Poesías · Unidad 4 de 23

Unidad 4 · JOSÉ A. SILVA 37

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JOSÉ A. SILVA 37

los de Rique, Alfeñique ; Los de Trique Triquitrán. iTriqui, triqui, triqui, trán I

AL PIE DE LA ESTATUA

AL PIE DE LA ESTATUA

ON majestad de semidiós, cansado

por un combate rudo, y expresión de mortal melancolía álzase el bronce mudo, que el combate del tiempo desafía, sobre el marmóreo pedestal que ostenta de las libres naciones el escudo y las batallas formidables cuenta ; y su perfil severo, que del sol baña la naciente gloria, parece dominar desde la altura el horizonte inmenso de la historia. Un imundo de nobleza se adivina en la grave expresión de la escultura que el triunfador acero á tierra inclina con noble y melancólica postura ; y tiene el monumento soberano alzado de los hombres para ejemplo, lo triste de una tumba — do no llega el vocerío del tumulto humano — y la solemne majestad de ;Un templo. Amplio jardín florido lo circunda y íse extiende á sus pies, donde la brisa

A Caracas

que entre las flores pasa

con los cálices frescos se perfuma,

y la_ Iu2; _ matinal brilla y se irisa

de claros surtidores en la espuma ;

y do bajo lo verde

de las tupidas frondas,

sobre la grama de la tierra negra,

loca turba infantil juega y ,se pierde

y del lugar la soledad ajegra

al agitarse en cadenciosas rondas,

forjando con las risas y los gritos

de las húmedas bocas encarnadas,

con las rizosas cabecitas blondas

y las frescas mejillas sonrosadas,

un idilio de vida sonriente

y de alegría fatua,

al pie del pedestal, (donde imponente se alza sobre el cielo transparente la epopeya de bronce de la estatua. Nada la escena dice al que pasa á su lado indiferente sin que la poetice

en su alma el patrio sentimiento...

Fija

en ella sus miradas el poeta,

con quien conversa el alma de las cosas,

en son que lo fascina ;

para quien tienen una voz secreta,

las leves lamas grises y verdosas

que al brotar en la estatua alabastrina

del beso de los siglos son señales,

y á quien narran leyendas misteriosas

Jas sombras de las viejas catedrales •

y al ver el bronce austero

que sobre el alto pedestal 'evoca

al héroe invicto de la jmagna lucha,

una voz misteriosa que lo toca

en lo más hondo de su iser escucha,

y en el amplio jardín detiene el paso.

Dice la voz de la ignorada boca

que en el fondo del alma le habla paso :

« I Oh I mira el bronce, mira

cuál se alza, en el íntimo reposo

de la materia inerte,

y qué solemne majestad respira

la estatua del coloso

vencedora del tiempo y de la muerte I Que resuene tu lira

para decir que el viento de los siglos —

que al soplar al través de las edades,

va tornando en pavesas

tronos, imperios, pueblos y ciudades —

se trueca en brisa mansa

cuando su frente pensativa besa I

«En la feraz llanura

vivió feliz el indio, cuya seca

momia, por mano amiga sepultada,

duerme en el fondo de la cripta hueca

ha siglos olvidada.

A la orilla del lago

en donde el agua, cuando el sol se oculta forja un paisaje tenebroso y vago, ha siglos vino hispano aventurero atravesando la maleza incujta 3, abrevar el ligero

corcel, cansado del penoso viaje cuyas recias pisadas despertaron los dormidos murmullos del follíaje !

» I Como sombras pasaron 1 , ¿ quién sus nombres conserva en la memoria ? iCómo escapa^ perdido, de las hondas tinieblas ¡del ¡olvido un pueblo al veredicto de la liistoria ! I Cuántas generaciones olvidadas, hoy en las sombras de lo ignoto duermen, á la fecunda tierra entremezcladas, do el humus yace, y se dilata el germen que no dejaron al pasar ímás huellas, con sus glorias, sus luchas ¡y sus duelos, que la que deja el pájaro que cruza el azul transparente 4e los cielos !

» I Cuántas I Y en cambio, escucha : una sola, una sola

generación se engrandeció en la lucha

que redimió á la América española 1

Y legó á los poetas del futuro,

más nombres que cantar, más heroísmos

que narrar á las gentes venideras,

que astros guarda el espacio en sus abismos

y conchas tiene el mar en sus riberas I

»Cuenta la grande hazaña

de aquella juventud que decidida

en guerra abierta con la madre España

ofrendó sangre, bienestar )y vida ;

canta las rudas épocas guerreras,

de luchas, los potentes paladines

de cuerpos de titán y almas ¡enteras,

que de América esclava, los confines —

desplegadas al aire las banderas,

y al rudo galopar de sus bridones —

recorrieron, llamando á las naciones

con el bélico son de sus clarines.

Y en la oda potente

que en sus estrofas sonorosas cuente

el esfuerzo tenaz, la lidia dura,

que dieron libertad lá un ííontinente,

y al hispano dominio sepultura,

haz surgir la figura

del Padre de la Patria, cuyas huellas, irradian del pasado en el fondo sombrío, icomo en las noches plácidas ly bellas Júpiter coronado de centellas, hace palidecer en el vacío la lumbre sideral de las estrell/as 1

»No lo evoque tu acento,

cuando el designio soberano toma

de redimir la América oprimida,

en la hora sublime y taciturna,

en que pronuncia el grave juramento,

do la cesárea Roma,

en la desierta soledad nocturna ;

no cuando en el fragor de la batalla,

en sus ojos la idea,

con eléctrico brillo centelljea,

mientras que la metralla

y el bronco resonar de los cañones

y el ímpetu del rayo

de los americanos batallones,

pavor y, angustia extrema

siembran en los deshechos escuadrones

de los nietos del Cid ¡y de Pelayo ;

no cuando la victoria,

como mujer enamorada sigue

el paso audaz de su corcel fogoso

que va á beber del Rímac en las ondas,

y se le entrega loca, y lo persigue ;

no cuando brinda opima

cosecha de placeres jsoberanos,

á sus sentidos la opulenta Lima,

ni cuando el gran concierto

de un continente. Padre le 'proclama

y «árbitro de la paz y de la guerra»

y su nombre la Fama

esparce á los confines de la tierra ;

no, no lo cantes en las ¡horas buenas

en que, unido á los vítores triunfales,

vibró en su oído el son de las cadenas,

que rompió, de los tiempos coloniales :

cántalo en las derrotas,

en la escena de grave desaliento

en que sus huestes considera rotas

por las hispanas fílas,

y perdida la causa sacrosanta,

y una lágrima viene á, sus 'pupilas,

y la voz se le anuda en la garganta,

y recobrando brío

y dominando el cuerpo que estremeci de la fiebre el sutil escalofrío, grita «Triunfar». Y la tristeza exalta

de tenebrosa noche jde septiembre cuyos negros recuerdos nos oprimen, en que la turba su morada asalta, y femenil amor evita el crimen infando... Y luego, cuenta las graves decepciones que aniquilan su ser ; las pequeñeces de míseras pasiones,

que, por el campo en que soñó abundante cosecha ver, de sazonadas mieses, van extendiendo míseras raíces, en torno — cual la yerba que el vigor de los gérmenes enerva y ¡mata, al envolverlos en sus lazos — de su sueño más grande hecho pedazo». jDí el horror suicida de la primer contienda fratricida, en que, perdidos los ensueños grandes de planes soberanos, las colosales gradas de los Ande» moja sangre de hermanos I I Oh 1 di cuando clarea el misterioso panorama oscuro que ofrece á. ;sus miradas el futuro, y con sus ojos de águila sondea hasta el fin de los tiempos, y adivina el porvenir de luchas y de horrores que le aguarda á la América latina. Di las melancolías de sus últimos días cuando á la prilla de la mar, á isoías sus tristezas profundas acompaña

el tumulto verdoso de las olas ; cuenta sus postrimeras agonías I

»Otros canten el néctar que su labio libó : di tu las hieles ; tú que sabes la magia soberana que tienen las ruinas, y el placer huyes, y su pompa vana, y en la tristeza complacerte dueles, di en tus versos, con frases peregrinas la corona de espinas que colocó la ingratitud humana en su frente, ceñida de laureles. Y haz el poema sabio lleno de misteriosas armonías, tal, que al decirlo, purifique el labio como el carbón ardiente de Isaías ; hazlo un grano de incienso que arda, en idesagravio á su grandeza, que á la tierra asombra, y al levantarse al cielo un humo denso trueque en sonrisa blanda el ceño grave de su augusta isombra !

»Deja que, al conmoverse cada fibra de tu ser, con las glorias que recuerdas, en ella vibre un canto, /como vibra una nota melódica en las ¡cuerdas del teclado sonoro ; la débil voz levanta : inmensa multitud formará el coro ; I flota en la luz del sol, estrofa santa I I Vibrad, liras sonoras del espíritu I I Alzate, inspiración; poeta, canta!...

J0SÍ5 A. silyí:

I Oh I no, cuanto pudiera (así en interno diálogo responde), del poeta la voz, el bronce augusto sugerir de emoción grave ly ¡sincera, escrito está en la forma que en clásico decir buscó tsu norma, . por quien bebió en la, Ivena de la robusta inspiración latina, y apartando la arena tomó el oro más puro de la mina y lo fundió con cariñoso esmero, y en estrofas pulidas cual imedallas grabó el perfil del ínclito guerrero... ¡ Oh recuerdos de trágicas batallas 1 I Oh recuerdos de luchas y Victorias I No será nuestra enclenque generación menguada la que entrar ose al épico palenque á cantar nuestras glorias ! I Oh siglo que declinas : te falta el sentimiento de lo grande I Calla el poeta, y si la estrofa escande huye la vasta pompa y le da blando son de bandolinas y no tañido de guerrera trompa I ¡Oh sacrosantos manes de los que «Patria y Libertad» clamando perecisteis en trágicas palestras más que orgullo, humillación sentimos si vamos comparando nuestras vidas triviales con las vuestras I Somos como enfermizo descendiente

de alguna fuerte raza,

que expuestos en histórica vitrina

mira el escudo, el tyelmo, la tizona

5r la férrea coraza

que para combatir de Palestina

en la distante zona,

en la Cruzada se ciñó el abuelo,

al pensar, baja la mirada ial ^uelo,

con vergüenza sombría,

que si el arnés pesado revistiera

de aquel cuya firmeza y bizarría

en el campo feral causaba asombros,

bajo su grave peso cedería

la escasa resistencia de sus hombros...

I Oh Padre de la Patria !

te sobran nuestros cantos ; ,tu imemoria

cual bajel poderoso,

irá surcando el océano oscuro

que ante su dura quilla abre la historia

y-; llegar,^ á, las jplayas dej futuro.

Junto á lo perdurable de tu gloria,

es el rítmico acento

de los que te cantamos,

cual los débiles gritos pe ¡contento

que lanzan esos niños, cuando en torno

giran del monumento ;

mañana, tras la vida borrascosa

dormirán en la tumba, hechos ceniza,

y aun alzará á los cielos su contorno

el bronce que tu gloria inmortaliza.