Poesías · Unidad 21 de 23
Unidad 21 · JOSÉ A. SILTA
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JOSÉ A. SILTA
infinita de los váranos % de los inviernos, de la luz y de la sombra...
Si fuera poeta y pudiese fijar el revoloteo de las ideas en rimas brillantes y ¡ágiles como una bandada de mariposas blancas de primavera con clavos sutiles de oro ; isi pudiera cristalizar los sueños ; si pudiera encerrar las ideas, como perfumes, en estrofas cinceladas, liaría un maravilloso poema en que hablara de los suspiros, de ese aire que envuelve al aire, llevándose algo de los cansancios, de las esperanzas y de las Imelancolías de los hombres I
Aun siendo poeta y haciendo el poema maravilloso, no podría hablar ,de otro suspiro... del suspiro de los poetas cuando no alcanzan á encerrar en su obra la esencia irreductible de las cosas ; del suspiro que viene á todos los pechos humanos cuando comparan la felicidad obtenida, el sabor conocido, el paisaje visto, el amor feliz, con las felicidades que soñaron, que no se realizan jamás, que no ofrece nunca la realidad, y que todos nos forjamos en inútiles ensueños.
CARTA ABIERTA
Hace dos años, en una larga temporada que pasó usted en lel campo, llevando una vida apacible y. tranquila, consagrada á la pintura, me hizo usted el honor de invitarme á almorzar una vez en su casa. Las horas que pasé allí me parecieron breves, como nos parece breve todo lo que es muy, grato. Antes de que nos sentáramojs á la mesa nos mostró usted su júltimo estudio de pintura en pleno aire, acabado en la semana anterior ; era aquella figurita la de una |muchacha campesina, perdida en un trigal y que lleva en las pianos unos manojos de yerba y unas flores ; un cuadro lleno de luz y de aire de campo. Después del almuerzo, ^ tiempo del champaña que hervía en las copas, ly del café negro aromático como una esencia, nos propuso usted que diéramos una vuelta por las cercanías y todos aceptamos alborozados su idea.
Adelante íbamos usted y yo, y nuestra conversación fué una larga confidencia mutua de nuestra adoración á la Belleza. Me hablaba usted de los incomparables goces que el arte le ha proporcionado en su vida ; de la serenidad que esparció en m alma la contemplación de los mármoles antiguos ; de la fascinación que ejercen sobre usted la ingenuidad inefable de las Vírgenes de los Primitivos, la sonrisa misteriosa de las figuras de Vinci, la claridad que