Poemas · Unidad 13 de 50
Unidad 13 · SALVADOR DÍAZ MIRÓN 39
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SALVADOR DÍAZ MIRÓN 39
TOQUE.
¿Do está la enredadera, que no tiende como un penacho su verdor oscuro sobre la tapia gris? La yedra prende su triste harapo al ulcerado muro.
¿Do está el césped gentil, que no tapiza la tierra en torno del desierto albergue? Cual ralo vello que el pavor eriza, salvaje esparto en derredor se yergue.
¿Do está el árbol simbólico y risueño que un tiempo fué para el lacerto jira, para el ave palacio, para el sueno canción de arrullo y para el viento lira?
Tronco desnudo, bajo el doble azote de la lluvia y del ábrego, se eleva: aguarda aún que de su costra brote arrollada y derecha la hoja nueva.
Y abierto en cruz como en señal de duelo, semeja en medio de la hierba lacia un esqueleto que levanta al cielo sus secos brazos, implorando gracia.
¡Oh linfas gratas al sauz doliente! ¡Cuan lentas, cuan mermadas, cuan distintas,
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cuan lánguidas os miro al sol poniente de cuyas luces reflejáis las tintas!
¡Cuál se arrastra en el fondo del barranco vuestra corriente por las piedras rota, bajo el vapor que, como el humo blanco del perfumero en el santuario flota!
¡Oh infausta soledad, que eres ejemplo de mudanza y dolor! ¡Con qué sombrío, con qué punzante júbilo contemplo ¡ay! que tu cambio corresponde al mío!
UMBRA.
Como un rey oriental, el sol espira envuelto en una púrpura que arde; se hunde en la sierra transformada en pira en medio de la gloria de la tarde!
La luna surge de la selva oscura derramando un albor como de duelo, y, blanca y libre, como el alma pura de un mundo muerto se remonta al cielo.
Ronco clamor que por el aire corre, atribulando al justo y al precito, el toque de oración suena en la torre, índice que señala el infinito!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 4 I
El mar salmodia sus perennes quejas
batiendo sus riberas rumorosas
y el hombre piensa en afecciones viejas, en seres idos y en pasadas cosas!
Como el velo de un ángel, como espuma lanzada hasta el zenit por una ola, una nube, una ráfaga de bruma, cruza el espacio, nacarada y sola.
Y en su veloz y Caprichoso viaje al través de la pompa vespertina, miente una fuga de astros.... El paisaje se estremece en la pálida neblina.
Las palmas gimen con solemne acento formando un vago y religioso coro, y son plumeros que oscilando al viento barren el éter empolvado de oro.
La esperanza y la le se magnifican, la inmensa escala de Jacob se extiende, el lucero y la flor se comunican, el rayo baja y el perfume asciende!
Cae una lluvia de sutiles gotas y —flauta oculta en el follaje espeso — el ruiseñor con palpitantes notas canta a la estrella la canción del beso.
Resuenan en los hálitos que giran murmullos como de ánimas que imploran,