Sangre nueva : impresiones de un viaje á la America del Sud · Capítulo real 14 de 35

Capitulo XIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

Capitulo XIII

Hacia Roldan. — El Doctoi* Toribio Sánchez y su estancia Santa Rosa. — Aparición de la Pampa. — Liebres vizcachas y hormigas. — Los basureros del campo. — Los gauchos. — Sus nombres y apellidos — Misticismo de sus canciones. — La guitarra, el facón y la taba. — Spartan 6.°, el Buey Apis de Santa Rosa. — Doma de potros. — El descorne. — Comida criolla'servida á la parisién. — La Biblioteca del Doctor Sánchez.

üMPLiENDo el programa trazado por nuestros obsequiantes, á la mañanita salimos para Roldan, estación del Central Argentino. Nos aguardaba allí el Doctor Toribio Sánchez, con coches y caballos suficientes para la numerosa comitiva. Toribio Sánchez, discípulo de nuestro Letamendi, á cuya memoria rinde verdadero cuitó, es un donostiarra que comenzó en médico y ha terminado en estanciero, llevando su gran cultura de hombre de estudio y su voluntad resuelta de vasco, á la transformación del campo argentino. Ejerció algunos años la profesión de médico en el Rosario, con sumo aprovechamiento, pero las circunstancias le hicieron poseedor de

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una gran extensión de tierra, y sin vacilaciones renunció al ejercicio de su carrera. Es el tipo del landlord inglés, que vive en su castillo, dirigiendo la explotación de sus tierras.

El Doctor Sánchez ha construido en su estancia Santa. Rosa una magnítica mansión, en que están previstas todas las comodidades y atractivos para^ hacer la vida agradable en las horas de descanso.

Ante nuestros ojos se ofrecía por vez primera la llanura incomensurable, la planicie ilimitada con horizontes de plena mar, conocida con el nombre genérico de la Pampa. En medio de su monotonía y de su tristeza, despierta en el alma la sensación de lo grande, sintiéndose los ojos poseídos por aquel inmenso círculo que en todos sus puntos es el centro de otro círculo exactamente igual.

Los coches y los jinetes, por la ancha vía limitada por los alambrados, iban al galope, deteniéndose al llegar á la primera tranquera de la estancia Santa Rosa. Allí nos aguardaba, á caballo, el alto personal de la estancia y un rodeo de novillos que alegraban los ojos con su aspecto cuidadoso y su hermosa corpulencia. Vimos allí separar las reses por medio de las acometidas Üel jinete, que aparta á su voluntad al más indómito ganado, y contemplamos la se-

uridad con que se logra el súbito derribo de la

es, con la boleadora lanzada á distancia, lu-

iendo admirable destreza.

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Emprendimos luego ¡una excursión por la estancia, que tiene seis leguas y media, ó sean 17,750 hectáreas, con diez puestos, sustentando 10,000 ovejas, 7,500 vacunos y 600 yeguarizos.

Las liebres saltaban á manadas, delante de ios caballos. Hace poco tiempo no se conocían aquí las liebres, y un estanciero alemán trajo una pareja, que fueron el Adán y Eva de este paraíso, del cual será difícil ya que arrojen á sus descendientes. En medio del campo yacen restos de animales y blanquean los huesos de las carroñas, que descarnaron completamente las bandadas de caranchos y chimangos, los perfectos basureros de la campiña, que levantan el vuelo cuando pasamos cerca, para dejarse caer nuevamente, apenas nos alejamos, sobre la carne putrefacta.

De vez en cuando entorpecen nuestra marcha grandes montones de tierra removida ó profundos hoyos en todas partes abiertos, obra de las vizcachas y las hormigas, los dos grandes transformadores del suelo, que cavan gratuitamente extensiones inmensas, preparando los campos para el inmigrante. Según el Doctor Vialet y Massel, un catalán muy notable, de quien tendremos ocasión de hablar, si aquí no hubiese hormigas y vizcachas habría que traerlas, siendo como son colonos que trabajan de balde á beneficio de la colectividad.

A la hora del almuerzo, en una tienda de campaña cómodamente dispuesta, pudimos alternar

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con los gauchos, mestizos de español é indio. cuyas aptitudes y prácticas se avienen perfectamente con las exigencias de la ganadería primitiva, preparando la evolución agrícola que reclama al inmigrante.

En el gaucho, con la mezcla de las dos sangres, se ha juntado el espíritu señoril de los conquistadores con la independencia salvaje de los nativos. Pregunté por sus apellidos á los presentes y anoté los siguientes : Reinoso, Palacios, Gallardo, Arias, Martínez Taborda, Ramallo. Es digna de mención la particularidad de que los nombres propios son casi todos de mujer, por ejemplo, Rosario, Carmen, Dolores, obedeciendo quizás á Ja devoción que guardan á la Virgen. No usan nunca el imperativo y ordenan rogando: «¿Por qué no agarras tal cosa?» No blasfeman ni emplean malas palabras, no usando tampoco el tú en el tratamiento. Cuando son íntimos amigos se llaman .con las voces : che, vos, hermano.

Fijándome en estos detalles, me pareció sorprender las supervivencias de la antigua dominación, que obligaba á los indígenas á un gran respeto y á veces á una perfecta disimulación; mucha suavidad en la frase y crueldad en la intención. Por otra parte les rebosa el señorío de la sangre castellana. Ese tipo mestizo, genuino Centauro, tan aproíado á la vida semibárbara del campo america- 0, se encuentra en todas partes donde llegaron

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los conquistadores y colonizadores españoles. En la Argentina se llama gancho; en Colombia, llanero; en Chile, roto, y en Cuba, guajiro.

Hablamos con un gaucho de 75 años, al cual los indios robaron su jaiujer en este mismo campo hace 35 años, habiendo sido rescatada por las tropas. Lástima fué que no pudiese trasladar íntegramente al papel, su descripción entrecortada é incoherente : « En la estancia Copa Cabana, nos dijo, el martes de Pascua... una invasión grande... más de tres mil indios. Al saltar el sol, me robaron los caballos, y al llegar rancho... vi como indios llevaban mi mujer».

La guitarra es la compañera inseparable del gaucho, con el facón y la taba. La guitarra es la evocadora de sus ensueños; el facón el arma de sus pasiones y la taba el instrumento de sus vicios.

Entre los gauchos, hay grandes payadores, glossadors, como les llaman en Mallorca. Desde luego atrae al observador el carácter místico y triste de sus canciones. De las que oí aquel día, quedaron en mi memoria estos fragmentos: Cosa triste es el nacer

Todo es mentira en el mundo sólo la muerte es verdad

Nacimos para pecar después de pecar, morir

porque habremos heredado de nuestros padres primero.

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Su sabor clásico y su perfecta estructura hacen sospechar que no han nacido aquí la mayor parte de estas coplas, pudiendo muy bien ser que formasen parte de las obras de nuestros místicos, transmitidas por los misioneros que encontraron terreno abonado para ello, en el alraa melancólica de los indios.

El Doctor Sánchez, á quien acribillaron á coplas dedicadas á sus bondades, con un simple gesto ponía en movimiento á aquellos hombres, pendientes de sus ojos. Es una gran condición la de ser médico para hacerse respetar y querer de aquella gente, á la que asiste en sus enfermedades el Doctor, que se ha impuesto la obligación de ser el médico en su estancia.

De todos modos, el Doctor Sánchez nos decía que con amable trato se puede conducir á esos hombres á donde quiera. La soberbia ingénita les hace incompatibles con el mando despótico, al par que la sangre india les convierte en vasallos del que aparece como verdadero señor en lodos sus actos. El saber conducirlos es cuestión de tacto, advirtiendo que bien llevados resultan excelentes trabajadores.

Aquel día para los gauchos fué de fiesta mayor. Quedé sorprendido, á nuestra llegada, viendo como yacían en los troncos colocados S(Obre el rescoldo, doce corderitos, y más allá como se

saban los enormes pedazos de vaca con cuero,

^e forman el plato nacional argentino. Sin

uerer recordábase la descripción famosa de

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Cervantes, al ponderar las célebres bodas de Camacho.

Después del almuerzo nos fué exhibido Spartán 6.0, toro blanco premiado en la Exposición Rural de Buenos Aires, en 1901. Con su anillo de hierro en la nariz, sigue mansanuentie á su conductor, y luce en variadas posturas los signos distintivos de su raza (Durhan). Ha dado ya ochenta hijos á la estancia: es el Buey Apis de Santa Rosa.

El Doctor Sánchez lo compró en 5,000 pesos y á los 18 meses pesaba ya 800 kilos. Hubiese valido mayor suma, á no ser blanco, pues entre los gauchos, que es como decir en el campo argentino, hay prevención contra los animales blancos. Se les supone más débiles y se les considera atrayentes á la electricidad. Cae un rayo en una estancia, dicen, y mata al caballo blanco.

Hicieron desfilar luego las manadas de potros salvajes, y vímosles correr como locos, dominados por la cuerda, al ser enlazados á campo libre por el boleador á caballo.

Después presenciamos como el caballo enlazado por el cuello, lo era por los pies y una vez pielado, caía al suelo indefenso, á disposición de sus domadores. Pusiéronle en seguida el bozal con las riendas y el bocado (que reemplaza a] freno). Una vez aderezado, le dejaron libre, y apenas estuvo de pie, un fornido joven, hijo del capataz de la estancia, se sentó en sus lomos.

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Al sentirse encima el jinete, la furia del caballo no tuvo límites y fueron vanos sus desesperados botes y saltos para despedirlo. Caballo y jinete eran de una sola pieza. El muchacho tironeaba de las riendas para doblarle la boca, y el caballo corcoveaba y corría entre dos caballos que refrenaban sus ímpetus, convertidos en brete moviente. El capataz montaba uno de estos caballos, no abandonando un momento á su hijo en aquel grave apuro.

Después de haber visto el apartado de los to-, ros, que se realiza por medio de un brete, en el cual se obliga á entrar al toro, recibiendo allí la marca, asistimos al peso de los animales, que se verifica por medio de una báscula, modificada por el Doctor Sánchez. Un sistema de doble puerta en un callejón, fuerza al ganado á pasar por el sitio donde está la báscula, pesándolo al desfile.

Una de las operaciones que más me interesaron, por constituir una novedad para mí, desconocedor de la ganadería moderna, fué el descorne de los novillos. Está probado por la experiencia que el descorne facilita extraordinariamente el engorde del ganado, quitándole fiereza. Además, con ello se abarata el transporte, por el menor espacio que ocupan en los vagones y '^n las bodegas las reses, pudiendo manejarlas

lucho mejor sin que se causen daño.

Para lograr el intento, se inmoviliza la cabeza

1 novillo en una especie de cepo y material-

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mente se poda el cuerno. Antes se verificaba la mutilación cuando el novillo tenía ya los cuernos pronunciados, pero ahora suele hacerse cuando apenas apuntan, destruyéndolos con la sosa cáustica. En los Estados Unidos se ha conseguido obtener luego, por herencia, una raza de toros descornados.

Esta innovación en la ganadería no podía menos que sugerirme la idea de que nosotros marchamos hacia un ideal contrapuesto, reñido con los anhelos de la zootecnia moderna. Todo nuestro empeño se cifra en criar toros salvajes, de afilados cuernos, mientras aquí consiste en amansar los toros bravos, suprimiendo las armas de su fiereza. Nunca por el primer procedimiento se conseguirá engendrar animales como el Spartán 6.0, que vale más que seis toros de corrida. Los pueblos avanzan y progresan no sólo educando é instruyendo á los niños, sino amansando á las fieras. Por esto las grandes colecciones zoológicas son un marcado signo de progreso en las ciudades, y las plazas de toros, con sus espectáculos sangrientos, constituyen un indicio evidente de atraso.

Bajo la blanca tienda nos fué servido el almuerzo en vajilla de Sajonia y cristal de Baccarat, con prohibición de brindar, lo cual aumentó los encantos de la mesa. Como dijo Zulueta, fué aquella una comida criolla servida á la parisién. El asado con cuero no llegó á entusiasmarnos, (i Que no me oigan los argentinos I)

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Una nueva sorpresa nos esperaba en la mansión del Doctor Sánchez, y fué su nutrida biblioteca. Más de cuatro mil volúmenes escogidos, brillando en primera línea las obras de los autores españoles contemporáneos, pregonaban la atractiva sociedad de que puede rodearse un hombre en medio de la soledad de un desierto. Allí estaban los últimos libros publicados en Europa que aportaban al Doctor Sánchez las irradiaciones de los cerebros más poderosos del mundo, proporcionándole el mayor goce que anhelaba para sus ratos de ocio, que no eran muchos, con levantarse todos los días al amanecer para recorrer á caballo toda la estancia y vigilar personalmente las tareas de sus numerosos hombres.

Al dejar Santa Rosa, no pudimos menos que pensaren el influjo extraordinario que ejerce un hombre como el Doctor Sánchez en un territorio recién salido de la barbarie. Sin violencia, por el predominio moral de la cultura y de la educación, gana la voluntad de los hombres indómitos que perduran allí, aun después de haber desaparecido los indios y las fieras. Dentro de la actual colonización, la superioridad moral no está precisamente en la fuerza física y en la voluntad, que sirven de mucho, sino en el mayor nivel intelectual que centuplica los recursos de la acón é induce á un trato humano y considerado ra los humildes, acrecentando su fuerza coo-

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paradora. Un hombre instruido y educado como el Doctor Sánchez, puesto en la obra colonizadora, irradia cultura en el campo y abre camino seguro á la legión de emigrantes que sin cesar avanza.