Rimas · Unidad 6 de 27
ADVERTENCIA DEL EDITOR — parte 5
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¿Sabe Vd. cuál es el reproche que los ingleses hacen á Roberto Peel, el primer hombre de Estado de nuestros dias? Pues bien, le reprochan no haber sido poeta. No se sonría: lea la biografía de Peel, escrita por D'Israeli, el gefe del partido tory, y se convencerá de que hablo formalmente. Todos convienen en que este reproche es merecido. Roberto Peel era un gran organizador, pero carecía de esa facultad poética que se llama creadora, sea que ella se aplique á la composicion de un poema, ó á los negocios de la administracion ó de la política. Nada de lo que Peel ha hecho ha sido creado por él, y aun la misma reforma comercial que ha ilustrado su nombre, á la cual se opuso largo tiempo, fué, como se sabe, idea original de Cobden, caudillo audaz de la Liga de Manchester. Sus reformas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por O'Connel, el gran poeta de los _meetings_ al aire libre, á cuya palabra poética debe su redencion un pueblo que lo aclama su libertador. Si Peel hubiese poseido la potencia creadora, es decir, si hubiese podido merecer el nombre de poeta que se le niega, habria sido el mas eminente hombre práctico de nuestros dias, habria equilibrado la gloria de Napoleon y completado el binomio de los grandes hombres en el siglo XIX, y hoy se diria: _Napoleon_ + _Peel_. No se dice por qué faltó al segundo término la potestad creadora, que es el patrimonio de los génios poéticos, sea que hagan ó no versos. Así, pues, en los negocios prácticos de la vida las calidades poéticas, lejos de ser un inconveniente, constituyen una ventaja real y positiva, siempre que la imaginacion no predomine de tal modo, que sofoque todas las demas facultades del entendimiento.
Ahora estudiemos al poeta por el lado de la seriedad. Generalmente se le considera como un hombre frívolo, que pasa su vida contando _sílabas_ en vez de contar _patacones_, y que malgasta todo su talento en _producir ficciones_, en vez de llevar á cabo realidades. Distingamos. Hay dos especies de poetas: unos que se llaman _objetivos_ y otros que llamaremos _sugestivos_. Los primeros son los que se asimilan todas las ideas poéticas de los demas identificándolas con las suyas propias, y que sin agotar su propia sustancia, las vuelven modificadas y digeridas como si esclusivamente les pertenecieran. Estas naturalezas artísticas pero frias, no se gastan jamás y producen siempre, y á ellas corresponden Voltaire y Goethe, que debieron á esta circunstancia el poder alcanzar una ancianidad serena. Los poetas por temperamento, para quienes la poesía es una vocacion, son como las lámparas: alumbran gastando en sus poemas el aceite de la vida, derramando en sus obras su propia sustancia y apagándose muy temprano, como Byron ó como Schiller. Considerada bajo este punto de vista, hay pocas ocupaciones mas serias que la del poeta, que en cada sílaba, en cada verso, en cada estrofa, gasta tal vez un minuto, una hora, un dia de su existencia, viviendo en un solo momento lo que otros en un año. Todo cuanto el poeta describe ó pinta lo ha visto, lo ha sentido, y existe desparramado en toda la creacion, aunque los ojos del vulgo no puedan percibir su armonioso conjunto. Los tipos inmortales creados por Rafael, no han existido ni existirán jamás; ¿son por esto una mentira? ¡Oh, no! ellos son la idealizacion de la realidad, ó como se ha definido el ideal, "la espresion mas alta de la verdad." Tal es la poesía; y el poeta, su inspirado intérprete, y cuando de pié sobre la trípode del genio fatídico repite las palabras misteriosas que susurran en su alma, se asemeja á la síbila de la antigüedad, que solo entonaba el canto profético en medio de dolorosas convulsiones.
En vista de todo esto, podremos decir que tanto la prosa como la poesía, son dos manifestaciones de la palabra, son las dos formas de que se reviste el pensamiento, y que si la una es el fruto, la otra es la flor; que sin flor no puede haber fruto, y que por lo tanto, enredarse mas en esta cuestion seria lo mismo que disputar sobre si tiene mas importancia la base que la cúspide de la pirámide, ó cual fué primero: el huevo ó la gallina.
Por lo que, pongo aquí el punto final á mi disertacion.
He terminado, pues, y sin embargo, apenas he desflorado el vasto campo de mi tésis. Podrian escribirse sobre ella muchos volúmenes, gastando tantas plumas de diamante, cuantas yo he gastado de acero en esta carta. Dejo á otros esa agradable tarea. A mí me falta tiempo para ser literato, así como me ha faltado para ser poeta, si es que hubiese podido serlo.
Hubo un tiempo en que fuí poeta por vocacion, como Vd. me ha llamado en sus _Viages_, y cuando me acuerdo de esto, me digo á mí mismo, penetrado de una profunda melancolía: _¡Y yo tambien viví en Arcadia!_
Las poesías que va á leer, fueron escritas casi todas ellas á la edad de veinte años. Entonces soñaba con la inmortalidad, y los laureles de Homero me quitaban el sueño. Pronto comprendí que ni podia aspirar á vivir en la memoria de mas de una generacion como poeta, ni nuestra sociedad estaba bastante madura para producir un poeta laureado. Sin embargo, ese poco de poesía que Dios habia depositado en mi alma, lo he derramado á lo largo del camino de mi vida, consagrándolo unas veces á mi patria, otras á mis amigos, otras á las afecciones puras y serenas del hogar, porque el que cuenta por seguro que sus versos no llegarán á la posteridad, debe ser generoso con su pequeño tesoro.
Tal es el orígen de las pocas composiciones que he escrito despues de los veinte años. Hoy, hace tanto tiempo que no hago versos, que creo que me he olvidado de pulsar la lira, hablando en estilo metafórico de mal gusto. Por eso amo las páginas que siguen, las cuales reflejan algunos de esos dolores intensos y de esos momentos solemnes de la última revolucion contra el tirano de nuestra patria, tiranía que, para honor de nuestro culto, no ha contado un solo poeta entre sus filas. La tiranía se levantó, imperó veinte años en nuestro pais haciendo rodar cabezas, y cayó al fin postrada por sus propios escesos, sin que un solo poeta le quemara un grano de incienso, lo que prueba que la poesía ha sido considerada entre nosotros como un verdadero sacerdocio, mientras que la prosa se prostituia torpemente. Por este solo rasgo serian acreedores nuestros poetas á la corona cívica, aun cuando no fuesen dignos de ceñir sus sienes con el lauro literario de los grandes génios. En la antigua Roma, el despotismo de Augusto tuvo por auxiliares la musa de Horacio, de Virgilio y de Ovidio; y la bárbara tiranía de Neron tuvo por aduladores á Séneca y á Lucano, notables poetas de la decadencia latina. Entre nosotros, la tiranía de Rosas apenas ha merecido algunas coplas vulgares, porque la poesía que tiene el sentimiento de lo bello, huye de la fealdad moral, á la par que se apasiona por la virtud y la justicia, que es un reflejo de la belleza ideal sobre la tierra. Por eso los poetas del Rio de la Plata han derramado en sus versos, su amor á la libertad y su ódio por la tiranía, guiados siempre por ese sentimiento de lo bello, que hace comprender cuánto hay de sublime y de hermoso en la libertad y en la justicia.
Tengo otra razon mas para odiar á Rosas, y la publicacion de estas _Rimas_ es mi venganza. Odio á Rosas, no solo porque ha sido el verdugo de los Argentinos, sino porque á causa de él he tenido que vestir las armas, correr los campos, hacerme hombre político y lanzarme á la carrera tempestuosa de las revoluciones sin poder seguir mi vocacion literaria. Hoy mismo, en medio de las embriagantes agitaciones de la vida pública, no puedo menos de arrojar una mirada retrospectiva sobre los dias que han pasado, y contemplar con envidia la suerte de los que pueden gozar de horas serenas entregados en brazos de la musa meditabunda. Cuando esto me pasa, se me viene á la memoria un cuento que en otro tiempo me hizo reir, y que hoy me hace suspirar, tal es la profunda verdad que encierra. Oiga el cuento, por fin de carta. Un pobre pastor, hablando consigo mismo, se decia:--¡Ah! si yo fuera rey!....--Y bien, qué harias? preguntóle uno que le oia, sin él advertirlo.--¿Qué haria? dijo el pastor, ¡cuidaria mis ovejas á caballo! Digo lo mismo. Si fuese rey haria versos. Y sin embargo, es probable que en el resto de mi vida no haga una docena de versos:
BARTOLOMÉ MITRE.