Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía . Presentadas a la Academia de filosofía y letras · Unidad 11 de 13
Unidad 11 · METAI^ÍSICAS .
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METAI^ÍSICAS .
Las ciencias psicológicas son normativas o pragmáticas, es decir, útiles para la vida. Mediante la experiencia lógica los hombres aspiramos a establecer preceptos que nos permitan investigar menos inseguramente la verdad; mediante la experiencia moral, preceptos que faciliten la práctica del bien ; mediante la experiencia estética, preceptos que faciliten la comprensión de la belleza. Esas normas han sido en todo tiempo un resultado de la experiencia individual y social; las variaciones individuales, cuando han sido útiles, han sido incorporadas a la experiencia social, transmitiéndose hereditariamente de generaciones en generaciones.
Así se han formado y seguirán formándose — por un trabajo de la abstracción sobre la experiencia — las numerosas tablas de valores lógicos, morales y estéticos, que en cada
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tiempo han fijado normas prácticas a la verdad, al bien y a la belleza. Ninguna ha sido permanente ni universal: ninguna lo será en los tiempos venideros. Resultados de la experiencia, variarán incesantemente mientras ella varíe; y los últimos metanthropos que pueblen este planeta, dentro de miles o millones de años, seguirán modificándolas incesantemente .
La perfectibilidad infinita de la experiencia lleva a concebir que siempre existirán problemas que ]a excedan; para darles una solución, los hombres, excediendo a su experiencia, construyen hipótesis: las que se extienden a lo inexperiencial de las ciencias psicológicas — ''morales'' o ''del espíritu" — suelen llamarse ideales.
Un ideal es, pues, un hipotético arquetipo de perfección abstraído de la experiencia, por un doble proceso: eliminación de las imperfecciones particulares y síntesis de las perfecciones generales. De esta manera se forman los ideales, verdaderos cánones de la experiencia lógica, moral y estética; su perfección depende de que sus elementos es-
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ten coordinados conforme a sus relaciones naturales. El ideal tiende a expresar, una perfección de lo natural; y aunque carece de realidad actual, porque es una hipótesis, todo lo que siendo real se le aproxima, lo consideramos más próximo a la perfección en su género. Un razonamiento, una acción, un poema, parecen tanto más perfectos cuanto más se aproximan a los ideales lógicos, morales y estéticos que nuestra imaginación construye excediendo a nuestra experiencia actual.
Las ficciones imaginativas que no han sido elaboradas sobre la experiencia, y que no representan una perfección posible de lo real, no son ideales, sino quimeras ilusorias (i) .
¿En qué diferirán esas hipótesis metafí-
(i) Nada más distante de los ideales humanos que aquel ingenioso «prototypon trascendental » de la razón pura, que después de algunas proezas dialécticas se resolvió en llamar Dios al ideal de la perfección absoluta, sin perjuicio de sustraerle todos los atributos con que los hombres suelen adornar a sus divinidades. Esta ingeniosa hipocresía de Kant trae a la memoria que el famoso filósofo fué profesor de pirotecnia, lo que dejó algún rastro en su dialéctica.
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sicas elaboradas sobre las ciencias psicológicas, de las hipótesis metafísicas clal)oradas sobre las otras ciencias? No veo, francamente, ninguna diferencia. Tan hipótesis serán las unas como las otras, y su común carácter metafísico consistirá en que no tendrán, ni pretenderán tener, prueba posible en el campo de las experiencias respectivas (i).
Siendo los ideales hipótesis inexperlenciales acerca de una perfección posible, sus condiciones de legitimidad son las mismas que las de todas las restantes hipótesis metafísicas; están, como ellas, condicionadas por la experiencia y evolucionan en función del medio experiencial . Los ideales son hipótesis metamorales, metalógicas y metaestcticas, cuyo valor como instrumentos de acción' está proporcionado a su legitimidad;
(i) Todas las hipótesis metafísicas son creencias.
Lo importante es notar que el valor lógico que tienen las creencias está condicionado por la experiencia actualmente posible. Son creencias legítimas las que no la contradicen; las demás son creencias ilegitimas.
Por eso no es lógicamente lo mismo creer en unas u otras hipótesis, ni tener unos u otros ideales.
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los ideales más legítimos son los que concuerdan con el devenir de la experiencia; son anticipaciones hipotéticas de la realidad que deviene.
Cuanto más saben los hombres menos inexactos son sus ideales . Por eso ciertas utopías de los hombres más ilustrados han sido simples pronósticos de realidades venideras que los ignorantes no habrían podido concebir.
Creo que en el porvenir las hipótesis que llamamos ideales llegarán a formularse en perfecta harmonía con las hipótesis que parten de todas las ciencias. Sólo así las hipóicsis que intenten explicar lo inexperiencial dejarán de constituir dos géneros de verdades discordantes, una '/filosofía de la ' Naturaleza y una filosofía del Espíritu, readquiriendo la metafísica la unidad sintética que debe ser su aspiración más legítima.
Los ideales — como todas las creencias — no son universales. Cada individuo, grupo, clase, nación, raza, tiene una experiencia distinta 3^ sobre ella elabora hipótesis de perfección necesariamente diversas.
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Los ideales más legítimos sobreviven en la selección natural y son reconocidos como tales por los hombres que tienen una experiencia homogénea y elaboran sobre ella sus creencias comunes.
De allí nace el aspecto étnico, nacional, etc., que pueden revestir en ciertos momentos los ideales políticos, sociológicos y éticos: las creencias se inclinan en favor de ciertas hipótesis que se consideran más adaptadas al porvenir del grupo, es decir, más conformes con la experiencia futura, en cuanto ella puede inferirse de la presente.
Es a esto que — por extensión — suele llamarse filosofía nacional o pensamiento nacional; se trata solamente de los ideales colectivos, en su aspecto ético-político.
Habría evidente inexactitud en creer que puede concebirse filosofías nacionales propiamente dichas, pues los problemas y las hipótesis de la metafísica son necesariamente universales.
Ya la ciencia tiende a ser universal; lo mismo puede preverse de la metafísica.
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Por eso, más altos que los ideales políticos de grupo o nación, están los ideales éticos comunes a los hombres más cultos de todas las naciones ; éstos forman ya una sociedad sin fronteras, presagiadora, acaso, de la fraternidad que, como un ideal lejano, podemos concebir para la humanidad entera, cuando ésta, por la selección de lo heterogéneo regresivo y la educación de lo homogéneo progresivo, llegue a constituir un residuo de homogéneo nivel mental.
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Señor presidente de la Academia :
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Señores académicos:
Los hombres de cada generación somos eslabones de una serie infinita; cumplimos nuestra función si aprovechamos el esfuerzo de la precedente y si contribuimos a preparar el trabajo de las que vendrán . Nada ha comenzado ni terminará en nosotros; no dudo que las generaciones venideras, \ con una experiencia menos imperfecta, podrán ignorar menos que nosotros y mirar con visión más clara los problemas que llamamos enigmas. Tengo la esperanza — no el temor — de que dentro de un siglo algún nuevo académico, al ocupar mi sillón, podrá referirse con benévola ironía a mis pronósticos sobre la filosofía del porvenir^ sorprendiéndose de que yo no me hubiese emancipado totalmente de ciertos residuos metafísicos medioevales... No me parece imposible.
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Es común que los hombres dejemos de creer en la vejez lo que más firmemente hemos pensado en la juventud; al disgregarse nuestra personalidad, que es una variación individual, van reapareciendo entre los escombros esos fantasmas ancestrales que representan la herencia de la especie y ]<x rutina de la sociedad. No teniendo certidumbre alguna de contarme entre las excepciones, siempre raras, permitidme, Señores Académicos, que me anticipe a la hora temida y exprese mi fe optimista en la incesante perfectibilidad humana. Como hombre, creo que la humanidad futura será mejor que la actual, por la extensión de la Justicia entre las naciones ; como argentino, creo que la nacionalidad futura será más grande, por el incremento de la Solidaridad entre sus clases; como profesor, creo que las universidades tendrán un más libre empeño en la investigación de la Verdad; como padre, creo que nuestros hijos vivirán en un medio social más propicio al floreci,- miento de la Virtud.
Y a los jóvenes, que son la esperanza de
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la humanidad, de las patrias, de la cultura, de los hogares, creo deber decirles la última y más sincera palabra de mi juventud no estéril :
Respetad el pasado en la justa medida de sus méritos, pero no le confundáis con el presente ni busquéis en él los ideales del porvenir : no es verdad que todo tiempo pasado fué mejor. Mirad siempre adelante, aunque os equivoquéis: más vale para la humanidad equivocarse en una visión de aurora que acertar en un responso de crepúsculo. Y no dudéis que otros, después, siempre, mirarán más lejos; para servir a la humanidad, a su patria, a su escuela, a sus hijos, es necesario creer firmemente que todo tiempo futuro será mejor.
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CONCLUSIONES Proposición primer.
El Renacimiento de la filosofía, joven apenas de cuatro siglos, no ha pasado de sus primeros balbuceos; no fueron otra cosa los sistemas metafísicos que substituyeron a las teologías medioevales. Aunque fundados en la razón o en la experiencia, no pudieron librarse de la herencia escolástica. La existencia de grandes "intereses creados", servidos por supersticiones que los investigadores de la verdad se proponían disipar, ha impedido la renovación legítima de las hipótesis metafísicas, lo mismo que de las costumbres y de las leyes.
La "hipocresía de los filósofos" apareció con el Renacimiento mismo. Una peregrina farsa universitaria remató en la invención de las dos verdades: la filosófica fabricaba la herejía como un privilegio de los doctos,
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mientras la teológica robustecía las supersticiones del vulgo profano.
La mentalidad feudal persiste en la cultura contemporánea, aunque ya la hipocresía dejó su candorosa forma primitiva. Se ' consiguió introducir una distinción, de aspecto inocente, entre ciencias naturales y ciencias morales ; sin decirlo claramente, pudo sobreentenderse que unas y otras son antagónicas por sus métodos y por sus objetos. Eso significa la posibilidad de dos filosofías dentro de la filosofía: una de la Naturaleza y otra del Espíritu; dos verdades distintas y la consabida hipocresía verdadera.
Proposición segunda
En el siglo XIX se advierte una radical incompatibilidad entre los resultados de la exi^eriencia nueva y las premisas de algimas viejas supersticiones. La investigación de la verdad engendró hipótesis peligrosas para ciertos principios dogmáticos que se tenían por básicos de la moral; de ello ha nacido
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la crisis de la metafísica, provocada por filósofos que se resignaron a subordinarla a la ética, dispuestos a sacrificarle toda verdad posible. Se refugiaron en el comentario de los precedentes sistemas y ,su metafísica dejó de ser una disciplina creadora de hipótesis sobre lo inexperiencial.
Bajo dos aspectos se ha revelado la crisis de la filosofía en el siglo XIX. El positivismo, en todas sus formas, llegó a plantearse como un deliberado renunciamiento a toda explicación de lo inexperiencial; no substituyó las hipótesis metafísicas o indujo a confundirlas con las hipótesis científicas. El espiritualismo contemporáneo, en todas sus formas, señala un fracaso mayor de la metafísica; renuncia a ser filosofía, para convertirse en misticismo; en vez de buscar un saber independiente de las creencias vulgares, es una exaltación de lo afectivo-ético contra lo lógico-crítico; en vez de superar el ciclo del racionalismo renacentista, regresa a las fuentes ilegítimas que lo precedieron.
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Proposición TCrcKra
El deseo de apuntalar viejas hipótesis, al servicio de fines éticos, y la incapacidad de elaborar otras nuevas compatibles con esos ñ- ^ iiQS, apartó de seguir haciendo metafísica, prefiriéndose la rumiación de las hipótesis pasadas.
Es peligrosa la confusión entre la metafísica, como elaboración de hipótesis nuevas, y la historia de la metafísica, como hermenéutica de hipótesis elaboradas sobre experiencias más incompletas que las actuales. Inclina a medir la validez de las hipótesis por el ingenio y el arte personal de sus autores, con prescindencia de su legitimidad actual. Se puede admirar a los grandes metafísicos clásicos sin desapercibir que sólo tienen un valor histórico. Y si el ejemplo de su esfuerzo merece imitarse, no es, ciertamente, para glosarlos, sino para intentar, en este siglo y sobre la experiencia de este siglo, lo que ellos intentaron sobre la del propio.
La historia de la filosofía será un estudio
útilísimo para los metafísicos del porvenir: les enseñará a descubrir los falsos problemas, a eludir las hipótesis ilegítimas, a no tomar por explicaciones lógicas los capciosos ergotismos, a evitar errores de método excusables en otro tiempo pero indisculpables en este siglo. La historia de las hipótesis metafísicas permite descubrir la genealogía natural de cada una ; las actuales son transformaciones de hipótesis que han evolucionado y seguirán evolucionando, sujetas a la selección natural en el ambiente que les forma la experiencia científica.
Proposición cuarta
Renovándose, incesantemente, vivirá la metafísica; sólo pueden creer en su muerte los que no conciben su renovación.
Todos los que desconfían de la metafísica concuerdan en una afirmación que postula su necesidad: el hombre no ha podido hasta ahora absolver ciertos interrogantes planteados por su curiosidad más allá de su ex-
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periencia. Existe un residuo iiiexperiencial, inaccesible mediante hipótesis científicas. Partiendo de los resultados de la experiencia puede afirmarse la permanencia de lo inexperienciaL Conocemos el Universo como un conjunto de relaciones incesantemente variables; aun en el supuesto de concebir lo universal como accesible a la experiencia, la variabilidad del Universo implica una variación constante de los objetos y condiciones de la experiencia ; la posibilidad de un conocimiento total sólo sería posible en el supuesto de que la experiencia humana continuara acrecentándose cuando el Universo pasara a un estado de inercia o de equilibrio cósmico en que no se modificase la más infinitesimal de las relaciones. Ninguna cosmología legítima permite concebir la vida humana persistiendo sobre la tierra después de la estabilización del Universo; la posibilidad de experiencia es, pues, necesariamente menor que la variabilidad de sus objetos y condiciones, lo que implica la permanencia de lo inexperiencial fuera de lo experiencial. Puede, pues, afirmarse la perennidad de la
metafísica; en nuestro lenguaje, menos inexacto, podemos traducir como sigue su primitivo sentido aristotélico: la infinita posibilidad de problemas que excedan la experiencia humana implica la perennidad de explicaciones hipotéticas que constituyan la metafísica.
Proposición quinta
En los sistemas nietaf ísicos del porvenir se acentuará progresivamente la eliminación de los falsos problemas. Actualmente es difícil concordar sobre cuáles son los dominios propios de la metafísica. Desde hace un siglo es raro que se la limite ,a los tres problemas clásicos: Dios, la inmortalidad del Alma y la Libertad.
Esos problemas no carecían de contenido; estaban falsamente planteados. En la actualidad, los que examinan las diversas hipótesis relativas a Dios, lo hacen en términos muy distintos de los empleados hace un par de siglos; en el sentido y con los atributos clási-
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eos, nadie habla hoy del alma y de su inmortalidad: se prefiere hablar del espíritu, que ayuda a confundir el alma con la razón ; pocos, en fin, se atreven a disertar sobre el libre albedrío en sus términos clásicos, prefiriéndose ha1)lar de Ja contingencia, el indeterminismo, etc. El pudor con que se formulan esos problemas revela un progreso. Parece indudable que los metafísicos no limitarán sus reflexiones a esos tres problemas, y que su solución no les parecerá necesaria para la moral.
Problemas legítimos estaban contenidos en cada uno de los ilegítimos; de ellos se ocupará la metafísica del porvenir, abarcando el residuo inexperiencial de todas las ciencias, mediante hipótesis experiencialmente indemostrables.
Lo inexperiencial está condicionado por lo experiencial, la metafísica por la física: ¡a variación de los resultados de la experiencia modifica la legitimidad de los problemas inexperienciales y la legitimidad de las hipótesis que pretendan explicarlos.
Sería absurdo que la experiencia dictami-
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nase sobre la verdad de lo que se refiere a lo inexperiencial, pero ella permite establecer la ilegitimidad de ciertos problemas.
Proposición sí:xta
La metafísica se propone formular hipótesis inexperienciales acerca de lo inexperiencial. Las hipótesis científicas subordinan su legitimidad a la demostración experiencial, que presuponen posible; las metafísicas sólo aspiran a ser lógicamente legítimas, sin que se considere posible su demostración experiencial.
Donde las ciencias no lleguen con sus hipótesis experienciales, empezarán las hipótesis metafísicas, prolongándose legítimamente en lo inexperiencial.
Este proceso no presenta discontinuidad entre las hipótesis científicas y las hipótesis metafísicas. Si no hay dos verdades, es ilegítimo suponer que existan dos lógicas esencialmente distintas.
La legitimidad de toda hipótesis inexpe-
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riencial, en cuanto es un juicio sintético de probabilidad, está condicionada por la suma de conocimientos analíticos en que se funda. La legitimidad de toda hipótesis inexperiencial, en un momento dado, está condicionada por su concordancia con los resultados considerados menos inseguros en el dominio experiencial excedido por esa hipótesis.
La legitimidad de toda hipótesis inexpe riencial es provisoria, en cuanto la variación de sus premisas experienciales puede determinar el desplazamiento del problema y de sus explicaciones legítimas.
La legitimidad de toda hipótesis inexperiencial está subordinada a su no contradicción con otras hipótesis inexperienciales igualmente legítimas en otros dominios exjierienciales por ellas excedidos.
Esos sencillos postulados y otros similares permitirán constituir una lógica de lo inexperiencial, que será la metodología de la metafísica futura.
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Proposición séptima
Es posible una definición cuyos términos sean inequívocos : la metafísica tiene por objeto formular hipótesis legítimas sobre los problemas inexperienciales.
Las hipótesis convergentes a una explicación armónica de lo inexperiencia!, constituirán un sistema metafísico; puede concebirse que estará en formación continua y presentará algunos caracteres necesarios: la universalidad, la perfectibilidad indefinida, el antidogmatismo y la impersonalidad.