Poemas · Unidad 20 de 50
Unidad 20 · SALVADOR DÍAZ MIRoN 63
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SALVADOR DÍAZ MIRoN 63
PRELIMINAR DE ''MELANCOLÍAS Y CÓLERAS."
A Chucho Valenzuela el eximio poeta.
Al chorro del estanque abrí la llave; pero a la pena y al furor no pude ceñir palabra consecuente y grave.
Pretendo que la forma ceda y mude; y ella en mi propio gusto se precave, y en el encanto y en el brillo acude.
Afeites usa y enjoyada viene. . . . ¡Sólo a esplender y a seducir aspira, como en la noche y en el mar Selene!
!Es coqueta en el duelo y en la ira
del supremo rubor! ¡No en vano tiene
curvas y nervios de mujer la lira!
¿Qué mucho, pues? A encono y a quebranto dejo el primor que les prendí por fuera; y en la congoja y en la saña el canto
resulte gracia irónica y artera: el iris en el glóbulo del llanto y la seda en la piel de la pantera.
64 CULTURA
REDEMPTIO.
Llegué a desesperar ¿A dónde iba
por el rudo peñón cortado a tajo? Miré al cielo, y estaba muy arriba!
La cima con su vértigo me atrajo; torné la faz a la traspuesta hondura, vi la tierra, y estaba muy abajo!
Y a la mitad de la pendiente dura do el fragoroso alud bota o resbala, dudé entre la vergüenza y la locura.
Y un gran buitre al pasar me hirió con su ala; y oré, sabiendo que el incienso sube
a excelsitudes que el cóndor no escala.
Imploré con fervor .... y me detuve observando con pasmo que mi ruego se condensaba alrededor en nube.
Y algo como una lágrima de fuego brilló en ese vapor, germen de estragos, y dijo a mi dolor convulso y ciego:
«Yo soy el numen de tus sueños vagos; yo soy la llama de la zarza ardiente; yo soy la estrella de los reyes magos:
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Yo soy la Redención.» Y eco rugiente se levantó del valle, y parecía
como rumor de mar Y alcé la frente
y puse el pie en la nube que partía.
A BYRON.
Eras a un tiempo el ángel y el vestiglo; el astro y el espectro en el cometa; todo un siglo hecho hombre; todo un siglo de befa y de pasión hecho poeta.
Te calumniabas con insigne dolo; y bello y tentador y altivo y fiero, fuiste un Don Juan que se cantaba solo, un Luzbel trovador y aventurero.
Trataste al mundo como el monstruo a Edipo; pasmaste con enigmas la fe ciega; te pusiste la máscara de un tipo, como el actor de la tragedia griega.
Del fango impuro a tu soberbia frente subió un vapor que oscureció tu juicio; te dejaste arrastrar por la corriente, y diste pompa y esplendor al vicio.
Y tu numen fué entonces un mal hado, nutrido y lleno de impiedad sangrienta; para cada fanal tuvo un nublado, y para cada vela una tormenta!