Poesias escogidas de Mariano de Jesús Torres : precedidas de su biografia · Unidad 144 de 154
Unidad 144 · ZORRA Y
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
ZORRA Y
LA CIGÜEÑA.
Cierta maligna Zorra, con mira piearezca, á comer en su casa convidó una ocasión á la Cigüeña.
Esta asistió gustosa; mas sin comer se queda, pues le sirvió la Zorra sopa aguada en anchísima bandeja.
Y mientras que la astuta lamía con la lengua hasta la última gota, disimulaba la otra su impaciencia.
Largas noches de insomnio le costó á la Cigüeña aquella burla infame que á vengarla encontrábase resuelta.
Obtuvo de su amiga que á un banquete acudiera, y le sirvió la sopa, pero dentro angostísima botella.
La del agudo pico, con singular destreza, comía que era un gusto, mientras la Zorra no hacía masque olería
Y así se vio obligada á contentarse apenas con lamer las gotitas que caían en torno de la mesa.
Al concluir el banquete le dijo la Cigüeña:
“ Donde las clan , las toman,11 no olvide la lección que es bien severa.
LA LEONA A LA ZORRA.
Una Zorra cierto día, delante de una Leona, su fecundidad abona y de esta suerte decía:
— "No pasa un año, querida, sin que tenga, por lo menos, doce hijuelos, y muy buenos; mientras otras en su vida
Apenas dos, en verdad, tienen, por lo que yo miro."
La Leona entendió el tiro y dijo con dignidad:
— "Señora decís muy bien que tenéis muchos hijillos; más ¿qué son al fin? zorrillos que ven todos con desdén.
Yo sólo uno á tener consigo en cada ocasión;
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pero ese uno ¡es león que todos saben temer!
Es, pues, verdad indudable que el mérito del talento no está en dar obras d ciento , sino una, pero admirable -
Próximo á la muerte un infeliz Cuervo, decía á su madre con dolor acervo:
— “¡Oh madre! no llores con tan tristes voces, más bien por mi vida orad á los dioses.
— “¿A los dioses dices?" ¡mísera de mí!
¿cual crees que quiera moverse de tí,
Siendo que empleaste tu vida pasada en picar la carne á ellos consagrada?
Quien tan sólo daños hace en su existencia , en cano del cielo pide la demencia.
Persuadidas las liebres de que su cobardía era tal, que no había alguna otra mayor;
decidieron unánimes darse la muerte fiera, para de esta manera dar fin á su dolor.
— “¿Qué es la existencia mísera, esclamaban llorosas, si siempre temerosas estamos ¡oh gran Dios!
de las terribles águilas, de los perros valientes, de lobos inclementes y del hombre feroz?'*
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Al borde, pues, de un lago lograron acercarse, y todas de arrojarse llevaron la intención;
pero ¡ay! que unas Ranas, apenas las miraron, asustadas gritaron:
■ — -"¡Dios nuestro, salvación!
La Liebre más sesuda dijo entonces:-^**Hermanas, no hay que matarse insanas; deteneos, pues mirad
que hay otras más cobardes y viven resignadas: no sois tan desgraciadas, al campo retornad.**
EL V