Poemas · Unidad 46 de 50

Unidad 46 · I =¡2 CULTURA

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I =¡2 CULTURA

PAISAJE.

et la Iune apparut sanglante,

et dans les cieux, de deuil envelcpée je regardai rouler cette tete couppée.

Víctor Hugo. — Les Chatiments.

Viejas encinas clavan visibles garras en la riscosa escarpa de la montaña: parecen vastas y desprendidas patas de inmensas águilas.

Sueño que sobre rasa mole, tamañas falcónidas pugnaban por arrancarla y al batir alas perdieron las hincadas piernas con zarpas.

Un arroyuelo baja deshecho en plata: resulta filigrana que corre y pasa, que gime y canta,

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que semeja que arrastra risas y lágrimas.

En planicie lejana gramosa y glauca, reses vacunas pastan y a trechos braman, diseminadas por la gula y enanas por la distancia.

El crepúsculo acaba, y el cielo guarda matiz como de gama de luz en nácar. La luna salta, como sangrienta y calva cabeza humana!

A través de las ramas sube con pausa: su expresión es bellaca, burlona y sabia. Oh! qué sarcástica la roja, la macabra testa cortada!

Al cinto la canana y al hombro el arma, cruzo con poca maña maleza brava,

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que me señala encuentros, con uñadas en las polainas.

La sombra se dilata parduzca y áurea, con transparencias de ágata sutil y extraña: asume trazas de humareda que apaga tintas de llamas.

El ábrego, con ráfaga fina y helada, sopla, y una fragancia mística y agria cunde; y en marcha sigo, con tumefacta y urgida planta.

Murmullo de plegarias confusas vaga, y una tristeza trágica me llena el alma. Oh! qué sarcástica la roja, la macabra testa cortada!

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ASPECTO.

Luna clara resplandece. Cándido y mustio su brillo pule al naranjo las hojas, entra por los intersticios, y tan roto se derrumba, que al polvo llega en añicos, en trozos desparramados, que resultan convulsivos si un soplo de aura menea las frondas del árbol mismo.

\l insensata pena suíro: los fragmentos de albor místic se me antojan el estrago de fúlgido ensueño mío, que se fué abajo, y quebróse por caer de un alto espíritu! Así en redor del arranque del tronco, el suelo está pinto de nácar y sepia, como la piel de un jaguar mirífico!

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ODA MÍNIMA.

Un quídam sube hacia crestón celeste; y del rútilo sol, que ya declina, sesga el aspa de luz encarnadina me sonrosa la veste.

A posar en altura el necio corre. {Qué mucho? La cigüeña sin empacho corona de risible mamarracho la punta de la torre!

Sirvo a deidad que avilantez inmuta que sólo a genio y a virtud convida al esplendor de mejorar la vida y embellecer la ruta.

Prendas hay en mi espíritu y lo exploro; y de buzo trabajo por cojerlas: y logro al fin desentrañar las perlas, y las engarzo en oro.

Irgome luego con encanto justo, y arrojo grito en que mi fe se parte: primero Jove, y en seguida el Arte, flor del Sentir y el Gusto!