Sangre nueva : impresiones de un viaje á la America del Sud · Capítulo real 10 de 35
Capitulo IX
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
Capitulo IX
El Palacio del Gobierno. — Visita al General Roca. — El Viejo Pastor y el Zorro. — Haces de trig-o y luz de mag-nesio. — Visita á la Exposición Rural. — La ganadería arg-entina. — La lana de las vacas. — El General Mitre. — Recuerdos de España. — El Ministro Joaquín V. González y sus ideas directivas.
L ilustre general Julio A. Roca, Presidente de la República, se ha apresurado á concedernos la audiencia que hemos solicitado, señalándonos las dos de la tarde, en su despaicho de la Casa de Gobierno.
Hemos acudido con antelación á la Casa Amarilla, acompañados del Presidente del Club Español, D. Rafael Escriña. Nos ha recibido inmediatamente el Ministro de Negocios Extranjeros, Sr. Terry, encargado de hacer nuestra presentación al Presidente.
El Palacio del Gobierno Nacional Argentino fué bautizado con el nombre de Casa Rosada por Sarmiento, á causa del color de rosa que desde tiempo inmemorial ostentaran sus paredes. Sarmiento, que aspiraba á sajonizar la Argentina,
quiso remedar con ello el nombre de Casa Blanca de Washington, ansiando verla animada por el propio espíritu.
Este grandioso edificio ocupa el sitio histórico más notable del Río de la Plata, el que sirvió de base á la fortaleza que mandó levantar don Juan de Garay, en 1580, para defensa de la ciudad que fundara. Esta fortaleza, completada por otros Gobernadores, comprendía los edificios que habitaron las primitivas autoridades de Buenos Aires y más tarde los Gobernadores y Virreyes del Río de la Plata.
Caído el Gobierno de Rosas, se convirtió la fortaleza en Aduana, y el General Mitre, siendo Presidente de la República, estableció en este edificio el Gobierno Nacional. En tiempos del General Roca se dictó la ley de 22 de octubre de 1883, por la cual se autorizó la construcción del Palacio del Gobierno en aquel mismo lugar, aprovechando el edificio levantado para Correos en el ángulo sudoeste, cuyo estilo arquitectónico sirvió de norma al resto de la construcción, que fué hgada al ala primitiva por un grandioso arco central.
Este edificio monumental, á cuatro vientos, que abarca una superficie de más de nueve mil metros cuadrados, domina por completo el puerto, y se distingue desde lejos con su grupo de tatúas gigantescas, colocadas en la parte más :a del cuerpo central, representando á la Reibüca Argentina rodeada de la Agricultura, la
*^S^ Industria, el Comercio y la Ciencia, apoyadas ^n la fuerza al servicio de la Patria y en la Historia, que señala el pasado como enseñanza para lo porvenir.
El Ministro Terry, descendiente de Cádiz, pre- ^ sentónos al General, quien nos ha recibido con suma efusión, diciéndonos de buenas á primeras : « Deseo vivamente que en la Argentina se consideren en su misma patria ».
Julio Roca es un hombre de unos sesenta años, que conserva en su cutis la frescura de la juventud y en su mirada escrutadora la expresión de una energía que está lejos de declinar. Tiene lo que se llama ángel ; por su actitud descuidada, por su manera de hablar y, más que nada, por el halago especial de sus palabras, me recordó á Sagasta, al Viejo Pastor como le llamábamos .nosotros, muy parecido al Zorro, con que han bautizado á su Presidente los argentinos.
Como D. Práxedes, el General Roca ha contado siempre con dos factores para llevar adelante sus empresas : la maña y el tiempo, esto es, la habilidad del que sabe manejar el rebaño, y el movimiento de reacción ó el olvido que se produce siempre, con tal que le demos espacio para llegar. Es un gran conductor de hombres y tiene la fuerza sugestiva de la voluntad resuelta.
Al par de Sagasta, caracteriza su rostro cierto aire de tristeza propio de los que mantienen intensa vida interior. Se distingue de Sagasta en que, puesto en contacto éste con un pueblo en
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decadencia que no despertaba fe alguna en su espíritu, procuraba ganar tiempo y se valía de su astucia para evitar los males que entreveía, mientras el General Roca, en el seno de un pueblo joven, en cuyo porvenir tiene plena confianza, se impone para obligarle á marchar en sentido progresivo, y eleva ó inutiliza á los hombres políticos, según le ayudan ó estorban, para imprimir á la nación que se está formando el sello de la civilización moderna, dando así mayor eficacia á los esfuerzos de su gobierno puramente personal.
Es un Dictador que no lo parece, porque sabe mantener la ficción constitucional; pero en todas partes se encuentra su voluntad y un sometimiento expontáneo del pueblo á sus designios. Como Porfirio Díaz en México, el General Roca es un cacique civilizador. Su voluntad es ley, pero hay en él la voluntad de realizar el progreso de su país. Mientras Porfirio Díaz simboliza la antigua raza mexicana, la más culta de América, que parece reconquistar el suelo de sus progenitores por el esfuerzo de un hombre en cuyas venas se mezclan la sangre de los conquistados y de los conquistadores, el General Roca es el representante de los antiguos capitanes y de los modernos emigrantes, que consagra iefinitivamente el predominio de la raza euroea en la Argentina.
El General Roca realizó la gran expedición lontra los indios de la Pampa y abrió una ex-
tensión inmensa de territorio, en poder todavía de los aborígenes, á los emigrantes del viejo mundo.
La República Argentina es una de la3 naciones Americanas en que predomina con más fuerza la sangre europea. La población india, que en 181& se estimaba en 175,000 individuos, ha quedado reducida á unos 20,000, viviendo la mayor parte en los territorios del Chaco y de Formosa y un resto muy pequeño en la Patagonia y Tierra del Fuego.
De igual suerte que con los prodigios de la mestización va desapareciendo la raza criolla, los cruzamientos seguidos con los blancos borran de la fisonomía los rasgos indios, que se conservan indelebles en los países americanos donde no tiene fortaleza la inmigración caucásica.
La Argentina tiene sobre los Estados Unidos la ventaja de no ofrecer el problema negro.
A pesar de que la trata adquirió en Buenos Aires gran desarrollo, el clima templado y el contacto con una gran masa de población europea, fueron sin duda causa de que los negros se disiparan absorbidos ó destruidos en esta lucha etnográfica. El negro, en la Argentina, es un elemento decorativo ; generalmente, los Ministros y los altos empleados lo lucen á la puerta de sus despachos, vestido con lujosa librea.
El General Roca dio el golpe de muerte á la población india, que era un obstáculo para la
Ooínpieta colonización de la provincia de Buenos Aires. Y aquel mismo hombre que no vaciló en llevar la guerra de exterminici á las Pampas, porque ello implicaba un aumento en la riqueza y en el poder de la nación, después de haberse preparado perfectamente para la guerra con Chile, fué quien impulsó sin vacilaciones la paz, oponiéndose á la corriente popular favorable á la guerra, viendo claramente que, aun en el caso de triunfar, atajaba la marcha progresiva de la República. La mayor gloria del General Roca será la de haber comprendido que el aseguramiento de la paz era la principal victoria para la Argentina, así como también un triunfo para la América latina, que daba señales de haber llegado á la madurez.
Junto á la mesa del General se veían soberbios haces de trigo y de lino formando panoplia, que mostraban el estado de las cosechas en diversas comarcas de la República, y ponían en evidencia cuál era la preocupación de aquel Presidente, convencido de que la fuerza impulsiva del avance argentino radica en las entrañas del pródigo suelo.
Hablando con nosotros, recordó el General Roca, con íntima satisfacción, que su abuelo era catalán, hijo de Mataró, la perla de esa costa '^atalana donde continúa siendo familiar el nom-
re del Río de la Plata.
Estábamos conversando de las relaciones co-
lerciales con España, cuando entró un edecán
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y habló en voz baja al Presidente. Creímos todos que anunciaba ia visita de un diplomático y quedamos sorprendidos cuando, dirigiéndose á nosotros, exclamó el General:
— Ignoro si en España padecen ustedes la calamidad que nosotros sufrimos: el fotógrafo instantáneo.
— Algunos casos tenemos, repuso uno de mis compañeros.
— Hay uno en la antesala, que se empeña en sacar un grupo; de manera que, si ustedes no tienen inconveniente, nos someteremos al tirano.
— Cuando el Presidente de la República se allana tan fácilmente, ¿qué hemos de hacer nosotros?
Al instante estuvimos enfocados y con la amenaza del disparo de magnesio. No tuvo bastante con uno y hubimos de soportar dos.
El despacho Presidencial se convirtió en un Sinaí y no hubo más remedio que abrir las ventanas para dejar libre salida á la nube que nos atosigaba.
Despedímonos del Presidente, complacidos en extremo de su afable acogida, y al poco rato le saludamos en la calle en su coche particular, cuando dejaba el Palacio del Gobierno para dirigirse á su modesta vivienda, donde se sustrae todos los días á las preocupaciones del gobernante para hacer la vida del hogar tranquilo.
Al día siguiente, por la tarde, mientras visitábamos la Exposición Rural nos manifestaron
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que el General Roca acababa de llegar y había preguntado por nosotros. Salimos á su encuentro y se convirtió el Presidente en nuestro ciceroñe, haciéndonos ver y admirar los ejemplares soberbios de la ganadería argentina que revelan como el hombre moldea á su gusto los animales por medio de la selección de los tipos engendradores. La Exposición Rural hace veintisiete años que viene celebrándose en Buenos Aires, y en estos anuales concursos se ha ido manifestando gradualmente el mejoramiento de la ganadería argentina, por el constante refinamiento de las razas indígenas. Tanto ó más que el inmigrante europeo ha contribuido al adelanto y á la riqueza de esas Repúblicas el animal inmigrante: el toro, el caballo ó el carnero de superiores razas, pagados á peso de oro, que han traído de Europa los hacendados, para cr^ar razas nuevas á 'base de animales criollos, descendientes de los que aportaron los primitivos pobladores.
En esta obra de verdadera creación, en que el ganadero se nos presenta con rasgos de artista, armonizando los tipos de la belleza con los del superior rendimiento, se han conseguido resultados prodigiosos, de modo que se prevé la posibilidad, en tiempo no lejano, de concurrir en los grandes centros ganaderos del mundo con los reproductores de razas puras argentinas.
Aun cuando estas razas, por su nombre y por su anpecto, parecen razas genuinamente euro-
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peas, ya que el sedimento criollo se debe á los españoles y los actuales reproductores proceden de Inglaterra, Francia y otras naciones del viejo mundo, es de creer que el medio ambiente, los pastos y en general esa influencia misteriosa del suelo y de la vida, darán rasgos propios y cualidades distintivas á los Linconn y á los Rambouillet, á los Durhan y Herefort desarrollados á orillas del Plata.
El Presidente de la Sociedad Rural Argentina, D. Ezequiel Ramos Mejía, ilustró con sus explicaciones nuestra visita á la Exposición Rural. Precisamente aquel día funcionaban las desnatadoras de todos los sistemas conocidos en el mundo. La industria lechera, que es el mejor complemento de la ganadería, en pocos años ha conseguido un crecimiento asombroso. Cinco años ha, no se fabricaba manteca, y en tres años ha prosperado de tal modo la cremería, que se han exportado en 1902, cinco millones de kilos. Se ha realizado el anhelo de Ramos Mejía, quien en uno de sus discursos decía á los hacendados que era preciso también encontrar el modo de tonsurar á las vacas. Ya se ha encontrado el similar de la lana, y este millar Je cremerías instaladas en toda la República, no sólo constituyen un manantial de riqueza nueva, significan al par un factor de civilización. Por su medio se realiza la evolución fecunda de un país que eleva el primitivo pastoreo á moderna industria, agrupando á los hombres disemi-
-lanados en núcleos de cultura donde la fuerza muscular y el individualismo salvaje se truecan en impulso mecánico y en cooperación educadora.^ Asimismo el antiguo carneaje que inducía á sacrificar á una res por su cuero ó por un trozo de carne, retrocede á medida que avanza el frir gorífico, donde el gaucho sanguinario se convierte en obrero, y la matanza bárbara en industria refinada que auna las exigencias más severas de la higiene con los últimos adelantos de la física.
El lechero á caballo, casi siempre vasco, era un tipo popular en Buenos Aires; repartía á domicilio la leche traída de los tambos más próximos á la ciudad, en competencia con las vacas sueltas, moviéndose entre el barro ó el polvo ; .ahora los tamberos van cediendo el paso á los grandes establecimientos modelos, algunos de los cuales, como la Martona y la Marina, ordeñan 3,500 y 4,500 vacas diarias, contando aquélla más de 41 casas de venta en la capital, en las cuales se cumplen con rigor todas las ordenanzas sobre higiene. En Buenos Aires se consumen unos 200,000 litros de leche por día, y justo es que se procure que ese alimento sea servido en las mejores condiciones y no se transforme en peligroso como sucede muchas veces (1). Esas Tacherías modelo, limpias, recubiertas de már-
(1) La leche de consumo en Buenos Aires. Estudios bacteriológicos y químicos por el Dr. José Badia, Director del Laboratorio bacteriológico de la Asistencia Pública. 1902.
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mol y de estuco, atractivas á los ojos por su pulcritud y blancura, forman más adeptos que los predicadores contra el alcoholismo. Estoy persuadido de que por cada nueva lechería que se abre se cierran diez tabernas, teniendo un gran enemigo el vino y la cerveza en la leche. Bien hace la Intendencia Municipal en combatir por todos los medios las alteraciones y sofisticaciones de la leche, siendo como es un poderoso auxiliar de los grandes elementos de salubridad que ayudan á la vida de la población.
Nos despedimos del General Roca y del señor Ramos Mejía, encantados de aquella visión clara de la riqueza creciente del agro argentino, donde radica la substancia nutriz de la República.
Por la noche tuvimos el honor de ser recibidos por el anciano General Mitre, D. Bartolo, como le llaman familiarmente los argentinos. El Ingeniero D. Emilio Mitre, hijo del General y Director de La Nación, fué nuestro amable introductor. Vive el General en una casa contigua al edificio de La Nación, en la calle de San Martín, que le fué regalada por el pueblo cuando cesó en la Presidencia de la República.
Por delante de este edificio desfiló todo el pueblo de Buenos Aires al cumplir ochenta años el General, pagando así el tributo debido á la honradez acrisolada y al civismo que avaloran la vida de ese gran argentino, iniciador del progreso moderno de su patria. Como los generales de la antigüedad, el General Mitre ha sabido
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manejar con la misma destreza la espada que la pluma. La figura de Belgrano y la silueta de San Martín y de Bolívar surgen con gran relieve de las páginas de sus libros históricos, pródigos en documentos y datos más que en juicios.
El General Mitre nos dio acogida en su famosa biblioteca, notable no sólo por la cantidad sí que también por la calidad y rareza de varias de sus obras. Con el Senador D. Estanislao S. Zeballos comparte el Greneral la especialidad de los libros raros sobre América, que conservan como preciadas reliquias, exhibiéndolos en hermosa competencia.
El General Mitre es alto, enjuto de carnes, de rasgos fisonómicos pronunciados, como de rostro adecuado para el cuño. Recuerda su perfil el de Wagner, habiendo sido trasladada al lienzo su imagen por dos grandes pintores españoles: Raimundo de Madrazo y Francisco Domingo. El retrato de Madrazo ocupa preferente lugar en el despacho del General, y el de Domingo, que fué pintado por encargo de los admiradores del General, no ha sido entregado todavía á se destinatario yo no sé^or qué dificultades.
En los armarios de la biblioteca del General Mitre yacen documentos de innegable valor para la historia argentina, no sacados todavía á la luz por referirse á hechos demasiado recientes, y á hombres no juzgados todavía, pero que serán materiales codiciados de los futuros historiado-
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res. Especialmente cuanto hace referencia á su persona allí está, por honroso que sea, guardado y oculto, al extremo de que tan sólo cuando fué injustamente atacado por los diarios brasileños, estando nosotros en Buenos Aires, al hablar de la malhadada guerra contra el Paraguay, exhumó documentos que acreditaban por completo su irresponsabilidad en un acto desgraciado de la campaña que imputaban á su voluntad. Durante el transcurso de tantos años no había querido justificarse, asumiendo, como buen compañero, la responsabilidad colectiva.
Hablónos Mitre de los generales españoles que lucharon con los caudillos de la Independencia, y á este propósito nos decía : « Aseguro á ustedes que me causan asombro y admiración las hazañas de esos generales españoles, abandonados, solos, sin recursos, en un país enemigo, luchando con esa perseverancia y valor que les convierte en héroes. Pezuela, Tristán, Ordóñez y otros, á medida que transcurra el tiempo, son figuras que adquirirán proporciones y ocuparán el primer término en las jornadas de la epopeya americana. En mis libros he procurado hacerles justicia, guiándome por la imparcialidad que obliga á reconocer las cualidades y las proezas de los enemigos ». ,
Recordando el General su estancia en España, que le fué sumamente grata, nos contó una anécdota que quiero consignar. « A los dos días de haber llegado á Madrid fué á verme el Secreta-
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rio de la Real Academia de la Lengua, siendo portador de un ejemplar de la última edición del Diccionario que acababa de publicarse, con una dedicatoria muy expresiva y cariñosa del Conde de Cheste. No pude menos, dijo Mitre, que expresar mi extrañeza por tan singular prueba de personal estima, mucho más teniendo presente que,* con motivo de la traducción de la Divina Comedia, había dado un feroz varapalo al Conde, que no tenía en verdad motivos para guardarme buenas ausencias. Entonces el Secretario repuso: El Conde de Cheste no ha olvidado la crítica acerba del General Mitre, que le dio una estocada con su pluma, pero el Marqués de la Pezuela no olvidará nunca la manera cumplida é imparcial como el historiador D. Bartolomé Mitre trata á su padre el General Pezuela, en sus campañas de América, y vayase lo uno por lo otro ».
En realidad, hubimos de replicar nosotros, fué usted, General, tan justiciero con el padre como con el hijo.
El General Mitre goza de una autoridad inmensa: los juicios de La Nación, inspirados en el criterio del General, pesan en la marcha de los acontecimientos. La acción fiscalizadora de este gran Diario ejerce marcado influjo en los hombres y en las cosas de la Argentina, por la confianza que á la opinión merece.
Por medio de La Nación se comunica con todos sus conciudadanos el espíritu del General Mitre,
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libre ya de las ambiciones del Poder que infunden recelos y desconfianzas, prestigio consagrado que reina moralmente en su pueblo. Por dichosa puede darse la nación que cuenta en su, seno con una personalidad indiscutible, alejada ya de las luchas por la posesión del Poder, cuyos acentos patrióticos y desinteresados puedan servir de orientación en los supremos momentos de una crisis ó de freno á los vicios de los gobernantes y de las multitudes.
Al día siguiente, pudimos apreciar los méritos de otro hombre público que es el representante de la nueva generación: el Doctor Joaquín González, Ministro del Interior. Fuimos presentados á él por nuestro buen amigo el Doctor Atienza y Medrano, Presidente de la Asociación Patriótica Española, español de buena cepa, escritor cultísimo que así en la prensa como en la cátedra ha alcanzado merecida buena fama- El Doctor González nos invitó á una comida íntima, en el Restaurant Sportman, en la cual fué el mejor plato la conversación, amenísima y caldeada como de antiguos camaradas. Daban carácter á la fiesta los aires populares argentinos que ejecutaba la orquesta, y las figuras graciosas y los pasos cimbreantes del Pericón Nacional que nos brindaba el cinematógrafo.
El Doctor González, joven todavía, es el hombre civil que ha llegado al Poder por el valimiento personal, impulsado por su cultura, entre los que todavía deben principalmente su
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prestigio á los hechos militares. Llegó de la lejana provincia de la Rio ja, llevando profundamente grabada la imagen grandiosa del Famatina, á cuya falda se asienta su pueblo, con sus cúmulos de nieves seculares; y, joven aún, es un triunfador que lo debe todo á su energía intelectual. Liga al entusiasmo por la República el amor entrañable á la tierra que le vio nacer, fortaleciendo así con el sentimiento la idea de autonomía en que se basa la organización política de la Argentina. Una de las tradiciones que aviva su gratitud á España es la de libertad municipal, la de esos cabildos que parecían Repúblicas perfectas dentro ds una monarquía de hierro, que duraron en América cuando ya el absolutismo de la Casa de Austria había hecho tabla rasa de ellos en la metrópoli, manteniendo el espíritu de independencia que preparó la emancipación definitiva de las diversas naciones americanas.
El Doctor González, que ha sido Ministro de Instrucción Pública, y que lo es ahora del Interior, empuja justamente las dos fuerzas más pujantes para asegurar lo porvenir de la nacionalidad: la tradición y la cultura. « Desconfiemos, dice en su hermoso libro La Tradición Nacional, de ese patriotismo convencional que se adquiere con el cerebro y que no reside en el fondo del alma como un elemento de vida». Ansia para su país la formación consistente de una tradición nacional, engendradora del senti-
tniento nacional, la primera y más viríí manifestación de la unidad social, de la fortaleza de los vínculos políticos y morales, de la vitalidad de un Estado (1).
En Joaquín V. González encontramos al hombre plenamente reconciliado con el pasado. Nacido al pie de la gigante cordillera que sirvió de arrimo á los quichuas y á los incas, educado en la Universidad de Córdoba, que guarda aún el ambiente de la época colonial, sumergido en la ciudad abierta á las corrientes de la vida moderna, siente el perfecto enlace del remoto pasado con la América de la conquista, y al propio tiempo es un espíritu preparado para labrar el progreso futuro de su pueblo.
Pertenece á una generación que no presenció los hechos sangrientos de la Independencia ; hombre de estudio , sabe apreciar la grandeza de la civilización que desapareció con la Conquista, y logra descubrir en las modernas Repúblicas la fusión de las razas nativas con los pueblos invasores, sediento de una literatura y de un arte que esculpa en el bloque informe que hoy ofrece la epopeya americana, las estatuas y los relieves que consagrarán en formas inmortales su confusa grandeza.
Por esta causa se compaginan en su alma el culto á la civilización primitiva, lleno de piedad, con la admiración á los españoles, mez-
(1) Joaquín. V. González, La Tradición Nacional. Buenos Aires, Félix Sajonane, 49, Calle del Perú, 1888.
-nielada de perdón, sintiendo latir en sus véiias id sangre y las ideas de dos pueblos que se fundieron en la lucha, animados por la misma tradición heroica y el propio anhelo de dominación. Llevado por el hondo afán de crear patria, contempla los hechos siniestramente grandes de la anarquía desatada por la Independencia, como fuerzas horribles que presiden á la formación de las nacionalidades para encarnar el instinto social y el amor de la tierra que, al sanearse la atmósfera, son la firme base de los Estados y de los Gobiernos.
Ese amor entrañable al pasado sírvele para mirar resueltamente al porvenir, seguro ya de la existencia de la patria. Y, perfecto conocedor de los resortes que han levantado á los pueblos, cifra todo su afán en imprimir energías directivas á la enseñanza nacional. En la escuela debe mantenerse el calor del patriotismo, y al mismo tiempo la afición y la aptitud para el trabajo, considerándolo como el solo medio capaz de hacer la felicidad posible de los hombres en su hogar y en su país. Sabe descubrir el más grande peligro nacional, en la aversión ingénita de todos al trabajo individual y directo, en este afán de consumir y de no producir bastante, que induce á los más á buscar en el estipendio fijo y en la oficina pública la solunón del problema de la vida (1). El mal de la
^i) J. V. González, Ideales y Caracteres. — La Plata (1903), pág. 32.
retórica en que se consumen tantos pueblos de nuestra raza le lleva á querer transformar la educación nacional, dando orientación científica á la enseñanza clásica y carácter positivista á la instrucción, á fin de crear hombres aptos para la vida, que se presten á la acción independiente, tan fecunda y esencial en un país que se está elaborando.
Ofrece Joaquín V. (ionzález el tipo de un castellano viejo, con el hablar dulce y pausado de los argentinos del Norte, que son los meridionales de la República. Su grave semblante se contradice con la gracia sutil de su palabra, que traduce la sonrisa interna del que vislumbra el aspecto risible de todos los hombres y de los hechos. Asombra lo que lia producido en medio de los quehaceres de la política, de la cátedra y del bufete.
El conocimiento de estos tres hombres nos ha hecho apreciar los elementos que cooperan al porvenir de la Argentina. Mitre es el recuerdo glorioso, el prestigio intachable que sirve dé ejemplo y de moderación; el General Roca, la realidad presente, el hombre que ha trazado el camino para llegar á las alturas; Joaquín V. González, la esperanza risueña, el porvenir que se anuncia con los esplendores de la cultura y del trabajo, alejándose de la violencia para aproximarse al ideal de justicia, que es la mayor fuerza civilizadora de los pueblos.