Santander · Unidad 134 de 158
Unidad 134 · ALBINO
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ALBINO
ANORVM
TVR^ÑP
NI^ PA
(2)-
(i) Llórente Fernández, Op; cit. pág. 39.
i 2) El señor Llórente Fernández la transcribe en estos términos :
«^LIO
ALBINO
ANORUN
TREM
EIL^ PA
que quiere decir: ^Elio Albino annorum septuaginta quinqué irem Eilae pa —.» «Esto significa,— añade, — Elio Albino, de setenlay cinco años, padre de Eilo (Luisa).» — «Varias cosas, — prosigue, — llaman la atención en esta lápida. w «Primero se nota que al lapidario se le olvidó escribir en su sitio la primera sílaba de Patrem^ y salió del apuro poniéndola al final de la inscripción con su guioncito.» «En segundo lugar i quién era Elio Albino, que hace toda su apología con titularse padre de Eilo ó Luisa? ¿Y quién fué esta Luisa?» (Op. cit. pág. 39). Para nosotros, ni existe el olvido del lapidario respecto de Patrem^ pues en el hacinamiento de letras de la quinta línea no dice TREM, ni hay tal EIL.E ó Luisa en el sexto, ni hemos visto el guioncito de Pa-, el cual sobre ser impropio y no usado en los epígrafes latinos, acusaría de falso este de Lebeña. Si el estado de la piedra lo consintiese, y fuera dable examinarla desprendida del muro de la Ermita, la cual sirve de escuela al propio tiempo, no sería difícil acertar por completo con la leyenda, aun supuesto su estado fragmentario.
CAPITULO XXII
Ds Lebeña á Potes. — El Monte Vindio. — Hojedo. — Su iglesia de San Sebastián. — Potes. — Sus recuerdos históricos. — Sus monumentos. — Piasca. — Restos del Monasterio dúplice benedictino de Santa María.— La iglesia. — Santo Toribio de Liébana.
ESDE que en Lebeña la carretera cruza sobre sólido puente el caudaloso Deva, — el panorama, sin cambiar sustancialmente de naturaleza, adquiere distinta fisonomía sin embargo, abriéndose á poco el terreno, y presentando con frecuencia valles y tierras cultivadas, y en las quiebras y en las pequeñas escalonadas alturas, que acompañan el camino, mesetas y bancales de viñedo, mieses lozanas, diversas especies arbóreas, y siempre, y de todos lados, como obligado fondo del paisaje, las cumbres altísimas de las montañas, recortando sus peladas crestas caprichosamente sobre el cielo, azul y límpido, cual en
ninguna otra parte de la provincia, y allá á lo lejos, cubiertas de blanca y eterna nieve, sobre la cual reverbera la brillante luz solar, dándoles la entonación y los cambiantes irisados del nácar, sobre todo en los picos del Coriscao. Atrás quedaba la imponente cordillera de las Peñas, distinguiéndose, á la izquierda del río, el pueblo de Castro-Cillorigo, cabeza del distrito municipal, al cual, con Bejes, pertenecen Cabañes, «escondido allá en la altura, Pendes, con una casa-torre señorial... Otero, casa rica, con capilla, que contiene una buena imagen de Nuestra Señora de los Dolores», y detrás de una loma, «el pueblo de Colío, donde el general don Juan Díaz Porlier estableció un colegio de cadetes durante la guerra de la Independencia», y donde existe, «si no ha desaparecido hace muy poco», cierto enebro de tan colosales dimensiones, que hacen sospechar sea su antigüedad prodigiosa (i).
Detrás de Colío, «en situación más alta, está Viñón, con una iglesia dedicada á San Pedro y fundada», al decir de los escritores del país, allá «en el siglo ix, año 8i8, por el presbí^ tero Propendió y la devota Nonina», cuyas virtudes les hicieron dignos de «ser después de su muerte, puestos por la Iglesia en el catálogo de los santos». El nombre de este pueblo «(VinnioNE en los documentos antiguos del... Cartulario del Monasterio de Santo Toribio, Vinnión después, y luego Vtñón)», involuntariamente trae á la memoria aquel famoso Monte Vindio, de tanta nombradía en las guerras cantábricas, monte escabroso y de increíble altura, según Plinio, donde los antiguos cántabros, amantes de su independencia, lucharon con las legiones roma-
(i) El señor Llórente Fernández consigna respecto de este árbol las siguientes notables circunstancias: «La circunferencia de su tronco, junto al suelo,— dice,— mide 5'"70, ó sean 20 pies y 4 pulgadas». «Á la altura de ó'^ay, que son 22 pies y medio, uno de los brazos en que se divide el tronco tiene qo centímetros, es decir, i vara y tres pulgadas de circunferencia; y otro brazo, á la altura de 8'"7 5, ó sean 31 pies y medio sobre el suelo, tiene 12 pies y 7 pulgadas, ó lo que es igual, 3^52 de circunferencia». «Estas dimensiones son notabilísimas, pues el enebro se desarrolla con extraordinaria lentitud; por cuya razón el de Colío,— concluye,— debe tener prodigiosa antigüedad» {Recuerdos de Liébana, pág. 49).
ñas, fatigándolas, asediándolas, confundiéndolas, y haciéndose invencibles desde aquellas alturas sin acceso; y allí está, con verdad, con sus venas metalíferas, «conservando aún el mismo nombre que cuando él y toda Liébana sirvieron á los cántabros de fortísimo asilo, en que los ejércitos de Roma no pudieron penetrar» nunca. En balde, por seguir á Garibay y al P. Mariana, moderno escritor ha pretendido, alterando la geografía y la historia, y sediento de fama para su patria, — llevar unas veces al monte Hirnio ó Hernio de Guipúzcoa, y otras á la celebrada Peña de Orduña en Vizcaya, el mons Vindius lebaniego (i): inconmovible y permanente, allí, para guardar en sus sinuosidades recónditas los secretos de los siglos, allí se levanta majestuoso y firme, como padrón eterno de gloria para los descendientes de los cántabros.
Siguiendo la carretera, y entre «los sembrados de trigo, de cebada, de maíz, de garbanzos y otras legumbres», entre «las huertas de frutales» y los «extensos viñedos» que, alternativamente se presentan, «desde lo más hondo del valle hasta lo más alto de las montañas, sin que á los múltiples matices de verdura, que tiene el terreno cultivado, falte la sombra de los grandes bosques y el claro-obscuro de las nevadas cimas y profundas vallejas de la Peña», — se encuentra el pueblo de Tama, «con un buen puente de piedra sobre el Deva, construido en el siglo xviii á expensas del Corregimiento, ó Bastón de Laredo, según expresa una inscripción en piedra junto al puente», afirmando los escritores locales que «señor de ese pueblo era Emmanuel, que acompañó con sus gentes á Pelayo, cuando de Liébana salió aquel héroe para luchar con los moros en las Asturias de Oviedo (2)». Claro está, lector, que la afirmación habrá de parecerte peregrina; pero no repares en ella, y sigue adelante, por el an-
(1) Trueba, E/ Lz&ro de las Montañas; Cuentos de color de rosa. Véase cuanto acerca del particular expresa el señor Llórente Fernández en las págs. 50 á 5 5 de sus Recuerdos de Liébana.
(2) Llórente Fernández, Op. cit., pág. 62.
tiguo Concejo de San Sebastián, al cual correspondían Aliezo, Llayo y Hojedo, «todos en sitios pintorescos», y encaramado el último á la izquierda del camino por las estribaciones cultivadas é irregulares de los montes. Propio del ayuntamiento de CastroCillorigo, en el feraz valle de este nombre, — por él pasa la carretera de Falencia, y en él empalma la provincial que marcha á la inmediata villa de Potes, con que confina el término de Hojedo, la cual carretera, que hoy llega hasta Camaleño, con ocho kilómetros de desarrollo, ha de hallar término cuando Dios quie ra que el proyecto sea en su último trozo estudiado, en el apellidado Alto de Remoña.
En este lugar humilde, que autorizan sin embargo, blancas y risueñas, algunas casas modernas y de dos pisos, saliendo curiosas á enterarse de cuanto ocurre y de quién transita por la referida carretera, — vamos, lector, á detenernos un punto, que bien lo merece su Iglesia de San Sebastián, por más que no sea fábrica de tan subidos quilates como la de Santa Maria en Lebeña, ni brinde acaso á tus ojos con importancia suficiente para ello. Levantada á un extremo del pueblo, allí la tienes, tan humilde en su exterior como él lo es, tan pequeña y tan pobre, que apartarías de ella la vista con menosprecio, cual la hubieras apartado del edificio erigido por el conde Alfonso y su esposa la condesa Justa en la mencionada Lebeña á principios del siglo x; aislada está en medio de los viñedos que la cercan, con sus rojizas cubiertas, sus blanqueados muros, su porche ó atrio apuntado, pero vulgar y miserable; mas si te aproximas á ella, si te detienes ante su portada, abierta bajo el porche, advertirás no sin deleite que las apariencias engañan, y que á despecho de lo tosco de su atavío y de su misma exigüidad, no es ni mucho menos monumento despreciable, según lo revelan en la portada, primero la estructura, luego la periferia del más exterior de sus arcos concéntricos, la cual es ajedrezada, y lo acreditan con los demás volteles, los restantes miembros arquitectónicos, que habrán allí de maravillarte, y que proclaman por eficaz ma-
ñera los prodigios que en medio de la pobreza general de los pueblos, obró la fe levantando en la XII. ^ centuria templos por todas partes, donde los fieles pudieran congregarse y levantar su corazón al cielo.
De fuste corto son las columnas que soportan la portada, coronado el de la izquierda, sobre funicular collarín, por entrelargo capitel de ancho cimáceo, todo él cubierto de tan menuda y apretada labor reticular en relieve, que semeja dedal gigantesco, mientras el capitel del fuste de la derecha se muestra decorado en su mitad superior por tres grandes ramos compuesto de flores tetrafoliadas de marcadas venas, y en su mitad inferior, surgiendo de la flocadura que separa ambos cuerpos, por aplastada cabeza humana, que finge con la abierta y descompasada boca sujetar el fuste. Tres grandes y amplios arcos, á distancias convenientes, reciben en dos vertientes las vigas de la cubierta, dividiendo el sagrado recinto en dos tramos, fuera del de la Capilla Mayor ó presbiterio: descansa el inferior, á los pies de la iglesia, sobre machones cuadrados, y mientras el intermedio apoya sobre capiteles, uno de los cuales, el de la derecha, se ofrece exornado sencillamente por los clavos de la Pasión, en pronunciado relieve, — el que podría llamarse arco de triunfo se ostenta con análogas condiciones, y si bien no es dado ya distinguir la ornamentación de sus capiteles, todo induce á creer que en ellos debieron ser entallados los restantes atributos de la divina Pasión de Jesu-Cristo, ostentando la basa de la columna de la derecha un castillo, y labor reticular la de la izquierda.
Reducida es la Capilla Mayor, á cuyo lado del Evangelio se abre en el muro, desdichadamente pintada, la puerta que da paso á la sacristía; puerta que, aun con su archivolta formada por resaltado baquetón, en su interior ornado por dientes de sierra contrapuestos, á manera de puntas de flecha, aun con sus capiteles cúbicos con cuatro dientes, y aun con su singular aspecto, — no es lo suficientemente poderosa para distraer tu atención del hermoso retablo del siglo xvi sin duda alguna, que ocupa el tes-
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tero de la Capilla. Hállase formado por doce tablas, representando escenas de la Vida y Pasión del Salvador del mundo; y haciendo semblante de ser obra italiana quizás, no falta de mérito, bien que no de superior importancia, — muéstrase cerrado por ancha orla general, calada y de resalto, enriquecida de jarrones, vástagos, vichas y otros elementos propios todos ellos de la era renaciente, con lo cual se acredita el supuesto antes indicado, por más que en su conjunto resplandezcan, como en algunos de sus detalles, las tradiciones del siglo xv. Salientes cruzados nervios recorren la bóveda de la Capilla, apoyados en repisas que figuran humano rostro, viniéndose así en conocimiento de que la primitiva iglesia, aquella para la cual fué abierta la portada románica en los días por ventura de Alfonso VIII, — debió experimentar notoria reforma en los de Alfonso X ó Sancho IV, á cuyo tiempo es probable corresponda la capilla absidal, conservando algunos canecillos al exterior el templo, propios de la tradición románica.
Sin duda, no habrás dejado de reparar dentro de la mencionada capilla, en el gran sillón señorial, blasonado, que, como resto de aquellas preeminencias irritantes y ya ridiculas, de que gozaron los hidalgos y los caballeros en las pasadas edades linajudas, subsiste allí desde el siglo xviii en que fué labrado. Muchos como éste, ó semejantes á éste, y más ó menos carcomidos por la polilla, hay todavía en las iglesias de la Montaña, que ya sabes, lector, es tierra de linajes y de alcurnias, en la cual aún se guarda tradicional respeto á la memoria de aquellos que, heredando el nombre y acaso el patrimonio, no heredaron por desgracia las virtudes de aquellos sus antepasados, ennoblecidos en su mayor número por sus propios méritos y su valor en los combates, al frente de los islamitas, opresores de la patria; pero si como prenda arqueológica, cual emblema de poderes que desaparecieron te inspirará interés, — tedio te causará por otra parte, al considerar que fué signo evidente de señalado privilegio en la santa casa de Dios, donde todos los humanos son
iguales, hermanos se apellidan, y mezclan sus oraciones, que van unidas en solo un haz á los pies del trono donde sobre las nubes se alza el Creador de cielos y de tierra.
Poco más de un kilómetro dista en la carretera provincial antes indicada y que enlaza en Hojedo con la general de Falencia, la histórica villa de Potes, cabeza del partido judicial á que da título, y es el más extremo de la provincia por el SO., y capital y centro de la Liébana. Documentos antiguos, anteriores sin duda al siglo xv, parece demuestran que fué nombrada Pontes primitivamente, quizás, como con razón verosímil por lo menos sospecha alguno, ya que no á causa «de los dos puentes que tiene sobre el río Quiviesa, el otro que hay sobre el Deva, y los dos que están sobre La Riega» donde hubo otros varios que hoy no existen, construcciones de épocas distintas en la edad moderna, — por los que en la antigüedad, de seguro, pusieron en comunicación las márgenes contrapuestas de aquellos mencionados cursos de agua. Alegre y risueña, cual satisfecha de sí propia, ofrécese á las miradas del viajero muellemente recostada á Mediodía en las derivaciones de los montes, extendida luego á uno y otro lado del Quiviesa hasta las empinadas y difíciles alturas casi perpendiculares que por el N. la limitan, y destacando como bajo soberano dosel el apiñado grupo de su caserío sobre la montaña de Viorna, y las nevadas cimas del Coriscao, y las restantes imponentes moles, que por Occidente sirven de fondo al delicioso cuadro que presenta.
Triste la halló el insigne Juan García^ y «abrumada bajo el sublime panorama que á su Noroeste desplega la sierra de Andará ó Andra, estribación meridional de las Peñas de Europa»; pero tú, lector, que acabas de cruzar las sombrías honduras de aquella cordillera maravillosa é indescriptible; que has sentido el ánimo agobiado por la pesadumbre de aquellas rocas altísimas, desde la profunda cortadura que á la vera del río abre paso artificial y trabajoso á la carretera, — no podrás en justicia pensar de igual suerte con respecto á la villa de Potes, cuando, bajo
un cielo espléndidamente azul y limpio, y á la luz regocijada del sol, que da á todo singular encanto y vida, — contemplas la población en medio del hermoso valle que fertiliza el Quiviesa, cercada, cual queda insinuado, por «altas y muy pendientes montañas», no ya desnudas, áridas y rocosas, sino sometidas á industrioso fructífero cultivo, pobladas de viñedo y de cereales, desde el pie, donde llega el caserío de la villa, hasta la cumbre, y matizadas de tan vario modo, que simulan cubiertas de pintada alfombra, en la que descuellan arrogantes entre las verdes ramas de las viñas «no pocos almendros, cerezos, guindos y melocotoneros», como abajo, en el pueblo, en las húmedas orillas del río citado, del Deva y en La Riega, florecen y se empinan con lozanía y pompa casi meridionales, «los mismos y otras muchas clases de árboles, que hermosean» el paisaje, demostrando la fertilidad del suelo, reconocida y preconizada cual excepción de todo el territorio jurisdiccional santanderino, y correspondiendo en él á la llamada siib-región de la vid, que alcanza á los ayuntamientos de Cabezón de Liébana, Camaleño, Cillorigo, Pesaguero y Vega de Liébana, «en donde», por consecuencia, y fuera de la forestal inapreciable, «la riqueza vitícola es la más importante entre las varias producciones á que se presta» la condición privilegiada del terreno (i).
Adviértese por su aspecto que es la villa, villa señorial, no exenta de significación, según lo patentizan y manifiestan gran número de sus edificios, por entre los cuales desbordan con pintoresca entonación las ramas de los árboles, ya sombreando movibles las blancas fachadas, ya subiendo hasta los rojizos tejados, ó asomando fructuosas por encima de bardales de amontonada piedra, mientras en el centro, sobre aquella agrupación, destaca erguida, esbelta, simpática y despertando adormidos recuerdos de
(i) Odriozola, Disertación sobre la manera de fomentar los principales elementos de la riqueza de la provincia de Santander, premiada con el accésit en los Juegos Florales en Santander celebrados el año 1888.
lejanas edades, — cuadrada y ancha torre, de sillares denegridos, á cuya defensa y amparo, en la siniestra margen del Quiviesa, parece congregado el descompuesto caserío, no de otra forma que en torno de la madre se agrupan y congregan los pequeñuelos, impetrando su protección constante y guareciéndose en su seno. Villa señorial fué con efecto de los señores de la Vega; fiel á ellos, á despecho del famoso Orejón de la Lama, partidario de Garci-Manrique; y en ella y en su jurisdicción, fué reconocida con las armas en la mano la autoridad del que más tarde se apellidó Marqués de Santillana, quien, «acaso por las fatigas que le costó, ó por sucesos particulares que le recordaba, amó... con especial amor á esta tierra; y cuando para descansar su mano de la espada tomaba en ella la plum.a, esplayando su pensamiento por las regiones serenas de la dulce poesía, llevábale natural inclinación á pintar el territorio lebaniego, á mencionar oteros y lugares, haciéndoles teatro de sus fábulas y recuestas amorosas (i)», y escribiendo en una de sus tan celebradas Serranillas:
Moguela de Bores (2), De buen continente,
Allá do La Lama (3), La cara plagíente,
Púsom'en amores. De tales colores,
Qual nunca vi dama
Nin otra, señores.
Cuydé que olvidado Amor me tenía,
Como quien s'avía Por lo qual, — Señora,
Grand tiempo dexado (Le dixe), en verdat,
De tales dolores. La vuestra beldat
Que más que la llama Saldrá desd'agora
Queman amadores. Dentre estos alcores.
Pues meresge fama De grandes loores. —
Mas víla fermosa,
( 1 ) Escalante, Costas y Montañas, pág. 6 1 8.
(2) Pueblo del ayuntamiento de la Vega de Liébana, en el valle de Cereceda.
(3) Pueblo del propio ayuntamiento y del mismo valle.
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Como á servidor: Mayores dulgores Será á mí la trama Que oyr ruyseñores. —
Asy concluymos El nuestro pro^esso Sin facjer ex^esso, É nos avenimos. É fueron las flores De cabe Espinama (2) Los encobridores (3).