Poesías · Unidad 22 de 23

Unidad 22 · EÑORA :

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

EÑORA :

dora las tinieblas rojizas de Rembrandt, la diáfana luz extraterrestre en que baña Murilloi sus aspiraciones ; me contaba usted que la Imúsica de algunos maestros, la íhace á usted olvidarse de sí tmism<a. y sentir la tristeza, la alegría, los matices de sentimiento que interpretan las sinfonías inmortales. Con frases ardientes, y. sin dominar mi entusiasmo de fanático, le jdecía h ^sted que en las obras de los grandes sacerdotes de Ja palabra, ésta acumula todos los (medios de que disponen las otras artes para recrear la vida, agregándole el alma de artista ; le contaba cómo me desvanece el .olor |de los cadáveres, de aquella, ciudad que agoniza en p\ último canto del poema de Lucrecio ; le contaba que de entre la muchedumbre que gesticula y, ama y pdia y mata y muere en los dramas de Shakespeare, salen lá veces ,á hablar conmigo, el pálido príncipe que conversa con los sepultureros y el judío" ávido que reclama su libra de carne ; le decía 4 usted que los poetas gon compasivos con los que los aman, que Musset les da á beber ;á sus íntimos el champaña ardiente de su sensualismo gozador ; que Vigny, un brebaje negro que procura la resignación ; Shelley, un haschich sutil que lo hace sentirse lá uno hermano de las plantas que florecen en el jardín encantado; Longfellow, el agua de las fuentes, campesinas en que se mojan los heléchos y se refleja el cielo, y Baudelaire y Poe, un ppio enervante que puebla el cerebro de sombras alucinadoras, entre cuya oscuridad brillan los ojos de ladi/ Ligeia y vibran unas campanas fantásticas, y aletea el cuervo y suenan quejidos de inexplicable ^angustia.

En los silencios de nuestros fdiálogos oíamos atrás las voces de nuestros compañeros que discutían el alza de las acciones de un ferrocarril en construcción ; que ponderaban la honradez y la habilidad de un Ministro recién posesionado, de quien se [prometían maravillas ; que pronosticaban la cosecha venidera como muy abundante y cal-

culaban en coro el ,alza segura del papel moneda. Nostros, perdidos en nuestra conversación, ellos, discutiendo sus graves cuestiones económicas, sin que ninguno sintiera la distancia al caminar paso entre paso por la vereda sombreada de salvios ,oscuros y de lánguidos sauces, fuimos á dar al pueblecito vecino.

Para mí se fundieron en una sola, penetrante, fína y, sutilmente voluptuosa, las impresiones del paseo, la temperatura tibia del aire y la claridad de la hora, la expresión aristocrática de la fisonomía de usted y los detalles exquisitos de su vestido; la quietud adormecida del paisaje y el olor del White Rose que emanaba del pañuelo de batista que tenía usted en la mano enguantada de piel de Suecia ; la luz sonrosada en que la envolvía á usted, al tamizar los rayos verticales del sol, su sombrilla de crespón rojo ; la sonrisa desencantada que asomaba ^ sus labios y la música de su voz al contarme las dificultades con que había luchado al pintar su último cuadro.

Hoy, en unas horas perdidas, ¡mientras que la llovizna monótona extiende sus cortinas grises por el horizonte y enloda las calles y lo entenebrece todo, como un pianista desconfiado que antes de preludiar una sinfonía toca interminables escalas para adueñarse de los secretos de la práctica y dominar el teclado sonoro, me he entretenido en hacer ejercicios de ^estilo, para lograr que las palabras digan ciertas impresiones visuales. Es así como he escrito estas TRASPOSICIONES. Mientras las escribía recordaba las horas que pasé aquel día en casa de usted yi se míe impuso la idea de isuplicarle que aceptara estas páginas en recuerdo de ellas y de nuestra plática de Arte.

Nuestros compañeros que conversaban esa mañana del ferrocarril en construcción, de la habilidad del Ministro, de la cosecha mirífica y de la baja del cambio, tan tenido después decepciones crueles y han renegado de sus entusiasmos de entonces ; el ferrocarril está inconcluso y las

acciones no tienen cotización ; el Ministro resultó un imbécil, las sementeras se perdieron el papel-moneda bajó veinte por ciento.

Usted y yo no liemos tenido desengaños acerca de los entusiasmos que motivaron nuestro ¡diálogo de ese día; sigue usted con más amor que nunca, fijando en sus cuadros la poesía eterna |del color, de la luz y de la sombra ; sigo yo leyendo mis poetas y tratando de dominar las frases indóciles para hacer que sugieran los aspectos precisos* de la Realidad ¡y, las formas vagas del Sueño ; cuando se sienta usted (á su piano Weber; y pasa los dedos ágiles y finos sobre el teclado de marfil, las sonatas de Beethoven la hacen entristecerse más suavemente) que éntonces ; cuando (abro yo toi ejemplar de los poemas de Bourget, tirado en papel de la China y empastado por Thibaron en pasta llana de toarroquí rojo del Levante, con filetes ¡de pro, isiento una emoción más profunda al releer la Meditación sobre p/na calavera, ó las estrofas penetrantes y musicales de la Noche de Estío ; cuando los ojos de usted, fatigados por la policromía de la paleta, se detienen en la Ninfa de ^Clodión, aprecian mejor el moldeado blando del seno y las curvas armoniosas de las piernas gráciles ; cuando vuelve usted á mirar la copia del Angelus hecha por sus toanos, siente más á fondo la poesía sencilla |y grandiosa del lienzo magistral, y se deja invadir lentamente por la melancolía que flota en la claridad moribunda de aquel cielo de crepúsculo y que cae con la sombra sobre la tierra ennegrecida y sobre las figuras de los labriegos.

Es que usted y yo, más felices que los otros que pusieron esperanzas en el ferrocarril inconcluso, en el Ministro incapaz, en la sementera malograda ó en el papel-moneda que pierde de su yalor, en todo eso que interesa á los espíritus prácticos, tenemos la llave de oro con que se abre la puerta de un mundo que muchos no sospechan y

que desprecian otros ; de un mundo donde no hay desilusiones ni existe el tiempo ; es que usted y yo preferimos al atravesar el desierto, los mirajes del cielo á las movedizas arenas, donde no se puede construir nada perdurable ; en ima palabra, es que usted y yo tenemos la chifladura del arte, como dicen los profanos, y con esa chifladura tmoriremos.

Señora, déjelos usted que nos llamen chiflados y que se burlen de nuestra inocente manía. Ya ve usted cómo al cabo de dos años nosotros adoramios con más fervor lo que queríamos entonces, y ellos han perdido sus ilusiones. Ríase usted de ellos, señora, si su bondad inefable se lo permite, y si no, compadézcalos. Los dos hemos escogido en la vida la mejor parte, la parte del ideal, la parte de María, y mientras que Marta prepara el banquete y lava las ánforas, nosotros, sentados á los pies del Maestro, nos embelesamos oyendo las parábolas.

Es fácil que algunos instantes de desabrimiento y de acedía le impidan gozar del éxtasis de las fruiciones estéticas ; que las tentaciones del ¡mundo vengan á turbar la paz del espíritu de usted, y que la muselina de Siriganor de un vestido de baile salido de las manos de Worth', ó el oriente rosado de las perlas de un collar que tenga en el estuche de raso negro la marca de Braugrand Rivir le parezcan á usted más deseables que el claro oscuro exacto de un esbozo difícil ó que la interpretación sincera de una mediatinta fugitiva ; lyo he tenido días de esos en que desesperado de lograr la armonía de un período ó la música de una estrofa, y olvidado de mis poetas, he pecado gravemente, y he perdido mi fervor, sin fuerzas para resistir las tentaciones vertiginosas del Oro. Aconsejado en esas horas de aridez espiritual por mi confesor laico, un viejo psicólogo que tiene en su celda, por todo adorno, una copia de la Melancolía de Alberto Durero, |y, que posee á fondo los secretos sutiles de la dirección de

las almas, he alcanzado grandes consuelos y. he restablecido la paz interior leyendo y Imeditando mucho aquellos versículos suavísimos de la Imitación :

Excedunt enim spirituaJes consolationes, omnes mundi delicias et carnis voluptatis.

Nam omnes deliciae mundanas aut vanae suut, aut turpes.

{De Imitat, Lib. II, Cap. X).

Que al leer usted lestas páginas sienta algo del encanto que tuve al jescribirlas, y ,al recordar la mañana clara y tibia en que caminamos juntos por la vereda que lleva á la casa de campo donde pasó usted horas tan apacibles retirada del mundo y distraída de las preocupaciones mezquinas del diario, por el isortilegio misterioso del Arte-.

N cultivo intelectual emprendido sin método y, con

V^y locas pretensiones al universalismo, un cultivo intelectual que ha venidoi á parar en la falta de toda fe, en la burla de toda valla humana, en una ardiente c *usidad del mal, en el deseo de hacer todas las experiencias; posibles de la vida, completó la obra de las otras influencias, y v"no á abrirme el oscuro camino que me ha traído á esta región oscura, donde hoy me muevo sin ver más en el horizonte que el abismo negro de la desesperación, y en la altura, allá arriba, en la altura inaccesible, su imagen, de la cual, icomo de una estrella en noche de tempestad, cae un rayo, un sólo rayo de luz.

¿Terror?... ¿Terror, de qué?... De todo por instantes... De la oscuridad del aposento donde paso la insomne noche_,„yifinda desfilar ían cortejo de visiones siniestras ; terror de la (multitud que se mueve ávida en busca de placer y de oro, terror de los paisajes alegres y claros que sonríen á las almas buenas ; terror del arte que fija en posturas eternas los aspectos de la vida, como por un tenebroso sortilegio ; terror de la noche oscura en que el infinito nos mira con sus millones de ojos de luz; terror de ^sentirme vivir, de pensar que puedo morirme, y en esas horas de terror, frases estúpidas que me suenan dcn-