Poemas · Unidad 39 de 50
Unidad 39 · A ELLA.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
A ELLA.
Semejas esculpida en el más fino hielo de cumbre sonrojado al beso del Sol, y tienes ánimo travieso, y eres embriagadora como el vino!
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Y mientes: no imitaste al peregrino que cruza un monte de penoso acceso, y párase a escuchar con embeleso un pájaro que canta en el camino.
Obrando tú como rapaz avieso, correspondiste con la trampa el trino, por ver mi pluma y torturarme preso!
No así el viandante que se vuelve a un pino y párase a escuchar con embeleso un pájaro que canta en el camino.
Xalapa. El 27 de mayo de 1,901.
dup:lo.
Llego entre dos esbirros, que no dudan de que a un monstruo feroz guardan y aquietar Gritos desgarradores me saludan y brazos epilépticos me aprietan.
Suspenso en el umbral callo y vacilo Alto y grueso blandón muestra y agrava con lampo incierto el espantable asilo.
La llama treme al soplo, sesga y flava
¡Pugna por arrancarse del pabilo y huir de penas que ilumina esclava!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 27
Sobre mezquino y enlutado lecho, y en negro traje que semeja extraño, y las manos unidas en el pecho, y al vientre hielo y en la faz un paño, el cuerpo yace inmóvil y derecho.
Y ante la forma en que mi padre ha sido, lloro, por más que la razón me advierta que un cadáver no es trono demolido, ni roto altar, sino prisión desierta.
¿Qué amigo que no acuda y me acompañe? La turba, que penetra sin permiso, rodea el c?tre funeral y plañe; y en el cercano templo el bronce tañe lento y lúgubre adiós al manumiso.
Al pueblo el bardo es gracia y no carcoma. Es como el floripondio de la linde que candido y triunfal surge y asoma, y al polvo de la senda torna y rinde el noble cáliz y el piadoso aroma.
¡Oh ingenio que subiste, que arribaste al eminente y suspirado extremo! ¿Por qué de la fortuna te quejaste en los acentos del dolor supremo?
¡Ay de mí, que rabioso en un erío y a mitad de la ruta estoy parado; que anhelo y lucho por cruzar un río y no hallo puente, ni batel, ni vado;
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y miro allá, por campo labrantío la fausta meta en el opuesto lado, y el Sol morir, con victorial decoro, bajo un dosel de púrpura y de oro!
Oigo decir de mi destino a un chusco: «Talento seductor; pero perdido en la sombra del mal y del olvido — . Perla rica en las babas de un molusco encerrado en su concha y escondido en el fondo de un mar lóbrego y brusco . . . . »
En sublime absorción hurgo la mente: medito con asombro en ese paso de todas las estrellas a un Ocaso
que allende una ilusión resulta Oriente
Y me inclino arrobado y reverente.
Veracruz. El 4 de enero de 1,895.