Rimas · Unidad 10 de 27
EPILOGO — parte 1
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Como una chispa de la luz divina Se vé brillar en la region andina La estrella matinal; Y una mano invisible, misteriosa, Levanta de la noche silenciosa El fúnebre cendal.
Y descubre un cadáver coronado, De lágrimas y espinas incrustado Su lauro triunfador: Y en su presencia el ángel del aurora Levanta con su voz consoladora El himno del dolor.
HIMNO
Lavalle, tu cabeza De penas fué calvario, Y vaso lacrimario Tu grande corazon: Y los cautivos pueblos Vertieron en tu seno El llanto de amor lleno Que el pueblo derramó.
Luchando cuerpo á cuerpo Caiste en noble guerra, Sobre la misma tierra, Que tu sudor regó. Y el corazon del mártir Que atesoraba el llanto Un génio sacrosanto Del cuerpo arrebató.
Alzóse hasta las cumbres Del alto Chimborazo, Y allí con fuerte brazo Tu corazon clavó; Y cual en noble túmulo Brilla la urna de oro, La urna de nuestro lloro Allí vierte esplendor.
Torrente de dolores Por Dios atesorado, Cual dictamo sagrado Que destiló el amor! ¡Oh corazon que fuiste El cáliz de amarguras, A las espadas duras Dá el templo del honor!
Acérquese allí el jóven Y beba fortaleza, Allí busquen firmeza Los brazos sin vigor; Allí vaya ese pueblo Que dobla su garganta, Y beba la ira santa Que hiera al opresor.
Allí vaya la vírgen A derramar sus flores, Para jurar amores Al que combata al vil; Acérquese allí el niño Y en su dolor templado Levante el grito osado De lucha varonil.
Y diga á los que duermen En el polvo sangriento: «Dad otra vez al viento «De Mayo el pabellon; «Y vencidos cien veces, «Otras tantas deshechos, »Oponed duros pechos «A la dura opresion.»
Sí, que la voz del niño Oráculo es del cielo Para anunciar consuelo A un pueblo en horfandad, Y sus puras palabras Al tiempo de verterlas Se convierten en perlas En la urna funeral.
VII
JOSÉ CAMPON
(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)
I
Cuando las huestes de Rosas Pisaron de Oriente el suelo, Al toque de la corneta Seis mil bravos acudieron: A su cabeza se vió Al héroe antiguo de Haedo, Acaudillando los bravos Que de la patria en el seno Heróicos se levantaron En sosten de sus derechos. Todo Oriental que abrigaba De la libertad el fuego, Bajo el pendon de la gloria Iba á desnudar su acero, Lleno de noble energía, Y de patriotismo lleno.
II
Campon tranquilo vivía Bajo del paterno techo: Ciñóse al punto su espada, Montó un veloz parejero, Y voló do le llamaban De la corneta los ecos. Ni le detuvo el peligro, Ni el triste llanto materno, Ni del amor las dulzuras, Ni del dolor los lamentos: Solo escuchó al patriotismo Que atesoraba en su pecho.
III
A la orilla de un arroyo Se vén veinte coraceros Dispersados en guerrilla Sobre caballos lijeros; Se ven al frente asomar Bajo los talas y seibos Que baña Santa Lucía Míl y quinientos guerreros; Y el denodado Campon Mandando los coraceros Con firmeza les repite: «Antes que rendirse... ¡fuégo!» Lanzando grito salvaje Viene la tropa de siervos, Como una nube de polvo O una bandada de cuervos. Campon, cual muro de bronce El choque espera sereno, Y á sus valientes soldados Manda hacer continuo fuego, Y cuando balas no tuvo Dijo la espada blandiendo: «La carabina á la espalda «Sable en mano, coraceros!»
IV
Santander con su Escuadron Se lanza en el entrevero; Cuadra, _¡A la carga! ¡á la carga!_ Repite con voz de trueno: Sigue Blanco con sus bravos Montados en moros negros. Por su valor y su arrojo Es conocido el primero, Y se distingue el segundo Por su semblante sereno: La calva frente de Blanco Es de su alma fiel espejo, Pues se retratan en ella La honradez y el ardimiento. Trescientos hombres le siguen Cargando al son de _degüello_, En proteccion de los bravos Que lidiando como héroes, Mas que hombres de hueso y carne Parecen hombres de hierro! Ni les intimida el número, Ni el morir les causa miedo; Con sables hechos pedazos Sus ojos despiden fuego, Está abollado el morrion Y sangre vierten sus miembros, Ruge el plomo en sus cabezas Y retiembla el pavimento; Pero ellos imperturbables En medio del entrevero, Sueltan la rienda al caballo, Descargan golpes tremendos; Y ante su diestra valiente Llenos de susto los siervos, Bajan la mústia cabeza, Abren un ancho sendero; Y allí donde el clarin Resuenan los tristes ecos Llenos de sangre y de polvo Júntanse los coraceros.
Blanco, que fué rechazado En el encuentro primero, Al frente del enemigo Organiza los dispersos, Hace tocar á la carga Y otra vez los lleva al fuego.
V
Campon y Alberdi entretanto De los esclavos en medio, Abandonados se miran Del hombre, no de su aliento. De su alarido de guerra Retumba el éco á lo lejos; Al galopar sus corceles Con fragor retumba el suelo; Sobre sus negras corazas Rechina el fúlgido acero, Los sables cubren la luz Sobre sus cráneos sangrientos.
Heróicamente lidiaron, Cien heridas recibieron, Y clamando--¡Libertad! Al suelo cayeron muertos. Y la divina corona Que la Patria dá al guerrero, Sobre sus frentes marchitas Se vió caer desde el cielo.
Blanco á la carga conduce A sus valientes de nuevo, Pero al querer batallar Todos se miran envueltos, Y cual las hojas de otoño Por la campaña dispersos. En vano el buen coronel Levanta su voz de trueno, Abandonado y sin gente Solo le ampara su acero.
VI
En la inmediata cuchilla Un relámpago de fuego Brilló, rugiendo con furia Del cañon el ronco trueno. Nuñez avanza atrevido Con setecientos guerreros, Blandiendo lanza potente, Montando un tordillo negro. Es imponente su marcha, Y por su rostro moreno El entusiasmo asomaba Como en la noche un reflejo. Al marchar de sus campeones, Al relumbrar de sus hierros, Y al tremolar su estandarte Los enemigos huyeron. Los libres en vez de rostros Espaldas tan solo vieron.
VII
Cuando los viles esclavos Riendas al caballo dieron, De cadáveres y de armas El campo quedó cubierto, En expiacion de los libres Que con honor sucumbieron.
Cuarenta bravos perdimos En este glorioso encuentro, Y al otro dia al pasar Aquel campo de los muertos Nuestros soldados decian: «Tanta sangre vengaremos, «Por cada gota de sangre «Un arroyo verteremos.»
VIII
En los campos de Cagancha En medio al humo y al fuego, El escuadron de Campon Admiró por su denuedo. El ala izquierda ocupaba, Y en el furibundo encuentro El campo quedó sembrado De hombres y caballos muertos. Quedó en medio á la cuchilla De sangre un ancho reguero: ¿Quién lo hizo? el escuadron Que por vengar sus guerreros, Pasó legiones de esclavos A los filos de su acero.
VIII
HIMNO
Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD
INVOCACION
Llegad en torno mio, Venid, sombras nocturnas, Y alzad con poderío Las cinerarias urnas, Cubiertas con el lirio Que consagró el martirio: Alzad, sombras, alzad!
Bañadlas con el llanto Del pueblo que suspira, Y el ardoroso canto Que se alce con mi lira, Por todo el hemisferio Libre del cautiverio. Llevad, sombras, llevad!
CORO
De América las vírgenes Con mano temblorosa, La cabellera frígida, Sangrienta y polvorosa De las heróicas víctimas, Con flores ceñirán.
Entre perfumes célicos Y grata melodía De cánticos suavísimos, Hasta la tumba fria Entre aureolas fúlgidas Los héroes bajarán.
Sobre la huesa húmeda Donde su lauro brilla, Los pueblos redimidos Doblando la rodilla, Al trono del Altísimo Plegarias alzarán.
El Bardo de la América Invocará sus manes, Y al son de la arpa armónica Que pulsan los titanes, Sobre su frente pálida La inspiracion caerá.
POETA
La tumba del valiente No pide débil llanto, Sino del vate ardiente El estridente canto, Que imite en su armonía, Vibrante vocería Del campo del honor.
Qué importan á los bravos La pompa de los templos Que compran los esclavos! Les bastan sus ejemplos, Su inmarcesible gloria, Su tumba, su victoria, Sus lauros, su valor!
Cual rinde su alta frente El sol al Océano, Como el audaz torrente Que baja al ancho llano, Debe ser la caida Del que rinde la vida Del pueblo en el altar.
Cantemos á los muertos En la feral pelea, Que sus despojos yertos De América presea, Valen mas que la pompa Que celebra la trompa Del poeta servil.
Indómitos guerreros Ante el altar caidos, Blandiendo los aceros De sangre reteñidos, Venid, llegó la hora: La América hoy valora Vuestra mision viril.
Llegad, nubes de incienso Bañando vuestras frentes, Oireis el himno inmenso Que pueblos reverentes Cantan en el osario, No al génio sanguinario, Ni al Régulo opresor.
Generaciones nuevas Ricas de independencia, Tras dolorosas pruebas Por fecundar tu herencia, Se acercan á las aras Que con tu sombra amparas Del Plata al Ecuador.
Oh brazos tan robustos Que á un mundo estremecieron, Y en dias mas augustos Sus aras contuvieron, Poderosos se eleven Y á la mansion me lleven De sacra inspiracion!
CORO
Sus lívidos cadáveres Veranse entre humo denso, Del pueblo, del incienso, Y entre la pompa nítida Del templo de Israel.
Relucirán las lámparas Ante el sombrío coro, Y al órgano sonoro Se mezclarán melódicas Las arpas de Sion.
Resonará en la bóveda El cántico suave, Y en medio á el ancha nave Se elevará en el túmulo La gloria y libertad.
Y el inspirado vate, Envuelto por el manto Del entusiasmo santo, Exclamará profético: «Tu nombre vivirá.»
POETA
La libertad se encumbra Sobre sangrienta pira, Y con su antorcha alumbra Las cuerdas de la lira, Que el vate pulsa altivo Al son del éco divo Del férvido huracan.
Su luz, los nombres dora De la urna funeraria, Donde enlutada llora La musa solitaria, Los mártires valientes Cuyas soberbias frentes Humeando sangre estan.
Miradlos sobre el suelo Que hollamos con la planta, Mirad: en raudo velo Su espíritu levanta La célica bandera, Que ondear hace altanera La ráfaga veloz.
Cayeron cual jigantes En medio de la gloria: Sus páginas brillantes Abrió la inmensa historia, Y en letras de granito Su triunfo ha sido inscrito Con fúlgido esplendor.
Ese pendon miraron Yaciendo moribundos, Del suelo se aferraron Con brazos tremebundos, Cual si al morir peleando La tierra asi abrazando Quisieran defender.
Sublime abrazo inmenso Rodeado por las balas, En medio al humo denso; Bajo las negras alas De la terrible muerte Y con la sien inerte Ceñida de laurel!
Y al abrazar la tierra Con ánimo esforzado, Su alarido de guerra Por el viento llevado Resonó en los hogares, Y en los undosos mares, Cual voz de redencion.
Y hoy sus huesos dispersos, En la estéril llanura, Blanqueados por los cierzos, Se estiman mas que el oro Y forman el tesoro Del mundo de Colon.
Si existe una creencia Y un pabellon triunfante, Si es libre la conciencia, Si en libro de diamante Se esculpen altos hechos, Debémoslo á los pechos Que el hierro atravesó.
A los varones fuertes Que la espada blandieron, Que arrostrando mil muertes En el campo cayeron Del noble sacrificio, Bajo el marcial auspicio Del alto galardon.
De todo un pueblo el luto, De todo un mundo el llanto, Es mísero tributo Para su polvo santo, En que renacen palmas, Y en que resurgen almas Al soplo del creador.
No necesitan urnas Ni estátuas levantadas, Porque las horas diurnas De estrellas coronadas Guardan el monumento, Que cubre el firmamento Del hemisferio austral.
CORO
De la tierra sangrienta Se elevarán los muertos, Y con rayos inciertos La luna amarillenta, El esqueleto pálido Trémula alumbrará.
De luces coronada La sombra de los fuertes, En túmulos inertes Relucirá animada, Cual la vision fantástica Del Cristo Salvador.
Las fúlgidas espadas, Las bélicas banderas, Trotones y cimeras, Y lanzas destrozadas, Cual súbito relámpago Fulmíneas brillarán.
Se elevarán ardientes Atléticas legiones Al pié de sus pendones, Cuando el Omnipotente Les diga como á Lázaro: «Del polvo levantad.»
POETA
Cuando la densa bruma Los valles enlutaba, Cuando la blanca espuma Los mares circundaba, Cual mágicos concentos Nacian los acentos Del arpa de Ossian.
Al eco melodioso La bruma relucía, Y en carro vaporoso Celeste aparecía Poblando la colina, La sombra de Malvina, De Morven y Fingal.
¿Y el Bardo arrebatado Que invoca realidades, No ha de poder osado Anticipar edades Del tiempo en la penumbra, Cuando su mente alumbra Inspiracion mas fiel?
¿La losa de la tumba Levantará mi lira?-- Oid: el viento zumba, El Hacedor me inspira, Siento su soplo ardiente Que en alas del ambiente El polvo hace tremer.
¡Campeones inmortales! Alzad la noble frente, Que adornan las señales De la metralla ardiente, Alzaos del frio lecho, Con voces en el pecho, Latiendo el corazon.
Rasgad con mano fuerte La fúnebre mortaja Con que os vistió la muerte, Y oireis la sorda caja Que toca ¡á bayoneta! La voz de la corneta, Y el trueno del cañon.
La luna brilla hermosa Cual lámpara divina Rielando misteriosa; En la region Andina Su genio se levanta, Y en torno se quebranta La tierra con fragor.
Los cascos resplandecen Cual rápido meteoro, Las plumas que se mecen Entre celajes de oro Anuncian mil campeones, Y en medio á las lejiones Se eleva un pabellon.
Mil ecos fragorosos Producen los aceros, Los potros ardorosos Relinchan altaneros, Y en masas apiñadas De sombras laureadas Se forma una legion.
Descance con mi plectro Mi cítara de acero, Desfile cada espectro Con ademan severo, Al son de los clarines Que llenan los confines Con son atronador!
¡Silencio! los tambores Ya la señal han dado, Y rayo de fulgores El campo ha iluminado. ¡Gloria á los inmortales Que pisan los umbrales De un mundo superior!
Mirad, ya no es del alma Fantasma vaporoso, Vestidos con la palma Del mártir generoso, Despues de su caida Renacen á la vida De glorias perennal!
CORO
De América las lágrimas Bañando los cabellos De los gigantes mártires, Cual nítidos destellos, Una corona bélica A sus virtudes cívicas Y á su valor serán.
En las eternas páginas Del libro de los hombres, Como inmortal espíritu Revivirán sus nombres, Y las coronas pálidas De las edades áridas De gloria teñirán.
El santo tabernáculo De la igualdad preciosa Protegerán impávidos Con su égida gloriosa, Guardando el testo bíblico Del inmortal decálogo Que á un mundo redimió.
Aéreo coro de ángeles Entonará mil cánticos Como la brisa plácidos; La libertad en tanto, Como vision espléndida, Tendiendo el ala rápida Se elevará hasta Dios.
POETA
Del tiempo la corriente Bramando se derrumba, Como la voz rugiente Del huracan retumba, Y en rápida carrera La humanidad lijera Se hunde en la eternidad.
Despeñados los siglos Cruzan los hemisferios, Como inmensos vestiglos Se abaten los imperios, Y en medio á la ruina Encúmbrase divina La santa Libertad.
Como en el Andes brama El huracan tremendo, Cuando veloz derrama El trueno ronco estruendo, Y en tanto el polo cruje, Resisten al empuje Sus quicios de cristal;
Así del tiempo el vuelo Que abate las barreras, Estiende por el suelo Sus ondas altaneras, Chocando resonantes El muro de diamantes Del alma libertad.
Y ella con faz serena Sus furias dominando, Desde la escelsa almena Los cielos contemplando, Mira nacer la aurora Que al mundo es precursora De paz y de igualdad.
Y su sagrada enseña Al viento desplegando, A tiranos domeña Pueblos emancipando, Y concita á sus bravos Rompan de los esclavos La argolla y el cordel.
Y por eso los nombres De redentores fuertes Alientan á los hombres, Y cuando caen inertes Las almas se electrizan, Y gratas divinizan Su nombre y su laurel.
Vuestros restos divinos Son nítidas lumbreras, Que alumbran los caminos De edades venideras, Por donde ardientemente La juventud valiente Se lanza al porvenir,
Son cual la luz bendita De la columna ardiente Del pueblo Israelita; La estrella reluciente Cuyos reflejos vagos, A los tres Reyes Magos Condujo hasta el Señor.
Vendrán horas serenas Que vuelen en pedazos Las últimas cadenas Que amarran nuestros brazos, Alzando los escudos Que con brazos membrudos Vuestro aliento elevó.
En ellos sostendremos Al génio Americano, Y altivos hundiremos A todo vil tirano Que con su torpe planta A la corona santa Manche de libertad.
Y de Colon la sombra El ámbito cruzando Sobre celeste alfombra, Se elevará clamando: «La aurora de Dios brilla! «Tiranos, de rodilla! «Naciones, levantad.»
IX
INVOCACION
(EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)
I
Pueblos, batid vuestro pendon glorioso Del Atacama al Cabo tempestuoso Donde se estrella el mar; Que en este dia la nacion Chilena Lo hizo flamear sobre la antigua almena De independencia al grito popular.
II
Guerreros, por la sangre consagrados, De inmarcesibles lauros coronados En el campo de honor; Despertad del cañon al estampido, Que hoy rememora un pueblo agradecido Que os debe de su gloria el esplendor.
III
Niños, alzad las inocentes palmas Y ardan en entusiasmo vuestras almas Honrando á la virtud, Que niños cual vosotros vuestros padres Descendieron del seno de sus madres Para destruir la dura esclavitud.
IV
Vírgenes puras, como el sol hermosas, Que os coronais con perfumadas rosas La frente virginal; Cubrid con ellas los sepulcros yertos De los valientes por la patria muertos Que duermen sobre almohada terrenal.
V
Sacerdotes del Dios crucificado, Quemad sobre el altar inmaculado Inciensos al Señor, Y suba entre la nube de humo denso La sublime oracion de un pueblo inmenso Que ensalza de la patria al Redentor.
VI
Legisladores de alta inteligencia, Que alumbrasteis del pueblo la conciencia Clamando: _Fiat lux!_ Si los campeones dieron altos hechos, Vosotros proclamasteis los derechos De la igualdad, que predicó Jesus.
VII
Ancianos, cuya mano temblorosa Nos indica la ruta misteriosa Que debemos seguir; Bendecid con amor á vuestros hijos, Para que sigan con los ojos fijos La estrella que los lleve al porvenir.
VIII
Jóvenes, de la patria la riqueza, El porvenir está en vuestra cabeza, Bella es vuestra mision: Es coronar el noble monumento, Que simboliza el grande pensamiento Que inauguró la tierra de Colon.
IX
Sombras de las falanges militares Que alzaron los escudos tutelares Al pié del patrio altar; Dejad caer el casco rutilante Dejad caer el hierro fulminante Y vuestra obra venid á contemplar.
X
Naves, alzad las flámulas hermosas Envueltas por las nubes magestuosas Del humo del cañon, Conmemorando los gloriosos dias En que Chile botó á las ondas frias En leño audaz su invicto pabellon.
XI
Campos feraces do la mies ondea, Selvas en donde el pájaro gorjea, Rios que vais al mar: Un himno alzad con voz estrepitosa, Que os fecundó la sangre jenerosa Que enrojeció las gradas de su altar.
XII
Andes, en cuya frente encanecida La historia americana está esculpida En cifra colosal; Tú que levantas la cabeza al cielo, Pídele á Dios la lluvia del consuelo Y á la América baña en su raudal.
X
AL CONDOR DE CHILE[2]
Tú que en las nubes tienes alto nido, Tiende tu vuelo, condor atrevido, Que sustentas de Chile el paladion; Sigue del sol la luminosa huella, Y trae cual Prometeo una centella Para incendiar con ella á la nacion.
Para incendiarla en alto patriotismo, Para animar la antorcha del civismo Para encender del pueblo la virtud; Para templar los tibios corazones, Para quemar los últimos girones Del manto de la torpe esclavitud.
Estiende, estiende el ala vigorosa, Cual la vela que en noche procelosa Alza la nave en negra tempestad; Vuela á traer la vívida centella Que en ochocientos diez, fulgente y bella, La antorcha reanimó de libertad.