Pedagogía social · Unidad 64 de 85
Unidad 64 · PEDAGOGÍA SOCIAL 173
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PEDAGOGÍA SOCIAL 173
porque, si ella lleva a la clase textos y apuntes, ¿en qué tiempo, en qué "encarnación teosófíca" adquirió la experiencia individual que habilita a comprender sistemas filosóficos generales, abstractos?
Y si se alegara que la alumna al caso es ser de excepción, un genio, diría yo que el genio no se ocupó jamás en hacer mosaicos con ajenas piedras por otros labradas: Dio lo suyo; su verdad, tosca o pulida, pero original.
¿Cómo hacer para llevar al convencimiento de profesores, padres y alumnos, que saber de memoria no es saber, que amueblar el espíritu no es desarrollarlo? La escuela, aún hoy, pese a esfuerzos individuales que se estrellan contra la rutina ambiente, cultiva la memoria mecánica (hay para ello una razón fundamental, que en otra ocasión estudiaremos. El hombre da a la inteligencia importancia capital, olvidando que ella es la resultante de la afectividad y de la voluntad : Tal interpretación errada lo lleva, dada la imposibilidad de cultivar aisladamente, por y para ella, a la inteligencia, a recurrir a falaces métodos, panaceas1 de Dulcamaras, que inyectan el saber sin hacerlo emerger de la experiencia y de la base humana, afectividad, voluntad, y, admirados ante lo que el espejo refleja, creen educar cuando no hacen más que embutir).
Cuánto se retiene de tal asignatura, era y sigue siendo la preocupación escolar. Por lo tanto, todo examen investiga todo el poder mnemónico; No se
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pregunta qué se retiene, cómo m recuerda y para . V llegamos a La razón de pie de banco
de dar al alumno 1" 6 L2 días antes del examen para i Qué, manes de nuestro
Pestalonil
Recordaré la impresión cansada en mi al cambiar de medio educacional: Acabado el tercer año normal en La Plata, bajo La sabia, genial dirección de una maestra digna de tal nombre, mg una Je Las escuelas de pi de La capital, ni
ni mejor que mucha al contrario, a
estar por lo que oía dentro y fuera del aula, una escuela modelo. Durante I i de clase, no me
explicaba qué era aquello: Oía, con estupefacción, a condiscípulas que, como la niña de marras, barajaban con singular desparpajo a sabios y a filósofos; otras, que exponían, durante toda la hora de clase y de pe a pa, teorías abst rusas; leía con terror apuntes que no entendía y luego escuchaba con asombro la exposición de eso mismo, sin motivar una pregunta de parte de la profesora o un pedido de explicación de parte de la alumna. Como casi no pude ingresar a esa escuela, pues Miss Mary era parquísima en sus clasificaciones y allí me exigieron término medio distinguida y sabía que mis setenta condiscípulas llenaban esas condiciones, las respetaba ingenuamente, creyéndolas de inteligencia no común, preparación esmeradísima y clara comprensión.
Y desarraigaráse de cuajo el vitando vicio de