Poesias escogidas de Mariano de Jesús Torres : precedidas de su biografia · Unidad 70 de 154

Unidad 70 · DELIRIO DE AMOR.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DELIRIO DE AMOR.

Tu imagen foh beldad encantadora! nada puede borrar del alma mia: nre sigue á todas partes seductora-, ya cuando luce la naciente aurora, ya cuando aspira el moribundo dia.

Se me presenta en la purpúrea rosa que derrama en el aire sus olores, en la azulada nube vaporosa, en la fuente que corre entre las flores y en la luna apacible y misteriosa.

Escucho entonces de tu voz divina el acento dulcísimo, extasiado, igual al del zentzontle cuando trina ó al murmurio de fuente cristalina qué va corriendo por el verde prado.

Entonces en mi pecho palpitante siento excitarse m'á ardorosa llama:

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riendo al aire los brazos anhelante*,, toco tu mano, miro tu semblante y te oprimo en el pecho que te ama.

Loco, entonces,, te digo: “Hermosa miar del corazón objeto el más querido, yen, por piedad, á darme la alegría ora que me m¿e contemplo perseguido por la saña cruel de suelde impía.

Arranea con tu mano poderosa el dardo del dolor que me atraviesa, disipe tu mirada cariñosa la borrasca terrífica y furiosa que me amenaza con sin par fiereza.’7'

Y cediendo á mis ruegos, indulgente, miro alejarse la tormenta oscura, volver la calma plácida, y sonriente,

v dibujarse en tu apacible frente el iris de la paz y la ventura.

Y siento luego que el placer sublime conmueve el corazón, grato me alhagá: que el peso del dolor ya no me oprime,

que el néctar dulce de tu amor me embriaga y tu mano piadosa me redime.

Mas pronto viene realidad severa la flor de mi ilusión despedazando: mi ventura se aleja pasajera, te voy en vano por doquier buscando, hasta que mi alma, al fin, se desespera.

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Vuelve entonces el bárbaro tormento á ensayar en mi pecho sus furores: vuelvo solo á quedar en mi aislamiento, sin quien suavice un tanto mis dolores ni calme mi terrible sufrimiento.

En vano entonces tu piedad imploro, pues tú no escuchas mi gemir doliente, ni enjugar puedes de tu amante el lloro: no estás con migo, porque estás ausente, pero en mi mente vives pues te adoro.

Y en ella vivirás hasta que muera, porque tienes mi pecho por santuario, por lámpara el amor que yo te diera, y no podrá arrancármela, aunque quiera, ni la ausencia fatal, ni el tiempo vario.

EL 2 DE ABRIL

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Eu el cumpleaños de mí amada. (1864.)

Fuentes, brisas y ares *a novas, vuestros ecos acordes unid, celebrando con voces sonoras de mi amada el cumple años feliz.

Un día filé cuando hermosa natura matizó las campiñas de flores que exhalaban fragantes olores en el vasto y ameno pensil.

Y prestándoles nueva hermosura, les cedió su tesoro fecundo, pues nació en esa vez para el mundo el día dos primoroso de Abril.

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ii.

El gran astro, en los cielos alzando ;s;i radiosa y magnífica frente, ostentó en las montañas de Oriente <le su disco la forma gentil.

Al espacio sus rayos lanzando, escribir con su luz parecía tma fecha que al orbe decía:

“es el dos primoroso de Abril/'

Ftoentes etc :

II L

Al instante, de grandes cascadas remedaron las claras vertientes iris mil en sus aguas corrientes que formaron el Darro y Genil:

Y al caer con .fragor despeñadas, ó si mansas., veloces corrían,

en su grato murmurio decían: es el dos memorable de Abril.

FmnteSy etc »

Los jilgueros rompiendo sus trinos, los zentzontles alegres cantando, los canarios también gorgeando entonaban doquier himnos mil.

Y en arpegios sonoros, divinos, que ligeros los vientos llevaban,

—m—

con placer, á una voz, celebrabais el dia dos delicioso de Abril.

La ancha tierra, Vestida de fiesta,, se mostraba risueña y galana; primavera contenta y ufana la llené de vigor juvenil.

Todo el orbe al instante se apresta* por decirnos abora á porfía, con placer é indecible alegría que es el dos memorable de Abril.

VI.

Dia feliz, porque en él, ángel puro, á este valle de penas veniste, y el amor y ventura tragiste al reir de tu boca infantil.

Tu voz dulce fué activo conjuro que ahuyentó la amargura y tormento,, desde entonces respira contento el dia dos primoroso de Abril -

Quiera el cielo que siempre amanezca para tí placentero este dia;

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y que nunca la suerte sombría á ensañarse en tí atrévase vil.

Que de hoy más, de tus dichas acrezca el fecundo raudal cristalino; y te haga feliz el destino en el dos delicioso de Abril.

Fuente# etc.

Nunca, nó, de tus ojos divinos á brotar mire yo amargo llanto: nunca venga iracundo el quebranto y en tu pecho descargúese hostil.

Y tus labios, que hoy veo purpurinos, nunca exhalen suspiro doliente: mire siempre tu boca riente en el dos memorable de Abril.

IX.

Nuevas gracias adornen tu frente que realce tu excelsa belleza, y rival en tu sexo en pureza se presente tu rostro nubil.

Todos, himnos de amor dulcemente entusiastas doquier te levanten, y sus liras sonoras te canten en el dos memorable de Abril.

— 500—

Tales votos al cielo dirijo por tí, hermosa, en tan plácido dia, al enviarte la tierna armonía de mi lira de blanco marfil:

Y por eso con gozo prolijo te repito con voz cariñosa: ffeliz seas por siempre y dichosa en el dos memorable de Abril!

Fuentes , brisas y aves canoras, vuestros ecos acordes unid , celebrando con voces sonoras de mi amada el cumple años feliz.

¿Y he de tener que olvidarte cuando tanto te he querido?

¿y he de dejar de mirarte cuando siempre supe amarte entusiasta y decidido?

Por mucho tiempo estuvimos en dulce correspondencia; de amor mil pruebas nos dimos, y constantes siempre fuimos aun en medio de la ausencia.

Siendo así, ¿cómo pensar que un lazo que en tantos años nos supo fuerte ligar, lo habrían de desatar los terribles desengaños?

¿Quién al vernos allá un día presos del amor más ciego,

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ioaginarse podría

que el olvido al fin vendría

en nieve á trocar tal fuego?

Al oír el juramento que me hiciste apasionada, ¿quién creería en tal momento que tu palabra sagrada se la llevaría el viento?

¿Quién al ver tanto favor creería, ni remontamente, que era ficción tanto ardor, humo fuego tan ardiente y perfidia tanto amor?

Yo, al menos, ai recordar de mi amor la historia triste, no me he podido esp^icar cómo tan pronto pudiste «así de afecto cambiar.

Cuando miro tu belleza que en un tiempo amé rendido, me acuerdo de tu promesa, y ^hspiro con tristeza al ver que ya te he perdido.

El corazón se me parte, pues por mi contraria suerte veo que ya no he de gozarte: ;Ay! ¿cómo podrá olvidarte

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quien tanto supo quererte?

¡Olvidarte! ¡qué imposible! que tu me olvides, ¡tampoco! que es tu corazón sensible y no lias de ser inflexible al ver que te amo loco.

Mas ¡ay! esperanza vana, pues que con dura inclemencia ya me condenaste insana: no hay que esperar á mañana, que fué final tu sentencia.

Ya sólo llorar me resta por ¡o que un tiempo reía: ¡cuánto olvidarte me cuesta! ¡oh! con mi pasión funesta bajaré á la tumba fría

Tú llegarás á burlarte de mi sufrimiento fuerte: yo siempre sabré adorarte, que muy mal podrá olvidarte quién tanto supo quererte.