Poemas · Unidad 18 de 50
Unidad 18 · A LOS HÉROES SIN NOMBRE.
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A LOS HÉROES SIN NOMBRE.
Milicias que en las épicas fatigas caísteis, indistintas e ignoradas, cual por la hoz del rústico segadas, en tiempo de cosecha, las espigas;
que moristeis a manos enemigas, fulgentes de entusiasmo las miradas, tintas hasta los puños las espadas y rotas por delante las lorigas.
Oscuros Alejandros y Espartacos, la ingratitud de Vuestro sino aterra la musa de los himnos elegiacos.
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En las cruentas labores de la guerra, sembradora de lauros, fuisteis sacos de estiércol ¡ay! para abonar la tierra.
A LAS PUERTAS.
Al fulgor ensangrentado de una hornaza nunca extinta, junto al yunque en que el ardiente hierro herido arroja chispas, levantando y abatiendo el martillo que fatiga, sudoroso y atezado un Vulcano está a tu vista.
Esta atmósfera de infierno, roja a fuerza de encendida, en que el cíclope trabaja como en una pompa olímpica, bien pudiera sofocarte con su fuego y sus cenizas
¡Que de ti no entre aquí más que la luz de tus pupilas!
No penetres en el antro, no busques idolatrías en este taller, panoplia de tantas sagradas iras.
SALVADOR DÍAZ MIRüN ' 57
Yo amo la belleza, es cierto, mas no a la manera antigua: vastago de esta centuria voy a donde ella me guía.
Y no para honrar los templos la moderna gracia artística, sobre los pechos de Helena modela copas divinas; ni el nuevo genio ateniense mira con ansias lascivas en la cadera de Aspasia el contorno de su lira.
Ni la estética en su arena premia como antes solía el más melódico beso aplicado a una mejilla; ni en los litigios famosos, que dirime la justicia, la desnudez de Frinea es hoy razón decisiva.
Tu lugar no está en mi fragua, ¿qué te importa la obra mía? Yo no labro joyas de esas que alas mujeres cautivan: ¡Forjo armaduras, escudos, cascos, espadas y picas, para todos los derechos que combaten por la vida
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BOEDROMION.
¿Gemís? ¿No hallaron entre rojas piras y a través de las bárbaras saetas claros laureles vuestras justas iras?
Coronados de adelfas, los poetas cantan fausto loor, digno de liras hechas a celebrar triunfos de atletas.
La griega sangre que purpura el suelo por la lucha convulso y escarbado es propicia a la patria y grata al cielo.
¡Gloria eterna al que ardiente y arrojado se adelanta en la lid con noble anhelo y en la primera fila es inmolado!
Para el que torna invicto y satisfecho al dulce hogar, la admiración curiosa saie a la puerta y se encarama al techo.
Y bajo el casto peplo de la hermosa virgen, el puro y culminante pe^ho hinche y erige su botón de rosa.
¡Cejar, descolorida la mejilla, turbia la vista y erizado el vello, en la pugna viril es gran mancilla!