Rosas y sus opositores · Capítulo real 2 de 5

CAPITULO 3 .0

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO 3.0

Comodoro Purvis. — Nota de 16 de Diciembre. — Compromisos del Sr. Mandeville. — Argumentos del JBritish Packet. — Independencia, ds Tejas. — Sitio de Genova. —

El British Packet de 17 de Mayo, vuelve sobre algunos de los puntos que ya hemos discutido, y empieza con observaciones personales contra el Comodoro Purvis. Dice, que treinta y cuatro años de su vida ha permanecido estacionario en la lista de capitanes de la armada inglesa, y que ahora procura celebridad en el Rio de la Plata. Sino supiéramos que el Comodoro Purvis pertenece auna familia en que es injénito el valor y la honra, y que tanto en la guerra de la Península como en otras en que ha estado encargado del decoro de la bandera inglesa, ha ondeado ésta firme y brillante, dañamos la prueba del alto mérito de este oficial, en el patriotismo y previsión con que sostiene los intereses británicos, contra los atentados de un monstruo sanguinario como Rosas, y los amaños de un diplomático de conciencia tan dudosa como el Sr. Mandeville. Nos pesa dejar este asunto sin ofrecer á nuestros lectores una reseña de la vida militar del Comodoro, pero no tenemos la fortuna de conocerle personalmente, ni tiempo para recorrer los anales de la marina inglesa, y reunir los laureles que han coronado su frente.

Sin embargo, lo poco que de él sabemos lo acredita soldado ilustre. Aun era todavia aspirante de marina, cuando con cinco botes tomó una fragata de 20 cañones y ciento cincuenta hombres de tripulación. A los 22 años recibió la cruz de Alcántara con una carta de la Regencia Española, durante el cautiverio de Fernando VII, por una acción que se consideró la salvación de Cádiz. Mas tarde la de San Luis, con que lo condecoró el Rey de Francia. En Inglaterra no se llega á los primeros cargos de la milicia con la facilidad con que Rosas ha adquirido las charreteras de Brigadier General.

El British Packet sostiene en su número del 13, que á la famosa circular de 16 de Diciembre, en que se apoyan los panegiristas del Comodoro "se ha dado una interpretación arbitraría"

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que ella no significa ni envuelve la idea de una intervención armada; porque si asi fuese, hubiera sido comunicada al Comodoro por el Sr. Mandeville; que aquel la leyó en un papel público, y se vino á estas aguas sin qur se le llamase {totally incalledfor). "La nota, prosigue el British Packet, fué transmitida en momentos en que la guerra debia considerarse casi terminada, por la derrota completa de uno de los beligerantes. Esta anomalia, sin embargo, puede ser explicada satisfactoriamente por la presunción muy natural de que los ministros mediadores obraban bajo instrucciones positivas, arrancadas á sus gobiernos por la importunidad, y que no dejaban otra alternativa que obedecer."

Por cierto que la mala causa que sostiene hace tartamudear al British Packet, hasta el grado de que no se le entiende, pero liaremos un esfuerzo por desentrañar y analizar el sentido de sus palabras.

Indudablemente el negocio de la nota del 16 de Diciembre, está muy embrollado, gracias á la habilidad del señor Mandeville, á quien tendríamos derecho para declarar hombre sin honor, si la intervención no tuviese lugar, porque una de sus principales bases reposa en la palabra que ha dado, unas veces como caballero y otras como ministro.

Para averiguar bien la importancia de la nota de 16 de Diciembre, recordemos aqui las promesas del Mariscal Soult, del con de de Aberdeen, y de otros personajes de las cortes de Francia é Inglaterra á nuestro ministro Ellaury; todas ellas muy positivas y terminantes, sobre la cesación de la guerra. Las contestaciones del secretario de Relaciones Exteriores, Canning, á dos representaciones de la Asociación Sud Americana, sobre los males de esta guerra: en ellas aseguró á nombre de su gobierno, que se habian tomado medidas muy eficaces para que la guerra cesase. El conde de Aberdeen al ofrecer su mediación, declaró que esta guerra era personal, que habia chocado al gabinete británico el tono de personalidad en que habia concebido el general Rosas su repulsa á la primera oferta de mediación; que el gobierno británico no podia considerar al general Oribe sino como á un particular."

Inmediatamente después de estas declaraciones, el gobierno ingles se apresuró á celebrar con nuestro ministro un tratado de comercio.

Mientras que esto pasaba, el señor^Mandeville se dirigía á nuestro Gobierno instándole á que iniciase otro tratado, y que entonces le manifestaría las medidas que habia tomado su Gobierno para asegurar la Independencia de la República.

Vino á esta ciudad y se asoció, con satisfacción visible, á las manifestaciones que en obsequio de la paz, por la intervención in-

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glesa, hicieron el comercio británico y los miembros de nuestrs administración, y en las que no se escasearon espresiones de reprobación á la política bárbara de Rosas.

En seguida, el Sr. Mandeville tuvo conferencias y conversaciones muy estrechas con nuestros hombres públicos. Estractos de estas importantes confianzas circularon con su permiso entre los amigos del Gobierno. El Sr. Mandeville anunciaba, que se trataba no solo de asegurar la Independencia de esta República, de preservarla de la invasión y de darle paz, sino de asegurar la suerte de los pueblos Argentinos, librándolos de la tirania que sufren.

Cuando los oyentes del Sr. Mandeville le preguntaban admirados: "¿Y si Rosas no quiere entrar por nada de eso? Mire V. que no querrá: V. no conoce á Rosas." El contestaba:

"Lo conozco bien; querrá, querrá! — Le dije, es necesario que cese la guerra. — No puede ser, me replicó. — Asi lo han resuelto la Inglaterra y la Francia. La intervención es efectiva. Esta cuestión sigue el mismo camino que la de Oriente. A V. se le hacen las mismas intimaciones que al bajá de Egipto. No aguarde V. á la última estremidad. — Rosas se dio una palmada en la frente y dijo: "¡Malditos unitarios, hasta donde han llevado sus intrigas!" — Desengáñese V., le interrumpí, esa resolución no ha sido producida por unitarios, que no tienen medios para alio. La Inglaterra y la Francia, en el interés de su comercio y de sus subditos residentes aquí, han resuelto pacificar el Rio de la Plata. Rosas me pareció abatido, y después de algunos instantes de silencio me dijo: — "Está bien, lo meditaré, pero quien sabe si podré sobreponerme al partido violento queme domina y arrastra"!

Los ingleses comerciantes, los prestamistas de dinero, habilítadores de tiendas de campaña y propietarios de estancias, consultaban con ansia al Sr. Mandeville sobre las probabilidades de la guerra y de la paz; y su respuesta era : — "No alteren la marcha de sus negocios: respondo que no habrá invasión."

Regresó el Sr. Mandeville á Buenos Aires, y después -de presentar á Rosas su intimación de una nueva mediación, que á su venida á este puerto, habia, según se ha visto "indicado vertaimente á Rosas," á la repulsa de éste que se hizo esperar un mes, le dirigió su notable nota de 26 de Noviembre de 1842, en que le decia : — "el desprecio de su mediación obligará á la Reina á adoptar otras medidas para asegurar la libre navegación del Rio de la Plata."

Tuvo lugar el desastre del Arroyo Grande y el Sr. Mandeville pasó su nota de 16 de Diciembre, intimando el cese de la guerra, Remitió copia á nuestro gobierno y le anunció que esperaba una

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escuadra poderosa, anglo-francesa, que debia llegar por moirieri¿ tos, y que con que resistiese la República quince dias mas estaría salvada"

Pasaron dias, y el ministro Vidal urgía al Sr. Mande ville, y éste contestaba: "me tiene sorprendido la demora de la escuadra, y aun mas, que el Comodoro no haya venido ya de Rio Janeiro, como se lo tengo indicado.'*

Esta historia franca y veraz que no negará el Sr. Mandeville, de sus relaciones en esta ciudad y con nuestro Gobierno, que reproducimos aquí porque hace meses que es sabida por todos, convencerá á nuestros lectores de que la nota del 1 6 de Diciembre importa una intervención armada, Y sino hubieran los hechos que dejamos referidos, bastaría para convencerse de que ella importaba mas que simple mediación, el que no era natural, que rechazada la mediación de la Inglaterra y Francia en 1841, á principios de 1842, esas potencias repitiesen la misma mediación, y rechazada esta segunda instancia, tornasen á ofrecerla á fines del mismo 1842. Esta persistencia uniforme, seria indigna de los respetos que se deben potencias tan altas y poderosas, que, ó no hubieran vuelto á interponer la mediación rechazada, y en caso de insistir habría sido por un motivo nuevo, ó asumiendo otro carácter que el de mediadoras.

Si el Sr. Mandeville ha dicho al British Paeket que no comunicó la intimación del 16 de Diciembre al Sr. Comodoro, ni lo llamó á estas aguas, el Sr. Mandeville estaría en desacuerdo consigo mismo, habría faltado á su deber y á su palabra; ni podrá sostener, que un Comodoro ingles al ¡?aber que en un territorio que está bajo su vigilancia se hace una/guerra de exterminio contra la voluntad de su soberana, y que á consecuencia de esa guerra, cuyo desenlace se aproxima, pueden sufrir las vidas y propiedades de sus compatriotas, permanezca estacionario, aguardando la invitación de un ministro que con su silencio calculado manifiesta bien que sufre un deplorable estravío.

Sabemos, ademas, que á los pocos momentos de trasladarse á este puerto el Sr. Comodoro Purvis con aprobación de los elevados ministros británicos, Hamilton y Ellis, recibió órdenes del Almirantazgo para trasladarse aquí sin demora, á consecuencia de saberse en Londres la repulsa de Rosas á la intimación de Setiembre, hecha por el Sr. Mandeville, lo que hace honor á la previsión y celo del Sr. Purvis, y desfavorece la del Sr. Mandeville, si es cierto lo que dice el British Paeket.

Cuando el Sr. Comodoro se dirigió á este puerto, no fué como artificiosamente el British Paeket dá á entender, para realizar con fuerza armada la intervención anunciada el 1 6 de Di-

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ciembre, sino para protejer el comercio y propiedades británicas» según el espíritu político manifestado por el gabinete ingles. El Sr. Comodoro no se ha desviado un ápice de esta línea de conduc* ta, nunca se ha avanzado á intervenir en esta lucha, siempre que no ha habido vidas é intereses ingleses que salvar.

Suponer con el British Packet, que la nota del 16 no significa nada, que son palabras lanzadas sin objeto por los ministros ingles y francés forzados por sus instrucciones, arrancadas por la importunidad á sus gobiernos, es cosa que no se entiende.—- A gobiernos como el de Inglaterra y Francia nada es capaz de arrancar la importunidad, sino motivos de justicia y de conveniencia. Ellos no pueden dar instrucciones á sus ministros para que hagan una amenaza que no tenga cumplimiento, y que los deje en ridículo.

Pero dice el British Packet, la intimación se hizo después de la batalla del Arroyo Grande, cuando la guerra podía anunciarse como concluida, no antes de ella.

Esto toca esplicar á los Sres. Mandeville y Delurde.

Se nos ocurren, mientras no llegan sus esplanaciones, dos hipótesis.

Fué, ó porque interesadas la Inglaterra y la Francia en lacaida de Rosas le dieron instrucciones para que no intimase la cesación de la guerra, mientras que hubiesen probabilidades que Rosas fuese vencido.

O fué porque el Sr. Mandeville no quiso cumplir con sus instrucciones hasta ver si Rosas salía vencedor ó vencido en Entre-' Rios. Si lo primero, supondría que nuestra ruina se consumaría acto continuo, y que entonces seria la conquista de este pais un hecho consumado, que toleraría su Gobierno. Si lo segundo, con su intimación detendría la marcha de nuestras falanges vencedoras, y salvaría á Rosas; cierto como debía estar de la consideración con que esta República escucha las indicaciones de la Inglaterra y la Francia.

El British Packet puede elejir cualquiera de estas dos hipótesis.

No podemos admitir que los Sres. Delurde y Mandeville creyesen que con la batalla del Arroyo grande habia concluido la guerra. Pero si asi fué, los hechos que han seguido á esa batalla, y la resistencia vencedora de esta República, prueban que esos Sres. no conocen el pais que está bajo su examen.

Cuando hay hechos tan positivos, tan esplícitos de la voluntadde la Inglaterra y de la Francia, es bien importuno que el British Packet, quiera probar con argumentos de deducción, que no han podido tenerla. Dice él, que cómo querrían intervenir esos po-

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deres, cuando lian proclamado el principio de no intervención en las cuestiones políticas de los otros. Pero los ejemplos de Bélgica, Portugal, España y Oriente, están ahi para probar al British Packet, que esto no se entiende cuando esas dos naciones tienen interés para intervenir en esas cuestiones. — Agrega ¿que como Inglaterra y Francia pensarían en intervenir en el Rio de la Plata, después que saben la máxima invariable délos Estados Unidos, "de no intervenir en los negocios de Europa ni permitir que esta intervenga en los de América."? Pero esta proposición de los Estados Unidos sufre grandes modificaciones, y una de ellas es cuando esa intervención es provocada por los excesos de un tirano como ' Rosas rodeado de una banda de foragidos en guerra con la civilización; porque entonces esa iutervencion es de provecho universal incluyendo á los mismos Estados Unidos. Sin motivo tan poderoso como este liemos visto que Estados Unidos respetó la intervención de la Francia en 183 1, 1838 y 1840 en este mismo Rio de la Plata. Siempre que la intervención Europea no tenga por fin alterar la forma de gobierno republicano en una de las Repúblicas Sud Americanas ó usurpar parte de su territorio, los Estados Unidos han de creer que no ha llegado el caso de hacer efectiva esa máxima.

El 2. ° punto que debate el British Packet del 13 de mayo ya está examinado de sobra. La Inglaterra no ha derogado su ley de la tierra por la que el nacido ingles nunca queda exonerado de rendir homenage á su patria. Las opiniones de los publiciías sobre esta ley nada tienen que ver con la existencia de ella, hecho incontestable. El Comodoro Purvis cierto del desagrado con que su soberana mira esta guerra, hizo saber no solo á Brown sino á todos los ingleses, que están de nuestra parte ó de la de Rosas, que era impropio el que continuaran en. armas.

En 3. ° lugar el British Packet dirige contra el Comodoro dos sofismas bien singulares, para probar que su conducta ha sido irregular al no haber reconocido el bloqueo. — La aprobación unánime, el aplauso con que la conducta del Comodoro en este punto y en los otros ha sido recibido en la corte del Rio Janeiro, será mas valiosa para el valiente Purvis, que las censuras interesadas del Sr. Mandeville y del British Packet.

El British Packet pretende, que la decisión sobre reconocer ó no el bloqueo tocaba al Sr. Mandeville y no al Sr. Purvis: opinión bien mal fundada por cierto! — El Comodoro Purvis está encargado de la estación naval en el Brasil y mares del Sud: el Sr. Mandeville de representar al gobierno británico cerca del de Buenos Aires. Se trata de interrumpir el comercio británico en la República Oriental, cerca de la cual no tiene carácter alguno el

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Si*. Mandevílle y sí el Comodoro, ¿cómo, pues, estaría éste obligado á esperar y someterse á la resolución de aquel? ¿El Sr. Mandevílle que es para la República Oriental? Nada. ¿Qué es el Sr. Purvis para la República Oriental? Un Comodoro británico encargado de la protección de sus compatriotas en las aguas 3^ costas de la República. Si se tratara del bloqueo de Buenos Aires entendemos bien que la opinión del Sr. MandeviHe hubiera debido ser consultada y aun respetada, siempre que no estuviese en oposición con instrucciones que tuviese el Comodoro de su gobierno, y que la conducta del Sr. Mandevílle no fuese parcial ó extraviada.

Los gefes navales deben prestar auxilio á los agentes diplomáticos; conviene que se consulten y marchen de acuerdo, pero esto no quiere decir que estén en dependencia, porque unos y otros tienen funciones peculiares independientes.

Somos los primeros que hemos llamado la atención pública sobre que la Inglaterra ha sido muy parca en reconocer los bloqueos de puertos, mares y ríos de Sud América, por autoridades del pais, efímeras y sin responsabilidad por el desconcierto civil en que vivimos; pues que la anarquía que en nuestras tierras todo lo paraliza é interrumpe, pasaría á ejercitar todos sus horrores en nuestros mares y ríos. El British Packet, con una candidez ó mala fé asombrosa, replica que esta teoría está completamente contradicha por las noticias que se han recibido de que la Inglaterra ha reconocido el bloquo en que Méjico ha declarado á la República de Tejas.

Pero al que no esté instruido de las relaciones, que existen sobre Tejas, entre Méjico é Inglaterra, y que no sepa los intereses que ésta tiene en que Tejas sucumba, puede solo hacer fuerza este ejemplo del British Packet.

Tejas es un territorio poblado, gobernado' y substraído á la República de Méjico por ciudadanos de Estados Unidos, de la parte del Sud.

El objeto que se han propuesto en esa invasión sobre tierras mejicanas, es ademas de aumentar con ellas la importancia política de la parte Sud de los Estados Unidos, fundar un gran criadero y mercado de esclavos.

La Inglaterra, pues, está vivamente interesada en el triunfo de los mejicanos, y estos á ella vuelven los ojos en demanda de protección contra las pretensiones de Estados Unidos á favorecer á los téjanos, cada dia mas claras y manifiestas.

Para impedir que Tejas se incorporase á la Union como un Estado, la Inglaterra reconoció la independencia de Tejas, Pero esto no ha hecho sino snspender un suceso, que si no triunfan

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los mejicados, y nuestra opinión es que no triunfarán, tendrá indefectiblemente lugar.

Todos los esfuerzos diplomáticos de Méjico, lo repetimos, se dirijen á la Inglaterra, y esta nación espera hallar su desquite del tratado de Arsbuston, en la cuestión de Tejas mostrándose, protectora de los derechos de Méjico.

El caso no es pues idéntico como pretende el British Packet.

Entra en seguida á tratar con la historia en la mano, pero no con la historia de la clemencia y de la magnanimidad que ennoblece al hombre, sino con la de las feroces matanzas, el derecho de Rosas á sitiar y hacer perecer esta ciudad de hambre, aunque su población sea compuesta en gran mayoría de estrangeros inofensivos. Dice que estos debian respetar el derecho de Rosas y perecer de inanición con sus hijos y mugeres, según sucedió en Genova en el Otoño de 1795. Las estaciones navales en sentir del defensor de Rosas deberían estar fondeadas mirando tranquilamente las agonías de sus compatriotas. — Por cierto que era preciso que los estrangeros fueran bien fanáticos por los derechos de Rosas para que asi se sacrificasen por él !

Él buen Enrique IV de Francia que no era Restaurador de las Leyes, cuando sitiaba á París, dejaba entrar víveres á sus subditos rebeldes. Pero estos ejemplos no son del gusto del Grande Americano Rosas, porque lo que conviene á su sistema americanos exterminarnos y asolar esta ciudad.

El sitio de Genova, por lo demás no puede parangonarse con el de Montevideo. Los poderes y los hombres y la causa, que se ventilaban ante los muros de Genova no eran el Degollador Rosas, los asesinos de la maz-horca, y la dictadura salvaje de lá Pampa; los que sufrían en esa ciudad los horrores del hambre eran genoveses, y no estrangeros neutrales.

Pero el British Packet en sus investigaciones eruditas para probarnos, que ha sido una iniquidad, que el Comodoro Purvis no haya tolerado, que en Montevideo como en Genova, muriesen de hambre veinte mil personas, nos ha buscado una cita, que le agradecemos, y que nos permitimos ofrecer á la consideración de los Sres. Cónsules, que después de reconocer con premura el asedio de Rosas, nos negaron el de hacer salir las personas que no concurriendo á la defensa de esta plaza, consumiesen inútilmente sus víveres. El extracto es tomado de la descripción del Dr. Arnold, del sitio de Genova.

. " El general francés (Massena), se compadecía de la miseria del pueblo; pero las vidas y vigor de su guarnición le parecían mas importantes que las vidas de los genoveses, y todas las pro-

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visiones que existían fueron reservadas, en primer lugar para el ejército francés. "

Pesado y débil es el British Packet, cuando quiere probar en su número del 13, que la circular de Oribe no amenaza las vidas y fortunas de los subditos británicos, y que aunque hubiese contenido esa amenaza, pues que era hecha por Oribe, no podía imponer responsabilidad á Brown, gefe de la escuadra de Rosas, y que en todo caso, el Comodoro debia dirijirse al Ministro Británico cerca del gobierno de Buenos Aires.

¿No amenaza esa circular á los ingleses que hayan tomado parte ó influido en favor nuestro? ¿No ha declarado Rosas que los extrangeros, inclusos los ingleses, son amigos ó amparadores de los unitarios? Bajo esa expresión vaga, tomar parte y haber influido, ¿no se comprende por consiguiente á casi todos los in^ gleses ? Admitida esa singular categoría de culpables, ¿ no podrá Rosas confiscar los bienes británicos, y matar al ingles que quisiese, pues nada mas fácil que interpretar los actos mas inocentes, como constitutivos del crimen de haber tomado parte ó egercido influencia ? La Gaceta y el British Packet, papeles ofiicialea de Rosas, ¿no aseguran que esa amenaza de la circular de Oribe es firme, justa y valedera? Preséntese un solo ingles que haya residido en este pais, por mas neutral que haya sido su conducta en nuestras cuestiones, que no pueda ser condenado como incurso en el delito, que castiga la circular.

Si el Sr. Mandeville cierra los ojos ante estas terribles amenazas, si se tapa los oidos á los clamores que levantan sus compatriotas, esto no prueba, que el Comodoro, que no es subalterno servil del Sr. Mandeville, deba ser imitador de sus faltas. Y como esa amenaza de la circular debia seguir inmediatamente á la toma de esta plaza, por los esfuerzos reunidos de Brown y Oribe, no tiene razón el British Packet en quejarse de que el Comodoro Purvis pusiese dificultades á la operación, hasta estar bien asegurado, de que las amenazas contra sus compatriotas se habian suspendido. El British Packet quería que se entretuviese en negociaciones diplomáticas con Rosas, que las prolonga por años, para salvar á sus compatriotas del degüello, mientras tanto que éste se consumaba!

eAPITUIi© 4.C

Una Destitución. — Monarquistas Americanos, — Los veinte millones á Bsjoa> na. — Escuadra Argentina. — Logias.

En la Gaceta de 1 1 de Mayo y en los números siguientes, ha publicado Rosas una diatriva calumniosa é indigesta de los hombres y las cosas que no se han doblado á su tiranía.

Solo viéndolo, puede creerse el impudente menosprecio con que hasta sin necesidad se adultera, discola, traspone nuestra historia contemporánea ; y esto cuando habla en su papel oficial como gobierno, y cuando por lo tanto los extrangeros y la juventud de las últimas generaciones, creerán que siquiera podrá haber verdad en la cronología de los sucesos, cuando no la haya en el colorido con que los presenta, y en el juicio que de ellos forma.— Valdrá para probar esto una sola cita tomada al acaso, reservándonos para después traer otras á vista de nuestros lectores.

" Los finados Señores Camaristas Doctores Valle y Gazcon " fueron destituidos porque, no hallando cuerpo de delito ni fun- " damentos legales para imponer la última pena á D. Juan Anto- " nio García, resistieron con rectitud plegarse á las exij encías san- " guiñarías del titulado Presidente Nacional." — (Gaceta del 11.)

La revolución encabezada por el Sr. Tagle no tuvo sin embargo lugar bajo la presidencia nacional, sino bajo el gobierno provincial de Buenos Aires ; años antes que se nombrase Presidente de la República, y Rosas, que era el alma de esa sedición que presidia el Sr. Tagle, no sufre una equivocación, sino que intencionalmente estampa una falsedad, para inventar, un cargo contra la Presidencia, si puede ser cargo la remoción de dos magistrados que no cumplían con su deber en momentos críticos para el país. Esta medida sin embargo, no la defendemos. Solo recordaremos que en Buenos Aires la estabilidad de los magistrados está entendida, pero no declarada ; y que Rosas sin tan poderosos motivos, como los que podrían alegarse para disculpar la remoción de los Sres. Valle y Gazcon, ha privado de sus altos empleos judiciales á porción de magistrados, entre ellos á los venerables

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y patriotas Doctores Agrelo, Villegas, Castex, Cernadas, Gaste-' llanos, y el Presidente de la Cámara de Justicia, Maza, á quien, como hemos dicho, y es bien sabido hizo asesinar á puñaladas.

Es difícil guardar método en la refutación de los sofismas de Rosas. Hay en ellos un desorden, una repetición, una obscuridad, una confusión estudiadas ; pero haremos esfuerzos para ponerlos en orden.

Ofertas hechas á príncipes europeos para colocarlos en América.

Después del manifiesto del finado canónigo D. Valentín Gómez, sobre las pretendidas negociaciones para traer príncipes europeos al Rio de la Plata y coronarlos, solo la ignorancia completa délos primeras años de nuestra revolución ó refinada mala fé, puede poner todavía la pluma en manos de un escritor, para acusar algunos de nuestros revolucionarios del crimen de haber querido monarquizar la América.

Basta con que se reflexione que los acusados do estos proyectos son los padres de la revolución americana, los que la han levantado á la cúspide de su gloria, los que tenian interés supremo en hacerla triunfar, y que no puede creerse que ellos en el mismo momento que sacrificaban elevados empleos, pingües fortunas, y espouian su sangre por la patria, la quisiesen vender á sus enemigos.

En dos categorías podemos dividir los hombres de la revolución, que han abrigado pensamieutos, ó trabajado en proyetos monarquistas.

1. ° Los que admitían ó desechaban esos proyectos en los momentos en que la independencia americana se debatía agonizante por grandes reveses, ó por las disposiciones de las cortes europeas, que formaban la santa-alianza, y que podían anonadarnos bajo de su poder. Con estos se negociaba y se entretenía el tiempo para parar la intensidad de los golpes, y dar lugar á mejorar la situación.

2. ° Los que creían sinceramente que la monarquía constitucional era la que con venia á los nuevos estados para consolidar sus libertades, su paz y su prosperidad.

Estos se subdividian entre los que querían como Bolívar, Sucre y Monteagudo príncipes americanos, y los que como San Martin y otros sostenían que debían ponerse al frente de Jas nuevas monarquías americanas, vastagos de las casas reales de Europa, para que asi tuvieran mas prestigio.

De los primeros fueron algunos hombres públicos del Rio de la Plata, como el General Belgrano, D. Valentín Gómez, etc.. quienes llevaron su delicadeza sobre este negocio hasta el punto

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de no abril opinión sobre las indicaciones, que les liacian los mi' nistros de Francia acerca de quienes estaban acreditados, reduciendo su ingerencia en estos asuntos á transmitirlas simplemente al Gobierno general de las Provincias Unidas del Pao de la Plata, ¿Y en esto hay algo que pueda hacerles desmerecer de la justa reputación y probidad á que se han hecho acreedores? ¿Porqué su calumniador Rosas no detalla esas negociaciones para traer monarcas á América, en que dicen anduvieron envueltos? Por qué él que está en posesión de los archivos diplomáticos de Buenos Aires no los desentraña y publica las piezas oficiales relativas á esas negociaciones?

De un solo negociador argentino se cuenta que llevó estos negocios mas allá de lo que le prescribía el deber. Este es el famoso infame Manuel Sarratea, hoy ministro de Rosas cerca de la corte de Francia. Sus negociaciones con Carlos IV y Godoy, por medio del conde de Cabarrus, fueron impuras é insensatas: pero precisamente ese hombre desacreditador de nuestra revolución, está enrolado en la gavilla de Rosas, y es uno de sus mas activos y perniciosos agentes.

Todas las tan sonadas negociaciones con la Carlota, y con el príncipe de Luca, ne han sido sino legítimos arbitrios diplomáticos, sin ninguna consecuencia, sin ninguna concesión ofensiva al decoro americano, y calculados, lo repetimos, para disminuir resistencias á la causa americana, distrayendo á los reyes de observar su tendencia democrática. En su tiempo fueron grandes servicios, que la América tiene que agradecer á sus autores, y que honran infinito su genio político, que entraba en lucha triunfal con los arteros y viejos políticos de las monarquías europeas, triunfantes en ese momento de la democracia, y que se horripilaban de indignación al solo nombre de República.

Hubo americanos por convicción monarquistas y de los mas célebres de la revolución. Bolívar, Sucre, San Martin, Monteagudo, García del Rio, y otros que no recordamos en este momento creyeron que solo la monarquía Constitucional podría hacer dichoso el suelo que habían emancipado con sus esfuerzos. Pero estas opiniones teóricas, á escepcion de Monteagudo, que publicó una memoria en Quito, y el Sr. García del Rio sus Meditaciones Colombianas en Caracas, en pro de las ideas monárquicas, fueron defendidos en conversaciones privadas y amistosas, sin atentar contra el orden establecido, siéndole mas bien firme apoyo. Esos grandes hombres á nuestro juicio erraban en esa opinión; porque en nuestra América no hay elementos monárquicos. La Repiiblica es el gobierno mas natural y aceptable que puede establecerse, v cualquier ensavo monárquico tendrá malos resultados*

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Pero esta cuestión no es fácil y cuando en ella erraron tantos hombres ilustres, es prueba de que es difícil y espinosa.

Según las memorias de Jefferson, publicadas por Georges Tucker, el coronel Hamilton, y aun el mismo Washington tenían opiniones parecidas, sin que por esto hayan desmerecido del buen concepto de sus compatriotas, de la especie de culto con que los veneran; porque todos esos hombres no querían la monarquía para sí, sino para la patria, y eran personalmente republicanos severos. El ejemplo de la monarquía inglesa los alucinaba. Temblaban que el grande ensayo de la república federativa no saliese bien, y temblaban por ella con la misma pureza que una madre por la suerte de su hijo tierno y amado.

No nos cansaremos de repetirlo, Rosas que está en posesión de todas las transaciones reservadas y públicas de los gobiernos de Buenos Aires debe probar, que en el bando patriota que hoy le hace la guerra, se hallan todos los que pensaron en favor de la monarquía, ó escucharon propuestas para coronar uno ó mas príncipes en América, y que guió á esos hombres en tales obras y pensamientos, no la voz de la conciencia y puro amor de la patria, sino motivos vergonzosos y egoístas.

Como esas negociaciones ni esos pensamientos no han costado á las poblaciones del Rio de la Plata ni un solo peso, ni una sola lágrima, ni una sola gota de sangre, se les puede desear, que duerman en paz con sus autores, sin faltará la justicia.

El degollador Rosas, como una prueba de la traición de los padres de la independencia americana, que el acusa de que "especularon sobre los sacrificios y preciosa sangre americana valientemente derramada y ofrecieron por oro vil el mas santo de sus deberes, el de la patria, y el don mas valiosa del cielo la libertad:" trae á cuento la negociación con la España constitucional para que reconociese la independencia americana. — "Rivadavia, dice. "Rosas, inventa y propone entonces la entrega de veinte millones "de pesos fuertes á la España como valor de la independencia del "pais triunfante y glorioso. El club unitario acepta y resuelve "tan humillante traición. Destruye también la escuadra de la "República. Existen en las publicaciones oficialas y registros "patrios, los ingratos comprobantes de tan odioso recuerdo. Su "ejecución fué cometida al nulo y despreciable salvaje unitario "Juan Gregorio de Las Heras."

En este periodo en que hay una completa confusión de ideas y de tiempos, de hechos adulterados y de hechos falsos, resalta la villanía y la sin razón de Rosas. Cubierto de oprobio, quiere sacudirse el barro que lo mancha, sacudiendo las manos sobre el rostro de los padres de la patria.

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Los Sres. La Robla y el Dr. Pereira, ambos residentes en esta ciudad, y al segundo de los cuales respeta Rosas, vinieron comisionados por el gobierno constitucional de España, en Buenos Aires para negociar socorros pecuniarios, que sirviesen al sosten de la libertad en España amenazada por los Borbones de Francia con la invasión de Angulema. El ilustre Rivadavia convino con ellos en un subsidio de veinte millones de duros, á condición de que reconociese el gobierno de España la independencia americana.— Las cámaras francesas habían decretado cien millones de francos para hacer la guerra á la libertad española. España reconocía la de América, y esta le otorgaba igual suma que la concedida por las cámaras francesas, y estos veinte millones no los daba Buenos Aires, sino que se debían pagar á prorrata por todos los estados americanos que gozasen de el gran beneficio de la independencia, de la paz, de la libertad. Si Buenos Aires se arrogaba la personería de tratar por todos ellos, bien lo podia, no solo porque era imposible una delegación en aquellos momentos, cuanto por lo notoriamente ventajoso del contrato, y porque Buenos Aires cuna de la libertad americana, tenia una personería de gloria, y el ilustre Rivadavia al asegurársela se mostraba celoso de su fama, digno de llamarse argentino. — Y conviene que se recuerde el gran servicio, que habían hecho indirectamente, los constitucionales españoles á la independencia americana. El poderoso ejército destinado para la conquista del Rio de la Plata, y próximo á zarpar del puerto de Cádiz, volvió sus armas contra el sistema absolutista de Fernando VII, disipándose una nube bien negra y preñada de calamidades, que amenazaba nuestras cabezas. — Pero sigamos — Cuando el ajuste de los veinte millones, la España dominaba gran parte del territorio Americano. El alto y bajo Perú, los castillos del Callao, el San Juan de Ullua, el archipiélago de Chiloe, estaban bajo su bandera sostenida por mas de veinte mil veteranos, mandados por gefes valientes y esperimentados.

Ese tratado pues era ventajosísimo, grandioso porque aseguraba la independencia de esos países ocupados, la paz y la independencia de América sin efusión de sangre, librando á las nuevas Repúblicas de los azares de batallas multiplicadas y sangrientas. — Y si no hace cuatro años cuando ya no existe en el territorio americano un solo soldado español, una sola simpatía por la Metrópoli, se ha considerado político y hasta justo por Méjico y Venezuela, declarar en favor de España un crédito considerable y franquicias especiales, á trueque de que reconozca su independencia, ¿cuanto mas justo, útil, necesario, patriótico, no era esa concesión en 1823, por precio de ese mismo suspirado bien? — Entonces que la espada del inmortal Bolivar, ayudado de los argentinos, que hoy designa

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llosas, un Rosas! — como vendidos al oro español, no había triunfado en Junin, en Ayacucho y en las otras gloriosas victorias, que fué necesario que tuvieran lugar para que cayese en tumba eterna el sistema colonial.

En el mismo periodo con insigne mala fé, Labia de una escuadra destruida por el club unitario, por mano del General LasHeras. — Pero ¿de qué escuadra habla, el malvado Rosas? No puede ser de la que batió á los españoles en las aguas del Rio de la Plata, porque esa en 1816 se desarmó una parte por innecesaria, otra fué á Chile, otra se llevó Brown por un abuso de confianza para piratear en el mar del Sud, y entonces, el después General Las-Heras era un coronel que peleaba leal y valientemente en Chile contra el poder colonial, y entonces el coronel Las-Heras no tenia influencia política en los negocios de su pais, que vino solo á obtener en 1822, que fué nombrado Gobernador de Buenos Aires y vino de Chile para recibirse de un gobierno que ni habia cabalado ni esperaba.

La idea de mantener una escuadra permanente en la República Argentina, pertenece esclusivamente al Sr. Rivadavia. El presentó este proyecto al Congreso, y el de un establecimiento de pesquería en Patagones, basado en una Colonia escocesa, que mez; dándose conla población indígena, diese origen á una gran ciudad marítima.

Después el Sr. Rivadavia fué el fundador de la escuadra Argentina, que hizo la guerra á la del Imperio, con tanto provecho como gloria p^ra la República Argentina, y que contribuyó con sus victorias á la independencia de este Estado.

La mentira de Rosas pues, no puede ser mas calumniosa y absurda.

El que incitó á Venancourt á que incendiara los restos de esa escuadra vencedora del Imperio, que se hallaba en el puerto de Buenos Aires, y que miró con gozo las llamaradas que devoraban á aquellos invencibles leños, asaltados y quemados á traición entre las sombras de la noche, merece sí el odioso renombre de destructor de la atinada argentina vencedora, en la guarra del Imperio.

Es bien audaz la acusación de monarquismo que dirije Rosas á demócratas ilustres, él que nada ha hecho por la independencia de la patria, y que le ha sido desafecto ; él, que sueña con la corona de Buenos Aires ; él, que se pavonea con el escudo aristocrático de su familia, que se hace titular JSTieto del Conde de Poblaciones, y dar tratamientos y títulos mas que regios que ha copiado de los que los Chinos tributan á su Emperador Celestial.

Un asunto que no deja de la mano Rosas en sus Gacetas, es

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el de las logias. Todo el que está instruido un poco de la vida y relaciones de los hombres que en esta República y otros puntos de América, hacen la guerra á Rosas, sabe que no existen tales logias, y que quizá á la falta de una asociación directiva que pusiese en contacto y metodizase los proyectos y esfuerzos revolucionarios, que sacase provecho de las capacidades respectivas, es causa de que la revolución no haya triunfado aun, y que haya pasado por largas y dolorosas calamidades.

Pero del contesto de los artículos de la Gaceta, y de varias publicaciones anteriores, se vé claramente que Rosas no designa asociaciones parciales, que conspiran contra él, sino una vastísima Asociación, que abraza toda la América y la Europa, y que se ocupa de combatir su poder; orgulloso disparate digno de su cabeza desacorde y de su insigne mala fé.

"Erijióse en el seno de la República, (dicela Gaceta del 16) u un club inmoral, impío, liberticida. Relacionado con las gran- " des logias que tienen en agitación á la Europa, propúsose por le- " ma desde su ominosa aparición dividir, destruir para dominar " y entregar. — La logia unitaria, desertando de la libertad ameri- " cana, y traicionando á la República Argentina con insólita vi- " leza en lo mas vigoroso de la lid contra la tiranía, inició su car- " rera como un funesto presagio de estragos, desolación y san-

" gre Desde aquella sazón los logistas unitarios, sin un

" solo sentimiento generoso, cobardes combinaban su ignominio- " sa defección. "

Cuales son estas logias ? ¿ A qué grande asociación Europea pertenecen? ¿Cual es esa nueva masonería política, que se conoce con el nombre de unitaria, que según la Gaceta del 11, "ven- " dia la independencia americana por oro á la España ; que soli- " citaba vastagos reales que se entronizaran con absoluta domi- " nación en América, que calumnió á Bolívar, que asesinó por " medio de Obando á Sucre, que se combinó con Santa Cruz ? " ¿ Cual es esa logia que tiene al mismo tiempo las máximas de los jacobinos de Hobesjnerre, que ataca la religión católica ; (Gaceta de Mayo 15) que según la carta de pésame dirijida por Rosas al Rey Luis Felipe, con ocasión de la tentativa de asesinato de sus hijos, está afiliada con esas que atacan las vidas de los príncipes, "que minan los tronos, que quieren derribar los gobiernos establecidos \ " Es una de las sociedades conocidas con los nombres de Carbonarios, de Joven Italia, de Joven Inglaterra, de Joven Alemania, de Igualadores, de Derechos del Hombre, de Trabajadores, de Cartistas, c&c. de. ? Pero estas sociedades, que tienen principios fijos de democracia, si es que alguna vez se propagaron en América, cuandq la guerra de la independencia trabajan

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por el establecimiento de la soberanía del pueblo, sobre las ruinas del derecho divino, de la República sobre la monarquía. Es ese su programa. ¿Y cómo seria cierto que ellas conspirasen en favor de los reyes de España, y para traer á América vastagos reales? ¿Cómo es posible que esas sociedades democráticas, humanitarias, que han pasado por entre persecusiones terribles, sembrando su derrotero de tumbas de mártires, conservando intacta el arca de su fé, entrasen en América, (como dice la Gaceta del 11) "en un plan inicuo de humillación, ruina y esclavitud" ?

Pero si habla de las grandes logias absolutistas, que han existido, y de que se han servido el realismo y el sacerdocio para neutralizar las de la reforma y á la de la democracia, y que Tínicamente podían tener interés en establecer en América el realismo y el absolutismo, ¿ cómo creer que una fracción de ellas entre nosotros adoptase los principios de los Jacobinos que son la República, el descrédito de las ideas religiosas que es el ateísmo, y el asesinato de los hombres capaces de realizar una aristocracia que es la nivelación sangrienta de las clases y condiciones ?

Se vé, pues, que Rosas refuta su acusación con los mismos términos que emplea en ella; que la asociación de que habla no ha podido existir ni estar afiliada á las de Europa, sea democrática ó monárquica ; por que á no ser que se supusiera una sociedad de locos, para obrar de un modo hoy, de otro mañana, para aborrecer una cosa ahora y en seguida amarla, para destruir con la mano izquierda lo que edificaron con la derecha; la existencia de semejante cuerpo debe reputarse una invención impudente del Degollador de Buenos Aires, que no cuenta con otra evidencia que con su sola palabra, de la que no presenta el mas ligero documento. ¿ Cómo vive esa asociación? ¿Cómo está organizada? ¿Cómo se comunica? ¿Cómo se estiende? ¿Dónde se reúne ? ¿Cuales son sus gefes? ¿Cuales sus doctrinas? — Preguntas son estas que por mas que se afanase, no podria absolver ese calumniador desvergonzado.

¡ Qué mejor prueba de su perversa causa ! Apela á invenciones que chocan al sentido vulgar mas común, que están desmentidas por la historia contemporánea, y por lo que ven nuestros ojos. — ¡ Qué secta, qué caudillo, qué tirano por injusto que sea su sistema no puede hilvanar un manifiesto, donde haya apariencia de verdad y que alucine por un momento ! — Solo Rosas no es capaz de esto que es tan fácil, y cuando echa mano del sofisma, no escribe sino embustes y absurdos.

Asi supone que la logia unitaria á que está afiliado Santa Cruz cubrió de invectivas á Bolivar, y asesinó á Sucre por mano de Obando ; aunque Santa Cruz haya sido partidario de Boli-

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var, y depositario de sus proyectos y pensamientos ; aunque Santa Cruz, Garcia del Rio y sus amigos, Layan pertenecido siempre al sistema centralista imperial de Bolivar, y hayan estado siempre encontrados, y en filas opuestas á las de Obando, partidario de la República y de la federación Colombiana; aunque en este momento mismo, quien acusa á Obando de matador de Sucre sea García del Rio. — Pero, ¿ qué le importa á Rosas, el que se le desmienta y confunda con los mismos sucesos y los mismos hombres que invoca? — Su método de escribir es recopilar todos los asesinatos y muertes desgraciadas que han acaecido en diferentes puntos de América en un largo periodo, y decir, "sus autores han sido los unitarios:" nombre de una vaguedad sin límites, que lanza contra todos los que son sus enemigos, sea de la clase y del pais que fuesen.

Después que hemos demostrado que no existen tales logias, y mucho menos como él las designa, daremos una rápida ojeada sobre las sociedades políticas que han existido en la República Argentina en épocas remotas.

La primera asociación política de que tengamos noticia, formada para influir en la revolución americana, para combinar pensamientos y esfuerzos contra el poder colonial ; fué la asociación que á imitación de las que estaban entonces en voga en Europa, fundaron D. Simón Bolívar, D. Carlos Alvear y D. Carlos Montufar. Cada uno de estos personages, en cuanto llegaron á sus respectivos países, procuraron propagar su asociación, pero con total independencia entre sí. Pero Montufar pereció á manos de los españoles en un cadalso; Alvear, cayó también con el partido que se crió, Bolivar, separado profundamente délas ideas de su antiguo colega Alvear, propagó su asociación con una tendencia monárquica entre los militares de su ejército, y después de su muerte, Santa Cruz, Flores y otros de sus tenientes la continuaron con éxito pasagero. — Otras asociaciones bastardas y reducidas á los límites de Lima y Buenos Aires, se iniciaron, y después de una corta existencia trágico-cómica, se midieron en el rjrecipicio cavado por la ineptitud de sus patronos. De estos logistas hay gran porción al servicio de Rosas.

Si algún mandón contemporáneo ha estado relacionado con logias políticas, en Rosas y su círculo. La logia de Oribe en esta capital esta afiliada á la que presidian en Rio Janeiro los Limpos, los Andrades, los Montezumas, los Otonis, que eran foco de la Sociedad de Patriarcas Invisibles, que se descubrió últimamente. De estas logias han salido los panegiristas que cuenta Rosas en Rio Janeiro, y que por espíritu de partido no han tenido empacho en insultar la humanidad, haciéndola apología ódiscul-.

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pando los crímenes de un ganadero tan bestial y asesino como Rosas. La Gaceta del 16, recuerda con orgullo los elogios que esos logistas le rindieron contra conciencia. Pero tan ingrato, como pérfido é inconsecuente, no bien supo Rosas que los revolucionarios de San Pablo, y Minas habían sido desgraciados, cuando publicó en su G-aceta, con hipócrito horror, el reglamento de los Patriarcas Invisibles, y felicitó en estilo Gerundiano al gabinete de Clemente Pereira, por la victoria del Barón de Caxias y la persecución, captura y destierro de los principales Patriarcas sus buenos amigos, y cuyos discursos hacia traducir y publicar ediciones de lujo cuando navegaban en el mar político con viento de fortuna.

Nuestros principios políticos son bien conocidos: — Constitución de la República Argentina: — Independencia de la República Oriental: — Inviolabilidad j udiciaria: — Libertad electoral y de imprenta:— Abolición de la esclavitud: — Protección al comercio y á las ciencias: — Seguridad de los derechos individuales y de propiedad:— Libertad religiosa entendiéndose la q' debe concederse á los católicos de establecerse si así lo quieren, con fondos suyos propios, en comunidades de los dos sexos, sea cual fuere su constitución religiosa, sin que en su ejecución intervenga la fuerza civil, para ligar ó desligar, si no cuando haya contrato de propiedad ó trabajo: — Fraternidad con los estrangeros; independencia política de la Europa, pero unidad con su civilización, científica é industrial: — Mejoras materiales: — Civilización y fusión de las razas indias con las nuestras, no por la espada y el fuego, sino por la religión y el cambio de productos y labores: — Y sobre todo, verdad en el sistema republicano: — Gobierno de mayorías manifestadas pacífica y legalmente, y división de los cuatro poderes del Estado en Judicial, Legislativo, Gubernativo y Municipal.

Estos son los artículos de nuestro credo político. Para propagarlo no hemos formado todavía asociación alguna. Esta es una desgracia. Defendemos ideas progresistas y sociales, y como nuestra causa es del pueblo, no perece ni porque perdamos batallas, ejércitos ni caudillos. El pueblo es inmortal, y cuando se nos ha acabado el capital de sangre, de dinero, y de inteligencia que necesitamos para combatir ala tiranía encarnada en Rosas, el pueblo nos da otro nuevo. Creemos, pues, que nuestras ideas son gubernamentales, sociales, imperecederas y nos confirma en ello las simpatías que en toda sociedad de hombres civilizados encontramos, y el odio y las maldiciones que de cada una y de todas ellas recoje Rosas. Si este acuerdo instintivo para defender su honor y libertad, que él ataca, es el vínculo que constituye lo que él llama Logia Unitaria, es preciso que convenga entonces en que la humanidad entera forma una gran Logia Unitaria.