Poesias escogidas de Mariano de Jesús Torres : precedidas de su biografia · Unidad 143 de 154
Unidad 143 · EL PRODIGO V
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EL PRODIGO V
LA GOLONDRINA.
Pródigo un joven que hubo malgastado en los inmundos vicios su dinero, que había hasta su ropa enagenado, á excepción de la capa; vió en Febrero
Que alegre la extranjera Golondrina rápida revolaba por el viento, y dijese: — “El Estío se avecina, puedo aun vender mi capa en el momento. u
Y la vendió en efecto; mas ¡oh cielos! que aquella misma noche una nevada tan horrible cayó, que entre los hielos pereció aun la avecilla desgraciada.
— «¡Estúpido animal! con amargura le dijo airado el joven: tú causaste mi desdicha y terrible desventura, pues tu venida tanto anticipaste
Sin justicia aquel joven pervertido inculpó al ave y á su mala estrella , pues no refleccionó que habían venido sus vicios , en verdad antes que aquella.
EL AGUILA, LA GATA ) LA JAVALINA.
Ex el encumbrado monte', añosa y copuda encina, prestaba albergue en su altura á una Aguila bravia:
Inicia la mitad del tronco la Gata montes vivía: de la raíz en el hueco moraba una Javalina. Pacificamente todas las mencionadas familias, al grato abrigo del árbol en dulce calma vivían, hasta que cierta mañana la Gata, astuta y maligna, remontándose á la copa, así al Aguila decía:
— “En gran peligro te encuentras ¡oh mi cariñosa amiga!
pues que la terrible fiera que en el cuarto bajo habita, de ahondar no cesa el terreno que nos cerca, pues medita derribar aqueste árbol para que cuando la impía vea en ei suelo nuestros hijos, comérselos atrevida; y así, con grande cuidado es necesario que vivas." Suspensa quedóse el Aguila con tan infausta noticia.
La Gata baja entre tanto, y dice á la Javalina:
— "Con la Aguila yo he hablado, y sospecho, amiga mía, que está acechando el momento de que salgas de la encina, para bajar y en tu ausencia devorar toda la cría:
¡Hay que vivir con cautela pues que tus hijos peligran!"
La Javalina y ei Agüita, de tan gran peligro en vista, no abandonar resolvieron sus moradas respectivas, y como á buscar sustento á salir no se atrevían, su ternura maternal al fin les costó la vida.
Cuando murieron, la Gata
y sus hijuelos, de prisa devoraron los despojos, con indecible alegría, de aquellos crédulas madres que dieron tan grande estima á chismes de vecindad que despreciar deberían.