Obras dramáticas · Sección preliminar
PRÓLOGO
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 128 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
PRÓLOGO
£1 teatro representa un pintoresco valle de los Pirineos Españoles, encajonado entre altas montañas y regado por arroyos. A la izquierda, bajo de un frondoso árbol, un rústico banco de piedra — Al fondo, sobre una meseta, y media oculta entre los árboles, la casa del Alcalde Aguilucho, adornada como para una fiesta ^Al alzarse el telón, aldeanos, vestidos de fiesta y coa ramos de flores en los sombreros, bnjai\ las montañas del fondo y entran á la casa del Alcalde^-Éu las montañas de la derecha se oye la corneta de caza de algunos nobles que persiguen un ciervo.
Nobles, que se pierden en la montaña de la dereclia, persiguiendo aun ciervo; y Alpe A Kos vestidos de fiesta, con flores en los sombreros, que de las montañas del fondo descienden á casa del Alcalde Aguilucho — Un momento después, por la izquierda, Meri y d. Barón üI Fiori^ vestidos de cazadores, el Barón con una corneta de montería. Después, JoROEyPEXRA, trayendo ésta en brazos una NiITa de tres años, con un rico medallón al cuello. Desde que aparece, Meri se muestra misterioso y sombrío— Finalmente OrdójTez.
BARÓN DIFIORI
¿Tal es vuestro parecer, señor Conde de Meri, mi antiguo protector?
166 CLORQn>A
MBRI
Sí, Barón di Fiori.
BAROKDI FIORI
Sin duda: el sibaritismo es la verdadera fllosoíia; la misión del hombre en la tierra es hacer de la existencia una orgia continuada hasta que el hálito glacial del sepulcro apague la lámpara. Quiénes deben chancelar el gasto? Los que nacieron plebeyos. Tengo apenas 22 años, y ya veis cuan exacto juicio me he formado de la humanidad.
MERl
Adolescente aun, bello como un Adonis, la fortuna y no la desgracia, se os brindó de pedagoga.
BARÓN DI FIORI
La fortuna; es cierto: no me he acordado nunca que nací de la plebe de Venecia. Fuisteis mi primer protector. Cuando desaparecisteis de Venecia, como os serví á vos, serví también al Duque en ciertos amores; luego el Duque, hastiado de su dama, me casó con ella y hace un año, ya convertido en Barón di Fiori, tuve la nueva fortuna de enviudar, entrando en posesión de una renta fabulosa : Ahora viajo, buscando, por mi sola cuenta, otros lances amorosos. ... He sido el héroe en mas de diez, sabadlo ; y al presente, cuento segura á esa misteriosa Napolitana de sorprendente belleza, que proteje.un alcalduelo de estos Pirineos.
Muí lejos está mi estrella de ser tan brillante co* mo la vuestra.
BARÓN DI FIORI
Sinembargo, yxtía* íama habéis conquistado en imofo^i os babeí^ consumido eu $u« laucan} (¿erto es que en Venecia os arruinó el ju^o* * • . v^fimo
ACTO FBmBRO 167
la situación pecuniaria que atravezais. ... Ah ! supongo que el ciervo se escapa ; pdrdcmad ; úo piardo esta ocasión de mostrar á estos rancios hidalgos Españoles, cómo se sigue una pista. . . . hasta un momento, Conde de Meri.
(El Barüfi sube nti peqvetío trecho de le montefln, doaie toma asiento fniigado. Por otro sendero escasado descienden al Talle Jorge 7 Petra con la nifia, deteuiéadose con recato tras de nn recodo.)
¡ Pertenece á lo nobleza Veneciana de esta época ! ¡Se imaginó que podia recurrir á su bolsa!. . . .Y se evade !. . , . ya iré á Venecia ! Ei opulento Coronel, Conde del Valle, está loco por Clorinda. . . . ¡Oh! ¡si diera con la huella de la niña, que aquellos torpes dejaron escapar ! Es necesario buscarla aunque sea en el fin del mundo. ... ¡ he leido bien el porvenir!. . . .Mi fortuna está en Clorinda. .. .sigue, pues, sus pasos, Meri; con fe y con audacia volverás á levantarte! (Se dirije al sendero por donde han descendido Petra y Jorge, y al ver la nim ahoga un grito de sorpresa y malévola alegría) {ap^— ¡ Ah !1. . . . j de esta vez no escapará !)
(Trepa la montafia y se pierde entre 909 smnoiidades.)
¡Has visto, Jorge, cómo ese noble ha mirado A Belén? No debimos haber venido.
¡Éht. . . .Ahí está el Sargento Órdóñez. . . .nada le* digas tú. (Llamándolo) Eh. . . . chist. • . « sefior Ordóñez. . . .
(Que ha aparecido por la izqnifcdá^ pCMatm)
168 CLORINOA
Aquí la traemos. . . .
(Orddfiez corre ag'tado al parage donde aquéllos se encaeniran; y mientras habla, cubre de besos d Belén.)
¿Por qué la habéis expuesto?. . . . ¡Hija mia!
el retrato de mi Laura !. . . . ¡ hija mia !
Es que. ... me dio comezón por esta fiesta, que todo el valle y el Alcalde dan á esa muchacha desconocida, que se llama Clorinda. . . . dicen que es un lucero, quería verla pasar, de vuelta de la iglesia. ... y como no quiero dejar sola á Belén. . .
Con todo, Jorge. ... ¡ mi Belén !. . . .
(Con misterio)
Sabéis que un noble. ... no me estes codeando, Jorge. ... Si, debe saberlo. ... un noble, con cara de demonio. ... sí, señor, tenía cara de demonio. . . ese noble pasó por aquí, junto á nosotros, y. . . .la miró de un modo!. . . .
(Jorge ha estado tirando del vestido á Petra, para que no hable.)
(Alarmado^)
(Ap. — i Por supuesto ! debe ser el mismo ! ¡ con mil de á caballo!) Volveos, Jorge, inmediatamente. . . . ¡Por Jesucristo! el Coronel viene!. . . . Iré hoy mismo á tu cortijo para darte instrucciones. . . .Idos al momento j tomad otro sendero, que el que trajisLeis. • . w
(Lo8 labradores se van y OrdóSez sale al encuentro del Coronel, que avanza de hacia la izquierda.)
OrdóSbz y el Coronel— Después Mebi, el Barón di Fiori y Nobles. Ni el Coronel ni OrDólez yisten de cazadores*
¡ Coronel ! Espero que baje á casa del Alcalde, para cumplir vuestro encargo.
Mi buen Sargento: Ya lo ves. . . .he tornado á la adolescencia. ... sin ella, creo que moriria ! Tú sabes que no amé nunca : yo mismo creia que todos mis amores eran para la espada. . ! .Pero; aiuí, bajo de ese árbol, la contemplé por vez primera, reclinada sobre el banco de piedra. ... sus magníficos ojos negros abarcaban el horizonte, y el fuego del Vesubio, á cuyo pié ha nacido, parecía derramarse en su rostro ! No es, no, una rústica apacentedora de cabras, y el profundo misterio que la rodea, la hace mas atractiva.
En la misma casa del Alcalde sabréis si quiere escucharos. Tened . confianza. Coronel.
¡ Dios te inspire, mi leal compañero ! Los nobles Menenj yo iré en seguida.
(Ordóiez se dirije á casa del Alcalde; y los Cazadores han descet^ dido al valle.}
BARÓN DI FIORI (A los nobles)
El rival es burbuja de javon ¡ un poetilla, un piíi-
170 CLORIVDJL
tor plebeyo! La verdad es, que, mas que la del ciervo, debemos comprender la caza de esa mucha* cha, tan tentadora.
Me dicen que es bija de Ñápeles.
BARÓN DI FIORI
Cierto; de la antigua Parthenope, lecho de flores, donde los dioses han soñado todas las voluptuosidades.
Con todo; no entro en la liza, nobles caballeros. ¿Y vos, Coronel?
(Lo observa.)
No entiendo otras lides que aquellas en que las frases son pólvora y acero. Sin embargo, si contara con la cooperación de algún aguerrido pdadin. . !
Soy un lidiador &tigado; pero en testimonio de afecto, pongo á vuestras órdenes mis humildes servicios de escudero.
¡ Gracias, Conde amigo !
BARÓN DI FIORI
Escuchad. ... se perciben ya las flautas y tamboriles ; salen de la iglesia. . • . tomemos, puesi un sitio en la montaña para verla pasar. . . .
NOBLES
Vamos !
(ToiuAn un pnesto en una meceta de la montaña. £1 Coronel 8t desliza por el fondo, d la izquierda; Merí se queda observando» y ei « elomm)
ACTO PROfESRO 171
tmmm
MBRI
{Áp.^lhSL ama como un mño!)
(Se reúne á los cabaUeros, ocultándose tras del grupo.)
DzCB08«*>7 ei AusAV^K AauiLuc90| vestido ridículsmeate con trnjede fiesta. Ha snlído del cortijo y se dirije á la escena, precediendo á un corro de muchachos, que tocan una marcha en tambo* riles, sin ser acompañados de ningún otro instrumento. Tras délos muchachos vienen Campksinos adultOH — En seguí ia Alcidkh, vestido de trovador, ccn un claveid contado, suspendido det cuello por un cordón de lana azul; en el clave, una corona de flores; trae también un ramo de ellas en el sombrero.
COBRO DE MUCHACHOS (Desde que salen del cortijo del Alcalde 7 al son de los tamboriles}
Que viva el Alcalde, si el vino es debalde; que viva, que viva Don Juan Ghirinchina.
ALCALDB
¡Basta de música! Os he dicho, recua de hurros^ que Ghimchina es mi sobrenombre : Yo me llamo Don Juan Aguilucho, Alcalde vitalicio de este valle. •
¡Música! ¡música!
(Dan unos golpes de tamboriles. Aparece Alcides, por la izquierda, y adelanta hacia los Campecinos, saludándolos fraternalmente. Los Campesinos lavavWdo al airo sus sombreros, lo aclaman.)
172 CLORINDA
UN CAMPESINO
¡ Silencio !•...; Viva Alcides ei poeta de lá montaña!
¡ Viva !
ALCALDE
¿ Traes las trovas para la fiesta ?
si, mi viejo amigo. . . .
ALCALDE
Así me lo prometisteis. Oid: vuelveyadelamisa.
Dichos y Clobinda, seguida de un numeroso cortejo de Zagalas, algunas de éstas tañendo flautas, gaitas y panderetas. Todos yisten su mejor traje y traen una corona de flores en la cabeza. Clorinda YÍ8te de blanco; una banda azul, de seda, ciñe su cuerpo, y entre Ins manos apr'siona un clavé adornado de flores. La música y el primer canto délas zagalas se han oído. un momento antes de aparecer en el sendero de la montaña, que conduce al cortijo del Alcalde. Los nobles seguirán el cortejo cuando éste cruce y se yaya perdiendo en el fondo, siempre por lac'ma de la montaña— Los Aldeanos desprenden de los sombreros los ramos de flores y los alzan al aire, mientras cantan, en ovación á Clorinda.
CORO DE ZAGALAS [Antes de a^^arecer]
Eres del cielo suave arrebol,
ACTO PRIMERO 1 73
ángel divino de casto omor!
[Aparecen en la montaña. Clorinda saluda con el clavo á loa
campesinos.]
CORO DE ALCIDES Y CAMPESINOS
Eres, Clorinda, blanca visión, . llama celeste de dulce amor.
CORO DE ZAGALAS
Decid, mancebos, trovas de amor, de nuestros cantos al grato son; que allá bendice por siempre Dios, votos que salen del corazón.
[Han ido descendiendo por el fondo, al cortijo del Alcalde, y el grupo de campesinos va á recibirlas, cantando á dúo]
CORO DE ZAGALAS Y CAMPESINOS [Al descender aquellas al cortijo eirá su encuéntrelos campesinoi.]
Sí, los bendice, porque el amor es la poesía de su creación; porque es la gloria del mismo Dios el himno eterno del casto amor.
[Terminado el canto, se oye el apagado . cantabil del baile cam* pestre y se perciben las parejas de Zagalas y campesinos, que, tomados de las manos con respeto, pero también con franca é inocente alegría, aparecen y desaparecen en el emparrado del cortijo.]
ObdóAks, por d ífndo— DespuM^ CLostUtU, por la izquierda.
¡Con mil lejiones! Ah, CJoronel!. # . * vuestra edad no es para esa diosa Napolitana. ... ¡La Napolitana! en vez de guardadosa de cabras, parece una Duquesa, una emperatriz coronada; y luego, una hermosura que no se puede mirar mucho de frente, Pero. ... ¡ ah, mi Coronel ! hay cosas que son contra naturaleza; que es dar contra el aguijón. . . . Funestos presajios me asaltan. . . . ¡ Por el apóstol Santiago!. .. • Es necesario volar al cortijo de Jorge y Petra, para que traspongan á mi hija. . . . ¡ Vive Cristo ! estos señores de palacio. . . .
[Ha desaparecido entre los 8ÍTiuoKÍdades de l&s montafias, entrando en el sendero por donde denceudierun Jorge y Petra. Clorinda se presenta alternátivaineute reflexiva, agitada, oprimida, altiva, fastidiada, amargada, triste, desconsolada, rabiosa, enéigica, abatida, tierna y amunte; manifestando estos sentimientos con la intensidad propia de su carácter volcáiiioo, si bien, no faltando á la verdad cronológica, pues es aun una nina.}
CLOmNBA
¡Es inútil! ¡ Satán siempre delante ! [Sobre mi frente el cielo diáfano y tranquiJq; pero aquí, el infierno! (Contemplando con tristeza la fiesta) ¡Oh, sencillos campesinos, que me endiosáis !• . . . (Sacvr diendo con aesconsueb la cabeza) ¡ es inútil !. . . . Alcides, mui dulce trovador ! tú puedes innundar de gloria el espacio infinito. . . . ¡ Oh ! ¿ por qué, Dios mió, no ha de llenar entóces el vacío profundo de mi alma !. Valles risueños, encantadores paisages, que él retra-
ACTO PRIMERO 175
a en su paleta ! mis blancas cabras que apaciento á as faldas de estas verdes montañas, mientras suena á flfeiuta del pastor inocente 1. ... Yo vine á refugiarme entre vosotros, como la navecilla destrozada por la tormenta. . . . Ah !• . . . (Transición briisca á la pasión torrentosa). Pero también aquí me abrasa el profundo volcan que llevo conmigo!. . . . ¡ una corona Condal ! ¡ mentira felona ! ardid impuro ! ¡ sí esos nobles me divinizan es á trueque de mi deshonra! íOh! siempre el mismo escenario. • . .en Ñápeles como en España; siempre los naismos actores!. .. . ¡Insensata ambición! ¡emponzoñada quimera! ¡Mugeres, que en vuestros senos, bajo inocentes vértigos, dejais j^enetrar á ese áspid, dulce pero de letal veneno : la lisonja ! ¡ Desgraciadas !
[Queda abatida y profaudamenie cavilofia.]
Clorikdí — y al Coeoivl, que se aproxima respetaosamdttU por la uquierda.
Divina criatura!. . . .
QhQvamjL (Ap.— El Conde !....)
[Se sobresalta; mira en derredor, temiendo qne la Teait| quiere knir.]
176 CLORINDA
¡Por favor !. . . Os habrá dicho Ordóñez, que por mí manóos entrego la vida!
(Con despechada irritación)
¡Oh . • . . ! ya una vez ! . . .) Se cubre el rostro aboclwrnada, y vuelve á irritarse francamente) ¡ Vosotros los nobles ! . . . ¿ y después ? . . . ¡ el después, incubo traidor oculto tras la cortina de los eternos espejismos!...
Preferiría tu enojo á que dudaras de mi hidalguía y de mi sincera pasión ! Acabo de hablar al anciano Alcalde, vuestro padre adoptivo . . . !0h el rei mismo os ceñirá la corona condal; y desde entonces brillares en la corte como un astro, porque no hay mujer en la corte que os iguale!
¡ Pérfida tentación ! No ; mis locos sueños no quebrantarán esta vez mi voluntad !
¡ Que murmuráis !
Ap.) ¡Donde quiera Satán persiguiéndome!)
¡No me entreguéis á la muerte ! . .
{Áp. Seria necesario huir ! . . .
¡Hablad!
ACTO PRIMERO 17t
Dentro de una hora, aquí, y os contestaré; pero idos inmediatamente.
(Se aleja como huyendo de un peligro.)
¡ Vendré !
(Ap. — ¡ Si le Jiubiera visto ! . ,)
¡ Y sed clemente !
f Parte por la nontaün.}
Clckikda — En seguida Alcidef, por la izquierda.
¡Y sin embargo, tengo la voluntad bastante para lufhar con esa dorada seducción. (Deslumhrada). • ¡ Oh ! sin duda he nacido para tí, corona real ! Te contemplo por doquiera suspendida sobre mi cabeza, fascinadora y hermosa como las alas del arcángel ! . . . ¡ Oh, mi Alcídes, tierno poeta de las montañas ! ¡Si hubieras tú nacido príncipe, ó te pudiera yo ofrecer el Olimpo del mundo ! . • . .
(A 1 a p n r e c e r)
aorinda !
nt CLORINDA
(Estiemeciéndoee con vergCleDza.)
{Ap^l El ! . • .)
(Ambos se estrechinlaa manos enconlrándose á un paso del b»neo de piedra.)
¡ Te buscaba, mi dueña ! ¿Por ([wé has abandonado tan pronto la fiesta ? . . ^
Es en la soledad, es sobre estas aras^de amor donde el romántico poeta me murmura sus trovas!
(Clorinda se sienta en el bauco. )
[Cayendo ú eus pies.]
¡Mi pastorciUa encantadora!
^Apoya el codo énlas rodillas de Clorinda, y la contempla «m •eléstial arrobamiento.)
(Con sinceridad y pasión)
¡ Léeme tus versos ! . . . , ¡ quisiera oírlos siempre !
Tú lo mandas !
fA2)— ¡Le amo!. ..)
La inspiración es muy escéntrica; no la tomes á lo serio.
^Leyendo con mucha espresion.
Una noche. . en las orillas de ese arroyo, el trovador, sobre su clave lloroso el cuitado se adurmió : Entonces de azules grutas
ACTO PRIMERO 179
salieron coros de hadas:
De todas la mas divina
besó al mancebo embriagada,
mientras alegres las otras,
flotando en copos de espuma,
sobre el poeta soplaban
sus abanicos de pluma ....
Mas ¡ ay ! de pronto un fantasma. ...
espanta á aquella visión ! . . .
sucede noche profunda. . . *
glacial silencio en redor. . .
Fúnebre luna una lágrima
de aquel juglar alumbró. . . .
¡ sudario de su esperanza,
que por siempre se apagó!
¡ Triste profecía ! ¡ Que esta banda te inspire mas alegres trovas, juglar núo!
(Le ciñe su banda y lo besa en la frcute, con verdadero amor.)
ALGIDES (Fervoroso, y en I regándolo la corona de su clare)
Si esas son las pesadillas de los sueños del amor, con tan mágico amuleto nada teme el trovador.
¡Oh! si pudiera darte un trono, mi amante caballero !
¿Para qué?!. . . .Eres la virgen pura de este agreste altar ; los bosques te queman su incienso ; las aves te modulan sus himnos, é injenuos corazones, que nvaicsL engañan, sé arrodillan y te adoran!
180 CLORINDA
GLORINDA
¡ Sí ! En estas aras colgamos las primeras guirnaldas, empapadas en la miel de nuestros labios !. . . •
¡ Ah, Clorinda !. . . . ¡ Cuántas amargas lágrimas corren silenciosas en los retretes de la opulencia! ¡Cuántas llagas ocultan sus apositos de brocato! ¡ cuántos gritos de agonía ahogan Iqb bulliciosos saraos de los palacios!
[En el cortijo del Alcalde]
¡Viva la bella Clorinda y el poeta de la montaña! ¡Viva!
¡ Cómo llenan el alma los aplausos ingenuos de la gente sencilla! Es necesario ir!. . . .
¡ No vayas ! quiero escucharte mas !. . . . tu lenguaje es puriflcador, y se vierte en mi alma, como el rocío celeste sobre el erial abrasado por la llama del incendio !
¡Vida mia!. . . . es que esos buenos campesinos vendrán á buscarnos. . . .
[El Coronel aparece en la montaña y comienza á descender.]
(Ap.^\ El conde ! . .) Si! ¡huyamos de aquí! no me dejes un solo instante ; defiéndeme contra los importunos . . .(Clorinda olvida la corona de Aládes al pié del banco.)
Pero no vayamos juntos. Llegaré yo primero al
ACTC PRIMERO 181
corojo . . . ¿ Mas, qué tienes ? tu seno late extraordi* nanamente ! . . •
No es nada . . . unlijero vahído (op— ¡ flaqueza ! . .) Si, anda tú primero ... yo me reumré á tí en la fies*
la • • • •
ALCIDliS
¡Adiós !
(Se aleja.)
¡Qué villanía voy á cometer !
(S« cubre el rostro cou vergüenza.) ,
{Ap. — ¡ Cuánta miseria nutres, ambición ! . . . Le sacrifico, y, sin embargo . • . le adoro ! . . .)
¡ Clorinda hermosa! he hablado con el Alcalde: Nos acompañará á palacio ....
Pero ....
¡ Ah ! ¡pende de vuestros labios mi destino ! . . .
No sé qué contestaros .... aun no me resuelvo . . •
¡Dilatáis cruelmente mi agonía ! . .. Pero si vos no habéis nacido para la ruda condición de cabrera ! . • ,
(Aparece un Aldeano tras de la enramada, se sorprende delu que oye y se aleja precipitadamente hacia el cortijo.)
[ Oh ! * • . es cierto ! ... me ahogo aqui, donde, sin
182 CL(«INDA
embargo, tendría aire toda la humanidad . ,\ Ni una hora quisiera permanecer en el seno de est^ naturaleza selvática, soportando una vida monótona y miserable. Pero, estos pobres campecinos !
¡ Tendréis riquezas para distribuir entre ello5 á manos llenas; al mas humilde podrias encumbrarle al pié del trono !
CLCRINDA
{Ap—\ Oh, Alcides ! ¡te haré grande de España!)
Partiremos hoy mismo, mi bella soterana !
(Coa escitaoloa extraordinaria y con misterio)
Bien .... partiremos; ahora mismo; por entre'; las sinuosidades de la montaña, é iréis á llamar al Alcalde esto es una fuga; lo que sea; si, quiero huir;
oid: un minuto mas, como para que un solo acento de la fiesta llegue hasta mí, será bastante para volverme á unir á estas rocas, cual nuevo Prometeo . . . fugarme ! ¡ es necesario !. . .
¡Soy vuestro esclavo !
(La besa la mano y dan unos pnsos liúda la montaña. Ordóuez se presc-nta y al mismo tiempo el Barón con los NobUs, por el fondo á tiempo de ver el beso.)
NOBLES
(Alcides y el Aldeano aparecen en el banco de piedra; toma aquél la core na, y escucha cou suprema ansiedad.)
[A los Nobles]
En la corte tendré el honor de haceros presentar por €l r^ á la condesa del Valle.
ACTO PRIMERO 188
¡ Su esposa !
NOBLKS
¡ ¡ ¡ Dios I ! !
(Se ha arrancado la banda, como para tirársela á Glorínda, ¡antamente con la corona; pero, no tiene valor de hacerlo, laa besa con desesperación y se echa á llorar en brazos del Aldeano, con sollosos ahogfldos. La^ corona cae á sus pies. Solo el público debe apercibirse de A) cides.)
ALDEANO
{Ap. — ¡ Mujer al fin !)
(Se presenta Meri por el fondo, de modo que se destaque to figura entre el claro del grupo de Nobles, que ocupará la derecha del fonio, y el del coronel y Glorinda, que ocupará la izquierda.J
(Con rabia y ttrror.)
Ap. — ¡Meri ! infierno !)
(Con satánica alegría)
(Ap.—\Me he salvado!)
(Pausa.)
(En el cortijo)
¡Viva el feliz poeta de la montaña! ¡Viva!
(Destrozada pero encrjica)
(Ap, — ¡ Abismo ¡trágame !
(Aconsejo mucha rapidez en este desenlace. El canto de Zagalat suspende de súbito el torrente de ideas y sentimientos desbordado en el alma de todos los personajes.)
CORO BE ZAGALAS [En el cortijo, y con la misma melodía anterior]
Clorinda hermosa: permita Dios,
184 CLORINDA
que eternas dichas os dé el amor.
[Al oir este canto, Clorinda cae de rodillas, anegada en llanto, cubriéndose el rostro de dolor; y los Nobles se sienten impresioDa* dos místicamente, apesar suyo, conro si escucharan de lo alto una profecía solemne y misteriosa. Esceptuarse «1 Barón di Fiori, quien, ddsde minutos antes se distrae aturdidamente en contemplar una 'jiedrecilla. Ordóuez se muestra abrumado por los preseotimien* tus.]
FIN DEL PRÓLOGO
Barón difiori.
Tres Camareras.
Dos DISFRAZADOS. (1)
Nobles— Damas — Gondoleros.
íl) Con banta. ConsÍ6i¡a este difraz en nn dominó, sombrero do tres picos y careta hasta la mitad del rostro)
La escena se traslada á Venecia; y han trascurrido doce años.
ACTO SEGUNDO
Salón interior ilel palncio de Clorinda, ndorundo con el lujo de la ¿poca. Puertas Internles y al fondo. A la derecha un lienzo en eJ caballete, preparado para el bosquejo de un retrato.
ORDt'ÑHz, por el fondo. Después Ridetto
ORDÓfsEZ
¡ Vive Dios ! que esta vida me es ya insoportable !. . . ¡Ah, mi viejo compañero! Padre y amigo, todo lo perdí con vos ! (Se enjuga una lágrima) \ Con mil de á caballo! bien se lo pronostiqué!. ... ¡ No olvidaré jamas sus palabras— «Soí mui desgraciado, Ordóñez, me dijo, Clorinda es un alma buena, delicada: yo soi un viejo, no me ama, y, sin embargo, se conduce conmigo como una virgen enamorada. Pero adivino todo el martirio que le cuesta este fingimiento; y la adoro tanto, que sufro por sus pesares mas que por los mios propios. Si muero, no la abandones, sin su consentimiento. «Hace ocho anos que cayó apuñaleado en las calles de esta República de
188 GLORIADA
sicarios, y á no ser su recomendación ya me habría marchado. (Ridetto^ abismado, sombrío, atraviezUy la escena, de izquierda á derecha) Ridetto, él confidente de la Condesa. . . . otro símbolo del misterio y del dolor, acaso también del crimen. . . .¡pero qué palacio Veneciano no guarda lágrimas y terribles misterios !. . . . Vamos á contestarle del pintor, . . ah, ella viene. . . .
[Se vuelvQ á retirar al fondo.]
maHmm
Ordóñez — Clorindá por la izquierda, deslumbrante de lujo, j tres CAMARRKAf!, arreglándole el trage. Vienen como para salir.
Basta; dejadme. . . .Mi buen Ordóñez, decid que retiren la góndola.
(Ordóñez sale. Las camareras so miran con inteligencia.}
CAMARERA 1*
(^^.— Qué chasco para el Dux.) Las fiestas de San Marcos están animadísimas ....
He resuelto no presentarme mas á la sociedad Veneciana. (Las camareras vuelven á cambiarse otra mirada de estrañeza.) Estoy fastidiada hasta de mi misma . . . •
(Se nota en Clorinda la tenaz persecución de un sueño grato, al enal se entrega sin resistencia.)
ACTO SEGUNDO 189
■*i«
CAMARERA 2*
A los treinta años de edad, en la plenitud de la vida y de la hermosura, señora condesa f . . .
(Suspirando.)
CAMARERA 1"
Cuando la mas alta nobleza de la República se postra á vuestros pies ! . . .
CAMARERA 3*^
El opulento Barón di Fiori, el rostro mas bello que se conoció en la corte, agoniza por merecer vuestra mano ....
[Mas bien hab laudo consigo misma.]
¡ Oh! no existe aquí en Venecia lo que debe llenar un alma de mujer ! . . .
CAMARERA 2*
La nobleza Veneciana ....
Miembros de esa nobleza fueron los que, con un titulado Conde de Meri pactaron el asesinato de mi esposo. Pero la viuda codiciada burló á los sicarios ! . . . Sin embargo, debo hacer honorables escepciones . . . {ap. Aun necesito precaverme.)
CAMARERA 1*
ElDux procura en vano disimular el fuego que le abrasa (op.— Me casaré con el viejos Marques de Rívoli . . .) El Dux os entregarla toda Venecia ...
El Dux! • . . espiado y despotizado en su propio palacio ! la miyer que actualmente le ama, le haría pagar caros ^us celos . . . ,
190 CLORINDA
CAMARESIA 1*
Síq duda amáis á algún hombre, escondido m ua rincón de la Europa; pero, si muriera ...
Si fuera cierto que yo le amara, ¿habéis podido creer que la muerte rompería ese lazo? Amar es desprenderse de la materia, y, todo espíritu, entrar en el alma del universo, confundirse con Dios ! (fastidiada) \Óh\ vosotras no comprendéis esto de la eternidad de la vida, de la inmortalidad del espíritu!
CiUiiARSRA P
¿Y si ese amante hubiera jurado amor a otra muger?
[Cloriuda se estremece profundamente].
(Ap. — ¡ Nunca me atreví á mirar ese abismo ! . . .)
Dichos y Ordóñkz, por el fondo.
Estáis obedecida. Me dijisteis que os previniera la hora en que vendría el pintor ... no tardará, pues va á sonar la una.
{Ap.-- Satisfaré el capricho del Barón .... estos
ACTO SBGONDO 191
nobles señan capaces de impedir mi salida de Venecia. ¡ La cobarde camarera me ha herido en el coca-^ zon con envenenado estiletti ! ). Yd á preparanae un traje sencillo: con este pareceré una muñeca en el re« trato.
CAMARERA I*" [A las otras, al partir]
Cadárez mas estrafalaria ....
(8e van por la izquierda)
(á Ordóñez)
Cuando venga el pintor, hacedle compañia*
(Ordófíezse vaj
(Ordófíezse vaj
EStEN A CUARTA
CLORlNDA
¡ Si amara á otra mujer ! . . . ¡ Ah, camarera infa* me ! indecorosa meretriz ! . . . ¡jamas puso el infierno en labios humanos una palabra mas refinadamente cruel ! . . . . Ninguna consideración me detendrá en Venecia; le buscaré por todos los ámbitos del mundo y .. . ¡Oh, mi sublime amante ! . . . Envalde he pretendido ahogar mis ayes en el estrépito de los palacios . ! . . He formado un santuario para la orgía^ y alli, bajo la fascinación de los encantos que fraguó mi fantasía, entre el coro de las odaliscas . .. . éli siempre el ! mas que nunca amado, mas que nunca idealizado ! ... En el fondo de la copaj no la vergüen-
Í92 CLORINDÁ
za, pero si el hastío y el dolor I . . . (Cae en vn sillón, abrumada. El reloj da la una y Cíorinda se levanta enjugándose los ojos) El pintor y el Barón vendrán .... ¡ Oh ! tener que reir cuando llora el corazón .... he aquí el desemlace de la vanidad y de la ambición de las mugeres ! . . . Amor! espiritual, sencillo, casto amor ! ¡ desgraciada de aquella que quiebre vuestras alas . • . ¡caerá en el abismo ! . . . .
(Se va por la izquierda)
Alcides 7 Ordój^ez, por el fondo.
Me encuentro vivamente movido por la curiosidad; y en tanto no se presente la señora condesa, podéis continuar. . Dejasteis ayer la relación en la parte mas interesante.
(Aloides se sienta.)
ORDÓSBZ
Ya que lo queréis . . .
Os escucho.
Esa noche ... era oscura y tenebrosa . * . (interrumpiéndose.) Temo . . . estos palacios oyen para condenar, y ensordecen para herir ! . ..•
ACTO SEGUNDO 193
Losé; pero no temáis ahora.
Sobre el musgo, en una charca de sangre, mezclada ya con la ceniza del incendio, yacian dos cadáveres cubiertos de cuchilladas: eran los campesinos del cortijo . . .
¡ Desgraciados !
Huian tres hombres con máscaras en el rostro; el último llevando en brazos una criatura de cuna . . • • {interrumpiéndose.) Si nos escuchara Ridetto . . . •
Continuad: ¿qué hicisteis ? . .
0RDÓ5JEZ
Me precipito sobre el ladrón y el cobarde suelta la
presa,
¡Bien, Ordoñez ! . . ¿Indagasteis ? . . ,
Tendría la niña un ano apenas de edad . . Habia sido arrojada, no se sabe por quien, á las puertas del cortijo. . . . debia pertenecer á gente ilustre, porque solo esa gente abandona los hijos.
Sí...
Traía la niña un medallón al cuello, y dentro una carta, prometiendo recuperarla en un dia, cuando desaparecieran las causas que, según el anónimo, obligaban á cometer tan bárbaro abandono. . . . No me lo explico. . ,
194 CLORIKDA
serán misterios del alma, que un soldadote no entiende.. . pero, el escrito enternecía el corazón y mostraba bien patente la huella de las copiosas lágrimas que la madre habia derramado. . . . ¿pero por qué entonces abandonó á su liija ? ¿cómo es que la vanidad pudo mas que la naturaleza y que el deber ? . . .
Ah, Ordóñez ! para ninguna falta debia haber disculpa: la voluntad es soberana, y solo contra el bien no se puede luchar con éxito, porque luchar contra el bien, contra lo bello, es luchar contra Dios; y contra Dios no se puede luchar, Ordóñez! , . . Pero ¿y la niña?. .
Desde aquel instante fué mi hija adoptiva. La puse al cuidado de unos labriegos de los Pirineos de nuestra Patria; pero, á éstos los hice cambiar de residencia, por ocultarla á las miradas de cierto Conde de Meri. . . . cavilosidades mias.
¿ Y nada habéis podido inquirir del actual paradero de vuestra hija?
ordóSez
Nada. ... á los pocos dias de casado el Coronel con la Condesa, se le ocurrió á ésta abandonar derrepente á España y fijarse en Francia; entonces escribí á los campesinos, para que se trasladaran allí; pero, ved otra escentricidad : se le ocurre á la Condesa abandonar también la quinta de París y pasar á Venecia. Entonces, de aquí de Venecia mando á Paris,á indagar de los campesinos ; pero el malvado .á quien comisioné, no ha^ vuelto. . . .probablemente se habrá ido con el dinero que enviaba para el viaje He aquí que estoi en la mas cruel incertidumbre; y, como prometí á mi Coronel no abandonar á la Condesa, en tanto ella no me despidiera, nada puedo hacer personalmente.
ACTO SEGUNDO IftS
Entonces, os prometo que el precio del retrato que se me ha encargado, será vuestra libertad.
ORDÓÑBZ (Besando las manos de Alcides)
¡ Oh ! ¡ gracias ! ¡ gracias !
El viaje lo haremos juntos, y con esposa, Ordóñez ; porque, me caso, y con una bella virgen pescadora. . •
La Condesa!. ...
A la caida del sol, en mi estudio. ... si demoro, esperadme. . . . combinaremos el viaje. ... Es flsetíi de San Marcos, y con la bauta no os reconocerán.
(Ordófiez estréchala mano de Alcides y parte por el fondo.)
Alcidks—Clorinda— Después el Barón di Fiori— -Clorindíi viste un traje blanco, sencillo—Al saludarse, se reconocen con Alcides, y la sensación que ambos esperimentan es tan profunda, múltiple y diversa en los afectos, que necesito dejar su interpretación ni talento del artista, especialmente á U actriz encargada del papel de Clorinda.
196 CLORINDA
(Sucede unos segondosde supremo silencio.)
(entrando reden por el fondo, sin apercibirse da la embarazosa situación de aquéllos)
¡Divina y angelical Condesa!. . . .Ilustre pintor.. Causa delDux, me ganasteis la delantera.
(Clorínda que saluda maquiualmente al Barón)
Amigo mío: deberéis á la bella Condesa vuestra mejor obra; os garanto que con el modelo pasareis, vos y el cuadro, á la posteridad.
La hipérbole no es siempre una prueba de galantería, Barón
El Barón se hace eco de la fama, que os encumbra, señora Condesa.
En España, en^ Francia, en Italia, á donde el sol de su hermosura apunta, vierte la vida, y con su ausencia deja la noche. . . .
(Ap.—\J)ej8i el veneno!. . . .)
No creí que mi sencilla amistad os llevara al fanatismo.
Juro que cambiaría la forma de gobierno de esta
ACTO SEGUNDO 197
brillante y feliz República, solo por poderos llamar : mi Emperatriz! * •
(Violentada y con ironía burlesca)
El Barón di Fiori es la mas genuina encarnación del estilo amatorio de la alta noblesa.
(Inclinándose con fatuidad)
¡Gracias!. . . .¡Oh! el retrato será mía creación seráfica! El primer momento de inspiración, que pertenece al genio y no al arte, ya está en el lienzo ; lo he sorprendido en su gabinete reservado
(Ap.—\Si fuera cierto!)
(A Alcides)
El plebeyo de aprendiz se atrevió á negarme la entrada. . . . por consideraciones á vos, no lo hi-^ ce moler á palos, y arrojar los huesos al Adriático. . . .
* Os advierto, señor Barón, que es In primera vez; que me cabe el honor de contemplar á la ilustre Conuesa* • • •
I He tenido, pues, la suerte de que algunos de mis perfiles cruzaran por vuestra celeste intuición de poeta?. . . •
Es tue$tro retrato ! Le ofrecí por el cuadro mis rentan de una semana, y rehusó, . . .Ola! aquel
108 CLORINDA
pincel lo conozco. . • . (fijándose en un cuadro) jus^ to. . . . el colorido Ticianesco. . . .
(El Barón permanece abstraído en la contemplación del cuadro^-Clorínda, so pret^sto de aspirar la fragancia de un ramo de flores, se dirije á la mesa inmediata á Alcides, y le dice ec yoz bajay con mortal ansiedad.)
¡ Por piedad ! ' ¿ me amas ?
(Frió)
No, señora.
[Con voz ahogada y de agonía)
(Ap.—\ Dios !)
/!á|).— ¿Amarla ?. . . .no lo sé!. . . .no quiero preguntármelo !)
(Contemplando con triste amargura el ramo de flores, y arrojándolo f sobre la mesa)
(Ap.—¥\ove^ !. . . . tenéis espinas !)
Ah. . . . ¿ queréis mis rentas de un año por el cuadro ?
Perdonad. ... el cuadro no saldrá de mi- estudio; é ignoro cuando lo concluiré. • . .
(Animada).
/'Ap.— ¡Oh! vuelve, esperanza!)
Seré franco : tiene un defecto de inspiración; la divinidad dd cuadro no es tíria TMana caíadOTa,co-
ACTO SBOUNDO 190
mo debía haberos presentado, sino una víi^n, me*- dio atontada, que pesca en el mar de Venecia, . . . Ah ! ¡ ya caigo ! ¡ Por San Marcos! Os tengo en el anzuelo, amigo mió !
(Ajitadft.)
¿Qué decis ? . .
Por supuesto ! . . Los poetas y los artistas tienen todos su sueño ó ideal, especie de visión, que desciende hasta ellos, para darles el beso secreto de la inspiración !
(Ap.- Lo dirá todo ! . .)
^La ansiosa ajitacioa de Cloriuda crece]
De un modo casual . . . Desde mi góndola, espiaba yo á la pescadora, lo confieso, para declararle un capricho; en eso os vi venir, señor pintor, y . . . ya veis qué situación embarazosa hubiera sido • ... y me dije: respetemos el antojo del pintor amigo .... en mí también era un antojo, señora condesa .... Seguro estoy, que veinticuatro horas después os cansasteis de la muchacha ...
Cuántos circunloquios. Barón ! . .
[Despacio á Clorínda.]
De tarde son las citas, á la plácida sombra de las arboledas, etc . . .. .
(Ap. — ¡Cielos r . .) . .
Es una historia muy romáMica, cómo de pOeta. , . ••
200 CLORINDA
El lienzo está orlado por una banda celeste, dónde se ven huellas de lágrimas ... la cinta es legendaria . .
(iljp.— ¿Esmibanda? . . ¡moriría feliz bajo su puñal !)
Caprichos de poeta • . .
ESCENA SÉPTIiMA
Dichos y un criado — Después Ord/ñez.
CRIADO
(Desde el fondo.)
La joven jardinera á cuyos padres os dignasteis visitar ayer, viene á ofreceros algunos ramilletes . . •
Permitidme, condesa ! . . . {dirijiéndose al criado.) Condúcela (el criado sale). Quiero ofreceros el homenage de mi adoración.
(Se incliua.)
^-ájp.— Le veré solo.) Si no tenéis inconveniente, caballero, OS señalaré otra hora para principiar el bosquejo . ..
A vuestras órd6nes,'condesa.
ACTO SEGUNDO 201
I* 1 1—
[Presentándose.]
Un desconocido, patrón de buque dice ser, deseaba llegar hasta vos; y como se lo impidiera, me ha entregado este billete, agregando: espero en el acto contestación.
[Entrega el billete.]
Con vuestro permiso . . . {Leyendo rápidamente.) (Puñal contra puñal ! la misma frase de muerte ! ¡malvado ! . • )Es un majadero .... no tiene contestación . . .
Dichos y el criado con Belkn Después, Mbri. Belén con un canastillo de flores. ^1 ver ú Alcides, queda sorprendida dolorosamente — Ordóñez cree ver una visión — El Barón se apodera distraídamente del canastillo y se pone ú elejir un ramillete.
(Ap. — ¡ Él aquí ! . . .)
ORDOÑEZ y ALCIDES
(-áp.— ¡Belén ! . . .)
[Cío rinda, comprendiendo que Alcides y Belén se aman.]
(Ap.—i Ah ! y es un ángel !) • .
203 CLORINDA
MBRI
[Presentándose en el dintel de U puerta, disfrazado de patrón de biMjue, aladiendo primero á Belén, y clamando después sos terribles ojos en Cloriudo.]
^j?.— Es la niña ... la seguiré.)
(Sosteniendo la mirada de Meri.)
(^4P-""Me libraré de VOS, bandido ! . . . (Saludad Alciaes; y al partir exclama con venganza sangrienta) \ Ay de la que me robe su amor ! . .)
MKRI
(^^.— ¡Volveré ! . . .)
(Cubriéndose el rostro con el delantal, presa de la desesperpcion]
(^^.— ¡Me ha engañado !)
(Macha viveza en este final y telo" nipido.)
FIN DEL ACTO SEGUIDO
La accioQ de este acto pasa á orillas del niar Adriático — A la derecha y parte del fondo, un jardín y arboledas frutales, rodeando una casita de pescado'res, y todo encerrado en una verja rústica, cuya puerta da á la orilla del mar. — Auna distancia se percibe parte de la ciudad de Veuecia, — ^Al alzarse ol telón se oyen alegres músicas pastoriles y cantos de gondoleros, cuyas barquillas se ven cruzar por el mar tranquilo.
Belkn, á orillas del mar, reclinada melancólicamente sobre un tronco de árbol ret(>&ado, tiende una mirada triste bácia el mar, mientras sostiene apenas, con indiferencia y lascitud, una caña de pescar.
GONDOLERO P (Cruzando el mar.)
La fiesta ha principiado: oid su dulce son; los lances misteriosos
nos brinda del amor
Así, barquilla mia, yoguemos sin temor . . • .
204 CLORINDA
(Suspirando con triste desconsaelo.)
¡Ay de mí ! cuan alegres eran hoy esas festivas músicas del amor dichoso ! . . . . Ahora. . . ¡ ahora ! . . .
GONDOLERO 2*
Venecia es la hechicera sultana de este mar: eternos los placeres
la aruUan sin cesar
Así, barquilla mia,
bogad, vogad, vogad
¿Pero qué pasa por tí, corazón mió ? . . ¿porqué, como hoy, no acompañas con alegres latidos los cantos del gondolero ? . . . Alcides ! ¡ ah eres, pues, noble ¡ habitabas el palacio de la condesa Clorinda ! . . . Ingrato!, me lo has ocultado .... á mí, que te amo mas que á mis redes y que á mis flores ! {Pausa— se abisma ante una idea somMa. . . .) Vivir en la plena luz del amor para morir en la eterna sombra del desengaño ! . . . Sin embargo, es la única felicidad que le resta á' la . abandonada pescadora !. . . .Pero ¡Dios mió! ¿y para qué morir, si igual tormento sufriré en los cielos ! . . .
(Penetra por la puerta de la verja, y se oculta en el follaje de las arboledas. Deja abierta la puerta.)
Mepi y DOS DISFRAZADOS, los tres con la b&utla saltan de una góudola qao amarran al tronco del árbol donde estuvo sentada Be« len.
MSRI
[Sin sacarse el antíÍHZ y dirijiéndose con precauciones á los otros. ]
Desde el palacio la seguí, hace dos horas, y aquí entró .. . /^í>.— Mortificante incertidumbre !) ¡Rayo de Júpiter ! .... no puedo olvidar vuestra torpeza en España: primero, cuando el incendio del cortijo; después, en la frontera de Portugal .... ya estaría la muchacha en mi poder, y mi fortuna asegurada !
ENMASCARADO P
Parece que San Genaro anda en esto, señor conde de
Silencio! ahora no soy sino el patrón de la goleta Riálto. {Observa) observad bien . . . .y veremos si esta vez tengo que colgaros de alguna entena . . . . Ah ! . venid . ! . . despacio .... {indica un punto oculto entre los árboles) .... es ella .... ¿No es verdad que es ella ? . . . .
ENMASCARADO 2°
Sí, ... . asi lo creo ....
ENMASCARADO P
Tiene semejanza. • • •
¡Os digo que es ella, bergantes !. ^ . . y esa debe
206 CLORINDÁ
ser la casa de los labradores ... . En las fiestas de Saa Marcos, toda empresa y toda impunidad es perfectamente realizable ....
ENMASCARADO P
Descuidad . . • .
(Siniestramente.)
Si es necesario ... .me entendéis ?.!...
ENMASCARADO P
¡ Oh ! si que comprendemos ....
Y á la goleta ... A nuestro amigo el padre Brusai, que me vea al caer la noche .... tu le conducirás; cuidado con tomar una sola gota de aguardiente . . . mañana seréis dueños de la goleta, con dos bolsillos bien llenos por lastre.
ENMASCARADOS (Besando las manos de Meri.)
i Gracias ! ¡Gracias !
Vamos.
(El enmascarado l^' se dirije al fondo, por la orilla del nmr, Meri y el enmascarado 2^ entran en la góndola y 8eal<»jan.)
Belén aparece en el jardín — Clorinda y Ridetto, éste con V^uíta y aqnella con antifaz, salen de una» góndola q»e Ridetto amarra.
La puerta de la verja está franqueada .... síj lo
ACTO TERCERO 207*
espera ! el Barón no me engañó ! . . .. Ridetto, sigúeme... ^ La sangre se arremolina en derredor de mi cerebro, y las sombras de la muerte pesan sobre mi
corazón ! Ridetto, aleja la góndola y vuelve por
el fondo .... feliz paloma, que en estos momentos duermes tranquila en tu nido !!....
(Entra á la quinta y se oculta en la arboleda, mientras Ridetto obedece aquellas órdenes.)
(Apareciendo cerca do la puerta y mirando al mar.]
¡ Ay ! mi angustiado clamor se pierde en la extensión del mar ! .... No viene, no viene aun ¡ Oh ! y por qué no viene ! . . . . Mas, yo le condeno sin escucharle . . , . PobreicUo .... acaso soy injusta . . . . ! mil veces me ha jurado cariño en este sitio, repitiéndome quí le he salvado de la desesperación. . . , ¡pero, me duele tanto aquí. . . .y aquí! . . . .{Oprimiéndose alternativamente el corasen y la cabeza) ¡ Oh ! jamas pude imaginarme que existiera esto tan horrible ... . que me abrasa las entrañas como un tósigo ! . . . .
(Queda pensativa. Clorinda aparece cerca de Belén; al verla retrocede cautelosa y «e oculta tras de un árbol. La sorpresa de encontrarla debe expresarse con la alegría contenida, pero proíonda del milano al encontrarla presa, buscada cou voracidad sangrienta.)
¡ Ah ! . . . . ¡ella es !
(Como saliendo de uua pesadilla absurda, y Alzando con éxtasis la frente al cielo, coo sencilla convicción.)
i Por qué no ha de amarme, si yo le amo tanto ? como entonces á su voz, á su recuerdo pueden reunirse aquí todas las armonías del universo ? ! . . . . Ese lejano rumor ....
(Sacando nna carterita, donde escribe.)
Es necesario que hoy mismo esté en mi palacio . . . «
208 CLORINDÁ
¡ ¿ Él será ? ¡Oh ! Dios le halla tocado el corazón ! . . .
No hay tiempo que perder . . • la letra está perfectamente disfrazada . .-. . Si! mió 6 tragúenos el abismo á todos ! . . . . Ah ! Ridetto llega . . . {Va hacia el fondo á encontrarle.)
Belkk—Clorikda jAlcides. Este salta de su góudola, qae no amarra, indicando preocupación celosa, y ansiedad de ver á au amada.
El disfrazado se alejó de aquí .... usaba precauciones ... la góndola era engalonada .... Clorinda también jugó con mis candidos sueños ! .... No; imposible ! Belén, alma bella, alma inocente.
(Entra por la puerta. Clorinda vuelve á su espionaje.)
(Con desconsuelo.)
Ya el rumor pasó . . . sería el de las góndolas que se dirijen á las fiestas ....
BBjLEN ' * '
(Tendinédole las manos, que aquél besa con amor.)
(Belén suelta el llanto silenciosamente.)
ACTO TERCERO 209
¡ Lloras ! . . . ¿ quién empaña el límpido cristal de esos ojos divinos ? . . . . Ah ! tú dudas, Belén !
(Enjugando el llanto.).
Perdóname . . . . ¿ dudar ? . . . ¿ y por qué ? ! . . . estando tú así, á mi lado, no tengo valor para dudar . ^ Sí; te lo conflezo, me hizo mal aquello ....
(4í>. — i Celos tiene !)
Fuíá bosquejar un retrato .... ¿no sabes que odio á la nobleza ? .... me irrita ! ... lujo chocante, despótica soberbia, glorias banales, placeres que hastian . . . ruido dentro de exhautos corazones, estrechos, vacíos como burbuja de jabón; mientras la humanidad llora á las puertas de los palacios, pasea su cadáver en un sucio carromato, . . . ¡ y tú, virgen puraj eres él ángel, la inefable personificación de los tiernos afectos del alma casta, nunca manchada la frente con el pensamiento terreno ! ¡eres la mas perfecta de las mujeres !
(4í>.— Fiebre ! me abrasas !....)
¡Qué bello es tu lenguaje ! Me parece que convertidos en un solo espíritu flotamos en el éter bajo los esplendores divinos ! ¡Cuan sublime este amor!. . . . Mira luz de mi alma. • . . ¡ la copa d« los cielos se está vertiendo aquí!. .. i
(Tocándose el corazón. Va gradualmente entregándoBe fascinada en brazos de Alelíes.)
¡ Incomparable fruiccion del éxtasis ! ¡ Oh ! cuándo
SIO OLORIKDA
caerá esta mortal corteza que nos envuelve como negra nube ! . . . . Pero qué digo ?,..... el amor brilla, sin embargo, dentro de nosotros como la llama mítica del santuario, y en perfumadas espirales se levanta al cielo, conduciendo el voto profundo de un himeneo inmortal! ....
¡ Te amo con tanta delicia ! Yo no sé si eres hermoso, si eres joven, .... te siento dentro de mí
eres la sombra azulada que se posa en mis párpados, para transportarme á un sueño de gloria infinita! ¡ quisiera vivir eternamente así, prendida á tu cuello, contemplándote con éxtasis profundo, bañada en tu aliento y en la luz de tus ojos! .....
ALCIDBa (Atendiendo alarmado)
Esos pasos. • . •
^iljp.-¡Alfin! )
(Dando un grito al ver á Jorge y Petra, desprendiéndose de AlcIcIdB
y cubriéndose el rostro.)
¡ Cielos !
Dichos y Petra y Jorge. Jorge, demudado por ei íuror» «sfcwja emre sus manos la hoja de cartei'a que escribió Clorindar-B^' pues Ordóñez.
i Ciegúeme un raya !
ACTO tfiReERO SU
moí.
¡Callad! menguado! ¡infame!
(Con respeto]
¡ Dios !
(Llorosa, abrumada, siíjplióañ te, cayendo á los píes de Jorge.)
(Sacando el puñal para herirla)
¡¡Ramera!! ....
(Belén da nn grito y cae desmayada. Petra se ha precipitado j se ha asido fuertemente del brazo de Jorge, deteniendo su acción.)
(Sacando su puñal al mismo tiempo)
¡ ¡ Desgraciado ! !
CLORIKDA (Presentándose para impedir que Jorge acometa á Alcides)
(Ap. — ¡ ¡ Cielos ! !)
(Precipitándose sobre Belén)
¡¡Hija de mi alma!!
212 GLORINDA
(Cayendo de rodillas, doblegado)
j -Justicia de Dios! ! . . . .
(^Alcides ha dejado caer su puñal— Telón rápido — Es inútil prevenir al director de escena sobre la conveniencia de que ésta 8e desenlace rápida, pero sin confusión^ tanto en la formación del cuadro como en la oportunidad de las exclamaciones.)
FIN DEL ACTO TERCERO
ACTO CUARTO
Gabinete entapizado del Palacio de Clorinda : Gran puerta al foro, comunicando con una galería de mármol, que se pro1ong»longitudíualmente al fondo, hasta unos salones iluminados á ghiorno. A la izquierda dos puertas con cortinados de terciopelo rojo : una de ellas, como también la del foro, sirven para la concurrencia ; la otra se supone da á las habitaciones reservadas de Clorinda — A la derecha otras dos puertas, una secreta entre los tapices y la otra correspondiente á un balcón, que, se supone, da al mar — Es la noche del mismo dia en que han tenido lugar los sucesos anteriores. Hay baile ds máscaras en palacio.
El Düx y una Dama, disfrazados de dominó, penetran por la galería del fondo — Después el Bauox di Fiori, sin antifaz y vestido de Mosquetero, precediendo á otras pakkj as en traje de fantasía y con antifaz; no todos los caballeros lo usan. Al alzarse el telón se oyen las múí^icas de los gondoleros, que se suponen cruzan el mar por debajo del balcón — En los salones y galerías del fondo sepetciben algunas máscaras.
DUX
Jamas se vio en Venecia un sarao mas espléndido ni mas artísticamente preparado. La condesa es una mujer extraordinaria
214 CLORINDA
(Con iutencion)
¿ La eréis muy hermosa ?
DÜX
No tanto, sinembargo, como os encuentro á vos ; pero, no se puede negar que es una emperatriz de leyenda. . .
(Con mordacidad irónica)
La dualidad de la Fornarina y de Lucrecia Borgia ?. .
T)UX
Es decir : de los perfiles y los colores simpáticos de esas históricas mujeres,
Con todo lo malo de Catalina de Medicis, bajo la careta,
DÜX
Capaz de ser tan terrible como la Medicis, si j pero, que aun no lo es. . . .según dicen.
¡ La amáis, Dux, hasta el punto de no apercibiros de que yo os escucho!. . . .
DUX (Poniéndole la mano en la boca]
¡ Callad !. . . . el Barón di Fiori llega, ... es uno de los espías, aunque poco temible, que la nobleza pone á mis actos. No tengáis celos. Duquesa: os amo también por gratitud, porque vuestro marido, gracias á vos, es la garantía de mi poder. Os dejo unos momentos, y ved de desorientar al Bapop, PQr si ftos h^ conocido. No tengáis c^lps^ YÍda
(La besa en la mano.}
ACTO CUARTO 215
Fio en vuestros juramentos ! (A'p.—Y en que tengo su cabeza en mis manos!)
(iáp. —Me pareció el Dux. . . •)
Barón: ya que habéis hecho vuestros tributarios al amor y á la fortuna, protestad contra el torpe caballero que acaba de mostrarme su fastidio.
(Dándole el brazo]
\ Bella encubierta L . . . Ah ! ved por este balcón » cuan bello está el mar, con sus iluminaciones, su^ músicas y sus misterios. Todo invita al placer. . . • I Hablabais con el Dux ?
El Dux es un rejio esclavo, que se revuelve en la jaula de su palacio. Es posible que una dama se ate á su dorada argolla de galeote ? [8e oye lejana la música del baile) El sarao principia ; no ' hagamos esperar á la Condesa.
BAROK
Ah. . • . caballeros y hermosas. ! • . la dansa ik)s llama. . . . fuera de )a danza y la mujer, el mundo es }m e^saenterio Egipcia Os invito. . . .
MÁSCARAS
Vamos.
(Desaparecen por la galería hacia los salones.)
Meri, por el balcón, vestido de corte y con antifaz— Después Alcidbs, ele dominó Gencillo de Bcdn ynntifaz.
(Fatigado)
, Difícil ha sido la ascención (Dirijiéndose á m gondólei'O, que se supone al fié del halcón) Yete Giovanni. . . . Quemo así las naves. ... La fortuna esquiva me volvió el rostro en España ; pero. . . . ¡ pardiez ! que no se me escapará ahora. . . . Belén debe estar en mi goleta. Un disfrazado ....
^ (Se oculta en el balcón.]
ALOIDES
Este debe ser el gabinete que Belén me indica en su carta .... sí .... á un estremo de la galería, frente á los salones del sarao. ... me llama ! Aun no habrá podido Ordóñez prevenirla ? ¡ Oh ! la intriga de esta tarde devió ser vuestra, Clorinda, solo de un demonio como vos ! ¡ y, sin embargo, una llamarada de aquellos tiempos suele cruzar por mi alma, como el perfumado aliento del ángel de la noche ! . . . . Pero, Belén no permanecerá dos horas mas en vuestra trampa ! De ese balcón podré observar cuando venga . . . •
ÁLCiDKS y Cr.ohiNDA. EfitA disfrazada con un trago exaclamente igual al que usó en el Prólogo, menos la banda. AI costado pendiente del cuello por un cordón de seda, una ogita de cristal, aro de oro con engarce de esmeraldas, conteniendo la corona que en el Prólogo le regala Alcides. Clorindn entra al dirijirse Alcides al balcón; lo toma de una mano, deecubriéndose. Al entrar ha tirado con violencia de la cortina de la puerta. La música se oye mas apagada.
¡Vos!....
(lusliotivamente se desprende de ella con cierta repulsión.)
Os vi entrar al sarao .... y una luminosa intuición, una irresistible fuerza, que sentía dentro de mí, y que, sinerabargo, partía de tí mismo, me ha permitido conocerte, y me ha atado, Alcides, á tus pasos.
¡Si tuvierais memoria ! ... ¡ Oh 1 dejadme salir !
Por piedad, Alcides ¡ tu alma noble jamas conoció el rencor ! , . . .
Nunca lancé mi odio en vuestro camino ....
Lo hubiera deseado ! • . , .
(Csn sarcasmo.^
e De qué tampoco tendría que acusaros ? • . , . ¿ ha-
218 CLORINDA
ber apagado en mi alma la candorosa fe de los primeros amores ?. . . . Esto, Condesa, es en el mundo lo que en Venecia. . . un simple episodio en sus bailes de máscaras .... lo que un paso trajicómico en el teatro.
¡ Sarcasmo cruel ! .... Yo te amo, Alcides ! ¡ yo te amaba (¡ arrodillándose y tomándole las manos] te lo juro de rodillas, entre lágrimas de arrepentimiento. . . •
Arrepentimiento ! ¡cristiana palabra, sin duda ! quien se arrepiente merece perdón ¿ es eso ? El perdón es también una evangélica palabra ! .... Yo os lo concedo, señora; levantad.
(La levanta.)
¡ Ob ! pero el perdón no se concede entre ironías !
Un tiempo ....
No desgarréis la venda! ....
Queréis que borre el pasado ! tenéis razón ! ¡ cuánto horrible os gritaría desde su abismo !
Lo sé ¡ pero, mira si os he amado !
(Rompe el cordón de la urna de la covona, y se la presenta— Alcides la toma, 7 la contempla con tristesa.)
iUiCIDES
¡La marchita corona del poeta ¡ ¡cenizas de aquella edad dichosa ! \ de aquéllos castos delirios ! [ pálida
ACTO CUARTO 219
vislumbre de aquellas blancas auroras en la patria natal ! ¡ músicas tristes que venis á llorar sobre las cuerdas de un clave, que no ha vuelto ya á templarse ! (Ál^ cides aparta el rostro, ahogando algunos sollozos. Reacciona á la ira concenirada, arroja á un ángulo la urna, y se dirije á Clorinda, que ha permanecido abrumada bajo el peso de los recuerdos y-de las lágrimas de Alcides. ¡ Me habéis envenenado con tu perfume, flores de sepulcro ! . . . . Borrar los recuerdos 1 imposible ! . . .los recuerdos ! tempestades que se desencadenan dentro del pecho de la víctima . . . indelebles remordimientos, que marcan para siempre el rostro del verdugo ! (Esto lo dice^ señalando el rostro abochornado de Clorinda que suplica, se doblega, se humilla y desgarra^) Los campesinos os llamaban «ángel de amor» y os unian en sus cantos y en sus votos injenios al «feliz poeta de la montaña» ! . . . ¡Mentira, señora ! los votos de los campesinos llenaban de pena y quizas de vergüenza el alma de la perjura, que por una diadema condal se vendia á un viejo cortesano !
j Tenéis razón ! ¡ Pero perdóname, por Dios ! ¡Infame fui; no me lo explico; indigna de tu amor sublime ! ¡ y sinembargo, te amaba ! ¡ infierno de inexplicables misterios es el corazón humano ! .... El ángel cae en la cloaca; pero, una brisa del cielo vuelve á mover sus alas, y el ángel sube otra vez á su trono, tan puro como su divino origen ! ¡ Yo te amé, no habia amado jamas, no he vuelto á amar sino á tí solo, te lo juro !
(Quiere irse )
¡ Falaces protestas !
(Coa eneijía y luego con tierna ^úpliea)
¡Ob! w te iras ! no te vayas por compasión ¡ Oye . . • un secreto de mi adolescencia . . . . ¡ Dios mió ! . • . •
220 CLORINBÁ
j no ! ¡ no se te puede decir ! . . . ¡ merezco tu perdón, no soy tan criminal como infeliz !!.... ¡ Si pudieras leerme ! Mira: Al silencio de las altas horas de la noche, descendia por esa puerta secreta; me esperaba una góndola manejada por Ridetto solamente, entraba en ella, y vagaba por la extensión del mar solitario,
desesperada, loca componia cantares con el
nombre de Alcides; se los entregaba á los gondoleros, para que fueran á repetirlos cerca de mi barca, donde la aurora me sorprendía soñando en ti ! ... .
(Algo conmovido.)
CLORINPA
Me purifiqué en el dolor y en las lágrimas, y pensé recorrer el mundo, para habitar tu misma tumba, ú ofrecer mi cuello á tu venganza ! ¡ mátame, pero déjate conmover en mi último momento ! . • . .
(Mas conmovido.)
¡ Callad ! . . . .
[Con delirio.]
¡ Oh, quiero morir ! . . . . Vestirás mi cadáver con este mismo traje y me ceñirás aquella corona, emblema de ún amor no menos triste que inmortal ! .... El ataúd será de sándalo, como el de las sultanas. . . .me llevaras tú solo en la barca de Ridetto; me abrirás una fosa bajo del banco de piedra en aquel delicioso valle, y me besarás en la frente, al despedir mis despojos para siempre! ....
[Tomándola nna mano con fascinacioc, pero desesperado.]
¡ Ah ! ¡la antorcha se apagó ya para siempre ! e santuario yace en tinieblas ! Olvídame !
ACTO CUARTO 221
¡Primero el martirio! ¡ Oh ! ¡olvidarte! ¡ ese es el único imposible ! Sondea un instante el infierno de mi existencia, ante el recuerdo de tu desventura, devorada por la inapagable sed de tus caricias, en medio del vacío y de la desesperación de mi alma atormentada ! ¡ y te veo, y te siento, y me abrasas con tus ojos de arcángel ! ¡y me dices que olvide 1 .... No te pido sino que me ames. Te formaré en los Pirineos un albergue mas bello que un paraiso; yo habitaré allí cerca en una choza; y á la tarde iré á la colína para contemplarte en los balcones, con los pinceles en la mano; 6 en noches de luna á escuchar de rodillas las canciones del trovador. . . •
[Se saca el antifaz, ebrio de nmor. ]
¡ Oh, Clorinda ! , . . .
Una vez; lo recuerdo. ... la noche era de diáfana, saturada de aromas y envuelta en celestes misterios; el universo nos rodeaba con todas s^us melodías .... tus labios se posaron en mi frente; el ángel nos cubrió con sus castas alas, y mis labios se encarnaron, al pasar sobre ellos una brisa de fuego ! . . . .
[Alcidesse haseutido atraído dulcemente por Clorinda, á la cual ya sonríe dulcemente con embriaguez; y al caer en sus brazos, se estremece al oír las siguientes esclamaciones.]
(En la galería)
¡Viva la hermosa Belén!
(Como profiriendo una maldición)
222 GLOEIKDA
ALC1DB3
Es sobre las alas, de ese ángel, que el poeta desterrado ha vuelto al cielo. Es mi último amor. Adiós !
(Se vapor la izquierda*)
(Como devolviendo el rayo que ha caído sobre so cabeza)
¡ ¡ ¡ Desgraciados los dos ! ! !. . . . (La música y algazara del baile llegan mas animados— Tómala cajita, la besa, cae en un sillón, vencida por el dolor, llora desesperada sobre la corona--- Vuelve á la ira; se arranca la corona de flores, que ciñe su cabeza, y los cabellos se desatan sobre sus espaldas, adquiriendo enbtnces una actitud magnífica y tremenda. Va á la puerta del fondo, y llama) Ridetto !
GLORiVDAy RiDBTTO, qiie entra
RIDBTTO
Nadie se ha aproximado. . . . Pero, ese desorden. . . ¿ Qué te sucede, Clorinda ? Jamas te vi de esta manera. . . .
CLORINÜA
Dime, Ridetto: ¿tendrías piedad con- la causa de esta desgarradora agonía, cuyos signos te aterran?
Soi tu sombra: viv^o sujeto átunúrada, como el
ACTO CUARTO 223
galeote á su cadena. Señala pues la presa : al hombre mas encumbrado, á la mujer mas poderosa de Venecia. ... el veneno. . . .
No basta, no, el veneno. . . . tengo también su puñal, recojído en la quinta ; (Saca un puñalito de entre sus ropas) puede servirme. Pero, necesito todavía algo mas desgarrador. . . . (Se oyen carcajadas de burla en la galería) Sigúeme.
(Gloriada y Ridetto parten por la puerta escosada de la izquierda.)
Belbn, por la galería. Viene vestida lojosamente y ¿ la ¿poca. £Blra como huyendo, llena de sobreBaltos y rabores-— Dcspusa OaDóftEZ» disfraautdo de dominó, por la puerta secreta — Mas tarde Clorikda.
¡ Reid, reid, cortesanos sin decoro ! j Oh ! por qué me persiguen en todas partes esos buitres envueltos en seda?. . . .Lágrimas mias! corred, corred, dulces consuelos, sobre las joyas de la esclava infeliz ! (Llora—Pausa) ¡ Ah, mi casita de la orilla del mar ! mi lijera góndola, mis flores y mis peces!. . . .¡Oh!! aquí yo me moriré falta de aire, de calor y de luz I
[Con recato]
224 CLORINDA
[Corriendo á los brazos de Ordólez]
[Con mucho misterio]
Ya está todo concertado; pero, es n3cesario salvarte esta misma noche, sin pérdida de momentos ¡ Conozco los palacios de Venecia ! ¡ Venecia !. . , . ¡ conozco á la Condesa ! ¡ es un gran corazón, pero le tengo miedo! Oye, mi Belén. . . .
[La habla en silencio — Olorindavaá salir de sus habitacionep, y al verlos se detiene ocultándose entre las cortinas.}
(Ap. — ¡ Ah ! si fuera otro amante ?..♦.. ¡ cómo te lo agradeceria, genio de la venganza!. . . .
[Desaparece.]
Ya veis, el plan es seguro ; oponer esta tarde resistencia á la Condesa habria sido perdernos todos. Por aquí vendremos con Jorge y Petra : En previsión toma la llave, para que si es necesario cierres la puerta después de escapar. . . . ¿ Ves ?. . . . es una puerta oculta en los tapices; comunica con una escalera que se sumerje en el mar, donde ya espera la barca de Jorge. Dentro de una hora volveré con él y con Petra.
¡ No tardéis, padre mió ! ¡ Un fúnebre terror hiela mis venas !
¡ Son las corrientes de los palacios de Venecia ! . . . allí el sarao ; en la sala contigua, la muerte ! ¡ Pero, Dios está en todas partes ! Al venir el dia habremos partido para España ; antes de embarcarnos, él, Alcides, te habrá dado su nombre, hija mia !
ACTO CUARTO 225
BKLRN
¡ Bondadoso cielo !
(Abraza A Ordóücz.)
■■ í
Dichos y Alcides con el Barón. Ckorixda vuelve il aparecer entre las corlitins de la izquierda. El Barón abre las cortinas de la puerta de la galería, en momentos que Belén abraza con efusión á Ordüñez. Finalmente, Hidktto.
BAROK
(A Alcides^ con burlona ironía)
Bellísimo grupo para un cuadro !
(jij?.-¡Tambienella!!. ; . .) '
(4p.— Bien, Barón !)
(Se oculta, dejando caer las cortinas — Belén besa lus manos de Ordúflez.)
¡^ Cuánto te quiero!
.... .
(Bosjindola en la cabeza]
Adiós! ' ; ' *
[Acompanúñíolo hasta la puerta secreta.]
. ¡ No tardéis !
226 CLORINDA
¡ Vendré para uo separarnos mas !
[Ordóñez parte. El Barón se aleja riendo, Alcldes permanece unos instantes en la puerta, como calcinado.]
{Ap.— ¡ Adorado mió ! ¡ te volveré á'ver !....)
(Ap.—Sev& el disfrazado que esta tarde vi alejarse de la puerta de la quinta ? Si ! se han citado para esta noche !
(Ap.-'i Ay de mí ! ¡cuánto mal hace una hoja de cartera cuando el anónimo escribe en ella una calumnia!)
[Avanzando unos pasos con resolución, y arrancándose el antifaz
con rabia.]
¡ Ángel sumerjido en el barro ! . . . (Se detiene .)No ! se reiría de mis celos ! . . . . Cortesana ! no te veré mas!
[Al dar Alcides el primer paso para salir, Belén vuelre el rostro y lo ve.]
[Corriendo a él como á un refugio inesperado*, con mucha temara,
riendo y llorando.]
¡ Alcides! . . . . ¡ Bien mió ! ¡carazon mió ! . . .
(Ap.— ¡ Gomo finge !)
[Retrocediendo. ]
Pero . . . . ¿ qué desgracia vienes á anunoiarfide ?. . • •
ACTO CUARTO 227
(Con sarcasmo burlón y amargo.)
Al contrario; vengo á quemar incienso á la brillante cortesana, nuevo astro en este cielo.
Beleu, qaeno ha entendido la amarga ironía de esas palabraf, vuelve ingenuamete á su amante, rodea su cuello y le dice con graciosa y apasionada ternura:]
Ah ! no seas zalamero ! ¿pero no es verdad, que
mas te place verme de pescadora ? . . .
^Riendo despacio con irónica y convulsa sonrisa.)
(Ap. — ¡ Infame criatura ! . . . .)
(La sonrisa de Al cid es alumbra y hiere el alma de Belén, como un «yo., Pei'O, aturdida no se da aun completa cuenta de \^ situación») *
i Dios mió ! se ríe ¡ también de mí !
(^i?.— Síntesis simbólica déla comedia mundanal : una mujer con careta de ángel !)
i Pesadilla horrible !!....
Tal es la vida para los desgraciados ! . . . . ¿Queréis que os conduzca al salón, si es que no esperáis vuestra pareja ? .... El baile de máscaras en palacio ! ] qué bello aturdimiento ! ¿ Vamos ? (La quiere tomar de la mano . Belén rechaza la invitación con movirnientos de loca ó de sonámbula. Parece que no ve ni siente sino bajo el vértigo) La oi^ía es el paraíso .... embriagarse allí con su copa, y sobre el seno de las voluptuosas odaliscas, entre perfumes y armonías, dormir el sueño eterno .... no despertar jamas I .... La poesía ! burbujita formada en una
228 CLORINPA
lágrima, que el aliento envenenado de una pérfida sirena prende en las pestañas de los niños ! .... Si eso de amores puros es solo fantasmagoría .... los niños se apegan un instante á sus figuritas de plomo .... y las rompen, para buscar otras nuevas ! {Éiendo con estravíó y desgarramiento desesperante.) Si . . . .el mundo .... es muy divertido .... todos ríen , . . y cantan .... y se aman . . . . ja ! ja ! ja ! ¡ y se engañan miserablemente ! ! ja ! ja ! ja ! . . . .
(Cayeudo dé rodillas á sus pies con suprema angustia. jT
¡ Hiérame tu puñal, por compasión, adorado de mi alma !
' (Ap'— ¡ A tenerlo, la matara !) Levantad ! ¿ Para esto, pues, me llamaba tu carta empapada en lágrimas ?
I Qué carta, Alcides ? ¡ Voi á volverme loca ! . . .
CComo iluminado de súbito.)
¡ Quién era el disfrazado ? . # . .
(Viendo á Clorinda que se presenta.)
i La Condesa !
(Fingiendo sorpresa.)
. Ah! .... perdonad ! . • • • ignoraba ....
.(4jp. — ^Aclararé este misterio. • . • {Saluda ceremontosa y fríamente á Clorinda, y se ya-^Belen permanece abochornada y dolorida. A pocos pfisos, Alciden da voces ahogadas en la galería^ Cobardes!.. á^adnae! . v . •
ACTO CUARTO 229
(Queriendo ir en auxilio de Alcidee, dando un grito.)
¡ Amor mió !
(Glorinda la detiene violentamente de uh brazo, con odio airado, j cierra la pnerta— -Ridetto se ha presentado por la izquierda; yá uaa indicación de Glorinda, Belén, desesperada y subyugada, despees de una mirada angastiosa d la puerta lecreta, se dirije á las babitaciones de Clorinda, seguida de Ridetto, que se muestra conmovido. Clorinda la contempla alejarse con satánica mirada de triunfo. £ü seguida va á la puerta secreta, y con un gran alfilor, que se ha desprendido del seno, obstruye el agujero de la llave. Pasa á la pnerta de la izquierda, que sirve ala concurrencia y le echa llaveLa silenciosa nube, que tal parece Clorinda, desencadena la tempestad, exclamando un iay! profundo.)
Clorinda. Después Meri
¡ ¡ Ay ! ! . . . . ¡ Rival afortunada !. . . . ¡ Oh ! quién os ha arrojado en mi camiflo ! .... ¡ oh! el furor trunca mi acento ! . . . . estoy ciega, me doy yo misma miedo .... mi mente gira en un círculo de llamas y de sombras ! .... ¡ y él también sufrirá ! si ! él también ! .... la armonía funeral que ambos deberán escuchar en la agonía, hará ésta mas horrible, exaltando la sensibilidad hasta la locura del dolor ! ¡ Es necesario que sea una armonía desgarradora ! ¡oh ! es el refinamiento de la crueldad ! ¡y sinembcirgo, no me satisface aun ! . . . . en estos momentos ! cuánta hiél se está derramando en el corazón de los dos ! .
• «
230 CtiORINDÁ
(LlamaDdo.)
[Saliendo del balcón, con calma, firmeza y glacial cinismo]
{Ap.^Al fin se pone en mis manos.)
(Viéndole con sorpresa pero sin miedo.)
MERl
Desde España no he hecho otra cosa que seguk tu huella ..... salvo algunas piraterías en los mares que inmortalizó Drake.
Desde Ñapóles no he tenido otro espectro que tú !
Sin duda: debo parecer un espectro .... Mi cerebro es un sepulcro, donde arde tui mágen con la eterna llama del insomnio.
Malvado ! mi conciencia os repele en nombre 'de la justicia divina ! . . . .
¡ Siempre romántica ! . . . .
¡ Ah ! Recordadlo: yo entraba recien á los doce años: era inocente, era pura, la alegría de mis adorados padres .... me educasteis en una filosofía pérfida; infiltrasteis en mis venas la ponzoña de una loca ambición. ... y la paloma cayó en las garras del gavilán.... ¡Ah!yo femaba el cielo, las fiores, las sencillas fiestas de los campos .... soñaba en todo lo ideal .... en el amor, en el amor casto y misterioso del alma ! de-
ACTO CÜAHTO 231
seaba brillar, pero con la gloria del artista y de la gloria dentro de mi propia satisfacción, velada por una conciencia tranquila .... ¡Oh ! monstruo ! ¡ qué merecerlas de la humanidad, si ella os tomara cuenta de esta alma tan bella, que le habéis arrebatado ! .... Os invoqué los derechos, que las mismas fieras reconocen .... mas cómo, pues, te los reclamaba si habláis pisoteado otros igualmente sagrados: mis derechos á ser honrada ! mis derechos á no sonrojarme • de xm misma ! . . . . Ah ! no soy yo la culpable: os amaba entonces con mi primer amor ! Ah! mis ancianos padres no pudieron resistir la desgracia de la hija !
(Llora.)
Os mandé ofrecer oro abundante. . . .
( Enjugándose las lágrimas)
¡ Oro para la felicidad perdida ! para el deber violado! para el llanto de la hija parricida ! ¡ miserable ! ¡ canalla! . . . ¡Besé la turaba de mi padre, y, huí de Ñapóles, no se á dónde, á cualquiera parte, á España. . . . con los ojos preñados de lágrimas, con la ambición roedora en la mente, el odio en el corazón, el vacio en el alma ! Todo lo bello habia sido mi sueño y mi dicha.... después, lo bello fué para mí un reproche, una herida mortal ! Al perder mi espíritu, traicionasteis in, la humanidad, ofendisteis á tu Dios !
Todo eso es poesía, Clorinda. La mujer no cuenta con los mismos derechos que el hombre : el hombre abusa, engaña y deshonra á la mujer; pero, la culpable es la mujer y la gloria del lance se reserva al hombre. Así es la ley social ; no se si es la ley de Dios. Confe-- sad, sinembargo, que si yo desperté ambiciones en la candida virgen, lo natural hubiera sido que la plebeya pescadora de Castellamare no diese crédito á las promesas del opulento Conde de Meri !
232 CliORINDÁ
¡ Cínico !
Ello es que sois condesa y de las primeras fortunas de esta república r se lo debéis á tu maestro, á mí. Justo era entonces, que en España, casada con aquel-coronel llovido del cielo, el maestro os reclamase parte del botin. ....
Lo recuerdo, por vuestra desgracia ! Era una noche como esta ! . . .
Sí ; curiosa coincidencia : me oculté en el balcón de un gabinete y me presenté á la flamante condesa. • . . precisamente como acabo de hacerlo. • . .
Levantasteis un puñal sobre mi garganta. . ..
(Suca el puual y vuelve á guardarlo tranquilo)
liaste. . ' t •
Arrojé un grito de terror. . . . « El ruido del sarao, me dijisteis, ahoga el grito de las víctimas » . . . Pero os engañé, Meri ! . . . ¡Me proponíais matar al coronel, para uniros á mi !
(-áp.— Belén estará en mi goleta.) Unirme á vos es también lo que vengo á ofreceros ahora.
¡ Idos! (¡ ap.— Me ahoga la ira !)
(Se aleja con repulsión)
ACTO CUARTO 233
I Qué decís ? ¿ irme ? ¡ irme, cuando vengo á conseguirlo todo de vos ! Recordad mi frase de muerte : «Puñal contra puñal, Condesa »— os dije aquella noche, cuando os vi armada con la daguita de Toledo que usaba el coronel. ...
¡ Desprecio vuestro puñal ahora !
Lo creo; pero, antes de heriteen el cuerpo, te heriré en el alma: mañana sabrá toda Veñecia, que fuisteis mi querida!
¡ Ruin ! Mañana toda Venecia sabrá que sois un villano irlandés ! . . .
{Ap. — Lo sabe !) Ah, lo sabes. ...
¡Impostor! He guardado silencio, porque vuestra sangre me era, sinembargo, sagrada.
(Ap. — Audacia. . . .)
Y un lacayo que asesina á su amo, para robarle el título, no puede ser creido por nadie.
La declaración quedaría desvirtuada ante el mundo, por vuestra propia historia.
¿Y vos? ¿ qué probareis ?
234 CLQRINBA
Aquí, en mi bolsillo,, existen tus preciosas cartas: Perdona que te tutée....son documentos fehacientes. . ..
¡ Oh, sois tan vil como todo eso ! . . . ¡ Pues bien ! ¡ que sepa Venecia mi pasado !
¿ Y algún secreto amante ? . . .
Cr-ORINDA
l Quién ? . . .
Un antiguo tocador de clave, que hace doce años conocí en los Pirineos Españoles. . . .
(Dominada) ^ *
¡ Callad !
« 1
Palidez en el rostro. . . . bandera de parlamento.
¡ Tomad todas mis riquezas !
Extendamos la escritura.
De mi puño y letra j venid.
Ah, no: ninguna mujer se envanecerá de haberme engañado dos veces: La escritura la hará un santo padre, que tengo prevenido.
(Con repulsión)
¡Unirme ávos! ¡jamas! . . .
ACTO COARTO 235
MBRI
Qué temeridad.
La nobleza danza en mis salones ; sois mi esclavo, miserable !
(Se oye el bullicio de la mascarada.)
(Tomando todo su aspecto feroz)
¡ Este salón está distante ; y los tapices ahogarán tu voz !
(Queriendo precipitarse ú la puerta del fondo)
Yo haré que se oiga ! . . .
(Tomándola de la mano izquierda y sacando sa pufSal)
TÚ misma la cerrastes, desgraciada !
("Luchando^
¡Déjame! . . .
La Providencia te agarra en tus propias redes ! . . •
¡Malvado! ¡dejadme! . • .
¡ « Puñal contra puñal, condesa !»....
¡ ¡ Tomad el mió ! !
(Cloritida clava su puñal en el pecho deMeri, que vaá caer mori* buudo en la puerta del balcón.}
¡ Ah ! . . . Maldita . . . seas ! . . Nuestra hija . • . esia» • • •
236 CLORINDÁ
¡ Qué oigo ! ¡ mi hija ! . . . ¿ Dónde está ? ¡ dónde ! . .. Meri ! . . ¡no muráis aun ! ¡ os perdono ! decidme dónde está! . .-.
Dichos — Jorge, Pktra y Ordóñkz, tras de la pnerla secreta, tratando de violentar la cerradura.
¡ Belén ! ¡ Belén !
¡ Un rayo ! . . . ¡ hablad, Meri ! ¡ en nombre de Dios! . . . (inclinándose sobre el cadáver y sacudiéndolo con furia y desesperación) ¡ cielos ! i ha muer-
v^ -ORDÓSEZ
(Forcejeando la puerta con gran violencia^
¡Abre, Belén! ...
¡Infierno! ¡y la echaran abajo! ¡Ah! el mar!...
[Arrastra el cadáver al interior del balcón, quedando en la escena unas cartas; se siente el cuerpo que choca en las aguas; Clorinda vuelve y atraviesa precipitadamente la escena, en completo desorden y ensaitgreutado el Irnje, y desaparece por la puerta de la izquierda, que sirve á la concurrencia, después de observar si está solitario el salón con el cual se supone comunica. La puerta secreta hA caído, saltándola cerradura.)
ESCENA NOVENA
D1GUO8, ménoB Clorinda— En seguida el Barok 7 otros Nublks.
Damas.
ORDÓSEZ (Precipitándose dentro de la sala)
¡Ese puñal! .... ¡cartas! . . . ¡sangre! ¡la habrán asesinado!
JORGE y PETRA
¡Qué horror!
NOBLES y DAMAS (Entrando por la izquierda)
¡ Sangre !
ordóSez
¡ Justicia, señores ! ¡ han asesinado á mi hija !. • . •
(Tocan en el baile una danza viva é incitante; la del principio del acto; la concarreucia reacciona, se encoje de hombros con indiferencia y como arrepentida de haberse dejado conmover)
¡Bah ! No perdamos la danza, señores ; al salón !
Ai salón.
[Se van. Ordóñez los contempla con llanto y suprema ira, mez* ciada de desprecio, tristeza y desesperación]
¡ Esta es Venecia !
FIN DEL ACTO CUARTO
ACTO QUINTO
MaZinovi'as lóbregas de palacio, sobre el mar — A la derecha una pequeña puerta; otra al fondo, pero éáta de graudes dimensiones; en la cchava de la izquierda, al fondo, una escalera, perforada en el muro, y cuya puerta se alza á un metro del pavimento; oti*a ventana baja, con reja, en la ochavado la derecha, por U cual se descubrírá vagamente el mar, cruzado por (innumerables góndolas iluminadas;— en la escena, un banco de piedra y una lamparilla pendiente de las maderas del techo — Ventana y puertas aparecen cerradas. Al alzarse el telón, reina un profundo silencio. Cuando se abra el calabozo del fondo, se venl en él un pobre altar, y mi aparato de martirio.
OloRtINda — Aparece silenciosa y sombría en el descanso de la escalera, delantede la puerta, desde donde, rijida como una estatua, fíijauna mirada profunda en la puerta de la derecha y en la del fondo— Viste sencillamente un vestido de terciopelo negro, con descote, derramados los cabellos sobre el seno. Desciende lentamente; va á la puerta de la derecha, se arrodilla, llora y se aparta con desesperación lanzando un suspiro lastimero, y pasea una mirada estraviada en derredor — Después Alcides, dentro*
£1 sarao sigue en mis salones. . . . Estas mazmorras son hondas y de espesos muros. . . . {siente
240 CLORINDA
un intenso escalofrío^ que la estremece violentamente). ... el alma misma se hiela en estos lóbregos sepulcros!. ... La calma es glacial. . . . siento que me ahogo. . . . [abre la ventana de la derecha y aspira una bocanada de aire). . . . ¡ ah !. . . . (comtemplando con tristeza el mar). ... el mar !. . . Qué bello estás, Adriático,. . . . sultán voluptuoso, en medio de tus lánguidas odaliscas !. . . . Las lujosas góndolas, como misteriosas aves de pintado plumaje, se deslizan en tus aguas serenas, al arrullo de las alegres barcarolas !. . . . ¡ Ay ! en noches como estas, conducida por mi lijero esquife, entre las líquidas ondas de luz, que los remos sacudian, yo vagaba como una sombra errante del cielo, evocando todos los himnos para escuchar las notas de tu clave, los acentos de tu voz, idolatrado Alcides !. ... ¡ ¿ Y todo esto tan bello, luz, misterio, cantos, murmullos celestes, sueños de amor, esperanzas de incomparables placeres, debe hundirse, desaparecer en un vacío insondable y tenebroso?! ¿¡Debo morir?!. . . .¡fatalidad impía!. . . .{Se aparta de la ventana) ¡Ah! ¡pero ella!!. . . .¡ Y todo es Alcides para mí. . . . Venecia, Italia. ... ¡ el universo ! {Cae abatida en el banco ; y de la prisión de la derecha le llegan los vagos y tristes preludios de un clave, con el himno de los coros de campesinos que se cantaron en el prólogo, Al oírlos, Clorinaa se estremece, y va entrando en el éxtasis, como por una magia celeste: su rostro se despeja y la esperanza sonrieen sus labios: Se tras forma en la casta virgen, que recibe las primeras caricias del amor. Al entrar en el éxtasis, y andando de pitntiVas, como una sombra, observa el calabozo del fondo, cual la tímida doncella que necesita asegurarse de que no será sorprendida su primera cita de amor ; tranquilizada á este respecto, se aproxima, siempre en puntillas^ á la puerta de la derecha y la entreabre apenad ^ Al escuchar las primeras notas del clave^dice con un acento sagrado y como si repercutiera sob
ACTO QUINTO 241
dentro de sí misma, y tratando de apagar con la acción todas los ruidos que pudieran venir á turbar la música) ¡ Es mi trovador !. . . . ¡ Cuánto le adoro !. • . Escuchémosle !. . . . el ave prisionera canta su perdida libertad !
(Con la misma melodía, que en f 1 prólogo caí t^ron los campesinos,
canta melancólicamente:)
¡Blanca aurora de aquel tiempo de sencilla fe y de amor! ¡castos sueños venturosos, que forjara el trovador !
(Repitiendo)
« ¡ Blanca aurora de aquel tiempo
de sencilla fe de amor !
¡castos sueños venturosos,
qu€L forjara el trovador! ...» ¡ Me ama ! . • . . ¿ ¡ pero por qué, pues, me abandonó hace pocas horas ? ! . . ¡ horrible incertidumbre ! . . . {El Clave deja de oírse.) \ Alcides ! hombre sublime 1 hasta tu desden es el de un arcángel ! . . . Desde el fondo de mi infierno te contemplo en tu gloria, gozándote allí en mi bárbaro suplicio, y, sin embargo, te amo, bendigo tu. crueldad y tu venganza ! . . . ¡ Oh ! ¡ni un momento mas esta duda que me desgarra !^ ¡ Ah ; Ridetto, ven!
Cloiukda y BiDETTo; éste por la escalera.
Algunos curiosos comienzan á hacer pesquisas . . .
Qué me importa que el escándalo desplome el mundo sobre mí ! ... lo que te he pedido
Aquí tienes el filtro. . .
(Recibiéndolo)
¡Oh! gracias! encontraste á esa hechicera! Le hubiera dado todo mi palacio por estos infeniales tósigos !
Lo que pide es el corazón de la virgen. . •
Se lo darás. . . . Pero, ¿posee las propiedades que deseo ?
Sí. . . • solo que los efectos no duran sino breves instantes.
é Pero, el delirio es profundo y voluptuoso, no despertando sino las dulces imágenes del pasado ?
ACTO QUINTO 243
RTDETTO
Esas son las propiedades del filtro.
( Alegre )
¡Me basta! . . .¿y el veneno? . * * ¿Por qué palideces? . . .
¿ Para quién es el veneno ? . . .
(Arrebatándole el pomo del veneno)
Lo sabrás, mi buen Ridetto.
RIDBTTO
La hechicera pide también el corazón del amante. . •
¡Jamas! Ridetto! ni un átomo! ¡ Hechicera maldita,! . . . Ridetto. . . . á Dios mismo se lo disputaría 1
¡ Ah, Clorinda ! huyamos de esta ciudad, abandona á ese hombre desapiadado ! . . .
Pídele al corazón de veinte anos que no lata, y fuera
eso mas fácil que yo dejarle de amar ! ¡ Imposible !
Ah ! ¡ si pudieses adviinar lo que pasa aquí ! . . . ¡ mi alma es un infierno, en cuyo antro se desencadenan torbellinos de íUego y torrentes de amargura ! Celosa ! Clorinda está celosa, ofendida, desesperada ! En el horrendo drama de mi vida, después dé la ambición corruptora y del oropel de las grandezas banales ; después de la intriga y del puñal, necesariamente, el filtro, el veneno, la tumba deberían formar el desenlace ! . . . ¡ Oh, Dios mió ! ¡ si él conociese todo cuanto sufro ! . . . ¡ Oh, Ridetto ! . . . el dia que la noble y modesta ambición del bien, fecundada por un amor puro se apodera
244 CLORINDÁ
del corazón de la mujer, la miger es un ángel, es la humanidad encarnada, el intermediario entre el hombre y el cielo ; pero, el dia maldito en que la ambición vanidosa penetra en el seno de esa atolondrada criatura, la mujer, RiJetto, es un monstruo, menos que eso, un reptil ponzoñoso! . . .
La voluntad es mas fuerte que el vicio, que el infierno mismo. . . •
¡ Ah ! solo el amor puede luchar y vencer ! el amor grande y elevado es una fortaleza, es un santuario inviolable : Dios vela sobre sus aras de flores, y el mas humilde, como el mas criminal de los seres, es allí sag rado para el mundo : en el amor se regeneran y se santifican las mujeres; en el amor se agigantan los hombres : es la luz y el aire del universo ! Pero. . • . ah ! yo me hice indigna de las venturanzas del beUo amor, porque le sacrifiqué á pasiones miserables ! . . . ¡ Ah ! ¡ aun puedo salvarme ! ... De todos modos, escucha, Ridetto ! Mañana abrirás un pUego de pocas líneas, que he dejado sobre mi pupitre de ébano ; cumple lo que en él dispongo. {Le tiende la mano, que Midetto, de rodillas, baña en lágrimas, y éste se va.) Si mi hija vive, como Meri moribundo me lo acaba de revelar, ella va á poseer una tercera parte de mi fortuna. .. . lo demás para Ordóñez, para esos pescadores, para la clase mendicante de Ñapóles y Venecia, y para aquellos inolvidables campesinos de los Pirineos Españoles!. . . .¡Ridetto no necesita fortuna en el sepulcro! ...
(Mira alejarse á Ridetto, quien vuelve el rostro en el descancillo de la escalera, y da un mudo adiós á Gloriada. Esta se retira al fondo, Tiendo que Alcides va á salir.)
'«i»'-'
Globinda 7 Alcides. Este sale lentameDte del calabozo de la derecha. Una larga cadenilla se ata á su cintura por una estremidad, mientras que por la otra se supone amarrada al muro interior del calabozo. Alcides adelanta hasta donde se lo permite la longitud de la cadena. Su aspecto es melancólico y resignado.
¡ Pérfida estrella ! hoy alumbrabas mi dicha, y ahora te apagas en las espesas sombras de mi mazmorra ! ¡ Sueños de la vida humana ! ¡ albas risueñas ! ¡ Ay !. . . vuestra patria no es la tierra. . . . bañareis mi frente en la inmortalidad ! {Pausa,) Aquellos enmascarados que esta tarde vi alejarse de la quinta. ... el que la besó en los cabellos. . . . acaso en estos momentos de amargura para mí, ellos se cubren de besos delirantes ! ¡ Venecia ! ¡ Venecia ! ¡ á qué te conocí !
(Ayanzaudo temerosa)
{Ap. — Va á decidirse mi suerte ! . . .) Alcides. . . .
(Retrocediendo al verla)
[Ap. — ¡ Cielos ! . . . . ¡ cuan desfigurada en un instante !)
¡ Te pasma tu misma obra !
Me perseguís aun en mi último asilo ? !
246 CLORINDA
Hace doce años áque tu amor arde aquí cómo una antorcha funeral ! ¡ Tu pasión renace á medida de tu despreció ! ¡ lo que mas me impele á la tumba, mas me acerca á tu amor ! ¡ Fué necesario que te perdiera, para sentir todo lo que te amaba !
¡ El cielo me hace el instrumento de su justicia ! ¡ El cielo y el infierno luchan en esta última escena ! ¡ Ah ! no satisfecha todavía, por una doble celada del Barón me hundis en este calabozo, después de herirme mortalmente el alma con el último desengaño !
{Ap. — También sufre celos ! . . .)
Habéis, pues, triunfado, condesa ! Sinembargo os engañáis en un punto: he aquí mi organismo, que aun vive ; pero, os lo aseguro , mi espíritu ha ya alzado su vuelo de estos lodazales. El dolor y el desengaño no infunden el escepticismo : basta una sola hora de seria meditación para creer en la inmortalidad! ¿Qué buscáis, pues, aqut?. . . . mandadme al verdugo, y os deberé algo.
] Alma grande ! ¡ Oh ! ¿ por qué en este instante supremo encuentro en vos al ángel, en vez de al hombre cobarde y pequeño !. . . . No he venido á amargar tu agonía, no, Aleides, sino á mendigarte una palabra de clemencia, una caricia de amor ! una tan sola!. . • .
¡Amor! tú no penetras sino en las almas castas y en las que se acrisolan en la lucha colosal de los dolores virtuosos !;
ACTO QUINTO 247
Desde esta tarde en que te volví á ver, no he sido dueña de mí, Alcides. -. . .no sé qué he hecho en la horrible locura de mis celos!. . . .
Celos!. . . .
¡ Hasta del . aire que respiras ! Mi mente encade" nada á tu adorada imagen, mi corazón emponzoñad^ en la hiél de tu desprecio, amo, odio, me embriaga la ilusión de la dicha que sueño j. ... el vértigo de los recuerdos y de la venganza me ofuscan y me ahogan !
Me dais pavor!.
Una sola palabra y se abrirá el paraíso incomparable que mi ferviente fantasía ha venido preparándote, bien mió ! Mira : yo sé que tú me amas y no puedo renunciar á tu amor. . . . Todo está preparado : me he desprendido ya de toda mi fortuna. . . huiremos, muy lejos, á las bellas regiones del Rio de la Plata; habitaremos una casita escondida en aquellos vírgenes bosques, semejante al nido de dos aves compañeras; allí sobre mi cuello reclinarás tu pálida frente, mientras mi mano se enreda en la plateada madeja de tus cabellos ; con un acento que es para mí como las tiernas músicas del harpa, me recitarás tus sentimentales versos. ... el niveo velo de la luna en el silencio profundo de aquellas soledades, se estenderá sobre nosotros como un pabellón de lánguidos misterios ! . . •
¡ No ! jamas !
¡ Por ccmipasion ! • •
248 CLORINDA
ALGIDES
\ Deliras ! . . las flores se secaron b^o la fiebre de tu ambición ; la antorcha del casto himeneo de las almas, se ha apagado para siempre, al soplo de esa otra mujer, cortesana como vos; como vos, perjura é indigna de uno solo de mis pensamientos ! . . ¡ las dos, pues, me inspiráis aborrecimiento. . . menos aun que eso. . . . me inspiráis desprecio ! ¡idos! . . .
(Anonadada)
¡¡Oh!! . » . ¡Tiembla! . . .
ALGIBES
No os temo. . .
¡ Desgraciado ! ¡ Si tendieras los ojos á este abismo de horror, dentro del cual has desencadenado al infierno !
(Con calma profunda)
Lucrecia Borgia : mi resignación es mas poderosa que vuestra maldad.
¡ Te veré suplicar ! . . Escucha : esa mujer aborrecida, causa de mis tormentos, te adora. . . (Alcides se estrernece) mis celos, aprovechando la inesperada casualidad de hablar con su padre, te la presentaron como infiel. ...
ALClDES ( Anonadado ]
¡ Dios de Dios ! Dejadme verla, dejadme oir su acento! .
Lo que oirás es el chasquido de cada una de sus arterias al desatarse en el tormento /atal i • . •
ACTO QUINTO 249
ALGIDES
¡¿Qué decís, hiena de la Libia !
Lo que verás es su rostro contraido por la tortura. La verás, sí; pero espirando lentamente á tus pies, entre funerales armonías, que he preparado para que el dolor de ambos y mi crueldad se reflnen, se exalten, se hagan mas salvajes !
¡ Clorinda ! ¡ no seréis tan cruel !
¡ Y aun asi no quedaré satisfecha ! . . . {Alcides inr lenta romper la cadena) ¡ Eres mi esclavo !
¡ Matadme ! ¡ matadme ! ¡ nunca creí en este infierno !
¡Ese infierno está en mí !
¡ Favor para ella !
¡ Nunca !. . . . Te concedo la muerte.
i Pero Belén ! ¡ no, no la abandonaré ! viéndome será menos dolorosa su agonía !. . . . ¡ Por piedad, Clorinda! ¡ Clorinda !
No irá al tormento. . . .
¡Te bendigo!
250 CLÓRINDA
Elije el jénero de tu muerte; será el mismo de ella: el veneno. . . .
Si! la muerte pronta! Dadme el pomo!
(Entregándole el filtro, que Alcides apura con sed)
Apuradlo. . . . fap.^Ya, es mió !)
AliCIDES (Después de tomarlo)
¡Morir! ¡ suprema felicidad !
De los dos, quien va á ausentarse de la tierra ¡ ay ! soy yo sola, porque tu amor me falta ! Pero antes, sobre los bordes del sepulcro gozaré la sarcástica felicidad que me cencede un aciago destino !
(Sintiendo los efectos del filtro; principiando á delirar)
El calor de un seno amante circula por mis venas. . . el mas dulce de los deliquios tiende sus impalpables alas sobre mis párpados. . . ¡ qué bella aurora resplandece en mis pupilas ! . . bosques, arroyos, doceles de flores, coros celestes. ... ¿ Y tú, gacela mia ? ¡ cuan hermosa y cuan pura eres, mi Clorinda ! (En el mar preludian una barcarola. . .) y las músicas te acompañan, al doblar tu ruborosa frente sobre mis labios ! ¡ Amor ! ¡ divino amor ! ¡alma del universo ! . . .
(Clorindu abre el candadito que sujeta la cadena á la cintura de
GONDOLERO (En el mar canta mientras tanto]
Mis ensueños se deslizan sin zozobras ni temor,
ACTO QUINTO 251
entre alegres barcarolas que me inspira el dulce amor.
^iáj).—¡ Ficción hermosa! ¡pero en brazos dé la muerte ! !)
¡ Qué sendero tan áspero. . . . todas las flores se me han deshojado ... no hallaré, no, aquí en la tierra ese mágico país del cielo,, donde la vejetacion tropital es eterna . . . {besando los cabellos de CbrindaJ ¡ y sinembargo, eres tan joven y tan pura ! • . . ese enmascarado, Belén. . . .
(Ap.- ¡ Piensa en ella !) ¡ Ah ! mi amor te devolverá la fe, Alcídes mió !
( Suspirando ]
¡ Imposible ! . . . fáltanme las fuerzas para continuar este sendero de espinas . . . . ¡ Mujeres ! ¡ sois lo mismo todas ! . . .
(Se restrega la frente, como si quisiera despertar.)
(Ap.^l Y va á volver en sí ¡...Concluyamos ! he creído hacer mas dulce mi muerte, y esta bella mentira acibara el cálix hasta la desesperación ! ¡ Vengarme y morir ! (Toma el veneno— Va al muro, opmne un resorte, suena una campana; y vuelve al lado de Alcides. . .) Alcides ! quiero tus caricias ! voy á morir ! (Alcidesseponedepié como un soííámbulo.) ¡Al menos el último adiós! (Lo, abraza. Alcides lleva maquinalmente el bra^o á la cintura de Clorinda, y la contempla^ con vaguedad) ¡ y esa puerta maldita, que lio se abre aun !
(Se abre el calabozo del fondo.)
354 CLORIMDA
GLOIUNDA
(Fuerte)
¡Jamas!
(Hace la sefial con el pafiuelo, y el yerdugo se apodera de Belea.)
j Piedad !
¡ Piedad ! ¡ piedad !
ALClDfiiS (Dando an grito)
(Se lanza sobre ella puñal en mano, sin que Clorinda revele ni una contracción de miedo ] por el contrario, descúbrese el seno, sonriendo con placidez.) ,
Dicnos y OrdóHjcz, seguido dd Barón, Nobles y Damas, por la escalera.
(Alaparecer, y precipitiindose ala escena, á Alcides, que se detiene)
¡ Deteneos \ . . .(á Clorinda) Yengo á devolveros á^^vuestra hya, ...
¡Mihija!?
ACTO QUINTO 253
(Volviendo completamente á la razón)
¡Clorinda! . . . ¡Belén! . . .
(Alcides corre á estrechar á Belén ; pero le cierran la entrada dos eumascnrados, armados de puñal, volviendo á desaparecer— BeIsn cae anonadada de rodillas, y Alcides se retuerce en la rabia y la impotencia.)
•i Maldición ! . . . (volviéndose á Clorinda enactitm hostil.) i Aborto del crimen !
¡ Desgraciado ! una señal de mi pañuelo bastará para que caiga la cabeza de tu amada !
jOh! . . .
Toma, pues, mi puñal; hiéreme !
(Le arrojad puñal.)
^ Dichos y Ridetto Este desciende la escalera con alguna pre-* cipitacion.
(En Toz baja á Clorinda)
¡Todo está descubierto ! pero aun es tiempo: por allí
256 CLORINDA
(Lla^na á éste, que acud^ y se inca á su derecha, de modo qxie Chrindd tiende sus manos sobre las cabetas de ambos, en actitud de bendecirlos) vuestro perdon. • . sea el ángel. . . que cierre. . . mis mos. . . sed felices ... yo ... os .. . bendigo ! . . . {Muere)
¡ ¡ ¡Madre ! ! ! ¡ ¡ ¡ madre ! ! !
(Llora con desesperadoa soUozos sobre el cadáver.)
TOPOS (Profundamente conmovidos)
(El verdugo ha caído de rodillas con la frente sobre el tajo. Las armonías no cesan.)
(Telón lento)
FIN DEL DRAMA
DRAMA
(Este dmina, representado con gran éxito en los teatros de Madrid, ha sido también traducido al Italiano, de la tercera edición española.) ^ «
Bernardo Lacroix 50 aSos
Andrés, (su hijo) 25 »
ESTEVAN MOMTALVAN 90 »
Magdalena, (su hija) • . 18 »
Marques de Saint-Maurice ....*. 40 » Mauvai, (Criado de D. Estevan). .
JÍACOBO, (Criado de D. Bernarda}. . 60 »
Un NOTARIO • .
Padre Ambrosio {personaje mudo) . • Caballeros y damas .
La escena pasa en Madrid, por el año de 1800.
EL BORRACHO
ACTO PRIIERO
Gabinete de lectura en casa de D. Estevan, adornado con grave simplicidad y gasto artística: Un pupitre de mujer, con jarrones de flores, el busto del Petrarca y Alarcon; Un libro de reciente encuademación, y reclinado en ól el retrato de Andrés. Cuadros, libros, mapas, esferas, etc. — Esto gabinete, por una gran timmpara de cristales, comunica con una galería sobre un extenso jardín, percibiéndose entre sus arbustos y estatuas^ lu de Apolo.
Mjigdalkxa— Después D. Estevas — Aquólla, en el pupitre, escribiendo en nn cuaderníto tapas de seda color rosa; y D. Estevan desde la puerta de la mampara, observándola con paternal y festiva sonrisa.
(Leyendo para si lo que acaba de traear, puntuando y corrijiendo)
Capítulo tercero. ... y último : la boda. Suinario : Andrés á las plantas de Magdalena, en el gabinete
260 EL BORRACHO
del tálamo nupcial, recita SU canto : «Ala inmortalidad del amor, por la inmortalidad del espíritu »; y Magdalena ejecuta en el piano su última composición : € El eterno coloquio de dos almas > — Ah ; pero velemos todo esto con el poético misterio. ... en vez de Andrés. . . . Rafeel. . . . ¿Por qué no, si el alma de Andrés es mucho mas celeste que las vírgenes de Rafael ? . En vez de Magdalena. . . . María. . . ! es justo también. . . . para un Andrés, es decir, para un Rafael, una María, sinónimo de amor profundo, sereno, eminentemente espiritual. . . .Estoy satisfecha.
(Entrando)
Perdone la simpática Platoniana. ...
(Turbada)
[Acercándose al pupitre]
El viejo buho viene á sorprender á la candida paloma en sumas dulce ocupación. . . . cuando arregla las blancas plumas de su nido para esperar al suspirado amante. . . .Ah, no admito protestas. Rectifico. . . . no soi un buho. ... al contrario. . . . en el mismo grado que siento envejecer y secarse esta frágil envoltura, mi espíritu resplandece mas y mas. . . . nunca como ahora tuve mas viva la intuición del amor de Julieta y de Romeo, tal cual lo has pintado tú y Andrés, que es mucho decir, porque han idealizado tanto la pintura, que uno no ve cuerpo allí, sino dos espíritus intangibles sobre la escena etérea del paraíso. Pues bien, esta paradoja de que la vejez del cuerpo rejuvenece el espíritu del poeta que nunca degradó el amor, es un argumento indestructible contra los materialistas ; y te lo regalo, como maestro, para tu tesis sobre la simplicidad é inmortalidad del alma, que debes leer en el certémen de familia. En cuanto á las correcciones que acabas de operaren
ACTO PRIMERO 261
ese sublime ramancesito, como dirían los franceses, no las encuentro justas : ocultarla personalidad de Andrés Lacroix bajo la ficción de Rafael. . . . ¿ por qué esa hipocrecía? El joven poeta no es ningún borracho, único delito que. ...
El amor del alma nos acerca tanto á Dios, que las mujeres, en vez de esa ridicula gazmoñería con que lo niegan, deberían confesarlo á boca llena, aunque no lo sintieran. Si la bella romancista, como dicen los franceses, me honrara con la colaboración, concluiría el capítulo. . . .
¿ Cómo es que el maestro pide ese honor á la discípula ? Ne he tenido otro que vos, desde que salí de las primeras letras. Una tercera parte de mi trajedia € Julieta y Romeo » es vuestra. . . .
ESTBVAN
Y otra tercera parte, de Andrés. Escucha el final del poema : Dice aJií : la boda. ... es el epígrafe del capitulo, ¿ no es eso ? . . .
Si, padre. . . .
Pues voy á escribirlo en dos plumadas, y en conceptos tan.tiernos, que ante ellos hallarás pálidas todas las odas de Anaereon. Dicto : «El 10 de Diciembre del señor 1800, á las 9 de la noche, ante toda la nobleza madríleña de pergaminos, y distinguida nobleza del talento, que es la primera nobleza de la tierra, fuera de la nobleza del trabsgo honrado, se firmaron los contratos de boda . . .
262 EL BORRACBO
(^i^— ¡Hoy!)
Y, al alba de la misma noche, se velaron en la capilla de familia.
(Besando coa efusiva gratitud las manos de su padre)
¡ Padre mió ! ¡ padre mió !
Queriendo sorprenderte, lo he arreglado todo con el padre de Andrés, ¿ y sabes que ese chico tiene genio, y mucho ? . . . Ah, ah, ah . . . . ahí le tienes, como numen inspirador.
(Presentándoselo)
Me lo acaba de mandar. El parecido es exacto, y el pincel delicado, admirable. . . . con qué maestría el artista ha sabido velar la expresión de esa vaguedad misteriosa de los poetas, á través de la cual se adivinan todas las escenas de los cíelos!
¡ Oh ! la España triunfará en la pintura. ... ¡ Ola ! (tomando el tihro) y no es poca cosa el pedestal. . . . «La virgen de los bosques,» la preciosa novela que está
causando una revolución en el mundo literario
autor anónimo, debe ser francés ¡ Oh ! los franceses para el idealismo. ... es decir, la raza latina. ... ya verás tú lo que vendrá á ser la dramática del porvenir. . . • realismo, si, pero idealista, fantástico
La «Virgen de los Bosques» pasará á la posteridad por el solo mérito de anatematizar tan valientemente el vicio de los licores.
ACTO PRIMERO 263
Parece que el alma de Andrés anima las pajinas de esta incomparable novelita ....
Romancesca visión de enamorada. . • . ¡ Ah ! pero ¿ y mis usos, mi lectura ?
Al punto.
(Va á una mesa, toma un libróte j TueWe, tomando asiento en un escabel, á los pies de su padre^ que habrá ocupado un sillón.)
£1 capitulo y. . . . Gozo cuando veo en la picota á ese repugnante vicio. . . .
(Leyendo)
«La borrachez es un vicio feo y. . . .
[Interrumpiendo]
A propósito : La embriaguez, dice Plutarco, habits^ en compañía de la locura y del furor ; y Séneca, con exacta profundidad la califica de locura voluntaria. ¡Qué abommable vicio, Magdalena ! . . .
(-áp.— Siempre lo mismo.)
Escucha : apenas te cases, dile á Andrés que la templanza es madre de la sabiduría. . . .
Ya sé que él y su padre son unos mahometanos. Pero!. . ..
Dichos y el criado Mautai.
(AuunciRndo]
El señor don Bernardo Lacroix y su hijo don Andrés..»
{Ap.—É\ !)
Y el Excelentísimo señor marques de Saint Maurice.
(Don Estevañ y Magdalena hacen un signo de disgusto y repugnancia.)
fAp,—^o hacia falta. Cuando le veo me acuerdo del borrachon de su hermano, cuyos escándalos causaron la muerte de mi hija Gertrudis y de mi buena compañera!. .) Condúcelos (Mauvai sale.) Lástima que este excelente don Bernardo, se deje frecuentar por él. . . . (Va á situarse á la puerta de la mampara, mientras Magdalena guarda el retrato en su seno, el cuadernito en el bolsillo y la ^Virgen de los Bosques» bajo el recado de escribir) qué sencillo y majestuoso es el talante de Don Bernardo la
grave y serena inspiración en su frente ... un misterio que impone en todo su rostro y su lenguaje .... creería ver á un personaje de Esquilo, si calzara el coturdo y vist era el manto. ... Su hijo es tal para cual. .... Pero. . . . serán mis ojos. . . . Don Bernardo no trae el aplomo de costumbre claro, el marques lo ha con-
ACTO PRIMERO 265
tagiado con su modito francés en el caminar. ... no entiendo para qué es ese vaivén. ... le llaman gracia . . todvía en las damas . . .)
Dichos y Don Bernardo — El Mauquks de Saint Maubice y Andrés — Maavai se vuelve de la galería — Magdalena se ha reunido á su padre en la puerta.
(Estrechando la mano á los que saluda)
¡Mi buen amigo Don Bernardo! sabia que no falta-
ríais'á mi cita Señor de Saint-Maurice ... j Mi
querido Andrés ! . . .
(Saludan á Magdalena, y avanzan.)
(A Magdalena, bajo)
I Luz de mi alma !
• i
(A Andrcs, bajo, dándole el cuaderuito)
¡ Dulce amor mió ! . . . . mi último poema . . .
(Andrés le da las gracias con una amorosa mirada, guarda el cua* dernito entre el chalpco, y sin aun tomar asiento, todos avanzan^ Andrés y Magdalena á la extrema derecha. Eji seguida, formando rueda, dpn Bernardo; mas á la izquierda el Marqués, un tanto atrás para poder observar á Andrés y Magdalena por la espalda de don Bernardo; y don Estevan, después de cambiar algunas palabras con Mauvai, en la puerta, se renne á ellos, tomándola estrema izquierda. Don Bernardo viene un tanto embriagado; y él no soto comprende BU estado, sino que teme se le agrave, ocasionándole la sorda y do-
266 EL BORRACHO
lorosa Incha que refleja su fisonomía. Sin embargo, solo el Marqnei 7 el público conocerán la sitaacion de don Bernardo. Como se comprende, esta írz del personaje, que es la principal, no pnede escribirse, es muda,y su manifestación corresponde al talento del artis* ta. £1 escritor apenas debe diseñar un carácter, cuando este se encuentra entre lo sublime 7 lo ridículo: siendo odioso, repugnante y vulgar en si mismo, debe inspirar, sinembargo, la compasión tierna y el respeto augusto que inspira la yirtnd, la honorabilidad 7 las canas— La precedente explicación se tendrá en cuenta para todas las escenas análogas, en qne se encuentre el mismo personaje )
(Al tomar asiento)
/^J[j;.— Mis plantas vacilan. . . .)
(Observando ádon Bernardo)
(J^|).— Al fin bebió. . . .)
(Ap. — Quisiera sentarme, . . .)
(Observando con despecho á Andrés y Magdalena)
(4p.— ¡ Cándidas criaturas !)
(Desde la mampara)
¡Pero, hombre! ... ¿no habéis tomado asiento? Sentaos. ...
(Sentándose con alguna vacilación y observando con disimulo en derredor.)
{Áp, — Dios me ha oído. . . .)
(A Magdalena, bajo)
(Ap . —Padre ha apartado los ojos por no interrumpirnos. . • . ¡ qué corazón de oro, Magdalena !)
ACTO PRIMERO 267
filjp.— Andrés me ha mirado. • • • me pareció el ojo de mi conciencia, . • • )
(Reuniéndose)
Habéis sido puntual, mi buen amigo. / . .
(Andrés y Magdalena continúan sus mudos coloquios — Huii loniado papel y Iftpiz, y componen versos.)
Tanto honor. . . .
(Ap.— Lo noto distraido. . . la emoción.) Estáis conmovido; lo comprendo. . . •
Si; es un evangelio. . . . amo tanto á Andrés. . . .
(Con entusiasmo á Andrés, que acaba de leerle una quintilla
improvisada.)
¡ Qué ira tan noble ! . . . Tienes la misma manía de mi padre. Declámalos. . . .
(Don Estevan, con un gesto pide atención al Marques y á don Bernardo para escuchar; muestra en esto una cariñosa alegría. — Mngdalena y Andrés no se aperciben de que los observan.)
(Declamando en voz baja, pero que puede ser oída por los demás.)
. Y el estigma indeleble del delito en sí mismo le puso el alto Juez : en el fondo de su alma siempre un grito le persigue llamándole « ¡ Maldito ! tu razón degradaste en la embriaguez ! »
D. ESTEVAN y el MARQUES
i Muy bien !
268 EL BORRACHO
(D»*sde el pnnci| io de la lectora ha prestado torna atenelon Bumn, pero suspensa, inquieta y de mortal a&ozobra, y al final de la quiuti* lia se siente desplomado por una mano invisible, eEclamando :j
('Ap.— ¡Oh, Dios!)
MAGDALENA y ANDRÉS
¡ Ah ! Nos habéis sorprendido. . . .
Ya; OS creíais en la luna. Pero. . . francamente, en esa quintilla hay reminiscencias muy marcadas de un enérgico capítulo de ese lindísimo romance, como dicen los franceses, la « Virgen de los Bosques » . . . . aquel contra los borrachos. . . y hasta el estilo tiene sus semejanzas. . . .
Convenido, padre. ... yo también se lo acabo de indicar; pero hé aquí la otra quintilla : es Andrés pensando, sintiendo y hablando.
Lee, Andrés. . . .
(Arrebatáuílole el papel)
La leeré yo. . . .
(Se pone de pié y declama, dando mayor colorido á la segunda quiulillu.)
Y el estigma indeleble del delito
en sí mismo le puso el alto Juez :
en el fondo de su alma siempre un grito
le persigue, llamándole « ¡ Maldito !
tu razón degradaste en la embriaguez ! »
(Mucha atención de parte de don Bernardo, reflejando una secreta esperanza )
Mas, Dios unge la frente del precito, que demanda perdón al alto Juez;
ACTO PRIMERO 269
pues entonces la luz del infinito
la razón ilumina del maldito,
y el gusano se hace ángel otra vez !
Ese eres tú! bellísimo! (Don Barnardo mira con alegría y satisfacción á donEstevan y al Marqíies.) Lo sé, amigo don Bernardo : es un espíritu inmaculado Hombre : á propósito : conozco la
historia horripilante de un Juan Servin, de Marsella. . .
(Ap.-^l Cielos \ . . .)
(4jP'— Satanás me ayuda. . . .)
^4p.— Quisiera aire. . . .)
Era un malvado borrachon. ...
[Como hablando consigo mismo]
. (Ap, — ¡ Qué afrenta !....) ¿ Juan Servin ? ¡ desgraciado !
¡ Desgraciado, y mucho! . . . Sus escándalos fueron consumiendo á su buena y bella esposa, que murió al dar á luz el primer hijo. . . . Juan Servin, ó tocado por el dedo de Dios, ó porque habia llegado al colmo de su crueldad, no se detuvo ante el cadáver, y esa noche niisma, tomando al recien nacido en brazos, huyó de Marsella, sin que se haya sabido mas de él. . . .
(Indignado}'
¡ Ah !. . . . ese hombre era. ...
270 ÉL BORRACHO
Galla! calla!
. (Esta excIamacioQ la exhala D. Bernardo con agonia inñulia, poniéndose dd pié, como tocado por un resorbe, j de tal manera, que no acierta á dirijirsela á Andrés ó á su sola conciencia, lachando entre el deseo de paralizar la lergaa de su hijo y el temor de descubrirse.)
¡ Era un miserable !
(Cayendo en el sillón, como herido por una puí^alada)
/Oáj).— ¡Hijo mió!. . . .)
¡ Asqueroso vicio !. . . .
(Reaccionando por el exceso de su misma vergOenza, dicft con
dolorosa y humilde indignación)
Juan Servin era honrado, buen esposo, creedlo. . . Pero, hay otros, señor D. Estevan, que si cruces llevan en el pecho, son salpicadas por el pestífero cieno de las orgías. . . .
(La alusión al Marques es comprendida y cauBa sensación profunda: Se ponen de pié todos.)
(Áp. — ¡ Ira de Dios !)
(Sucede una corta pausa y vuelven á sentarse.)
Juan Serivn educó á su hijo ; y el hijo de Juan Servin es luz entre caballeros. . . .
(Con sencillez)
Lo que es eso no decia la historia ; verdad es que se interrumpía al llegar la desaparición de ese infeliz. Ah ! no lo olvidaré ! tuve yo un yerno !. . . .
ACTO PRIMERO 271
(AD. Esteyan, aparte)
^^i?.— Hombre, y es cierto que. . . .)
El hijo lo salvó del suicidio y fué prenda de expiación. ... El mundo execra á Juan Servin y olvida á Jaime Bomper. • . .
(Sorprendido)
¡ Cómo ?. . . .
¡Almagrando!. . . . regó con silenciosas lágrimas los zureos del trab^go; recuperó su fortuna; sembró á manos llenas la caridad : le llaipaban « la providencia de los pobres j el hombre justo, el varón fuerte ». .
¡Con doble motivo le venero ! ¿ le habéis, pues, conocido ?
( Volviendo en ^\)
Personalmente, no. . . . solo he leido su historia, hasta que naufragó un cierto viaje y arribó á una isia. . • •
¡ Justicia del cielo ! es el mismo, Magdalena !. . • . En ese naufragio mi esposa le debió la vida. . . ¿ Cómo fué eso ? ¡ hablad !
La borrasca desatóse tremenda. . . • parecia que el Océano espiraba en una formidable convulsión. ... £1 buque desmantelado, deshecho, criyia próximo á haMr se, entre los gritos de agonía de trescientos pasageros.
272 BL BOHRAOHO
Bomper se había colocado al lado de la señora Gertrudis Arguelles de Montalvan. . . .
¡Madre mia!
Había ido á visitar á nuestra hija Gertrudis, casada con el hermano del Marques; estaba en cinta de
Bomper, según dice la historia, traía toda su fortuna en una cajita, repleta de oro y letras sobre Barcelona. . Llegó el momento supremo. ... el buque se hundió entre el piélago revuelto. . . . Sobre la empinada cresta de una ola gigante, Bomper salió nadando. ... Con la diestra sostenía á vuestra esposa, con la otra mano la cajita del tesoro. . . .Pero, al fin, los píes de Bomper. . . .
¡ Dios mío !. . . .
Sí, Magdalena. ... los pies de Bomper se cansaron.
ANDRÉS y MAGDALENA
BERDARDO
Bomper necesitaba, pues, un brazo para no perecer. . . la cajita era el patrimonio de su hijo, muy niño aun. . . le esperaba la miseria, sin duda, ó trabajar de nuevo, sin éxito quizá. . . . Abandonando á la señora de Montalvan .
...
ACTO PRIMERO 273
ANDRBS
Pero Bomper no lo hizo, padre mió, porque en tal caso, desmentía los epítetos de hombre justo, varón fuerte. . . .
Bomper arrojó al agua su tesoro.
(Menos el Marques.)
¡ Subli me !
Y no sé mas de la historia.
ESTBVAN
Yo si; la recojíde los mismos labios de mi esposa . Arribaron á una isla: Bomper se constituyó en su esclavo; la salvó del hambre y de la intemperie, como la habia salvado de las olas. Pasó un buque; la embarcó en él, y Bomper se quedó en la isla; fueron inútiles las lágrimas de Gertrudis. Pero, al separarse, le dio un documento, dirijido á mi, por el cual Bomper adquiría en el seno de nuestra familia derechos tan sagrados como si fuera mi hermano, mí hijo, mi padre: Yo sancionó la voluntad de mi esposa, y aun la encontré corta.
¿Nunca os fué presentado el documento?
Jamas. ¡ Habrá muerto entre las garras de alguna fiera ! . . . .
MAGDALENA y ANDRÉS
¡ Infeliz !
(-áp.— ¡ Vuelve esta pesadez ardiente ! . . . .)
(4p.— Media hora mas !....)
S74 aii BORRACHO
■«Ab
BSTBVAN (II Mantaí J
Entra.
Dichos y Maüyai. Entrega una carta á Don Estovan y vaelre á la pnerta, cambiando antes una mirada de inteligencia con el Marques.
MARQÜBS
(4p*— Bribón: sabré utilizarte . )
Con vuestro permiso.
(Lee en silencio la carta.)
(-áp.— Qué será eUo . . . .)
(So pretesto de observar los cuadros, se dirije al fondo.)
(4p.— Hacia 25 años á que no bebia !....)
(AMauvai, despacio.)
(Ap. — ^Dentro de dos horas en mi casa.)
MAUVAl (Lo mismo)
(4p.— No fidtar^
ACTO wtmmo 275
(A Audrea despacio)
{Ap.-^hSL fiesta será pura y espléndida; todos nuestros amigos los artistas y literatos van á concurrir . . .
[Lo núsmo]
Va á matarme la dicha ! . . . .
(El Marques yuelve á observar á Don Bernardo.)
(Ap. — ¡ Y he hedido ! . , . ¡ Animo, Bernardo • • • no te han conocido !)
(-áp.— Lucha. . . . ¡ lucha inútilmente !)
■^^^
Dichos méaoa Maüyai
ESTBVAN (Guardándola carta)
Pues, señor don Bernardo : el notario nos espera para arreglar el contrato matrimonial. De paso tomaremos en el jardin al padre Ambrosio, que velará á los novias en nuestra capilla.
(Con secreta alegría)
f-á|?.— Respiro !) Partamqs j cujtnto áxites , . . , La
276 EL BORRACHO
señorita Magdalena. ... ¿ no va á arreglarse ? . • . . Andrés ¿ no tomas los sombreros? . . . (ajp.— Van á apercibirse ! . . .) El señor Marques nos acompañará como testigo. ...
Perdón. Por ahora el asmito es exclusivamente de los dos. • • •
No entiendo. . . .
Los contratos, como sabéis, se firmarán esta noche en mis salones. • . .
{Ap. — Si antes pudiera conciliar el sueño, por algunas horas ! . . .) Sobre las bases. . . .
No tenéis fortuna, y la mia monta á algunos millones i no es eso ? . . . Ya os lo decia en mi carta, mi honrado amigo : mi hija no es mercancía; es un alma. Ama, y se casa ó no se casa. Vuestro hijo tampoco es un chalan en la feria humana.
(-áy. — ¿Habré propalado algún despropósito ?) Me pernutireis entonces, que envié á Magdalena un humilde regalo de bodas, y que os ruego no abráis hasta esta noche, en los momentos de firmarse los contratos
¡ Que me place ! Precisamente con la misma formalidad iba á ofrecer á Andrés mi regalo. . . unos papelotes viejos.
Papeles también es nal regalo.
ACTO PRIMERO 277
ESTBVAN
Convenido. Cuando gustéis. . • .
Honradme, señor. . . . {ap. — Lo necesito) con vuestro brazo. . • •
Con honor mió. . . . 'Marques, ya estáis invitado
(Bernardo se apoya difícilmente en el respaldo de la silla; 7 a^ ofrecerle su brazo don Estevan, se ase bruscamente de él, respirando con desahogo.)
Andrés ... La cajita del regalo está sobre mi pupitre. ... ve por ella ....
¿ Pero si hay tiempo ? . . . ahora se ocupan de versos. ... y luego él! . . .
Si, pero. . . como esta noche. ... es que no quiero confiar eso á un criado. ... y el tiempo urge. . . {ap. — Que no me vea él ! . . . todos menos él ! . . .)
(Andrés ba tomado el sombrero de don Estevan, y Magdalena el de don Bernardo, entregándoselos. Andrés saluda 7 parte.)
(A Andrés, despacio, con ansiedad, al partir}
{Ap. — ¡No tardes, por el cielo !)
Vamos.
(Parten, conversando á media voz.)
(Con inquie^tud)
(-áj?.— Sola con este hombre !)
El Marques y Magdalena
(Ap.— Será la última tmtativa.)
(Afectando contento y serenidad^
¿ Me permitiréis que os declame un corto capítulo d^ la «Virgen de los Bosques», la novela de moda en el mundo literario ?
Perdonad. . . .
Ya sabéis que mi vocación es la carrera de artista trágica. ...
Constantemente os aplaudo en vuestro teatrito de familia. Pero en este momento. . . .
Apelo á vuestra galantería: es un capricho de mujer. . . voy á traer el libro. . . .
(Intenta salir.)
(Deteniéndola )
Antes oídme. . . .
MA)»DALENA
No alcanso. ... os ponéis serio. ... ¿ Os he ofendido'
ACTO PRIMERO ^9
MARQUBS
¡Ahí no queréis escucharme ! • . .
(Poniéndose gravej
Perdonad. . . .
MAÍJ.QÜES
Itisais 4 dejar soloal Marques de Saint-Maurice, dando tiempo al regreso de Andrés !
Marques. . . . apercibios de que fiscalizáis mis pensamientos. . ..
MARaUBS
¡ Los adivino^ los leo?
Y OS atrevéis á jozgaiios, como otras veces, cuando mi propio padre los supo respetar! Pero, amigo mió. . . . ¿por qué renovar tan desagradables escenas ? Inspiraos en los recuerdos plácidos de la primera mujer que amasteis; evocad al cielo, y en di seno de la felicidad de este dia, aceptad, al fin, este lazo de reconciliación y fraternidad que os ofrezco.
(Le tiende la mano, que el Marques rechaza con despecJbo.)
Rechazo una proposición, que me humilla y me despecha ! prostergarme por el nijó del arruinado tejedor ! jQh! esto es inconcebible en una miger, que debiera tener una idea exacta de su noble estirpe !
¡Marques! . . . . ¡ ah, necia y ciega vanidad, que sacrifica el espíritu á un poco de humo perfumado ! la kan^piíMad proñmda y serena bajo de un emparrado huBoide á iLas báñala ovacjuoA^ de ,up$ (CÍla,se egoistfi, sin íe, sin amor. ... y hasta sin afectos de faviBía ! .
280 EL BORRACHO
Estáis estraviada, Magdalena : insultáis á [lasociedad en que vivis, á vuestra propia nobleza. Os dedicáis á escribir literatura y á representar tragedias, aunque en vuestro bello teatrito deljardin. . . . ¿ qué dirá, pues, la sociedad de vos, si sabe ahora que despreciáis al Marques de Saint-Maurice, alta nobleza de Francia, por uno de esos poetas plebeyos, que adniitis entre bastidores ?
(Con severa y mal contenida indignación.)
¡ Cuánta malignidad encierra vuestra traidora amonestación ! . . . . ¡Gracias al cielo, ese rayo ha caido á mis piás, sin tocar mi conciencia ! . . . Servir al arte y á las letras . . . amar á una alma grande, á una inteligencia soñadora . . . . he ahí cómo ataco, según vos, el destino de esa sociedad, que vuestra boca calumnia y empequeñece !
¡ Lo repito, Magdalena ! . . . .
¡Callad ! vuestra lengua empaña el nombre familiar de Magdalena, cuando olvida los respetos que se deben á una mujer ! . . . .
¡ Ah! es que debí llamaros Magdalena de . . .. ¡ infierno ! Insomnios de rabiosos celos; fiebre quemadora, horrible, esto encierra para Saint-Maurice ese maldito apellido de Lacroix!
¡ Es natural que el purísimo aliento del jpoeta os emponzoñe, y que la luz de su bella fantasía hiera vuestras pupilas!. . . •
ACTO PRIMBRO 281
¡ Le odio, porque le amasteis ! ¡ Y á mi me habéis chazado !
Es verdad, no pude corresponderos: el grito de mi conciencia os repeUa: vuestra conducta y esta misma escena me justifican.
Mis estravios y el haberme constituido una sombra siniestra de vuestras acciones . . . todo filé obra de vuestro desprecio ! . . .
¡ Mentira ! os rechacé por soberbio, os desprecié por impuro ! ... No habia amado aun . , . creia no amar nunca ... Me aturdia; penetraba en los salones como la mariposa en un escaparate de joyero .... ninguna revelación del cielo habia descendido ámi corazón, para fecundarlo con aquel secreto germen de los amores, que nos hace graves y levanta nuestra fi'ente á regiones sublimes, donde no hay oropeles ni vanidades, sino delicadas fiíiicciones, castos delirios, misteriosa intuición de la inmortalidad .... Vos brillabais en la corte por vuestro título, hasta por la hermosura de vuestras formas estatuarias. El sentimiento del arte me incUnaba vagamente á vos . . . pero g qué es la perfección de la materia si dentro del bello fanal se encierra un gusajio, en vez de un espíritu ? ... Os comprendí. Marques ... y este primer desencanto de la humanidad acaso me hubiera muerto, si á tiempo no aparece el ángel que llamaba en mis sueños .... Conocí á Andrés, alma ine&ble . . . .¡ le amé con todo mi ser ! ¡y rompiendo con la necia hipocrecia, fiando en él, dispuesta á atarme á su destino, aunque no me amara por su parte, le revelé mi secreto, ¡ noble, grande corazón, corazón de verdadero poeta, no me juzgó mal .... ¡ me habia comprendido, porque era tan puro como yo ! . • •
282 BL BORBACHO
MABQUBS
{ Me irritáis, cargáis la nube de mi o^á^ desgraciada criatura ! ¡ El mundo puede apagar vuestros sueños !
Este amor es verdadero; este amor es santo: vive dentro de mí alma, como el aroma dmtro d capullo; ¿ qaé derecho tiene el mundo, ni mi padre mismo á apagiur ese rayo tranquilo que ha encendido Dios para su gloria, y que como una de las tantas antorchas invisibles, guia por entre las tinieblas á la insensata humanidad ? Me habría unido á vos, Marques, y no hubiera pasado de un instrumento, de un utensilio de hogar. Pero, amando . . . .cómo se ensancha y se fecundiza el alma ! entonces se hace humana; se sublima la mujer. Ja esposa, la madre : su papel, aun en el desierto, se hace infinito .... íuera del amor, el egoísmo corroe, enjendra el crimen, nos convierte en fiera .... el amor, solo el amor nos incorpora al orden supremo del universo^ y polvo un dia en la urna • de la tumba, el polvo se hace .espíritu y se remonta al cielo !
¡ Basta ! ¡ maldición ! Sí; la orgía y el juego me han consumido ! el espíritu es una farsa de los enloquecidos • . . Si existe, reniego de él ! Estoi arruinado, la fiebre de poseerte me consume. Mi castillo de Marsella fué á las arcas de los avaros, y pensé entonces en vuestro opulento patrimonio. Hastiado de las hermosuras de la corte, flores artificiales de cera ó monótonas odaliscas, busco en vuestras gracias sencillas el último galvanismo á mi cadáver, devorado por la tisis ! . . .
Dichos y ÁNDRES-^Este aparece en lá poerta de la mampara y se detíene sorprendido; <$ompreiide luego la situación, y sin ser sen» tido, adelanta lentamente, somlirío, convulso, fiaoándose violentft*- mente un guante.
(Con suprema repugnancia}
¡Oh!. . . , quisiera!. . . . ¡ Sois un miserable 1. . . .
(En el colmo del despecho)
Despreciadme! ¡Ira de mí! Pero, la venganza es dulce, sabrosa ! Escuchad : la mano del miserable hoy mismo va á marcaros con la deshonra indeleble !. . . •
¡Mame! Dios paralizará vuestra lengua!. . . *
No será entes de revelar á todo Madrid que el padre de Anchoes Lacroix es el borracho de Marsella Juan Servin!. ...
(Cayendo de rodillas, y exhalando un grito de^anonadamiento)
(Dando un paso y arrojando con ira y certeramente el guante al rostro del Marques, que no se conmueve)
¡ ¡ Galumniadior ! ! ¡ ¡ menüs ! !
DiCHOs-^D. EsTEYAK y D. Bbrkardo, de bracete, riendo con espansiya Batisfaccion, aparecen y se detienen en la puerta de la mampara, en los momentos de arrojar Magdalena el grito.
(Terminando la frase al presentarse)
Serán muy felices. . . .
« ...
(Poniéndose serio, entreviendo vagamente lo qne sucede)
fAp.—\ Qué es esto !....)
(Aplaudiendo con ingenuidad)
¡Bravo!. . . . (á D. Bernardo) Ahí tenéis el final del primer acto de la trajedia de Andrés, que se dará esta noche. ¿ No es verdad que es patético ? ¡ Y qué bien ejecutado ! ¡ Bravo al autor y á los artistas !
(Glacial, con sangriento odio y seguridad de la venganza)
(-4^.— ¡Pobre niño!. ... ¡ le mataré!)
(Dominados par la violencia suprema de la situación, parece que ninguno se ha apercibido de la llegada de D. Estevan con D. Be^ nardo. Mantienen, pues, su actitud hasta la caida del telen, como si fuesen un grupo de estatuas.)
(Telón rápido)
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGDHDO
Vasto 7 suntuoso Salón en casa de D. Esteyan, con escasa ilumina* cíen, hasta la escena de la firma de los contratos, en la cual será espléndida— Gran puerta al fondo, por la cual, al abrirse, se descubre otros salones, también lujosamente amueblados— Puertas laterales con blancas colgaduras, como la del fondo— A la derecha, una ancha tarima con gradas, y sobre ella una mesa con amplio tapete de terciopelo rojo bordado de oro : sobre la mesa escribanía y dos cajitas de ébano, la una con ricas incrustaciones — Apesar de la riqueza j suntuosidad de este salón, le preside un gusto poético en su adorno: muchas flores y espejos; no debe faltar una gran araña en el centro.
Andbbs y Maqdalbna, de bracete, por la derecha — La escena aparece un instante sola — ^Una lijera nube sombrea la frente de Andrés.
La negra nube se disipó j el contento rebosa en el rostro de nuestros padres : y apenas se firmen los contratos y tomemos algún refresco, principiará tu tragedia en nuestro teatrito. ¿ Con que nos reservabas esta sorpresa, eh ? . . . . Causará sensación, me lo ha asegurado la baronesa Estela, que hace la protagonista . • .
286 ESL BORRACHO
¿ Sabes que eres tremendo con los borrachos ? ... Escucha una crítica: el desenlace ... es contristador.
Es verdadero ? . . . .
MAQDALEÍ^A
Sin duda: el suicidio del borracho, que deshonra á una familia inocente, es verosímil .... pero, en primer lugar, no todo lo verosímil es verdadero. . . .
Ni todo lo verdadero es verosímil. . . .
Y en segundo lugar, el realismo en la dramática no debe aceptarse tan descarnado según la moderna escuela : sobre la belleza real está la ideal. Al menos, la dramática del porvenir correjirá á la del dia.
La belleza ideal está esencialmente en la moral; y un borracho de la clase que pinto en la tragedia, merece un muy castigo . ..
Ah ! esas no son tus doctrinas, Andrés : mas bello es el perdón que el castigo !
Es cierto! ¡ mi buena Magdalena !
Dentro de una hora se firman los contratos ; en la noche de noafiana nos velamos j á la noche siguiente vas á darme una serenata al pié de mis balcones, te tiro la, escala, y el esposo trovador asciende.
ANDRDSI
Al cielol
/• • • •
kmo mexamo S87
Pero antes reformaremos el desenlace de la tragedia, en honor al Dios paternal del Calvario y al dulce himeneo del bien y de la poesía.
¡ Divina criatura !
Queda convenido^ y mientras llegan los convidados, hablemos de nuestro amor; aquí á mis pies {Lo ejectitan) ¡ qué apacible y grata soledad, mi tierno dramaturgo ! .
Para quien no sabe leer los signos misteriosos dei porvenir, dulce y apacible es la calma que precede á la tempestad.
¡ Volvemos á las sombras ! . . . En el ahna serena de un poeta, el espíritu divino brilla sin nubes.
Esa luz divina eres tú ! ¡ te amo y te bendigo ! ¡ Ah ! el marques !. . . .
¡ Esa es la nube de tu frente ! ¡ ay ! cree en la sanción de una lei inexorable, que rige las acciones. { Pero no me has dicho, Andrés mió, que esquivarias ese duelo, que sin pensar en mí provocastes ?
¿ Qué hacer después de oirle? .
¿Qué?. . • despreciarla calumnia!
¿ ¡ Y el mundo, Magdalena ! ? ¡ Y mi nombre, que en breve será tuyo ! ?
288 EL BORRACHO
(Inspirada^
Antes que el mundo está Dios; antes que la vanidad mezquina, los grandes afectos del alma ! Aunque la sociedad aplauda el homicidio disfrazado ¿ qué responderás al juez supremo, en la hora que te ñame á su presencia?
Bien sabes, Magdalena, que mi espada no logrará rosar siquiera el volado de la camisa de ese hombre.
¡ Oh ! harto lo sé ! Pero ¿ cómo es posible que un falso honor, un orgullo insensato y carnicero, sofoquen en tu alma pura los gritos de la moral y de la naturaleza, que es la voz de Dios ? ¡ j y tus juramentos de amante ? ! ¿ y tus juramentos de esposo ! ?
¡ Dame valor !
No me amas; nunca me amaste, cuando prefieres ese fantasma ensangretado del duelo, á la horrible angustia de tu pobre Magdalena !
AKDRES
¡ Perdóname !
(Besándole en los cabellos, anegada en lágrimas)
i Qué regalo de bodas ! ! Dios mió ! ¡ tu cadáver ! ¡ oh ¿Pero á dúnde ha batido sus alas ese genio, que te habitaba ? . . . Aun dentro de la tumba sentiríamos una voz acusadora y angustiosa, llamarnos: ¡ parricidas ! I parricidas !
(Con heroico esfuerzo)
¡Magdalena! ... no me batiré 1
ACTO SEGUNDO 289
[Lo besa en la frente coq alegría infínita]
¡ Gracias ! ¡ gracias ! . . . .
Dichos y el Marques, visible éntrelas cortinas de la puei*ta izquierda*
{Ap.T-De todos modos ¡ le mataré !)
[Levatándose]
Pero, abandonemos este sitio .... {Aj). — Tengo
vergüenza ! . .) el aire del jardin refrescará mi frente
aun arde bajo el candente oprobio! . . .
¡ Calla ! Calmaos ! ... La comedia se fingió bien.
No tendrá consecuencia. Salgamos.' (op.-— Sus pasos seguiré, como una sombra! . . .) En breve bajaremos de allí ya esposos, y el paraíso nos abrirá sus puertas !
(Ha aludido á la tarima.)
¡ Pluguiera á Dios !
Salen por la derecha — ElMarqufs adelanta un paso, siempre asi do de las cortinas, y con odio sangriento comtempla alejárselos amantes.)
MARQUES — laegO MAÜVAI
¡ De donde en breve bajaremos ya esposos ! asi se lo ha dicho ella ! . . ¡ candidos vicionarios ! . . . Otra cosa ha dispuesto el infierno que me inspira ! . . . El escozor del ultraje, la sed de la venganza, el volcan de un amor que atormenta mis sentidos .... la fiebre de la codicia . . . levantan un enfurecido oleaje dentro mi pecho. . ¡ desgraciados. . va á derramarse sobre vuestros azahares !. . La sangre es poco. . . pero la sangre correrá primero .... sí ! matarás, Saint-Maurice, sin conmoverte, con zana fiera ! . . el afortunado trovador caerá al pié de los balcones de su amada, al preludiar su canción de bodas . . . solo im cadáver va á subir al tálamo nupcial ! . . . ¡ Oh ! Magdalena, la rica y hermosa Magdalena será tuya, Saint-Maurice?. . . ¡su misma castidad aumenta el fuego en que te abrasas ! . . ¿ Será tuya ? . . . si ! ¡ tuya ! . . . (Patisa) ¡ imprudente doncel enamorado ! arrojaste los girones de tu guante al rostro del Marques de Saint- Maurice ! ... Mi acero que no ha errado nunca el pecho de un rival, ya ha de cretado el sepulcro para tí ! . . . ¡ Morir tan joven . . . cuando la aurora alumbraba en tu frente los primeros capullo? ! . . . inteligencia soñadora, corazón sensible, lira melodiosa . . . . ¡ irrisión ! el desenlace de tu tragedia de esta noche yo la escribiré !
(Con recato) ^ -
Señor Marques»
ACTO SEGUNDO 291
Bastardado. . . .
Me hicisteis el honor de encargarme. . . .
¿Bebe? . . .
Bebe poco, pero sigue.
¿Y la escala? . . .
/. . • •
Todo listo para esta madrugada. Don Estevan ya conoce las voces que convenia hiciera cundir ; pero no las cree. . . .
¡ Las creerá, vive Dios ! . . . Vete, excelente Mauvai, que acaso se nos observe. ... el momento te lo avisaré. .. . Entrando por el fondo de la quinta, la primera ventana del segundo patio. . . .
Exacto : allí me hallareis ; y os respondo de todo.
Eres digno de servir á un rey.
El plan es seguro : El salón enlutado, que comunica coa el Departamento de la señorita Magdalena no se abre sino para ir á orar á la capilla de la ünada esposa de don Estevan, lo cual sucede solo anualmente. . . El paraje es, pues, solitario ; la noche, negra como las alas
de un cuervo nuestros brazos firmes, armados. . • .
aquí, la audacia.
(Tocándose el corazón.^
292 EL BORRACHO
(Ap, — El plan está garantido ; y, dejando á la espalda la frontera de España, un falso ó verdadero matrimonio me pondrá en posesión de Magdalena y sus millones.) Bien; no perdáis tiempo, futuro señor Barón de la Florida. . . .
[Besando la mano del Marques]
¡ Oh, muniflcente señor ! Beso la mano generosa. . . .
[Mauvai se va.]
{Ap.—Qne sellará el silencio en tus labios, antes de cruzar los Pirineos. ... El dado está ya tirado sobre este oscuro tapete. . . ¿ triunfaré ? . . Saint-Maurice. . . triunfarás !)
[Se va por la izquierda.]
i Don EsTEVAN. Por la derecha y frotándose las manos en signo
de satisfacción intima
La concurrencia se aumenta . . . qué rejuvenecido me encuentro : mi corazón parece un pájaro escapado de la jaiüa ! . . . ¡ cuánta sorpresa ! . . . ignora Magdalena que yo hago el barba en la tragedia de Andrés. . • El mismo don Bernardo ignoraba hasta hace un mo— mentó la existencia de esta bella producción de su lú-
ACTO SEGUNDO 293
jo ... . Magdalena encuentra excesivamente severo el castigo impuesto al borracho ; pero ! demonio ! después de lo que pasa, después del inaudito bochorno
que toda una familia sufre por su vicio Sí ;
pero el suicidio es una cobardía, una inmoralidad: Magdalena tiene razón : concibe y siente la verdadera belleza: Andrés ha olvidado la historia de Juan Servin. Si ese desgraciado se hubiese estrangulado, no labra la felicidad de su hijo, no da el pan á tantos obreros, no salva del naufragio á mi buena compañera ; por consiguiente, no tuviera existencia Magdalena, benefactora de los menesterosos de Madrid, inspiración y vida de un poeta, de una alma como Andrés, jugo de mis canas, ramas secas por el sol abrasante del mundo. Ahí está, pues, la prueba práctica contra el suicidio. ¡ He de impedir que Andrés impnma su drama con ese defecto insubsanable! Juan Servin fué un borracho, pero se corrigió y se hizo un ejemplo sublime ! (Se oyen carcajadas en el interior j percibiéndose mas clara la de don Bernardo.) Distingo la voz de don Bernardo entre esas carcajadas .... la emoción ! . . . Pero, mal me suenan esas espansiones. . . ¡ Dónde está Saint Maurice ! . . . Infame ! juraría que es él quien ha esparcido las voces de que don Bernardo bebe! ¡qué disparate ! . . . bien es verdad que, á ser eso cierto, le arrojara de nod casa ! . . .
Don Este VAN y Magdalena, por la izquierda
Padre mió. ... se os busca ; la concurrencia llena los salones.
294 EL BORRACHO
Necesitaba un momento de soledad, para serenarme ¿ Concibes una noche mas bella, Magdalena ? . . .
¡ Ah, padre ! no se puede describir !
¿Están todos mis muchachos los literatuelos ?
Los diez, sin faltar uno. . . . loco lo tienen á Andrés con improvisaciones oportunas, sonetos, quintillas. . . .
[Riendo]
Y epitalamios. . . .
Andrés parece un arcángel en medio de un [coro celeste. ...
Romancesca visión de enamorada. ¿ Y el notario ?. . .
Está.
TÚ y Andrés presidan la concurrencia. . . .tengo que coordinar las pocas palabras inaugurales del acto.... no se me ocurre nada. ... la felicidad me ofusca, me ahoga.
(Presentando la frente para recibir el beso de su padre]
¡ Padre adorado !
Anda, querida, anda ! [Magdalena se va.) ¡ Ah ! si hubiera alguno que destruyera tu felicidad ! ... ¡ pero
ACTO SEGUNDO 295
quién sería capaz de semejante crimen ! . . . . Ah, la puerta se abre. . . .
Se abre la puerta del^fondo, y por ella penetra la concurrencia.
Dow ESTEYAN — A.NDRBS y MAGDALENA — El NOTARIO — DaMAS —
Caballeros — Diez literatos jóvenes, de largos cabellos; con ramos de flores en el ojal del pobre traje que visten; y con composiciones escritas en la mano. El Notario sube hasta la mesa con los contratos. Le sigue D. Estovan , que se coloca al lado de Andrés y Magdalena, al pié de la gradería — Una orquesta preludia en el interior un canto melodioso, alegremente tierno y suave.
(Mientras saluda á la concurrencia)
(Ap* — Falta D. Bernardo. . . . Ah ! comprendo. . . • la emoción. ... yo mismo tiemblo como un niño ante sus examinadores. . . .)
[Sube á la tarima.]
CORO DE VOCES (En el interior, al son de la melodía)
Que cubra el benigno Dios las frentes de los esposos, para que siempre fulgure en ellas un santo amor.
[Cesa el canto y la música]
[Muy emocionado]
Amigos mios; Herecmridoá vuestra induyencia'
296 EL BORRACHO
para que seáis honorables testigos de un acto, el mas solemne de la vida ; la unión de dos existencias. . . . alianza no menos indisoluble por el sello de la religión, que por el voto espontáneo de dos voluntades. Mis lágrimas os testimoniarán lo que para los padres significa la felicidad de los hijos, cuando esa felicidad y ese cariño buscan su base de eterna duración,' en lo único que puede concederla : el afecto piu*o y la moral» austera. (Suaves murmullos de aprobación y tierno 'respeto). En nombre de mis canas, que el aliento del mundo no manchó jamas, os garanto, que el cielo bendice esta unión. Sus arras no serán el oro y el diamante, cuyos reflejos ofenden la pupila de los ángeles. Vais á conocerlas.
NOTARIO [Leyendo el contenido de una de las cajistas]
Magdalena de Montalvan, hija única del Conde Estevan de la Torre. . . .
[Sorprendidos]
¡ Conde!. . . .
NOTARIO
[Continuando]
Lega á los menesterosos de Madrid nueve décimas partes de su herencia, importando esta quinientos mil fuertes.
[Arrebatados]
¡ Sublime !
NOTARIO [Tomando el libro de la otra cajita y leyendo en la primera hoja]
Andrés Lacroix ofrece á Magdalena de Montalvan su primera novela « La Virgen de los bosques ».
[Con admiración]
¡ Su autor ! .
ACTO SEGUNDO 297
¡ Hijo mió ! genio, que superarás á Lope ! que venga tu padre á llorar de satisfacción en el seno de tu gloria !
(Preludia la orquesta el mismo canto anterior — D. Estevan con la pluma que le ha entregado el Escribano, principia á descender la gradería, deteniéndose al presentarse Ü. Bernardo; opritnido por una sospecha croel^.
Dichos y Don Bernardo, completamente ebrio, sostenido por el Marques. Este lo conduce hasta el centro de la escena, y allí disi* muladameute lo abandona, apartándose unos pasos y contemplándolo con infernal satisfacción, que apenas disfraza — Bernardo entra sosteniendo una lucha moral tremenda pbra no caer, pues comprende la situación, siente el escozor de la vergüenza, entreve las consecuencias fatales que van á sobrevenir, y sinembargo, su impotencia es completa. Quiere pulverizar con una mirada al Marques; da unos traspies, y se desploma, arrojando una estridente carcajada de loco.
DON BERNARDO
¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!
[Con terror y compasión]
¡ i ¡ Cielos ! ! ! (Magdalena se desmaya en bracos de Andrés; don Éstevan cae de rodillas anonadado; Andrés avergonzado y como herido de muerte oculta el rostro sobre la cabeza de Magdalena; la atonía es general yero él Marques, depié^ ergido y con la concentrada alegría de Batan al agarrar la presa, esclama :) (ap. — Saint-Maurice ! ¡ triunfaste ! . . .)
298 EL BORRACHO
CORO INTERNO (Canta)
Que cubra el benigno Dios las frentes de los esposos, para que siempre fulgure en ellas un santo amor.
(Telón lento)
FIN DEL SEGUNDO ACTO
Dormitorio de don Bernardo, con puerta al fondo y á la izquierda; el ajuar de la pieza es modesto, pero decente, mui limpio y ordenado. En el velador la biblia^ un vaso de agua, casi agotado, y una campanilla — Libros y escribanía sobre otra mesita con cajones. Del techo pende una lamparilla encendida, y sobre el pupitre un candelabro de cinco luces, apagado — Es la continuación de la misma noche en que pasa el acto segundo.
Don Bernardo, dentro del lecho, cuyas cortinas, amplias y pesadas, lo ocultan completamente. Viste como en el acto anterior, pero en desorden el traje y cubierto de polvo — Jacobo, con un vaso de agua, que cambia por el del velador. La escena aparece sola un breve instante.
(Cambiando el vaso y contemplando el lecho)
¡ Pobre mi buen amo ! su sueño es inquieto ; su respiración, afanosa. . . . ¡ maldito caballo, que le derribó!... . ¿Pero á quién se le ocurre montar con semejante noche, oscura como boca de lobo. ... y luego, en la que debia formarse el contrato matrimonial ?. . . . pues ! castigodel cielo ! ¡ oh ! cuando hacemos una co-
300 EL BORRACHO
sa, que no está en orden, el castigo viene, tarde ó temprano!. . . .Felizmente no está estropeado. . . .Ah! olvidaba que debo introducir el Marques al gabinete del señorito. . . . fvolvinedo á observar á 2). Bernardo) Parece que lo agitara una pesadilla cruelísima !. . . . ¡ Ah ! ¡ qué tiempos aquellos de Bayona, en que mil obreros de la fábrica de tejidos recibían el pan de su mano, y mil familias, el distrito entero le bendecía como á una providencia !. . . . Se le ocurrió irse á la Coruña donde la crianza de su hijo estaba confiada á una tia. . . Sinembargo. ... en la vida de este excelente D. Bernardo hay algún espeso misterio que nunca quice penetrar. ...
(Se va por el fondo, pensativo.)
Don Bernardo, dentro del lecho, luchando con una pesadilla
DON BERNARDO
¡ Detente, Saint-Maurice ! ¡ detente ! . . . (Ahandíh na él lecho con pavor, como acudiendo en auxilio de su hijo, y tocando la campanilla al saltar del lecho—corre hasta el centro de la escena, donde se detiene como ante el cadáver de Andrés . ) ¡Oh! . . ¡Infame Marques. . . . ¡le has asesinado! . . .(Cae de rodillas ; aespierta ; se pone de pié, aturdido, se examina, coordina sus ideas. . . .) Si dormía. .... este es mi cuarto allí mi sillón de
baqueta. . . . mibiblia en el velador. . . . pero. . . . ¿ cómo es que estoy vestido ? . . . este traje de fiesta . . .
ACTO TERCERO 301
en desorden. . . (se examina la camisa) mi camisa. . . ¡ una mancha de rom en la pechera ! ¡ Cielos ! ¡ no ! ¡¡infierno!! (Se desploma en elsillon—y después de un momento en que murmura contradictoriamente cierto diálogo con su conciencia^ se levanta delirando.) i Borracho yo ? . . . ¡ miente Saint-Maurice ! . . . Yo os probaré, augusto jurado de la opinión pública, que el criminal es él y no yo. . . . Las pruebas ! ¡ Ah ! ¿qué pruebas puede ofreceros la lucha sorda de la conciencia! ¿ Cómo os probaré mi eterno dolor, mi regeneración por las lágrimas, por el fuego, por el remordimiento, por la virtud, si todo ha pasado silencioso, profundo ? . . . pero el ojo de Dios llega hasta el fondo del abismo, y si me condenáis, subiré al patíbulo entre vuestras maldiciones ; mas, luego apelaré ante Dios ; no de mi inocencia, porque fui criminal, sino de mi pasifl- ' cacion! . . . ¿Borracho yo? . . . ja! ja! ja! ja!. . . ¡ mentira ! yo no estaba borracho ; no podia estarlo en aquel solemne instante. .^ . . ja ! ja ! ja ! ja !. . . .
(Vuelve á caer, aturdido.)
Don Bernardo y Jagobo
Llamarme con tanta violencia. . . . (Tocándole en el hombro.) Aquí estoy, don Bernardo. . . .
302 EL BORRACHO
DON BERNARDO (Levantándose sorprendido, y con amargo disgusto)
¿Quién eres? ¡á espiar mis pensamientos! ¿pero con qué derecho ? ¡sociedad compuesta de miserias y tiranías ! Por ventura os estorbo en vuestro destino ?. . . Contestadme ! ¿ Quién os ha mandado aquí ? . . .
Habéis tocado la campanilla
DON BERNARDO
¡Mientes! . . . Ah! tú eres Jacobo. . . mi amigo de veinte años. . . . Perdóname. . . . sí, te llamé . • . . (Confuso, avergonzado, pero deseando averiguar si aquél conoce la escena en casa de don Estevan.) Dime. . . . efectivamente. . . . estaba rendido. . . . creí encontrarte aquí, para que me desnudaras. . . . ¿ Qué decías ?. . . .
El señorito Andrés no quizo que entrara; él solo os bajó del coche y os condujo. . . .
Es cierto ; él quería hablarme de sus asuntos. . . qué carruaje tan desmantelado. . . . debo tener sucio el traje. . . . (Jacobo, tomando una escobilla y cepillando á don Bernardo. . . .j y un traqueo diabólico. .. . he roto los suspensores del pantalón
[Seplllando]
No, sucio, no. . . . Felizmente, según me' dijo el señorito Andrés, no os ha estropiado la caida del caballo. .
Si. . . . la caida. . . .
No' hay que fiarse. . . . en la juventud se domina el caballo: pero ya cuando uno va para viejo. . . .
ACTO TERCERO 303
(Ap. — ¡El caballo !. . • • Andrés me ha salvado !• . . .)
Es lo mas peligroso una caída. • . .Fué singular capricho el vuestro. . . .
Era necesario, Jacobo. ... un asunto uijente. . . . Mira : saca del armario mi bata. . . . toma el frac. . . • (Jacobo jecuta). ... y prende ese candelabro, todas sus luces. . . . (ap.—IÁs sombras me dan miedo. . . .) tengo que escribir. . . .
(Prendiendo el candelabro)
¿ Os traigo el chocolate ?
No. ... te lo pediré. . . . ahora necesito soledad. . . . esque se trata de un amigo. . . . asunto grave. • . . en fin, no puedo esplicártelo. . . . no me pertenece el secreío. ...
Os prevengo que aun tenemos cuatro horas de noche. . . .
(Ap. — ¡ Nada mas que cuatro horas !. . . Lo sé. . . . por lo mismo. . . . Mira. . . . déjame solo. . . .
(Ap. — ^Por eso es que el señorito vela, y espera al Marques. . . . Ya voy comprendiendo.)
(Se va— Don Bernardo se ha sentado en el sillón O
^-ájo.—j Qué fatiga ! . . .)
Bernardo y Magdalena — Jacobo vuelve cpn Magdalena bástala puerta, y desde ésta le sefíala á don Bernardo — y se va — Magdalena viste de uegro — Avanza un paso y se echa el velo á la espalda.
[Ap.—] Padre infeliz ! . . . Debo cumplir mi dol(>- rosa misión ! . . . (Dan doce campanadas en el reloj. Magdalena se contrae.) Las doce. . . . Jacobo me dice que aun no ha salido Andrés.
(Ap. — La fiebre me invade por momentos. . .. parece que voy á volverme loco ¡ y este torcedor agudo en el alma! . . . (Se levanta agitado y se detiene estupefacto al ver á Magdalena!) \ Magdalena ! . . . .
(Las liügi-imas no la dejan continuar)
Vienes á demandarme cuentas !. . . . ¡ Oh ! ¡ basta con la sombra de mi propia conciencia, que me ahoga ! . . . Vosotros estáis allí. . . . jóvenes, hermosos, la aureola de la inteügencia fulgurando en vuestras sienes, la felicidad brillando en vuestros labios, que nunca se mancharon ! . . . ¡ Dios mió ! ¡ qué es lo que he hecho! ... No debo huir, para; que vuestra justa cólera se descargue sobre mí con todo el peso de la vergüenza y del oprobio ! Sinembargo, no podréis
^CTO TERCERO 305
imaginaros lo agudo de este dolor, que como una serpiente me muerde las entrañas. . . .
(Llora á soUosos.)
(Ap. — i Y yo me creía la mas desgraciada ! . .)
Andrés vendrá. ... ¡ Oh ! el valor me falta ; rio podré soportar su mirada; necesito huir; quiero huir; adiós i bésale en mi nombre !
(Va á alejarse; y Magdalena se prende de él, forcejeaado por detenerle.)
¡ Deteneos ! ¡ seria este un crimen ! ¡ por piedad ! ¡ ved que va á matarle el infame !
(Bernardo sufre una eléctrica conmoción. Toma con fuerza la mano de Magdalena y baja con ella como arrastrándola.]
I Quién ? ¡ decidme quién ! ¿ un infame has dicho ? ¡ A.h ! ¡ es el Marques !
lilAGDALENA (Con precipitación)
Se han desafiado. . . .
^Con precipitación)
¡Con Andrés! . . .
(Ccu precipitación)
Sí ; esta madrugada, dentro de breves momentos se batirán, lo adivino, lo sé.
Pero ¿por qué ese duelo? ¡Ah! ¡callad! callad! ¡ bien lo adivino \ y un rayo no bajó á calcinarme ! . . .
306 EL BORRACHO
La escena de esta mañana no era la ejecución de la tragedia de Andrés, sino una acción real. . . .
¡ Providencia ! ¡ Andrés me castiga en esa tragedia ! ¡qué infinitas amarguras he devorado cuando me la leia ! . . . La escena de esta mañana era efectivamente el desenlace del primer acto de la tragedia ; y, sinembargo, me heló la sangre un presentimiento fatídico! . .
Una mano misteriosa ha convertido en realidades las ficciones : como en la tragedia, Andrés escuchó el final de una escena entre el Marques y yo. . . . Rechazado Saint-Maurice en sus indignas proposiciones, amenazaba á Andrés con una calumnia, que os hería á vos de muerte. ...
/[áp.— ¡Cielos!)
Andrés la oyó ! ¡ qué inaudita calumnia ! (Don Bernardo enmudecido, intenta parar la lengua de Magdalena y no escucharla.) Amenazaba á Andrés revelando á todo Madrid una impostura, asegurando que vos erais el borracho de Marsella, Juan Servin ! . .
(Apartándose coa el horror de la vergüenza)
(-4^.— ¡Dios! . . .) {Vuelve con resolución, propia mas bien del delirio.) ¿ Dijo que yo era . . .
Calmaos, señor ! . . .
Juan Servin era rico, feliz, muy feliz, Magdalena, al calor de una esposa amante y virtuosa. Pero. . . ¡Maldi-
ACTO TERCERO 307
cion ! . . . Juan Servin, Magdalena, bebió .... se embriagó: una vez por francachela en la mesa del Marques de Saint -Maurice, hermano de este otro libertino.... Siguió bebiendo. ... ya no en su mesa y en las de la aristocracia. . . . sino en el café. ... del café pasó á la taberna, ... ¡ á las calles, Magdalena ! . . .
Era honrado; pero, al hacerse borracho, se hizo infame. . . . Lleno de lodo y desgarrado el trage, desgreñado el cabello, los ojos vidriosos, en sucia y hedionda espuma embardünado el labio, presentábase á su esposa, delicada como una azucena, pura, sensible, ideal como una virgen, y ya podéis imaginaros, Magdalena, lo que esa alma inmaculada suíriria con los escándalos del esposo degradado ! . . .
¡Callad! . . .
Vos sabéis lo demás. . . • Juan Servin fué el ludibrio de Marsella : le despreciaron los amigos y luego le despreciaron también hasta los mismos borrachos ! Ya lo sabéis. . . . huyó como un maldito, empujado por el dedo de Dios ! . . .
Pero VOS, señor don Bernardo, no sois aquel desgraciado ; es una calumnia infernal de Saint-Maurice ! . . .
El Borracho, mi buena Magdalena, va de abismo en abismo; no tiene pudor, no tiene vergüenza. . . El que hizo apurar á su esposa el cáliz de todas las amarguras, y al ser madre, la mató con el último escándalo, (enjuga sus lágrimas) acaba de herir ahora el inocente corazón del hijo (cayendo de rodillas y tornando
308 EL BORRA.CHO
suplicante las manos de Magdalena.) ¡ Perdóname Magdalena ! ¡Yo ... . yo soy .... ¡yo soy Juan Servin !
MA.GDALENA. (Anonadada)
(Ap.—\ ¡Era él ! !) (Pausa) Levantad No hay
tiempo que perder ^ .... Saint-Maurice matará á Andrés, nuestro mas bello lazo con la tierra y con Dios !
' [(Levantándose enérgico^
¡ Ira de Dios !
So pretesto de orar en la capilla, he podido abandonar la casa paterna para venir á preveniros. Andrés no ha salido aun de su cuarto, acaba de decírmelo Jacobo. ¡ Salvemos á Andrés, señor ! ¡ me moriria sin él ! ¡ me moriria !
No desesperes, angustiada criatura ; me siento fuerte. .. . Vuelve. . . . dileá tu padre que esta misma noche partiré de Madrid ; me iré á América ; nadie sabrá de mí. . . .!
¡ Eso jamas lo consentiré !
(Don Bernardo iluminado por una idea venturosa.)
¡ Oh, cielo ! . . .
¿ Qué OS pasa ? . . .
Te espero ; anda, habla con don Estevan y vuelve á avisarme el resultado. . . . No te demores.
ACTO TERCERO 309
a^m
(Echándose el velo)
Volveré, señor.
(Parte — Don Bernardo toca la campanilla.)
Bernardo — En seguida Jacobo
Dios desvie de nuestras cabezas su tremenda ley de justicia !
(Presentándose)
Escucha, Jacobo. . . . Andrés no ha salido de su cuarto. . . . espera al Marques. . . . ¿Qué? ¿dices que no es cierto ?
No, don Bernardo; si yo debo conducirlo. . . .
/CájO.— Respiro ! . . .) Antes de verse con Andrés es muy necesario que, sin que él lo sospeche, traigas al Marques aquí, á mi presencia. . . .
Es que el señorito Andrés. . . .
310 EL BORRACHO
(Violentado)
¡ Ah ! el señorito Andrés os ha dicho alguna vez, que cumplas primero sus órdenes que las de su padre !
Al contrario ! ¡ Vaya ! Nunca os habéis enojado conmigo como esta noche. . . .
(Le tiende la mano)
¿ Pero no ves que cuento con que me quieres como á un hermano? . . .
(Enternecido y arrebatado)
¡ Al fin te voy á hacer el gusto en tutearte !
(Lo abraza)
¡ Bien ! . . . Oye : á la señora que acaba de salir, cuando vuelva no demorarla, que entre hasta aquí. Anda, Jacobo, anda, mi viejo amigo. . . . sírveme bien esta noche, y se doblará mi gratitud.
Como un perro te serviré. (ap.—Es singular. .... tanto misterio. . . todo por una caida de acaballo ! . . .)
(Se v.i — Don Bernardo abre un cajón de la mesa, observa el interior y lo deja abierto.)
Bernardo — Después Andrés, éste por la izquiírda.
¡ Qué ansiedad ! ¡negra incertidumbre ! . . . ¿Debo esperar? . . . Esa inspiración del precioso documento ¿ no es un resorte invisible, para lanzarme á una desesperación mas horrible aun ? . . . ¡ Es tan inflexible sobre este punto aquel noble anciano !. . . ¡ Pero, Dios mió ! ¡ cómo he podido cometer tantas desgracias ! ¡ se me despedazan las entrañas de dolor, y aun debo bendecir la piedad divina ! (Cae en el sillón abrumado.) ¡Ni me es permitido morir! . . . ¡ Oh, dorada juventud, hogar tranquilo ! ¡ Yo también era poeta, soñaba en las delicias del amor celeste: mi alma inmaculada se cernía en una felicidad sin nubes ! . . (L lora desesperada7nente. . . .) ¡ Amor! hogar ! amigos! . . todo ha naufragado en este mar tenebroso del vicio! . . . ¡Ahora he perdido también á mi hijo. . . . la última felicidad !
(Se cobre el rostro con las manos, y queda snmido en un profundo marasmo — Breve pausa.)
(Como continuando sus pensamientos]
¿Morir? ... La espada de Saint-Maurice no ha errado nunca : no es el Marques, sin duda, quien va á morir. . . . ¡ Pobre Magdalena ! acaso en estos momentos, fiada en mis promesas de no batirme, aun le sonríe la esperanza ! . . . Imposible, ángel mió ! debo morir, 6 alejarme para siempre de la corte ! ... Te dejo mi humilde novela la «Virgen de los Bosques», inspirada
312 EL BORRACHO
por los dulces ensueños, por los castos delirios de . nuestro amor ! Llora sobre sus páginas: el llanto y el dolor serán el lazo de nuestro himeneo de ultra-tumba! {Pequeña pausa : Se enjuga los ojos.) Apuremos este cálix de infinita agonía, que va á llegar la hora postrera!
(Don Bernardo, levantándose y huyendo, como acosado por uu espectro, que ve dentro de sí mismo.)
¡ Espectro infernal !
(Corriendo hacia é\)
(Al fantasma)
i No me maldigas ! . . .
(Tendiéndole los brazos)
¡ Padre mió 1 . . .
(Refugiándose en ellos)
¡ Hijo del alma !
¡Padre mió!
(Durante un momento de silencio lloran juntos, así estrechados.)
(Desprendiéndose con vergüenza)
Andrés : yo merezco tu maldición ! te he muerto el alma! ¡maldi. . . . (cayendo de rodillas y abrazando suplicante las manos de Andrés, que besa con efusión.) ¡No! no me maldigas ! ¡ no me maldigas !
(Alzándole)
¡ Oh ! aumentáis mi martirio ! Solo vengo á pediros que partamos !
ACTO TERCERO 313
(Con alegría y gratitud, abrazando á Andrés)
¿Partir? ¿tu, partir conmigo ?
(Con tierna gravedad)
Si, señor. . . . es necesario.
(Perdiendo de súbito ]a alegria y separándose de su hijo con vergQcnza — como hablando consigo mismo)
¿Es necesario ? . . . ¡ tiene razón ! . . . debemos huir al desierto ¡ No ! el desierto es horrible cuando se está á solas con el remordimiento ! . . . ¿ Pero existe otro puerto hospitalario para el borracho ? . . . ¡ Ah ! las vírgenes selvas, las tranquilas orillas del Rio de la Plata, tierra del trabajo, de la regeneración y de la libertad ! . . . ¡ Qué dicha cuando volviera digno de tu respeto!
¡ No digáis eso ! no quiero separarme de vos, padre adorado !
¡Corazón de poeta! ¡espíritu inmaculado! Pero, comprende bien. . . . soy yo solo. . . no es el inocente el que debe ser castigado ! . • . No te apesadumbres, Andrés. Escucha : tú podrás imaginarte la felicidad que me espera ; no es natural que tu concibas otra que la satisfacción de la virtud, serena, inalterable, sin nubes. . . . pero, es mas grata, mas intima, inconcebiblemente mas dulce esa felicidad de luchar, de sufrir y de vencer por la virtud! (Andrés besa en silencio y con veneración la mano de su padre,) Lejos de ti, lejos de la patria, en un trabajo rudo, inclemente, entre las soledades del alma y los dolores inauditos del recuerdo ¡ qué infierno tan bello, qué paraíso tan infernal! ... y después de veinte años, con la cabellera
314 £L BORRACHO
completamente cana, pero limpia como mi conciencia, llegaré á tu santo hogar sin recelos ; golpearé á la puerta. ... y tú y Magdalena, y tus hijos ¡ un coro de ángeles ! me abrirán la puerta. ... y entraré al incomparable cielo del respeto y del amor de la familia !
¡Padre sublime! . . . Pero. . . .no! donde el padre está de mas, debe estarlo también el hijo : Disponed nuestra partida para el rayar el alba.
Comprendo. . . . {ap. — El sol no debe alumbrar al hijo del borracho! ¡ Hasta el sol arrebatáimos á nuestros hijos ! ¡ ¡ maldición ! !)
Hasta entonces os suplico que me dejéis solo en mi habitación.
{Ap.^Si; va á batirse.) Bien, hijo; todo lo que quieras. . . . {ap.— ¡ Mataré al Marques ! ¡ le mataré !)
Padre! . . . hasta el alba!
(Se dan un prolongado, triste y solemne abrazo — Se desprenden, se sepnran, y iil dar unos pasos vuelven á abrazarse, llorando eu* ternecidos.)
( Al salir]
{Ap.—\ Quizás el último abrazo !)
Bernardo — Luego Jacübo, y en seguida el Marques de
Saikt'Mauricb
¡ Se despide como para un viaje eterno ! . . Los padres deben ser la Providencia constante de los hijos, el limpio espejo de su nombre. ¡ Desgraciado y execrable mil veces el padre que tiene algo de qué avergonzarse ante los hijos ! . . . Cumplamos con nuestro deber, y Dios preverá.
(Agita la campanilla 7 se pone á escribir— Se presenta Jacobo.)
(Sin dejar de escribir)
Cuando la señora de luto vuelva, dile que es suyo el documento que encontrará bajo de este tintero. Vete; no, espera. . . (Se levanta y se despoja de la bata y se cambia los botines por unas zapatillas.) Dame un traje menos embarazoso. ... la chaqueta de terciopelo.. y mi casquete. . . para que el cabello no me ciegue. Escucha : el Marques y la señora de luto, nadie mas entra esta noche á mi casa. ... y salir ? . . . nadie absolutamente! . . . Vete. (Jacobo se va, Don Bernardo^ respirando con sangrienta alegría.) Ahora puede venir cuando quiera el señor de Saint-Maurice !.... [Siente pasos y pone el oido con avidez. Dan las dos en el reloj.) Se me quiere saltar el corazón. • . . {Se retira rápidamente en puntillas^ hasta el pupitre,
316 EL BORRACHO
tendiendo una mirada al cajón abierto, y frotandose las manos.) ¡ Es seguro ! . . . ¡ Él !
(Enti'A con petulancia y retrocede un paBO^ confuso.)
¡Vos aquí?! . • .
(Ap. — La vileza del crimen enfrena su osadía !) Y bien, señor Marques de Saint-Maurice ¿ qué significa vuestra presencia en mi casa ? á horas tan avanzadas?...
Yo. . . .
(Conten ido)
¿ Es que veníais á que continuáramos las libaciones en honor del dios de los infames? . . .
No os comprendo, caro amigo. ... Mi delicadeza no me permite confiaros la causa que, á mi pesar, ¡ oh, si, creedlo, á mi pesar ! me conduce hasta aquí.
(Glacial)
Asunto que os traiga á mi casa, y que á mí no podáis revelar, no puede ser sino una infamia. . . .
¡ Don Bernardo ! . . .
Y una infamia de tal estofa, que os hace enrojecer ¡á vos, Marques de Saint-Maurice !
Ved lo que decis ! . . .
ACTO TERCERO 317
. (Temblando de cólera, pero siempre glacial]
Por ejemplo : Que bajo del volado de una camisa de batísta, se ocultara un corazón rastrero ; que bajo el guante aristocrático, se contrajera la mano de un pérfido asesino. ...
En fin : que dentro del encumbrado Marques de SaintMaurice se ocultara el villano ruin. . . .
¡ Yo asesino y villano !
¡ Villano despreciable ! ¡ asesino vil !
(El Marques le arroja el guante.)
¡ Guante por guante, ¡ á los dos !
Guante por guante ! Mas cdq esta diferencia: que el guante de Andrés Lacroix fué lanzado al rostro de un malsin; y que el vuestro, Saiut-Maurice, está bajo las plantas de un hombre honrado !
(Pisando con violencia j desprecio el guanle.)
(Ap. — Prudencia. . . .) Os perdono por ahora tanto insulto ; dentro de dos horas. . . .
(Estallando]
¡ Ah ! después de matar al hijo, vendréis por el padre! No ! (Con sordo furor.) Nos batiremos ahora mismo, aqui, sin demora, Saint-Maurice !
318 EL BORRACHO
(Temeroso y turbado)
Ahora mismo no es posible : debo antes arreglarme con vuestro hijo. ...
(Don Bernardo, en puntillas de pié, pero impetuoso, extrae de^ cajón del pupitre dea puñales, uno de ellos muy pequeño, y ofrece e^ mas ventajoso al Marques, quien lo rehusa con cobarde estremecí' miento.)
En un instante despacharemos. . . . ¡ Ah ! lo dije ! sois un cobarde asesino ! . . .
No soy un bandido, para batirme á puñal. . . . una espada. . . .
¡ Ah ! queréis matarme cómodamente, como á Andrés, para allanaros el camino hasta Magdalena, que os desprecia como merecéis. ¡Malvado ! habéis herido en el alma á Andrés ; calculadamente y esplotandp la santa alegría del padre ante la fehcidad del hijo, me habéis embriagado y puesto en afrentoso ridículo ; y ahora pretendéis hacerme la víctima de vuestra destreza en las armas ! . . ¡ Qué refinada vileza la de estos caballeros del honor y de la susceptibilidad ! ¡ Basta, por el cielo ! Yo, vistiendo de chaqueta, valgo mas que toda esa vuestra raza de frac y de guantes amarillos !
¡ Juan Servin. ... el fugado de Marsella ! . .
si, pero rehabilitado por una dolorosísima espiacion, por una existencia de labor constante y de virtud austera! ¡ Y vos, el que tuvo bastante cinismo para refregar sus manchas doradas en los hombres honrados, en un instante me arroja del seno de la sociedad, á donde volvía digno y útil el borracho regenerado! ... ¡Oh!
ACTO TERCERO 319
pero vuestras negras arterias están descubiertas; Magdalena no será vuestra, y su mano misma arrancará la máscara al villano !
Don Bernardo : os halláis bajo una extraordinaria escitacion, de la cual no debo abusar : os perdono, y en prueba de ello, os prometo no batirme con Andrés, (-ájp,— Necesito dos horas. . . .)
(Con indecisa alegría)
i Qué ? ¿ no OS batiréis con Andrés ? ¡ Ah ! entonces,
idos. . . .
(Sin poder ocultar su secreta alegría)
(4p.— Escapé : la victoria es mia !)
[Qae lo ha observado, se arrepiente, y detiene con violencia al
Marques, que iba ya á salir]
¡ No ! el fuego que ha brillado en vuestros ojos rae ha hecho ver el fondo infernal de vuestra promesa insidiosa! ¿Creísteis que yo dudaba del valor de mi hijo ante la punta de vuestra espada ? Es que nunca ha tomado una arma homicida, y con vuestro arte para matar en nombre, no del honor, sino de la cobardía, le heriríais como á un niño que duerme en la cuna ; es que el ya la amargura y la venganza rebosan y se derraman en mi alma ! {Le tira el puñal á los pies.) Tomad ! . . defendeos !
[Temblando de miedo]
Mañana .... cuando os serenéis .... no quiero abusar. . . . justificarla el titulo de asesino, con que me habéis injuriado. . . .
320 EL BORRACHO
[Agiéndose de él é iRsUtieado en darle el pnual, que harecojido del suelo, y que el Marques aparta de sí con horror]
De fendeos ! . . . ¡ l¡eá que os voy á matar como á un perro !. . . •
' . [Dando Yoces]
¡Dejadme! ¡dejadme!
¡ Callad ! se me acaba la paciencia ! . . .
¡Dejadme! . . .
¡Cobarde ! ¡ qué vendrá Andrés 1
[Alza el puunl sobre el pecho del Marques.]
(Con pavor cayendo de rodillas)
¡ Perdón !
¡ E ncomendad vuestra alma al infierno! . . .
[Va á descargarle la puñalada]
Dichos— y Magdalena, por el foro; y Andrés, por la izquierda, aparecen y se precipitan sininlt^neamente — Como la lucha ha llegado hasta cerca de la puei ta del foro, Magdalena, de un solo pai>o ha podido llegar hasta don Bernardo y detener cod sq mano el brazo armado de este — Los tres, con el Marques, forman un grupo — ^wdres se ha detenido á algunos pasos de U puerta, y ocultando el rostro entre las manos con horror.
[Al entrar, arrojando un grito]
¡¡Ahü
ACTO TERCERO 321
[Al aparecer, arrojando (amblen un grito]
[Telón rápido]
FIN DEL ACTO TERCERO
I ^
ACTO CUARTO
Casa de Don Estevan: Salón totalmente entapísado de negro, hasta el pavimento: Balcón á la derecha; pequeña puerta á la izquierda y una gran puerta de capilla al fondo, un poco entrada en el muro. Una mesa de arrimo en el ángulo del fondo, opuesto al balcón, y sóbrela mesa un candelabro de tres luces.
Después de un momento de soledad en la escena, Magdalena, aparece por la capilla, cuya puerta vuelve á cerrar. Oculta el velo de la cara y el manto, arrojándolo por la hendija que ha dejado ]a puerta. Trae una carta abierta.
Nadie me ha sentido, ni fray Ambrosio. Ignorando los sucesos de esta noche, esperará ancioso en su gabinete del jardin, para celebrar el desposorio. ¡ Mis bodas! ¡Dios mió! ¡mis bodas! ¡Infeliz Magdalena! todo ha cambiado ! en vez de la corona de azahares, ciñe tu cabeza el fúnebre ciprés, y las dulces alegrías del himeneo no resonarán en tu alma; mas, sí, los gritos de dolor proferidos por el mas adorado de los amantes 1 ¡Cuánta amargura en esta carta! (Contempla la
324 EL BORRACHO
carta con trizte^a ; luego lee) « Rotas las cuerdas, « cuelgo en el mustio sauce la enlutada lira, bañada con « acerbas lágrimas! Pobre lira !. . ayer, Magdalena, tan « sonora, cuando, juntos los dos bajo la tranquila enrame mada del Manzanares, venía la alondra mensajera á « cantar sobre nuestras cabezas !».... (Después de un silencio tormentoso y prorrumpe en esta exclamación desesperada, besando con frenesí la carta) ¡Oh,
mi angustiado poeta ! ¡ Yo te daria toda mi
sangre por borrar tus lágrimas !
(Guarda la carta-- Se apodera de ella la fiebre del dolor sin consuelo) ¡Partir!. . . .esta madrugada! ¡Andrés! ¡Andrés! Eso es imposible. . . .¡cómo, pues, partirás sin mí !. . . . ¡ Oh ! á donde quieras, pero juntos los dos, como dos aves, como dos eslabones indestructibles ! á donde quieras, pero lejos de la sociedad que nos ahoga, que nos mata !. . . . ¡ Partir solo! ¡ tú, solo !. . . . ¡jamas !. . . . sin amigos, sin los bellos placeres del arte, sin hogar, sin padres ! . . . ¿ Y para qué me quedarla á mí todo esto sin tí, que eres mi alma, que eres el universo !. . . . huiremos los dos, ahora mismo ... y no sentiré huir del hogar, y no sentiré abandonar á mi padre. . . te disputaré á todos, al Marques, á Madrid, al mundo entero! ¡Partir solo!. . . .¡jamas! ¡ jamas !. . . . ¡mira. ... el cielo abre sus puertas y espera al espíritu de los amantes !. . . . (Queda por unos momentos sumida en un éxtasis celeste^ sonriendo, como si aspirara realmente los inefables y castos deleites del edén que mira —Luego vuelve en sí, pero siente como el sopor del sueno que ha pasado J Tenebroso silencio ! . . . . aquí no ha penetrado sino el ataúd de mi madre !. ... es un sepulcro venerando lleno del perfume de lo eterno. ....
¡Cielos ! pero. la eternidad sola, sin tí, Andrés ! (Cae de rodillas) \ Oh, madre ! ¡ madre del alma ! Tú, que desde el seno de Dios bendices mis castos amores no me abandones en esta hora terrible de la prueba !
(Permanece arrodiUáda.)
Magdalena y Don Estevan. Este entm abatido y meditabundo. Derrepente ve a Magdalena y deliene sua pasos, siu ser apercibido de ella.
La fatalidad nos reúne en este sagrado recinto de familia, para que al pié de los altares mezclemos lágrimas y oraciones !. . . .
(Ap.—Beho revelárselo todo; y si por este medio nada alcanzo de mi padre, acaso el misterioso documento que me ha entregado D. Bernardo. . . .) .
(Da unos pasos para salir.)
(Ap, — ¡ Tanta desgracia por ese vicio maldito !....)
(Encontrándose con su padre)
I Padre !. . . .
¡ Hija mia !
(Se abrazan, y el padre besa llorando á la liija. Esta no encontrando frases, y abrumada por el dolor, esclama):
¡ Padre mió !. . . . La angustia me desgarra el corazón y agota mis fuerzas ! ( Cayendo de rodillas) ¡ Ten piedad de tu Magdalena !
326 EL BORRACHO
(Levantándola)
¡ Oh, mi hija adorada !. . . . Me encuentro con fuerza para todos los sacrificios, por devolverte la felicidad ! ¿ ¡ acaso tengo yo otra felicidad que la tuya ! ?. . . pero. . . . ¡ oh ! cómo descubrirte el abismo, mi buena
Padre mió ! el dolor y la angustia agotan mis fuerzas ! me siento morir ! ten piedad de tu Magdalena !
¡ Adorada hija mia ! Escucha, ... No sé de dónde sacar valor para hablarte. ... tu matrimonio coa el hijo de D. Bernardo es imposible. . . .
¡ Dios !. . . .
Acabo de saber por el criado la escena de esta mañana, entre Andrés y Saint-Maurice.
Saint-Maurice, padre, es un infame !
Lo sé, un malvado ; le odio instintivamente; pero D. Bernardo no es por eso menos despreciable. Tú lo ignoras, pues, hija mia : Bernardo de Lacroix es el borracho de Marsella, Juan Servin.
(Ap. — ¡ Lo sabe todo !)
Perdóname esta revelación, tan tremenda para tu corazón.
ACTO CUARTO 327
Don Bernardo es un hooabre honrado y laborioso obrero ; su hijo, un ángel.
Y ese ángel no tiene hoy cielo que le reciba ; y ese obrero honrado y laborioso repetirá una y mil veces la escena oprobiosa de esta noche ; y á tus hijos, Magdalena, todas las gentes les llamarían descendientes del borracho de Marsella, Juan Servin.
(Se aleja y Magdalena le sigue.)
Escuchadme, mi buen padre: Acabo de venir de casa de D. Bernardo. . . .
Yo sabia que el Marques habia provocado á duelo á Andrés, y un deber de conciencia y un deber de corazón me llevaron cerca del padre de la víctima. Vos lo ignoráis, padre : el Marques ha sido rechazado por mí mas de una vez : quiere vuestra fortuna, y ejerce una vil venganza contra él que se la disputa.
¡El infame!
Penetro á la habitación de D. Bernardo, cuando ya éste levantaba su puñal sobre el pecho del Marques. Le he, pues, salvado la vida, prometiéndome desistir del duelo con Andrés. Pero, padre . . .
I Hay mas desgracias aun ?. . . .
Den Bernardo partirá á Indias esta misma noche. , .
328 EL BORRACHO
No le resta otro camino, Magdalena.
(Llorando)
I Y Andrés le acompaña ! .
(G o II m o Y i d o)
¿ También Andrés ? ¡ Y le quiero ! ¡ le quiero como aun hijo!. . . . (Reprúméndose) Sujetémonos, Magdalena, á la voluntad de Dios.
(Dándolo no pliego)
(Ap.— ¡ ¡ Oh ! !). . . . D. Bernardo me ha dado este pliego para vos.
(Leyendo, estupefacto)
^^p.— ¡Cielos! qué leo!. . . .) Magdalena, sigúeme al gabinete del padre Ambrosio.
¿ Por qué esa turbación, padre mió ?
Vamos á ejecutar la voluntad divina ! En breves instantes lo sabrás todo.
(Se van por la izquierda.)
Mauvai, entrando por la capilla
En vez de escalar el balcón, aprovecho la puerta de este oratorio, que la misma señorita Magdalena me ha dejado franca ; lástima que el Marques no pueda entrar por ella, pues si le sintieran !. . . .Al fin se han recojido. Toda la noche he tenido fiebre, y en estos momentos se me abrasa el cerebro. Me alegro que se hayan marchado ; de otro modo !. . . . era mucho eso de matar al viejo óonde. Han olvidado apagar las luces ; mejor, no tropezaremos con un mueble. Mas, volemos de una vez en busca de Saint-Maurice, cuya certera espada ya habrá concluido con el poetilla Andrés. También el carruaje estará Hsto con dos buenos troncos de caballos. (Saca la escala) La madrugada está tenebrosa y toda la casa yace en profundo silencio. Nada ha dejado de salirle á pedir de boca á ese maldito Marques. (Asegura la escala en el balcón) La escala es de buena s :ída. Señorita Magdalena, lo que es sin marido no quedareis.
(Se vapor el balcón.)
Esteva N, por la izquierda
¡ Abismos del porvenir ! Debiayo creer que Magdalena !?.... ¡ oh ! me mortifica ceder al destino lo que mi conciencia rechaza ; sin embargo, qué hacer ? es el cielo, es Dios mismo quien entra en estas estrañas y desgarradoras combinaciones. SI ; sobre este punto debo siquiera ser inexorable ; él debe partir, y parirá, por cierto ; se reformará, lo espero ; y el dolor y la soledad del alma harán su purificación : el dolor purga y rehabilita al hombre. El no tardará en venir. . . convendremos ; en fin, de algún modo es preciso remetdiar esta embarazosa situación! Ah! él es.
Don Este van y Don Bernardo. Este por la izquierda ; abo-
chorD&do y dolorido
[Tendiendo á aquél la maoo y besándola]
¡Amigo mió! vuestra mano!
ACTO CUARTO 331
[Confuso]
¿ Qué hacéis, noble Conde ?
ESTBVAN
Beso la mano del intrépido y generoso salvador de mi esposa, la cual nos contempla desde el cielo, y bendice al marido que respeta y cumple su última voluntad.
¡ Ah ! es que habéis tenido la bondad de leer !. . . . Ya veis : no os pido indulgencia para mí, sino para mi hijo, ea estos momentos entregado á la desesperación : él es puro é inocente !
(-á^.— El padra Ambrosio ha cumplido mi encargo) Esta noche, D. Bernardo, pesa como un vértigo sobre todos nosotros : Si grande es la desesperación de Andrés, comprendereis que no es menos la de mi cara
Habéis leido mi carta. . . .
Acabo de recibirla por Magdalena : es digna de vos, mi buen amigo : Pero, escuchadme : pocas palabras bastan entre dos hombres honrados y que se comprenden. Reconozco vuestra rara virtud : ella ha sido, sinembargo, ofuscada por un vicio, que abomino sobre todos los vicios. . . . creo que pienso con rectitud : Ahora bien : pues sois padre como yo, y no podéis dudar del cariño y respeto que os profeso, ayudadme á conciliar los deberes de mi conciencia con los deseos de mi corazón!
Haciéndome exactamente cargo de la situación de
332 EL BORRACHO
vuestro espíritu, y anticipándome á resolver vuestras penosas vacilaciones, os decia en mi carta : « el sol de mañana no me encontrará en este teatro de mi deshonra ». Pero, Andrés, señor Conde, por la sola culpa de su padre no debe ser condenado á la eterna desdicha.
(Ap.—Eomhre infeliz !)
Me confino á los desiertos americanos, desde donde no vendrá un eco á turbar las alegrías de vuestra casa. Este sacrificio es asimismo pequeño, comparado con el bien que reporta á Andrés y á vuestra noble hija. Quiero deciros que al encerrarme vivo en la tumba, no debéis nunca pensar que sea el mas infortunado de los hombres. Borraré allí el paréntesis del escándalo de esta noche, y continuaré practicando el bien, para que el ángel de la gloria celeste cierre mis ojos al morir.
fAp.—\ Qué sublime hombre !)
Por mi nada temáis. Conozco las serenas alturas de la conciencia honrada. ... el vértigo me precipitó un momento de ellas, no me explico cómo ha sucedido, . . . pero, he vuelto á subir, y aun me será dado cubrir la frente de mi hijo con la aureola de la espiacion. En el vireinato del Plata hay una tierra encantadora, la Provincia de Entre-Rios : en la tranquila margen de sus rios formaré mi pajizo techo, y desde el seno profundo de la naturaleza tenderé los ojos á España. Ahora, pues; habéis leido el documento de vuestra santa esposa, sepa la suerte que le deparáis á Andrés !
Esperad ; vais á saberlo en breve.
(Se va por la izquierda.)
Bernardo— Después Mauvai
(Dando rienda suelta á su angustia)
¡ Dios mió ! ¡ Dios mió ! Debo separarme de Andrés para siempre ! Es entonces un gran crimen por el que me castiga la justicia ávv'msil (cayendo de rodillas y llorando con delirio) yo he faltado á tu ley, sí, lo sé : he arrojado un borrón sobre el nombre de mi hijo, y he llevado la turbación y la desgracia al alma inmaculada de tres seres tan virtuosos como inocentes ! . . Grande es mi crimen, lo comprendo, y nunca seré castigado lo bastante ; pero ¡ Dios bondadoso ! al separarme de mi hijo idolatrado, para no volverle á ver jamas, llevo el consuelo de que no le dejo entregado al cruel destino que he provocado contra él ! Bien veis los dolores infinitos que me desgarran ! . . . . ¡ ten compasión de mi! . • . (Queda anonadado bajo el peso de sus desesperadas lágrimas— Se pone de pié y escucha.) Ruido en ese balcón
(Se oculta en las cortinas de la puerta de la capilla.)
(Apareciendo en el balcón)
El silencio y la soledad protejen la empresa: la tór-^ tola caerá en las garras del gavilán. . . Ah ! la puerta de la capilla está entreabierta ¡ magnífico ! ... es que el avecilla ha entrado en la trampa.
{Ap. — ¿ Qué escucho ? . . . .)
334 EL BORRACHO
(A Saint-Mauríce, que se supone al pié del balcón)
Subid, señor Marques. . . .
(Ap.^l Lo comprendo todo! ¡El dedo de Dios les empuja !)
(Apareciendo)
Dos veces he estado á punto de caer. . . !
Chist ! . . . creo que la señorita se encuentra en la capilla. . . . allí.
¡ Bien ! el procedimiento se simplifica. (Saca una carta, que tira al suelo.) La carta indicará al Conde don Estovan el medio de recobrar á su hija: el matrimonio. Esta jornada será la última que libro al destino. A la obra, pues, y caiga el que caiga ! . . .
(El Marques Adelanta unos pasos con resolución ; pero es detenido por don Bernardo, quien, habiendo tomado la carta, pues cayó á sus pies, se presenta süencioso al paso del Marques, rompiéndola en pequelos pedazos, que guarda en su bolsillo — El Marques, al verle, retrocede, crispado de furor y despecho, exclamando, como un rugido :)
¡ ¡ Infierno ! ! . . •
(Con acento de severa compasión y de ruego)
¿ ¡ No hay pues, esperanza de regeneración para vos, Saint- Maurice?!. . . .
¡Por este infame me habéis tendido una celada! ¡ Moriré matando !
[Intenta sacar una arma.]
ACTO CUARTO 335
[Con suprema angustia]
¡ Desgraciado ! ¡ oye esos pasos ! ¡ huid !
i ¡ Cielos ! ! . . .
(Al ver que un brazo aparta las colgaduras de la izquierda. )
(Deteniendo con violencia al Marques, que ha intentado huir—
con acento concentrado)
¡ Ya no es tiempo !
(A don Bernardo)
¡ Tomarán solo mi cadáver !
(Al Marques, muy despacio)
I Os salvaré ! . . .
Dichos j don Estrvan con algunos Caballeros y Literatos, por la izquierda. Don Estovan penetra el primero, dando la espalda á don Bernardo y al Marques, fingiendo co haber oído las últimas palabras cambiadas entre éstos, y ocupándose de introducir á sus convidados.
( k\ traspasar el dintel de la puerta; y después dando entrada á
los convidados)
(Ap. — ¡ He oído lo bastante !....) Adelante, amigos mios. . . . (ap. — i Otro crimen frustrado !)
336 EL BORRACHO
CONVIDADOS
(Algunos de ellos interrogándose con la yista, sorprendidos y
confusos)
^4^.— ¡El Marques!. . . .
(Al Marques, despacio)
¡Firmeza !. . . .
(A los convidados y ann sin fijar la vista en el Marques)
La virtud es la fuerza del mundo, amigos mies : todos los cálculos del hombre se estrellan, al fln, en esa lógica divina : vais á conocer cómo es que ella lucha, cómo es que ella triunfa, y cuan bella e inmarcesible es la corona del vencedor !. ...
(Ap.— \\ha. afrenta!! ¡¡maldición!!. . . .)
(Presentando al Marques, con naturalidad, y yendo ambos hacia
Ya veis, señor Duque, mi buen amigo el Marques de Saint-Maurice ha sido exacto.
(Recibiendo ceremoniosamente el saludo del Marques, pero sin darse las manos — El Marques saluda también á los convidados, pero con
embiirnzo)
Celebro la presencia del señor Marques en estos momentos. . . .(A D. Bernardo despacio) ¿/Qué hacéis?!. . . .
(Despacio con súplica)
¡ Quiero para otro, D. Estevan, lo que he querido para mí!
(Don Estevan estreclin furtivamente y con enternecimiento J veneración la mano de don Bernardo, que no suelta mientras pronun* cia las siguientes palabras al Marques.)
ACTO CUARTO 337
Resuelto como estáis á abandonar la corte para siempre, hubiera estrañado que no participaseis de nuestra felicidad. Esperaré aquí en Madrid, en mi tranquilo retiro del Manzanares, noticias de vuestra nueva existencia. . . . Pero, supongo que no nos aban-
donareis tan pronto ?
Disculpadme. . . . No es posible. . . . Debo partir al rayar el alba!
(Tomándole las manos)
¡Dios OS guie, y él os devuelva á este hogar!
(Ap.—Qmen hace el mal, no deja de ser hermano !)
(Don Estovan ha tocado una campanilla, abriéndose la pnerta del fondo, por la que se descubre el altar, ricamente engalanado y con profusión de luces, á la vez que resuenan religiosas armonías en el órgano.)
Dichos — y Akdres y Magdalena, vestidos de novios, arrodillados, de perfil, y enlazadas las manos, en la segunda grada del altar El Padre Ambrosio, vestido con la solemne pompa, propia del acto, bendiciendo A los novios — Don Estevan y don Bernardo ocupan los flancos de la puerta de la capilla como presidiendo á los convidados, que se colocan en dos alas bien abiertas, de modo que con toda claridad se perciban los desposados. Todos se han arrodillado, profundamente conmovidos — El Marques, tras del ala izquierda, retrocediendo un paso, que lo coloca cerca de la puerta de salida, sin arrodillarse, se cubre el rostro, como cegado á su pesar por la luz del cielo, á la vez que sintiendo en sus entrañas el diente del remordimiento y de la humillación de la soberbia : lucha desesperado é indeciso.
338 EL BORRA€»IO
(Llorando de enteraecimiento al contemplar la felicidad de sa hijo ; como arrojando un grito del alma, y con las manos alzadas al cielo.)
¡ Oh, mi inolvidable esposa ! ¡ Cubridlos con vuestras alas ! (cayendo lentamente de rodiUas.) Pardo* nadme también vos!
(Anonadado)
¡Basta!. . . .
(Desaparece por la puerta de la izquierda.)
FRAY AMBROSIO
(Tendiendo las manos sobre las cabezas de todos, con sublime
unción)
I Almas generosas de la tierra! ¡seáis por siempre felices 1
(Telón lento)
FIN DEL DRAMA
SIIINÍ
DRAMA HISTÓRICO, CONTEMPORÁNEO
EIÜT 3 ^OTOS T 4z cn:rjftjDi^,os
Gerónimo Solané (histórico). ... 40 aSos
Sargento Rodríguez « 50 «
Burgos. ... ^ ........ . 40 «
El Negro ...... 25 «
Domingo Lasalle . . . *« 40 «
Estevan Bidarte. . « 56 «
Comandante José Gómez. « ..... 30 «
Genoveva (fetja de Bidarte). ... 16 «
Lelia (hija de Genoveva) 16 «
La Miga (desinencia de Micaela). . 19 «
La cfflNA (personaje mvdo) 50 «
Un Sacerdote
Gauchos —Familias del campo. . . Soldados del Comandante Gómez . .
(Entre los gauchos se ve alguna jente de pacífico aspecto y y acomodada, vistiendo bombacha y bota granadera.)
La acción pasa en las inmediaciones del Tandil, distrito de la Provincia de Buenos Aires (República Argentina) desde Diciembre de 1871 hasta el 1" de Enero de 1872.
El Tandil, pueblo situado en la sierra de este nombre, á 75 leguas de la ciudad de Buenos Aires, con
SOLANB 341
cerca de dos mil almas. Es célebre por el misterioso fenómeno de la piedra movediza del Tandil^ de que se hablará en la nota de la acotación del Segundo Cuadro.
SoLANÉ viste calzón-bombacha ; camiseta de brin plomo ; sobre esta un pañuelo en cabrestiilo; bota granadera plegada ; poncho pampa ; sombrero fieltro de anchas alas, cuyas puntas caen hacia abajo ; una imagen de la virgen Maria sobre el pecho ; al costado y pendiente del cuello por una cinta de cuero de potro, un bolsillo de piel de zorro, dentro del cual aparece un libro ; al frente, aprisionado por una faja pampa, y sobresaliendo el cabo de asta de ciervo por entre la botonadura de la blusa, un puñal. Solano usaba barba poblada ; su rostro era moreno pálido ; pero simpático y con rasgos de viril y casi salvaje hermosura ; el cabello lo trae á lo Jesucristo.
La Mica usa vestido sencillo, pañuelo de algodon al cuello, y todo su peinado consiste en dos trenzas á la espalda.
Rodríguez, Burgos, el Negro y demás gauchos visten variedades de trajes de su clase, desde el chiripá, bota de potro y sombrero, roto de usado, hasta la bombacha, el paleto y la bota granadera.
El Comandante Gómez viste con lujo su hábito militar de Gefe de Caballería.
BiDARTE, Lasalle, Genoveva y Lelia visten con sencillez, pero con decencia, casi con riqueza; no mostrarán, sin embargo, que las preocupa el tocado.
La China es una india de la pampa, que recuerda en su traje simplísimo no haber olvidado por completo las costumbres de las tolderías; su vestido es una especie de túnica, sin amplitud, y sus cabellos los trae cortados á la mitad del cuello
ACTO PBIIERO
(CUADRO PRIMERO)
Las amplias sabanas de la pampa, envueltas en las brumas de la noche, apenas ilominadas por la lona— La natnralesa es desnuda, no alimentando sino enanos matorrales, no leñosos. En un flanco la fondo, una pequefia roca— De tiempo en tiempo traen las brisas las vagas notas de aleunos aires nacionales, en una guitarra, suponiéndose pulsada por la mano de un gaucho.
£1 Sargento Rodríguez y Burgos, por la derecha, entrando y deteniéndose al aproximarse á la piedra.
¡ Caramba !. . . . casi topamos con la piedra; si hubiera sio vívora, nos pica ....
¡ Yreahnente!. ...
La piedra : es el sitio ; el Adivino Solané no hae tardar: estará tuavia en la cueva, preparando el menjunje
344 SOLANB
de la llama, con que va á aparecerse á esos de las carretas, que traen enfermos. . . . ¿ Sabes que parece güen guitarrero el que toca ese estilito ?
No le pude ver bien la cara detrás de los yuyos; pero se me hace que es Liberato el rengo.
Yo iba á ir en la comisión ; pero Tata Dios (1) Solané mandó al negro, y las viene siguiendo dende aquí dos leguas pá hacerles desembuchar las enfermedades, que traen á que se las cure el profeta Solané.
Es hombre ladino y diablo este Tata Dios Solané.
Como yeguada le sigue el gauchajepwarirfe pisa. . . . y es el paño de lágrimas del pobrerío.
Pero también nosotros y el Negro le ayudamos como gurupí á las adivinaciones. . . .
Sí, pero, che, muy bien que al que tiene fe en la virgen que lleva al cuello, lo cura de cualquier mal y lo cura con cualquier yuyo ó brujería^ anque h haiga desauciao un Votor de Güenos Aires.
¡Ya lo creo !. ... Se me pone que cuando está ansí, callao con la cabeza doblada sobre el pecho, como mirando algo en el centro de la tierra, habla entonces con alguna ánima bendita.
(1) Suponiéndole adivino, tal era el epíteto que dabau á nuestro protagonista aquellas gentes ignorantes, que, á éste y á otros títulos, él había logrado fanatizar.
ACTO PRIMERO 345
¿ Y con quién mas va á hablar ? Con las ánimas del purgatorio le he oido conversar en el Cementerio del Tandü, una noche. . . . te lo dsiguro. . . . ¡ oh ! yo sé
mas cosas !.
Y yo también.
Mirá^ Burgos : En la estancia é Silva aonde vivia antes, yo le oí platicar con un Dotor en leyes de Güeñas Aires, que después le dijo á Silva. . . . no sé qué términos ; pero como diciendo que Tata Dios parecia un grande hombre, que era una lástima que no hubiera estao en Colegios y anduviera entre los gauchos, causa é las persecuciones que le han hecho los hombres y el Estao.
Si estos Dotor citas se creen mejores que uno; ¿de qué les sirven los libros, si cuando se ven apurados por los indios ó las guerras, se ganan entre las polleras de las mujeres, y es uno el que tiene que salir á defenderlos, para que no lloren! Yo estuve en la ciudad, cuando me arriaron para unas eliciones. ¡ Si viera !. . . . discursos de muerte y rivolucian^ y después .... puro ruido de nueces ! ¡ Qué gente indina! Los compadres vendían diez veces el voto por un peso papel ! ¡ haga vd. patria, amigo, con los decentes que compran á los compadres, que al fin son argentinos, y con los compadres que se venden como negros de Guinea !
Así son unos y otros; pero una vez á un procurador que me pialó en el enrieda de un pleito, cuando lo tapé aesgarilaa por mi pago^ le pegué mas rebencazos que besos le dio su madre dende que mamaba ! ¡ Ah cara fiera puso el cagetilla, amigo !. . . . me llevaron pa la
346 SOLANÉ
frontera, pero yo salí con mi gusto; ellos nos atacan con el engaño porque son mas leídos y escribidos que nosotros, y nosotros nos defendemos con el rebenque. El adivino no ha esíudiao en colegios; pero fíjate que siempre lleva un libro en el bolsillo 6 cuero, y que se gana la sierra y pasa los dias enteros mano á mano con las gacetas; yo mesmo he ido al pueblo á traerle Ubros con un papel pa el librero ypa unos curitas muy buenos y suaves como aceite, que tiene de amigos allá por Oüenos Aires. Y si vieras que ladina es la miyercita que tiene Solané. Él le enseña en los libros ¡ linda y guapa la. entreriana ! No son casaos por la iglesia, pero se quieren mas que á la niña de sus ojos. Se llama Micaela ó Mica, como le dicen. La tiene escondida de aquí 16 leguas.
Y es hombre guapo y corajudo el amigo Solané.
¡ Como las armas ! Cuando causa de un gringo masón, ese Estévan Bidarte, ricacho, padre de esa viuda señorona de Güenos Aires. , . ¿ pero que no te acordas, che ? . . . aquella que viene todos los veranos al campo? ....
Ah ! sí; la madre de la niña Lelia, la que llaman la virgen del Tandil, y que anoche mandó robar Solané TateDios. . . .
¡ La mesma ! no sé qué historia haiga en esto ; pero el Adivino no se turba y sabe lo que hace; y á mas que la madre, esa Genoveva, anqi^ dicen que es la muger mas generosa que ha venioj pero la han engatusao y se está por casar en segundo matrimonio con el socio de Bidarte, con otro gringo masón, enemigo de los íirailes, hombre pudiente tamien.
ACTO PRIMERO 347
Sí, ya sé quién ha de ser
Güeno; como le iba diciendo : cuando me arriaron por un cmsme á la frontera, lo vide al Profeta Tata Dios pelear mano á mano contra diez indios, mientras yo me defendia de tres, que me habían encorralao. Pues, se mató cinco y los hizo juir á los otros. . . . parecia un león, amigo !
¡Ya lo creo! es como un toro! Y sabe, Sargento Rodríguez, que ha de tener vara alta con algún copetudo de Buenos Aires ? . . . . porque hace años que Solané anduvo en unas elicioneSj y se las ganó al Juez de Paz, que trabajaba por orden del Gobierno; yo también anduve.
Y por eso fué mas grande la tirria que le tomaron á Tata Dios, y á mas, que la Mica le dio un bofetón á un oficial, porjtue la quería hacer su querida. Así es que todo se ha juntao.
(Tratando de descabrir algo en el fondo de la niebla.)
Ha dé ser aquel bulto; vendrá á saber si ya ha vueto el capataz de Santa María con la muchacha Lelia, la Virgen del Tandil.
/ Caramba! no ha llegao tuavía. . . . cuando menos han errao el tiro; aunque era sigurOj porque la china iba á abrírles la puerta. . . . Anda á esperarlo, Burgos, con eso venis á avisarle ; yo me quedaré á ver si Solané quiere algo. . . . voy á ponerme reti-' raitOy que él me hable prímero. ...
348 SOLÁNÉ
Vea á ver si lo agarra bien, y pídale de la pomada del tarrito, de esa que es para no morir.
No tengas cuidao.
(BargOB 86 aleja por la izquierda; Rodríguez se retira al fondo, y Solané aparece por la derecha, embozado hasta la barba con el poncho, paso lento, aspecto hosco y meditabundo.}
Rodríguez y Sglanií. ÉFte al llegar al centro de la escena
se detiene.
¡ La Virgen (Jel Tandil ! ¡ Y bien ! (Se desemboza y se echa el poncho al hombro con Wavura impetuosa ) i No es al cielo mismo que he declarado la guerra en nombre del infierno de mi existencia ? El dado se revuelve dentro del negro cubilete. (Oprimiéndose el pecho con ambas manos y luego la frente.) Pero, hasta cuándo me devorará las entrañas esta vívora insaciable ? .... Y aquí, el volcan de un grandioso pensamiento; .... y por todas partes cerrándome el paso el imposible! ¡Regeneración social! amor! venganza! ... . Todo se confunde y se entrechoca dentro del cráneo y del corazón de Solané ! ¡ Ellos lo han querido! ... . Tú también, Genoveva, conspirastes en unión del fatídico destino, que marcó mi huella! .... ¿ y cómo podia resistirte, Genoveva, si vivias ya por
ACTO PRIMERO 349
siempre dentro del pecho del joven gaucho curandero ; sí eras su alma misma ! Te amé, si, y bajo el funesto vértigo de este amor insensato, sentíme como abrumado por horrible pesadumbre ! ¡ Oh ! pero yo te amo ahora con el envenenado despecho, con la rabia letal de la venganza, torbellino maldito que, desata la jauría de mis pasiones heridas ! Te amo, Genoveva, con desesperación, como Luzbel amó la gloria de donde le arrojaron ! .... te amo con todos mis odios y con todos mis amores ! . . . . odio á tu padre, odio á tu hya, que dentro de breves momentos será mi primera revancha; y si tu joven esposo no se hubiera consumido en las orgias impuras de la capital, yo habria sepultado en su cuerpo mi cuchillo, como lo haré con el que ahora pretende sucederle en tu lecho de flores! ¡Irrisión ! . . . . Genoveva: tú ya no serás sino de la tumba ó de Solané ! . . . .
Dichos y la Mica. La Mica llega por el fondo. Trae un re* benque en la mano ; un puñal á la cintura, rodeada ésta por un poncho de vicuña. Representa á la mujer de los campos argentinos: viril, franca, ingéuua, sencilla, modesta, leal, ardientemente apasionada, tierna y solicita, voluntariamente d^cil á la vez que independiente é inflexible ; capaz de todos los heroísmos, de todos los martirios, y en el fondo de este carácter, ese idealismo melancólico, silencioso y concentrado, que infunde la naturaleza á las almas sensibles — La Mica, al encontrar á Solané, muestra una infantil y amorosa alegría, asi como no oculta luego la profunda tristeza que extienden en su alma los presentimientos y las dudas— Corre á él, se cuelga de su cuello } lo besa en la mejilla.
¡ Ah ! ¡ Solané ! .... ¡ Mi querido ! ; vives !
350 SOLANÉ
DisimnlaDdo apenas su disgnsto.
Pero. . . . ¿ cómo has andado dieziseis leguas ?. . . hace solo siete horas á que te dejé en nuestro rancho; luego, allí no habia ningún caballo atado á soga, ni tenias tu recado, que se lo prestastes al Negro. ... ¿Y qué me quieres, Mica ? no me dejarás disponer libremente de una sola noche ?
No te enojes, Gerónimo ! . . . . Apenas te separastes de mi, gané la cama ; pero, como te habia visto tan preocupado y sombrío, en vez de conciliar el sueño, aciagos presentimientos se sobaron en mi corazón. . . lloré inucho, y fil llamo no me consoló. ... Me levanto desesperada, camino una legua á pié en busca de los caballos. . • . corro me fatigo y logro, al fin, agarrar el rosillo que me regalastes, amansado por tí, mi dueño ; lo enfreno, monto ^n pelo, y como las carretas de esos enfermos, según ^e dijeron el Negro y Rodríguez, traerían el camino del Tandil, presumí encontrarte en estas sierras. ¡Dios lo ha querido !
¡ Mi buena Mica ! me confundes con tus sacrifilcios dieziseis leguas á, caballo, sin montura y en solo siete horas !
¡ Para que mi felicidad íuera mayor, quisiera morir muchas veces por tí! ¡Ah, mi infortunado amante! La fatalidad desencadenada no ha conseguido, al menos, borrar de tu frente ese sello de grandeza que la ciñe como una aureola inmortal !
Pero, á qué has venido, Mica ? . . . .
¡ A contemplarte ! á sentirte ! . . en un momento te vi
ACTO PRIMBRO 351
caer ensangrentado, bajo los sables déla Policia, ó de las bayonetas de los soldados de linea ! ¡ Ab, mi Gerónimo ! ¿ Qué cosa extraordinaria te sostiene en esta lucha, tan desigual como tremenda, con los poderosos ?
(-áp.— ¡Infeliz criatura! si adivinara todo el secreto de nu existencia !) Tú s^bes por qué lucho, explotando la ignorancia y el fanatismo: A la sociedad egoista, al Gobierno autocrático, á la fatahdad misma devolveré la náusea que arrojaron sobre mi rostro, cuando yo busqué en ellos lo que Dios ha dado á todos: amor de hermanos, respeto y übertad. Si, me encubro con la ignorancia y exterioridad grosera del gaucho, á fin de poderme armar con sus instintos, sin el freno de esa educación hipócrita, de ese saber artero de laclase que se ha apoderado del gobierno social. La inteligencia es un título para gobernar, pero es cuando se emplea para el bien y la felicidad de todos, aun de los mismos iguorantes; pero cuando no, la ignorancia virtuosa adquiere mayores títulos al gobierno, para arrojar á las cárceles á los corrompidos de levita. Tú conoces la historia de mis dolores; esa es la historia del pueblo, la historia del gaucho, del compadrito, lanzados por eso al crimen y á la degradación del siervo ! Ah, pobre ángel ! te he arrastrado en mi torbelliao, y en cambio de tu amor, solo te devuelvo palabras duras é irritadas, casi nunca ima caricia! ¡Y, sinembargo, eres tú también una víctima ; para tí la deshonra no encontrarla otra justicia contra el orgulloso lascivo de capital, que la punta de mi cuchillo, á costa de un grillete eterno ! ¡ Qué has hecho tú, desgraciada, para participar de mis funestos azares !
¡ Te amo así. ... en el crimen como en la virtud ! Cruzabas por los campos de Entre-Rios, mi patria natal, te comprendí y te amé. ... di un adiós, un pos-
352 SOLANÉ
trero adiós al hogar de mis padres ; tu nobleza me quizo volver á él; pero, te veía desgraciado, y te he seguido á todas partes, mezclándome contigo en los combates y compartiendo todos tus infortunios, devorando todas tus lágrimas ! ¡ Mira cuánta feücidad te debo, querido ! ¡ Oh, si yo pudiera anonadar de una puñalada á todos tus injustos perseguidores ! . . . .
¡ Calla ! . . . .
Acaso tuno me amas. . . . me atormenta la duda; pero, es una sombra que pasa, y d 3 cualquier modo, te adoro, eres mi vida, mi Dios ! . . . . Pero, deja esta senda espinosa en que has entrado. . . . conságrame los últimos años de tu vida ! Tengo miedo por tí. . . . te matarán, al fin, dueño adorado ! . . . .
(Se oyen los preladios de un triste en la guitarra.)
Escucha: el gaucho, con resignación inaudita, va á cantar sobre sus cadenas á un recóndito amor, su único consuelo ; pero ¡ ay ! de ese amor pueden también disponer los tiranos que se alimentan de su sangre !
DOS VOCES
(En el corro de gauchos, que se supone oculto en el fondo de la escena, cantan en la guitarra las dos primeras estrofas del
siguiente triste)
Anque la ausencia me lleve
derecho á la sepultura,
has de encontrar que no muere
quien bien ama con finura:
y ansi verás que á tu acento
renace otra vez la vida,
volviéndose puro fuego
mis despojos y cenizas ; . . . .
¡ porque también tiene el Negro
dentro el cuerpo un alma activa !
ACTO PRIMERO 353
En vano íatal desuno
me persigue sin cansarse ! ....
Luchando contra mí mismo,
tirana, con fe he de amarte:
juera mas fácil que el cielo
se juntara con la tierra,
que estínguirse intenso el fuego,
que á mi triste pecho incendia. . . .
¡no es posible, anque, de celos,
el mismo amor no lo quiera!
Sabe, ingrata, que el amigo que mas quise, fué mi Moro, en paz ó en guerra mi alivio: pues mas que á ese flel te adoro! y si al cruzar por el llano, recordándote. . . . suspiro bañado mi rostro en llanto, el moro arroja un quejido, porque comprende que te amo mas que á él, mi tierno amigo
Yo en mi martirio me gozo ocultándome en la selva, porque es mi dicha tan solo entregarme á la tristeza; y ansí verás que la vida se aumenta por cada pena, y que, muerto, el alma activa te adora con doble fuerza, pues este amor que me anima, os la ley de mi existencia.
(Continuando.)
Ahi tienes al gaucho ! . . . . pero yo levantaré á ese Lázaro de la huesa de miseria en que yace, para que ejecute á la vez los secretos designios que fermentan en su alma y en la mia !
354 soLANé
MIGA
La obra de su redención es también digna de la mu - jer, cuando ésta quiere emanciparse por las virtudes sociales y políticas, ya que las virtudes del hogar no bastan. Te acompañaré, Gerónimo. ¡ Ah ! pero, empeñado tú solo en esta lucha ! . . . .
No debo, no quiero pensar en el peligro : pensar en el peligro de una obra generosa es el principio de la cobardía y de la claudicación.
DOS VOCES
(Vutílven á cantar en la guitarra dos estrofas mas; y una vez
terminadas, Solané continúa):
¡ El gaucho ! Á pocos pasos de aquí me busca esa turba de infelices hijos de los campos. ¡ Ay ! al rítmico compás de la guitarra, que con el sufrido caballo constituyen toda su herencia de paria, el gaucho canta el olvido de su servidumbre, al recuerdo desolado de sus amores ausentes, al páhdo fulgor de sus guerreras glorias ó romancescas aventuras! Engañan y explotan su inocencia ó su ignorancia; rien de su simplicidad ; le conducen brutalmente á la car • cel, á la matanza j le entregan á las ogerizas de los capataces con escarapela oficial !
I Calmaos, querido !
¡ \h ! me olvido de mis propios dolores cuando pienso en los de esa gran porción del pueblo argentino ! Les llaman compadritos! les llaman gauchos! ¡Oh! les obligan á formar sus propias cadenas ! Al compadrito le compran su derecho por un peso papel ; á los gauchos los arrojan de la ciudad. ... ¡la ciudad! . . . ! caburé funesto, que fascina con su mirada brillante ,
ACTO PRIMERO 355
boa que envenena con su aliento ! ¡ Gauchos ! ¿ Qué es, al fin, el gaucho, para vosotros, hombres que os llamáis cultos ? .... el ombú solitario, la sombra muda del desierto social, en cuya copa anida el águila centinela de la ley, pero en cuyo tronco se oculta la pérfida serpiente, que sois vosotros ! ¡ Bien ! después del combate, orgulloso con mis heridas que me habrán hecho superior á los orgullosos con sus tesoros robados á los cadáveres, yo iré bajo tu ramaje, ombú maldito, ya para devorar el pedazo de entraña que os haya arrebatado, hombres feroces, ya á cerrar mis ojos para siempre !
¡ Ah, Gerónimo !
Seria necesario que un hombre con la cultura de los de ciudad, con el sentimiento del gaucho, un Cristo, un hombre como yo, escalara el poder, para aplicar al bien á todas esas ilustraciones, esclavas de su propio egoísmo, de su propia miseria! ¡Es mi sueño! ¡ Sueño imposible, mi buena compañera ; pero que debo sellarlo con mi sangre, y si es necesario, con el escándalo !
Al menos. ... te acompañaré al pié de la Cruz, recojeré tu último aliento y caeré sobre tu cadáver.
¡ Mi querida ! . . . . Pero, no temas nada aun. . . . Vuélvete al rancho ; tengo necesidad de esta noche ; te lo suplico.
(Dirigiéndose á Rodrigaez.)
No te separes de él, Rodríguez, viejo amigo. Tú sabes lo que le adoro ! . . . .
356 SOLANÉ
(Enjugándose los ojos)
DescuidájWiCdL: le he de acompañar hasta en el banquillo.
Mañana comeremos el leer o juntos ¿entiendes, mi chino ? y me darás la lección de geografía. • . . ¿ quién dirá que en el misterio me enseñas á ser señora de ciudad? la civilización ! ¡ qué hermosa es la civilización ! i pero qué queda de una civihzacion sin libertad y sin virtudes ? Me voy. ... no faltes mañana ! Recuerda que es el aniversario de aquella plácida tarde, en que b^o un ñandubay añoso, la amante Entreriana te dijo : « la misma bala que hiera á Solano, cortará dos existencias.»
(Cambiando un abrazo y un beso con .)la Mica
¡ Mi noble y valiente Entreriana !
(Al partir.j
¡ Adiós ! (Ap.—No me iré ! )
(Se pierde en las sombras — Solano la ve alejarse.)
(Ap.— ¡Ah! si pudiera amarte! .... ¡Grenoveva ha dejado secas mis fuentes ! la vanidad do la dama de ciudad siembra sal sobre los mas fecundos corazones ! )
Dichos y Bükgof, apareciendo.
(Dando Tueltas al sombrero entre las manos, en signo de
respeto.)
Venía á avisarle que acaban de traerla. . . •
¿ Salió bien el golpe ?
Los sintieron al sacarla. . . . por los gritos que pegó la muchacha ; ansí es que han tenío que dar algunos jodeos. ... Y como el comendante Gómez cruzó unos momentos antes puallí y acampó á seis cuadras de la
C¿w9ct. • . .
{Ap. — ¡Oh!) El espíritu divino que me protejo, estraviará los pasos de nuestros perseguidores. . . . Lleven la muchacha á la gruta. {Modriguez y Burgos parten.) ¡ Oh ! ¡ me van á ¡conocer ahora ! Perseguido con incansable encono, he tomado la única salida que me dejan ! el águila no tiene mas que la garra, el diente venenoso la víbora. ... el tigre acosado por la jauría en su último matorral, siente el vértigo sangriento, desata su rabia y ataca, aun sin otra esperanza que la muerte ! ¡ Ah ! me han rechazado los hombres, y hasta ella, que pudo ser mi regeneración y mi paraíso ! ¡ Coriolano : tuvisteis justificación al humillar á Roma ! (Se
358 SOLANÉ
cubre el rostro con el poncho y llora ¡pero luego reacciona con energía.) ¡ No ! ¡juro que son mis postreras lágrimas!
fSe retira al fondo y se emboza, permunaciendo inmóvil, impasible, como estatua.)
SoLANit, Lelia, seguida de Rodríguez y de Burgos; éstos se detienen al aparecer. Le lia vestida con un rico peinador blanco, suelto el pelo, penetra lentnmente, abrumada bajo el peso de su situación. A una señal de SoLANit, aquéllos desaparecen.
¡ Oh, madre del alma ! voy entonces á perderte para siempre ! ¡ Dios mió ! ¡ Si fuera yo sola en la tierra apuraría en silenció este amargo cáliz, que ha venido á sorprenderme en medio de la felicidad ! pero cuánta hiél contiene para ella, la mas buena, la mas tierna de las madres ! ¡ y para él ! también, para mi Rafael!. . . . ¡Este hombre ! (La sobrecoge un instintivo terror al notar en Solané ; intenta ir á suplicarle y retrocede sin esperanzas.) ¡ Es de los mismos ! (Pero saca fuerzas de la propia desesperación y y lo ejecuta tendiéndole las manos.) ¡Señor! señor! ¡cómo he podido incurrir en su desagrado de vd., para que esos hombres crueles me arrebaten del hogar ¡ de mi tranquilo hogar !. . . •
Sigue tu camino, inocente criatura ; no puedo escucharte.
ACTO PRIMERO 359
Sí, soy inocente, señor ! Por piedad ! ¡ Ah ! si esos tuvieran hogar, ¡ si tuvieran hijos !. . . .
(Siempre frí o.)
Tuvieron hogar, y les fué arrebatado por las leyes al servicio de sus privilegiados. Tuvieron hijos : los varones les fueron arrebatados, para llevarlos á morir como perros en las tropas de línea, como instrumentos de opresión de la libertad de sus hermanos ; al propio tiempo que las mujeres pasaron á prostituirse en la carpa de los defensores del honor Argentino, según los llaman. Sigue tu camino, inocente criatura; no puedo escucharte,
i Pero qué quieren conmigo ? ¡ Señor ! que esos hombres no consumen sus bárbaros designios !
(Con despechada ironía.)
¡ Temes á la muerte ! ¡ eres, pues, feliz !. . . .
LELU
¡ Oh, sí ! cómo no ser feliz en el regazo de la madre ! Se lo diré todo, señor : sobre ese regazo yo soñaba en el amor venturoso, que en la forma de un ángel, alzaba mi alma y se cernía con ella en las regiones azuladas.
¡ Desgraciada ! que estás diciendo !
La verdad, señor : lo juro por la cruz del Redentor !
Se lo declaro á vd., para que considere el crimen de esos hombres y me vuelva á los brazos de mi madre, la mas generosa, la mas compasiva con los desgraciados!. . . .
360 SOLANÉ
¡Mientes!. . . .
No, no es mentira, no: Mi Rafael es un hombre digno de ser amado ; un hombre ? no ! es mas que un hombre, señor : es un poeta ! Píntese vd. qué sombras van á envolver á ese espíritu, nacarado y diáfano como el trémulo rayo de la luna ; píntese vd. mi situación : él me adora con ciego frenesí, con el candor purísimo de su alma ; su lira se templa al suave calor de mis amores, y, él me lo ha dicho, mi recuerdo, como la vara de Moisés, tiene el poder de arrancarla raudales de armonías ! ¡ Oh ! sin mí se morirá Rafael ; me moriré yo también al considerar las angustias de su desierto corazón!
¡ Ah I y mientras tanto, quien se acuerda de mí en el mundo ! quién me ha abierto una puerta ? ¡ Salvages ! me han negado hasta las del templo de Jesucristo ! Yo también he amado ! i Amor ! ¡ Sublime amor ! ¡ misterio incomparable ! ¡ Ah ! tú no conoces sino los preludios reminiscentes de esa arpa encantadora; tú no has visto sino, como á travez de indefinibles y flotantes gasas las esmaltadas alas de ese arcángel ; solo así, semejante á las fajas de luz del último horizonte, es que le has columbrado cernirse sobre tu frente de azucenas, remontarse luego á las regiones del ideal, dejando en tus labios, sin estremecimientos ni languideces, el ósculo sagrado de las vagas y dulces promesas. . . .
Sí, sí! ¡eso es !
Yo también he amado así ! ¡ oh !• . . . Pero, llega un momento, en que ese ideal, que se diluia en el prisma de nuestra imaginación, cual la niebla de oro de la pampa sobre las ondas de las lagunas al despuntar la
ACTO PRIMERO 361
aurora, adquiere las formas tangibles del ser real, atrayente, incontrastable. . . . Cierto es que el amor no pierde entonces su esencia divina, que la silueta del mundo no empaña la nítida blancura de su cástica frente ; pero, se erige en nuestra ley única, esclusiva, tiránica ; se convierte en nuestras palpitaciones continuas, en nuestros instintos escitados; él es la fiebre de nuestra sangre, el vértigo de nuestro cerebro, la llama inapagable de nuestros ojos, el fuego inestinguible de nuestras entrañas. Entonces, no ser amado es peor que morir, que consumirse en una lenta y tormentosa agonía ; conocer el cielo y no alcanzarle ; no ser amado es, pues, mas horrible que el infierno !
¡ Qué dice vd. ! ¡ Déjeme volver á los brazos de mi madre ! ¡ tengo miedo ! ¡ tengo horror !
SOLANB
Ah ! te horripilas ! Escucha : hace mucho que yo me revuelvo en ese caos de eterna condenación ! Acabo de oirte los cánticos inocentes del amor correspondido, como si escuchara del destino el mas insultante sarcasmo ; te he escuchado murmurar las dehcias de un amor satisfecho, como el reprobo del averno escucha desde su lecho de espinas los seductores murmullos de la gloria infinita !
¡ Oh ! yo nunca he pensado en eso ; no quiero pensarlo ! ¡ vuélvame al hogar, que allí en los labios de mis padres no resuenan sino palabras de esperanza. ¿ Por qué no he de encontrar en vd. la misma caridad ?
¿ Soy un gaucho ? no lo sé; pero el gaucho siente como los demás, como siente tu Rafael, que viste frac ; el alma del gaucho también se abre al aliento de otra alma, como las silvestres margaritas á la primera caricia de la primavera ; el gaucho es también poeta, porque ha sido
362 SOLANB
también creado para las místicas confidencias con su Dios en el templo solemne de la naturaleza ; y sin embargo, los hombres de tu clase, los que por la fortuna, el talento, ó el crimen, han logrado apoderarse del gobierno de la sociedad, miran al gaucho como á un fruto de maldición y de barbarie ; como á una escrecen 3ia, que es necesario destruir ¡ civilizar dicen ellos ! á hierro, á fuego, de cualquier modo ; pero yo, tan culto y civilizado como ellos, voy á presentarme sobre el escenario de la época, así, como la imagen viviente de todo lo inicuo que contra el gaucho, esa infatuada sociedad esconde hipócrita, bajo su antifaz de seda y entre el ruido de sus banales oropeles !
(Lelia se aturde, se espaata, desea hair.)
¡ No se irrite contra mí, señor ! yo no he odiado nunca, no pertenezco á esa gente, ... al contrario, desde que he amado me siento mas buena, mas grande. . . .
Un dia me declararon rebelde, porque hice la revoucion para el pueblo y no para los que gobernaban ; me persiguieron á muerte hasta en el destierro; y cuando pedí perdón digno , y cuando quise ser elemento de orden, me negaron el perdón, mientras por iguales faltas lo habían acordado á otros. Y el amor me arrojó de sus aras de flores, cuando le imploró que descendiera hasta mi espíritu, desierto, silencioso y triste, á saturarle con su verbo ; y los hombres cultos me negaron el bien, que es común á todos los seres, y me hicieron el instrumento de sus iniquidades, cuando recurrí á ellos, para engrandecerme por el trabajo y por el culto práctico de los principios regeneradores. ¡ Yo buscaba la plenitud de mi personalidad, perfeccionada por la civilización que ellos decantan, y me ofrecieron el envilecimiento en nombre de la dignidad del hombre, ó este abismo de sangre y de horrores en que me encuentro !
ACTO PRIMB2R0 363
LSLIA
Me envenenaron el aire y me interceptaron el sol do mi tierra natal. En estas sábanas inmensas de la pampa, donde viven y cumplen su misión hasta los mas inmundos insectos, me negaron un palmo de tierra donde morir tranquilo, repitiendo las oraciones de mi madre. . . . cuyos ojos no me permitieron tampoco cerrar, cuyo cadáver marchó solo sobre una carreta de bueyes á la ultima morada !
LEUA
¡ Dios mió! ¡ no me separe usted de mi madre ! ¡ mi madre regará sus manos con lágrimas dQ gratitud, le amará á usted ! . . • .
¡ Desventurada ! Tu madre se llama Genoveva, su padre es Bidarte ! ¡ Oh ! tú eres prenda de venganza para Solané !
¡ Solané ! no le calumnie usted ; es un hombre de Dios !
No ; yo soy, sí, el Adivino del Tandil, el Profeta: yo miento, yo fanatizo, esploto la ignorancia. ¡ No soy el hombre de Dios, sino el inspirado del infierno de la tierra !
Jesús !
El sacerdote también me rechazó, no levantó su voz en el pulpito contra mi inocencia escarnecida; no acompañó el cadáver de mi madre, no le llevó entre sus oraciones hasta el trono del Altísimo, porque el anatema
364 S0LAI9É
del Gobierno pesaba sobre la cabeza del hijo, y el Gobierno pagaba al sacerdote, el Gobierno era entonces el aliado del clero, puesto que era el protector asiduo del altar ; mientras que en otro tiempo, la palabra del sacerdote penetraba como un reptil en la conciencia de Solané, para en nombre de los derechos inviolables de la iglesia, lanzarlo como una furia sobre las urnas electorales. Ahora yo también invoco la religión, como la invoca el sacerdote ; invoco la libertad, como el Gobierno, la invoco como la invocan los sicofantas del periodismo y de los clubs. ¡ Es la farsa humana, en cuya orgía yo penetro escalando el muro, así como los convidados entran por la puerta disfrazados con el guante !
í Oh, madre mia!
¡ Genoveva ! .... yo bañaría en lágrimas tus plantas ; sería tu mas sumiso esclavo, si tú pudieras ser una esperanza para mí; pero, imposible, no quiero pensarlo siquiera ; me mataría un nuevo desengaño !
Dichos — Rodríguez y Burgos — Después la Mica
Entre la nieblina se columbran tres bultos á caballo
Los conozco. (Ap. — ¡Acabemos!)
(Con un ademan indica que se apoderen de Lelia y la lleve» por la derecha.)
ACTO PRIMERO 365
¡ Por piedad, señor ! ¡ señor ! . . . .
(Solaiié se ha cruzado de brazos, impasible, sombrío, rígido.)
¡ He dejado de ser un hombre !
(Rodrigaez y Burgos se adelantan para ejecutar las órdenes de So lañé. Lelia se retuerce de desesperación; cae de rodillas, abraza las de Solané, quien se mantiene imó?il, glacial y somlrío.)
¡Oh, Dios mió! ¡madre de mi corazón! ¡déjenme! ¡favor! ¡ piedad ! ¡ piedad !
(En el corro invisible de gauchos, cantan otra estrofa, al propio tiempo que Burgos y Rodríguez luchan por ahogar con los ponchos los gritos de Lema, que ha caido de rodillas.)
¡ hiflerno ! ¡ he recogido tu guante !
(Va á partir, pero al salir, se preséntala Mica ; lo arrastra alguno pasos con violencia, y, entonces, con un acento de súplica, que no carece de energía, le dice)
¿Qué vas á hacer?. . . .
(Tirándola de rodillas)
¡ Galla, infeliz ! dentro de una hora ella será acaso la única garantía de mi cabeza !
¡¡Ahü. . . .
(Rodríguez y Burgos se detienen, pidiendo al rostro deSolané nuevas órdenes.)
(Telón rápido)
FIN DEL CUADRO PRIMERO,
ACTO PRIHERO
(CUADRO SEGUNDO)
Se alza en el fondo la sierra del Tandil. En el centro de la misma 7 á un metro del nivel del antro, se abre en la roca un ancho tajo, cuyo vano es lóbrego y sobre el cual amenaza desplomarse, balanceándose y girando la piedra movediza. A travez del tajo, en los intervalos que marca el giratorio vaivén de la piedra, vése 4 la estrella Venus ascender difusa y rutilante. (La piedra movediza del Tandil se apoya sobre un cerro con solo dos puntas de su base, como por dos ejes invisibles, bastando la fuerza de un hombre ó del vienlo para imprimirla un movimiento de oscilación, el cual nunca es sino de Este á Oet-te. Dicho cerro está formado por otras gigantescas masas graníticas, creciendo de sus grietas algunos cardos, en cuyos vastagos caracolean enredaderas de anchas y aplomadas hojas. El cerro se recorta sobre un abismo de 140 pies de profundidad, y al Oeste se balancea la piedra sobre el precipicio, como engranándose en el tajo al hundirse en parte dentro de la oscura concavidad, de donde vuelve á levantarse acompasada y magestuosa, produciendo su movimiento oscilatorio. Las dimensiones de esta roca singular miden 8 varas de altura ; 18 de longitud y 6 de latitud, sumando un volumen de 216 varas cúbicas con el peso aproximado de 46.440 arrobas. Su figura es cónica, irregular, y la base, también cónica, sobre la cual descansa, es de solo 10 pulgadas de diámetro. Cuando sopla el viento sudoeste, la piedra se balancea semejante á la copa de un árbol No se ha encontrado aun la fuerza que sea capaz de romper el misterioso eslabón que la sostiene. Gomo se ve, este cuadro puede figurar, si se quiere, como una simple Mutación de acto, y continuar, por consiguiente, la acción del cuadro anterior )
A pocas varas del pié de la sierra, y entre las piedras desprendidas de la cima, se ve una veintena de familias, compuestas en parte de enfermos, que sobre cueros de vaca, yacen p la derecha delante de las. carretas que las han conducido. A la izquierda, cerca de un fogón deescaso fuego y en el cual se calienta una caldera y se ve un amador COD restos de carne, un corro dk gauchos atendiendo, como los mismos enfermos, los triuados de una guitarra pulsada por el Negro Un muchacho hace circular el mate ; y el guitarrero sorbe un sendo trago de la botella, que el gaucho del lado pone en sus labios, sin que se imterrumpa por consiguiente la música.
GAUCHO P
j Ah, Negro lindo ! si la hace hablar á la, pesctiezuda i Y ande diablos, Negrito, fuiste á atar tu caballo, que te has demorao tanto ? ¿ 6 fuiste á los ranchos ? Ah, negro, amigo, enamorao como él solo.
NEGRO
Es cierto. . . . como varón, claro que é tener mi quebraderos de cabeza. . . . Canta, pues, che! Y estoy haciendo una décima que principia ansí el prime pié :
A nque la ausencia me lleve derecho á la sepultura, has de encontrar que no muere quien bien ama con finura, y ansí verás queá tu acento renace otra vez la vida, volviéndose puro fuego mis despojos y cenizas. . . . porque también tiene el Negro dentro el cuerpo una alma viva.
ACTO PRIMERO 369
GUITARRERO
Ah, negrito de Qüenos Aires, si le hablan los güesos!
NEGRO
Compuesto lindo es el que le está haciendo el Payador al Profeta Solané ¡dá las doce en punto! ¿Se acuerda compae Juancho, de aquella vez que en la estancia é don Silva curó á mas de cuatrocientas personas? tamien eso sale en el compuesto. . . . Pero cómo no hae curar, amigo, si es casi como Dios? Y no recibe pa^a, sino pa la virgencita que lleva en el pescuezo ¿ qmen no se hace matar por él, si uno sabe que va derecho al cielo? ¡El Adivino !
¡Tata Dios!
Dichos y Solané, sin poncho y sin sombrero, como surgiendo de la piedra que sirve de dintel al tajo; trae en la mano un pliego de papel escrito. A su espalda se alza una gran llama de azufre; la PIEDRA MOVEDIZA, comieuza á girar sobre al abismo, cual si viniera ititencionahnente k aplastar á Solané, y que, al tocar sus cabellos, retrocediese respetuosamente. A todo este aparato de su aparición Ke mezcla por algunos segundos un ruido siniestro, producido en el fondo del abismo. A la aparición de Solané, cual si fuera á la de nn mensajero del cielo, el resorte de la superstición y del fanatismo, ponen de pié á los gauchos, y aun k los mismos enfermos, cayendo Inego de rodillas con \m manos alzadas hacia el Profeta. Los enfermos rebujados en sábanas y ponchos, como en sudarios, forman un grupo fantástico. Sucede un silencio religioso, que dura unos segundos, empleados por el Profeta, para dominar los grupos con su actitud y su mirada.
En nombre de Dios, tienen ustedes fe ?
3f70 . SOLAÑÉ
¡Sí! ¡Sí!
Creen que ese Dios inflaito, oculto en el fondo estrellado de los cielos, me envía con esta escritura sagrada (presentando el pliego), para curar las dolencias del cuerpo y salvar las almas religiosas, que los herejes masones contaminan, amparados por sus cómplices de frac y de entorchados ?
¡Sí! ¡Sí!
Dentro de cuatro soles, el 1. ^ de Enero de 1872, los cito á la plaza del Tandil, donde recibirán por mi boca las revelaciones del Altísimo. Dios los destinad ustedes á esterminar aquí á los herejes masones, y á sus cómplices, como en un tiempo los ángeles con sus espadas de fuego á los opresores del pueblo Israelita. Así es como los Papas han convertido en cenizas á los que negaron la infalibilidad de su palabra y de la Santa Biblia. En nombre de Dios, en nombre de la Iglesia, en nombre del Papa vengo á salvar al gaucho de las gar- \ ras de la tiranía y de la corrupción de la fe religiosa. Dios se ha condolido de la miserable condición de los hijos del campo, infelices desheredados de esta Pa- ;tria, emancipados con el sacrificio de sus padres y cons- ;tituida con la sangre de sus hijos ! La Patria ! tierra bendita, en cuya vasta extensión no ha conquistado aun él gaucho un pedazo de tierra, donde reclinar la cabera en la hora del sepulcro !
(GÓQ un mnrmallo de aprobación, y principiando & sobrexcitarse).
¡Ah! ¡ah!
Mientras en eáta República de siervos, el exlranije-
ACTO PIUMBRO 371
ro y los señores de capital gozaa de todas las comodidades en la enervación de la antigua fibra; y mientras su lujo vano crece á la par de su irritante orgullo, ustedes, despreciados gauchos, bástagos de los héroes dé la tradición, se ven forzados al inclemente servicio de frontera y de los cuerpos de línea. Os condenan á domar al salvaje del desierto; crueldad sobrehumana, porque la corona de la victoria la obtienen así á costa de la desnudez y del hambre del soldado, en la cruda intemperie del desierto.
(Con murmullos de un principio de cólera.]
¡Oh 1 ¡ oh ! . . . .
Por sobre el haz de esta gran República, grande, sin duda, por su historia, por sus leyes escritas; señalado cada palmo de tierra por un combate, poir una gloria, también por lágrimas y sangre en nombre de la libertad y del derecho ; si, por sobre el territorio de esta gran República, la fuerza y el abuso pasean sü ptendon de oprobio entre los sepulcros silenciosos del martifrio ! Para el jpueblo, para el gaucho, hijo también del Autor Supremo de los mundos, regenerado también por él en la Cruz del Góigota, no hay, no, una sola migíga de justicia; respecto de los pueblos, la Constitución solo existe para Buenos Aires; respecto de los ciudadanos, las garantías no se acuerdan sino á la casta de los cóptezanos de la civilización: un gaucho vive fuera de la comunidad: para él no se invoca la misma ley ; y sin embargo, la Constitución fué elaborada por el herofemo del pueblo, del gaucho; el gaucho queda igualado por la moral, cuyo legislador, que es Dios mismo, se aiza por sobre todos los potentados de la tierra, ^6r sobre todas sus avasalladoras pasiones, por sobre todas «us debiK-^ dades y miserias !
\ Sí ! I es verdad ! !
372 SOLANA
Hipócritas de la moral, corrompidos del saber, invocan á Dios, para ultrajarle; se ciñen la laureola de una ilustración artificial, para patentar su soberbia; coronan de flores la libertad del hombre, para inmolarla ! Cuando el gaucho, el. cuerpo acribillado de cicatrices, con el cabello emblanquecido y arrugado el rostro, regresa de los campos de batalla, no encuentra ya la hacienda ni el trigo, que le ofrecían el pan de la familia; ni el hogar, bajo cuyo alero trabajó la lanza del combate, para defender la libertad! la familia se ha disperso, y mucho es que el déspota no haya deshonrado á las hijas, no haya deshonrado á la esposa !
(Con rnjido de rabia.)
¡¡Oh!! ¡¡oh!!
Civilización de bayonetas y cadenas ! civilización liberticida y corruptora, amasada con injusticias impunes, encomiadas por periódicos versátiles y cínicos, vendidos al oro manchado del mercenario inconciente ó sin pudor; civilización fatal, trampa artificiosa, cuyas piezas maestras son gobernantes arbitrarios con los débiles, cobardes con los fuertes, sin noble carácter, sin elevada política; gobernantes cuyo único afán es prepararse un lecho de rosas, desde donde sin zozobras ni peligros puedan contemplar después, entre olas de sangre, á la sociedad que han precipitado en los horrores de la anarquía ! Pero yo encarnaré la revancha : yo me armaré ahora del látigo y les azotaré como ellos han azotado ! (Del fondo de la gruta le han alcanzado una bandera, de fajas blancas y rojas colocadas en sentido horizontaly enastada en una lanza) He aquí nuestra bandera ! será nuestra divisa; la religión nuestra ley; demandaremos diente por diente, ojo por ojo, á los he-
ACTO PRIMERO 373
rejes y á los opresores ! Dios alumbrará nuestro paso ell . ^ de Enero, terrible dia de la espiacion !
Dichos; Bidarte y Lasalle, por la derecha. Vistea traje decente, pero en desorden y cubierto del polvo del camino; calzan bota fina y traen látigo de montar; Lasalle muestra mas esmero en el traje; Bidarte ha olvidado el yaque, el chaleco y la corbata, y su camisa viene desprendida, percibiéndose bajo de ella una camiseta de seda. Los dichos personajes reconocen á Solané, cuyas últimas palabras han podido oir, y se quedan estupefactos, operándose luego en ellos una enérgica reacción, al verse objetos de injuriosos apostrofes.
¡ Ah ! ¡es vd. Bidarte ! el padre de Genoveva !
Vd. Lasalle, el que se unirá el 1.^ de Enero á esa hermosa viuda en la iglesia del Tandil ! ¡ Dos enemigos
de los jesuitas son pues, dos masones, enemigos de
la Iglesia, enemigos de Dios! ¡Protejidos por autoridades arbitrarias, son, pues, enemigos de los gauchos ! ¡ El cielo les pone, al fin, en mi camino ! ¡ Me buscaban ! Sí : el instinto de la conciencia le ha guiado á vd., Bidarte, á travez de las tinieblas, empujándolo hasta el asilo de la antigua víctima de sus persecuciones ! ¡ Bien ha comprendido vd,, que esta noche principian mis venganzas !
BIDARTÍJ
i Ah ! tu eres, impostor, el que acaba de perpetrar el
dtf4 SOIiANá
iiutttdJto cfimaD de arrancar una hija del lado dQ la madre ! Si yi^as á ésta, á dos pasos de aqui, en Haato anegados los ojos, cubierta el alma por el mas angustioso dolor.
[Áp. Genoveva aquí ! )
¿ Qué me importa de mí ? ¿ Lo ves ? No tiembla el anciano, y se mira en tus garras ! ¿ Para qué vivir, si has desolado mi hogar y le has cubierto de luto, tan bullicioso y alegre esta mañana ? Falso Profeta, que explotando la sencilla condición de esta gente honrada, la arrastras brutalmente en pos de tus groseras iroposturas!
i Extranjero hereje ! ¡ masón altanero, agente de artes niisteriosas ! ¿ no te basta haber labrado tu fortuna, bajo la bandera de nuestros sacrificios ?
¡ Sí ! nos acojemos á su sombra hospitalaria y gloriosa CQM Metras costumbres de trabajo, con los perfecciona^Bai^ntos d^ nuestras industrias. ¿ Pero, puede ser responsable el extranjero de los abusos y de los errores d^ lo3 naismos hombres y gobierno del país, si tratan como & extraños á sus propios hermanos ? Conozco tu propaganda, Solané ! ¡ Masones ! del elevado misterio, QQn que se rodqa tan augusta institución, inspirada en la santa caridad del apóstol, forjan la calumnia todos aquellos, que en el austero recinto de la conciencia, verdadero templo de Dios y verdadero código de sus dogmas, no le aman, por cierto, con mas fervorosa y mística adoración ! Si somos hombres ¿ por qué los despechados hipócritas nos escluyen de la divina eucaristía cuyo verbo palpita en todo el universo, como dentro de nuestro organismo, palpita el alma ?
ACTO PRIMERO 3J5
SOLAI0
?n nombre d^ la religión, mando que les acuchillen !.
(LojEi gjanclios han sacado á esta intimación sus facones! -^Genoyeya llega én esos tnomentos, habiendo podido escticbar 'la Orden saDCTientá del Adivino. — Al yer las intencione8 amenazantes de los gandíos; ie iñtotpoue entre éstos y las yictimas dtisignadásO
Dichos y Genoveva. (La actitud de esta, al presentarse, será llena de virilidad; la desesperación y el furor contraen sus hermt>- sas facciones; chispean sus ojos y críspanse sus pufios: semeja á una )éoná'<|ne defiende su presa; en sus pupilas se han secado las lágrimas; pero muestran su turbio rastro.)
(Mirando á la derecha.)
¡ Genoveva ! ¡ Infeliz !
(Presentándose.)
i ¡Padre!!....-. ¡Genio funesto! ¡Adivino maldito! Tú debias ser, no otro, solo tú quien acaba de arrebatarme á mi Lelia, á ella, luz de mis ojos, pedazo de mis entrañas ! ¡ Oh ! dónde está, dime, dónde ! devuélvela á mi seno, no tardes, soy su madre! ella es el objeto dé mis ansias, no puedo respirar sin ella ! ¡ Oh ! y callas, corazón duro, duro como estas rocas, que no se hunden bajo tus pies, que no se desploman sobre lu cabeza ! {A postrofanao á los gattchos.) Pero ustedes 1
I qué hacen ? por qué se prestan á las pasiones de este hombre vengativo? por qué no emplean esos puñales en
376 SOLANÉ
rescatar á mí Lelia, en vez de hacerse cómplices de los mas bárbaros atentados ? Me la ha robado ! ¿ ¡ No lo están oyendo ! ? ¡era mi amor, es mi hija, es mi vida ! ¿ Pero que no se encuentra aquí una sola mujer, que sienta lo que es ese entrañable, ese incomparable amor de madre? ¡Solané! ¡Solané! ¡Devuélvemela, por Dios ! ¡ quiero verla, quiero cubrirla de besos ! Todos callan ! ninguno me tiene compasión ! ¿ pero hasta qué punto el fanatismo ha podido ahogar el grito de la naturaleza, que repercute hasta en las fieras ! (Hamándolo) ¡Lelia! ¡Lelia!
¡Madre! ¡Madre! ¡Madre!
(Estos gritos de angustia los arroja Lelia desde el fondo del tajot revelando una sorda y desesperada lucha por desasirse de las maoos que la sujetan; el tercer grito, es lánguido y ahogado ;. al escuchai* Genoveva el primero, se ha lanzado hacia el tajo, y no pudiendo escalar la entrada por su elevación, pretende derribar la roca con frenéticos esfuerzos, la araña, se mece los cabellos, loca, convulsa, en una suprema agonía.)
¡ Me llama ! ¡ Hija mia ! ¡ hija de mi corazón !
SOLANB
Concluyan, pues, con esos masones y cómplices de nuestros verdugos!
¡ Malvados !
(Genoveva rescciona poderosamente, corre veloz y arrauca un puñal de manos de un gaucho y vuelve hacia Solané pretendiendo herirle — Al mismo tiempo los gauchos levantan los facones, los dirijen ¿Bidarte y Lassalle, pero se detienen al verá Gómez, qnc se presenta con soldados. )
Dichos y kl comandante Gombz, con Soldados de linea y Gauchos milicíaDOS de Policía, armados éstos á sable y aquéllos á fusil. Al aparecer Gómez, la Mica, escalando la roca, se coloca de un sajto y puñal en mano al lado de Solané, como la tigra que defiende sus cachorros.
(A los soldados]
¡ Apunten !
(Las armas se dirijen á Solané y la Mica; pero éstos no se turban; por el contrario, nunca Solané se manifestó mas dueño de si mismo, mas firme, ni su aspecto fué nunca mas impávido y altivo; tampoco la rabia brilló en ojo alguno con una expresión mas siniestra y aterradora. A la orden de mando de Gómez, rápidamente ha alzado á Lelia del fondo de la gruta, la cual desmayada cae á los pies de Solané, doblando éste una rodilla para sostener la cabeza de la joven. Solané arrebata el puñal de la Mica y lo levanta sobre la garganta de Lelia.
(Con sangriento y glacial sarcasmo)
¡ Hagan fliego ! . . . .
(Genoveva lanza un grito de angustia, que solo puede proferirlo una madre. Este grito supremo sobrecoje á todos é infunde doloroso espanto, ün instante después prorrumpe en dos estridentes carcajadas de loca, cuyo esfuerzo le ocasiona un fulminante desmayo.)
¡¡¡Ahü! ¡¡Já! ¡Já! ¡ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!
(Cae desmayada )
378 SOLANÉ
(La Mica ha caido de rodillas, abrazando suplicante las rodillas de Solané. Éste, impasible y xnagestuoso como la roca en medio del Océano, domina la escena.)
FIN DEL PRIMER ACTO Y CUADRO SEGÜIOM)
km mm
(CUADRO TERCERO)
Caui de Bidartei'^-'DorjuitOEio deLelia nqamente amuehlMlD: «1 lecho sin destender, ni aun desQorridQs.lQs. blfúscos o^tif^d|9f|) BpW, el almohadón nna corona de flores, ya marchitadas, casi secas, pues se supone que fueran arrancadas desde cuatro dias atrás; nna pila de agua bendita al lado. El resto del ajuar se encuentra en completo desorden. . . . algún mueble derribado. Sobre el velador arde una lámpara, al lado de un libro. Puerta al fondo y laterales; en el plano que chaflana el ángulo de la derecha, un balcón bajo, entreabierto. Son las dos de la mañana del 1®. de Enero de 1872. Al alzarse el telón, un reloj de campana anuncia esta hora.
La Chika entra por la derecha, de punttillas conduciendo un pocilio de chocolate, qne coloca sobre una mesita á cuyo efecto la pone de pié, pues se halla derribada, y htce lo propio con los otros muebles derribados. Después va á observar á la misma puerta de la izquierda, pasA á la del fondo, descorre cautek>aamente los ^aaajdores, antea á la piesia de la izquierda, vuelve á si^lir y^ de$t^&^eca por la derecha. En seguida Genoveva penetra l^ntjancientei ppt la iz/ quierda; muestra en su rostro y en 9us ojos los efectos de 1^ fiebre y dal insomoio; en sus miembros maniíiesta una intensa lasUod — Des-
j^utij! el i^ueao hi^ye de iw^ qjos; arde mi per^liM^o
380 SOLÁNÉ
como la lámpara de los sepulcros ! ¿ Por qué no perdí para siempre la razón ? ¿ por qué no morí entonces ? ¡ Mi Lelia ! la desolación y la tristeza reinan en el alma de tu madre! (Se acerca allecho, descorre las cortinas y lo contempla con melancólica ternura): Aun no te habías acostado, querida, cuando, hace cuatro noches, esos bárb^iros te arrebataron á tu nido, avecilla inocente. ( Tomando la corona y besándola) La corona está marchita: último emblema de los amores
de la madre! (Se inclina sobre el almohadón y lo
cubre de besos desesperados) ¡ Tú, hija mia, formabas mi única dicha ! ¡ Cuánto te amaba, ángel del hogar ! ¡ oh, qué horrible vacío !
GifiNovEVA y BiDARTE, éste por la derecha, quien contempla con profundo dolor á su hija caído los brazos y enlazadas las manos en signo de abatimiento — Genoveva ha sepultado su rostro en las almohadas) derramándose sobre ellas sns cabellos en desorden, presa de la mayor angustia.
(Ap. — ¡ Cómo en un instante puede acibararse el mas almibarado cáliz ? Ah ! Genoveva! resignada criatura, esposa mártir, madre infeliz ! No sé qué voz severa, desde lo mas recóndito del pecho me lanza un reproche en tu nombre, y, sin embargo, no han osado tus labios murmurar una queja. ¡ Ah ! la experiencia ¿ qué enseña la experiencia ? ¡ es una ciencia negativa ! el
cariño de padres nos ofusca, no nos deja leer el fondo del alma humana en nuestros hijos, ni prever el por-
ACTO SEGUNDO 381
vemr de otro modo, que por la faz grosera del bienestar sensible. Dsposa de un gaucho, ¿ no hubieras sido mas feliz, Genoveva? quién sabe! ¿con qué derecho te condené á arrastrar dentro de tu propio corazón la cadena del deber de esposa ? ¡ por qué te condené al vacío eterno del alma ! ¡ Na basta, no, para la dicha la has-
tiadora comodidad del lujo! Genoveva? no me
oye .... su alma debe ser en estos momentos un abismo de horrores ! Genoveva ? . . . .
(Eq esos momeutos se habrá iucorporado]
^Quién me llama ? Ah ! . . . . padre !
(Turbado y ansioso) ,
Quería besarte, mi Genoveva (La abraza y besa en la frente) Eres la verde yedra de este trondo, ya herido por el rayo, ... En esta noche. . . . que sé yo. ... nunca he pensado que el padre necesitara del perdón de la hija. . . . ¿ qué mas castigo ?
¡Oh ! que dice vd! (lo besa).
Nunca tus filiales besos me calentaron con mas dulce fricción que ahora ! tu alma es magnánima y bondadosa, hija mia ! En mi inquieto espíritu, en mi atribulado corazón están pasando cosas singulares ; ha sido bastante un solo relámpago en mi conciencia para adquirir toda la filosofía celeste del corazón humano y la clave de la felicidad en la tierra ....
Pero qué voy á perdonar al mas bueno de los padres ? ¡ si nunca un padre hace mal al hijo !
Te engañas el padre, aunque sin mala fe, suele
convertirse en instrumento de fatales preocupaciones,
3Í^ SÓLANÉ
rélígiósais ó íociates, y sacrifica á esos fántetótiiás lo dm- 00 que de tea\ y verdadero teiste : ^1 ainóp, el hi)gíar, Vbl dicha d^l altosi.
Destiert^ Vd. esas cavilaciones, padre adorado !
Es que yo quisiera compensarte . . . entiéndeme Genoveva .... ya no tengo orgullo de clase, ni de riqueza, ni de eso que llaman el puntillo de honor. ... te amo ahora con todo el puro amor de la naturaleza, con todo el amor que conservo á tu madre, la cual me escucha desde la mansión de los bienaventurados .... Mis riquezas, mi saber mal dirijo, mi presunción aristocrática ¿deque te han servido? crei prepararte un
lecho dfe to%mj ^¡ cáadldo dfe mí ! y ftífrdfe espiníais ! ¡»La úitiní^ ^tá dé^gáilrandó tus entrañas démadte !
i Oh !
Te ofrezco mi sangre; vengo á renunciar ante las ruinas de tus altares mis locas ideas, mi fatuidad altiva ; quiero ser el instrumento servil de tu felicidad
¡ Padre, calle vd. !
Escucha : Lasalle se encuentra aqui es Duestro hués, ped, es mi socio; lia sido y es mi amigo, casi tm bermano .... tú le has aceptado para esposo . . . pero "también aceptastes al priiíiéró libremente, nada me digas, tib supongo ñladía, si lo iaceptas, por solo obédécei^íote ó no ... . pero sabe, Genoveva que el dedo dte'D5os rtíeia tocado cuando iba á dormirme; salto del lecho, y creyendo vencidos l<^ párpados por el dolor y la debilidad, venía á decirte €n un beso todo esto, que te lo fepitíria
ACTO ^ÉOUNDO ^fó
íhañana; no, nunúá i^ ipéntlrá Ib tiüe la cóncifeñciSinos dicfe enlós ínomehtbssbleniQfes, en'qué eíTiíidó d'eiá^ ;^asibnés é iatéreses de 1^ vida fefe at)'a^án arítelk Vdz augusta dfe lo' eterno. Yo le diré á Lasallfe : fiennranb : vóljuiéro'ser en adelante un pádré partí' faüGeácT^e^v^... tengo si, tengo remoMimlento !. . . .
GBNÓVUVA
i Señor I
BIDARfE
Claro .•.. ají fin lo ^ientQ y lo quiero:^ «Élpadíé, continuaré didéndóíe á Lasalle, debe ser tbiib'amqr'paía los hijos; debe ser un permanente sacrillcio,' y yo nia's bien he sido el verdugo de (Jenoveva, • . . »
¡ Calle vd. !
(Besa con efasion sus maiiOs.}
'BIDAKTE
Le difé también : * « Yo' no quiero Va que 'Se dase • . . no te amia, Lasálle . . • y nie he pró^üestb qtfe fei aóia . • .
.porque. ... es natural 'llegarás 4 am'ár.. . . realícfe
übreinénte su aspiración. . . . anhelo la iniañita yé¿tura de bendecir al objeto de su dióhja. . . . áunq^iie sea. . . lin gaucho. . . . ¿qué importa, á|i elfa'le aína ?. . . . Yo servirla de Hinojos, á ese gaucho... . lüé levantaría temprano para bir k campanilla, servirle el mateen el lecho^ yo en persona de pié y sin pestañear, ^teh'diénté d<e su sonrisa ó de su ceno, coih'o el esclavo ante su 'señor.
¡ No siga vd.,' padre, el mas huetó, él itías 'solicitó de los corazones ! ¡ Dios le abre ya su eterna* grada !
iBIDARtíJ
\ Ah, tu me has comprendido y me perdonaras ! Por fuerza : eres madre ! sabes bien lo qtre uno es capaz de
384 SOLANÉ
hacer por los hijos, cuando logra desasirse de esa transitoria fantasmagoría, que se llama el mundo de fuera del hogar, de fuera de los íntimos afectos. Bueno ! te debo la última felicidad; ¡ qué felicidad y en qué momentos ! No temas por Lelia, Genoveva: el comandante Gómez me aseguró que Solané no se atreverá á tocarla en un cabello, porque sería atraerse la persecución á muerte : la vida de Lelia es la garantía de su reconciliación con la autoridad Se le harán proposiciones, se le dará todo lo que quiera por Lelia : el juez mismo sobreserá en las causas criminales que le han jpromovidó los deudos de sus víctimas : á mayores criminales de la ciudad se les ha absuelto : todo es cuestión de formas y considerandos ....
¡ Oh ! pero cuánto tardan esos hombres !
BIDARTG
En ello se anda, hija mia: hace unas horas que Gómez ha llegado á esta sierra; dejó allí acampada su gente y pasó al pueblo á conferenciar con el Juez de
Paz ya sabes que una palabra de los Jueces de Paz
es obedecida en toda la campaña, como si fuese un okase del czar de Rusia....... Pero acuéstate; ayer se pudo
recien cortar la fiebre delirante que te ha postrado
por si estabas despierta, te mandé un pocilio de chocolate no lo has tomado acuéstate, Genoveva! yo
espero solo el dia, para ir al Tandil á conferenciar con el Juez de Paz y con el comandante Gómez. Te dejo ¿vas á acostarte, mi buena Genoveva ?
Lo haré, padre mió pero vd. también necesita
restaurar sus fuerzas .
(Riendo con pueril satisfacción.)
De qué peso me he aligerado ! soy un joven ! Ora
ACTO SEGUNDO 385
tengo seguridad que Lelia volverá á su casa antes de dos dias; y entonces ya se, ya se cómo ha de principiar nuestra nueva existencia: tú serás una reina en
esta casa de vasallos no me quites el gusto de ser
tu mayordomo. (Se han abracado en la puerta: Ge-- noveva besa la cabeza encanecida de su padre; éste ha salidOy pero vuelve, y con voz confidencial, llena d^ solicitud y fe, llorando de alegría, pero un tanto medroso, le dice:) Sí amas á Solané
Digo
¡ Ha querido matar á vd. ese monstruo y á mi Lelia !
No, es que á él también le amenazaban con la muerte Te decia por si ya sabes. aunque sea un
negro.
(Se va predpítadameiite. Genoveva m desploma en un siUon, llorando amargamente.)
GeiíOVKTA 7 SoLAKiÉ. (Trae el poncho envuelto en el brazo, y el sombrero ostenta una divisa de fajas coloradas y blancas, horixontales. Abre la puerta exterior y observa. El respaldo del sillón y la aetitnd encojida que ba tomado aquélla no le permiten verla; se dirije de puntillas basta el dintel de la puerta de la izquierda, que se supone da al dormitorio de Genoveva: pero la exclamadon de ésta
886 SOLANÉ
lo detiene, lo enclava en el sitio; vuelve el cuerpo h^cia Genoveva 7 exhala nn ! Ah! de sorpresa, ahogado, como proferido dentro de su pecho, 7 con acento de sangrienta satisfacción. Bi se me permite la frase, esa exclamación será beniejaiit«k al rujido prolongado y re* cdfidilo del oleaje, al chocar en las rocas de playas distantes y solitarias.)
(Con ahogada angustia.)
¡ Mi Lelia ! ¡ Mi Lelia !
(Exhalando el mencionado ¡ah!)
{Ap. — ¡Ah! ¡ella! Entro á mi última jornada ! ¡ Cuan digno del hombre es luchar contra el
destino !)
(Genoveva se levanta dirijiéndose á su dormilorío.)
Habrá huido con ella el carnicero, * para devorar su presa en el desierto ! {Al lleaar á JSolané, y retrocediendo espantada) ¡¡Jesús!!
(Siguiéndola.)
¡ Silencio ! mi presa eres tú ! Yo no puedo huir
de donde vive Genoveva. Tu me pueblas de flores el desierto, embalsamas el aire que respiro, te esculpes á mis ojos en el lienzo de este infinito solemne de la pampa; y hasta desde el abismo de mis horrores, escucho como una dulce música, tus acentos !
¡ Habíame de mi Lelia !
¡ Tu Lelia ! símbolo viviente de un recuerdo impío! i Lelia ! mortal objeto de mis celos, de mi rabiosa desesperación !
ACTO SEGUNDO 387
i Pero por qué tanta barbarie, Solané ?
¡Tiende la vista al pasado ! Yo contaba apenas veintitrés años : tengo ya cuarenta, han trascurrido diecisiete anos I Aquel gaucho era capaz de descifrar la clave de las bellezas del espacio, las de ese otro mundo, mas sublime que ninguno : el alma de la mujer !
¡ TÚ !^...
¡ Ah ! ¡ cómo no pudistes adivinarlo, si leistes mi amor! Recien parece que despiertas á la luz de La filosofía ! Lo comprendo : su santuario solo se abre al rico por la ruda mano de un infortunio ! ¡ Tú no habías experimentado aun ningún dolor !
Mi edad
¡ Te vi ! era en esta misma alcoba^... veraneaban
los que gastan coche y tienen fastuosas quintas, al lado del rancho pajizo del gaucho. Guillermo, tu esposo, tres meses después, te servia de caballero. Tu sabes quién era ese Narciso de la moda !
No insultes su memoria.
¡ Oh ! has de escucharme; y en esta noche tremenda he de también encontrarte dispuesta á la verdad, Genoveva: tú no podrás mentirme : la mentira es glacial y calculadora, óyeme : Guillermo era el prototipo de esa juventud afeminada de las capitales; vestia por el patrón de la última moda, trasmitida desde París por tel^afo;
388 SOLA.NÉ
se pegaba el cabello sobre la frente, formando las ondas artificiales de las mujeres vacías. Ese corazón sin jugo para el mejoramiento social, se gastaba en los banquetes y las orgías, donde se devoran los millones, que la chalanería al servicio del egoísmo adquiere, mientras las artes, las letras argentinas, en los teatros y en las calles, mendigan inútilmente un mendrugo de consideración ! Guillermo era opulento, pero cobarde ; incapaz de tomar un fusil en las horas de conflicto para la hbertad: Guillermo era la degradación de la raza de San Martin ! Cuando un pueblo hermano lanzaba desde un punto á otro de la República su grito de agonía bajo la garra del poder, GuiUermo corría á acabar de enervar su espíritu y empalidecer su alma, indiferente entre las arias de «Traviata». Yo ignoraba los proyectos de tu padi'e con Guillermo; no los hubiera tratado de inquirir ! Yo no era un grosero ignorante; habia leido,
tenia la intuición de la personalidad humana, enaltecida por la inteligencia en armonía con el sentimiento de la dignidad: luchaba sobre los libros, para arrancarme á mi oscura condición, por el triple esfuerzo del trabajo, del saber y del sacrificio
¡Y tú eras ese!
Sí, aquel gaucho ! y tó encarnabas para mi la civilización por el amor ! Escucha toda la verdad : Una noche fui llamado precipitadamente á la cabecera de tu lecho, donde agonizabas. Tu padre se dijo, sin duda: «el curandero sirve de algo en la desesperación de la ciencia.» La pampa me habia dejado sorprender el secreto medicinal de sus vegetales, al lado de mi esperimentado padre, un gaucho también, sinembargo. Eran las tres de la mañana, como ahora : los rojizos resplandores de una lámpara encerrada en su globo de cristal se mezclaban á los internos reflejos, mas suaves y mas fantásticos, desprendidos de la misteriosa lámpara de tu
ACTO SEGUNDO 389
alma. ¡Qué hermosa te esculpistes en mi retina, b£go la mórbida languidez de tu desnaayo ! Desde tu frente, blanca como la nieve, donde la inocencia y la gracia habían depositado su beso esquisito, descendían iml bucles por tu cuello de cisne, y se derramaban por la almohada de batista ¡ sus ondas respiraban amor !
¡ Oh ! yo te amé, Genoveva^ mi virgen soñada ! yo sentí por vez primera las inmaciiladas dichas de un amor sublime !
(Con fuego amoroso, pero con cierta severidad manifestada.)
¡ Ah ! no lo negaré, no : en los dias que siguieron, yo veia en la frente espléndida y magnífica del joven gaucho fulgurar una laureola celeste el genio reverve-
raba en tus ojosj el fuego del corazón se estendia como una llama por tu rostro, Solané. Me sentia otra mujer. una vaguedad indefinible, pero dulce, caracterizaba mis pensamientos, que como el primer culto al hombre, se levantaban tenazmente hasta lo divino !
SOLAIÍÉ
¡ Y sinembargo ! Tu padre leyó, adivinó el oculto hechizo que se habia apoderado de mi alma !
Adivinó también el secreto de mi corazón, página aun cerrada para mí misma, porque yo ignoraba el sentido de esa palabra que es un poema: ¡ amor ! ¡ incomparable amor !
¡ Tu padre me despidió con inaudita crueldad !
¡Si lo hubieras escuchado hace un momento L..
Me persiguió los Jueces de Paz, los Jefes militares me declararon su presa; tuve que expatriarme, huí,
390 SOLAMé
como un paria, como ua maldito ! Con todo ; el recuerdo de Genoveva era bastante para alimentar la llama de mi cerebro, para sostener mi voluntad : tú eras mi genio, mi ley, mi esperaoza, mi regeneración ! |.Por qué te casastes, Genoveva ?
(Con fe, ternura, amor profundo y remordimiento.)
¡ Ah ! yo hubiera sido todo para tí ! yo sé ahora cuánto hubiera podido conq[uistar aquel gaucho, alzado por la sociedad hasta sus altares ! Pero, yo no habia cumplido aun diecisiete años ! la falsa vanidad del saber y el torpe orgullo de la fortuna luchaban débilmente con las preocupaciones del mundo; y mi padre^ sano corazón, pero débil, tampoco pudo romper la dictadura de las costumbres, para conceder al gaucho las prerogativas, que á todo ser humano acuerda la natur¿úez£u
Me arrojaron del seno de la sociedad, como á una fiera salvaje !
Sí, lo creo, no te volví á ver. Me hicieron avergonzar y hasta horrorizarme del chiripá el aturdimiento
del mundo acabó de borrar las enérgicas líneas de tu rostro en el flotante lienzo de mi imaginación juvenil ! ¡ Qué aberración !
¡Ah! pero tú conocistes el banal superflcialismo de ese mundo sin elevadas ideas,, que así destruye las alianzas naturales de los mas nobles afectos !
¡Sí í demasiado tarde ! ¡ Ah ! si te hubiera encontrado cuando fui libre, cuando me llegó la hora de la espe-
rieneia ! Alguna vez, te lo declaro, mi pensamiento,
como una lágrima ai calor de un beso, se ha dihiido en
ACTO SEKHTlffDO 391'
fajas de lius sobre los horizontes de la pampa, y entices, tu recuerdo, dulce, melaacólico
¡Habla, Genoveva! ^Habíame asi, vida mi^
Pero. . . ¡Oh Dios! . . . reapareces, Solano ¿qué veo entonces de ese ideal de mis diecisiete años? ¡Un monstruo!
(Desesperado, irritado.)
¡ Vuelves á irritarte ! ¡ Dios mió ! ¿ Pero cómo no ser un monstruo ? . . Me han cerrado todas las puertas^ Genoveva ! Corrí desesperado á Buenos Aires en demanda' de justicia, y me esplotaron los procuradores y los es:- críbanos; me desoyeron los Jueces. . . las influencias de.tu padre concitadas sobre mí cabeza me envolvieron, me ahogaron ! . . Sin recursos ya, durmiendo sobre los establos inmundos de las caballerizas, pretendí apelar á la opinicMi pública, y en vez de apóstoles, en la prensa encontré mercaderes ! . . Apelé á otros potentados, y después de gastar seis meses la silla del portero me despidieron, con glacial laconismo. Salí de la dudatL Desde la última altura en que se divisaban las cúpulas católicas^ no derramé, no, las cobardes lágrimas de Boadil: en nombre de la raza argentina, lancé mi maldición y mi venganza á ese hervidero de gusanos, que dejaba á mi espalda, devorándose unos con otros en su propio fango! El gaucho ya no poseía hogar, nifamir lia, ni nombre, ni honra. . . ni sepultura, en la tierra de sus abuelos ! Huí á Elntre-Rios, á Santa*-Fé, á txyáaoñ las Provincias, en todas partes el gaucho era ciervo de la clase vencedora. ¡ En qué abismo de sombras se su*- mergió mi conciencia ! Sinembargo, aun me sentí graade,. Genoveva: como Jesucristo llevaba resignado la cruz de mi infortunio al hombro; el Satanás de esta dvilizacion cruel no me había deslumhrado, el vértigo del cri-
392 SOLANÉ
men no se habia apoderado aun de mi cabeza Soñé
en ser un reformador social, ensanchando mis lecturas, prolongando mis meditaciones, retemplando mi corazón y mi espíritu en la austeridad y el dolor. Con el entusiasmo de la revelación pongo en manos de un politico mi secreto, y el político me explota para sus miras electorales: al subir sobre mis hombros, no me deja caer siquiera una mirada desde el último escalón de su encumbramiento.
¡ Infeliz !
Los pueblos continuaron siempre oprimidos, degradado siempre el hombre, el sacerdocio sin austeras prácticas, lleno de odios y venganzas hacia los apóstoles del libre pensamiento, disputando al mundo profano el mando y el poder de los antiguos Césares. . . por doquiera la cínica ó hipócrita chalanería en la feria de las ambiciones ¡ Ya ves ! todas las puertas cerradas para el verdadero apóstol ! ¡ y por segunda vez y para siempre cerráronme el cielo de Genoveva, hacia donde intentaba levantar su vuelo el desheredado de la tierra. Una mujer, un ángel, me seguia á todas partes, y no podia amarla ! ¡ Desgraciada ! ¡ Desgraciado yo, que le miento amor ! La fiebre, el delirio se apoderaron de todo mi ser; entonces me quise alzar caudillo, de cualquier modo; imponerme por cualquier medio á esa sociedad que repudiaba en mí los títulos de la verdad y de la virtud. Mi amor para tí, Genoveva, creció tanto como mi odio á la sociedad, y como mi excepticismo en religión. . . ¡ Te horrorizas ! . . . Corrí á la campaña: el ser que yo habia querido regenerar y cuya historia era mi historia, el gaucho, se encontraba, como siempre, humillado, embrutecido por el fanatismo y la ignorancia: cobarde como clase contra los prepotentes de las altas esferas. Me disfracé entonces con todas las máscaras sociales; echó mano de todos los vicios de la aris-
ACTO SBOONDO 39&
DO, coas caminos de regeneración ante Dios, ya que ante los hombres es imposible rehabilitarte !
[Con impotente desesperación]
¡Pero, solo! ¡solo! Acomp^ame, Genoveva, amor mió; fuente de mi salvación !
¡ Imposible ! ¡ Huir contigo, Solané, que has hecho sufrir á mi Lelia, á la mas celestial de las criaturas !
SOLANK
¡Lelia! ¡ condenaci<Ki !
¡ He tenido miedo de volverte á interrogar sobre su
destino !
¡ Tiene también tu sangre !
¡Habla!
¡ Vive !
(Genoveva, íreiiétíca de alegría, cabré de besos delirantes tas manos de Solanéu)
( EJecntaado. }
¡LeUavive! ¡Oh! Solané, hombre bendito: ¡gracias !...^ esta mano teñida en sangre es digna de ms besos ! esta frente circundada aun por la fúnebre laa« reola del genio en sus estravíos, es digna del arcángel ! ¡ Devuélveme á mi Lelta, Solané ! en este instante te amo con pasión, Solané ¡ eres mi hombre soñado ! ja meló confieso, iosíenio ¡ te amo, Solanéy eondbod»- rameóte la f^iddad en tu recuerdo! Mira: nanea be
396 SOLANÉ
amado, jamas, sino á Solané, y en este momento recibo de tí la revelación de las mas bellas delicias, de las mas dulces frucciones del alma ! Dame á mi Lelia, Solané, hombre divino !
¡ Genoveva ! luz del cielo descendida sobre la densa oscuridad de mi cerebro; acompáñame, mujer incomparable !
¡ No; eso no puede ser ! Pero te amo ¡ No me arrebates esta dicha de amarte ! ¡ Sí, reconcilíate con tu Genoveva; dame, pues, á mi LeUa ! ¡ Quiero amarte Solané; no te conviertas de nuevo en un criminal, como aquella noche horrible !
¡Sagrando! huye, déjame y ámame! Las brisas confundirán nuestras recónditas palpitaciones al travez del
desierto de las pampas, y un dia, allá en el trono
de Dios, purificado Solané de sus errores, se darán nuestras almas el beso infinito y eterno !
¡ Quisiera tener el valor bastante para matarme ahora ! Pero, soy, sin duda, un cobarde, puesto que no me despojo con mi puñal de esta existencia, que tu maldición levanta como una barrera entre los dos ! Pero dentro de mis venas bulle la sangre en tumultuoso oleaje.... me faltan fuerzas para renunciar á tí . . . . ¡me seguirás, Genoveva ! ¡ me seguirás 1
¡Oh, Dios mió! alúmbrale! ¡Ahogando contuobsecacion este dulce sentimiento, que has vuelto á despertar en mi seno, me conviertes en la mas desgracia-
ACTO SEGUNDO 397
da délas mujeres ! ¡ Seria tu última barbarie, tu crueldad mas refinada y satánica !
¡No!
GBNOVJBVA (Cayendo de rodillas)
¡ Te pido la dicha de rodillas !
¡Me exijes que viva en el infierno ! ¡ No ! no, sigúeme : no concibo sino tu amor ó la muerte !
i Ah ! no eres capas de regenerarte, y la regeneración la encontrarlas, sinembargo, en tu propia voluntad! i has vencido al mundo, y te muestras impotente contra tí mismo : de un hombre te has convertido en un insecto ! Bien, mátame ! Pero, Lelia ! ¡ Oh ! respeta á mi hija!
i Mira ! . . . .
(Solané se precipita á la paerta del fondo y la abre de par en par; Genoveva le sigue y hande sus ojos en las tinieblas del exterior.)
¡Ella es!
(Quiere lanzarse fuera y Solané la ase de un braxo y la vuelve al centro déla habitación.)
¡ Su existencia me pertenece !
¡ Monstruo ! si es inverosímil tanta crueldad 1
S9S SOLANÉ
SOLAIÍÉ
Soy el fruto maldito de esa civilización, que ha seducido tu propio corazón, Genoveva !
¡ Hombre misero I has podido no caer; y si caias, has podido levantarte con la frente inmaculada y el corazón sin odios, porque para la victoria Dios te concedió un rayo de su divinidad !
¡ Gomo he de creer en tu Dios !
¡ Sacrilego !
¡ Huyamos y creeré en él !
i Oh ! no ! j Compadécete ! (Sólané da un éiBnio en Ui puerta) \ ¿ qué haces ? ! Solané ! ! j Solané ! !
(Al sllbí4o bcín coatiestado rumores siniesikros de gente arpada) qne se entrega con sorda vocería al pillaje, alejándose graduakaeote hacia el fondo: mézclanse detonaciones de revólver y carabinas. Solané se torna siniestro y sombrío.)
SOLANÉ I
i * Escucha : ¡ Es la madrugada del fz de Enero; es la
hora tremenda de mi destino ! Ese rumor es de las turbas inconcientes que me siguen : la sociedad las ha dejado brutales torrentes á disposición de todas las aventuras, y yo me apodero de ellas y las derramo sobre la sociedad como una náucea ! El incendio, el saqueo, la matanza serán mi botín. Esto es lo que los gobiernos hacen contra la libertad, esclavizando á las turbas: eso también haré yo contra el gobierno! Mirai
(A poca difltancia, en el fondo solevanta un incendio, á cuya rojiza luz, á lo lejos, sf" percibe oonfitso el pueblo del Tandil, y gente armada qne se entiega al saqueo. Cerca de la puerta se ve á Lelia, de rodillas^ Armada, entre un grupo de gauchos con divisas, como las de Solané.)
ACTO aosGruNDo 998
GENOTBVA
i Dios ! ¡ Lelia allí ! ¡ horror !
Penetran en la habitación el Negro, Burgos y líédfíigtt^li, tfej^jdos de dos bandidos mas, armados de fkcones Al mismo tiempo, por la puerta de la derecha, Bidarte y Lassalle.)
Dichos y Bidarte, Lasalle, el Negro Rodríguez, Btjroos y dos gauchos — Después el Comandaste Gombz, con soldados armados.
¡ Soiané ! ¡ qué haces !
SOLANB (A los bandidos.)
¡ Que no escapen esta vez !
(Bidarte y Lasalle huyen sefl^uidos de los asesinos, desapareciendo por la izquierda.)
¡Padre mió! ¡Soiané! ¡que se detengan! ¡te seguiré!
(Gritando para detener á los sicarios)
i Negro ! Burgos !
(Se oyen dos gritos de agonía, que parten del interior.)
¡ ¡ Los han asesinado ! !
(Cae de rodillas cubriéndose el rostro con horror)
(Fuera)
t Soldados, aqui !
(Frío)
{Ap.^l No quiero escapar: he llegado al Grólgola!)
GOMBZ (Entrando, álo8 soldados]
(IrguíüDdose irritada é imponente]
¡ ¡ Justicia del cielo I !
FIN DEL ACTO SEGUNDO, Y CUADRO TERCERO
(CUADRO CUARTO)
Prisión en el pueblo del Tandil: Ventana con reja al fondo, comunicando con el exterior, y puertas laterales. — Üu banco sucio de pino: sobre el bauco un jarro de lata con agaa, y en un plato del mismo metal un pedazq de carne cocida, que no se ha tocado. Al lado de lavettana y á la altura de un hombre, pende déla pared un crucifijo. A guisa de cama, i^e ve un cuero de vaca tendido en el suelo Una vela de sebo, colocada en una botella, alnmbra escasamente un ángulo de la habitación. — Es media noche.
UoDuKJUKz, Burgos y el Negro — Los dos primeros trsen sobre los hombros recados de montar, pobres é incompletos, no faltando el cuero de carnero; — el tercero, una guitarra á la espalda. Las ropas están desgarradas y cubiertas de sangre. Su aspecto revela aquella resignación tranquila y satisfecha, que proviene de haber hecho todo lo humanamente posible por vencer á un ser superior, que se llama 'Destino» entre la gente ignorante.
(Entrnndo con los demás y señalando la prisión de la izquierda.)
En esa otra prisiou nos dijieron que entráramos.
402 SOLANÉ
Al fln nos tapó la batea (1).
EL NEGRO
Cuando nos traían amarraos sobre los mancarrones compuse este pié de décima :
Dende el vientre de la madre
es el sino del varón
sufrir las penalidades,
que le impuso el mismo Dios;
y ansí es en vano que el hombre
se oponga al rudo destino
con ciega temeridad,
pues, como dicen los curas :
en la tierra no obra el hombre
sin divina voluntad.
¡Hablas lindo, Negrito ! Y sino, vea, amigo, cómo no ha caido Solané en manos de la justicia; y si cayera, lo que Dios no permita, la Mica tiene vara alta con el oficial, aquel á quien le dio una cachetada, porque le proponía que lo dejara á Solané pa ser su querida.
Asegun, amigo Rodríguez ; porque quizá el oficial ese sea el peor cuchillo para Solané, á fln de que viéndose sola la Mica, caiga en sus garras.
el negro
Güeno ; si á Solané lo toman, su destino lo habrá querío. Dejemos correr la bola y vamos á desechai' penas en la guitarra, antes que nos fusilen, lo cual no nae pasar de mañana.
rSe encaminan á la prisión de la izquierda, y se detienen, para ver entrar á la Mica. )
^1) Es decir: Al fin caímos á los golpes del destino.
Dichos y la Mica— Finalmente un Soldado.
(EíTtfa desesperada, con los vestidos en deSi^rden.)
¡ Amigos ! han tomado á Gerónimo !
¡Que el diablo me lleve, si no se ha entrégao él mismo!
EL NEGRO
i Segurito! lo van á matar.
Hace tres dias que lo apresaron, y ya no me cabe duda que le reservan el banquillo. Su mas encarnizado enemigo es el oficial, cuyo Ubertinaje castigué en el rostro. ¡ Oh ! he tenido que ofrecerá ese infame, que esta noche sería suya, á condición de que me permitiera re unirme á ustedes, para averiguarles el sitio donde guardaron un supuesto dinero.
De lo lindo !
(Alegre.) BURGOS y EL NEGRO
¡ Ya lo creo 1
404 SOLANé
Escuchen : Esta es la prisión que va á servir de capilla á Solané, y esa otra es la pieza donde permanecerán ustedes, mientras levantan el farsáico sumario, que los conducirá también á la muerte
Bien lo sabemos; pero queríamos que se salvase Solané.
Se salvará, si obramos con prudencia. Pongan atención : el cuerpo de guardia, mandado por el oficial, se encuentra en esa puerta de la derecha, cuya entrada tengo libre. La prisión de ustedes no tiene ninguna comunicación al exterior ; pero, en estos momentos, un soldado amigo trabaja una abertura en el embarrado ; apenas esté concluida, irá á traer tres puñales.... Cuando ustedes los tengan, el Negro cantará una décima en la guitarra, no solo para avisármelo, sino también para alejar toda sospecha. Yo me' encontraré entonces aquí, con Solané ; abriré la puerta con la llave, que habré extraido con tal objeto del bolsillo del oficial; entonces ustedes se precipitan á este cuarto, y todos acometemos á la guardia, puñal en mano.
¡ Vale un Perú la Entreriana !
¿ Y no seria posible alejar al oficial en ese momento (
(Con ironía terrible.)
Media hora antes debo ir á su habitación : estaremos
solos, las cortinas del lecho nos cubrirán ¡Que Dios
tenga piedad del libertino !
EL NEGRO
¡ Mujer linda !
ACTO TERCERO 405
La guardia me cree ya la querida del oficial, y no tendré obstáculos en mi proyecto. Tengo listos los caballos para huir : el destinado á Solané es un rayo. No intenten hablar con Gerónimo; yo misma no lo vferé hasta el último momento. El comandante Gómez debe venir esta noche á interrogarle; y sobre todo, conviene alejar toda sospecha. Adiós : serenidad y valor: la noche es tempestuosa y favorece el golpe.
(Con fe faiintica.)
Uende que Dios lo quiere asi, hemos de salvarnos, matando á cuantos se opongan á nuestro paso ! {La Mica se va.)
Es también por defender la religión contra los masones, que nos vemos en este trance. Ya verán esos herejes, que hablan contra los sacerdotes y ni van á confesarse !
(Eutran á la prisión de la izquierda. 8e ven algunos' reláuipagoa á travez de la ventana, y se oye un trueno lejano. — ün soliudo atraviesa el cuarto, cierra la puerta de la prisión de aquéllos y vuelve ¿ desaparecer por la derecha.)
SaLANÉ, conjsrrillos en los pies y conducido por dos Soldados. Entra por la derecha y se tiende indiferente sobre el cuero. Los soldados se van. Solané apoya indolentemente la cabeza sobre la mano y se entrega á una sombría y profunda meditación; su semblante es hosco y siniestro, surcado por algunas arrugas; sus cabellos han encanecido casi completamente, campea en la fisonomía de este extra-
406 soLAi^é
ño perHüDHJe la soberaua energía que le ciiracleriza, solo que, eu la 8¡tuaciou que atraviena, su magestudá la vez que ñerajr espantable, lio inspira odio ni repugnancia: admira y conmueve. El Gomandaktk (lOMEZ y un Sacekdotb penetran en la prisión.
(Al sacerdote.)
Con no poco trabajo he logrado contenerá los parientes y amigos de las víctimas, que intentaban asaltar esta prisión. ¡Pobre madre! cumplamos sus legítimos deseos de saber el fin, que el falso Tata Dios ha impuesto á su hija : me espera en la otra pieza entregada á todos los horrores de la angustia. ¡ Magnánima mujer ! era la única que se oponía á tomar venganza sangrienta del malvado impostor. ¿ Dormirá ? Desde la terrible madrugada en que le prendí, hace ocho dia, este hombre de fierro no ha pegado los ojos su rostro se ha llenado de arrugas, y sus cabellos han encanecido ¡ treraepdo fenómeno de la naturaleza humana! Sinembarjgfo, su espíritu de acero conserva todo su temple y energía !
SOLANK
Estoy pronto.
No, no venimos en busca de tu vida, al contrario, el sacerdote y el funcionario te brindan un medio de salvación.
No la necesito ya; por eso me he dejado prender.
Dícese que tienes cómplices de alta gerarquía.
SOLAltó
¡La delación, jamas !.... Bien sé yo que esta debilidad de las almas miserables es hoy justificada y aun esti-
ACTO TERCERO 407
mulada y pagada oficialmente, como una industria cualquiera de trabajo: Jo sé: la cabeza de los argentinos se pone hoy á precio, como en la época del feudalismo la de los bandoleros, y la recompensa sale de las arcas del gobierno; un. espía, un delator hace su fortuna con solo un poco de infamia, y la mano que entrega la vida de un hombre, de un padre de numerosa familia adquiere el derecho de estrechar sin guante la mano de las autoridades. Conozco esa moral; pero no he descendido aun hasta el fango: el crimen ha respetado todavía en el gaucho el pudor, que la cobardía rastrera borra en la frente de los sicofantas civilizados.
Por inclinado que naturalmente me encuentre al perdon, no soportaré ese lenguaje injurioso.
Vd. también ha venido á injuriarme, no teniendo el derecho sobre mi alma, sino sobre mi organismo; aquí le tiene usted.
¿Es decir que no revelarás?
No se canse en tal propósito. Comandante. Si yo he sido YÍcüma del clero y de los políticos de ciudad, y si he arrastrado á otros en mi camino, no se pretenda que sea tan ruin como para entregarles á la deshonra^ á la venganza por evitar cobardemente responsabiMades
ante las formas sociales formas que son la múltiple
careta de los legistas y de los políticos, bajo las cuales palpita d pus de un alnaa mas negra, que la de eáos gauchos forajidos, según les llaman.
De modo que nada tienes que alegar en tu abono, ante el Jnet ni ante el sacerdote ?
408 SOLANÉ
SOLA.NÉ
Ante Dios, ni una disculpa : debe castigarme ; pero ante los hombres, diria que soy un efecto lógico de los vicios de la época, que contaminan todo el cuerpo social, desde la conciencia del individuo hasta la iglesia y la política. La iglesia y la política de hoy son en las altas esferas, exactamente lo que el Adivino del Tandil en las bajas. Estoy profundamente convencido de esto á las puertas del sepulcro, donde la razón se aclara y la conciencia no miente, ante las primeras visiones de otra vida.
Me revelarás al menos cual es la suerte de Lelia ?
El destino de Lelia es un secreto, que ha caído en el abismo insondable de mi alma, donde solo el ojo de Dios es capaz de penetrar.
¡ Obsecado criminal! te entrego á tus remordimientos.
No me muerden aun.
SACERDOTE
¡ üh ! es infalible la hora, en que su diente envenenado se clava en las entrañas del culpable I ¡ Si ! de una manera formidable pesarán en tu corazón los escándalos del Tandil.
Pesará sobre la iglesia y sobre la civilización sin decoro, de que vds. se envanecen. Yo soy la negación de esos decantados principios liberales, y á la vez su protesta: soy una profunda síntesis, una condensación Providencial de todas vuestras aberraciones, operadas en la atmósfera social, como el granizo se forma en la at-
ACTO TERCERO 409
raósíera física, cae por la gravedad y destruye en la tierra las obras del trabajo honrado y de la inteligencia justa. Esto fué la Comuna de París al servicio del patriotismo; esto es el Adivino del Tandil al servicio de la democracia, de la razón religiosa y de la justicia humana. Mis escándalos son las escrecencias del vicio, como las de la piel cubriendo un organismo que se ha dejado enfermar; es el soplo, que la boca de la cloaca arroja del pulmón dañado de la ciudad. Un hombre aparece de siglo en siglo, personificando la síntesis de las verdades del pasado y abriendo nuevos rumbos á la razón y á la conciencia: tal es Jesucristo. ¿Por qué no aparecerán también encarnaciones sumarios de los estravíos, con el fin de enseñar de esa manera á cuanta desviación de nuestro legítimo destino puede conducir la ignorancia, el fanatismo y la iniquidad ?
¡ Si pudieras arrepentirte ! ¡ arrepiéntete Solané !
Quién sabe. . . puede que el cielo. . .
¿De Lelia no me dices nada?
[Solauésolo contesta coa uu movimiento deüupacible de fastidio Gómez y el Sacerdote parten abismados.]
SACERDOTE [A Gómez, despacio]
Vendré un momento antes de que sea conducido al patíbulo
Soi^KÉ se incorporf^ con energía apesnr de sus cadeuns, y d» pupos firmas hasta el crucifijo, lo contempla un instante impasible, ó laaa bien con aarcasnio, j va á sentarse al banco. Doa rostros ap»- receu tras de la reja, como en acecho, y se ocultan cinco ^linutus después.
S OLANE
No quisiera preguntarme á solas, qué es lo que hay en este instante de espesa penumbra ! . . . ¿ Qué soy?. . . un filamento de la yerbecUla microscópica en la escala de los seres; una burbuja de agua entregada al aliento de la tempestad; utj grano de polvo en el universo — ¡ Y soy un hombre ! Dios me puso como un rey en el banquete de la creación, bajo el esplendente palio de los cielos; pero, me puso alli no como la fiera en los bosques, sino como un ángel humano, para que le adivinara, le amase y me gozara en él ! Dios me ha permitido penetrar en su santuario magnífico, seguir allí el movimiento de los astros, en cuyos cerebros inmensos parece que arde la fiebre de las concepciones eternas ante el ojo fantástico del infinito! Dios ha dado al hombre el corazón para sentir, el instinto del bien, que es Dios mió; lít ra^on, para que en su maravilloso desarrollo reflexivo, lo comprenda; la libertad, para que lo el\ja.M. y el último insecto, que agita sordamente sus anillos en la estrecha cavidad del taco de mi bota, es, sinembargo, mas hombre que el hombre ! . . . . ¿ Pero, Dios existe ? ¿ no somos los humanos otra cosa que un simple desenvolvüniento de la materia bajo una ley sin autor, y Dios uno, no es sino la simple invención del loco orgullo del hombre, quien para mover sus alas nece-
ACTO TERCERO 411
sita Henar el vacío con el aire de sus quimeras ?
•¿ Existe algo mas allá del sepulcro ? se cambia ajlí por una de flores la corona de espinas, que hemos soportado en el mundo ? . . . . en ese paraíso misterioso del poeta cristiano ¿ se continúa el poema de amor, cuyo primer canto escuchó en la tierra ? ¡ Pero á mí nadie me ama? jDios no existe! ¡ el paraíso es una mentira !
SoLANÉ y CfeiNovEVA de luto. Aparece ésta al proferir Solauú sa última blasfemia, y en los momentos de tener lugar en el espacjo una descarga ele truenos, cuyos relénipagos penetran por la ventana, obligando á Solano ú ponerse súbitauícute de pié, aturdido, erizado el CHbello de espanto.
¡ Blasfemo ! ¡ Dios existe !
[Con fe maquinal]
¡ Dios existe !
[Solané procura reacciounr á medida que habla Genoveva; sobre todo cuando ésta le dice ¡ malvado ! largue la cabeza y da dos pasos hacia ella con resolución.
¡ Condenado altivo ! ¡ inclinas al fin la frente, b-sgo el anatema de tu propia conciencia herida por el rayo celeste !
¡Genoveva! eres tú! ¿qué quieres, inocente instrumento de mi horroroso sino ?
412 ' SOLANÉ
¡ Malvado ! ¡ el crimen lucha aun contra el ángel, dentro de tu alma ! Eres el s'mbolo, sí, del eterno combate de la moral contra los malos instintos, pero el triunfo no ha sido, ni será nunca de los reprobos : aunque un momento íes sonría la victoria, Dios justiciero precipitará en las sombras á ios que desatan sus pasiones contando con la impunidad de la fuerza ! * ¡ Oh ! y sinembargo, hay perdón para el culpable ! yo vengo á perdonarte, Solané : dime ¿ qué has hecho de mi hija ?
(Una ráfaga de viento apaga la veln.)
¡ Habla por el cielo !
¡ Ha muerto !
¡Señor! ¡ten piedad de mí! ( pausa-trar¿sicion d la indignación) \ Infame ! Dios ha querido en este instante envolverte en la sombra tenebrosa del infierno, sin duda para que no me horrorice en tu rostro la última expresión de la fealdad humana !
(Desde este momento, entre la tiníebla que se estiende por la habitación, principia á adquirir sus mas horribles tintes la sorda lucha que se traba entre ambos personajes, como un resultado lógico del contraste de sus respectivas situaciones: Genoveva concentra y ejercita todas los iras, las sublimes iras de la madre y de la justicia celeste. Solané incarna: primero el despecho de la irapot-encia luchando contra un ser fantástico, que le rodea, que desciende del cielo y está dentro de él, ya bajo la forma de Genoveva, ya de la tiníebla misma, que intenta ahogar con sus crispadas manos; eu seguida se siente acosar gradualmente por los terrores del remordimiento, que también lo ve personificado en Genoveva, de modo que, H cada paso que ésta avanza hacia él parécele que es un boa, que panlatinamente sube y le euvuelve como para ahogarle; en estos momentos de desesperación sombría, Solané se cree aban lonado sobre
ACTO TERCERO 413
la ola desierta del mar embravecido. Mientras Genoveva avanza, él retrocede, se ampara de lo primero que encuentra, hasta de la sombra, semejante al náufrago prendiéndose con su última esperanza de la ola misma que lo asfixia. Asi, en los últimos momentos de la lucha, toma el jarro de lata y lo presenta á guisa de escudo, y, como el agua se vuelca por el temblor de sus nervios, produciendo un ruido al caer el liquido, tapa con la otra mano el jarro, que luego arroja (listante de sí, porque continúa volcándose; se detiene, para Do ser descubierto por el ruido de los grillos, hasta que, no podiendo detenerse por el violento temblor de sus piernas, y como tropieza con la pared, se apoya en ésta, arañándola, porque parece que se je escapa. Un relámpago le permite ver el crucifijo, lo toma entonces con ansia ardiente y cae de rodillas, besando con frenesí sagrado la efigie y esclamando: ¡ \ Dios raio ! ! i ¡ Dios mió ! ! ¡ ¡ me has perdonado ! ! — Es recien en estos momentos que Solané se humilla rendido por completo. Tal situación se produce en sus detalles durante el siguiente diálogo.)
¡Calla ! tu acento me hace daño
Es la voz del cielo que te grita, al fln, con inexorable acento! Eres esa tempestad que ruje en el espacio, sé desata sobre tu cabeza, y cuyos huracanes repercuten el último estertor de tus víctimas, bárbaramente sacrificadas ! ¡ Huyes ! ¿ Dónde encontrará un refujio
tu conciencia culpable en las horas de las tribulaciones? ¡ No te percibo y comprendo que tiemblas ! cada trueno retumba en tu alma, como la maldición divina lanzada á los antros del infierno ! ¡ Te abandona el valor ! ¡ Sí ! porque eres ahora un miserable: el valor moral es solo propio de los magnánimos corazones !
SOLANB
¡ Déjame, Genoveva ! Te columbró apenas, como una sombra evocada que me persigue, se desvanece y me acosa de nuevo; me infundes pavor, Genoveva !
¡ Ah ! es que estoy dentro de tí ! En vano tratas de detener el ruido de tus cadenas, yo te encontraré en la espesa tiniebla que te envuelve, como el sudario de la
414 llÓLAÑÉ
conciencia manchada!; ¡Quiero agarrarte, Solané,
adivino impostor, sacrilego falsario ! Quiero que sientas mis manos atenacear, clavarse en tu pecho, para que el fuego de mi alma te calcine !
¡ Genoveva ! perdón, Genoveva !
¡Yo te he perdonado, monstruo! Siempre se debe perdonar. Pero no es á mí á quien has ofendido: tú te has vengado de las injurias de la tierra contra tu Dios; es á él pues que debes elevarle tu plegaria! Si impetras perdón ¿ por qué no lo otorgastes á los que te ofendieron ? La venganza á hierro, la venganza fria^ devolviendo dolor por dolor, diente por diente, es un crimen cuyo castigo pertenece al cielo ! Yo no vengo por tu existencia, sino á preguntarte en nombre del Autor Supremo, lo que has hecho de tu alma en la tierra ! esa alma hermosa que récibistes en la cuna, coronada con la cástica laureola del ángel, cuyas alas, mas blancas qué él arminio, has debido mantener puras, para que no las quebrantara el cieno al agitar el vuelo á las regiones inmortales ! No es para tu cabeza que la temf)éstad me ha entregado su rayo: es la lógica divina, es a moral, es Dios quien me confia en este momento su voz para anonadar tu conciencia ! !
[Es este el ooomento en que, á la luz del relámpago y de un trueno Solané ve el crucifijo y se asede él, etc., seguu dijimos.]
¡ ¡ Dios mió 1! ¡ í I)ios mió ! ! ¡ ¡ perdóname que estoy arrepentido ! !
[Uu pistoletazo partido de la yentana, le hiere mortalmente; ene por completo hacía adelante, asido cou ambas manos de la cruz, y h)8 labi«i8 putiito^ sobre lá efigie del crucificado. Un nuevo relámpago le ha permitido á Genoveva verle en tal actitnd, y cae de rodillas, exclamando.]
ACTO TERCERO 415
aBNOVEVA
¡ ¡ Oh ! ! Por qué te matan, si, al fio, Dios toca el corazón humano ! !
Dichos y la Mica, que penetra por la derecha, azorada con el presentimiento de lo acaecido. Al entrar re el cadáver, se lanza desesperada sobre él y lo cobre de besos — Rl Sackrdotb y Guardias.
(Al entrar]
¡Gerónimo! ¡Bien mió! Terminaremos el camino!
(Sasa su puñal y se hiere sobre el cadáver, cambiándose un beso con Solané, quien al darle el suyo expira. Entran en esos momentos el sacerdote y algunos de los guardias, quedando enclavados de penosa sorpresa — En el cuarto inmediato cantan la décima del primer acto con la letra que en este acto ha declamado el Negro — La Mica alza la cabeza y dice):
¡ La décima! ¡ ya es tarde^amigos mios 1
(Muere.)
¡ ¡ Horror ! !
(La décima continúa hasta la caída del telón, que será lenta.)
FIN DEL BRAMA
T r\
TRAGEDIA ALEGÓRICA EN 3 CUADROS.
DRDICADA Á
LOS LIBRES PENSADORES.
Tradaeido al itiiliaao por «< poeta CARLOS FRANCISCO SCOTTT.
El Maestro Argentino Saturnino F. Benox, en una bella partitura, ha interpretado un libreto en 6 cuadros, basado sobre el «rGenio de América» y t^scrito por el mismo autor de esta Alegona.
PERSONAJES ALEGÓRICOS
El Genio de América.
La Conquista.
El Papado.
El Jesuitismo.
El Inca.
La Susta (su hija legítima.)
Un Heraldo de la Conquista.
Un patriota americano.
Satán (personaje mudo.)
Reyes — Misioneros — Clero — Nobles — Indios de ambos sexos y ik* todas edades — Soldados de la Conquista — Milicianos americanos— Coros de Fantasmas, de Huries, de Genios y de Vírgenes.
TRAJES CARACTERÍSTICOS
Inca— El pelo cortado, de modo que las hebras no pasea de dos dedos de largo —En derredor de la cabeza, en cuatro ó cinco envueltas, una trenza de lana vicuña, de varios colores y del ancho de un dedo; á manera de diadema y sustentando dos plumas de ave. Unida á la trenza y de sien á sien sobre la frente, una venda encarnada, con borlitas del mismo color, á manera de
CUADRO PRIMERO 419
ropacejo— Una camisa, especie de jubón sin mangas, hasta llegar á ^a rodilla, un calzón corto y un gran manto, todo de riquísima lana de vicuña, de colores vivos y ornamentados y guarnecidos de oro, esmeraldas y diamantes—Una sandalia, especie de borceguí - Las orejas Gradadas y pendiendo de ellas aros de oro, tan pesados, que el cartílago se dilata hasta casi tocar el hombro—Un magnífico collar de esmeraldas sobre el pecho — Brazaletes de oro y ajorcas del mismo metal bajo la pantorrilla— Una faja de oro, flexible, de pulgada y media de ancho y vara y media de largo, ciñendo el jubón.
La Ñusta— El mismo traje que, como va á jerse, usan las mujeres del pueblo; sólo que, el de la Ñusta, como hija legítima del Inca, vestirá con el lujo imperial — El color del traje debe ser blanco.
Nobleza — Los nobles vestirán como el Inca, pero menos ricamente, y sin traer el manto, la borla roja, el cinturon de oro ni aros tan pesados, pues eran insignias reales. En cuanto al color del traje, debe preferirse el azul.
Pqeblo Indio-EI color del traje del pueblo era amarillo, y, mas generalmente oscuro. Dicho traje consistia on las siguientes piezas : —Para los hombres : Camisa sin mangas y sin cuello, de lana de llama ó algodón. Una manta cuadrada, de dos piernas, que reemplazaba al calzón. Faja de lana, ó cáñamo. Calzado abierto ó sandalia de cuero. Una especie de birrete con la trenza, de que hemos hablado, y tres plumas en el centro ; variando el color de la trenza, según la nación ó tribu (lue la usaba. Un collar. En vez de aros, unos palitos ó bellotas de lana en las orejas, sobresaliendo muy poco en el cartílago de la oreja. El cabello cortado. — Para las mujeres : Sobre la camisa indicada, una especie de tánica, que ataban á la cintura con una faja. Manto prendido por delante con una espina ó alfiler de cobre. Collares en el cuello. El cabello largo y negro
420 GENIO DB AMÉRICA
como el azabache, partido en dos trenzas echadas hacia atrás; y una cinta rodeando la cabeza. Aros pequeños en las orejas.
VÍRGENES — El mismo traje, pero de color blanco, como la nieve, y sin aros ni adornos. El pelo suelto, compartido en dos matas sobre el seno.
Los directores de escena deben consultar á Prescott (Historia ík la conquista del Perú ) y á Garcilazo de la Vega ( Comentarios Reales)^ etc.
Pero siendo impersonal esta «FantasIa», no habría verdaderamente impropiedad en que se vistiera con el traje mas adecuado al carácter de la obra, con tal que fuera traje americano, de las épocas propias.
Genio de América — El GcEnio posee como atributos esenciales y poéticos, la juventud eterna, la inspiracion sublime y la nobleza de los antiguos dioses: De aquí el atributo común de la idealidad divina y de la virilidad majestuosa y concienzuda, á la vez que tranquila de los héroes sobrehumanos. Y como por la índole alegórica de la composición, la ilusión dramática exige la estrecha armonía entre el traje y los caracteres morales é históricos de aquella encarnación, opino que debe vestirse de la manera siguiente :
Los cabellos muy negros y largos, echados sin aliño hacia atrás; y en medio de la cabeza una estrella ftilgurante. (En la antigua Grecia los adolescentes llevaban largo el cabello hasta la edad de 17 años, época en que se lo cortaban, para ofrecerlo á una divinidad ó á un ser querido. Así también lo usaban los Dioses y Genios ) —El cuerpo medio cubierto por una amplia manta, blanquísima y sencilla, artísticamente envuelta, de modo que deje descubierto la mitad del cuerpo y el brazo derecho.— Los pies calzados por una sandalia (crépida), cuyas correas se envuelven en la pierna, hasta bajo de la rodilla.
En el acto III, esc. III, viste una anclia clámide blaii-
CUADRO PRIMERO 421
ca, sin mangas, y cuya orla azul llegará hasta las rodillas.—Un sol figurado en el pecho.—Un tahalí de cuero le ciñe muy flojamente la cintura.— Sobre la clámide, cubriéndola completamente, un gran manto sin orla.- La orla azul es para los Argentinos y Orientales emblemática de su nacionalidad, porque con ese color, el blanco y el sol forman su bandera. Así aconsejaría que, cada República representara su bandera en la orla de la clámide; y si es americana, que no suprima el sol, porque simboliza la cuna de todas las razas del Nuevo Mundo, que yo he sintetizado y representado en los Incas, por ser la mas noble y civilizada de aquéllas.
Instrumentos músicos para canto— La flauta pastoril antigua, y el siguiente, según lo describe Garcilazo de la Vega, Inca «Instrumento hecho de cañutos de caña, cuatro ó cinco cañutos, atados á la par : cado cañuto tenia un punto mas alto que el otro, á manera de órganos.»
CUADRO PRIIERO
LA CONQUISTA-SIGLO XVL
La acción de este Cuadro se desenvuelve en un ameno valle del antiguo imperio de los Incas, al pié de los Andes — Á la derecha, en el fondo, álzase un granítico cerro superado por una fortaU za in* día, cubiertas do cadáveres las triples murallas circulares, en anfiteatro, que rodean el palacio imperial de la cúspide del cerro. Mas abajo de la n*uralla exterior y sobre una meseta del mismo cerro, la Conquista ha clavado su amplia y fastuosa tienda, desde cuya puerta, abierta al frente, desciende hasta el valle una escalinata, labrada en la roca — En la mi&ma línea de la fortaleza, pero á la izquierda y ú través de algunos pocos ái boles del valle, percíbense las ruinas, desiertas y aun humeantes por el incendio, de la ciudad inca del Cvzco, destacándose, mas á la derecha, la casa de las vírgenes del Sol y el rico templo de este dios indígena, cuya imagen en oro bruñido se ve fulgurar en su altar, al fondo— Entre la fortaleza y la ciudad, y mas allá, arde imponente un volcan^A entrambos lados de la escalinata que conduce á la tienda^ y como en pabellón, se ostentan los atributos de la Conquista y del Papado, sobre los atributos y trofeos ensangrentados, que acaban de conquistarse á la raza inca, consistiendo éstos en trajes, cimeros, escudos, flechas, masas, imágenes del dios Sol, piedras y objetos de oro y plata, sartas de esmeraldas, y plantas con frutos, imitados con metales y chispas de diamanten, artísticamente cincelados, produelo admirable de la adelantada civilización de la raza primitiva. — Por entre la ciudad 3 espaldas de la tienda serpentea un arroyo, con un puente de piedra al centro de la escena, y otro colgante delante de la fortaleza, construido éste por filamentos de árboles y arbustos, torcidos como cordel— Sobre el templo del Sol, cual un último atalaya de la raza conquistada, vela un cóndor, con las alas abiertas y la mirada sangrienta, pronto á precipitarse sobre la tienda de la Conquista — En el valle se ven algunas palmeras y árboles de la nutritiva coca, des* gajados ó ennegrecidos por las llamas— La fisonomía general de este paisaje refléjalos tintes que un rostro joven y bello, cuando por él
424 GENIO DE AMÉRICA
han pasado Ina ardientes y amargas lágrimas de un profando infortu* niosin remedio — En el flanco izquierdo de la tienda y vanguardia algunas piezas de artillería, con su dotación de soldados, y prendida la mecha.
En la tienda tiene lugar el suntuoso banquete de la Conquista y del Papado, victoriosos por el hierro y por el fupgo, sobre una raza inocente como inerme, sorprendida en su profundo sueño de tranquila felicidad, en el seno de sus vírgenes selvas y pros pera, civilización. El banquete está servido por niños indios de ambos sexos. Al alzarse el telón, y durante «Igimí^s instantes, resuenan á lo lejos las bélicas dianas de la victoria, en atambores, clarines y pífanos, mezcladas á algunas detonaciones de arcabuz. Las puertas de la tienda no apHreccn completamente cerradas; y por ellas entran, salen y se pierden tras la tienda los niños indios conduciendo los manjares y frutas d(.'l banquete — Se supone que asisten á éste: La Conquista y el Papado, con sus respectivos Séquitos de Reyes, Nobles, Cardenales, Obispos, Misioneros, etc.— Fuera de la tienda, en el valle, á la izquierda y á orillas del arroyo, en la parte que avanza sobre lalínea de la tienda, la Ñüsta, sentada en un tronco de palmera derribada, se destaca de un grupo de indias y niños indios, sus hijos. La Ñusta recorre vaga y melancólicamente las cuerdas de un instrumento indígena- -El JesuiTiSMo, rebujado en su manto y ancho sombrero negro, y colocado cfiutelosamente entre el ramaje, mas al centro y mas al fondo, observa un momento el grupo de indias; en seguida se despoja del manto y de' sombrero. Este personaje revela con franqueza en su fisonomía y actitud, el orgullo y la ambición que lo posee, como también el desprecio que le inspira el Género humano. Luego se pone á escribir en un pergamino, que rubrica y cierra, desapareciendo por la derecha como un fantasma de la traición sangrienta que acecha á su víctima; al cruzar se detiene, para dirigir al banquete una mirada de venganza y de triunfo — Por las puertas del templo del Dios- Sol salen Soldados de la Conquista, abrumados por el peso de las planchas de oro, que acaban de arrancar á los santuarios; ala vez que algunas Vírgenes del Sol, armadas de flechas y espadas rolas, presas del espanto y déla indignación, escapan de su convento y se defienden de los Nobles y Soldados, que las persignen— Soldados ARTILLEROS cn las piczas de la meseta de la tienda.
CUADRO PRIMERO 425
(Al ce8br las dianas^ briudando.^
En Méjico, Perú, Brasil y el Plata de la Conquista á la inmortal victoria 1
CONVIDADOS
^ ¡Viva!
(Brindando.)
Del infalible augusto Papa
á las eternas soberanas glorias !
CONVIDADOS
¡ Viva !
UN REY
Ai oro y al diamante de las ludias, y á sus modestas vírgenes !.
UN NOBLE
¡Sí!
CONVIDADOS
I Vivan !
(Contlnúau las libaciones y sordo rumor del banquete. La Ñusia preludia en su instrumento una melancólica música, que espresa el ilolor de la servidumbre sin esperanzas, y cauta:)
LA ÑÜSTA
Ya se acabaron las alegrías
para los Incas ¡ ay ! qué dolor !
perdió ya el indio su toldería
¡ lloran las aves, muere la flor !.
de nuestros templos sobre las aras rotas y humeantes, la iniquidad consumó la obra ¡quién lo pensara! de arrebatarnos la libertad! Ya se acabaron las alegrías
426 GENIO DE AHÉRICA
para los siervos ¡ ay ! qué dolor !,
perdió ya el indio su toldería
¡ lloran las aves, muere la flor !
Dichos y el Inca, con el cetro (una segur de oro) y armado de \iiia uiasa de plata. Con vestiduras imperiales, viene en su troDO (unns andas de oro), por la izquierda del fondo, conducido sobre los hombros de Doce indios. Le preceden dos Incas (heroianos del Inca emperador), el uno con un estandarte azul y blanco con la imagen del sol en el medio; y el otro con la bandera de los Incas, que consistia en un lienzo de siete fajas horizontales representando los colores del arco iris. (Presento el anacronismo del estandarte azul y Illanco con el objeto de hacer mas vasto é impersonal el sentido déla alegoría). Siguen al Inca emperador Guerreros, Nobles y Soldados indios, armados de flechas, magas y espadas cortas de cobre. — Después de avanzar algunos pasos, apercibiéndose de que es so hija la que canta, arrebatado de enojo, salta de las andas, se precipita sobre el instrumento y apaga sus cuerdas poniendo la mano sobre ellas.
(Con ira trágica y fiero despecho.)
Biista de llanto ! y en vez de lágrimas
propias de la hembra del invasor, cíi estas ruinas de nuestra patria la sangre mia truene en tu voz ! Las plañideras cuerdas se rompan ¡ rómpanse al punto ! no mas temor !
(Ha roto las cuerdas,)
¡ Indios ! al arco ! la tierra es nuestra, róbala infame ti Conquistador ! Nobles Tolstecas, Muiscas y Quiches,
CUADRO PRIMERO 427
bravos Araucos y Guaranís !
¡ ardan hogueras ! ¡ blandid la masa !
¡ antes que esclavos, morir ! ¡ morir !
INDIOS é INDIAS (Con sóido }' sangriento rugido dé veugau7<H.)
¡¡Ahü ¡¡ahü
LA ÑÜSTA (Arrojando h1 suelo el inst umeuto cou olímpico desprecio.
¡ Vil instrumento !
(Al>razáucÍ08e cou su hija.]
¡ Hija !
LA NÜSTA (Dirigitiudoíie álos guerreros, con bélico entiisinamo.)
! Que ardan hogueras !
Las negras alas del mal espíritu
cúbranla orgía del invasor!
i Indios ! ¡ venganza ! libres nacisteis,
¡ vivir, pues, libres os manda el Sol !
(Al declau.ar estos dos últimos versos, ha arrebatado la bandera j presenlÁdola á los indios, quienes, poseídos de guerrero entusiasmo, se disponen á lanzarse hostilmente sobre el banqaet*3 de la Coa* quista. Las mismas mujeres, contagiadas del patriótico entusiasmo, se arman con sus largos alfileres de espina y de metal; y hasta los uffíos, separándose de sus madres y reuniéndose á los guerreros toman flechas del carcaj de los soldados. — Esta insurrección ha sido también producida, al ver un grupo de Vírgenes del Sol, que vienen huyendo de los mencionados Nobles y Soldados, que se detienen en el puente al notar la actitud de los indios, y huyen, trepando la mesera de la tienda. Las Vírgenes han llegado al concluir de recitar los últimos versos la Ñusta, se han arrodillado delante de ella, y ésta ha extendido protectorumente la bandera sobre sus cabezas, como uva egida.)
ÍN--
Dic nos; lo» dos Noblks y Soldados, que entran k1 banquete, por Itt retaguardia de la tienda ; gnipo de Vírgenes; y el Genio dk América, quien aparece de entre unas palmeras y sobre un» nube iluminada por resplandor celeste, y detiene á los indios.
¡ Raza, detente ! la prudencia calme el ímpetu sagrado de tus iras : de América yo os traigo fecundante generador el verbo de la vida, que á la conciencia universal inspira. En el santuario de mi fe mantengo de libertad la inextinguible chispa ; y el sacerdocio de esa fe cumpliendo, al hombre infundo su misión divina, del hombre ahogo la pasión maldita. Aquél, que es foco de la eterna llama, que hasta al insecto inaperceptible anima, será quien rompa la pesada loza y de la América á los huesos diga :
«Álzate, raza, vencedora, altiva !
« Sangrienta ofrenda á vuestros manes disteis « ayer en nombre de celestes iras, « cuando el puñal del invasor aleve, « bajo la sombra de villana intriga, « en las entrañas se clavó del Inca. )►
(Siempre que se diga Aquél, refiriéndose á Dios, los indios alzan las manos y las cruzan sobre la cabeza, inclinando éeta, signo de la mas alta y profunda adoración. Al terminar el Genio bu perorscioo, el Inca se siente arrebatado de bélico y religioso entusiasmo.)
CUADRO PRIMERO 429
j Hijo de Aquél ! No mas uncidos, Genio, yazcan los indios á esa gente odiosa ' Que el mismo hierro de la vil cadena, por nuestro brazo con furor trozado, la frente azote de la cruel Europa! El mar revuelto vomitó la turba, que á la dormida venturosa América la hirió traidora en el tostado rostro : pues bien, ¡ oh Genio ! de la turba aleve que al mar escupa el funeral despojo !
Bien hicisteis ayer fulmínea flecha
del arco disparar, con rabia flera,
al pecho del ladrón que os conquistaba,
pues libertad ni porvenir clarean
sobre los pueblos que al dogal se entregan.
Pero si nunca la virtud abona
la indiferencia del servil marasmo
del que, abatido, su coyunda acepta,
tampoco impone sacrificio absurdo
bajo el cuchillo del brutal verdugo.
Yo justifico vuestro digno anhelo ;
mas, de la lucha no esperéis suceso :
contra el poder desconocido y rudo
del arcabuz y del templado acero,
¿ qué harán, decidme, las inermes leyes,
ni del patriota el reaccionario esfuerzo ?
Mas, aquel Dios, que en las alturas rige
y por la herencia de los pueblos vela,
dijo á la América al caer :— « Espera,
«que al fin triunfante se alzará la sierva !
¡ Es Pachacámac quien tu labio inspira !
No cual los Incas paternales, Roma
430 Ql&mO DE AMÉRICA
ea sus legiones la virtud cifrando, llevó á los pueblos destructora guerra; y, cruel, altiva los ató á su carro. Mas, fuéle inútil ! de Israel el Cristo, sin mas poder que su palabra austera, á Roma hirió en el corazón : vergüenza sólo ha quedado de su vil grandeza ! Tal de los pueblos sin principios nobles el fin funesto reveló la historia : su ley se cumple inexorable, y nunca falaz prestigio de manchada gloria contra el el derecho alcanzará victoria. Cual el volca '1, que en apariencia duerme, el fuego patrio reconcentra mi alma, para en un dia, sobre el Ande enhiesto fundir de Europa el orgulloso cetro alzar del polvo á mi doliente raza !
¿ Quién sois, oh Genio, que en helado pecho prendéis la chispa contra el vil tirano, y refrenáis con la esperanza el odio ? I Quién sois ¡ oh. Genio celestial !?....
Encarno :
el gran destino y el derecho patrios.
(El Qenio desaparece en medio de un relámpago; y, durante algtinos instantes, se oye eu los aires una melodía consoladora y viril Los indios han caido de rodillas y en místico éxtasis seabsorvMie" la contemplación del Genio.)
Dichos, menos el Genio de América. Al cesar la melodía, desciende por el flanco izquierdo de la tienda, un Heraldo de la Conquista con Soldados armado de iRcza y arcabuz. Éstos se posesionan de las avenidas, mientras el Heraldo, con imperio y desprecio se dirige á los indios, quienes sehanpuesio de pié y adoptado una actitud de repugnancia hacia el Heraldo.
HERALDO
Despejad, aunque no os cuadre, que ya el banquete termina y aquí el Señor se encamina con el Santísimo Padre.
(E!l Inca va á hablar; el Heraldo desnuda la espada.)
i Silencio ! que al yanacona, no le es dado discutir : ¡sí! ni el aire compartir podéis ya con la corona ! Sierva la América está : ni el sol que la alumbra tiene, y si á esta ley no se aviene, el látigo la avendrá !
Y ¡espera! ¡espera! nos dice el Genio ! Así nos tratan los opresores ! . . . . ¡ Sol de los Incas ! ¡ Dios de la luz ! deja que el indio levante altivo sobre el inicuo la frente, y . . . ¡ trizas haga este yugo de esclavitud !
(Snbe violentamente y con magesladn su trono, y rodeado de su pueblo desaparece por la izquierda.)
430 GENIO DE AMÉRIO' _
en sus legiones la virtud cifr?
llevó á los pueblos destructr '^ '°*
y, cruel, altiva los ató á sv
Mas, fuéle inútil ! de Isr?
sin mas poder que su p'
á Roma hirió en el co'
sólo ha quedado de '
Tal de los pueblo?
el fin funesto rev^
su ley se cumpla
falaz prestigio
contra el el Cual el vok el fuego para en
fundir ESCENA QUINTA
alzar
g y la Conquista — el Papado —el Jesuitismo, éste disfraífff ¿iBiouero franciscano, pero leyéndose en su Imbito, en letras /'í palabra «Jesuitismo» — Cardexai.bs — Obispos — Misioneros ^í^'^jfAS— Rbyes — Nobles y Guakdias — Precedidos de la Con- • íí y del Papado, y al compás de una marcha de triunfo, la coí? V» desciende de la lieuda, por la escalinata del frente, abierta eii fg filas . el séquito de la Conquista forma la derecha, y el séquito ^papado forma la izquierda; ostentando cada gremio sus armas, /Bibolos y atributos propios — -A vanguardia de la Conquista y cl«l papado, un tanto al flanco, dos formidables Atletas conducen en ^Ito los respectivos estanJartes de aquéllos; los sigue el Jusuitisinu, al mediot un escalón á retaguardia, asido con la mano izquierda del cordón del estandarte del Papado, lo propio que, con la roano derecha, hace con el de la Conquista — Una vez que han descendido, permanecen separados, en dos pelotones, sólo que los Atletas con los estandartes ocuparán la penúltima grada de la escalinata; mientras el Jesuitismo se habrá ido á ocultar en k1 grupo del clero — La marchH triunfal cesa al ocupar todos sus puestos.
En la tierra de los Incas, después de lucha sangrienta, triunfante el trono se asienta.
CUADRO PRIMERO 433
^SÜITISMO
^áudose.)
TOS
uces, etc.^
es justo: la guerra ioede aquestas tierras, o oro y plata sus montañas. Galardón á mi proeza, la natura aquí os invita á gozar dicha infinita en brazos de la pereza. De la América los dueños, las minas oro os darán, las indias arrullaron con amores vuestros sueños. De sangre ha sido él bautismo del bárbaro; mas el cielo.
(Mirando al Papado)
(Echando uqa bendición á la Conquista.)
Santifica vuestro anhelo.
¡ Honor al catolicismo !
SÉQUITOS
¡ Honor !
El pontificado bendice, si, á la corona, y sus conquistas abona,
434 GBNIO DB AMÉRICA
por ellas vela afan.ado ; mas, si es divina razón que el rey por Dios avasalla, sabed que el Papa es su valla, ([\xe antes que el rey, está Dios !
(Ap.-- ¡Farzante! Prudencia. . . . ) Es ley
y justicia evidenciada, que en la tierra conquistada mande el Papa y mande el Rey. Son, pues, distintos los fueros : el espíritu es del Papa
(InterrumpieBdo.)
¡ Nada al pontífice escapa !
Con todo, vuestro sea el suelo,
no apetezco fueros vanos.
(Ap, — ¿ Qué importa, si la conciencia
es la ley de la existencia,
y en ella manda el Papado ?! )
Por el don mi fe yo os juro. (Ap.—'i Qué importa, si la cabeza se inclina humilde á la fuerza, y soy la fuerza del mundo ?!.....)
(La Conquista, el Papado y sus respectivos séquitos, se confandeii^ se estrechan las manos y se besan. El Jesuitismo, dejando el es' tandarte en manos de un Misionero, ha venido á arrodillarse servil' mente á los pies del Papado y la Conquista, quienes lo levantas si' maltáneamente en sns brazos, lo besan y colocan en medio; pero él se retira modestamente un paso á retaguardia.]
Dichos é Indios, conduciendo presentes de oro, pUtay esmeraldasi — Sin borrar del rostro la energía y la dignidad, los indios expresan el abatimiento de la impotencia; al paso que los Conquistadoras y el Clero revelan con desnudez el orgullo despreciativo del amo absoluto. Al ir los indios á rendir sus tributos, se detienen por la entrada del Hbraldo y sus Soldados, conduciendo á empellones al Inca encadenado, con una corona de espinas en la frente, corriendo la sangre por el rostro; sin quo por esto se note doblegada la imperial altivez del monarca indio. Los indios han doblado una rodilla al entrar sn soberano, volviendo á incorporarse, conteniendo apenas su vengativa indignación. Ala presencia del Inca se levantan jren erales y sordos murmnllos — Al fin de la escena, la Ñüsta,
HERALDO
(A la Conqniatnj
Es el Inca rebelado; por eso ....
(Interrumpiendo — con noblo magestad y sangrienta fiereza, impo^ nienao sepulcral silencio con su apostrofe, y doniinando con su actitud altivH.)
¡ Calumniador ! — (Pausa.)
Por su honra y su religión
después de haberme jurado,
lleno de oro les he dado
un cuarto ¡ y me hacen traición !
¡ Oh ! ¡ que muera, vive Dios ! ahora mismo arcabuceado !
Reciba el agua bendita
436 GENIO DE AMÉRICA
del católico bautismo. '
Asístanle
(ElJesuitismo, disfrazado de Misionero, se ane al Inca, y con sombría expresión de triunfo. )
/ilp.— Jesuitismo :
¡ principia hoy vuestra conquista !)
(El Inca contiene un arranque de resistencia, calma con un ademan á los indios, y se interna en el bosque, acompañado del Jesuitismo y seguido de soldados — Se presenta laÑusta por la izquierda; y comprendiéndolo todo, lanza un grito desgarrador, cae de rodillas anonadada, se incorpora y se precipita en pos de su padre.)
Dichos, menos los dichos —Después el Jesuitismo.
Ya veis, indios, lo que da la rebelión y altiveza : al rey rendid la cabeza, á Dios en mí respetad. Al rey por conquista acata el conquistado. . . .es la ley; y Dios, que en el Orbe es rey, da sus poderes al Papa. El Papa y el Rey, potentes por divina voluntad, al mundo rigen: cuidad de servirles reverentes.
CUADRO PRIMERO 48'
¡ Guay del osado ! la cuerda espere sin mi clemencia !
Y ante Dios, en la conciencia aguarde tortura eterna!
[El Jesaiüsmo, humilde y nieditubutuio, atraviesa, de regreso, leu tamente el teatro y ocupa su puesto.]
Dichos y el Gento dk Amiíricí^, que aparece en medio de la gradería de le tienda, sin aparato celeste, infundiendo una religiosa alegría en el pueblo indio, á la vez que un vago y mal disimulado espanto en los Conquistadores y el Clero.
¡ Engañosa doctrina y cuan funesta ! . .
¡ Audaz ! ¿ quién eres ?
La verdad austera : El Genio soy de la oprimida América ; el Genio soy de la ultrajada Europa. En nombre de ellas á deciros vengo, que la Conquista y el Papado violan de las conciencias el principio eterno.
¡ Matad al brujo !
!. . . .
QUe^'" (jBNIO DE AMÉRICA
^^^^,/ft,/aas muera
.^teis vuestro furor ! En vano ¡^*^fjis}3^ hoguera y desnudáis la espada: Í^^.y5¿icia y la verdad encarno .*' uede imponerme la brutal venganza ? 'Oh ' renunciad á esa ambición sin límites, nue con la Biblia y la implacable espada, c'üaJiotro Mahoma, destruyendo viene ¡a miez robusta de la estirpe humana. yed á este Imperio convertido en ruinas,
/|1h señalado las ruinas de la ciudad.)
ayer dichoso, floreciente y suave; entre las ruinas, la voraz codicia robando el oro salpicado en sangre !
¡ Matad al brujo ! . . . .
(Han desenvainado Ihs espndHs y enarbolado his cruces, eos hus* tiles intenciones de precipitarse sobre el Genio. Los indios se dÍ8' ponen á defender al Genio, y éste los contiene á todos con un sohei-ano y dulce ademan.)
} Persistis ^ . . . . Eterna la forma soy en cuyo seno iiierve viril fermento de inmortal idea ! Mi ira celeste al impostor calcina bajo el docel de su grandeza vana; y con el llanto de sus propias víctimas, ahogo en oleaje embravecido su alma. Sincero apóstol, pensador severo exalto al siei vo y al verdugo humillo, aliento al mártir y corono al héroe. Mas de una vez en vuestra real alcoba, y á vos también en el sagrado templo, en todas partes, inspirado nuncio
CUADRO PRiM£RO 489
de la igualdad, os penetró mi acento. Decid si un hora enmudeció mi labio, decid si un hora os apagué la antorcha, abandonando vuestras almas ciegas en el camino á las espesas sombras. Ya entre el incienso, que las preces lleva de los cristianos á la azul esfera; ya en el fragor de la feral batalla; sobre la argolla que envilece al siervo; cuando la frente de la casta virgen enrojecíais con impuro beso ; ó si el espía confesor rasgaba de la conciencia el inviolable pliegue, que Dios á él solo reservado tiene . . • . en todas partes, por misión sagrada, os recordé las naturales leyes ....
Mi espada sigue la razón católica; indefectible es la razón del Papa!
¡ Mentis sabiendo ! la conciencia nunca
calla ni miente ante su Dios que le habla !
¡ Reyes y Papas ! elevad al cielo
con fé sincera el vigoroso espíritu,
y el Dios que alumbra y que perdona al hóm bre,
en la razón os grabará su Credo.
¡ Volved al bien ! De corregir errores
tiempo es aun, si á la conquista armada,
al fanatismo, á la cadena, al fraude
se sostituye la moral cristiana :
esta es la justa y eternal conquista,
que en vez de uncir á las Naciones, salva
su soberana libertad perdida.
¿ Por quién tomáis á la infelice turba,
que á vuestro paso esclavizáis inicuos ? . . . .
aun en la virgen que nació Africana
de vuestra mesa embrutecida sierva, .
440 GENIO DE AMÉRICA
arde fecunda la sublime llama,
que á Dios alumbra en la mansión eterna.
¡ No hay clases, no ! bajo el inmenso palio,
que por miríadas los planetas bordan,
sobre el altar del universo vario
el hombre un rito y sacerdocio adora :
Dios en la altura, de verdad sagrada
la ley dictando á la razón humana !
¡ Tu torpe lengua en la impiedad se inspira, cuando se atreve á discutir la creencia ! Dios á los Reyes y á los Papas une, cual de alma y cuerpos inseparable alianza : Del gran banquete de la vida nadie, tan solo el clero y la nobleza gozan : son dirigentes ; los demás mortales sirven la mesa. Voluntad divina así lo quizo y decretó
¡ Mentira !
No fué Jesús el pordiosero aUado del craso error y esclavitud antiguas: imdió del César el brutal imperio y el libre examen le sirvió de lábaro. Las gerarquías del pagano mundo echaron bases en la corte Olímpica ; mas cuando el Sabio proclamó un Dios solo, la übertad y la igualdad nacieron, cual brotan flores de las negras ruinas. Vino la espada de la Roma fuerte, al paganismo se adhirió en el triunfo ; y para, fénix, levantar al hombre sobre la tumba del pagano Olimpo, fué necesario que naciera el Cristo ! ¿ Y cómo luego le imitó el Papado ? Allí en la austera, en la inmortal basílica, sobre el alt^^r la cortesana orgía.
CUADRO PRIMERO 441
y en la embriaguez de la ambición espúrea, negando al Cristo, el contubernio extraño del Dios celeste con el Dios pagano ! ¡ Cuan grande fué vuestra misión primera ! Sin mas enseña que la cruz del Mártir, sin otra fuerza que moral cristiana, la Iglesia un mundo reconstruye fuerte, civilizando á las naciones bárbaras ! Mas ¡ ay ! después, aquella cruz bendita, que dio á la Iglesia universal influjo, por cetro de oro la olvidó egoísta !
¡ Cuánta impostura !
¡ Y mala fe profieres !
i No ! ved la historia : bajo forma hipócrita Los Carlovingios, en unión al clero, sobre el altar el paganismo alzaron, y á un doble César amarrado el hombre, dobló la frente y apagó el espíritu. ¡ Entonces el ángel del cristiano austero, que en la alta esfera de su Dios flotaba, plegó sus vuelos, y la cruz del templo bañó en copiosas doloridas lágrimas !
Salvé á la Iglesia
La per-disteis, ciego ! . . . .
Yo paz buscaba
¡ Del sepulcro eterno !
442 GENIO DE AMÉRICA
Yo soy verdad del pensamiento humano ....
¡ Es ese orgullo el que os perdió, Papado ! No nace el hombre pensador y libre, para servir á la ambición insana : si no es divina la razón en todos por la virtud de levantar sus alas hasta el santuario de verdad suprema, ■¿ por qué la tiara excomulgó á los Reyes, y, en rebelión los absolutos reyes, encadenaron á su ley la tiara ?
iVnte la Iglesia quebraré mi cetro ....
Para attanzarlo en fanatismo absurdo.
Yo herí á los Reyes por salvar al pueblo.
Reyes ó Papas, es un mismo yugo !
i Debí dejar que levantara el vulgo
contra el Papado la reforma hereje,
con sus blasfemias desquiciando al mundo ?
¿ Qué fué Lutero ? un instrumento humano que la verdad á su servicio puso. Infiel, la Iglesia, desvirtuó los dogmas, (jue al extrechar y emancipar los hombres, al porvenir los encamina unido, ya solidarios de un común destino. Si, pues, la Iglesia autorizó al tirano divino haciendo su derecho iníáñdo.
CUADRO PRIMERO 443
¿ Queréis que el hombre bendijera humilde la vil cadena á que vivió amarrado ?
Fué el mundo antiguo que oprimió el espíritu, por la materia y el error. Y luego, para el Calvario redimir al siervo alzó tan sólo la verdad de ensena, sin mas recursos de poder, ni apoyo.
QBNIO DE AMÉRICA
Si en el Calvario ridimióse el hombre
'¿ por qué la influencia del Calvario distéis
en comíindita al opresivo trono ?.....
Un tiempo el alma acarició el influjo,
que sobre el goce material efímero,
le prometía la inmortal delicia
de la virtud en el amor del cielo.
Fué de este modo que la ley cristiana
en las conciencias prestigió su yugo ;
fué así que, entonces, levantó la Iglesia
de los errores ridimido al mundo.
Después ! ¡ oh. Dios ! las temporales pompas
torció en el clero la misión divina,
y con los reyes, olvidando al hombre,
se aletargaron en mundana orgía !
Con alma grande dio Jesús ejemplo
de resistir á la infernal caricia ;
y si los Papas en su red cayeron,
traidores fueron á la cruz bendita,
v con su tizne los marcó el infierno !
¡ Oh, cuan maligna es la moderna ciencia
¡ ay ! cuyo ariete, sin fundar, en horas
derrumba siglos de verdad ! Decidme i quién ha dictado vuestra ley y abona i
GENIO Í)E AMÉRICA
Dios es la luente do Razón la bebe,
444 GENIO DE AMÉRICA.
para con ella fecundar la historia !
í Cuál fué el secreto de Jesús ?— la Ciencia
que democracia y libertad enseña.
Ella le dijo á la pagana Grecia
y á Roma dijo esta verdad severa :
que ante un Dios todos los demás mentían ;
que era el progreso condición humana :
y que el trabajo y la moral tan solo
fundan de Dios la religión divina.
Guiad, pues, al hombre á la gloriosa cumbre,
donde fulgura la divina ciencia ;
y si sus vuelos abatis, Dios mismo
humillará vuestra obsecada Iglesia !
Yo no pretendo corromper la savia
de la moral, que el corazón fecunda,
con el veneno de la estéril duda.
Lo que pretendo es que la misma iglesia.
santificada en el amor, reemplace
El despotismo de su ley errónea
por la verdad y por el libre examen.
Decid sí, la ciencia, que en el alma brilla
y que hasta el mundo corporal refleja :
tome la Iglesia ya en su cuna al hombre:
dele su amor, para que el hombre viva,
y libertad, para que el hombre crezca
bajo la ley que á su razón inspira.
y que al bajar á su sepulcro el hombre
la religión sobre ligeras alas
lleve del hombre hasta su Dios el alma.
Romped, Papado, con el trono inicuo,
pues que, caduco, morirá en la inania.
Reboza el verbo fecundante América,
que da al progreso juventud eterna
y á lo inmortal su aspiración espande;
sólo su chispa animará tu cuerpo,
inventando en las exhaustas venas
del porvenir la vigorosa sangre !
[Eu la selva repercuten tres detonaciones de arcabuz.].
ESCENA NOVENA
Dichos y un Hkraldo — Después la Ñühta; — y fioalmente, Coro DB Indios y db Vírgenes del Sol. La Ñusta se presenta con un pedbzo de flecha en la mano, y viene perseguida por Soldados armados de cuerdas de cáñamo.
(Ap.—\ Es la Ñusta !)
(Ap. — ¡ La herética !)
ÑÜSTA
¡Oh, qué mengua !
Un noble, al voto de su fe perjuro y á la moral que predicáis al indio, sobre mi frente deshojar las flores quizo de mi honra su brutal designio. Por vil perfidia, de morir acaba el Inca iluso, mi adorado padre ! ¡ Ay ! sólo el Cóndor, de la raza emblema, bajó á cubrir el imperial cadáver ! Vuelo á la escena del nefando crimen,
el alma herida de irritado duelo
¡ Era mi padre, y en su yerto labio quice esculpir mis postrimeros besos ! ¡ Mas, ay ! el noble me asaltó villano, y del cadáver me arrastró lascivo, sin conmoverle mis solemnes lágrimas, escarnio haciendo del furor divino ! Luché j y ya cuando mis robustos brazos su temeraria pretensión burlaron,
446 GBNIO DE AMERICA
á SUS acentos acudieron éstos,
dignos por cierto de tan t(H*pes amos !
(Ha se Pialado con maj estuoso y profondo desprecio á sm [lerseguidores )
Huí..... mas, antes á la indiana raza viril vengando de tan ruin ultraje,
toda su sangre se agolpó á mi mano.
¡ y en la mejilla castigué al infame !
(En esta frase lia mostrado toda sa épica fiereza. — Gran agitación de figror en los Conquistadores, y de arrogante satisfacción oo los indios.)
LA ÍÍUSTA
¡ Si! SÍ ! mil veces de la misma suerte sabrá mi raza castigar la ofensa, de aquel que intente mancillar la honra y soberana majestad de América !
¡ Tened la lengua, por el Dios y el tro no !
LA SüSTA
Por Dios jurando y por el Rey, al Inca la gran traición ejecutó la turba ; pero, escuchad : en el profundo seno del porvenir se nutrirá el saldado, que la diadema usurpadora rompa, bajo los cascos del corcel indiano !
¡ Es la princesa-, la heredera, ¡ es Nusta ! ¡ Al mas ruin de mi escuadrón la entrego : que sacie en eBa su lujuria, y muera después al diente de voraces perros !
IKPIQ3
(Coiii rabia.)
CUADRO PRIMORO 447
LA ÑÜS'FA (Cayendo de rodillas desesperada.)
i Oh, Dios, qué afrenta ! tan horrible copa gran Pachacámac de mi labio aparta ! \
UN NOBLE (Abochornado. J
(Ap.-^l Infando crimen !)
UN MISIONERO
(Ap — ¡ Oh, mi Dios ! detenle !
que va á marcarnos con carbón la historia ! )
(Los soldados van á apoderarse de la Ñusta; loa iii^oa sa resuelven á defenderla; pero, aquélla detiene á todos alzáidos^ impoE^nte y magnífica.)
LA SüSTA (Con melancólica amargura.)
Jamas á un indio le cegó el delirio de ofender á su Dios groseramente ! Seducciones empleando, ni el nxarürio, ningún indio jamas el blanco Úrio de casta virgen marchitó en la frente. Por sus Incas los pueblos bendecidos, sabia ley acatando justiciera,
satisfechos y ricos sus oidos
del látigo lio oyeron los chasquidos, ni el baldón conocieron, ni la hoguera. ¡ Adoraban á un Dios ! su santa crensia no formó con la tiara vil consorcio^ pues, brillaba absoluta en la conciencia ; y si oscuras aun eran las ciencias, aclararlas buscaba el sacerdocio. En su amahaca la virgen sonreía á su amado escuchando dulce historia ; ó en las cuerdas del arpa él recibía ya de amor la celestó melodía, ya los cantos viriles de la gloria.
Mas, las naves un hora aquí arribaron
el indio las miró desde la sierra.
448 GENIO DE AMERICA
y metrallas las naves vomitaron
¡ y el hogar los cristianos arrasaron, bajo el rojo turbión de inicuas guerras !
(Se enjnga las lágrimas, y pasa á los rudos acentos de la indignaciou.)
Mas ¡ oh ! se engaña, sí, quien torpe crea domar de un pueblo la viril pujanza, que á la social y redentora idea, que dentro el alma luminosa ondea, de los tiranos el dogal no alcanza!
(Con sangriento y vengativo despecho.)
¡ Habla, habla Ñusta ! Cuánta insolencia
he permitido que tu hiél desfogue!
¡ Mísera esclava ! tu pueril demencia
ha ya agotado mi real paciencia
¡ habla, pues, antes que el dogal te ahogue !
LA ÑÜSTA (Señalando al Genio de América y con sagrado eutuBiasmo.)
¡ Genio ! ya veis ! en su brutal delirio
en mí á la América su soberbia ultraja \
¡ Y bien ! por ella me daré el martirio !
Ese volcan me servirá de cirio,
su ardiente lava me dará mortaja !
Pero ¡ oh, gran Genio ! llegará, sí, un dia,
en que justicia pedirás sin taza
á estos ladrones de la Patria mia !
Con fe la América en ti solo fia :
¡ alza del polvo á la afrentada raza !
(Se clava la flecha en el seno, y cae cadáver. Los iudios exhaliui un irritado y angustioso alarido, que repercute en las selvap.)
INDIOS
¡¡¡Ahü!
¡ Sí ! lo juro ! llegará ese dia,
en que á la luz del pensamiento humano
brille glorioso el estandarte Incano !
(Desaparece en una nnbe de sangre, ihiniiimdii.)
CUADRO PRIMERO 449
(CoD atnrdimieuto.) .
(Ap.— Ahora orgía y fortuna ! ¡ dulce y dorado deseo ! )
(Sombrío y meditabundo.)
^Ap.— Porvenir ! si ese es tu Genio, yo le he de ahogar en la cuna ! )
(Se eocaminanloB Conqubtndores y clero ala tienda. — Los indios arrojan con rabia los presentes, y con sordos alaridos y amotinados se alejan por la izquierda. La Conquista hace una señal á los soldados, quienes, se precipitan sobre ellos, descargiindoles los arcalmces: se ejecuta una San Bartolomé, llegando en confusión hasta la escena sordos gritos de desesperación y agonía. En seguida reina un sepulcral silencio. El Jesuitismo vuelve del lado de la matanza; contempla el cadáver de la Ñusta, y al ver aparecer el cortejo fúnebre del Inca, toma A aquél en brazos, y echándose la capucha A la espalda exclama) :
Con esta prenda, mi ley
será la ley de esta tierra
¡ guerra á la América ! ¡ guerra al Papado! [guerra al Rey!
(Toma una piadosa actitud. — Cuando el Jesuitismo regresa de la matanza^ sehn oido una marcha fúnebre indiann, á cuyo compns sale de éntrelas ruinas del templo del Sol un cortejo de indios, conduciendo en unas parrillns el cadáver del Inca, al lado de otras parrillas vacías. Se di rigerí á la escena, y á unos pasos de la Ñusta, se ponen de rodillas los indios, anegadns en Ingrimas, mientras cuatro de ellos acercan á la Ñusta las parrillas vrcímr. La marcha ha cesado; y en sn lugar se oye en las ruinas del templo e^te) :
CORO DE VÍRGENES DEL SOL (Con melódica y tristísima música.]
Las grandezas de la tierra.
460 QBNIO DB AMáRtCA
las ciudade») los imperios
polvo fueroQ. polvo son...
¡Pachacámac, si, es eterno ; y el espíritu, üo el caerpo, vuela ai seno de su Dios f
Fm DEL CUADRO PRIMÜRO*
CUADRO SEGUIDO
(LOS PRIMEROS TERRORES)
Qrau salón abierto á aua espaciosa galería en ud fastuoso palacio Inca — Al fondo un jardín, cuyas flores están artisticamente imitadas con oro, piala, esmeraldas y diamantes^ cuyo polvo de esta piedra sirve para imitar el rocío : no debe ^Itar. entre las imitaciones, la planta del maíz con su dorada * ma£orca-«6«n el saUm : á la izquierda la capilla de palacio, en cuyo altar, en vez del Dios Sol se levanta el Cristo, de oro : esta capilla aparecerá cerrada hasta el momento en que la abre el Papado; á la aerecha una Cámara, también cerrada, donde se aupone una bacana), cuyo ruido Mega apagado hasta el salón — Kn un testero de éste, dos sitiales imperiales, ún dncel — Es de noche^ y el recinto no aparece iluminado sino por una débil lámpara, pendiente del techo — Al alzarse el telón, se percibe Ipjhuo como en el fondo del jardin,^ el mismo coro de Vírgenes del Sol, final del primer Cuadro. La bacanal no se hace oirsino recien cuando entra á ella la Conquista,
CoBO DE VtRGENES-Al tcrmínaise, aparece la Cov^üista^ entraüdo del jardin, dirigiéndose á la bacanal y deteniéndose agitada por vagos terrores, al escuchar los «eos del cora de Vírgenes— Después, cIJkRUiTisMO, con el traje de la Orden.
452 GBNIO DE AMÉRICA
CORO DE VÍRGENES DEL SOL
Las grandezas de la tierra,
las ciudades, los imperios
polvo fueron .... polvo son
Pochacámac, sí, es eterno; y el espíritu, no el cuerpo, vuela al seno de su Dios !
No sé qué presentimiento,
vago, punzante, de mi alma
turba esta noche la calma
y envenena mi contento ....
Siududa es sombra liviana
del altivo pensamiento,
postrera, que arroja el viento
de mi triunfo en la mañana.
Mas, si fueran mis terrores
anuncios de independencia ....
¡ vive Dios ! que la conciencia
he de ahogar de los traidores !
La cruz á la espada ungiendo,
la espada á la cruz se unió;
y oro y poder y grandeza
América les brindó.
Columpie la indiana virgen
en su amahaca al vencedor,
la dulce copa apurando
del deleite embriagador.
Ya no hay quien á mí se atreva :
¿qué es el Papa ante mi fuero ?
¡caña pintada de acero !
i Y América ?. ... ¡mi manceba ! . . . .
« Del espíritu es el mundo, »
arguyen ! —mas, ya el Papado
lo perdió, pues, deshonrado,
su desprestigio es profundo.
¿Y el pueblo ?. . . ¡ el pueblo ! . . . ¡ ya es tarde ! . . .
CUADRO SEGUNDO 453
Después que le he corrompido,
mi desprecio le he escupido
¡ y se ha callado el cobarde !!.... ¡ El pueblo ! nube dispersa en las tardes de verano .... titán de polvo . . . . ¡ gusano bajo el taco de la fuerza ! No turbe, no, mi alegría el temor : con ansia loca mi labio apure la copa del amor y de la orgía ! . . . .
[Penetra en la bacanal, donde principia una arniouia apropiada. £1 JesuitÍHino cruza la escena y se detiene ante la puerta, por donde acaba de desaparecer la Conquista.]
No es nube, no, de verano lo que te agita. . . . ¡ insensato ! tú, sí, que bajo el zapato del Jesuita, eres gusano ! ¡ Duerme, corona, tranquila en brazos de la impureza, que yo al Sansón de tu fuerza le preparo otra Dalila !
CANTOS EN LA BACANAL
La cruz á la espada ungiendo, la espada á la cruz se unió; y oro, y poder, y grandeza América les brindd. Columpie la indiana virgen en su amahaca al vencedor, la dulce copa apurando del deleite embriagador.
Duerme, corona, tranquila en brazos de la impureza, •
454 GENIO D£ AMiailCA
que yo al Sansón de la fuerza le preparo otra Dalila !
[Al ver salir al Papado, desaparece.]
El Papado, Cardenales y Soldados pontificios. Salen de la bacanal y se dirigen á la capilla. El Papado sube á esta y se arrodilla delante del altar; mientras sa só|uito, en dos alas, ocupa la grad-íría, y los moldados guardan las afueras— La gran puerta de la capilla queda abiertn. Se encuentra alumbrada ágiorno y adoronda con suma riqueza.
(Antes d centrar, diriginédose á los Cardenales)
Fe, Esperanza y Caridad la enseña del mundo fué : América viva siempre bajo católica fe. La espada vele á la puerta del santuario; y si el infiel idólatra pueblo se al^, caiga la espada sebre él !
(Bendice á los Cardenales, y entra á arrodiUar&e deUnie del altar, f¿ oración.)
CANTOS ECLESIÁSTICOS (En el ^rgfino de la eapilla. )
Fe,Esperanza y Caridad enseña del mundo fué : América viva siempre bajo católica fe.
CUADRO $£GU$9D0 4&S
La espada vele á ía puerta del santuario; y si el infiel idólatra pueblo se alza, caiga la espada sobre éi.
CANTOS ALTERNATIVOS Y Á DÜO
Bacanal^-La, dulce copa apurando del deleite embriágadca:. En la capilla^La, hoguera purificando
va al rebelde pecador.
(Se repiten á dúo, cada coro los suyos. El t'apado abandona la capilla, como perseguido por un fantasma. Espanto religioso en los Cardenales, quienes van dejando solo al Papado.)
El. PaI»aüo, solo. — Después la Con^íüista y Séqüító.
¡ Oh, espectro fatal ! | Genio de América !
j y no quice escucharte ! por doquiera
me persiguen tus gritos infernales, aun postrado á los pies de los altares ! ¡ Oh, imagen del Inca! ¡oh* raza inerme ! Yo excomulgo á mi clero y á los cruelesi que exterminio causaron en mi nombre! ¡ mas, tu sangre ¡ piedad i qué no me ahogue!
(Cae desplomado sohre un BÍti«il^-La Conqnkta y Séquito salen de la bacanal y suben ¿ la Capilla.)
456 QENIO DE AMÉRICA
(Al subir la ConquistH á la Capilla-)
(Ap. — ¡ La Conquista triunfó ! mas si del Inca ya ios templos y pueblos sucumbieron, rebosante la copa de la orgía ha enervado al coloso en la lascivia ! ¡ Bien comprendo por qué las ricas joyas de Pedro y Sixto quinto se desprenden una á una cayendo con mis lágriix^as ! apesar, santo Dios, de mis plegarias !
(Se CMbre el rostro con las manos. Autos de entrar en la capilla todo el Séquito de la Conquista, se ha alzado rápidamente un muro, cubriendo el fondo, esto es, la cámara de la bacanal, el jardin y la capilla — La música de los cantos se percibe muy lejana, apagándose gradualmente por completo. Pausa.)
El Papado y el Jesuitismo. É^te ha aparecido como rebujado en la sombra de un ángulo del muro que se ha alzado; y sin apercibir h1 Papado, avanza lentamente, meditabundo y sombrío.
(Deteniéndose, y con voz recóndita, sarcástica; avauzau'lo en seguida, como devorado por un fuego sangriento, ^^ue apenas puede conteDer.)
Proscripción al Jesuíta le lanzaron, ¡ oh ! los Papas y Reyes temerosos .... ¡ es inútil, pardiez, porque esta púrpura del Jesuíta el poder y astucia oculta. Cardenal, misionero, aquí en América, consejero de Reyes en Europa, rebelión contra el Rey proclamo Santa,
CUADRO SEGUNDO 457
la conciencia sublevo contra el Papa. General soy de la Orden : mis dominios, sin fronteras, se extienden por el mundo; mi insaciable ambición activa inmola á Naciones, á Papas y á Coronas. Proscripción al Jesuíta le. lanzaron temerosos los Papas y los Reyes .... ¡ ceguedad fué su audacia ! los pigmeos de la historia olvidaron los recuerdos ! . . . . ¡ Proscripción al Jesuíta ! ¡ qué insensatos ! ¡ ignoran, sin duda, que en los pechos de la humana familia se alimenta del Jesuíta la sórdida culebra ! El Jesuíta— ellos dicen— no proyecta sombra alguna en las regias potestades, ni sus cautas pisadas ya resuenan
en el vasto sepulcro de la tierra
¡ Oh, qué ilusos monarcas ! . . . . aun en medio del furioso huracán, mi voz retumba .... ¡ no habrá un alma jamas, que ante el Jesuíta no se postre, temblando, de rodillas !
(Notando recién en el Papado, y contemplándolo con lástima y despecho.)
¡ Es la tiara ! ¡ irrisión ! ¡ y quién la lleva !
Soberano del mundo, sobre el polvo
de su propia miseria es un cadáver
rebujado en harapos imperiales !
(El Papado se siente agitado por una pesadilla.)
¿ Qué te agita, por Dios ? duerme tranquilo
en tu ambárico cieno, vil insecto,
apurando lo dicha hasta sus heces,
que yo voy á aplastarte ¡ ¡ y para siempre ! !
(Despertando al sacudimiento eléctrico de una idea; poniéndose de pié y con el último resto de energía.)
¡ A la hoguera el Jesuíta !
456 GKMQ D£ ÁUÁBÍGX
(Ap. — Es ya muy tarde I )
(El Papado vuelve á eaer en el fiitial; se resirega los ojos; trata de ahuyeitar la pesadilla; miéutras el Jesuitismo da unos pasos cautelosos hacia aquél, semejante aun demonio que aprovecha la oportunidad de apoderarse de su presa, cuyos movimientos espía con ahinco. Al llegar al Papado dobla una rodilla é inclina humildemente la cabeza con retinada hipocresía.)
¡ Oh, tú, excelso Vicario!
¡ Ah ! te soñaba !
¡ Tu lugar son mis brazos !
¡Oh, no! me humilló ante vuestro poAéti
(Besa los pies del Papado, permaneciendo en tal actitud. Éste lo bendice, lo Alsa y abraed; el Jesuitismo beso al PApudb en !od cabellos.)
¡ Yo te bendigo !
¡ Pefeadillfet cruel I y, sinembargo,
la vigilia es mas negra que ese sueño !
¡ Oh ! ya ves contra mí cual se levantan
hoy gobiernos negándome su alianza.
De tu Iglesia ¡ Oh, mi Dios ! de dia en dia
el prestigio y poder se desconoce :
en Europa y América los genios
del santuario han rasgado el sacro velo !
(Se vuelve á poner dé pié, para caer de nuevo agotado, al dejarla palabra )
¡ Infusorios! pretenden rebelarse contra la única ciencia, que es la Bibüa ! fuera de ella, el espíritu es la nada, su misión ha concluido y su esperanza! No hay mas ley que la Biblia y el Papado:
CUADRO SJBOUNDO 459
la Creación concluyó ; ya Dios reposa,
y la humana razón está sujeta
á vivir vejetando cual la yerba !
¡ Oh, mi buen Cardenal, mi caro amigo !
¡ que la hoguera termine la querella !
¡ Sí ! el veneno, el puñal; mas, que ellos hieran
sin que nadie lo sepa interna llama,
que la vida endulzando abrase el aJma !
¡Oh,! ¿qué dices? ¡no entiendo!
Sobre el dogma,
que la iglesia defiende, y sus recursos en la lucha tena^ con las ideas, explicarnos debemos sin mentirnos, del futuro sondeándolos abismos. Escuchad, santo Padre: no es la Biblia el extrecho santuario del espíritu; ni al reposo entregado el Dios eterno puede estarlo, si es Dios del Universo. El reposo es la nada : en la vigilia ó en el sueño no cesa, no, la vida. Sin la ley del constante movimiento, nuestro Dios fuera entonces imperfecto. Es el hombre celeste levadura, que fermenta en las formas de la idea : si la Iglesia pretende ser su molde, que la Iglesia se ensanche con el hombre.
i No comprendo !
Escuchad : el solo dueño
de sí mismo es el hombre; pero es vano:
460 OENIO DE AMÉRICA
confesadle que es Rey, y de un cabello le tendréis amarrado como á un perro.
Es que el Genio de América me asusta
¡ No temáis, santo Padre, de ese niño !
¡ Tres centurias de edad ! ¡ Acaso un dia !
¡ Yo preparo al Sansón una Dalila !
Mas, oid. Cardenal : hace un momento, en sudarios de sangre rebujadas, imas sombras, ahogando la armonía, me lanzaron sus voces vengativas!
(Ap.— Ya. lo sé. Papa ruin ! ) Palma de triunlb
he venido á ofreceros
¡ Dios te inspire !
Una alianza
¿ Con quién ? ¿ Cuál la Dalila
del Sansón, pues, será, mi caro amigo ? í Ese numen cuál es ?
(Observando al Papado con ínteres mas sombrío.)
El Jesuitismo
CUADRO SEGUNDO 461
(Bajando del sitial.)
¡ Los Jesuítas ! ¡ horror !
fAp:--\ Hipócrita vil !)
También es cierto,
que veneno, impureza, sangre, incendio,
autorizan los Papas contra aquellos
que á los Papas ofenden ó á su clero !
(Mirándole con desconfianza.)
(i4p.~¿Será? )
El Papa ¿qué quiere pretencioso ? Lo que quiere es fundar su monarquía, absorviendo á los Reyes y á los pueblos, amarrando á su solio el Universo !
I Cardenal ! ¿ y el Jesuíta qué pretende ? ¡Lo sabéis!
Ser granítica base de la Iglesia
¡No! no! tenerla esclava, dominar á los pueblos con la tiara !
j Oh ! y así os engañáis !
¡ Á Dios pluguiera !
Les dio vida la Iglesia con su seno,
y su entraña comieron esos cuervos !
462 GENIO DE AMÉRICA
i Ah! los Papas sonaron, cuando apoyo fiel creyeron hallar en los Jesuítas ! ¡ Qué ambición insaciable ! Sí, qqq ellos hasta Dios sobra ya en el Universo !
{Áp. — ¡ Basta, pues, y las naves incendiemos ! )
(Sacudiendo del hra^o al Papado.)
Va á caer en América el monarca ; y el derecho amparando de los indios , se alzará prepotente el Jesuitismo ¿Y su alianza rehusáis ?
¡ Callad, impío !
Mi ultimátum es este : hecho cadáver
os veré descender del Vaticano,
si á él los dos no subimos como aliados !
(Se aparta y da la. espalda al Papado con orgullo.)
(Espantado.)
¡Oh! ¿quién eres? iAy,Dios! ¿ qué misterioso el terror se difunde por mi cuerpo ? ¿Quién eres ?
(Acercándose lentamente, con aire de triunfo y con acento bajo j de terrible amenaza, descubriendo bajo de la sotana la band$ de General de la orden.)
¡ General de los Jesuítas !
(Ap.—\ Jesús ! amparadme ! ) ¡ Soy ya vuestro ! !
(Huye horrorizado. — El Jesnitismo, con el entusiasmo diabólico de la victoria, exclama :)
¡ América ! temblad ! ! ¡ ¡ mió es el cetro ! í
MUTACIÓN
El teatro se convierte en vastas y desoladas rainas de ana necrópolis india. En seg^undo término j al medio, una hog^uera con otros instrumentos de martirios inquisitoriales, y al lado un patíbulo. — Flotante sobre la hoguera, una tiara pontifitia, y nnia Qoronn imperial sobre el patíbulo, unidas ambas por una cadena de oro.— En el fondo se alza una armonía extrafta, como de ultra-tumba; y, según las situaciones dramáticas, será: ya desolada y llorosa, mezclándose gritos de agonÍH, ya severa y tremenda, como la justicia ó como una maldición del infierno, en cuyo momento cruzará Satanás por e) fondo; ya, en fin, una melodía celestial, semejante á una plegaria por el bieti de almas e^^traviadas. — fiiste cuadro se presenta envuelto en la oscurida i, iluminándose, y con luz adecuada, á niedida que se van exhibiendo los grupos de fantasmas .
El Jesuitisho— füK Inquisidor, al lado de la hoguera, v on Verdugo al lado del patíbulo. — Después Satanás; en seguida y sucfsivamenteen el orden que se indicará, surgen de las tumbas los si* guientes grupos de fantasmas : Ebyes y Pí^pas; Valdbnsbs, AlbiGENsEs y Hugonotes. — Inca, Indios y Vírgenes del Sol. — Al escuchar el Jesuitismo las primeras armonías y reconocerse en un lugar de la muerte, siéntese sobrecogido por vagos terrores; pero pugnando por dominarlos, y consiguiéndolo al ver á Satanás cruzar por el fondo. — Desde que aparecen los primeros grupos le fantanma, vuelve á trabarse en él una lucha sorda y trt^menda: ya contempla á los fantasmas como seres vivientes, pero sip poderlos arrojar de su presencia; ya los siente dentro de su concienda, y pretende arrancárselos á pedazos.'-^ Satanás se ha colocado á una distancia, como para, con su presencia, infundir valor al Jesuitismo; pero, desaparece, apesar suyo, al escuchar el Coro 4e ultra- tumba.
464 OBNIO DE AMÉRICA
CORO MÍSTICO DE ULTRA-TUMBA. (Recitado por varías voces, en tono de salmodia )
En vano la altiva grey pretende alzar la cabeza: ¡ es Dios la sola grandeza ; del hombre el único Rey!
(Con provocativo despech(i; y luego precipitándose al fondo con hostil resolución; pero retrocediendo amedrentado.) -
Como al Papa, me alucina
también la afición y aterra ?
¡ Vive Dios ! ¿ quién á la guerra
me provoca ? ! ¡ Cielos ! ¡ ruinas !
(SeoculUL tras do on escombro, como quien busca sus nrm»8 pitra el combate.)
CORO MÍSTICO DE ULTRA-TUMBA
(Acompañado por el órgano.)
En vano la altiva grey pretende alzar la cabeza: ¡ es Dios la sola grandeza; del hombre el único Rey !
(Continúa la música, pero debilitada, á punto de no interrumpir la declamación, acompafinndola, sinenibargo — Al terminar el coro anterior, y como buscando á un enemigo, vuelve A aparcer el JesnitismOj en su verdadero traje, no ya en ( I disfraz de CardenHl, golamente que sin sombrero : la cabeza enhiesta y pintada la altivez en el rostro— Es en este momento que se presenta el primer grupo de fantasmas, esto es ; Reyes y Papas con sus Cortes y vestidos con sus insignias oficiales. Sur^i^en de una roca del fondo, que ha cerrado la entrada á un abismo; y se colocan lo» Reyes, al flanco del psitibulo; y los Papas, al de la hoguera — Miéutras aparecen y toman sus puestos ambos grupos, la música toca una marcha infernal — Satanás vuelve á aparecer, mas confiado y satisfecho, tras del Jesuitisrao, reanimándolo Entonces ésie recobra todo su corage, y afronta impasible, sarcástico, provocativo, la presencia de los f»tntasmis. De modo que, se cruza de brazos, y asi espera, cual si fuera uda roca I en medio de la tempestad. Satanás entonces, se aleja lentamente,
■ satisfecho de que el neófito supere á sus esperanzas.)
ÜN PAPA (Adelantándose del grupo )
Fui la Iglesia espiritual
CUADRO SEGUNDO 465
del Cristo el mas fiel espejo; hoy, por tu inicuo consejo, convertida en bacanal. Del porvenir ella fué la miel, que al hombre nutría; hoy es la roca sombría, que al hombre amarra sin fé ! Mansa culebra en redor de la Iglesia, derrepente clavastes en ella el diente envenenado y traidor; y apagando así la luz divina en humana creencia, tú ofuscaste en la conciencia los principios de Jesús !
¡ Cínicos ! de todo el mal que hoy á la Iglesia desoía, no echéis la culpa á Loyola sino al poder temporal. Infiel de Cristo á las leyes por ambición y codicia, violasteis toda justicia en alianza con los Reyes. ¿ Por qué en Loyola surgió el pensamiento profundo de atar á sus pies el mundo ?
¿ en qué seno se incubó ?
Loyola un producto fué
de la Iglesia, que olvidada
de su misión, y gastada,
perdió la prístina fé.
Del Rey, la fuerza brutal,
sí, los Papas bendijeron,
y á los Jesuítas se unieron
en consorcio terrenal.
Ardió la hoguera ! la íé
se extinguió ya por completo ....
466 anmo db AnifiaiCA
i y aun no te dejó repleto, Papa la San Bartolomé ! Llamáisme envenenador y sicario ! . . . . ¡ que cinismo ! y aun buscáis al Jesuitismo como á un genio salvador !
¡ Acusarme de inmoral !
i qué hicisteis vos del santuario ? . . . . escandaloso escenario de impúdica bacanal !
¡ Papas ! la misma traición
nos une en mundana orgía . . . • no agreguéis la cobardía, gusanos de la ambición !
UN REY
(Trae un pañal clavado en el pecho: la herida se desangra. Música de venganza, de remordimiento y de acusación. Ha aielantado hacia el Jesuitismo.)
¡ Jesuíta ! vengo á acusar tus crímenes. . . aun caliente
(Se arranca el puñal de la herida}
vftd el puñal de Clemente, de Damiens y Ravaillac ! ¡ Jesuíta ! tu dogma fué siempre la negra perfidia : con artera hipocresía vendistes al Papa, al Rey !
(Música de desprecio y de rabia. ]
¡ También el trono ! ¡ oh pudor I cual un Juez, su voz me lanza ! • . . • ¡ mi cómplice ! En la balanza no pesas menos que yo ! . . . .
REY
Con tu consejo falaz
al Rey y al Papa has perdido ....
CUADRO SEGUNDO 467
¡ Y bien ! si fui fementido vengué así á la humanidad !
REY
Por insaciable ambición todo lo has atropellado . , . .
JESüítlSMO
¡ Y vosotros ! anegado
el mundo en sangre y dolor !
\ Papas y Reyes ! jatnas
hicisteis bien á los hombres :
lágrimas siempre esos nombres
sembraron en el hogar !
¡Farsantes! ¡eh! basta ya!
He sido, sí, vuestro aliado;
y, aunque os pese, os he amarrado
á mi astuta habilidad !
Insultando al misino Dios
alzasteis la monarquía,
y eterno beso en la orgía,
del escándalo os unió. . . .
Yo entonces ambicioné
arrancar para mi frente
esa corona, impotente
en medio de la embriaguez ! • . .
¡ Ah ! yo era un cuerpo viril,
con un volcan en la mente . . .
i ¡ vosotros ! ? . . . un cuerpo inerte,
próximo ya á morir ! . . . .
Y mi sangre trasvasé
en vuestra existencia helada
¡ mas iba ya emponzoñada
y ¡ muerte 1 os hice beber !
¡ Es tarde ! el vaso letal
podéis romper. ... en buen hora :
ya la cicuta traidora
en vuestras venas está.
468 QBDIO DB AMÉRICA
Es inútil pretender
destruirme ¿ Quién lo pensara !
¡ Papas y Reyes .... la tiara y el cetro tengo á mis pies !
(Señalando á la tiara de la hoguera j á la corona del patíbulo )
¡ Miradles ! están allí
vuestras insignias amadas !
idos, pues, momias burladas; ya no es vuestro el porvenir : La hoguera á la una afianzó;
á la otra el verdugo abona
¡ Es inútil ! la corona y la tiara ciño yo ! !
PAPA Y REY
¡ Sois íncubo de maldad !
¡ Del infierno sois las teas !
PAPA Y REY
¡Jesuíta! ¡ maldito seas ! por toda la eternidad !
(Los fantasmas desfilan y se hunden en el abismo do donde surgie* ron. La hoguera se apaga.)
Jesuitismo — Grupos de fantasmas, en cuyos sudarios se lee. en el grupo que se coloca á la derecha— Hügonotks; en el de la ¡zqnie^ da: VALDicNaEsy Albiísknsks; en medio: el Inca, la Ñokt a, Indios y víROENh:^^ del Sol — Los Hüoonotks, Albioknsks y Valdkkskj cubiertos de sangre, como también los Indios. Las vírgenes con bqi
CUADRO SEGUNDO 469
blancog sudarios desgarrndos y el pelo vuelto Bobre el seno. En el rostro y s;titud dt* todos campea lu PxprPFÍon severa de la víctima y 1h delbieiinventiirado qne perdona. La Ñnsta con elerorro frigio y lina niitorchn, lepresenta la Libkktad y hi Rki.igion Música propia del dol«»r, dfl llanto y del perdón. Desde que se presentan estos íantaprnaF, comienzan á aparecer en el Je^uitii-mo los primeros terrores de la conciencia, con las cnales haba obteniendo alternativos triunfos: unas veces se encontrará dominado por ellos; otras, álzase altivo, cinico, escéptico, glaci»l y orgulloso Ya diente los fantasmas dentro de ¥Í y quiere arrancárseloH, aun con pedazos del pecho; ya acomete á los que mira delante y retrocede fatalmente, como rechazado por una fuerza mágica. En algunos momentos arroja ahullidos cayernof^os de rabia y de impotencia. La escena se ha llenado de azulados resplandores.
(Retrocediendo lentamente y á pesar suyo.)
(Ap.-— ¡ ¡ Oh ! ! . . . . ¡ infierno ! me dan horror! . . . .
aun las tengo en mi retina,
y, cual acerf da espina,
me punzan el corazón !!....
Las siento en mi pecho hervii-
formando nido ! sus dientes
me muerden como serpientes !
¡ Huyamos ! ¡ ¡ no quiero huir ! !
(Encarándose, entre altivo y medroso, á la imagen simbólica de la Religión y la Libertad.)
¿ Quién eres, sombra inmortal?
¿ también os trae la venganza ?
RELIGIÓN Y LIBERTAD
Soy Religión de esperanza, soy Justicia y Libertad !
Vuestro camino seguid entonces con rumbo al cielo : No es vuestro reino este suelo,.... Dejadme : yo reino aquí !
470 GSNIO D£ AMJSKXCX
RELIGIÓN Y LIBERTAD
¡ Oh, ciego ! volved en vos : Escuchad: los Albigenses, Hugonotes y Valdenses os traen del cielo el perdón.
(Señalando el patíbulo y la hoguera.)
Sangrienta el hacha cruel y la hoguera, entre el espanto, sembraron ruinas y llanto con salvaje impavidez. ¡ Bien os pudieran ahogar tantas lágrimas de duelo ! Arrepentios, y al cielo redimido os alzarán.
(Un resplandor suave descendido de lo uUo baña la figura del Je< suitismo, quien pretend-t inútilmente sustraerse ala luz, cual si ést* surgiera de su propia conciencia.)
Intenso un rayo de luz
os envuelve : Ved, Jesuíta,
cuan mas bella es la inñnita
corona de la virtud.
¡ No mas errores, no mas !
Decid á Papas y á Reyes,
que Dios no abona las leyes
que niegan la libertad.
¿ Qué reUgion concebis,
mas santa, templo mas grande
que el alma humana, do espande
sus alas el porvenir ?
No existe, no, la moral,
si rompe en la humana frente
esa diadema esplendente
que le ciñe Libertad.
No existe la ReUgion,
si ella es aquella alma muertci
del pasado, y no despierta
al soplo vital de Dios !
CUADRO SEGUNDO 471
¡I Mentira ! la ley de Dios
nos manda, que á sangre y íbego
sometamos al que, ciego,
no acepte su religión.
¡ La hoguera arderá sin fin !
¡ no se cansará el verdugo !
¡ jsirva el pasado de yugo
al rebelde porvenir ! !
RELIGIÓN Y LIBERTAD
¿ No quieren volver en sí, estando ya perdonados ? Mas, sabed • ¡ los obsecados van sin remedio á morir !
(La& YÍsioiies se retiran al compás de utia música triste, que expresa el llanto y la compasión El Jesuitismo quedó envuelto en sombras profundas — La hoguera arde.— Música infernal, aterradora.)
Jesuitismo j Satanás — Después Jesucristo, el Genio de América y la Alegoría dbl Trabajo. El Jesuitismo sudoroso, fatigado permanece altivo, indomable y como glorificado . Satanás lo llena de sombras, cubriéndolo con sus alas.
(A los fantasmas, (jue se alejan.)
¡ Idos, espectros^ con Dios !..., En xni solo el tnunfo fundo : tiara y corona eii el inundo
472 GENIO DB AMÉRICA
de mí astucia siervos son.
(Los faritAHmas han des» parecido, y cesa la música )
¡Ya se han marchado! mi ley
en las tinieblas se ostenta
¡ guerra ! : sí, guerra sangrienta contra el Papa y contra el Rey !
(Contemplando embiingado la tiara y la corona.)
¡ Tiara y corona ! ijusion
que ha devorado mi mente !
¿ ¡ al fin ceñiréis mi frente ! ?
¡ ¡ mJas sois ya, vive Dios ! !
¿ Qué significan Jesús,
y el Genio, sino quimera ?
¡ Vamos ! ¿ quién osa á la hoguera ?
(Se precipita á apoderarse de la corona y de la tiara. Estos símbolos desaparecen de súbito, sostituyéndose al patíbulo, el Genio de América, presentando un libro abierto en cuyas páginas se lee en caracteres de fuego: Ciencia; — á la hoguera, Jbsup presentando la cruz, en la que se lee: Virtud, — y en el centro la imagen alegórica del trab.MJo; leyéndose en sus atributos : Trabajo. Antes éstas apariciones, Luzbel y el Jesuitismo se espantan, caen humillados y rabiosos, envueltos ambos en las negras alas de Luzbel El Genio de América al presentarse y contestando n las interrogaciones del Jesuitismo.)
Ciencia !
¡ Trabajo
EL TRABAJO
(id.J
JESÚS
(¡d.)
¡Y virtud!
(Estas visiones ie evaporan convirtiéndose en tres nubes blancas. Luzbel se incorpora reaccionando de su espanto, para mostrarse trionfante; arroja una carcajada diabólica, que repercute en un coro de carcíijadas partido del fondo del inñerno, que en este instante abre un horno inmenso en el fondo de las rocas, iluminando á entrambos personajes. Las carcajadas las estallará]^ con un golpe de música apropiada. El Jesuitismo entonces soalza mas altivo que nunca, como bajo un soplo podf^roso; cayendo en brazos de Satanás, alza un puño y dirige una mirada vengotiva ál cielo. Entretanto, y á travez de
CUADRO SEGUNDO 473
las Haioas del infierno se v^n confiin<i¡dos los f^rnpos de Reyes y Pa* paM, tetidiHiido Ihs manos al Jesiiitisino, como Uamándulo; y esto lo veri6can á la vez que, al compás de la música, cantao este)
CORO DE PAPAS Y RBYBS BN BL INFIERNO
¡ Ven, oh, reprobo, á gozar de tus triunfos ! El infierno abre alegre sus abismos á las almas sin moial.
( Telón lento.)
FIN DEL SEGUNDO CUADRO.
CUADRO TERCERO
LA INDEPENDENCIA. -SIGLOS XVÜI Y XIX.
Kl fondo del teatro representa las i'uinas de un templo de Pachacamac, en la selva y á crillai del Océano PaciñoD, en ctiyaí ftguas se balancea un navio empavesado — Bajo las fron losas arboledas, fastuosamente adurn idas, tiene lugar una gran orgía imperinl. Suspendida dolo alto dedos árboles y superada por una craz, de oro,* una f»ja de seda con este lama: ¡Gloria al amor y á la fuerza! mientras que^ en la falda de un cerro cercano y en un cart elon levantado en una asta, a la entrada de una mina, este annncio: ¡ Minas de oro !
Kn lu orgía : La Conquista, envegecida y enervada. Bgyks y Nobles. Iki>ias vestidas de Odaliscas*, Ñiños indios; y, á lo lejos, SoLOABOt de la Conquista — Después, la aparición de la Nusta — La Conquista aparece muellemente reclinada sobre blandos cojires, re< camados de oro y orlados de esmeraldas, como sus imperiales vestidos; rodea con su brazo la cintura de la bella favorita, la cual, reclinada también sobre los cojines, tañe con voluptuosa languidez uu instrumento de cuerdas, como el que usó la Susta m el prin»er Cuadro, acompañado por los de otras jóvenes qne la rodean; mientras DOS Niños indios, de rodillas á loa pies de la Conquista sirven vino en la copa de oro guarnecida de dismiantes, que á tal objeto 1» Conquista presenta con mano temblorosa y emblanquecida; miéntr&s otros
476 GENIO DE AMÉRICA
Niños tienden sus quitasoles de pluma sobre la cabeza de ambos amantes — Los Reyes y Nobljss R(^ agrupan á los flanco;), de pié, con la copa en una mano en actitud de brindar, y rodeando con el brazo la cintura de otras Indias — Indios adulto», en trajes miserables de trabajo, casi desnudos, salen de la boca-mina oirgados de piedlas de oro, qne van á depositar en el navio, custodiados por Soldados, con látigos.
LA FAVORITA
(Recitando.]
Llenos de suave esplendor están los bosques; y el cielo diáfano, azul y sereno inspira secreto amor ! . . . . De flores hoy nuestra sien coronan los bosques bellos .... ¡ dej amor el beso eterno nos aduerma en este Edén ! . . . .
CORO DE INDIAS
[Cantando en sus in^itrumentos.]
Llenos de suave esplendor están los bosques; y el cielo diáfano, azul y sereno inspira secreto amor ! . . . . De flores hoy nuestra sien
coronan los bosques bellos
¡ del amor el beso eterno
nos aduerma en este Edén !
[La Ñusta aparece en la orgia, en paraje espect-able, envuelta en un sudario y la cabeza coronada de azules flores de los bosques— Su presencia infunde general sorpresa, vergüenza en los Indios y deapechp en los Conquistadores.]
LA ÑUSTA
í Indias ! ¿ qué escucho ? al amor
; del amo estáis entregadas ?
¡ ¿ han muerto en el alma indiana
los recuerdos y el pudor ?
CUADRO TBRCJilRO 477
No hace dos siglos, aquí entre estas ruinas sagradas del templo de Pachacámac
vuestros votos recibí !
¿ De la Patria y de la f é
do el Genio tendió sus alas ?
¡ embrutecidas sultanas,
de un dueño os contemplo al pié !
[Con severa ironía y amargo reproche.]
« Llenos de suave esplendor « están los bosques; y el cielo 4c diáfano, azul y sereno
< inspira secreto amor !
< Con flores hoy vuestra sien
« coronan los bosques bellos .... « y de amor el beso eterno € os aduerme en este Edén ! >
[Estallando de indignación, y señalando á los Indios, qae cruzan cargados de piedras metalúrgicas.]
Y entre tanto la virtud vais perdiendo en las orgías, y al Indio la tiranía lo mata en la esclavitud ! ¡ Del cielo el blanco esplendor ruborizado se apaga en las frentes mancilladas por el beso del señor ! El bosque brinda solaz tan sólo á las almas castas, que á Dios sus votos levantan sin rubores en la faz. En esa copa de amor, que apuráis, Indias esclavas, hierven candentes las lágrimas de América sin honor ! Esas cadenas soltad ! cese la impúdica orgía !
478 OBSNIO DE AMÉRICA
que amor sin honor humilla, ni hay honor sin libertad !
(Los Indios han caido de rodillas y doblado la frente bajo el peso del arrepentimiento y la vergüenza. La Ñutíase contierte en uu vapor azul y desaparece en la atmósfera, acompa0a4a de una melodía celeste — Se alza un muro, ocultando la escena.)
MUTACIÓN
£1 teatro queda convertido en nn salen desmantelado, en cuyo fondo se alza un fastuoso trono imperial, sin gradería-— Al lado una gran urna donde claramente se lee : «Raza indiana» — Reina un profundo silencio, interrumpido al principio por el férreo ruido de gente armMda, que cruza al exterior tras de Ihs ventanas, del foudo. Es de noche, y sólo una opaca- lámpara alumbra un ángulo del salón. Cesado el ruido de armHs, se percibe por el claro de las ventaass el resplandor de lejanos relámpagos y algún trueno muy débil.
El Papado; el Jesuitismo y la CovQtnstA, crnzando los tres la escena—La Conquista viene envuelta en una gran capa i^gra de invierno y aprestada al combate. El JefiMÍtí<«rao ira»- una pequeña cruz en la mano; y el Papado uq báculo de oro, cubierto de pedrería. Después, el Jesuitismo, solo.
No hay otro medio al rebelde !
CUADRO TERCERO 479
¡ Que se alcen, si, por mi fé !
¡Que donde la cruz no alcance i
¡ Ha de alcanzar mi cordel !
. (Alzando la cruz. ]
Tus huestes á la victoria este lábaro va á guiar.
Triunfa, Conquista, y la Iglesia tu triunfo bendecirá.
A mares la sangre indiana va á correr hoy, sin piedad, apagando de la América el derramado volcan !
[La Conquista y el Papado 86 van. Bl Jesuitismo los contempla con sarcástico y concentrado rencor.]
Anda, corona de espumas, corona de fierro ayer !...*. la cruz ya es mia !...... y lacaerdáu.^^
¿¡la cuerda?! ¡es mia también i!
[Va á partir, pero en un nngtilo del fondo aparece el Genio de América, obli^nHo al Jesuitismo á retroced'ir, ofuscado, pero sin miedo. Se repone en seguida jr contempla alOenio tim raá* é impavidez provocativa.]
El Jesuitismo y el Grnio dr Amíírica.
aENIO DE AMÉRICA
( Con dulce reconvención. )
¿ Dónde va ? ¿ dónde va tu paso incierto ?
Inflexible y tenaz, Genio de América, atrevido doncel ! Con ciego alarde me provocas á duelo en todas partes !
Una fuerza celeste, misteriosa
de los hombres dirige la carrera
á travez del espacio y de la historia
¡ No ! que el hombre nació de tierra vana,
y es su fuerza y su ley la de la planta.
¡ Siempre el hombre !..... En su orgullo temerario
contra el mismo Creador alza la frente.
¡ Es la historia el padrón de sus hazañas !
¿ y qué ha sido en la historia ese monarca ? !
¡ Insensato ! i No ves que despreciando á los hombres, tú mismo te desprecias ? Si ensalzar al Cria lor quiere tu intento, no rebajes su hechura hasta el insecto. Sí ; la historia es su campo de batalla : al error combatir con noble arrojo
CUADRO TEROEKü 481
es la ley que dirige su destino
¿ y una planta posee tanto heroísmo ?
Di jóle la razón :—« Llevas el soplo
« de tu Dios ; y con él va la victoria.
« ¡ Oh, Titán soberano ! eres tan grande,
« que á Dios mismo alzaras altivo el guante ! »
Así habló la razón. Tú eres la prueba
de la audacia y poder ([ue anima al hombre,
pues pretendes burlarte, en tu delirio,
vencedor colosal, contra Dios mismo !
¡ Bien conozco tu Credo ! siempre esclavos
vivirán de los grandes los pequeños,
ya cruzando el desierto, cumo parias,
ya la argolla regando con sus lágrimas !
¡ Qué calumnia á Jesús ! Si solo un cambio
de conyunda esclavócrata nos trajo,
sin rasgar del espíritu la sombra
¿ dónde está lo divino de sus dogmas ?
Si era el hijo de Dios, y redentora
la misión que su Padre le confiara
¿ do los frutos están, si el hombre siempre
en el polvo ha de hundir su hermosa frente ?
(Con desprecio mordaz.)
¡ Escolástica argucia ! Si es el hombre luminoso un espíiitu no vuela.
¡ No ! que él trae de su origen la corona: y las alas del ángel poderosas ! No es la aurora fugaz de una quimera esa lámpara inmensa de su espíritu , no es la líquida gota en la mañana, que el incendio evapora entre sus llamas de una fuente divina ha descendido ; sigue arroyo sereno en el misterio, fecundando arenales con su riego ; va creciendo el raudal : á las montañas
482 6&NI0 DE AIiífiRICA
correntoso se trepa, atrepellando
las graníticas moles de su paso ;
escalada la cumbre, gigantesco,
en cascadas de luz, se precipita
ese espíritu humano en el inmenso
Océano sin fin del Universo !
¡ Ali ! es en valde que intenten oponerse
de la ciencia á la i trépida corriente,
los milagros, la Biblia, el dogma absurdo
y hasta el hacha afilada del verdugo !
Si rebelde se muestra á la doctrina de su Dios, que proclamo con la Iglesia ¿ qué camino tomar, pues, con esa alma que así niega su amor á aquel que la ama ?
Si del alma tú niegas el origen,
si su fuerza avasallas j si la afrentas
¿ cómo quieres que te ame esa cautiva,
y se postre á tus plantas de rodillas ?
¿ No te ha hablado aquel Dios, que en el Calvario,
con su sangre el desierto fecundando
de aquel mundo caduco que moría,
otro mundo creó de eterna vida ?
¡ Bien ! sabedlo, por fin ! Luzbel me inspira !
El veneno, el puñal, la intriga, el dolo,
confesión, sacrilegio, fanatismo
son de mi trama indestructibles hilos !
I A América me sigues ? ¡ Bien ! me place !
Has de, incauto, servirme de instrumento :
contigo he de vencer á la realeza
¡pobre niño! y después ¡ te haré pavezas !
(Sin ira, y conservando su dulce mageatad.
Doblegar he de, al fin, tu ciega audacia
CUADRO TBRCKRO 483
con la noble verdad de mis principios. Te hablé siempre, Jesuíta, de esta tierra, siempre sorda encontrando tu conciencia. Tres centurias de bárbaro dominio ¡ ay ! del Inca la tierra ensangrentaron :
á piedad pretendí mover los Reyes
tampoco corazón los reyes tienen !
Pues, trancemos, oh Genio; ¡ nuestra alianza será fuerza del Orbe ! Tu evangelio juraré contra el rey ; pero en la América di que á Dios sólo el Papa representa
¡ Porque vuestro es el Papa !
{Ap. — ¡ Oh ! ) Yo gobierno
con la cruz en la mano al Nuevo Mundo : será siempre la América una esclava de los Reyes y Frailes, sin mi alianza.
(Muy persuasivo y melifluo,)
No de falso espejismo tú alimentes
su cerebro, de suyo ya liviano.
Embriagada en un éxtasis divino
á la margen sombreada de sus rios,
cree tangible la América su utopía,
y, mañana, al tocarla, fiebre ardiente
del insomnio corriendo por sus venas,
el vacío hallará de la quimera.
¡ Libertad ! la serpiente emponzoñada,
que en el cuello se enrosca de los pueblos,
y deslumhra los ojos de la América
con el brillo fatal de la licencia !
¡ Oh, tú. Genio feliz ! ¡ Ah ! quien no sueña
tu belleza inmortal ! Eres el lampo
que en América luce, cual la aurora
de los dulces trasportes de la gloria !
484 GENIO DE AMÉRICA
Eres tierno y viril : el* blando ritmo
de tu lira conmueve hasta á las rocas :
y á la luz y al aroma de tus alas,
de embriaguez y de amor se aduerme el alma !
¿ Por qué qu eres entonces que el combate
de tu América turbe los idilios,
y en sus sienes de virgen se deshoje
la aromosa azucena de los bosques ?
En el blando deliquio de la vida,
tú esa blanca azucena le ceñiste,
cual el beso sagrado del mancebo
en la noche callada de himeneo.
¡ Oh, tú, Genio celeste ! Sí ; descansa
de la hamaca del bosque á los columpios ;
mientras velo solícito tu sueño,
la regencia aceptando de tu imperio
MUTACIÓN
Aparece Satán en un ángulo, y desapareciendo el muro del fondo se convierte en un ParaÍHO. F)n é?te^ sobre una hamaca indinna, formada con floridas enredaderaK y sos tenida por dos ángeles, se columpia suave é indolentf^mente la Ñusta, representando la hellexa del amor, casto m la vez que gracioso y ardiente de las mujeres de Amé* rica; pulsa con elf*ganc¡a artística uuh lira, á la que arranca, con languidez y como entre sueños, una voluptuosa melodía. El arte satánico, (íigiiradamente hablando), apura en este cuadro todas his seducciones déla casta virgen en sus primeros deseos. La virgen io* diana, la Ñusta, no rompe el broche de su alma por el gros**ro sentimiento de la vanidad y del lujo, como en la MnigHrita del Faurto, porque este resorte lo creo indigno o inverosímil tratándose del ideal, y aun de la realidad de la mujer; biuo, per el contrario, el móvil de la Ñusta es la intuición, sensible, si se quiere, pero pura, de la «belleza» en el amor, móvil de seducción ciertamente mas poderoso é incontrastable para la mujer, respecto de si misma, y para el hombre
CUADRO TERCERO 48fi
respecto de la mujer. Al menos, tal es lo que he pretendido pintar en esta escena del Fhi-aíro, como se lo expresé hI maestro Beron, cuando C'»raponíft este p:is».je de su bella partitura — El Genio de América contempla á la Sn^tn con la pnreza tranquila de un ángel, sin otro entusiasmo que el del éxtasis del amor platónico Pero, derrepente se siente gradualmente invadir por la llama del amor terrestre: lucha entonces para apagarlo j vnC'la; va á caer vencido*, pero, til fin, triunfa el cielo sobre esa seducción de Satanás.
El Jesuitismo— Gen JO dk América — Satán— Ñusta.
(Continuando al compás de la melodía de la Ñusta, después de unos instantes de su aparición.)
¡ Es la Ñusta, tu virgen de las Indias !
Piensa en tí y languidece ! tibia brisa
de su labio se escapa ¡ es aun mas bella
que una hurí musulmana y que una Eva !
¿Quién, al verla, de amor no desfallece ?
¡ qué celeste misterio ! El Paraíso de las dulces fruiciones la rodea,
y en su lira divaga una promesa !
¡ Otra vez mírala ! ¿ No oyes tu nombre
en su labio vibrar ? Anda y desata
los encajes del seno, que palpita
ruboroso al soñar en tus caricias !
¡ Oh, sublime deidad ! Cántale, oh. Genio ! Dios ha abierto á tu sed entre sus brazos la dulcísima fuente inagotable de los blandos deleites inmortales !
486 GKNIO DE AMÉRICA
•^— ——————— ——i—— ' I i.i ■ I ■■•• mm
No te oprima el arnés; las arabiciones del poder no acibaren tu existencia. Para tí, juventud, amor, poesía; para mí, la vejez y las espinas. Mientras yo me consumo en el insomnio de la ingrata tarea del gobierno, soportando el insulto miserable, recibiendo la herida del combate, liba tú de esa virgen en los labios el sabroso panal de los encantos, y el eterno deli juio con sus alas velará para siempre vuestras almas !
(El Genio vuelve en sí, rompe el iniao inAgico de la deidad; sale del éxtasis voluptuoso en que yacía erabargado, y, apartando el rostro de ella, enérgico y con cierta vergüenza y remordimiento por hnber vacilado ante la indigna seducción, dirige la palabra al Jesuitismo, en tanto éste y Satanás se contraen de rabia al ver burladas sus esperanzas.)
/ (A la Ñusta.)
¡ Cual, mi virgen indiana, te calumnian !
(Al Jesuitismo.)
¡ La serpiente eres tú ! Yo me horrorizo . ante el nuevo resorte, que el infierno ha inspirado á tu mente en sus abismos ! i Seducción ó terror ! circo ó verdugo
en la turba ignorante ! en la ilustrada
la enervante molicie de los goces, apagando en las dos la luz del alma ! Tal 1 táctica fué de los tiranos, del espurio Pontífice de Cristo, de tu secta sin fe !..... Ciegos y locos, ¡ ah ! no veis que lucháis con el destino ! Si esta América ofrece al Rej y al Papa juventud rebosante, luz prístina ¿ por qué entonces no cambian previsores del pasado la sangre envejecida ? Libertad á la América le ofreces ; mas, primero, anulando su conciencia !
CUADRO TERCERO 487
i la dorada librea de los libres ocultando el crujir de las cadenas !
Contra el pueblo la fuerza es un derecho, que ejercitan paternos los monarcas.
Y si el pueblo se ampara de la fuerza el monarca le inmola á su venganza!
¡ Tiene orgía ! ¿([ué mas para la sierva?
cual á víctima antigua, hasta las aras
conducirla entre cantos, y clavarle
el cuchillo en el seno, al coronarla !
¡ Sí ! ¡ yo adoro á la América ! ¡ es mi virgen !
mas te engañas si crees que sus delirios
de amor y libertad no infUnden nunca
el ensueño viril del heroísmo !
¡ Oh, mancebo ! to obcecas ! ¿ no comprendes
que has nacido al amor? largo cabello
flota riso á tu espalda; y fuera corto si el destino que traes fuese guerrero. Ya la Ñusta lo dice : el Paraíso musulmán es su lecho de himeneo ; heredera de Inca.... sinembargo, te convida al placer su dulce seno.
¡ No es mi Nusta, no, no ! pues que su llama es la fiebre voraz de insano fuego. Yo reniego su amor, si el lazo rompe que ha ligado al Creador y al Universo ! Si esa bella deidad no es un engaño, si es mi amante real, y la heredera de la raza de América ultrajada,
488 GENIO DE AMÉRICA
el recuerdo simbólico de América volverála al deber ¡ oh, cara Patria !
(Abre enérgicamente la nrnií. saca de ella la espada corta de los ludios, 1h contempla con engrado respeto, y luego se troncha con ella los cabellos.)
¡ Noble espada infeliz ! Van ya tres siglos,
que, vencida, en la tumba tú descansas !
¡ los cabellos del niño troncha ! Ahora : represento, tiranos, á mi raza !!!
TAI decir «ahorH», arroja los cabellos á la urna; se despoja asi mismo del manto; y loinando del fondo de la urna la bandera indiana, y desplegándola con bélico entusiasmo, declama el último verso : «represento, tirano?, etc.* — Satanás desaparece en una nube negra, con estridente ruido, semejante á una explosión de rabia. La nube se ensancha, tomando el color de la sangre, y, envolviendo al Paraíso,' lo arrastra consigo y desaparece, quedando el teatro casi en completa tiuiebla — Kl Jesuitismo ha exhalado de despecho un colérico rugido, pero se domina aun )
¡ Pertinacia fatal ! ¡ Bien ! yo la ofrezco contra el rey libertad, y aun contra Roma 3 la riqueza, la paz activa y dicha, si se ajusta la América á mi norma. Vengará de la Europa las injurias, (jue orgullosa la inflere ,
p]n tu frase de almíbar se derrama.
el veneno sutil de tu egoísmo.
¿ Engañar á la América imaginas,
como al Papa reciep ? ¡ cual en tu rostro
se refleja el veneno !
i Te conozco !
¿ Tú brindarle á la América la dicha ?
del derecho la fú'gida diadema
CUADRO TERCERO 489
¿ tú ceñirla á su frente ? ! ¡ Inicua farsa !
libertad singular en la cadena !
¿ Qué progreso es aquel que se elabora
en el seno de piedra de tu secta,
si al espíritu humano en un cadáver
lo conviertes, Jesuíta, con la regla?
Ni riqueza, ni industria ¿ cuándo nunca
recibieron los pueblos del tirano,
SI su fuerza consiste en la ignorancia
y abyección en que sume á sus esclavos ?
Con el signo del Gólgota severo,
con el hacha en la sangre enrojecida,
ya vistiendo la púrpura del César
ó la negra sotana del Jesuíta,
tú, y los Papas y Reyes á los pueblos
explotando malignos, apagaron
¡ ay ! la vivida antorcha, que los guia
á un trabajo común y á un fin supremo.
Pero, el hombre al nacer estrecha alianza
con el hombr e formó, con su destino,
y romperla jamas podrán los reyes,
ni torcerla jamas el fanatismo !
¡ Son utopías ! ¡ utopías ! son fantasmas,
que ignorante te forjas ¡ ¿ Se cree América
de su propio destino soberana,
porque rompa en la frente de los Reyes
con espada de fuego la cadena ?
¡ Pobre niño ! A los jóvenes y §incianos
amarrados tendré siempre á mi regla;
y, labrando su propia servidumbre,
me darán esos candidos su influencia.
Los colegios serán mis instrumentos;
el poder oficial mi fuerte egida,
cooperando las leyes del Congreso.
Dejarán los avaros que perezcan,
por el hambre los pueblos de su patria,
mas si quema mis templos el incendio,
49Q GfENXO DE AMÉRICA
vaciatón el tesoro de sus arcas.
¡ Oh ! bien sé que alumbra ya la victoria
la atrevida cañera del apóstol;
mas, le sigo de cerca, y, derrepente
le ahogará la tormenta de mis odios !
Lanzaré los gobiernos sobre el pueblo,
como lobos hambrientos á un rebaño,
asestando después á los gobiernos
la venganza del pueblo sojuzgado.
Y una vez terminada la batalla,
por un manto de lágrimas cubierto,
el cadáver husmeando, por la noche
haré yo mi botín ¡ botin sangriento !
¡ Y bien, niño ! ¿ persistas ? ¡ temerario !
¡ he lanzado mi reto al mismo cielo !
¡ Imprudentes ! no veis que el Orbe es mió,
pues es mia la Iglesia con su clero !
Mi poder se sustenta sobre siglos;
soy el aire sutil que tú respiras ;
y en el seno secreto de tu alcoba,
confesión es el ojo que te espía !
La fanática esposa por la Iglesia
á su esposo herirá con fe tranquila;
y, temiendo pecar, hasta las madres
que me inmolan verás sus propias hijas ! !
¡ Oh, qué víbora horrenda ! ¡ Oh, negro abismo,
(jue á los cielos escupe negra náucea !
¡ negro abismo, do el ángel ha grabado :
« ¡ no aquí busquen piedad las buenas almas ! »
¡Mas, deliras !.... El limo restaurante
que el progreso en su química elabore,
mezclaráse á la sangre de la América;
y, por cada patriota que se inmole,
nacerá al porvenir fecunda idea !
(Principia la tempestad —El Jesuitismo, sacando el puñal y diipo* uiéudose á acometer al Genio.)
CUADRO T£;RGBaO 491
Bien, pues, ¡ mira el puñjil : muere, rebelde ! Hoy del Papa y los Reyes el azote....
[Se lanza aubre e) Genio, y éste, impasible, señalando oon severa magestad el docul del trono.]
Ha llegado, por fin : « ¡ la última noche ! »
(Estalla un trueno, que detiene sobrecoi^ido al Jesuitismo, al hun> dir 8u puñal en el Genio. Al mismo tiempo, en el docel del troné aparece en letras de fuego esta sentencia : «j La última noche!*. Ál verla el Jesuitismo, retrocede y proñere un rugido, semejante al que se supone lanzarla el i nñerno contra el cielo, áser cierta esta fábula católica Pero, el Jenuitismo reacciona, y su altivez y fiereza se acentúan bajo eldesencaienamienti) de sus humillados odios. Suceden lejanos sones de guerra, producidos por clarines, cajas y detouAcioDes de arcabuz ]
¡ La batalla sonó ! ¡ guerra implacable á la América dan hoy las coronas ! El Papado y los Reyes se han unido ! ¡ que, pues, rompa la América su argolla !
(Volviendo á señalar la inscripción de fuego del docel.)
Vuelve, fraile, los ojos : la sentencia fulgurante está allí contra el tirano ! es locura intentar de la conciencia con la sangre borrar la santa creencia, que Dios ha escrito con divina mano ! Libertad se retempla en la derrota, se fecunda en el llanto del cristiano ; yes demencia pensar, sí, que tu boca amortigüe jamas en el patriota la fe que enciende el evangelio humano !
Aunque extirpe la América potente á los Reyes, veréisla subyugada
492 GENIO DE AMÉRICA
á los Papas y al clero ciegaiDente
(L^ inscripcioD se apiign.)
¡ Oh, te engañas, Jesuíta ! el siglo veinte va glorioso á acabar esta jornada !
Dichos; la Conquista y el Papado con sus respectivos Séquitos; Indios y patriotas piihioiíeroí;, cubiertos de cadeii»jsy h«-r¡das; mojkRE8 enliitadns y lloronas, i^a Conquista, el Papado y el JesuitUmo se colocarán en un grupo destacado, la C( nquist'a ocupando el centro. ]ja tempetitad yelfnigor del couiVjate coutinuan Los prisioneros muestran la magestad del dolor por la Patria y la serenidad de una resignación grande y heroica.
¡ Oh ! doquiera este Genio ante mis ojos, de apóstol ó guerrero siempre altivo ! Doblareis la cerviz, puesto de hinojos !
(El, Genio contempla con lástima á los indios.)
¡ Sí, miradles, oh Genio ! los despojos ellos son de mi encono vengativo ! Contemplad á tus neófitos hermanos; libertad hoy les brinda dulce copa ! ¡ Irrisión !.... nos llamaban sus tiranos, y rebeldes se alzaron soberanos contra los pueblos de la ilustre Europa !
i Intrigante, mentís ! fraternos lazos con Europa romper jamas quisimos;
CUADRO TERCERO 493
\ al contrarío, impostor ! estrecho abrazo con Europa anhelamos; y ya el plazo de esa alianza marcó nuestro heroísmo : Mantenernos de Europa separados, fué la ley que dictara tu codicia, pero, libres, al fin, lo declaramos: ¡ marcharemos unidos como hermanos, por el libre trabajo y la justicia !
(El Jesuitismo dice con reserva algunas palabras á U Conquista.]
(Al Jesuitismo.)
Bien decis, fiel amigo. Mis banderas, que en el mundo dominan. Genio, pisas ! ¡ Escarmienta, sí, en ellos ! las hogueras aleccionen las Indias altaneras, Y se esparzan al viento sus cenizas !
¡ La venganza cumplid, turba famélica, manejando la cruz y la cuchilla ! Mas, la sombra se fué : la edad pretérita, ha concluido también ! para la América un grandioso destino, al fin, ya brilla !
(Se oyen dianas lejanas de cajas y clarines ; y últimos fragores de la lucha.)
(Señalando con triunfante orgullo el trono.)
¡ Son las dianas, pardiez ! ¡ victoria es mia ! ¡ mi poder y venganza ea ella fundo !
¡ Rencoroso extertor de tu agonía ! Nuevo trono á alumbrar se acerca el día : libertad de conciencia para un Mundo !
(Desaparece el Genio. Arrecia lentamente la tempestad.)
Dichos menos el Genio.
(Con sarcasmo.)
¡ Representa á este siglo de la idea ! Juventud de la América : en la tumba vé tranquila á dormir con tus quimeras !
¡ Sin piedad, sin piedad, que todas mueran con su torpe ilusión que se derrumba !
UN NOBLE DEL SÉQUITO
Aquí el paso dirige un mensajero, el triunfo anunciándose en su frente.
¡ Oh, victoria ! mi cetro allí te espera !....
(La Conquista, el Papado, y el Jesuitismo se 4ingen al trono. Al poner los tres el pié en la priiiiera grada, desciende un i*ayo que mata á la Conquista y ohligH al Papado, al Jesuitismo y sus respectivos séquitos á caer de rudillas, ofu^CHdos y presos de religioso pftvor, mientras que en los prisioneros, cuyas eadeniis caen trozadas, resplandecerá la noble y austera alegría de la gloria patria )
Dichos y Patriotas ¿ iNnioa trayendo gajos de palma y de olivo en Ihs manos Kn seguida, el Gkkio db Asiékica*, la Susta y Coros de Gknioi secundarios.
UN PATRIOTA
Desplegando al aire nna bandera blanca con un sol, en gorro frigio y dos manos estrechadas; y avanzando al centro de la escena, bien destacado de los grupos, exclama:
¡ Ved, oh, pueblos del Orbe, la bandera ! ¡ América os abraza independiente !
Un rayo pulveriza el trono y los muros del fondo. Aparece en su lugar, alzándose magestuosamente de entre las ondas del océano un mundo, y con él al fondo el sol. Sobre el mundo aparece el Genio de América, representándola alegoría de la Libertad y de la Justicia. A ambos lados de éste, un poco al fondo, Cokos de Genios en blancas nubes, representando las Ciencias, las Artes y la Industria. Al pié del Genio, sobre uno de los círculos del mundo y con letras de fuego, los nombres de Washington, Bolívar y San Martin. Como un ser id^al, la Ñusta, en unn nube hzuI, rodeada ésta por una cinta, donde se lee : • Educación : Porvenir ». Un coro de Genios infitutiles rodean á la IÑusta y arrojan flores al Genio de América. Al ascender el mundo, puede tocarse el himno del país donde se represente esta Fantasía, si se prefiere, por el efecto, al himno americano compuesto expresamente. A lo lejos una salva de cañonazos, y sobre la escena una lluvia de oro; todo esto hasta que cae el telón, lo que se ejecutará muy lentamente. Al aparecer el Genio, el séquito del Papado, de lii Conquista y del Jesuitismo, permanecen en su misma actitud de humillación y amedrentamiento, mientras las indias y patriotas, hincando una rodilla con digno respf^to, alzan hacia el Genio sus ramos de olivo y palmas, en acción de gracias y cu actitud de adoración ei^poutáuea y profuuda.
FIN DE LA TRAGEDIA.
NOTA
El autor recomienda al Director de escena, no permita que, con espíritu hostil, se aluda en los trajes, decoraciones, etc., á ninguna nación. Esta « Fantasía » defiende ó ataca á aquellas ideas que, desde las prime-
ras edades históricas, han venido disputándose, en la conciencia humana, el imperio del porvenir.
LA ULTIMA PÁGINA
Estos ensayos dramáticos fueron escritos en el campamenlo y en la proscripción. Me han prestado oportunos consuelos, y seílalan, cada uno de ellos, una época acentuada de mi vida. — Antiguos compañeros de infortunios, tendrán siempre un puesto en mi corazón.
Sólo á estos títulos se atreven á esperar indulgencia.
Francisco F. Fernandez.
Baenos Aires, Mnrzo de 1881.