote y el verdugo para el amanecer. ... al tiro de un cañonazo. . . . (Ap. — La hora de la San Bartolomé ! al alférez despacio,) Alférez. . . . ¡¡§in piedad!!

ALFÉREZ

Comprendo.

LAPBÑA

Recorred las guardias, y listo por si se necesita. — (El Alférez se va.)—Ap. -Al capitán Guillermo ! . . un vaso de agua. ... La noche es negra como las alas del cuervo. . . . ¡ mañana ! ¡ 25 de Mayo de 1810 ! . . . dia de imperecedera recordación para la América del Sud ! . . .

LapbAa y el MarquI&s, éste meditabando y sombrío. ^-Después

é03 OlPORBS.

Me digistes que María no soltaba el puñal, con que ese desconocido la hirió ?

Ni en los desmayos !

( Sacadiendo una mano de Lapeffa )

i Me juras por la salvación de tu alma, que aquella noche ! • . .

126 ACTO TERCERO

¡Lo juro, Ex elentísimo ! ...

Que arrojastes mi puñal á las olas del Plata ? . . .

lapbSa Sí, Exelentísimo. . . .

( Ap. — ¿ Y dudo aún ? . . sí ! dudo ! ¡ Y mi conciencia se estremece por primera \ez en la vida ! Llama á los Oidores. (Lapeña sale por la derecha. A los soldados. ) Despejad las puertas pero no os alejéis. (Los soldados salen por el fondo, perdiéndose en la oscuridad. ) Un cúmulo de circunstancias se agolpan en tropel á mi mente ofuscada ; y, sin poderla sofocar un solo instante, una voz terrible se alza en mis presentimientos, gritándome sarcástica : « ¡ E}se es Car - los ! ¡ Carlos ! » (Pausa; se limpia el sudor que baña su frente, nublada por el vértigo ; se arregla el trage y lucha por serenarse y calmar su fatiga. ) Bien merece una corona. . .. . esta tremenda lucha. . . . con el infierno. . . . con el infierno sería poco. . , . lucho con lo desconocido ! ... Ya vienen— siento de nuevo. .. . el soplo gigante de la victoria ! ( Se domina; entran los dos Oidores, seguidos de Lapeña, que va á ocupar la puerta del foro. El Marqués indica á aquéllos que ocupen sus sitiales, haciendo él lo propio en el de la izquierda. Cuando ha subido la última grada, ya es completamente dueño de sí mismo J Escuso repetiros, señores Oidores, que en tan solemnes momentos debemos ser inexorables : se juegan los destinos de la monarquía ! (Los Oidores se inclinan asintiendo. ) Me resta preveniros, que el temor del castigo y los propios remordimientos han trastornado la razón del acusado, hasta el punto de hacerlo proferir ridiculas calumnias contra mi persona, é

BL SOL DE MAYO 127

insultos á la autoridad del Exelentisimo virey, (Ap— Prevengámonos. ) Lapeña; conduce al reo.

(Lapefia obedece; yolviendo poco después con Carlos. Mientras tanto el Marqués habla bajo con los Oidores.)

ESCENA SESTA

Bl Marqués — Oidores — Carlos y Lapeña. Este se coloca Iras de Carlos á una distancia. El Oidor 2°. hace de secretario. Carlos se presenta altivo, digno; pero sin soberbia, con la magestaddel dolor j de la inoceucia respUndecieudo en la frente. Trae una cadena Bujeta al .pié y á la cintura.)

OIDOR P

Vuestro nombre y condición ?

Llamadme como queráis; para ante la justicia soi un hombre; para ante la América un ciudadano.

¿Edad?

He perdido la cuenta. Por mis facciones se me creerá de cincuenta años; por el vigor de mi corazón apenas han pasado treinta inviernos.

¿Sois Americano?

Debíais adivinarlo al ver mis cadenas.

Se os acusa primeramente de conspirar contra la corona.

Procesad entonces al país entero, que conspira como yo; procesad á la misma España, que se eocuentra rebelada contra José Napoleón, cuyas sienes ciñen la corona por abdicación de vuestro rei. Pero. quién me acusa de ese crimen?

Vuestro asalto furtivo á este palacio, vuestra planes siniestros.

(Acentiiftnilo la frue)

Sin embargo, ñi¡ preso en una habitación complí lamente iluminada, cual si fuera de mi propia caá

El misterio os envolvía j nadie os'conoce aquí. . .

Eso no es del todo cierto. . . .

— Luego vos. Tranquilizaos.

(Con iateDcioo)

Usad de prudencia, que de ella depende la seg dad de la cabeza que lleváis sobre los hombn

abverteiicia: ¡ Ohl que tenéis delant(( ^

' ¡'¡.i

ACTO TERCERO 129

aprendido á sorprender á esos insectos, que duermen en los abismos profundos de ciertas conciencias. . .

(Ap, -¡ Maldita incertidumbre ! ) ¿Y qué oponéis á la declaración de los soldados, que por el Capitán Guillermo Flores intentsáteis seducir, y que se descubrió el delito, porque Dios vela por la corona?

¡Dios!. . . . invocación sacrilega !. . . . Estáis ocostumbradoá, señores monarquistas, de todos los países y de todos los siglos, á degradar la religión, utilizando el fanatismo de las masas ignorantes, en favor de la usurpación y la matanza! No hagáis de Dios un instrumento de tiranía, que el hombre no es digno de su artífice, sino á título de la libertad y de la razón !

(A los Oidores)

Oslo dije, es un insurjente de la revolución Francesa !

Pero, ¿cuál es entonces la doctrina del Dios que vela por la corona? ¿es el Dios que la arrebatard de la cabeza de Fernando, para adjudicársela á José Napoleón ?

(El Oidor apacigua la cólera del Marqties.)

OIDbR

Dejad que insulte. . . .agrava su causa. Pretendéis negar vuestro crimen de rebelión?

Al contrario; me apresuro á confesar tan honroso y lejítimo deseo; pero acusaos á vosotros mismos de que, al fin, intente manifestarse, después de tres centurias contenido en la paciencia fatal de la servidumbre!

130 EL SOL DB MA.YO

OIDOR 2°

(Ap. — ¡Qué audacia!)

Vuestra misma Junta de Sevilla, antes de disolnerse, confiesa el derecho Americano, elevándonos á la dignidad de hombres libres.— « Desde este dia, dijo, no sois ya los mismos doblegados bajo el yugo, mirados con indiferencia, atormentados por la codicia, mantenidos en la ignorancia ; vuestra suerte no pende ya de los ministros, ni de los virreyes, ni de los gobernadores, sino que está en vuestras manos. » Esto fué lo que escribió aquel poder representante de la corona, único origen de la autoridad de Cisneros. Hace dos dias, que los pueblos del Plata, ejercitando, pues, sus derechos soberanos, votan el cese del virrei y reasumen sus poderes; pero hoy, tratando de anular esta decisión popular, con sofismas groseros y arteros manejos, el partido del virrei Cisneros, verdadero enemigo de España, partido de ambiciosos sin amorá su rei, sin respeto á su patria, organiza una Junta de gobierno teniendo por presidente al mismo virrei! ¡qué sangrienta burla para el siervo americano !

El rei Fernando no ha muerto, y la Junta de Sevilla no ha podido hablar en su nombre. . • .

Muchas veces, sin embargo, habéis invocado á esa Junta, como representante genuina de la autoridad real, cuando en la desaparición del rei Español fundábamos los Americanos el derecho á darnos un gobierno propio. . . . ¡ Ah ! para negarnos independencia, Fernando vive; para vosotros dominar en su nombre, Fernando ha muerto. ... ¡ la política del cinismo, al servicio de la sórdida ambición y la codicia!

ACTO TERCERO 131

¡Ingratos! ¡Ingratos sois con vuestra madre!

¡ Ingratos !. . . . Vosotros lo decis, no la infortunada y noble España, hoy e i igual situación que nosotros, también como nosotros presa de la usurpación, víctima del despotismo! Hace dos años, en salvación de su independencia le llevamos nuestra riqueza y nuestros hijos ! Y sus cortesanos, sus reyes, vosotros, no nos habéis concedido todavía en gratitud, sino el derecho de vender el fruto de nuestro sudor, á otros que á los avaros comerciantes de Cádiz! ¡Ingratos!. . . .nosotros, colonos feudales!. . .. Y que ni siquiera somos colonos de la noble y gloriosa España, digna del respeto de las naciones, sino infelices espósitos, entregados á unos cuantos ambiciosos sin freno, que no solo comercian con nuestros tesoros, sino que hasta nos niegan el derecho de propiedad, que es una reUgion entre los africanos !

(Movimiento de ira en el M%rques, aplacado por el Oidcr.)

¿Insistís en la manía de creeros con títulos á ser libres ?

Finalmente, no es con vosotros que tendríamos que discutirlo, sino con José Napoleón, dueño hoy de la Península ; puesto que, si por conquista os perteneció la América, también por conquista le partaneceria ahora á Napoloon: habéis perdido tocio derecho a estas colonias. En último caso, América, como los Hernán Cortés, los Pizarros, sus antiguos dueños, apoyará también en la fuerza su derecho; y sobre las ruinas de la antigua dominación fundará la patria su lejítima soberanía!

¡Basta ya! Señores Oidores, haced constaren el

132 EL SOL DB MAYO

proceso, cuántos absurdrs, heregías é injuriosos desbordes habéis escuchado.

Y agregad, si os parece, que todo cuanto he dicho, es el pensamiento íntimo de todo americano, y aún el de aqueUos españoles, cuya razón bien inspirada, levantándose sobre las raquíticas preocupaciones, no entienden el amor de la Patria presentarla odiosa y deshonrada, sino justa y noble ante el faUo augusto de la posteridad !

Advertid que sois un acusado ! . . .

Convertido en acusador : haced también constar esto en el proceso : Acusada la América ante el tribunal de sus déspotas, un hijo suyo, en nombre de todos, la defiende ante el criterio de la razón humana y de la conciencia pública !

Os habéis hecho indigno de nuestra clemencia, procaz americano !

¡ Callad ! callad, Márquez ! sois vos'que deberíais pedirme clemencia, por las acusaciones con que voy á confundiros !

( El Márquez habla despacio con los Oidores. }

Entremos al crimen de asesinato, intentado en doña María de Cisneros.

(Como lierido del rayo)

(A;p. — ¡ De Cisneros ! . . . )

ACTO TERCERO 133

Os turbáis. . . .

(Aturdido)

¿De qué María de Cisneros me habláis? . • .

De la esposa de don Juan de Cisneros. .

(Ap.—\ Hé aquí, pues, el misterio ! i Valor ! me estais abandonando ! . . . )

I No tenéis, nada que oponer ?

/'J.j?.— ¿Amor Ó remordimiento la impulsó al suicidio? . . .)

Está convicto y tácitamente confeso.

(Con resolución)

(Ap.—Se reirían de mi flaqueza! . . . (impasible.) Juro que no he osado tocar á esa señora en un cabello, aunque acaso hubiera tenido motivos para. . , .

iAp.—\ Cielos \ )

{Ap. — ¡ Para matarla ! )

Motivos?! ...

134 EL SOL DE MAYO

¿ Pero cómo pude ser yo el que la hiriera, si el puSal se encontraba en sus manos ?

Ese puñal salió de vuestro cinto ....

— Ella me lo arrebató.

Tal cosa es de todo punto inverosímil : ¿ Luego el puñal es vuestro ?

(Mirando de soslayo á Lapeña]

El puñal pertenece á un asesino. . . .

(Levaütándose el Marques, fuera de sí, pálido y tembloroso.)

¡ Mentis, calumniador, mentís ! Lapeña ! lleva este malvado a su prisión, y que al rayar el alba vea yo su cabeza de la horca suspendida !

¡ Vos y ese esclavo lo conocen bien ! En su cabo se ve ricamente cincelado el escudo de los Loretos y las iniciales. Marques, de vuestro nombre !

i Mentis ! ¡ presentadlo ! ¡ presentadlo !

, (Lapeña y soldados se dispoiiian á apoderarse de Carlos, cuau-

I do se presenta María.)

Dichos y Mirí a, apareciendo en el dintel de la puerta del foro, con el puñal alzado en la diestra. Viste nn amplio peinador de terciopelo negro; el cabello lo trae derramado en dos matas sobre el senojsuTOstro está pálido, y su actitud es rígida, como una estatua— La esclamacion suprema, que su presencia arrancará á todos, debe ser sorda y espresará al mismo tiempo la impresión distinta, que es natural despierte en el fondo del alma de cada personaje. Después de imbrevisimo silencio, que será solemne, se opera una reacción en el Marques. La actitud de Carlos al exhalar su «!ah¡» será es tendiendo las manos á María comd á una aparición celeste, al paso que Lapeña la cree un fantasma acusador, y el Marques, una sombra importuna del infierno.

(Apareciendo)

!Vedle¡

(Una sonrisa fria, pero tremenda, vaga en sus labios, fijando unos ojos acusadores en el Marques.)

¡íAh!!.,,

^ilp.— ¡Maldición ! )

(Esta avanza hasta Carlos á cuyos pies cae de rodillas humildemente, y besa las manos de Carlos; con respeto y profunda ternura; Carlos la alza y la recibe en sus brazos con amor. )

(A Lapeña)

¡ Separadles, vive el cielo ! ¿ Quieres ir á la horca en su lugar ? . • .

136 EL SOL DE MAYO

¡ ¡ A la horca ! !

(María ha arrojado uu grito infíniío de angustia, estrauo, desgorrador y como de soDámbula, dominando completamente la gituacioD. Al proferirlo, se ha desprendido de los brazos de Carlos y erguidose niugnífíca é irritada. Sigae un glacial silencio, en medio del cual, las miradas, actitud y movimientos de María, revelan aunque vagnmerte, el delirio que acaba de asaltarla. Se acerca á Carlos, lo ciñe con su brazo izquierdo, como escudáudolo, y levantando el puñal hacia Lapeña, dice con acento apagado, terrible y sangriento: )

¡Ven! . . . ¡Ven á llevarle!

(Pasea su mirada fulgurante por los Oidores y el Marques, y con frió sarcasmo dice : )

Quién diría, que la débil mano de una mujer es bastante á detener á tantos esbirros !

(Con ira)

(Esta se acerca á la mesa con actitud soberana, como la reina que sube á su trono para dictar leyes; toma el proceso, lo rompe lentamente y lo arroja á los pies de Carlos. Mientras va ejecutando esto, dice :)

Es este. ... el proceso. . . . que el crimen. . . . ha fraguado. . . . contra la inocencia. ... el proceso que la usurpación y el despotismo. . . garabatearon contra la libertad de la América ? . . .

? Y sobre esta mesa lo habéis escrito, rectos Oidores ? Sobre esta mesa, en que mi padre escribió su última voluntad, entre las convulsiones de un veneno ?

(Fijando en el Marqués sus atenaceadores ojos. )

(A'p. — ¡ Todo lo sabe ! )

ACTO TERCERO 137

¿Y por qué os ponéis pálido, muy poderoso señor Marques de Loreto ? ¿ Os abandona tan luego ahora, el espeso velo de la hipocrecía, que tanto tiempo ha ocultado en vuestra faz los rastros del crimen ?

(A log Oidores)

Atraviesa un acceso de locura.

Loca. . . . sí, os hace mas cuenta, que mis palabras salgan de lo labios de una loca, aunque muchas veces, Dios elije á una loca, para fulminar su justicia inexorable !

¡Oh! ¡mirad que!. . . .

Hay locas que se las encierra en jaulas doradas, por especulación, para luego, ante los altares, ceñirlas una corona de himeneo, manchada con la mentira y el perjurio!

(Ap.— ¡ Concluyamos !)— Lapeña! llevadle ! llevadle !

(María desciende déla tarima y vuelve á escudar á Carlos.)

¿Llevarle? ¿á dónde? ¿á la horca ?... já, já, já, já, já, já, á la horca ! . . . já, já, já !

(Pausa — El Marques desciende de la tarima. María vuelve en sí, 7 corre, desesperada y bafiada en lágrimas, á abrazar suplicante las rodillas del Marques.)

¡Perdón, Antonio! os he ofendido, soi una calumniadora!—(Va al pié de la tarima.) He mentido, señores ; el Marques ño es criminal ; mis imputaciones

138 EL SOL DE MAYO

son falsas, le he calumniado! (Vuelve al Marques.) Concededme su vida, Antonio ; vedme á vuestros pies, implorando con lágrimas vuestra clemencia !

(Este la arrastra á un lado, y la dice con faror concentrado y vengativo : )

¡Imprudente! ¡Me pides su existencia! ¡desgraciada! ¡deliras!

(Quiere alejarse ; María le sigue. )

Huiré lejos con él, muy lejos de aquí, á una isla

ignorada, á cualquier parte os lo prometo,, os lo

juro; mi silencio, mis riquezas, mi retractación, todo, todo por su vida, Antonio !

¡ ¡ No quiero ! !

(Esto lo dice el Marques con desprecio ; y apartándose de María, que queda anonadada, va á hablar con los Oidores. María se alza irritada y con magestad imponente .)

¡ Ah ! bien, tigre sangiuario ! ¡ monstruo ! (Se reúne á Carlos .) Nuestras sombras ensangrentadas,* unidas al pálido espectro de mi padre, van á perseguiros hasta en la hora tremenda de la muerte !! ¡ Moriremos, sí, pero no conseguiréis que la afrenta selle las puertas de nuestro sepulcro.

(Se estrecha á Garlos .)

¡Prepárate para morir, mi dulce amado!

(Lapeña, con los soldados, se aproxima á Carlos. María levanta el puñal sobre el pecho de éste^ procurando sobreponerse al temblor de SQ brazo ,J

ACTO TERCERO 139

¡ Hiere !

IfARÍA

(Ha arrojado este grito al ir á ejecutarlo, y cae desmayada en brazos de Carlos .}

(Sublime como Isaías)

¡ Despostas ! en nombre de Dios, en nombre de América, os cito para ante el juicio de la historia! {Garlos cae de rodillas y besando la frente de María .) \ ¡ Adiós ! !

FIN DEL ACTO TERCERO

ACTO CUARTO

Tenebrosa prisión. — Puertas laterales y otras al fondo.— Esta es de tres varas de ancho y cinco da altura. — Aparece cerrada. — Por toda luz, arde suspendido del techo un candil — La música de la fiesta continua ; pero solo se percibe hasta que entra don Juan, quien cerrará la puerta.

Garlos, silencioso y abatido, sentado en un banco de cárcel

¡ Cuántos sueños desvanecidos, oh Patria ! . . . ¡ qué noche ! ¡ qué peripecias, fiel imagen de la vida, trabajo de Sísipo, abisnao del Océano, sereno al soplo de la bnsa, turbulento á los torbellinos del huracán ! . . . Cavilo, me aturdo, me hundo en la sombra ! . . . ¡ Dios mió ! ¿ permitiréis que se ejecute la matanza con el rebaño Americano ? • . . ¡Sin duda eréis. Dios grande. Dios justo, que la raza de los Incas aún iio ha sufrido bastante para conquistar el porvenir! . . . ¡Imposible ! barrera inconmovible ! . . . Sí ! imposible ! todo perdido ! ... Al no oir el cañonazo convenido, Belgrano suspenderá el movimiento y Carul se alejará, i Oh ! me agito inútilmente entre las mismas cadenas que he tratado de romper ! • . • ¿ Por qué, pues, no he sabido matarme ? . . Ah ! soberano misterio de los altos designios ! una voz, esa voz que habla siempre en la servidumbre, vibra ahora en lo proftmdo de mi ser co-

142 KL SOL DE MAYO

mo una consoladora profecía ! . . . que América levantará la frente, y coronada por el laurel, dignificada Íjenetrará en su templo ! Yo no sé cómo se cumplen as supremas leyes de la historia, en íntimas concordancias con las eternas armonías. . . . ignoro el derrotero oculto del apostolado y del martirio por los tenebrosos senderos de las revoluciones sociales! Oh! pero ellos existen, el verbo palpita en el seno de la humanidad, y es suya esa voz solemne que me grita sobre el áspero acorde de mis grillos : « América será libre ! »

(Al oír el grito de los cenlinelns, se estremece bruscameule.)

CENTINELA 1 ""

¡ Centinela, alerta !

CENTINELA 2" (Mas lejos)

¡ Alerta !

CENTINELA 3°

(Mas lejos aún)

¡ Alerta está !

(Alzando los ojos al cielo)

Piadoso Dios! ¡no engañéis á vuestras criaturas, que quieren glorificaros ! {Cae abatido sobre el baiico, llenos los ojos de lágrimas.)

(Pausa)

CARLOS y DON Juan — Este, por la puerta de la derecha, que hallará abierta. La cierra al entrar, y no se oye mas la música. Don Juan avanza unos pasos al fondo, y desde allí contempla sombríamente á Carlos, amargo, pero sin ira, pareciendo mas bien una victima de la misma fatalidad, que un instrumento suyo; tal es la situación de ánimo que predomina en ól durante esta escena.

(Ap, — También él sufre ! Infelices americanos ! pretenden de ellos un sentimiento contrario á la naturaleza, contrario á la misma voluntad de Dios ! . . . Mas, I á qué he venido á este sitio ? ¿ acaso contemplo en un reo á muerte lo deleznable de la vida y cuan fugaz es la dicha de la tierra ante los inecrustables fallos? No! que me trajeron los celos, cuyo volcan consume mis entrañas ! ¡ Ah ! ¿ es la presencia de la tumba, ó el recuerdo de esa mujer perjura lo que embarga sus sentidos ? • . . ; opaca estrella, á fe, me trajo á estas riberas \

(Ap. — Y bien ! ¡ seamos superiores á la fatalidad !)

(Se levanta con resolución ; pero ve á Don Juan, y sin esperimentar emoción ninguna violenta, vuelve á tomar asiento.)

("ilp.— Niuna palabra. . . . parece que el sepulcro le aisla ya de la tierra !)

(ilp-— ¡Marialme habrás ya perdonado! ¿que mas

144 EL SOL DE MAYO

necesito para alijerar mi vuelo en el éter de los in* mortales !)

(Adelantándose)

/'ap.—E acaremos el abismo!) Nada os dice mi presencia ?

(A.lzando la cabeza, suspirando con lástima de Don Juan,

vuelve á bajarla)

Nada.

Pero, debéis suponer que algún grave motivo me trae.

Os escucho.

Soy Don Juan de Cisneros.

Hablad, Don Juan.

Nos estrecha y nos separa el vínculo de un formidable misterio, cuya horrible clave vengo á pediros, mejor si la primera cifra es una espada de caballeros !

¡ La Clave es candente, os abraaaria las entrañas : ne intentéis conocerla!

De esa negativa solo podría compensarme toda vuestra sangre, vertida gota á gota!

En tal caso entendeos con el verdugo.

ACTO CUARTO 145

¡Nó, viven los cielos! que os bastiréis conmigo!

¿Batirnos?. . . . ¿ pero por qué, Donjuán?

¡ Os creí un hombre ¡ vive Cristo !

Callad! si mui pronto voi á ser un cadáver, ¡de qué, pues, tendría miedo ? Yo voy á morir, y vos, hombre magnánimo, aun podéis ser útil en la tierra : Me es, pues, sagrada vuestra existencia!

¡La existencia !

(Se enjuga los ojos)

¡ Comprendedme, si os queda algo de corazón! ! Oh ! á Dios pluguiera arrancármela en un instante 1 ¡Don Juan, no podréis calcular cuánto sufro !

¡Porque esa mujer. . . !

Ah! no, no! sufro por la suerte de la Patria!

¡Pero, por favor! ¡una sola palabra!, . . .

María es una mártir, Don Juan! Interrogad al Marques sobre los lazos que la unen á mí.

¡ Por Dios que estáis engañándome como á un chiquillo! El Marques de Loreto me ha dicho que no os conocía !

146 EL SOL DE MAYO

ciüLOS (Levantándose y acercándose á Don Juan}

Pedid á Doña María de Cisneros que os relate su historia y la de su hermano el Marques de Loreto, indigno de vos, de vuestro padre y de España.

¡El Marques!. . . .

Hacedme el juramento solemne, que paso á pediros, sino os engaño en cuanto habéis oido.

Os lo juro!

Respetad, Don Juan, el desgraciado amor y el sagrado lazo que me unen á una mujer, bella y santa como los ángeles. Yo parto, ella queda en la tierra, y necesita que la dejen llorar tranquila.

(Don Juan estrecha con efusión la mano de Garlos.)

(Agitado)

Su nombre.

círlos

(Con esfuerzo)

Su nombre. . . .sed fuerte!. . . .

Acabad !

Su nombre es.

...

( Adentro)

¡ Carlos ! ¡ esposo mió !

ACTO CUARTO 147

^¡S^n^m^mmmmmmmmi^mm'^^mti^'mm^ft

¡¡AhÜ. . . . Partiré f os lo juro!

(Se aleja, colocándose al lado de la puerta, para dejar entrar á María y no ser visto de ella. María se precipita en brazos de Carlos.)

Carlos — María y Andrea; éstas de luto y con velo á la cara que echan á la espalda al entrar. Andrea permanece cerca de la puerta.

¡ Lloras 1

¡ Ay ¡ lloro. ... de amor lloro. ... no nos separemos jamas!

¡Tú morir!

¡Esposo mío! ¡adorado esposo! ¿¡Y podría vivir sin tí?! ¡Vivir sin tí!

¡Mi bien! Pero, ¿cómo has podido penetrar en esta prisión?

Oye : Apenas volví de mi desmayo, llamó al Mar-

148 EL SOL DE MAYO

quespara suplicarle me concediera hablarte: Le ofrecídevolverle el puñal. ... le supliqué. . . . regué sus manos de lágrimas. ... y, el bárbaro me rechazó !

Le amenacé entonces con revelárselo todo á Don Juan, y cedió.

¡ Mi María !

Pero el tiempo urje: Enrique y Andrea tienen preparados dos caballos en el fondo de la quinta: partamos, querido, cuanto antes!

oírlos ¡ Oh ! es imposible !

i Qué dices?

Sí ! esa fuga echaría nn borrón sobre el patriota : La causa de América no debe apelar á una cebar-, día. Sabré, pues, morir como apóstol y como mártir !

¡ Morir !

Sé tú el ángel que la Patria me envia en la hora del sacrificio. Escucha, mi María: Puede aun ser posible la salvación de los buenos compañeros de la ciudad y del desierto.

Lo que quieras! habla!

ACTO CUARTO 149

Escribe ahora mismo á Monteagudo, previniéndole que Guillermo cuenta con algunos soldados en este palacio; que él y también los indios de Canil esperan que den en la ciudad la señal del cañonazo, para obrar sobre esta quinta. Asegúrale la victoria!

Se hará todo, Carlos: Guillermo me ha informado de tus proyectos; los admiro; eres un hombre sublime! y si egoístas sentimientos me impulsaron á aconsejarte la fuga, avergüénzeme ya de semejante vileza! En cualquier caso, acepto tu muerte, y te suplico el favor de acompañarte en ella!

¡ Oh digna hija de América ! Diles que si los detiene la consideración de salvar mi cabeza, los fiago responsables ante las generaciones futuras, que en esta suprema noche nos conflan sus destinos.

Les escribiré.

Enrique conduce la carta á la ciudad; pero quién iria hasta la emboscada de Canil? Oh! ¡todo seria inútil sino prevenimos á ese intrépido Cacique!

(Andrea se adelanta con resolución, y con bélico acento dice:)

¿Y una hija del desierto no será digna mensígera de la libertad de sus hermanos ?

cXrlos

i Oh, Patria ! vos comunicáis aliento de héroes hasta á los pechos femeniles!

150 EL SOL DE MAYO

Un caballo me llevará á escape hasta Canil ¿ dónde esta?

Oculto con su tribu en el pequeño valle de José Diez, el labrador, á salo veinte cuadras de aqui.

Iré sin demora.

¿Y no sentian estos pasos?

VOCES DENTRO

¡ Viva el Virrei ! ¡ Viva !

(Alegre)

Oid : es el eco de la bacanal : El cortesano se aturde en el vértigo de la última noche. Lapeña acaba de partir para la ciudad; nada receléis.

El Uenzo que recibí de Belgrano será enarbolado por Guillermo en la hora del triunfo.

Carul estará aquí á saludarlo !

¡ La Patria te guie !

(María y Andrea echan el velo, y salen precipitadamente)

Virrei Baltasar [ el Ciro de la libertad se acerca para romper en vuestros labios la última copa! (Da7i las tres) Y bien ! acaso vengan por mí ! ¿ Qué importa ? Darán en la ciudad el cañonazo, y Carul se precipitará sobre esta soldadezca, á la vez que los otros amigos de las afueras de Buenos Aires, que Belgrano y French han preparado. ¡Qué grande es morir por la emancipación de una raza !

Carlos y Guillermo. Este por U izquierda.

GXnLLERMO

Todo lo sé, Carlos: Andrea ha partido, y Enrique no tardará en hacerlo. Dentro de dos horas, por el derecho y por las armas, seremos un pueblo, y lo que es mas, un pueblo con soberanía y libelad!

152 EL SOL DE MAYO

Que esta bella y lejítima esperanza no se convierta en fantástico espejismo!. . . .

¡No lo será, por cierto! (tocándose el corazón) Hé aquí el profeta!

Me estremezco de pensar otra cosa!. . . .¿Pero cómo te han permitido la entrada á este calabozo?

Vas á morir. ... y quiero morir contigo, .hermano mió!

Tú también á la horca!

Ese es mi calabozo, (por el de la izquierda,) Me hice delatar; pero, como complicado en supuestos crímenes, que á nadie comprometen. Cuando María me previno de tus nuevos planes, ya no habia remedio: con todo, pelearemos á cuerpo desnudo, y alentaremos desde aquí á los indios y soldados en el momento del combate.

¡Valiente corazón!

Se ha apoderado de mí la fascinación del ideal, el vértigo de la gloria ! Una fuerza invencible une á los correligionarios de las causas jenerosas en la hora suprema del sacrificio. . . .cuando no son sus cuerpos que se abrazan á un solo golpe de la cuchilla, son sus pensamientos, que aun desde un polo al otro polo, de un siglo á otro siglo, se murmuran

ACTO CUARTQ 153

en lo recóndito de la conciencia : ¡ « muere como yo muero, mártir de la verdad y de la justicia ! »

Tienes razón! la libertad es una cadena eléctrica entre los hombres, entre la humanidad y Dios! Sí! nuestras cabezas se besarán en el canasto, como las del 89 ; nuestros espíritus se besarán en las altas esferas, como los inmortales !

(Se abrazan radiantes, Oyeuse murmullos de voces en la pieza de la derecha.)

Esas voces (Se precipita en la pieza contigua,)

No sé qué vagos presentimientos. . . . ¡ Oh ! sería mas horrendo que el infierno !

(GuiHermo vuelve.)

Lo han tomado, Carlos, lo han tamado !

¡ A Enrique ! Lapeña que regresaba de la ciudad ? . .

Si!

¡Lo presentia! ¡Ira de Dios! ¿y la carta que conducia ?

Probablemente la ha tirado. Con una barbarie inquisitorial, Lapeña le punzaba la garganta con el cuchillo, y ni una palabra pudo arrancar de ese bravo incliecito.

(Af.-^ ¡ Hijo de Carul !)

154 EL SOL DE MAYO

El ingrato labrador Diez, también acaba de llegar denunciando la existencia de los indios de Carul.

¡Maldición! ¡Los sorprenderán! Los sorprenderán, y los matarán como á perros !

Al venir el dia subiremos al patíbulo.

(Dan las cuatro y media.)

Dentro de una hora. . . . Ah ! morir en tan afrentoso suplicio! ¡Un puñal!. . . .

Dichos y María, que entra silenciosa, angustiosa; pero digna, serena.

La desgracia nos acaba de abrir un abismo.

Todo perdido! El cañonazo en la ciudad era la salvación, todo, porque al oirlo Carul se hubiera lanzado sobre este palacio, y en vez de ser sorprendido, él sorprendería!

¡ Esposo amado! mi propósito era también demorar

ACTO CUARTO 155

la ejecución y precipitar la hora en Buenos Aires ; mas no he podido salvarte!

(Cae en sus brazos )

¡ Seamos, pues, grandes ! Pero tú no puedes presenciar nuestra muerte. ... es un j enero de suplicio horrible!

¡Ah! hermana mia! ¡vete!

(María se desprende de los brazos de Carlos, y adopta una actitud heroica.)

¡ Cómo !. . . . ¿ Y creisteis ambos que os iba á dejar morir así, escarnecidos entre las burlas groseras de esa canalla, que se arrastra al pié de la tiranía, y ahuUa en derredor de la horca ? ¡ Oh ! no ! no !. . . . Mirad mi páhdo rostro ya impasible, ni una lágrima cobarde brotan mis ojos! No ignoraba que venía á ver morir republicanos, que no tiemblan sino ante los peligros de la libertad, por la libertad misma; y que si algún otro sentimiento los turba, es el de morir de ignominiosa muerte ! ¡ Oh ! lo sabia muy bien ! Y no quise que esas frentes de mártires se inclinaran enrojecidas por la vergüenza ante el oprobioso dogal!

¡Hermana!. ...

(Guillermo y Carlos se arrodillan, tendiendo las manos á Mari^ con heroica ansiedad. )

C ARLOS

¡Qué, pues, nos traes en esta hora!

La honra!

156 EL SOL DE MAYO

(María preséntales dos puñales, que habrá sacado de entre Ins ropas. Aquó.los los besan con alegría y gratitud. En este momento se oye un prolongado y fúnebre redoble de tambor, abriéndose s¡- muUáneamentela puerta del fondo, que deja ver una horca, con el verdugo y el sacerdote al pié, rodeados por el populacho y algunos soldados, éstos en alas y con hachones encendidos- Carlos y Guillermo se ponen de pié, y se encaran con fiereza á aquel aparato. María arroja un grito y se cubre el rostro con horror.)

EL PREGONERO (Dentro)

¡Para hacer bien por el alma del que van á ajusticiar !

(Suena un cañonazo en el mismo palacio, qae arranca una esclamacion infinita de alegría y de sorpresa en María, Guillermo y Carlos, y una vaga y siniestra osc'lacion en el populacho.)

MARÍA, CARLOS y GUILLERMO

El cañonazo! la tiranía se suicida!

Dichos y Lapeña con el AlfiSrez, por el fondo — LapeSa se dirijeal Alférez en el dintel de la puerta, sin mirar al interior de la prisión. Sacerdote. — Verdugo — Pueblo.

(Al alférez)

La San Bartolomé principiará en la ciudad, apenas

ACTO CUARTO 157

suba á la horca ese insurjente. Despachad, pues, pronto, Alférez.

(Lapeñaseva. El Alférez conduce hasta la puerta al sacerdote y penetra en la escena, mientras el verdugo prepara las cuerdas de la horca. María se interpone entre el Alférez y Carlos.)

Alférez, un instante.

ALFÉREZ (Seco)

Es Orden del Marques, señora.

Ved que puede costares la cabeza, sí me desobedecéis*

(María sale precipitadamente.)

(A Guillermo, bajo)

¡Qué mortal zozobra!

(ídem)

¡Unos nünutos mas!. . . .

Dichos, monos María. Se oye nn rumor lejano, vago, pero que irá creciendo y caracterizándose gradualmente como do jente armada — Luego un tambor, que toca á la carga; mas tarde una corneta de indica, seguida de disparos de arcabuz y del fragor de un combate. El sacerdote, el verdugo y populacho, principian por alarmarse, Dgitarse, 7 luego dispersarse entre sordas imprecacioues. Mientras tanto tiene lugar este diálogo) :

¿Oyes ese lejano rumor?. . . .

158 EL SOL DE MA.YO

Si! sí!. . . .

ALFÉREZ

Vamos, vive Cristo! . . .

Mirad, Alférez : no hay ya verdugo para los Amejricanos !

ALFÉREZ

¡Por Satanás!. . . . Pero habrá espadas para haceros volver á la servidumbre !

(Dentro)

¡ A las armas ! ¡ á las armas !

- ('María, con una espada en la diestra, cruza por delante déla puerta del fondo, proclamando á la muchedumbre.^

[Al cruzar por la puerta, á la muchedumbre]

¡Libertad y Patria!

[Déla multitud se alza un murmullo de entusiasmo y la sigue como una oleada.]

GUILLERMO Y CARLOS

[Han cesado los disparos; pero la lucha continua mas reñida á arma blanca, y ya entre los patios déla izquierda.]

¡25 de Mayo de 1810! En nombre de la raza de los Incas y del porvenir de América, yo te saludo!

[Van á lanzarse ala lucha.]

ESCENA NOVENA

Dichos y el Marques, agitado y en el desorden del combatiente, el vnlor y la altivez siempre en el rostro, penetra por la derecha, y sin fijarle en otro punto, se dirige con ansiedad ala horca; viéndola desierta, vuelve á la escena como el tigre tras de su presa. Después, Lapkíí^a. Mas tarde, Carul.

¡ Traición infame ! .... ¡ Ah ! .... ¿ conocéis este puñal ?. . . • ¡ esta vez no os lo arrancarán de vuestra herida los indios de Carul !

lape5?a *

¡Señor! señor! Arrollábamos ya á los indios cuando un grupo armado de insurgentes llegados de estos alrededores, y otro encabezado por vuestra propia hermanadnos han arrebatado el triunfo. Escapaos,

¡ ¡ ¡ Maldición ! ! ! ¡A ellos, Lapeña !

[Pero se lanza rápidamente Carlos sobre Lapeúay le hiere, cayendo éste cadáver.]

¡ Asesino !

I ¡ Infierno ! !

[Guillermo ha atacado al Alférez obligándole si retroced r; tira el Alférez la espada, se arma de su puñal, y en la puerta del foro se han lánzalo uno sobre el otro, desapareciendo así confindidoa, ppro pin resolverla lucha. Carlos al matar á Lnpefia ha vuelto h ponerse en guardia; se lanza el Marques sobre él, debiendo ocupar ambos el centro de la sala]

Os perdono. . . . idos. . . .

160 EL SOL DE MAYO

¡No! ¡ viven los cielos !

(Han levantado sus puñalea pnra herirse; pero entra de súbito Gat'ul, armado de un pedazo de flecha.)

¡ Carul !

(Carlos hiere mortalmente al Marques y desaparece. El Marques, en las convulsiones de la agonía, va á morir en la puerta de la derecha, al traspasar sus umbrales.)

¡Oh! ¡Diosle reciba! (Guillermo clava una bandera azul y blanca en el sitio de la horca.) ¡Ban dera de redención 1

ESCENA DÉCIMA

Dicnos y María, Andrea, Enrique, Carul, Patriotas, iKOiAf*, PuKBi.o. Andrea, ricamente vestida de india, entra la primera por hI foro, como el arcángel de la guerra y la victoria, trayendo en la diestra una espada y en la izquierda la bandera, que al pasar le habrá entregado Guillermo; mancha su seno la sangre de una herida mortal. — A la izquierda de Andrea, pero dejándola destacarse al atravesar 1h escena, viene María; á la derecha Guillermo; Carlos, Carui. y Enrique á la espalda, quedando Enriquito en el medio. Los pritiiotaa é indios, confundidos, forman dos alas, dejando libre el fondo. — Andrea, debilitada pero sin perder la heroicidad olímpica, cae con una rodilla en tierra, lo propio que harán María y Guillermo, la primera para apoyarla en su seno, y el segundo para tomar la diestra de Andrea, al ésta soltar la espada y tender la mano á Guillermo, después de alzarla al cielo, como dicióndole «-Allá te espero*. Carlos, Carul y Enrique permanecen de pió dolorosamente impresionados, lo propio de los demás personajes. Domina un solemne y funeral silencio. Andrea ha enerado en el periodo de la agonía.

ACTO CUARTO 161

(Con el último esfuerzo)

¡Hermanos!. .. .preferid. . . .la muerte. . . .ala esclavitud !

luere. Sn cabeza se ha inclinado sobre el brazo izquierdo de María, cabriéndola natnralmente el cuerpo el lienzo de la bandera. Todos menos Garlos caen de rodillas. Este se pricipita sobre la espada y la bandera de Andrea, y enarbolando en alto la una, y agiUndo la otra, en nu arrebato sublime, esclama, presentando a los demás sus armas:)

Ante el sagrado cadáver de los mártires de la libertad, juremos sobre nuestras espadas defender hasta morir la bandera del 25 de Mayo de 1810!

¡¡Juramos!!

(El Sol alumbra el fondo de la escena con intensidad.)

CiÍRLOS

¡ Bendito seas, sol de Mayo !

(Priücipian las armonías de un himno, enire una salva de cañonazos. Todos se descubren y un radiante entusiasmo sucede en las fisoDomias al fúnebre dolor. Aconcejaria que se prefiriera el Himno patrio déla República donde se represente el drama.)

(Telón muy lento.)

FIN DEL DRAMA

DRAMA VENECIANO

MM^<*M»*«<k— *^

ClORINDA. . . / 24 AÑOS

AlcIdes 20 »

Meri 36 »

Kl Coronel .«50 »

Ordóñez 50 »

Barón di Fiori (carácter afeminado) . 20 »

Jorge \ Campesinos 40 >

Alcalde Aguilucho 60 »

Nobles

Cahpesikos dk ambos sexos y de todas edades.

La acción de este prólogo pasa en los Pirineos Españoles, á principios del siglo XVIII.

El afamado músico Argentino Saturnino F. Beron pone actualmente en música un libreto basado en este drama, compuesto por el mismo señor Fernandez, y traducido por el ilustre escritor italiano D. Matías Calandrelli.