Poemas de provincia y otros poemas · Unidad 3 de 80
Unidad 3 · POEMAS DE PROVINCIA 1 3
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
POEMAS DE PROVINCIA 1 3
solitario jardín del penitenciario, evónimus que encuadran las avenidas;
enjalbegada tapia de humilde huerto donde prende amorosa la parietaria; kiosco de la música, triste y desierto; fuente morisca seca, tan solitaria;
caserones de enorme portón, cerrados, que mansiones de hidalgos otrora fueron : — ¡ah!, todos esos seres inanimados tus cariñosas frases de amor oyeron.
Todo nos sonreía. ¡Oh irremisible pérdida de poéticas emociones! ¡Frescura, encanto intenso é indefinible, que hace vibrar á unísono los corazones!
Otra tarde pasamos. Todo callado en la desierta plaza; tú y yo también. Nada queda ya, en torno, de aquel pasado que encantó nuestros años primeros. ¿Quién
nos robó esa frescura y aquel encanto? ¿Por qué yo me sentí de manera tal conmovido que hube de verter llanto, irreprimible llanto sentimental?
¿Recordabas acaso la tarde aquella en que te declarara mi amor, allí, y en que tú, tan alegre, risueña y bella, me dijiste temblando : — Que sí... que sí...?
Y era ahora una tarde en que la neblina se agolpaba en las calles de la ciudad.
14 ANDRÉS GONZÁLEZ-BLANCO
Era en la hora gélida y vespertina, víspera de la Pascua de Navidad.
Tiritabas de frío. Y en la hornacina tiritaba la Virgen de piedra y cal. Se borraba á lo lejos, entre la fina lluvia, la torre de la gran catedral.
Nos despedimos, lúgubres. Con voz resuelta me dijiste : — No quiero volverte á ver... Dieron el toque de ánimas. Se oyó, á la vuelta de un callejón, el paso de una mujer.
Crujieron las humildes acacias mustias; un ramaje de un chopo se desgajó; y hasta la Santa Virgen de las Angustias con su dedo de piedra te amenazó...
Abril, 1905.
POEMAS DE PROVINCIA 1 5
Aquella tarde te seguí. ^Recuerdas? Melancólica tarde de domingo. Á un borde solitario del paseo la charanga tristona del Hospicio metalizaba, bronca y desacorde, un vals de algún autor desconocido.
Venían en el aire los cantares en que ahogaban los presos su fastidio, sentados á la reja de la cárcel, viendo pasar la ola del gentío, que les traía un eco de aquel mundo oculto á sus miradas de asesinos.
Eran esos cantares andaluces, vibrantes y sentidos, á veces muy plebeyos y á las veces con ráfagas de ardiente idealismo; esos tristes cantares en que se habla de jazmines, de besos, de presidios, de rejas, de ojos negros y traidores y de amores, de celos y de olvido, y de un galán, apuesto como un árabe, asesinado á vera de un camino...