Rosas y sus opositores · Capítulo real 3 de 5

CAPITULO 5 .0

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

CAPITULO 5.0

Muertes cometidas por Patriotas. — Muerte del Gobernador D. Manuel Borrego.— Muerte de D. Francisco Aldao. — Matanza de Chancay. — Muerte de Vi~ lla/añe y sus Compañeros. — Alianzas — con Santa Cruz : — con la Francia. — Intervención.

El hombre de quien se lia podido escribir un libro, compuesto únicamente con el catálago nominal de sus víctimas, se atreve á acusar á los patriotas como de un delito grave, de haber hecho morir legalmente algunos individuos. El que ha declarado la guerra á muerte, y proclamado el exterminio de sus enemigos, acusa á éstos de que alguna vez se hayan dejado arrastrar de su mal ejemplo.

El partido patriota que le hace la guerra, se compone por otra parte, de agregaciones de todos los partidos políticos que han dividido la República Argentina, y en rigor no presentan á ninguno de ellos, y es ilógico hacerle cargo por los actos anteriores de algunos hombres que están hoy en sus filas, como lo sería acusar á Rosas por el asesinato del Dr. D. Pedro José Funes, muerto á sangre fría por el General Nuñez, por los de Soler, Montoro, Granada, Flores, Santa Coloma y otros muchos unitarios que están enrolados en la maz-horca de Rosas, y son sus primeras columnas. Rosas no puede responder sino por sus propios actos, ni nosotros sino por los que nos pertenezcan. Puesta la cuestión en este terreno, le desafiamos á que cite al partipo actual de la revolución contra su tiranía un solo crimen, un solo asesinato, y ahí está, lo repetimos, un libro formado con los degüellos y asesinatos que él ha mandado ejecutar. Hecha esta reserva que creemos necesaria á nuestro derecho, vamos á examinar una por una las muertes de que acusa, no al partido patriota, porque no lo puede, sino á individuos que se hallan bajo nuestra bandera ó han perecido defendiéndola.

Muerte del Gobernador B. Manuel Dorrego. — Este es un hecho personal al General Lavalle, cuya responsabilidad pesa sobre él solo, por que él declaró solemnemente que nadie se lo inspiró sino su propia conciencia. Desde que él dijo : "he derramado esta sangre y o solo", nadie tiene justicia para acusar á otrosí-

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no á él. Si el partido político á que pertenecía el General Lavalie en 1828, año de esa muerte, no puede ser culpable por un acto individual de su general, menos lo será la mayoría del actual partido patriota, por que en ese año una parte de él luchaba contra ese mismo General Lavalle, y otra no pequeña era entonces de niños, una generación que no participaba ni infiuia en los negocios.

La muerte del Gobernador Dorrego fué ilegal é injusta, violenta é inútil. El coronel Dorrego era un genio ilustre, la República Argentina llorará siempre su muerte prematura.

Pero el General Lavalle que cometió el grande error de matarlo, expió su terrible falta por un remordimiento prolongado y veraz, que hasta lo ha reconciliado con el hermano y la tamilia enlutada de su noble víctima.

El no mató á Dorrego hipócritamente como hace Rosas con sus víctimas, infamándolas con calumnias de falsos crímenes. Creyó esa muerte una necesidad política, y fundado en ella lo sacrificó, declarándolo asi, y no apelando á la justicia contemporánea que sabia que le había de ser adversa, por que con esa muerte él la ultrajaba; sino al fallo de la historia, que suele revocar los de la justicia contemporánea. A nuestro juicio la historia, como el juicio de los contemporáneos, condenará la acción del General Lavalle; pero este valiente soldado retiró su apelación, y bajando la cabeza ante la sombra de su víctima, le dijo: perdóname!

Becaria que aboga por la abolición de la pena de muerte, la deja subsistente, para cuando es una necesidad .política aplicarla. El geneal Lavalle siguiendo ese principio y responsable de los destinos de su ejército y del gran partido que representaba, buscó á su rival, lo batió cuerpo á cuerpo, sin ocultarle su intención de sacrificarlo, lo tomó con una multitud de sus parciales. A la multitud la dijo: "idos en paz" y derribando de un corte de sable la cabeza temida de su adversario, dijo: "Yo le he muerto! por que lo he creído necesario: Que me juzgue la historia!"

¿Y cómo negará Rosas que casi todo el ejército y partido que representaba el General Lavalle, le reprobó esa acción, y que á haber podido evitarla no habría tenido lugar?

Que diferencia entre el General Lavalle, que confiesa así su noble delito y después que conoce su deformidad llora sobre él, y el degollador Rosas que hace matar á puñal y á veneno á sus enemigos ocultamente, y cque niega su crimen y se sacude de él, achacándolo á efervescencia del furor popular. Ei primero es digno de absolución porque fué delincuente por esceso de amor patrio y es veraz y franco hasta con daño propio. El otro es im-

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perdonable porque por pasión individual es perverso, con la conciencia de que es perverso en cuanto hace, y por esto quiere disimularlo y lavarse las manos de la sangre que las manchan, como si hubiera agua bastante en la tierra con que poder borrar la sangre del asesinato. El primero mató á un solo hombre creyéndolo necesario, pero en cuanto se convenció de que habia errado, nunca mas quiso ser juez para derramar sangre humana, y se negó hasta á imponer castigos militares en su ejército que importasen esa pena, por temor de no errar otra vez. El segundo ha muerto á diez mil, uno después de otro, y no cesa de matar, y no se arrepiente de matar. El primero merece el perdón de sus semejantes, porque era bueno é infeliz; el segundo la indignación de la humanidad, porque es un demonio vestido de hombre para asesinar la raza humana.

Qué tocante, que cristiano era el arrepentimiento del infeliz Lavalleí — Pronunciaba con religión el nombre de Dorrego y las lágrimas se le venian á los ojos. Se informaba con interés de la suerte de la familia de Dorrego y decia, "no quiero volver á la vida pública, sino para colmar de reparaciones esa familia que enluté." Guando en 1840 entró á la habitación donde en 1828 firmó la muerte de Dorrego, enmudeció y meditó amargamente por muchas horas. — Al fin dijo: — ["cuando llegaremos á Buenos "Aires para rodear de grandeza y respetos á la viuda y las huérfanas de Dorrego"!

Si las almas de los muertos se encuentran en la otra vida, la de la Lavalle y la de Dorrego se habrán saludado con enternecimiento.

Entre tanto casi todos los amigos de Dorrego están con nosotros en contra de Rosas, que ha sido su perseguidor atroz. Nosotros hacemos en nuestras conversaciones íntimas, como ea nuestros actos públicos, justicia á la gran capacidad de Dorrego y veneramos su sombra. Rosas ultraja su memoria ante cualquiera que de ella le habla. Lo llama botarate y loco; y antes que Lavalle lo arrojase de la silla del gobierno, Rosas tenia organizada una revolución para derrocarlo por su cuenta. Si en sus papeles oficiales lo ensalza es con hipocrecia para servirse de su recuerdo como de una arma sangrienta contra los patriotas que le hacen la guerra.

Muerte del Coronel D. Francisco Áldao. — En junio de 1829 la Provincia de Mendoza ardia presa de la guerra civil. En la ciudad mandaba el general Al varado: el coronal Moya no las fuerzas de operaciones. El coronel D. Félix Aldao antiguo sacerdote Dominico auxiliado por el general Quiroga en oompañia de éste y del coronel Viilafañe invadió con fuerzas de ia Rioja y San Juan

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y pisaron el territorio de la Provincia de Mendoza haciendo guerra á muerte. Cerca de Mendoza se encontraron las fuerzas llamadas fedéralas al mando de D. Félix Aldao y las tituladas unitarias al del Coronel Soloaga. Aldao llevaba la peor parte en la refriega, cuando se le ocurrió mandar de parlamentario á su hermano D. Francisco Aldao para que tratase con Soloaga una suspensión de armas. Estaban en medio de los ajustes, cuando el coronel Feliz Aldao, según unos por haberse embriagado, según otros por mala fé, hizo disparar sobre el campo de sus enemigos algunos tiros de cañón á metralla y cargarlo con vigor, rompiendo asi el sagrado de la tregua. D. Francisco Aldao fué fusilado en medio de la confusión, y rabia que produjo este alevoso ataque. Su muerte fué justa, conforme á derecho de guerra, y su sangre sobre quien debe recaer esclusivamente, es sobre la cabeza del traidor apóstata su hermano. Este obtuvo la victoria con el sacrificio de su hermano, y lo vengó del modo siguiente:

"El coronel Aldao (dice un testigo ocular) después de haber tomado algunos prisioneros y desarmándolos, tuvo la barbarie de egercitar su vigor, despedazando personalmente á aquellos desgraciados, que rendidos trataban de hacer valer el carácter sagrado de prisioneros. Aldao ordenó á sus soldados asesinasen sin excepción á todos los dispersos que cayesen en sus manos, y tuvo la crueldad de escojer á algunos jóvenes pertenecientes al batallón del Orden, y reuniendo á los oficiales y ¡[argentos que habia hecho prisioneros, mandó á su vista despedazarlos á lanzadas, siendo él el primero en egecutar tan horrible atentado. El benemérito y desgraciado capitán D. Joaquin Villanueva, evitó desarmado los primeros golpes de su lanza: pero ayudado aquel de sus clientes, lo cubrió de heridas mortales hasta verlo espirar. El mayor graduado D. Plácido Sosa, después de rendido recibió una muerte cruel ordenada por aquella fiera; últimamente, después de cubrirse ®on la sangre de tantas victimas indefensas, ordenó la ejecución de los cabos y sargentos prisioneros, los cuales fueron asesinados de un modo bárbaro por una chusma- desenfrenada.

"El coronel Aldao coronó su triunfo del Pilar, haciendo fusilar al valiente ciudadano D. Luis Infante y catorce sargentos, que habian escapado de los asesinatos parciales de la tropa.

"El campo del Pilar quedó salpicado con la sangre de 200 ciudadanos, sacrificados con la crueldad mas inaudita, después de ejecutar la mas negra perfidia."

El ciudadano D. José Narciso Laprida que encabeza la acta de la Independencia de la República Argentina como presidente del Congreso Constituyente, instalado en Tucuman, fué asesinado por orden de Aldao.

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El capitán D. José María Villanuera traído á su presencia, fué mandado degollar por Aldao, y de ejecutar este horrible suplicio con sus propias manos se encargó su hermano D. Tomas Aldao!

En seguida entregó la ciudad de Mendoza al saqueo de la desenfrenada soldadesca, que le habia ayudado en tan infames matanzas, y pasados pocos días hizo fusilar al coronel D. Oornelio Moyano, apesar de que estaba garantida su vida por una convención celebrada el 11 de Agosto de 1829.

Antes de la muerte de Moyano, Aldao hizo arrancar de su casa en medio de la noche á D. José María Salinas y después de cortarle los brazos, arrancarle la lengua y Jos ojos, le hizo abrir el pecho y arrancarle el corazón.

Este sacerdote que ha arrojado la casulla para vestir la coraza, fué tomado al poco tiempo por el General Paz, y perdonado, y hoy después de haber aumentado el catálogo de sus crímenes con nuevos horrores es uno de los Generales de Rosas, y Gobernador de la Provincia de Mendoza con facultades extraordinarias, ó en el moderno lenguaje de los maz-hor 'queros del Rio de la Plata con la suma del Poder Público.

Habrá hombre imparcial que culpe á otro que á Félix Aldao la muerte de su hermano Francisco? Aunque no hubiese sido legítima, y hubiera sido injusta, atroz, después de las carnicerías humanas, que se efectuaron para vengarla, ¿se puede formar cargo por ella?

Muertes de D. Felipe Videla, D. Juan Corvalan, D. Gavino García, Dr. Maza, D. Juan Gregorio Gutiérrez, Coronel Aldao, Rosas, D. Juan Gregorio Soto, D. José Hilanes, y 30 individuos de tropa.

Todos estos individuos componían el partido esterminador de Mendoza á cuya vista y con cuyo consejo Aldao perpetró las matanzas que hemos descripto, y otras que por no recargar de sangre este papel hemos omitido. Invadida la Provincia en Abril de 1830 por el Coronel Videla del Castillo con una división de tropas Cordobesas, unidas á los emigrados Mendocinos, después de entretener al Coronel Videla del Castillo, con falsas negociaciones d« paz se fueron á las tolderías de los indios salvajes, é hicieron pactos con ellos para invadir la Provincia de Mendoza por la luna d* Mayo.

Colocados en esta situación bélica solicitaron de Pincheira, con quienes estaban en buenas relaciones, que mediase para volver á tratar paces, con Videla del Castillo, gefe de la columna espedicionaria. — Pero halagados con falsas noticias de sucesos favorables que les trajo al Chacay donde se hallaban, un peón del hacen-

—•70- dado D. José Maria Lima, volvieron á sus conatos de guerra, y, tuvieron la imprudencia de falsear la letra y firma de Pincheira para suponer una carta de éste dirigida al Gobierno puesto po** Videla del Castillo, en que lo insultaba y amenazaba.

Este manejo pérfido que se descubrió les alejó enteramente á Pincheira. quien se separó con los suyos de su campo.

Quedaron solamente los amigos de Aldao con los caciques Neculman, Sondeau, Cotelo y el Mulato; quienes empezaron por robarles sus efectos y caballos, enojados á su vez, porque no se les habia cumplido ninguna de las alucinadoras promesas que se les habian hecho, para inducirles á invadir y talar la Provincia de Mendoza.

Entretanto crecían las noticias del poder de las fuerzas del coronel Videla del Castillo, y de las victorias del general Paz, y los indios exasperados rodearon y mataron á los individuos nombrados.

Rosas y sus parciales han acusado al finado coronel Videla del Castillo, de haber inducido á los indios á cometer estas muertes; lo que muy legítima y justamente hubiera podido hacer Videla del Castillo, porque estaba en guerra con ellos, y ellos movían las tribus salvajes contra la Provincia de Mendoza, y si era lícito para los amigos de Aldao el hacer uso de esta arma contra sus enemigos, no podía ser sino lícito para estos volverla contra ellos; y si era lícito á los amigos de Aldao sublevar la barbarie contra la civilización, no podía dejar de ser lícito para el coronel Videla del Castillo hacer que los mismos bárbaros castigasen tal atentado, que perpetraban hombres que habian asesinado á prisioneros indefensos, y arrancado la lengua, los ojos, el corazón á hombres vivos.

Pero eremos firmemente que esos amigos de Aldao fueron muertos en el Chancay, por impulso propio de los Indios, de quienes se habian malquistado con sus imprudencias.

1. ° Por que no bien se supo que habian sido muertos, la guarnición puesta en el Totoral por Videla del Castillo, marchó sobre ellos destrozándolos, matando muchos de ellos con el cacique Reigüe, huyendo gravemente heridos los caciques Leviman, Manil, Neculman y Coleto. — ¿Samij ante ataque puede combinarse con un pacto del que lo hacia para hacer matar á los amigos de Aldao?

2. ° Porque hasta ahora Aldao muy interesado en inculpar á Videla del (/astillo y sus parciales, el haber tenido parte en las muertes del Chancay, no ha hecho diligencias para hallar documentos con que probarlo, ni nada ha hecho á este fin, apesar del mando absoluto, que ha ejercido y ejerce sobre toda la provincia

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de Mendoza: incluyendo las tribus indias perpetradoras de la matanza.

3. ° Porque el no haber quitado la vida al mismo Félix Aldao, autor de las muertes que tuvieron lugar bajo la administración, de esos que perecieron en el Chancay, prueba que los hombres que le hacían la guerra no tenian corazones de venganza y de sangre, y que si respetaron su cabeza merecedora de muerte, no se concibe que entrasen en conspiraciones para deshacerse de personas menos influyentes, menos poderosas, menos audaces, menos culpables.

Por mas que haga Rosas, las muertes del Chancay no pueden imputarse sino á la cólera expontánea de los indios salvajes.

Muerte del Coronel Villafañe y once compañeros suyos — La República de Chile ha sido el puerto de asilo de los proscriptos por la guerra civil en las provincias argentinas de Cuyo, como la República Oriental lo ha sido á las que se elevan á la margen occidental del Rio de la Plata. — El coronel Villafañe con una comitiva de once hombres marchaba para Chile, de donde venia de regreso el Sargento Mayor Navarro con otros compañeros suyos. El primero huia de los que mandaban vencedores en las provincias de Cuyo, el segundo corria á reunirse á ellos por que eran sus amigos. Navarro y Villafañe se encontraron en una misma posada, y como era natural echaron mano á las espadas, y después de un combate tenaz Villafañe y los suyos sucumbieron á la pujanza y fortuna de Navarro y sus amigos. De este suceso ordinarísimo en las guerras civiles, ¿cómo puede sacarse argumento para acusar á un partido de asesinato?

El Mayor Navarro tomado tiempos después prisionero pollos tenientes de Rosas, y fusilado inhumanamente, ¿declaró acaso que su resolución de atacar, de vencer, y de matar á Villafañe,. le fué inspirada por algún partido político, por algún gefe militar, sino esclusivamente por la impresión del momento? Si Rosas de un modo villano vengó en el desgraciado Navarro, la muerte de Villafañe, ¿porqué pide mas espiacion aun, ni de quien tiene derecho á pedirla?

Villafañe era un gefe militar, que siempre hizo la guerra á muerte; que marcó con numerosos asesinatos, las escabrosidades de Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza y Córdoba; que era general superior á Aldao, cuando las matanzas del Pilar, perpetradas ante sus ojos, y que no las impidió. — Algunos estractos de su correspondencia publicada en Mendoza nos darán una idea de quien era este hombre, y de cuan legítimo derecho tuvo el Mayor Navarro, de desembainar la espada en cuanto le vio, de retarlo á duelo y exterminarlo.

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"Campamento en Mendoza. — Octubre 29 de 1828. — Ignore "quienes son los fusilados en estos últimos dias; pero sospecho que "no son todos de los de cogote. D. Félix se tira dos ó tres todas "las noches, pero no los conozco."

"Campamento, 30 de Octubre de 1829. — Han causado "muchas desgracias á la Provincia (los individuos que me reco- "mienda) y querían sumirla en un abismo. Se creía que ya ha- "bian mejorado de conducta, pero la desenfrenada y activa que "han observado en favor de los Unitarios, después del 10 de agosto "ha comprobado que sus resentimientos son implacables; y que "son aun mas contumaces que los mas empecinados Unitarios; "su existencia ha alarmado siempre los mas distinguidos de nuestros partidarios. Su destino es fusilarlos, con lo que se hará un "bien inconmensurable á la causa general."

Como respecto á la muerte de los generales Quiroga, Latorre y Heredia hablamos detenidamente en el capítulo consagrado i Rosas, nos permitirán nuestros lectores que los enviemos á él.