Rimas · Unidad 19 de 27

LIBRO CUARTO — parte 2

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Tu lecho se halla solitario y frio, Tu asiento acostumbrado está vacio En el paterno hogar, Como el nido de cándida paloma Que al mirarse con alas, vuelo toma Y al cielo sube para no tornar.

Por qué cambiaste la materna almohada De amor y de inocencia perfumada Por esa terrenal, Cual virgen consagrada á los altares Que deja la guirnalda de azahares Para dormir en losa sepulcral?

Tú dejaste el mundo, virgen pura, Porque al probar del mundo la amargura Lloró tu corazon, Y en su llanto se ahogó, como esas flores Que al derramar suavísimos olores Se ahogan con su propia emanacion.

IX

Á CATALINA

Dios abriendo sus manos desde el cielo Distribuye sus dones generosos: Al árbol dá los frutos deliciosos, Y al valle ameno la fragante flor. Y la mujer, cual ángel de la tierra, Reina de la creacion que ha embellecido, Lleva en sí como vaso bendecido Los gérmenes fecundos del amor.

Tú, Catalina, eres el dulce fruto De una mujer, que cual lozana planta, En su corona fresca flor levanta, Mientras el fruto de sus ramas dá; Eres la prenda del cariño tierno De un noble amigo, que con blando anhelo, Guarda esa planta del rigor del cielo Cuidándola con amoroso afan.

Por tí, por ellos hoy mi voz levanto Para cantar la aurora de tu vida, Cual ave que entre rosas escondida Canta á la rosa que abre su boton; Abre el oído, hermosa miniatura, Para escuchar mis blandas armonías, Antes que de la tierra las orgías, El eco te conturbe el corazon.

Salve, blanca paloma de inocencia, Que por primera vez tiendes el ala, Y cuyo pico, que pureza exhala, De la vida en el cáliz vá á beber; Vuela, tiende tu cuello blandamente, Para que no se agite la onda pura, Que levantando la hez de la amargura Te ofrecerá veneno en vez de miel.

Bebe una gota al borde de ese cáliz, Una gota no mas, y en raudo vuelo, Como si fueras á buscar tu cielo Vuelve á asilarte al seno maternal, Porque sinó de la pasion al soplo Desbordará un torrente enfurecido, Que arrastrará á las playas del olvido Tu vida y tu inocencia angelical.

Vuela y vuelve á dormir tranquilamente De la esperanza en la divina almohada, Por el amor materno perfumada, Vuela y vuelve paloma á reposar; Y ojalá que al abrir tus ojos bellos, Por la razon fulgente iluminados, De lágrimas no se hallen empañados, Ni puedan estas páginas borrar.

X

Á UN AMIGO

QUE ME ASISTÍA EN UNA ENFERMEDAD, SIENDO MI MÉDICO UN AMABLE FILÓSOFO

Mi médico, suaviza mis dolores Hablándome de ciencia y poesía, Como Platon el ático lo haría Perteneciendo al gremio de doctores.

Tú en los remedios que haces, viertes flores Que impregna la amistosa simpatía, Y de tu mano brota noche y dia Bálsamo aliviador de sinsabores.

Me hallo como el viagero que ha colgado Su hamaca entre dos árboles floridos; Que envuelto en un ambiente perfumado Le acarician sus gajos estendidos; Y que al fin se aletarga blandamente Y hojas y flores caen sobre su frente.

XI

EN UN ÁLBUM

Es el álbum un libro misterioso Donde todos deponen suaves flores: Allí ofrece el amante sus amores, Y el amigo su sincera oblacion; Allí están los recuerdos del hermano, Del padre, del amigo y del esposo, Y el crugir de sus hojas, armonioso, Es un eco del tierno corazon.

Es el álbum un ara consagrada Al candor, la virtud y la belleza, Donde ella, reclinando su cabeza, Melancólica piensa en lo que fué: Allí llega el poeta y el artista Para quemar su incienso á la hermosura, Para ofrecerla alguna rosa pura Que ella en su seno secará tal vez.

Allí tambien se acerca el peregrino, Para doblar humilde la rodilla Ante la hermosa, en cuyas sienes brilla La corona que adorna á la virtud; Y cuya frente cándida y serena, Como el disco argentado de la luna, Que se refleja en plácidas lagunas, Del corazon refleja la quietud.

Yo el peregrino soy que arrodillado Ante el altar modesto de tus lares, Culto rindo á los genios tutelares De la mansion tranquila del placer; Y al contemplarte á tí bajo su amparo Admiro en tí la madre cariñosa, Y las virtudes de la casta esposa, Flores que brota el alma de mujer.

Yo soy el peregrino que cruzando Del Andes la region encanecida, Admiré entre las nieves escondida Una flor de bellísimo color: Aquella flor en medio del desierto Me hizo olvidar de la aridez del suelo, Y encontré en el camino algun consuelo Recordando lo suave de su olor.

Tú eres la flor que he visto en este valle, Y cuando de él me aleje mi destino Recordaré en el áspero camino Tus virtudes, tu gracia y candidez; Y este recuerdo en tu álbum estampado Es la huella fugaz del pasagero, Que al pasar á la sombra del palmero Su cifra misteriosa grava al pié.

XII

QUÉ PODRÉ DECIR

(EN EL ÁLBUM SIN VERSOS DE UNA JÓVEN ESPOSA!)

Todos dicen, Señora:--«Álbum sin versos Es arpa no encordada todavía, Donde duerme tranquila la armonía Esperando la suave vibracion; Y que si el vate arroja una palabra En el mar de sus hojas incoloras, Se estremecen sus páginas sonoras Cual árbol que sacude el aquilon.»

¡Oh! no es cierto! sin duda quien tal dijo, Jamas tu álbum purísimo ha tenido, Porque entonces habria allí leido Lo que en sus hojas blancas yo leí: Lo que se lée en las ondas de los rios Cuando la blanca luna los colora; Lo que se lée en las nubes del aurora Entre celajes de oro y de carmin.

¿Qué podré yo decir, que ya no diga Esta página blanca de azucena? Aquí se vé lucir pura y serena Tu frente que selló la castidad; Aquí se leen tus albos pensamientos Y la inefable candidez de tu alma, Y una elocuente imágen de la calma En la apacible vida del hogar.

Aquí toda tu vida está en compendio Donde dice con cifra misteriosa: Bella argentina, madre cariñosa, Esposa tierna... ¿qué mas quieres, dí? Yo te juro que todo cuanto he dicho Diciendo está tu libro en su pureza, Y en su nivea blancura hay mas belleza Que la que el númen puede darte á tí.

Tampoco creas que el pensil mas bello Pueda exalar mas inefable aroma, Cuando el aurora en el oriente asoma Y la tierra le ofrece su ovacion; Que aquí, de las domésticas virtudes Un misterioso olor llena el ambiente, Que baña al peregrino blandamente Si se acerca á tu umbral con emocion.

Todo lo dice un libro inmaculado Para espresar una existencia pura, Y esa misma elocuencia, la natura Manifiesta en el agua y en la flor; Pero si algo deseas, jóven bella, Que en este álbum purísimo te diga, Diré:--El cielo tu existir bendiga Bajo el ala azulada del amor.

Puedas volver al seno de tu patria En brazos del esposo que te adora, Y esa prole que el alma te enamora Le dé dias de gloria y esplendor. Mi voto es tal, y el corazon me dice Que si mi patria fuese tu familia, Pasaria su noche de vigilia Y brillaria de esperanza el sol.

XIII

Á UN AMIGO

DEVOLVIÉNDOLE UN LIBRO DEL QUE UNA MANO QUERIDA HABIA ARRANCADO UNOS VERSOS DEL AUTOR, Y QUE FUERON REEMPLAZADOS POR LOS SIGUIENTES:

Los tristes _ecos_ que á mi humilde _lira_ En otros dias arrancó el dolor, Hoy lo destroza con su bella mano El ángel puro que me dió su amor.

Así el guardian que vela sobre el hombre Si vé en su frente el polvo sombrear, Tendiendo el ala, cual la seda blanda, Quiere la mancha de su sien borrar.

Aquellos versos fueron líneas truncas Que en arenas movibles escribí, Al borde del torrente de la vida, Y que borradas por un soplo ví.

Mas, nada importa que mis pobres versos En este libro vuestro ya no estén, Cuando otros astros de esplendor eterno Entre sus hojas relucir se ven;

Y si del cielo el estrellado manto Ligera nube empaña su esplendor, La faz hermosa de los astros luce Si un viento leve limpia ese vapor.

Pero diréisme que un lunar es bello, Y en blanco seno fúnebre crespon, O en negros rizos un jazmin nevado Que en su contraste forma la ilusion.

Pero no es bello el yuyo en los jardines, Ni negra sangre en grato rosicler, Ni las gotas de lodo salpicado Sobre túnica blanca de mujer.

Al reemplazar mis versos con mis versos Pienso que los dedico á la amistad, Y si en el cambio poco se adelanta En algo apreciareis la voluntad:

Fueron los unos quejas de mi alma Que en horas solitarias exhalé, Al ensayar las cuerdas de la lira, Y entrar al mundo con incierto pié;

Y estos no tienen místicos perfumes Del balsámico aliento del Señor, Ni del artista los ligeros tintes, Ni el trazo fuerte del pensar creador.

Son el aroma de las flores secas, Ecos errantes de cancion fugaz, Gotas amargas á la vez que dulces Con que el destino humedeció mi faz.

No me pidais los versos arrancados Que arrebató en su soplo el huracan, Y que marchitos cual la flor de otoño, Mústios y tristes por el suelo van.

Ya no se pueden levantar del suelo, Pues son cual hojas de papel fugaz, Que aun despues de quemadas tienen forma, Y si se tocan son polvo y no mas.

Así se pasan los serenos dias Y uno por uno bajan de la sien, Y al levantarlos de la tierra fria, Polvo y ceniza son ellos tambien.

XIV

UNA FLOR DEL ALMA

(Á UNA AMIGA ANCIANA)

Yo te diera una flor de los jardines Para adornar tu blanca cabellera Si su vida no fuese tan ligera Que nace, brilla y muere con un sol; Y darte quiero cosa mas durable Que no marchite el viento del olvido, Y que apesar del tiempo transcurrido Guarde siempre su aroma y su color.

Como hay una que llaman _flor del aire_, Hay otra que se llama _flor del alma_, Que á veces brota en apacible calma, O al soplo de la recia tempestad: Nacida en horas quietas y serenas Hoy te ofresco una flor del alma mia, Bañada en el raudal de simpatía Que la vieja amistad hace brotar.

Toma esa flor humilde é inodora, Y si quieres que viva eternamente Báñala con el rayo de occidente Que en tus sienes aun vierte resplandor; Refrésquela el recuerdo de otros años, Reanímela benévola sonrisa, Y que de dos edades una brisa Le preste su perfume y su frescor.

Mas antes de hacer esto, mira el caliz De la flor que te ofresco, y escondida Hallarás una lágrima vertida, Que en la aurora cayó sobre el vergel: Vierte otra gota en tu sereno ocaso, Que dos gotas de llanto derramadas Son amargas, si se hallan separadas, Y juntas son dos lágrimas de miel.

XV

MI ESTRELLA

Tu eres la estrella que mis pasos guias En el camino del desierto mundo, Y de tu lumbre el esplendor divino Siempre me alhaga.

ECHEVERRIA.

La corona de fuego Del astro, rey del dia, Entre la onda fria Del mar, se sumerjió; Y la apacible noche, Su frente plateada De estrellas coronada, Serena levantó.

Alza tu vista al cielo Y admira ese diamante, Que brilla rutilante Sobre tu blanca sien: Amiga, esa es la estrella Que unida á mi destino, Siempre alumbró el camino Que me condujo al bien.

Ella es la precursora De las felicidades, Que en mústias soledades Me viene á consolar; La que al venir yo al mundo Lució en el firmamento, Cual si el divino aliento La hiciera allí brotar.

Cuando perdí la senda Que á tí me conducia, Yo ví nube sombría Turbar su claridad; Pero brilló risueña Cuando te hallé amorosa, Y en tu cabeza hermosa Vertió su claridad.

Cuando al cruzar los mares Se ha entristecido mi alma, Me ha inoculado calma Su rayo celestial; Y si las tempestades Mi nave han combatido, Al punto se ha encendido Cual místico fanal.

Lejano de mi patria, Errante, desterrado, Su luz me ha acompañado Do quiera que yo fuí, Como un reflejo ténue Del Argentino suelo, Que plácido consuelo, Derrama desde allí.

Tu ser identifica Con esa blanca estrella, Porque de tu alma bella Parece el resplandor; Y así, la luz suave Que irradia tu semblante, Cual lámpara brillante Presidirá al amor.

Su blanquecino rayo Emanacion del cielo, Como plateado velo Te envuelve al derredor, Y de tu frente en torno Te forma una diadema, Cual luminoso emblema De un ángel del Señor.

Pidamos á los cielos Que unidas nuestras almas Entre cerúleas palmas Se eleven hasta Dios; Y que esa blanca estrella Que es de otros mundos viso, Sea en el paraiso La tumba de los dos!