Santander · Unidad 137 de 158

Unidad 137 · SANTANOER

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les ha reducido y condenado. ^Cómo imaginar, cuando surgiendo de entre la arboleda, aparecen los rudos murallones de mampuesto,— donde arraigan destructoras las parietarias, — las descuidadas techumbres, cuyas tejas han ennegrecido las aguas, los trozos de muros de sillería quebrantados, repugnantes, cual osamenta de cadáver desconocido, cómo imaginar que aquella masa informe, descompuesta, ruinosa, imposible, en una palabra, sea el famoso Monasterio benedictino de Santa María la Real, tan abundado en bienes como poblado y rico, y al cual hicieron tantas y tantas mercedes los piadosos habitantes de la Liébana? ^Cómo que aquella fuera la basílica de San Julián y Santa Basilisa^ «quorum reliquia requiescunt in locum Piasca,» que había sido restaurada ya antes del año 930 (i)? Y sin embargo, era cierto.

Ponía el sol de relieve, como pústulas insanables, las manchas producidas en la venerable fábrica por la ruina: prominentes, y pidiendo descanso, hartos ya de luchar con los años y con la intemperie, adelantábanse como brazos clamorosos los restos de construcción, aún adheridos á la masa sin formas determinadas del templo, cuyo sagrado destino pregonaba á nuestra presencia la humilde espadaña del callado campanario. Y no obstante, repetimos, á través de tanta desolación, ya irreparable, recordábamos que desde los días gloriosos de Ramiro II, por lo menos, proclaman los documentos conocidos las donaciones hechas y las mercedes liberalmente otorgadas á aquella casa por los lebaniegos. Ya eran Toda y Argonti, quienes, demás de lo que anteriormente había dado su padre Aldroito, donaban en 25 de Julio de la era 968 (930 de J. C), gran parte de su hacienda (2): ya Nonito, quien en la era de 983 (945 de J. C.)

([) Escrituras núms. 461 y 18 de los Documentos del Monasterio de Sahagún^ existentes en el Arcli. Hisl. Nacional, págs. 1147 del Indice.

(2) Es la citada escritura 461 del Indice de los documentos de Sahagiut^ por la cual donaban á San Julián y Santa Basilisa, «quorum basílica in locum Piasca, territorio Leuanensi fundata siue restaurata est,» mandria no7ninibus desiguala Anastasium cum fíliis suis, el Hildosindam equas numero septem cum suo anissaio, uaccas numero decem cum suo lauro, oues uiginWn, capras uigintim^ porcos

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cedía una viña, término de Kabarecio^ y otra tierra al Monasterio de la Virgen Santa María, del apóstol Santiago y de los Santos Julián y Basilisa, y á la abadesa do^nna Hailo^ cum homni colegio sororum et monaco^^um... ibidem perageiitibus vitam monasticam (i); ya en el año 951, y reinando Ordoño III, Simplicio «cognomento Karapele,» quien vendía en Piasca una viña á la abadesa doña Ailo, y á las demás monjas y monjes de Santa María de Piasca (2); ya en el mismo año, vendía un tal Ka^ bolo á la dicha abadesa en precio «cebarla et binum sub uno VII quartas,» otra viña en Piasca y término de Pinares (3); ya, y prescindiendo de otras muchas compras hechas por el dúplice Monasterio, — Elduara, Argilo, Xemena, Aurea, Munia, Fronilde, Teodosinda y su hijo Froila en 957 ofrecían sus personas á la obediencia del Monasterio y su abadesa Ailo, dándole viñas, tierras y heredades en Tabarnego, Cabarecio, Rodías, Porrozo y Arenillas, con otros bienes (4), como Guifredo, Eugenio, Munio Alfonso, Urraca, religiosa y después abadesa, la condesa doña Mumadona, Oro Micaeliz, Alfonso VII, Sancho III, Miguel Martínez de Fuznayo (Hoznayo), Domingo Martínez de la Casilla, el Concejo de Cambarco, Mil Artes de Loriezo, Rodrigo, Pedro y Gutierre Suárez, Pedro, presbítero de Annezo, Martín Covo, don Pedro Díaz de Treceño, don Fernant Rodríguez de

iriginta. Libros tamen etiam ecclesiasítcos, ■pasioniim /, antifonarios II, oraíionum I, ordinum I, commicum /, raciónale I, precum /, libellum de uirginiiate sánete Marte I. Bibliotecam ibidem -pater meiis — dice el documento, — domnus Aldroitus dedit ego tamen confirmo. Ornatiis tamen eclesie, frontales IlII^uelafrincipalia Vll.super euangeliares majores IIII, minores IIII, coronas argénteas III, iiitria /, erea /, crucem precesoria argéntea /, lucerna erea /, signum ereiim naide mir abite /, misterie argéntea par I, incensares éreos par II. — «Facte scribtura testamenti die VIII. ° Kal. agustas. Era DCCCCLXVIII.» «Entre los confirmantes— advierte el Indice,— está : Reccaredus episcopiis hanc cartulam in presentia mea tradita sánete eclesie quam ego consecravi conf.n

([) Escritura cit., núm,

(2) Id., núm. 558.

(3) Id., núm. 5 <59.

(4) Id., núm. 583. En el margen existe otra donación del mismo año hecha por Todesinda, «una cum abo meo Toderico et cum tio meo Golterio,» de una viña en Arenillas.

Treceño, doña Elvira González, Teresa, viuda de Alfonso, hijo de Toribio Díaz, doña Elvira Suárez, Juan, hijo de García de la Casilla y Pedro y Alonso de Valverde, desde el año 9Ó6 al de 1468, con otros muchos que no constan, hacían graciosas donaciones y piadosas mandas, que enriquecían y dilataban el señorío del Monasterio (i), al cual ponía pleito en 1455 el marqués de Santillana por lo que á su jurisdicción respecta y se refiere (2).

Fundado aparece con efecto antes del siglo x, bien que no sea dable precisar la fecha; pero sí consta por cierta escritura de donación otorgada al espirar el primer tercio del siglo xi por Munio Alfonso, que lo habían íundado sus abuelos (3), lo cual parece acreditar el hecho de que eran éstos personas de importancia en Liébana, donde ejercieron sin duda autoridad, si no es que debe ser reputado como fundación del mismo conde Alfonso y su mujer la condesa doña Justa, quienes habían erigido la iglesia de Santa María en Lebeña, según quedó arriba consignado. Dependiente del poderoso Monasterio de Sahagún, en éste, como dúplice, hacían religiosa vida comunidades de ambos sexos, extinguiéndose, á juzgar por las escrituras, la de monjas, poco después de mediada la XI.^ centuria, y señalándose con la autoridad y representación abacial, á partir del año 924, doña Hailo, ó Eilo, Fronilde (980) y Urraca (1048 á 1058), última citada en los documentos. Trasponiendo el mísero cuerpo que da acceso al atrio de la iglesia, — como decoración teatral, muéstrase de improviso la imafronte del templo, cuya extructiira y cuya fisonomía obligan á pensar desde luego, cuál pudo ser la suerte de aquella basílica de San Julián y Santa Basílica,

(1) Son las escrituras señaladas respectivamente con los números 665, 718, 830,910,944, 990, Í2I2, 114, 125, 126, 127, 1654, 17071 1723, 1727, 1821, 1822, 1877, 1913, 1957, 1971» 2254, 22i^7,2262 y 2269 del índice mencionado.

(2) Escritura número 2264, pág. 2 I del citado /«¿ízce.

(3) Id., número 830, pág. 199.

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ya restaurada antes del año 930, y de la cual nada habla hoy en la fábrica subsistente, cuya fachada principal corresponde á época muy distinta.

Bien lo advertirás, lector, en su aspecto; pero más todavía, cuando, con el detenimiento á que es acreedora, examines la naturaleza de los elementos de ornamentación que la enriquecen. Los arcos apuntados de su bella y suntuosa portada, pregonando están que ya había el segundo tercio del siglo xiii traspasado los umbrales de la cronología, y que Fernando III había por lo menos en Córdoba seguramente vencido el poder de los arrogantes mahometanos, cuando era reconstruida la iglesia antes de 930 restaurada, y hasta entonces subsistente. Concéntricos y lujosamente ornamentados en su varia proyección, son los cinco arcos que resultan con la saliente periferia, á excepción del interno, apoyados á cada parte en otras tantas columnas acodilladas, de ancho y corto fuste cilindrico, y de capiteles tan preciosos como interesantes : serpeante vástago florido, en relieve, como todas las labores de esta notabilísima portada, el cual se resuelve al extremo en bien talladas palmas bizantinas, ejecutadas en bisante, — recorre en todo su desarrollo la periferia, constituyendo el primero de los arcos abocelado voltel de muy profunda escocia; elegante serie de palmas de dos distintos tamaños, y salientes y revueltos brotes esféricos, decoran el segundo arco, y mientras el tercero se halla formado por recio bocel, el cuarto es por su composición y su acento representante vigoroso de la tradición modificada por las renovadoras influencias que debían convertir las portadas de los edificios ojivales, en verdaderas maravillas.

La decoración profusa de que hicieron gala en este arco los constructores, á partir del extremo izquierdo del espectador, — ofrece en primer término un león, al que sucede monstruosa cabeza: inmediatamente después, aparece la figura de un guerrero, de faz barbada, vestido el férreo lorigón de malla, armado de un chuzo, y embrazando con la izquierda la tarja ó broquel,

PIASCA.— Imafronte de la Iglesia parroquial de Santa María

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circular en el cabo superior, y en el inferior agudo, ornado como empresa por extraño exorno de ocho brazos, y en un todo semejante, fuera de esto, al que por su parte ostentan en la célebre Colegiata de Sa7itilla7ia, aquellos dos caballeros que en lid soltera destacan en uno de los capiteles del interior de la afamada iglesia. Tañendo un psalterio, siguen sin solución de continuidad dos bultos; femenil el de la izquierda, aparece sentado en característico sitial de tijera, y varonil el otro, es barbado, como lo son también los dos que, tañendo cerca de la clave cierta especie de viola, continúan en la decoración, apareciendo en la clave monstruosa cabeza, con las fauces abiertas, y resaltada flor que le acompaña, para suceder en pos el busto de un religioso, obra que simula no hallarse terminada y ser de posterior tiempo, otro busto, barbado con melena partida á la mitad de la cabeza, luego palmas y un león por último descabezado, como remate en el extremo de la derecha. Trayendo á la memoria del viajero los elementos orientales bizantinos que debían dar vida transformados al arte muslímico, y resplandecen en la decoración de la insigne Mezquita- Aljama cordobesa, — el quinto arco está formado de enlazadas y características palmas, haciendo todo semblante de autorizar la sospecha de que el último y más interior de los arcos referidos, debió sufrir alguna restauración en época no designable, pues los elementos que le componen parecen posteriores, y sólo consta de un bocel que avanza de la basa, y se alza á través de la saliente imposta para recorrer la archivolta no sin manifiesta gallardía.

Variada es la ornamentación por la cual se avalora y enriquece la imposta referida, que es la general de la portada y hace oficio de cimáceo respecto de los capiteles, monstrándose compuesta por palmas, vástagos de oriental progenie, bien sentidos y movidos, con hojas harpadas y algún ave picando el fruto de los tallos, exornos que se mira reproducidos en ella á través de los diversos planos de la portada. Compitiendo con los labrados durante la era románica, y atemperándose á la tradición de

la misma, los capiteles descuellan por su decoración no menos exuberante y bella, advirtiéndose en una de las caras del de la columna exterior de la izquierda, — que es calado, — graciosa vicha entre fuertes y revueltos vástagos, la cual vuelve el cuello hacia el ángulo del capitel para formar cierta manera de voluta, según el gusto de la época; finge huir medrosa del león que, con trazas eminentemente orientales, también entre vástagos, ornados de pequeña labor facetada simulando pedrería, destaca en la cara interna de este miembro de construcción, en el cual quiso sin duda el artífice representar ó caprichosa escena de venatoria lucha, ó dos de los animales que simbolizaron la fábula del bien y del mal en el Oriente. En el otro inmediato capitel, destacan dos centauros, uno de rostro barbado y ambos con melenas, y calado el tercero, en él dos aves fantásticas fingen picotearse para formar la voluta; de mayor importancia el cuarto, quiso en su decoración el ignorado artista de quien es obra, interpretar religioso asunto, y esculpió en él la figura de Nuestro Señor Jesu-Cristo, á caballo, en el solemne momento de su entrada en Jerusalém: barbado y con melenas, tiene el brazo derecho fracturado, pero alzado en alto y en actitud de bendecir; el caballo, roto también, y todo hace involuntariamente evocar el recuerdo de uno de los hermosos capiteles de la Colegiata de Aguilar de Campóo, que hoy figuran en el Museo Nacional de Arqueología. Da término á la línea de capiteles de este siniestro lado, el quinto, formado de lazos, cuya filiación no puede aparecer dudosa.

El más interior de los capiteles de la parte opuesta es de tradición romana, y corintio en su aspecto, mientras el que le sucede, ya deteriorado por extremo y roto, estuvo historiado, pero ofrece en cambio en el fuste y de resalto, la nimbada figura del arcángel San Rafael, con las alas desplegadas, la cabeza rota, traje talar muy plegado, y un chuzo en la derecha, el cual introduce por las fauces de simbólica serpiente. De igual

traza que el primero de los de este ala es el tercero, y mientras

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el cuarto se compone de vichas entre vástagos, en el quinto y último, que es el más exterior, una zorra acecha astuta una gallina, envuelta entre la red que forman en torno de ambos animales entrelazados y salientes vástagos. Puede pues comprenderse por esta descripción sucinta, cuya eficacia no puede sin embargo alcanzar ni mucho menos á formar idea de la riqueza desplegada en este ingreso, — la importancia que desde luego revela el monumento, largamente recompensando las fatigas con que por llegar á él lucha el viajero. Córrese la imposta antes mencionada á uno y otro lado, y sobre ella en el de la izquierda, destaca en rectangular sillar de tostada arenisca y en letra incisa mixta, desgastada en algunas partes, el siguiente epígrafe que es conmemorativo de la dedicación del templo, diciendo en las diez líneas de que consta: