Poemas de provincia y otros poemas · Unidad 4 de 80
Unidad 4 · 1 6 ANDRÉS GONZÁLEZ-BLANCO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
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Los lánguidos clamores de la banda á distancia cortaba el aire tibio, fingiendo, entre las copas de los álamos, un murmullo fugaz y desvahido. Temblaban las imágenes en las aguas del río, claro como tus ojos, como tus ojos transparente y límpido.
Ibas tú de paseo con tu padre : el paseo apacible del domingo, cuando, tras la labor hebdomadaria, reposan los espíritus, tranquilos. Es ése el día alegre de provincias : se sacan de las arcas los vestidos — aquellos que son claros y vistosos y que fueron regalo del padrino. Se pueblan los paseos y las plazas; todos vagan con aire distraído, hay más coloración en los semblantes, en los ojos irradia nuevo brillo, y son más cariñosas las palabras y brota más amor en los espíritus...
Te miré y me miraste. Desde entonces comenzó nuestro amor, dulce y sencillo, lleno de veleidades provincianas y de romanticismos. Al salir de la misa de las Claras en los días festivos, ¡cuántas cosas te dije apasionadas que nunca habías oído! Y en el dulce paseo de la tarde,
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donde otra vez, amantes, nos veíamos, yo sabía que había una mirada persiguiendo mis pasos intranquilos y un noble corazón de adolescente que latía al unísono del mío.
¡Y cuánto nos amamos desde aquella melancólica tarde del domingo, oyendo pasobles y mazurcas á la tristona banda del Hospicio, en el largo paseo que se explana á la orilla del río,
— del río claro cual tus claros ojos, también como ellos transparente y límpido!...
Septiembre, 1904.
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Los enamorados, sentados en los bancos de las plazuelas, mirándose y unidos, contemplan distraídos á los niños que salen de las escuelas, ó escuchan extasiados orquestas de bandurrias y de vihuelas, ó el sexteto ambulante de ciegos que caminan á compás, grotescos en su marcha titubeante, dando un paso adelante... y muchos hacia atrás...
Allí estamos los dos, sin hablar nada, mirándonos con tedio ó con cariño. Se clava en mí tu fúlgida mirada, y yo me siento niño y lloro sin saber lo que me pasa, y hay algo que el espíritu me abrasa...
Recuerdo aquellos días en que tú me querías, aunque no te había dicho que te amaba; tal vez romper sentías
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el misterio que así nos enlazaba.
Y era que comprendías
que, cuando se ama tanto,
si se rompe el misterio, se destruye el encanto.
Mientras, toca la orquesta callejera olvidada habanera ó mazurca de gusto provinciano, ó antigua polonesa de sabor chopiniano, ó un vals canalla de La Gran Duquesa.
Septiembre, 1904.