Rimas · Unidad 11 de 27

EPILOGO — parte 2

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Tú sabes ya el camino, ave altanera, Fuiste de nuestros padres mensajera Para pedir á Dios chispa inmortal Y dar fuego de alarma los cañones, Y derretir los ferreos eslabones De la innoble cadena colonial.

Tú los viste lanzarse á la pelea, Blandir la espada, sacudir la tea, Vencer, y caer en la pujante accion Mientras que tú, cruzando las esferas Dabas aire de Chile á las banderas, Y fuego del patriota al corazon.

Tú los viste en la noche tempestuosa Guiados por tu pupila luminosa, Cual por la estrella el navegante audaz, Escalar de los Andes las montañas, Esculpiendo en su cima las hazañas Que realizaron con vigor tenaz.

Allí tambien reverberó tu lumbre Cuando bajó rodando de la cumbre Desmelenado el iracundo leon, A par que retumbaba en la eminencia El grito atronador de independencia Que repetia el mundo de Colon.

Desde entonces tu llama se ha apagado, El corazon del pueblo se ha enfriado, Y ha muerto el fuego patrio en el altar, Fuego necesitamos: danos fuego, Que nuestros ojos abundante riego De libertad al árbol dieron ya.

Haz por los hijos lo que en otros dias Hiciste por sus padres, cuando hendias Las esferas con ímpetu veloz, Para traer la centella salvadora Que de ese sol, que el universo adora, Brotó, y en tus pupilas puso Dios.

Las alas tiende y sube hasta los cielos, Cual si fueras á traer á tus hijuelos El alimento que la vida dá; Y mientras bajas desde el alta esfera Nuestra voz de Setiembre á la bandera Con himno popular saludará.

Y cuando venga la centella ardiente Que del cobarde el corazon caliente Y nos llene de aliento varonil; Danos sombra propicia con tus alas, Mientras que en el espíritu que exalas Impregnamos la túnica viril.

Despues condúcenos á la victoria, Traza con luz la senda de la gloria Que nos lleve sin sangre á la igualdad; Toma luego en tu pico oliva y palma Y arrancando una chispa á nuestra alma Vuélvesela á ese sol de libertad.

XI

LA ORACION DE SETIEMBRE

Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente El sol, que en otros dias con brillo refulgente Inauguró del pueblo la estátua colosal. Miradle en este templo que alzó la providencia: Sobre el altar se eleva, fijando la creencia Que llena nuestras almas de espíritu inmortal.

Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares, Sus flores el incienso, sus cedros los pilares, Sus aves la armonía, su cielo el pabellon; Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina, Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina. Do arde sagrado fuego de eterna religion.

Mirad cual lo saludan del muro los cañones, Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones, En que la estrella luce cual signo de hermandad; Mirad como se riza del mar la blanca espuma, Cual se disipa en torno la misteriosa bruma, Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad!

Oid como resuenan los _¡vivas!_ nacionales, Cual desde el alta torre sus glorias inmortales Publica la campana con lenguas de metal; Oid como retumban los bélicos tambores, Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores, Que llenan todo el templo cual coro universal.

Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre, Una oracion solemne digna de un pueblo libre, Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor; Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento, En un amor unidos y un mismo sentimiento, Roguemos al abrigo de un manto protector.

Roguemos por la suerte del mundo Americano, Porque sus nobles hijos con palmas en la mano En nombre de un principio se abracen con amor; Roguemos porque caigan los réprobos caudillos, Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos, Para apagar, matando, de libertad el clamor.

Roguemos, porque nunca naufrague la creencia, Para que tenga un culto la excelsa inteligencia Que dice á la barbarie:--«¡De aquí no pasarás!» Roguemos porque todos escriban en sus pechos Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos, ¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz!

Pidamos para el campo las mieses abundosas, El pan para los pobres, virtud á las hermosas, Y para el pueblo todo, la luz de la razon; Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres, Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres, Pidamos para todos de paz la bendicion!

Este es el ruego digno de un pueblo generoso, El único que al sólio del Todo-Poderoso En alas de los ángeles la brisa llevará; Roguemos, que templados por el sublime ruego, El alma encandecida del entusiasmo al fuego A otras generaciones su ardor trasmitirán.

Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente El sol que á nuestros padres encandenció la mente Para vaciar en ella de Chile la nacion; ¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre Una oracion solemne digna de un pueblo libre Que pida para todos Amor y Redencion.

XII

Á LA AMÉRICA

Por las fieras hambrientas perseguido Cruza indómito potro las llanuras, Y amarrado con fuertes ligaduras En sus hombros Mazzepa va tendido.

Por la carrera al fin desfallecido El bruto cae sobre las breñas duras, Y libre de sus recias ataduras Mazzepa se levanta rey ungido.

Asi América gime entre cordeles Al rudo potro colonial atada, Seguida por la jauría de lebreles; Y exánime, y sangrienta y lacerada Corre, cae, se levanta y de laureles, Resplandece su frente coronada.

XIII

Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA

Herido por un dardo en la pelea Epaminondas cae sobre su escudo, Abierto el pecho por el dardo agudo Que mata el cuerpo, pero no la idea.

Y al ver triunfal que su pendon flamea Afloja de la muerte el fiero nudo Y dice á Tebas: «Madre, te saludo! «Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!»

Tambien dos hijas bellas nos dejaron Los que el libre pendon dieron al viento, Y á su sombra su espíritu entregaron;

Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento: La Independencia que ellos proclamaron, La libertad que dió su pensamiento.

XIV

EL INVÁLIDO

No mirais aquel mendigo De aquella iglesia á la puerta, Cuya miseria despierta Simpática compasion; Y que á todos los que pasan Tendiendo mano transida, Pide con voz dolorida _Una limosna por Dios!_

Es un mártir de la patria, Un soldado valeroso Del estandarte glorioso Que el hemisferio cruzó; Soldado que en otro tiempo Hizo temblar al guerrero Y que hoy pide al pasagero: _Una limosna por Dios!_

Ved: en su manga derecha Se perciben dos galones, Y de Maipo los cordones Que la patria le donó: Cabo inválido, sin brazo, Solo le resta en la tierra Pedir despues de la guerra _Una limosna por Dios!_

A la puerta de la iglesia Rememora sus hazañas, Y las gloriosas campañas Que en otros siguió; Y mostrando con orgullo De su frente un ancha herida, Pide con voz dolorida _Una limosna por Dios!_

«Fuí soldado de los Andes, «En Maipo Cabo me hicieron, «Y las balas deshicieron «Mi brazo en Ituzaingó: «Entonces mi voz se oia «En medio del fuego recio, «Y hoy me arrojan con desprecio «_Una limosna por Dios!_

«De frente! A la bayoneta! «El coronel nos gritaba, «Y sin miedo nos llevaba «A la boca del cañon. «Al brazo el arma llevaba, «Metralla y bala llovia, «Y entonces yo no pedia «_Una limosna por Dios!_

«Cuantas veces en los Andes «Al venir la madrugada, «En medio de una nevada «Mi bigote emblanqueció. «Hoy la nieve de los años «Mi cabello ha encanecido, «Y estiendo la mano y pido «_Una limosna por Dios!_

«Dónde están mis camaradas «Del Cerrito y Ayacucho, «Que mordian el cartucho «Con indomable valor? «Dónde están? tal vez ahora «Duermen en la tumba helada, «Ó piden con voz quebrada «_Una limosna por Dios!_

«Como ellos yo moriré, «Y en la tierra de mi fosa «¿Qué alma verterá piadosa «Una gota de dolor? «Y cuando en algun camino «Bajo los años sucumba «¿Quién dará para mi tumba «_Una limosna por Dios!_»

Cesa, cesa en tus lamentos Cabo lleno de laureles, Que hay olvidos mas crueles Que los que llora tu voz: La República Argentina Bajo el yugo de un tirano Pide al mundo americano _Una limosna por Dios!_

1838

XV

LA CAMPANA

Profético metal, los ciudadanos Que de agüero y comento son exentos A tu voz bailarán por estos llanos, En tanto que tu voz y tus acentos Oyen descoloridos los tiranos Y te atienden los reyes macilentos.

QUEVEDO.

(Polimnia--Musa II.)

I

¡Oh, Campana! de mi Patria Eres símbolo de gloria: O heraldo de la victoria, O intérprete del dolor; Eres corona de bronce En los aires suspendida, Que los fastos de la vida Publicas con tu clamor.

Tú concretas nuestra historia: Has dado la voz de alerta, Golpeando de puerta en puerta Con tu metálica voz; Has anunciado las paces Adornada con la oliva, Y envuelta con palma altiva La guerra cruenta y feroz.

Has sido la grave orquesta De los cánticos triunfales, Y en los tristes funerales, Melancólico pregon; Y colgado de tus cuerdas Un pueblo de audacia lleno, Ha hecho brotar de seno La voz de revolucion.

Y tus ecos tempestuosos Por el aire resonaron Cuando en Mayo saludaron El sol de la redencion, Cuyo vivífico rayo Como un martillo de oro Te dió el acento sonoro De la estátua de Memnon.

Has publicado cien veces Por el mundo americano, Las victorias de Belgrano, De San Martin y Alvear; Has proclamado á los pueblos En medio de la matanza, Y alentado su esperanza Los triunfos al publicar.

En las contiendas civiles Esclava de las facciones, Te ha arrancado tristes sones La espada del vencedor, Y dominando el murmullo Del pueblo desenfrenado, Ante el mundo has protestado Con dolorido clamor.

Y cuando por un tirano El pueblo se vió oprimido, Tú articulaste un gemido Con tu lengua de metal, Y otra vez sobre tu torre Sonaras estrepitosa, Cuando mires victoriosa La bandera azul flotar.

Eres la voz del destino Que presides á las horas, Que con sus alas sonoras Te golpean sin cesar, Y tú, su vuelo marcando, Generosa en demasía, Devuelves una armonía Por el golpe que te dan.

II

Al pueblo siempre anuncia la campana Lo que ha sido, lo que es, lo que será: Cuando á su trono se alza soberana La virtud que combate á la maldad; Y cuando los tiranos en su cuello Han posado su planta ignominiosa ¡Ay! entonces resuena dolorosa Cual llorando perdida libertad.

¡Ah! de mi patria saludó el bautismo Cuando subiendo al rango de Nacion, Sobre su frente el oleo del civismo Dios derramó cual sacra bendicion. Mas hoy llora, cual llora por los muertos, Porque no tiene pueblo soberano, Y es el despojo de feroz tirano La que en sus puños desgarró un leon!

Pero ella ha de sonar en algun dia En la torre de la alta Catedral, Para mi Patria anuncio de alegría; Para el tirano un eco funeral. Y se alzarán los cánticos sagrados Como cuando cayeron los leones, Y cuando cien Británicos pendones En su techumbre el pueblo hizo colgar.

Y entre incienso, plegarias y armonía, Entre gritos de Patria y Libertad, Descenderá la horrenda tiranía, Se elevará radiante la Igualdad: No existirán divisas de partidos, Será el color azul, de los hermanos, Que para combatir á los tiranos Se abraza con amor la sociedad.

Envuelto en un pendon ensangrentado En el pendon azul de la Nacion, Conducirán el cuerpo de un soldado Tendido en la cureña de un cañon, Y al pié de la pirámide de Mayo El cadáver del mártir colocando, De laureles su frente coronando Le votarán espléndida ovacion!

¡Muera yo así en mi Patria redimida Dejándola con gloria y libertad! ¡Muera yo así cantando en mi caida El himno de la Paz y la Igualdad! ¡Pueda llegar hasta el hermoso dia, En que suba mi Patria á su alto asiento, Y ábranse con estruendo en el momento Las puertas de la negra eternidad!

1839

XVI

SATIRA Á SANDOVAL

AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS AVELLANEDA Y VILELA

Le traite se fait justice Il se chasse de nos rangs Ah! que son nom retentise Maudit par nos veterans!

BARTHELEMI.

Prendiendo fuego á un templo portentoso Erostrato su nombre eternizó; Vendiendo Judas á Jesus piadoso Su fama en el Madero se esculpió.

Entregando al verdugo dos cabezas Te has hecho en nuestros fastos inmortal, Que si no tienes que contar proezas, Tienes una traicion ¡vil Sandoval!

¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno, Como un remordimiento le has de oir, Y hasta tocar el linde del infierno La maldicion de Dios te ha de seguir.

Siete veces traidor, tú, miserable, De la historia en el libro vivirás, Como en jardín ameno y deleitable Vive entre flores el reptil audaz.

Tú te has hecho justicia con tu crimen: Mi noble patria batirá las manos, Al ver que en tí sacuden sucio limen Los libres que combaten á tiranos.

Signe por esa huella ensangrentada Que el verdugo señala con su planta, Y encontrarás al fin de la jornada Un buen cordel que oprima tu garganta.

Y mientras tu amo el látigo sangriento Hace sobre tu espalda resonar, Yo empuñaré el azote del tormento Para tu nombre infame flajelar.

Tu nombre dije! En qué gloriosas lides Entre la voz del plomo resonó? Entre qué renombrados adalides Tu acero vencedor relampagueó?

Mas no en batallas se probó tu aliento: En pulperías fueron tus campañas, Armado con un naipe mas mugriento Que el corazon que abrigan tus entrañas.

Pérfido el vaso de licor tendiendo Y bajo el poncho armando la cuchilla, Y á tus contrarios por la espalda hiriendo, Seguido por vandálica gavilla;

Tendido entre las patas del caballo, En vez de sangre revolcado en vino: Tales son tus proezas, vil lacayo; Tales tus hechos son, vil asesino.

Escoria de la fragua de los vicios, Tahur, ladron, borracho y asesino! Tu eterno compañero es el suplicio; Traicionar á los libres, tu destino.

Ojos de gato, lengua de serpiente, Garras de tigre, boca de lagarto! Satan sin duda con un beso ardiente Selló tu rostro en la hora de tu parto.

Y al contemplarte mísero gusano En medio de una gloria colosal Dijiste tú:--«Ya no pondré mi mano, «Adonde alcance con su pié triunfal:»

Y envidiando el laurel de la derrota, Y de los libres la postrera gloria, Fuiste á vender cual miserable ilota, Los hijos de la patria y la memoria.

Sí, que la inmensa gloria de los bravos No era para tus hombros sin pujanza: Debes cargar cadenas entre esclavos, No de los libres la quebrada lanza.

Los libres solos su bandera alzando Con doble esfuerzo treparán los Andes, Y entre Argentinos el aliento dando Los buenos solo llamaránse grandes.

Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda Con tus manos inmundas no ajarás, Porque ese hierro que marcó tu espalda Te ha impreso ya su cicatriz tenaz.

No azul pendon te prestará su sombra Sino la planta del señor feroz, Que haciéndote servir como de alfombra Te lanzará iracundo, torpe coz.

El lodo cubra tu cabeza infame, Tu cuello dobla al récio bofeton, De tu señor el pié sangriento lame, Y de tu labio mane corrupcion!

Sicario vil entre sicarios seas, Sucios insectos cubran tus heridas, Arrastrado cual vívora te veas, Y Dios te dé para sufrir, mil vidas!

Sangre bebas en vez de linfa pura, Sangre tan solo bebas por do quier, Y al entrar en el lecho, sangre impura De la almohada veas tú correr!

El mas cobarde escúpate á la cara, Tu nombre sea voz de deshonor, Mientras mi musa con candente vara Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR!

La maldicion del mundo eternamente En tu oido resuene noche y dia, Y las furias con látigo crujiente Te precipiten á la tumba fria!

Que por las furias siempre perseguido Llegues á la mansion de Satanás, Y al darte abrazo estrecho, estremecido, Dedos ardientes sientas por detrás.

Y que te brinde copa reluciente, Y al apurarla lleno de embriaguez, En la lengua te pique una serpiente, Que surja enfurecida de la hez.

Luego te traiga naipes caldeados, Y te obligue con ellos á jugar, Y sientas por tus dedos abrasados Tu negra sangre á chorros destilar.

Y levantando un coro de clamores Los demonios, al son de ronca trompa, Te arrojen donde yacen los traidores, Con infernal y con grotesca pompa!

1841

XVII

GRITO DE ALARMA

(DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)

Alzaos del polvo inerte Vencidos, no domados, Cerniendo la melena Como soberbio leon; Alzaos, y ante los bustos De hermanos degollados, Levante un pueblo libre Su alejado pabellon.

Si conservais alientos Y sangre en vuestras venas, El aire que os circunda De fuego llenaré, Y la dorada copa Que el entusiasmo inspira, Al silvo de las balas Tranquilo os brindaré.

Mas si temblais cobardes, En vez de altivos cantos Viriles maldiciones Levantará mi voz; Y en vez de alzar la copa Del génio de la patria, Os lanzaré mi lira Con ímpetu feroz.

Oid, que del poeta Las voces son augustas, Ya entonen la agonía O el cántico triunfal A su eco se levantan Los pueblos oprimidos, Y en pechos maldecidos Esconden el puñal.

A su eco se alza el pueblo Rompiendo sus cadenas, Con brazos vigorosos Mas duros que el metal, Y si en la dura lucha Dan vuelta las espaldas, Vuelven, si dá la lira De alarma la señal.

Un dia fué en la Grecia Que en medio á la derrota Los cantos de Tirteo Se oyeron resonar, Y revolviendo al punto Los escuadrones rotos, El lauro de victoria Supieron rescatar.

Será que ya en el mundo No exista el entusiasmo, Ni acorran á la patria Los hombres de esta edad? ¡Oh, no! los corazones Sacudan ese pasmo, Y asiendo de la espada Gritemos: «¡Libertad!»

La libertad no ha muerto, Y en la sangrienta arena Donde se vé postrada Su aliento no rindió: De heridas traspasada, Y en rojo humor teñida, En sus convulsas manos Nuestro laurel salvó.

Secad el triste lloro Que baña las mejillas Al sol de la esperanza Que miro ya lucir, Los pueblos no se salvan Con infecundo llanto, Sinó queriendo altivos Ser libres ó morir.

Agrúpense los libres Al pié de la bandera, Que las legiones rotas Aun hacen tremolar, Y firmes, denodados, Velando en la trinchera, Como la sombra al cuerpo La sigan sin cesar.

Al que á su puesto falte, Al que la muerte tema, Al que cobarde tiemble ¡Oprobios veces mil! Los cascos de los potros Que doman los valientes Pisen esas cabezas Sin nervio varonil.

Verán á los bandidos Sus puertas derribando, Violadas en su lecho Las prendas de su amor, Y en medio á la algazara De torpes asesinos Los cráneos de sus hijos Colmados de licor!

Honor á los valientes Que vibren el acero Confiando en nuestra causa Con grande corazon; Y firmes como roca La espada levantando, De esclavos y tiranos Detengan la invasion!

Honor al que en las filas Peleando como bueno, Consagre á sus hermanos La vida en oblacion! La palma del martirio Circundará su frente, Que de los hombres libres Tendrá la bendicion!

El fuego y el acero Llevamos en las manos, Lidiemos con denuedo, Caigamos con valor, Y antes que ver la patria Revuelta por el fango, En pálidas cenizas Salvemos el honor.

Luchad como valientes, Porque do quier que vayais, Como á traidores viles El mundo escupirá; Luchad, que defendemos El último baluarte, Donde salvar podremos La gloria y el hogar.

¡Al arma! Al arma! Al arma! Y el grito repetido Haga vibrar las almas Con súbita emocion, Y en torno de la hoguera Que brilla moribunda, Encienda sus antorchas Del pueblo la legion.

Arriba, ciudadanos, Dando de ¡alarma! el grito Alzad vuestra bandera, Rodead el patrio altar, Antes que el nuevo Atila Pisando vuestras sienes Os haga á latigazos Del polvo levantar.

De frente, infantería! La boca en el cartucho, La cara al enemigo, La mano en el fusil, Soldados, adelante, Rompamos esas filas: Quien caiga será grande, Quien huya será vil!