Poemas · Unidad 23 de 50
Unidad 23 · VÍCTOR HUGO.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
VÍCTOR HUGO.
(Qué palabra mejor que la que canta? ¿Qué timbres de más prez que los que encierra ese rey triunfador a cuya planta es un mezquino pedestal la tierra? ¿Qué fuerza más divina que la de ese Titán que escala el cielo, desafiando al rayo, — que fulmina todo lo que se empina sobre este bajo y miserable suelo: espíritu y volcán, torre y encina?
72 CULTURA
¡El cóndor gigantesco de los Andes, el buitre colosal de orlado cuello, no ha batido jamás alas tan grandes, ni ha visto de tan cerca un sol tan bello! El poeta es el antro en que la oscura sibila del progreso se revuelve; el vaso en que la vida se depura, y, libre de la escoria, se resuelve en verdad, en virtud y en hermosura! ¡No hay gloria de más claros arreboles que la de ser, en la penumbra inmensa, uno de esos crisoles en que la luz del alma se condensa, como el luego del éter en los soles!
El vidente está allí, noble y sereno: si los hombres lo afligen porque es bueno y en en su yerma heredad siembran la ortiga, él los consuela, y del terruño ajeno recoge el cardo, como Ruth la espiga! ¡Árbol que el viento del otoño hiere en la hoja, en la flor, en el retoño! ¡Árbol que al viento del otoño muere y qué perfuma el viento del otoño! Todo el vapor que del pantano sube miasmático y sombrío, se cuaja arriba en tormentosa nube, pero desciende en bienhechor rocío!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 73
¿Qué importa que el sublime Prometeo,
bajo el chispazo que su frente atrae,
muerda el polvo en la lid, si, como Anteo,
se endereza mayor siempre que cae?
La ráfaga que zumba
no ha de apagar la estrella.
¡Dejad que al fin el trovador sucumba!
¡La luz de su estro, como nunca bella,
brotará por las grietas de su tumba!
¡Oh soñador excelso! — Yo te he visto tocar el cielo, en el batido estuario, ara de tu ideal! — Tú, como Cristo, completaste el Tabor con el Calvario! Misionero de luz propicio al ciego, tu genio, semejante a un meteoro, llovió desde el cénit lenguas de fuego y abrió en la inmensidad surcos de oro!
No es cierto que tu espíritu esté falto de esa unidad espléndida y bruñida que constituye el mérito más alto de un libro, de un diamante y de una vida; pero pagaste el natural tributo: primero, el huevo, y en seguida, el ave! Es fuerza que la flor preceda al fruto y el hombre empiece donde el niño acabe! Roja y azul, la sangre que te anima hizo de ti la aurora que refleja