Rimas · Unidad 16 de 27
LIBRO TERCERO — parte 2
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Y en vano bramarán las tempestades En alas del furioso vendabal, Ha de arder al través de las edades La llama de su genio celestial.
* * *
Llorad, llorad en torno de la fosa Del bardo fiel que su mision llenó, Y que las plantas de su Patria hermosa Con versos aromáticos bañó.
Llore tambien el mísero mendigo, Y el desvalido en miserable lecho, Cayó sin vida el que con voz de amigo Defendiera su pan y su derecho.
Llorad, llorad, poetas orientales, Al que cantó las penas del Esclavo, Al que en la Cruz, con versos celestiales Cantó, pendiente del sangriento clavo;
Que como Job sobre la piedra dura Inflamado de espíritu inmortal, Brillaba su alma transparente y pura Tendido sobre inmundo lodazal.
* * *
Pasagero en el valle de la vida Clavó su tienda en medio del desierto, Y en busca de una linfa apetecida Cruzó animoso el arenal incierto.
Y al percibir en su cabeza ardiente Del genio de la muerte helada brisa, En su rostro de luz resplandeciente Brilló inefable y plácida sonrisa.
Y era porque su mente se adormia Sobre la almohada de la eterna fé, Y era que el desterrado sonreia Al estampar sobre su patria el pié.
Y al apagarse en su fulgor naciente La purísima aurora de su edad, Brilló sobre su tumba, refulgente, La aurora de la inmensa eternidad.
* * *
Envuelto por el humo del combate Su canto fué de paz y bendicion, Y de la lucha entre el feral embate Puro permaneció su corazon.
El genio le ciñó con sus espinas, Su herencia fué una lágrima de hiel, Pero de sus creaciones peregrinas, Brotan torrentes de armonía y miel.
Descendió como un mártir á la arena Atleta de la Paz y la Igualdad: Destrozando del hombre la cadena Dió consuelo á la triste humanidad.
Con la osadía del apóstol fuerte De la verdad la antorcha reanimó, Y al caer en el abismo de la muerte Encendida á su borde la dejó.
VII
AL VIOLINISTA CAMILO SIVORI
IMPROVISADO DESPUES DE UN CONCIERTO
Muda el alma de asombro en tu presencia Cuando vibraba el arco palpitante, Con eco penetrante Sintió la cuerda armónica llorar.
Una lágrima tibia brotó de ella Que se mezcló á tus blandas armonías, Y en dobles simpatías Vibró al compas el arco y corazon.
Al eco misterioso de los bosques Uniste al trino puro de las aves, Y en melodías suaves Brotó tu inspiracion como raudal.
El ángel de las santas armonías Cubrió tu frente con sus alas de oro, Y en tu violin sonoro De Paganini el alma suspiró.
El pueblo que en silencio te escuchaba Ante tu genio doblegó la frente, Y escuchó reverente De tu arco la inmortal revelacion;
Que si al pisar la corte de los Reyes Una joya te dió de sus coronas, De América en las zonas Al pueblo soberano diste ley.
VIII
¡ADIOS POR SIEMPRE!
I
Triste es cruzar el mundo peregrino Para encontrar en medio del camino Una flor que nos llene de embriaguez, Y continuar su marcha fatigosa Dejando atras aquella flor hermosa Que ya no encontraremos otra vez.
Así al cruzar el valle de la vida Te miré y admiré flor bendecida, Caida de la corona de mi Dios, Y seria feliz al contemplarte Si no tuviese pronto que dejarte Y decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
II
Mas si el dejarte es triste y doloroso Recordarte será muy deleitoso Si una dulce memoria he de llevar; Porque el recuerdo es la perenne esencia Que perfuma del hombre la existencia Y en el tiempo pasado hace gozar.
Y por eso en la copa de amargura Que en este trance el seco labio apura, Encuentro algunas gotas de dulzor, É inclinando ante tí la frente mústia Comprendo que aun en medio de la angustia Hay consuelo en decirte: ¡Adios! Adios!
III
Como árbol que dió sombra en el desierto, Cual la estrella guiadora en viage incierto, Como las horas de la verde edad, Como agua clara al viajador sediento, Cual pan sabroso para el labio hambriento, Así recordaré yo tu beldad.
Como la lumbre en noches del invierno, Como el recuerdo de un afecto tierno, Como el acento de la amada voz, Así, tú serás grata á la memoria Del que al darte una ofrenda transitoria Te dice entristecido: ¡Adios! Adios!
IV
Las personas que viven siempre unidas Suelen á veces contemplar caidas Las hojas del amor y del placer; Hojas que de la espléndida guirnalda, Bajan de la belleza hasta la falda, Y el viento del dolor viene á barrer.
Mas nunca lloran su ilusion perdida Los que se van en medio de la vida Para encontrarse en brazos de su Dios, Porque siempre se miran en la mente Como cuando esclamaron tristemente Al dejarte por siempre: ¡Adios! Adios!
V
Solo puede dejarte mi cariño Esta guirnalda que á tu frente ciño Adornada con flores de amistad; Flores del alma que brotaron bellas Al calor de esos ojos que destellas Iluminando el alma en su mirar.
¡Adios! Adios! no quede ya perdido Entre la negra noche del olvido, Y que el recuerdo sea de los dos; Y cristaliza en tu alma aquesta gota Que tibia y pura de mis ojos brota Al decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
IX
¡COMO TÚ!
ESCRITO Á ORILLAS DEL QUEGUAY
Es el Queguay[8] un rio trasparente Cual urna de purísimo cristal, Cuyo fondo se ve puro y tranquilo Como el fondo de tu alma angelical.
Quieta es la superficie de sus aguas Si el viento no la agita con furor, Como tu frente es cándida y serena Si no la agita el soplo del amor.
En el lecho pedroso do descansa Se deslizan sus aguas con quietud, Como tus horas corren no sentidas Por el sendero fiel de la virtud.
Los sauces que coronan sus riveras Hunden su verde copa en el Queguay, Cual tu frente en mi seno cariñoso Blando se inclina envuelto con un ¡ay!
Los ubajais[9] ocultan en sus ramas Pájaros bellos, raros en matiz, Como tu mente abriga mil ideas Que hace brotar la inspiracion feliz.
Del Uruguay[10] dos gigantescos brazos Oprimen su cintura en derredor, Como tu talle esbelto y delicado Circuye en torno el brazo del amor.
Esconde la rivera entre sus guijas Las perlas con el nacar y el coral,[11] Como atesora tu alma rica y bella De angélicas virtudes un caudal.
La brisa de la noche entre sus hojas Hace brotar suspiros de dolor, Cual de tus labios ecos misteriosos El delirante beso del amor.
La selva umbría que lo guarda en torno Impide ver sus ondas de cristal, Cual del pudor el velo misterioso Sombrea tu semblante sin igual.
La blanca aurora rompe el denso velo Que sobre sus espaldas se ve ondear, Cual tú, graciosa, al despertar apartas El pelo de oro que robó tu faz.
En sus ondas azules se reflejan Del cielo la bonanza y tempestad, Cual tus ojos azules reproducen De otros ojos la sombra y claridad.
Sus linfas puras entre fango nacen Mas cristalinas caminar se ven, Cual tú nacida de la tierra impura, Pura te miro caminar tambien.
X
DESPEDIDA
Adios, mujer nacida para inspirar amores, Nacida como nacen en el jardin las flores, Para esparcir en torno su misterioso olor; ¡Adios! palabra amarga que sale de mi seno, Y que mis labios quema como letal veneno, Cuando en mis ojos brilla la gota del dolor.
Adios, mas no por siempre: un mundo hay mas hermoso, Y cuando al seno vueles del Todo-Poderoso Volverte á ver espero tan bella como aquí; Pero si en el inmenso celeste paraiso A tí no te encontrase, mi celestial hechizo, Los celestiales goces tristes serán sin tí.
Adios, vuelvo á decirte, adios ángel divino, A quien pusiera el cielo delante mi camino Para calmar mis horas de doloroso afan; Desde el momento mismo que pude contemplarte, Mi corazon ardiente tan solo supo amarte, Como en la vida se ama, solo una vez no mas.
Adios, sueño querido, que me halagó un instante Cuando soñé demente que un corazon amante Latia sobre el mio con férvido afanar, Adios, visiones vagas que atormentais mi pecho ¡Oh no volvais ya nunca á visitar mi lecho, Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar!
Adios, adios por siempre, celestes fantasías Que al corazon tranquilo, y en mas serenos días, Brindaron halagüeñas, dichoso porvenir, Pasad engañadoras visiones peregrinas: En vez de frescas rosas tan solo piso espinas, Y el sol de mi esperanza no veo ya lucir.
¡Adios!... mas no es posible dar un adios eterno A tu divina imágen y á tu recuerdo tierno, Que mi inmortal memoria no olvidará jamas; Delante de mis ojos siempre estarás presente, Y en mi alma, y en mi pecho y en mi abrasada mente Tu imágen deliciosa se gravará tenaz.
Yo sentiré en la brisa tu perfumado aliento, Tu voz consoladora traerá á mi oido el viento, Y te veré en las nubes cruzar como vision; Yo sentiré tus pasos en medio á las tinieblas, Y al ver cubrirse el aire de transparentes nieblas, Tus blancas vestiduras veré yo en mi ilusion.
Oh, si el destino crudo de tí no me apartara, Si de los patrios lares ¡ay Dios! no me arrojara, Mi porvenir entero se cifraría en tí! Porque al mirar tu rostro tan cándido y divino Veo que mi destino se liga á tu destino; Veo que para amarte tan solo yo nací.
Entonces tú serías la refulgente estrella, Que iluminases pura la fatigosa huella Que el hombre en este mundo tiene que atravesar; Entonces tú serías el sol de mi existencia, Entonces estasiado de amor en tu presencia De amor entre tus brazos quisiera yo espirar.
Entonces por tus gracias celestes inspirado La lira del poeta pulsára entusiasmado Y á tí te dedicára mis cánticos de amor. Oh, tú me inspirarias canciones inmortales, Y al oirlas estasiados, del orbe los mortales, Tu nombre repitieran con alta admiracion.
Entonces fuera grande, por tu esplendor guiado; Con el laurel del genio me viera coronado Para arrojar coronas de glorias á tus piés... Qué digo de coronas de gloria en mi delirio? Yo siento la corona del perennal martirio Clavando sus espinas en mi marchita sien.
Adios, de nuevo os digo, sueños encantadores, Dejad en mis oidos de susurrar amores, Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar: Posaos sobre la almohada de la mujer que adoro, Llevadle algunas gotas de mi amoroso lloro, Para que en medio al sueño me pueda recordar!
XI
TU ESTRELLA
(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)
En medio de la noche Al contemplar tu estrella, En su fulgente huella Mi alma te busca á tí; Y pienso que al mirarla Brillando placentera En celeste esfera, Te acordarás de mí.
Ausente de tu lado Mirando ese astro bello Creeré ver un destello Emanacion de tí; Y esclamaré con ansia:-- Tal vez la hermosa mia En medio á la alegría Se olvidará de mí!
Cuando de tí me aleje Y á los combates vaya, En medio á la batalla Me acordaré de tí, Y esperaré la noche Para calmar mi anhelo, Interrogando al cielo:-- ¿Se acordará de mí?
¡Adios! nunca me olvides, Y que tu estrella amiga Siempre á tu mente diga Que estoy pensando en tí: Y si en el campo caigo Por la metralla muerto, Mira ese rayo incierto Y acuérdate de mí.
XII
NADA DIRÉ
La belleza se ciñe la corona Que entretege el amor y la amistad, Arrancando una flor á cada zona, Tomando un pensamiento á cada edad.
Y la contempla el mundo entusiasmado, Coronada, de pié sobre el altar, Sobre el altar de joyas incrustado, Cubierto de jazmines y azahar.
Por eso guardo mi modesta ofrenda Que es la silvestre y solitaria flor, Que á tu corona, de las gracias prenda, Dar no puede fragancia ni esplendor.
Yo que no tengo cortesano genio Nada quiero decir ante tu altar, Cuando otros mil las flores de su ingenio Á tus plantas vendrán á derramar.
Nunca con alabanzas fementidas Incensaré las luces de tu faz, Solo palabras tiernas y sentidas En vez de incienso mentidor tendrás.
No en la trípode de oro del poeta Belleza celestial te cantaré, Pero tendrás mi admiracion secreta, Y poseerás del corazon la fé.
No te diré si es bella tu cabeza, Ni si tienes de Fidias el perfil, Ni si tu frente, cielo de pureza, Está cubierto con estrellas mil.
No te diré si tu alma resplandece Como diamante en urna de cristal, Ni si tu seno blando se estremece Como la niebla al soplo matinal.
No te diré si el labio que enamora En sus palabras desparrama miel, Ni si al caer, cual perlas del aurora, Hacen brotar las flores del vergel.
No te diré si tus hermosos ojos Son dos astros que Dios dejó caer, Para alumbrar los púdicos sonrojos Que tus mejillas suelen encender.
No te diré si tus cabellos rubios Que circundan tu frente cual capuz, Llamas son de magnéticos efluvios Que de tu mente vuelan á la luz.
No te diré si tus airosos brazos Los gajos son de madreselva en flor Si se entreabren para dar abrazos Y al pino añoso visten con amor.
Solo diré:--«Jamas á tu cabeza Falte la eterna flor de la virtud, Ni la sonrisa falte á tu belleza, Ni al corazon le falte su quietud.»
XIII
EN EL ÁLBUM
DE LA HIJA PÓSTUMA DE UN COMPAÑERO DE ARMAS
En el libro inmortal de nuestra historia Busco un nombre que guarda mi memoria Y tu filial amor, Y al encontrar la página enlutada La veo al mismo tiempo señalada Por una fresca y perfumada flor.
XIV
VERSOS
(EN UNA CORONA DE LAUREL)
Si faltase una hoja á tu corona Y colocarla fuese dado á mí, Sea ese lauro que á tus sienes falta La admiracion que te consagro á tí.
XV
UN RETRATO SIN NOMBRE
Quiero hacer tu retrato, mujer bella Mirando de tu rostro la hermosura, Que irradia en torno suyo la luz pura Como desde los cielos una estrella...
Mas no tengo un pincel con que pintarte, Que el cielo me ha negado el don precioso Que al lienzo dá trasunto primoroso, La inspiracion uniendo con el arte.
Y el mas hábil pintor nada podría No teniendo del iris los colores, Y los varios matices de las flores, Que en tu persona brillan á porfía.
Cómo pintar tu rostro de azucena Sin combinar los cándidos jazmines Al brillo de la nieve en los confines Alumbrada por luz blanca y serena?
¿Cómo pintar tu rubia cabellera Que en ondas de oro baja de tu frente, Sin las hebras de luz del sol ardiente Cuando espléndido brilla en alta esfera?
Sin el sereno azul del firmamento ¿Cómo pintar de tu ojo la dulzura, Y esa mirada cariñosa y pura Que hace olvidar al hombre su tormento?
Sin las rojizas nubes de occidente ¿Cómo dar vida á tus purpúreos labios, Que hacen borrar del mundo las agravios Cuando al hablar se entreabren dulcemente?
¡Oh, jamas! del artista la paleta Esas tintas tendrá para pintarte! Y si alguno pudiera retratarte Seria en su entusiasmo algun poeta!
Ven á mis manos, armoniosa lira: Quiero cantar la gracia y la belleza, Que el entusiasmo que arde en mi cabeza Manda que cante á la beldad que inspira.
No encuentro nombre que darle Y mi ardiente fantasía No tiene la poesía Que esa imágen tiene en sí. Cantaré sus perfecciones Mucho mas bellas al verlas, Mas si quereis comprenderlas A contemplarlas venid.
¿La conoceis? es un ángel Bajado del alto cielo, Para verter el consuelo Del hombre en el corazon: Es una cosa sin nombre Como una luz misteriosa, Como vision vaporosa, Como un acento de amor.
Es blanca como la luna, Es pura como una estrella, Es tan cándida y tan bella Cual la primer luz del sol, Como esa luz que se mezcla A los tintes de la aurora, Y el verde campo colora Con espléndido arrebol.
Es una cosa sin nombre Entrevista en un ensueño, En que se mira el diseño Y no se puede esplicar, Ó cual los ecos sin nombre Que en mágica melodía De la noche en la armonía El alma suele escuchar.
Es una cosa sin nombre Cual las quejas del amante, Cuando suspira anhelante De la música al compas; Como el perfume que exhala El cáliz de una flor pura, Que inspira amor y ventura, Y alivia el dolor tenaz.
Como el sol en el ocaso Cuando moribundo arde, Cual la estrella de la tarde En la calma celestial; Como el canto de las aves En la enramada florida, Ó cual sílfide vestida De vaporoso cendal.
Es una cosa sin nombre Como esas blancas visiones, Que en largas meditaciones Pasan con vuelo fugaz; Ó como el blando murmullo Que se oye en la selva umbría, Cuando de la noche fria Sopla la brisa fugaz.
Sol, estrella, luna, flor, Aurora, sílfide, brisa, Que alumbra con su sonrisa Y alumbra con su mirar, Es original sin tipo Que encierra en sí al universo, Y que no es dado, ni al verso, Ni al pincel el retratar!
La lira cae de mi cansada mano, Y me siento vencido en tu presencia: Perdóname si quise en mi demencia Tu candorosa imágen retratar. No es dado á los pinceles ni á la lira Ofrecer de tus gracias una idea, Y todo aquel que tus encantos vea Admirarlos podrá, mas no copiar.
No vivirás en mármoles, ni en lienzos, No robarán tus formas los cinceles, Ni colores darás á los pinceles Para causar al mundo admiracion, Por eso yo, tu rostro contemplando, Hice un bosquejo en vez de tu retrato, Mas me consuela el pensamiento grato Que tu retrato está en mi corazon.
XVI
NOCHES DE DICIEMBRE
En esas noches serenas De Diciembre delicioso, Cuando entregada al reposo La tierra parece estar, Y cuando la blanca luna Cruza el ancho firmamento, Absorto en mi pensamiento Yo me complazco en vagar.
Miro brillar en el cielo Las estrellas encendidas, Letras de luz esparcidas Por la mano del Creador, Que en inefables palabras Revelan nuestro destino, Y señalan el camino Del audaz navegador.
Miro la onda agitada, Que corona leve espuma Y entre misteriosa bruma Melancólica gemir; Y en la playa solitaria Estenderse blandamente, Y bajo otra ola rugiente Desfallecida morir.
Miro del árbol sombrío Como se ajita el ramaje, Mientras el verde follaje A compas se oye vibrar. Como si un aéreo coro En él tuviese su nido, Para recrear el oido Con misterioso cantar.
Miro cruzar por el aire Mil fantasmas vagarosas, Cual las sombras vaporosas Que en sueños vemos pasar, Y por la mente, alumbrada Con el reflejo del alma, Las miro en plácida calma Lijeras atravesar.
Entonces mi alma estasiada Se desprende de este suelo, Y se remonta hasta el cielo A contemplar la creacion; Y desplegando sus alas Como el águila altanera, Vuela de esfera en esfera En rápida sucesion.
Si por acaso una voz Dulce, tierna y melodiosa, Una cancion armoniosa A lo lejos hace oir, La música me figuro De la danza de las horas, Que con sus plantas sonoras Hacen el aire crujir.
Si á la vez, la mansa brisa Que á los jazmines halaga Y entre su copa se embriaga, Viene mi rostro á besar, Creo que alguna sílfide Que cruza por el ambiente Toca mi pálida frente Con sus alas al pasar.
Y si una mujer hermosa De blanca tela vestida, Ante mi vista abstraida Pasa como aparicion, En éxtasis arrobado Bajo influjo de un hechizo, Creo que del paraiso La puerta abre una vision.
Pero el aire de la noche Mis pensamientos enfria, Y apaga cual lluvia fria De la mente el resplandor: Que así el vapor de la tierra Se desprende en forma leve, Y luego en forma de nieve Debilita su calor.
XVII
DOS PENSAMIENTOS
Como una estrella fugaz Que luce en la noche umbría, Brilló un instante María En el valle del dolor: Era una vírgen, tan pura Cual de la tarde la brisa, Cuya mágica sonrisa Reflejo era del amor.
Se marchitó como rosa Que su perfume derrama, Como fosfórica llama Un solo instante vivió; Porque faltaba á su alma El aire puro del cielo, Y tomando raudo vuelo Otra atmósfera buscó.
Un dia que en un jardin Ivamos juntando flores (Emblemas de los amores Que en la tierra puso Dios) Un pensamiento la di, Y ella me dió un pensamiento, Y animada de contento Formó un ramo de los dos.
Aquellos dos pensamientos Su vida simbolizaban, Ó quizá identificaban Su vida, su alma y su ser, Porque apenas en su pecho Hallaron tibia guarida, Pálida y desfallecida Bajó la marchita sien.