Poemas · Unidad 6 de 50

Unidad 6 · SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 5

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SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 5

Pues bien; yo experimento a tus miradas lo que en el polo el peregrino siente, cuando una de esas brisas perfumadas va de otro clima a acariciar su frente.

En mi noche invernal, Dios ha querido que el resplandor de tus pupilas fuera un efluvio de rosas difundido en un rayo de sol de primavera.

A PIEDAD.

Llegas a mí con garbo presumido, tierna y gentil — ¡Cuan vario es el orgullo! Ostenta en el león crin y rugido, y en la paloma, tornasol y arrullo.

Brillas y triunfas, y a carnal deseo cierras la veste con seguro alarde; y en el fulgor de tu mirada veo sonreír el lucero de la tarde.

Hay minutos de gracia que suspenden el dolor, con alivio soberano; que de la paz divina se desprenden para cruzar el infortunio humano.

Virtud celeste a la miseria mía viene contigo y en el antro asoma,

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y entra y cunde como una melodía, como una claridad, como un aroma.

Al triste impartes como buena maga tregua feliz, y en dulce desconcierto, bendigo por el bálsamo la llaga y amo por el oasis el desierto.

Y me vuelvo a mi cítara y la enfloro, y la pulso, y el son que arranco a ella se va, tinto en la púrpura y el oro del puesto sol a la primera estrella.

A GLORIA.

No intentes convencerme de torpeza con los delirios de tu mente loca: Mi razón es al par luz y firmeza, firmeza y luz como el cristal de roca!

Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira el suelo; no viendo más que sombra en el camino, sólo contempla el esplendor del cielo.

Vanas son las imágenes que entraña tu espíritu infantil, santuario oscuro. Tu numen, como el oro en la montaña, es virginal, y por lo mismo, impuro.

SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 7

A través de este vórtice que crispa, y ávido de brillar, vuelo o me arrastro, oruga enamorada de una chispa, o águila seducida por un astro.

Inútil es que con tenaz murmullo exageres el lance en que me enredo: Yo soy altivo, y el que alienta orgullo lleva un broquel impenetrable al miedo.

Fiado en el instinto que me empuja, desprecio los peligros que señalas. «El ave canta aunque la rama cruja: como que sabe lo que son sus alas.»

Erguido bajo el golpe en la porfía, me siento superior a la victoria. Tengo fe en mí: la adversidad podría quitarme el triunfo, pero no la gloria.

¡Deja que me persigan los abyectos! ¡Quiero atraer la envidia, aunque me abrume! La flor en cjue se posan los insectos es rica de matiz y de perfume.

El mal es el teatro en cuyo foro la virtud, esa trágica, descuella; es la sibila de palabra ele oro; la sombra que hace resaltar la estrella.

¡Alumbrar es arder! — ¡Estro encendido será el fuego voraz que me consuma!