Poesías · Unidad 15 de 23
Unidad 15 · DON JUAN DE COVADONGA
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DON JUAN DE COVADONGA
* ^ sin Dios, ni rey, ni ley, y cuyo iiermano Hernando el mayor, era, después de haber llevado airada vida. Prior de cierto convento en Talavera ; Don Juan el poderoso, el cortesano, Grande de España y seductor de oficio, el hombre en cuya mano tuvo grandeza excepcional el vicio, después de amar, de odiar, de lograr todo cuanto es posible é imposible, un día sintió el cansancio de la vida, el lodo de cuantos goces le ¡ofreció la suerte, y, mezcló á su tenaz melancolía el ansia de consuelos superiores ; pensó en Dios, pensó en Dios, pensó en la muerte, pensó en la eternidad, y desprendido del lujo, del amor, de los honores, escribió á la duquesa de Vilorte diciéndole un adiós definitivo; arregló todo, abandonó la Corte, y sin un escudero, al paso vivo huyendo del pasado, fugitivo
ON Juan de Covadonga, un calavera
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de su yegua andaluza, Imacilento,
por ignorada vía,
llegó á la portería
silenciosa y, oscura del convento.
— ¿Nuestro Padre Prior? — preguntó al lego.
—En oración, [hermano.
— Por la vida lo llamará vuesamerced... — Ahora es imposible, hermano... Vuelva luego, es imposible ahora... Extasis santo, cuando reza lo embarga. — Mas le ruego... Yo estoy, aquí perdiéndome entretanto ; siento la angustia del infierno, el fuego... — Sírvase entrar al locutorio... — Vanos placeres, del Señor sonó la hora, don Juan dijo al entrar : ; mundo, hasta luego I Y por fin se encontraron los hermanos...
Don Juan perdido, en crápulas y excesos temblándole las manos, con el aire de un pobre arrepentido y la boca marchita por los besos, y Hernando, el Prior, brillándole en los ojos un fuego juvenil siempre encendido, y süaves y rojos
los labios por las santas oraciones y el olvido del Imundo y las 'pasiones.
— ¿Orando tú?... — le dijo don Juan con voz (monótona y. cansada. — Lejos de todo, en la quietud suprema
de la vida del ^ilaustro, cuando fijo temblando una mirada en el abismo actual de mi miseria, sueño también en el retiro. — ¿Cómo, interrumpió el Prior — la cosa es seria ? ¿ Te arruinaste por fin ? La de Vilorte, la archiduquesa ide cabellos rubios... La dama más hermosa de la Corte, • la rival de la Reina en el donaire aun de sus besos guardas los lefluvios... ¿Qué pasa por allá?... jSi traes un aire I Oye, Juan ; mira, hermano : aquí en la triste vida conventual, todo reviste un aspecto satánico ; imis horas tienen angustias indecibles ; mira, un enjambre de formas tentadoras entre mi celda por la ¡noche gira y, huye... iDe la oración con los empeños la disipo por fin... Ansio el oro, suenan choques de armas en mis sueños, flota un rumor de besos en el coro, y. es mi vida una lucha prolongada de rudos sacrificios en que domo la carne alborotada, con ayunos y rezos y icilicios... l I Y yo llegué ¡al iponvento ; pobre loco, ; soñando al fin en descansar un poco . y en ansiedades místicas perdido I ] Pero díme, ¿á qué vienes?
— Yo... por verte. — dijo don Juan, — por verte á toda prisa y por darte noticia de la (muerte de don Sancho de Téllez ; tú, Imi santo,
por su eterno descanso di una misa. Y al salir por el negro camposanto, en que el convento oscuro se prolonga ansiando la quietud de los que fueron, por la primera vez se liumedetíieron los ojos de don Juan de Covadonga.