Relaciones · Sección preliminar
Preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
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Accessions
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BEQ VEATHED BY George Ticknor, IA Apo DETER |
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OBRAS COMPLETAS
FERNAN CABALLERO.
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RELACIONES.
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COMPRENDE ESTE TOMO:
JUSTA Y RUFINA. LA FLOR DE LAS RUINAS. MAS LARGO ES EL TIEMPO QUE EL EX-VOTO.” LA FORTUNA. LOS DOS AMIGOS. NO TRANSIGE LA CONCIENCIA. LA HIJA DEL SOL. > k e
La ERICA
MADRID: 1857:
ESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE MELLADO, calle de Sta. Teresa, núm. $.
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PRÓLOGO.
Natural parece, al escribir un prólogo para FERNAN CABALLERO, probarse en el empeño de hacer un juicio crítico de este autor, sometiendo á detenido exámen, ora la índole de su talento, ora la importancia de sus obras. Pero si así generalizásemos el asunto de nuestro trabajo, diríase con razon que usurpábamos parte de su terreno á escritores mucho mas aptos, con quienes compartimos la honra de sacar á luz los volúmenes de la coleccion presente. Fuerza es, pues, concretarnos al tomo que tenemos á la vista, y buscar si hay en él algunas circunstancias, de poca ó mucha monta, que dándole carácter propio, merezcan ser aqui mencionadas. .
¿Las hay realmente?
Segun la intencion del autor, los escritos contenidos en este tomo forman, en efecto, con CaLLAR EN VIDA Y PERDONAR EN MUERTE, UN grupo aparte en la coleccion de sus obras. Las otras son NOVELAS DE COSTUMBRES, mientras que éstas no pasan de meras ReLacioNes. Y así como en el prólogo añadido á CaLLar en via por religiosa y bien cortada pluma, se fijaron satisfactoriamente los caractéres distintivos de tal linage de composiciones, asi ha querido ahora explicarnos el autor.en persona lo que al escribirlas se ha propuesto. He aquí sus propósitos. Ha querido trazar calamo currente algunos desenfadados rasgos, para tornar con mayor apacibilidad á sus delicadas y prolijas labores, á sus análisis del corazon y á sus investigaciones psicológicas. La pluma acostumbrada á deleitarnos desarrollando en lenta gradacion afectos y caractéres, necesitaba distraerse, reduciendo todo su quehacer á ser atropellada narradora de sucesos. Tal es el sello con que, entre los demas, quiere distinguirse el volúmen hoy ofrecido al público. En otras obras, aspiraba el autor ante todo á reproducir con bellas tintas la verdad, sorprendida á fuerza de concienzudos estudios: ahora juzga que puede— ¿quién lo diria? —emanciparse de la estricta pro-
babilidad, tendiendo, como tienden, estas ReLacIoNES á causar efecto. (4) *
-—:0h sorpresa! El autor de la'Gaviora abandona tambien sus serenas regiones, para descender al resbaladizo terreno de los novelistas vulgares! Se echa á caza de efectos, y para conseguirlos, ni aun el desentenderse de la estricta probabilidad le arredra! Aquella sensatez instintiva, y aquella exquisita gracia, y aquel horror de lo ampuloso, y aquel característico desden de todas las bellezas convencionales, habrán de codearse en la calle con el savoir faire del folletinista, que arma su tinglado, y rompe en contorsiones para divertir á los transeuntes! ¡Tan fuerte es la tentacion de gustar el fruto prohibido, que no halló resistencia ni aun en ese juicioso ingenio, ni aun en esa purísima fantasía! —
No hemos dicho tanto. Tranquilízense, pues, los asustadizos y desengánense aquellos á quienes pudiera ser grato ver enriquecido con un nombre más el catálogo de los maestros zurcidores de emociones fuertes, espeluznadoras, rufianescas, Ó sentimentales. Precisamente loque dota de particular
4) «Las ReLacioNes pueden en favor de su tendencia á causar efecto, emanciparse con mas desenfado que las novelas de costumbres, de la estricta probabilidad, sin adulterarsu esencia, sin faltar á su objeto.»—Asi dice el autor en las Dos PALA» Bras que dirige al lector en este mismo tomo. '
interés á este tomo es el presentar patente, en cada página, que la vocacion del autor resiste á toda prueba, que su personalidad es positiva é inalterable. i
Hay que considerar las ReLacrowes bajo dos aspectos, para discernir hasta qué punto escapaz FeryxaN CABALLERO de consultar los gustos dominantes, al arrojar sus libros como pasto á la voracidad del público. Hay que examinar primero los asuntos, y despues el desempeño.
En cuanto álosasuntos, se puede convenir en que el autor, aun confesándose tímido, (1) ha hecho algunosesfuerzos para cumplir su nuevo programa. Trata de amoldarse á las condiciones del género, ensanchando un tanto la esfera de la probabilidad en que accionan sus personages. No se limita á referir hechos comunes, engalanándolos con las poéticas medias tintas que la observacion y el sentimiento ponen en su rica paleta; ántes procura mantener suspenso el ánimo del lector y difundir corrientes de vida á todas las partes del relato, con la interpolacion de otros sucesos fan inleresantes por sí mismos, como por el acierto con que estan presentados. Hechos de
(4) «No obstante,—dice el autor en su advertencia á los
lectores anteriormente citada, —aun parala creacion de las Re-
laciones, nos confesamos tímidos, como tan instintiva é imprescindiblemente apagados á la verdad.»
- posibilidad incuestionable como los anteriores, pero de mas bulto, mas extraordinarios en la vida real. Y es fuerza conceder que apénas hay RELACION cuyo argumento no descanse sobre alguna singularidad de semejante especie.
El de Justa y Rurixa versa sobre el trueque fraudulento y poco comun de dos criaturas en la cuna. La diabólica maraña de una mujer, que presenta á los abrazos de su esposo el hijo ageno, como nacido en su propio tálamo, sirve de base á No TRANSIGE LA CONCIENCIA. Rodean de interés á FLor pe Las Ruivas su desenvuelta declaracion de amor al forastero con quien topa en la calle, y las reticencias no ménos singulares que coronan tan atrevido paso: en tanto que la muerte del ventero suspende sobre Mas LARGO ES EL TIEMPO QUE LA FORTUNA nubarrones de sangre, á cuyo maléfico influjo van surgiendo extraordinarios lances que, para producir estrepitosa eonmocion en las tablas, solo necesitan que algun mañoso dramaturgo los ponga en diálogo. El Ex-voro es mas que extraordinario; dejándonos entrever la intervencion directa de Dios, marca el tránsito de lo humano á lo sobrenatural. En fin la Hia DeL SoL avanza todavía en esta senda, y nos cuenta sin ambages, un verdadero milagro. Restan Los Dos ÁmIGos, en que ni hay hijos falsos, ni damas
o misteriosas, ni asesinos transformados en jueces, ni prodigiosas muestras del poder divino: pero aun en esa breve y sencilla leyenda se puede traslucir sin violencia la voluntad de hacer al género algunas concesiones. Y cierto que son acaso las que mas suspenden nuestra mente hasta llegar á la catástrofe. ¡Cómo! FervaN CABA-= LLERO nos refiere adúlteros amores, y su pluma, constante defensora de las causas huenas, no
, iene un rasgo para vengar la Religion ultrajada! ¡ Y esparce en torno de tan criminal galanteo las suaves flores de su estilo, que solo pertenecen á los sentimientos lícitos! Mas llega el desenlace, y gracias á esta falta de preparacion, el castigo providencial que sobreviene, sorprende á los lectores con tan inesperado sacudimiento como al mismo que lo sufre. |
Así procura FerRNAN CABALLERO realizar sus novísimos propósitos. Pero resta la segunda parte. Falta saber si á esta mitad de su taréa, mitad que se elabora con premeditación, corresponde el desempeño, siempre mas independiente de la voluntad del escritor, y por consiguiente, más espontáneo.
Si el autor de las ReLacioNESs pudiese cambiar de naturaleza, como cambia los asuntos de sus cuadros; si como pasa en sus pin-
« turas, de la virtud al vicio, de lo alegre á lo
triste, y de lo comun á lo insólito, pudiese convertir su espíritu alternativamente de exacto en falso, de delicado en grosero, de perspicaz en bizco! ¡Entónces sí que valdria para adaptarse, segun las circunstancias, al instable capricho del vulgo de los lectores! Mas por fortuna, no habiendo variado la índole de su talento, ni de su corazon, ni de su fantasía, el desempeño de euan. to se proponga hacer tiene que llevar ese triple sello. El artífice es el mismo.
El autor es siempre Ferxax. Su originalidad le fuerza á escribir como Dios le dá á entender, segun sopla el viento de su capricho, curándose poco dol público, curándose menos del simétrico desarrollo de su asunto, sin otra idea fija que ser siempre cristiano y español, sin mas pretension que arrancar lágrimasó sonrisas cuando buenamente venga á cuento, tratando, en fin, de apa-
-recer sencillo y huir de la vulgaridad, que consiste
en desquiciarlo, abigarrarlo y extremarlo todo.
- Así tiembla él, como cobarde criatura, en cuanto sobreviene, empujada por su rápida pluma, una situacion horripilante ó sentimental!.... y de un solo trazo la convierte en situacion tierna, ó noble, ó apacible, dejando chasqueado con
tan miserable remate al lector novelero, que ya
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se cebaba en su sabrosa presa. Y en tanto los diestros del oficio, los que de doctores se precian en esto de saber sacar partido, lamentan la impericia del autor y critican las extravagantes salidas de sus personages:
—Tú, conde de Alcira, ¿cómo nos arrebatas un estrepitoso desenlace, llevándote á la tumba tu secreto? f
—Tú, Justa de Villamencía, ¿porqué no re= conoces en la iglesia á tu hija moribunda? ¿porqué la ves morir, y te vuelves á casa, y permites ¡cruel! que acábe el cuento, sin prorumpir en el patético grito de ¡Hija mia!
— ¡Tan fallos estaban de gacetillas los periódicos de Nueva York, que no has podido menos de marcharte á morir oscuramente en un garito americano, oh Juan Luis Navajas?
—Y tú, Gaspar Camas, ¿en nombre de qué principios del arte novelesco, te limitas, como un Cura de aldea, á cumplir heróicamente tu deber, y armar el menor ruido posible en la accion donde figuras? Jamás nos pagarás la magnífica escena de que, oyendo silencioso en confesión al asesino de tu Padre, miserablemente nos defraudas. O ya que te empeñaras en ser interesante por esas clericales pequeñeces, orlaras á lo menos tu túnica de mártir del sigilo sacramental con
XM1 randas y ribetes de melodrama! Hubieras escrito tú el FUGE, LATE, TACE, que libra á tu ofensor de la justicia: Ó vinieráas adrede de las Indias para auxiliar en el camino del suplicio á tu inocente hermano. Asi se fabrican las emociones fuertes.
—Y vosotros, muchedumbre de seres episódicos que pululais al calor de una vehemente fantasía, como insectos á los rayos del sol tropical: Mister Hill, Mister Hall, Mae Juana, la Exadministradora, viejas que cuentan cuentos, chiquillos que echan relaciones, gatos, perros, gallos, grillos, cabras, ¿qué venis á hacer aquí? ¿Qué derecho teneis para embargar la mitad de estas páginas con pueriles acciones é insulsos dicharachos que nada añaden ni quitan al ¿interés de la fábula, ni á la sabia concatenacion de los sucesos? Jamás se ha visto un modo semejante de hacer novelas! —
Y asi es la verdad. ¡Rebelde naturaleza tiene este novelista: ¡Pensar que, con un poco de su— mision á sus pedagogos, podria literalmente abrumarnos á fuerza de sensaciones enérgicas, y enseñarnos por añadidura que una Madre debe conocer al fruto de sus entrañas aunque nunca le haya visto; que un Padre, á quien su esposa engaña, tiene obligacion de contárselo á los chicos;
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. que el Cura que cumple humildemente su deber es un menguado; y que todo asesino que se deja asesinar hace mal, siempre que esto suceda en los Estados-Unidos, entre tantos y cuantos grados de latitud norte! ¡Pensar que está desperdiciando, llevado de no sé qué amor á lo verdadero y lo sencillo, una ocasion más de predicar al mundo que el sentimiento del deber es fastuoso, la virtud amanerada y cacareadora, la sensibilidad sentimentalismo, la verdad novela, y Dios justiciero un calculador de efectos! Pero... ¡vaya Vd. á corregir al bueno de Ferxan CABALLERO, á quIen sus mas encarnizados detractores habrán de conceder, por lo menos, el soberano tédio que le inspiran los triunfos conseguidos por receta! Él desciende á la palestra, fiándose en su instinto bueno ó malo, y esgrime á lo colchonero, segun la expresion del romance, sin dársele un ardite de todos los cientificos Arquimedes.
De donde resulta que el tratar en el presente libro asuntos algo diversos de los que en otras ocasiones ejercitaron su ingenio, no ha servido para oscurecer sus cualidades, sino quizás para. ponerlas, por el contraste, más en relieve. En momentos en que sufren alguna violencia, es cuando se prueban los instintos bastante arraigados para no cambiar, como veleta, 4 cualquier
viento. Entonces escupe la víbora su veneno; entonces el noble y elegante habitador de los bosques, el acorralado ciervo, fiel 4 su innata mansedumbre ,-alza los ojos al cielo, y llora!
¿Qué importan los peligros á que el autor se arriesga, relatándonos lances maravillosos ó terroríficos?—La ternura, la sensatez, la gracia, la aficioná los pormenores bellos, el inocente donaire propio de almasalegres y buenas, la naturalidad á quienespantan lo campanudo, lochillon ylo enfático,vuelanen torno de la pluma de Ferxaw, prodigándola sus dulces inspiraciones, apartándola de groseros tropiezos, impeliéndola ó parándola á su antojo. Y en vano se aventuraria la imprudente en empresas cien veces mas análogas á las de los novelistas al uso; porque esos geniecillos benéficos, pese á los esfuerzos de su protegida para hacer efecto , habrian de entonarla el cantar viejo:
Si os pesa de ser querida, yo no puedo no os querer: ¡pesar habeis de tener miéntras os dure la vida!
De suerte que las mas sábias averiguaciones acabarán por dejar establecida, acerca de este volúmen, la siguiente verdad:—Se parece á los an-
teriores como un hermano á su hermano gemelo. Í 2x
xy Cuando. más, recordará por la gentileza del contraste entre algunos de sus incidentes y el tono general que en él domina, aquellos cua= dros á la manera de Watteau, en que se figuran mofletudos niños cargados de arréos soldadescos, ó de diplomáticos pelucones, discutiendo en grave actitud, Ó manejando arrogantemente la espada.
¿Se quiere que hablemos ahora de los desaliños de frase, Ó de la languidez, hija de su candor, á que á veces propende este amable ingénio? Eso no lo harémos nosotros, que por las razones expuestas al principio, tenemos que irnos á la mano en el estudio de sus buenas cualidades.
Preferimos concluir convirtiendo la vista á lo que constituye el principal mérito de FerNan CABALLERO. Escritas por sábios y respetabilísimos sacerdotes (1) tenemos delante cartas, en que se leen los renglones siguientes:
«Estoy enamorado de la fé de Fernan: el celo y la caridad brotan de su blanda pluma.»
«Cast me atrevería á adivinar que algunos de los toques que mas embellecen sus obras, le han sido inspirados orando.»
Y añade otro: |
(1) El temor de ofender su modestia, nos obliga á callar el
nombre de las personas á quienes se deben estas cartas. Todas
fueron dirigidas á un amigo nuestro, y no al autor, que nada supo de ellas, ni sabe ahora que están en nuestro poder:
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—«Si me hallase dotado de los talentos del autor, me dedicaria decididamente á escribir en este género, del mismo modo y en la misma forma que él lo hace. Y esto aunque fuese omitiendo algunos ejercicios de mi santo ministerio. ¡Tan persuadido estoy del incalculable fruto de. novelas escritas como el Ex-voto!»
Consolador es pensar que, cuando tantos escritores sin conciencia, y tantas sentimentalescas escritoras obtienen tristes triunfos trastornando las mas claras nociones delo bueno y delo malo, adulando las pasiones bastardas y envenenando las creencias, única fuente de felicidad humana, hay almas escogidas que, en premio de su celo por el bien de sus semejantes, merecen recibir de los ministros del Señor tan lisonjeros estímulos y tan expresivos encomios,
A esos autorizados testimonios ¿qué fuerza añadirian nuestras insignificantes palabras? ¡ Dichoso aquel que puede, trenzando las lozanas flores de su ingenio, formarse una guirnalda con que entrar coronado en el cielo! ¡Dichoso aquel de quien,—como de FerxaN CABALLERO, — se puede decir indistintamente que sus obras son buenos libros y buenas acciones!
Evbuarpo G. Penroso.
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DOS PALABRAS AL LECTOR.
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Las composiciones que los franceses y alemanes llaman Nouvelles, y que nosotros, por falta de otra voz masadecuada, llamamos RELACIONES, difieren de las novelas de costumbres (romans de miurs que son esencialmente análisis del corazon y estudios psicológicos) en que se componen de hechos rápidamente ensartados en el hilo de una narracion; esto es, en que 'son ayuadas'en lugar de miniaturas como las antedichas.
. Las Relaciones pueden, en favor de su tendencia á causar efecto, emanciparse con mas desenfado que las novelas de costumbres de la estricta probabilidad, sin adulterar su esencia, ni faltar á su objeto. '
JUSTA Y RUFINA. 4
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No obstante, aun para la creacion de las Relaciones nos confesamos tímidos, como tan instintiya é indesprendiblemente apegados á la verdad, de la que decia Diderot; —si bien con un símil que no hubiéramos hecho nosotros —«que es la trinidad en las artes, dimanando de ella el bien, que engendra lo bello, que es el espíritu santo.» Cierto es que en lo verdadero cabe mucho; pues asi como para las cosas espirituales nos muestra aquel sublime y resplandeciente campo que ha hecho Dios, el cielo y cosas celestiales; muestra tambien inmensurables abismos de culpas y desastres, que han hecho los hombres. Allí sol, luz, paz, pureza y bendiciones; aquí sangre, delitos, gemidos, y blasfemias! Allí la misericordia y la compasion; aquí la crueldad, la soberbia, el ódio y la venganza! Esta reflexion que hemos hecho, nos recuerda que á algunos les parece que están las nuestras de más en lo que escribimos. Mas no por esolas dejarémos de hacer; pues-
to que entendemos que es la ética parte tan esen-
- cial en la novela, quesi estale faltase, podria colocársela enla categoría de un culto, fino Tutti li mundi.
Hásenos echado en cara tambien el hablar de Dios con respeto y énfasis. A lo que solo opondrémos la sencilla reflexion, que en parecidas circuns-
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tancias hizo un antiguo autor: «¡como sino se pudiese decir de las buenas doctrinas, mejor que del dinero, que siempre vienen al caso!»
- No podemos menos de citar aqui unas palabras del periódico La Esperanza, en su número del 6 de enero de 1855: «Más valor se necesita hoy, dice, para mostrar celo por el catolicismo, que para desdeñarlo y hostilizarlo, haciendo ostentacion de indiferencia y de impiedad.»
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GUSTA AUF 0
- CAPITULO 1.
Lo bello es lo que agrada á la virtud docta ren E MAISTRE.
Ni los Padres que forman á sus hijos segun ellos mismos, ni los preceptores que pretenden desenvolver solo las incli- 1 naciones naturales, logran sus fines. De este conflicto eterno entre la naturaleza y la yida, se puede inferir que bay una mano poderosa y oculta, que educa tanto á las naciones, Co- * —— moálos individuos. * SCHLOSSER.
La vida presente no es sino una transicion, una prueba, pero no un término. DESNOIRESTERRES.
(4) Es de notar que en esta Relacion no actúan más que” mujeres, asi como en la que le sigue, y lleva por título, Mas largo es el tiempo que la fortuna, actúan únicamente hombres.
As ha La hermosa y distinguida Marquesa viuda de Villamencía, sentada en el cierro de cristales de su gabinete, fijaba su triste y lánguida mirada en su hija, que en medio de la habitacion estaba ju= gando con otras criaturas de su edad. Esta niña, que tenia cinco años, era el tipo de una pequeña wilis, con su tersa y alba tez y sus rubios cabellos, que flotaban en gruesos rizos sobre sus espaldas desnudas; las miradas de sus ójos azules eran tan dulces, que se volvian tristes cuando se fijaban. No siempre es dulce la tristeza; pero la dulzura por lo regular es triste, puesto que siempre se siente-oprimida por la fuerza, ó' lastimada por la soberbia, ó herida por la dureza, 6 acongojada por la lástima. Frente á esta niña habia otra como de siete
años, cuyo tipo era vulgar. Su rostro era basto y
moreno: sus ojos negros y grandes hubiesen sido bellos, si la mirada audaz, curiosa, sostenida y molesta que les era propia, y que con desenfado clavaba su dueña en cada persona y en cada objeto, no los hubiese hecho sobremanera desagra— dables y repulsivos.
Al lado de la Marquesa estaba sentada una de esas personas, de que con tanta propiedad se ha dicho, que quitan la soledad y no dan compaña: entes pesados, inoportunos, que abruman y fatigan como el calor; ¡y tan nécios que no lo conocen! Era esta una señora, viuda hacia muchos años
— 1 —
de un administrador de loterías, el qué al casarse con ella, se habia adjudicado á sí mismo el premio grande. Dicha señora conocia á la Marquesa desde ' jóven, y la trataba, no solo con la confianza que se tomaba en todas partes sin que se le diese, como una instintiva y genuina socialista, sino tambien con cierto aire é ínfulas preceptorales. —¡Válgame Dios, Marquesa, le dijo. Siempre estás triste! Si es porque se murió tu marido, ¿eso ya qué remedio tiene? Si es porque tu hijo es un cena á oscuras, es hácia la cola y no quiere estu— diar, consuélate con que no es el solo de su jaez: si es porque te sientes enferma, tampoco es ese un
motivo para estarlo, porque las gentes enclenques
viven tanto ó mas que las robustas.
¡Qué don de decir cosas desagradables tienen algunas personas! ¿Don dijimos? Pues dijimos mal. Debimos decir falta: falta de educacion, falta de finura, falta de delicadeza, falta de benevolencia, y sobre todo, falta de bondad! El primer deber (ya que impulso no sea) que tenemos en nuestras relaciones con «el prójimo , es pensar bien de él; la primera regla de finura. y de delicadeza en el trato social, es demostrárselo así. Los malévolos juicios y su grosera ex presion, denominados hoy mundo y franqueza, conseguirán «al fin el que sea muestra: sociedad mil veces peor y mas díscola que la de los Hoten= totes. ¡Y se habla mucho , mucho, de cultura y
de civilizacion! sí, ¡como el ciego, de los colores! La Marquesa, que era una muger fina, se con= tentó con responder al impertinente apóstrofe de la administradora:
—Me duele la cabeza.
— Ya, repuso la visitadora; no es extraño; con el ruido que están haciendo esas niñas!....
—¡Pues si apenas hacen ninguno! dijo la Marquesa; además, si lo hiciesen, no me molestaria: la presencia de mi hija es todo mi encanto, toda mi alegría, todo mi recreo.
—¡Anda con Dios! repuso la viuda, en lo .que concierne á tu hija; Justita es una buena niña, dócil y bien mandada. Pero lo mismo toleras á esa Rufina, que bien se la puede decir Rufiana, tan suélta de ademanes como de lengua, tan mal encarada como caridelantera. No sé cómo la puedes sufrir á tu lado, ni tolerarla al de tu hija.
—La he criado á mis pechos, respondió la Marquesa; y quizás por eso le deba la vida, pues cuando nació muerto mi penúltimo hijo , la subida de la leche me puso á morir. '
—¡Por cierto que tuvieron buena ocurrencia entónces, de traer para que la criases, una criatura del hospicio! dijo ágriamente la áspera viuda. _—Yo así lo exigí por muchas razones, señora.
—¿Y cuáles eran estas? ¿me lo querrás decir? Pues no acierto cuáles pudiesen ser.
—La primera, contestó la Marquesa, fué la se-
o guridad de que no pudiesen arrebatarme mas adelante la criatura que habia alimentado á mis pechos. La “segunda fué hacer una obra de caridad, dando Madre al pobre ser que no la tenia.
—Esos sentimientitos, dijo la ex-administradora, son muy bonitos impresos en novelas. Pero en la práctica lo que dices es cháchara, y no se puede uno en el mundo guiar por ellos, pues hacen cometer imprudencias que luego pesan.
—Pero, señora, (dijo la Marquesa al fin, cansa-
da del atrevimiento de una persona que tan ágriamente compensaba los beneficios que de ella reci bía, y con tanta inconveniencia le reprendia la caridad que con otro ejercitaba)—lo que estáis diciendo son vulgaridades sentenciosas, que son las mas insoportables de todas; axiomas á lo Sancho Panza; fallos infalibles de escalera abajo. Si para hacer el bien, tuviésemos una seguridad de que de ese bien nos resultaria provecho, ¿dónde estaria el - mérito de hacerlo? Cada dia vemos á los pobres sacar niños del hospicio, apegarse á ellos, prohijarlos y amarlos como propios. ¡Triste es decirlo! añadió la Marquesa suspirando; pero el pueblo nos da continuamente ejemplos. de caridad. Los ricos “somos los que no conocemos la verdadera generosidad, puesto que esta no consiste en dar una moneda, sino en hacer el bien sin cálculo. ¡Qué perfectamente ha dicho Balzac, que la »avaricia empieza donde acaba la pobreza»
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— ¡Toma! contestó la viuda, los pobres lo hacen, porque cuando son mayores los niños, les ayudan con su trabajo.
—¡Señora, por Dios! cuando esos niños son mayores,-ó salen soldados, ó se casan; bien lo sabeis.
En seguida se dibujó en el rostro de la Marquesa una amarga sonrisa, y añadió á media voz como hablándose á sí misma: ¡No hay flor en la naturaleza material, que no marchite el solano; ni hecho noble y generoso en la naturaleza moral, que no aje la malevolencia!
—Mucho habria que decir sobre esto, repuso acerbamente su interlocutora; lo que únicamente te diré es que has de sentir y llorar lo que has hecho.
-—Podrá ser, dijo la Marquesa: un autor francés ha dicho, que el diablo se venga siempre de una buena accion.
—Esa muchacha, prosiguió la hostil y cansada viuda, es mala de nativitate. Nadie la puede ver; y acabará por echar á perder á tu hija.
—El cuidado de que esto no suceda, será mio, dijo la Marquesa con frialdad. Señora, si 0s parece, hablemos de otra cosa.
Ambas señoras, poco satisfechas la una de la otra, habian callado, pues la una sentia su malevolencia derrotada, y la otra su delicadeza ofendida.
Las niñas en este momento jugaban puestas en círculo, á un juego de prendas. Rufina, que tenia
A don de mando, habia puesto el ¡juego diciendo:
—Ahí está señá Mariquita Gil.
A lo que, segun la regla del juego, contestó su - vecina:
—¿Quién es señá Mariquita Gil? Respondió en seguida Rufina señalando á la viuda: |
—La que tiene la boca así, el ojo así.
Y puso torcida la boca, y el dedo en la mejilla, tirando su párpado hácia abajo, con lo cual quedó hecha una vision, y algo parecida á la viuda, que tenia efectivamente, segun la voz vulgar, un ojo remellado.
—¿Y no sabes tú, desvergonzada , dijo encolerizada la remellada señora, que notó el insolente ademan de Rufina, no sabes tú la máxima que á este juego se adapta y añade? Pues óyela:
Tuerce la boca hasta el mal Quien del prójimo murmura; Es lince para mis faltas,
Y topo para las suyas (1)...
Cada niña debía hacer y decir otro tanto, sopena de pagar prenda, y era llegado el turno á Justa; pero la niña se negó á poner la boca así y el ojo así. Rufina insistió en que hiciese lo que habian hecho las demás, amenazándola si no lo hacia, con que no jugaria mas con ellas; y la niña, afligida por
(1) Juegos de Noche-Buena, moralizados por Alonso de Ledesma.— Madrid, año 1611.
— 12 — la amenaza, se vino á refugiar en su Madre, en cuya falda se echó diciendo con el modo gracioso de pronunciar de los niños: ¡yo no quiero poneme tan fea!
—Que concluya este juego , dijo severamente y con marcada intencion la Marquesa á Rufina. Niñas mias, añadió dirigiéndose á lás otras, decid relaciones, que es mas bonito, y os ejercitan en la pronunciacion.
Presentóse primero Rufina, erguida y haciendo quiebros, diciendo la siguiente relacion, que concluyó con una profunda y grotesca cortesía:
Yo soy Doña Ana de Chaves, la de los ojos hundidos, casada con tres maridos; todos fueron capitanes: murieron en las milicias donde murieron mis Padres, dejándome por herencia o
manos blancas y ojos negros: Beso á Vd. las suyas, señor caballero.
Siguió á Rufina en la palestra, una morenita gordilla y colorada, que apenas sabia hablar; pero que no obstante recitó, haciendo de apuntador al principio una hermanita suya algo mayor:
Aquí vengo no sé á qué con mi barba de conejo: "¡jay! quien se comiera un viejo que fuera de mazapan! ehé, ahá! como soy tan chiquita, ya no sé mas.
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Ahora era llegado el turno 4 Justa de decir su relacion; pero como era tímida, volvióse á negar, alzando su angustiada carita, que se habia puesto encarnada como una rosa, y sus ojitos arrasados de lágrimas, á su Madre, como para implorar su auxilio. —¿Porqué no quieres hacer como las demás, hi-
ja mia? le preguntó su madre.
—Porque no sabo, no sabo, respondió la niña con la respiracion agitada.
—5$1 sabe, sostuvo Rufina.
—¿Y porqué se ha de forzar á la niña á hacer lo que no quiere? dijo la viuda, mas bien por contra= riar á Rufina, que no por favorecer á Justa.
—Para que sea dócil y no se particularice nunca, y menos por incomplacencia , contestó la Mar— quesa: vamos, hija mia, "dí una relacion. |
—Si no sabo relacion, repitió la niña haciendo uno de esos graciosos visajes, á los que se ha dado la denominacion infantil de pucheros.
—Pues dí una oracion, dijo su Madre; así probarás tu buena voluntad en obedecer.
—(¿La que digo cuando estoy en la cama?... preguntó la dócil niña.
—Bueno; que sea esa, repuso su Madre.
Entónces dijo la niña pronunciando graciosamente á medias palabras:
A acostarme voy Sola sin compaña:
E Y E La Vírgen María Está junto á mi cama; (1) Me dice de quedo: —Mi niña, reposa,
: Y no tengas miedo De ninguna cosa.
(1) Probablemente deberia leerse para conservar el verso «Junto está á mi cama.» Pero como está la canta el pueblo, y asi ta ha conservado el autor. j