Poesías · Unidad 23 de 23

Unidad 23 · BE SOBREMESA

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BE SOBREMESA

(fragmento)

tro del cerebro cansado, ¿y Dios?... «Los pobres hombres están solos sobre la tierra», y que me hacen correr un escalofrío por las vértebras.

No, no es terror de eso, es terror de la locura. Desde hace años ^1 doral, el cloroformo, el éter, la morfina, el haschieh, alternados con excitantes que le devolvían al sistema nervioso el tono perdido por el uso de las siniestras drogas, dieron en mí cuenta de aquella virginidad cerebral más preciosa que la otra de que habla Lasegue. Después la crápula del cuerpo, obstinado en experimentar sensaciones nuevas ; la crápula del alma empeñada en descubrir nuevos horizontes ; después todos los vicios y todas las yirtudes, ensayados por concederlos y sentir su influencia, me han traído al estado de hoy, en que, unos días, al besar una boca fresca, al respirar el perfume de una flor, al ver los cambiantes de una piedra preciosa, al recorrer con los ojos una obra de arte, al oir la música de una estrofa, gozo con tan violenta intensidad, vibro con vibraciones tan profundas de placer, que me parece absorber en cada ^sensación toda la vida, todo lo mejor de la vida, y pienso que jamás hombre 'alguno ha gozado así ; y en que otros, cansado de todo, despreciando, odiando todo, sintiendo por mí mismlol y¡ por la existenicia un odio sin nombre, que nadie ha experimentado, me siento incapaz del más mínimo esfuerzo, permanezco por horas enteras hebetado, estúpido, inerte, con la cabeza en las (manos, y llamando á la muerte ya que la energía no me alcanza para acercarme á la sien la boca de acero que podría curarme del horrible, del tenebroso mal de vivir...

¡ La locura 1 i Dios toío, la locura ! A veces — ¿ por qué no idecirlo, si hablo por Imí mismo ? — i cuántas veces la he visto pasar vestida de brillantes harapos, castañeteándole los dientes, agitando los cascabeles del irrisorio cetro, y hacerme misteriosa mueca con que me convida hacia lo

JOSÍ! A. SILVA

desconocido ! En una alucinación que la otra noche me dominó por unos minutos, las joyas que brillaban sobre el terciopelo negro del 'enorme estuche, se trocaron, á la luz de la lámpara que las alumbraba, en los mágicos arreos de su vestido de reina ; otra noche, fué una pesadilla que me apretó con sus garras negras, y. de la cual desperté bañado en sudor frío ; una cabeza horrible, la mitad mujer de veinte años, sonrosada y fresca, pero coronada de espinas que le hacían sangrar la frente tersa, la otra mitad calavera seca, con las cuencas de los ojos vacías y negras, y una corona de rosas ciñéndole los huesos del cráneo, todo ello destacado (sobre una aureola de luz pálida, una cabeza horrible me hablaba con la boca, mitad labios de carne rosada, mitad huesos pálidos, y me decía ; « Soy tuya, eres imío, soy la locura I »

jLocol... ¡El loco en el cuartucho oscuro del manicomio, oloroso á ratón, envuelto en la camisa de fuerza !, el loco con el cabello cortado al rape, recibiendo en las flacas espaldas huesosas el chorro helado de la ducha, bajo el ojo imperturbable del hombre de ciencia que anota sus gestos violentos y sus entrecortadas blasfemias para convertirlas en una preciosa y razonada monografía...

¿Loco?... ¿y por qué no? Así murió Baudelaire, el más grande, para los verdaderos letrados, de los poetas de los últimos cincuenta años ; así murió Maupassant, sintiendo crecer alrededor de su espíritu la noche y reclamando sus ideas... ¿Por qué no has de morir así, pobre degenerado, que abusaste de todo, que soñaste con dominar el arte, con poseer la ciencia, toda la ciencia, y con agotar todas las copas en que brinda la vida las embriagueces supremas ?