Santander · Unidad 7 de 158
Unidad de lectura 7
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Fontible ó Foíitibre es el nombre que de antiguo tiene aquel paraje, situado á unos cinco kilómetros al Ocaso de Reinosa, y desde allí se deriva el río hacia levante, pasando por Salces entre terrenos algún tanto accidentados, para llegar y cruzar la villa de Reinosa por su centro, dividiéndola en dos porciones que pone
(1) Véase respecto de este particular cuanto afirma el Dr. Rodríguez Berlanga en su trabajo acerca de Los bronces de Lascuta, Bonanza y Aljustrel.
(2) El torreón ó castillete, á cuyos restos aludimos, «no puede tener fundadas pretensiones de alargar su antigüedad más allá de principios del siglo xiv, por los tiempos en que regía la monarquía castellana... don Alfonso XI »; no fué «monumento de importancia bajo ningún concepto, y por otra parte, tampoco es más que repetición y copia de otros muchos que se ven en Campóo...» «Nuestras noticias respecto á qué apellido llevaba el que edificó la torre,— dice un escritor montañés,—no alcanzan más allá que á atribuirlo á alguno llamado Mantilla, apellido frecuente en el país; así lo demuestran también los únicos vestigios en piedra que de ella han podido estudiarse y que señalarse pueden como trofeos de peregrinación ó descendencia de algún cruzado.» «Hasta hace poco ha pertenecido á unos señores de Velasco, que habitan en Herrera de Río Pisuerga» (D. Demetrio Duque y Merino, Del nacimiento del Ebro^ art. del Boletín de la Sociedad geográfico de Madrid, t. XI pág. 3 i 5). Hizo ya mención de la torre y de la piedra el escritor D. Angel de los Ríos y Ríos en su laureado Ensayo de los apellidos castellanos, cap. II, pág. 81.
Nacimiento del Ebro en Fontibrk
en comunicación un puente hermoso. A muy corta distancia, se le incorpora el Híjar, su primer tributario, — y al que no falta quien le atribuye la paternidad del río á que se agrega, — el cual nacido entre la Peña Labra y el Cueto de Hijai% á cerca de dos mil metros de altura, y enriquecido por otros manantiales, cruza por el Portillo de los Asnos, y corre hacia el E. para encontrar por la derecha el Ebro y confundirse con él, perdiendo su individualidad y su apellido. Partiendo de las vertientes boreales de los Montes del Bardal, por bajo del Collado de Somahoz, á unos 1 200 metros de altura, — no lejos del punto por donde vierte el Hij'ar, se precipita el Izara también por la derecha en el Ebro, el cual prosigue su camino hacia Levante, tuerce luego acaudalado al SE. desde el pueblo de Requejo hasta las Rozas, y allí recibe por la izquierda el homenaje que le rinde el río Vilga, llegado á tal paraje desde los Pttertos del Escudo y de la Magdalena, después de haber regado el páramo de que toma su apelativo, como en demanda de aquel otro nombrado río en el que se extingue y muere.
Del lugar de su confluencia con el Vilga, — el Ebro, guiado por los accidentes del suelo, por donde se franquea el paso, se inclina al S. hasta Bascones, girando luego al E. y continuando en tal dirección para llegar no lejos de Orbaneja, donde en busca de mayores espacios y nuevos horizontes, penetra ya en la provincia de Burgos, no sin acrecentar su curso, entre los de otros afluentes de menor importancia, con las aguas del río Carrales, que toma origen en los Montes de Higedo, « al E. de Quintanilla de Rucandio, inmediato á la cuesta de Bezana, carretera de Burgos, ya en los límites de esta provincia.» Dejémosle aquí, lector, que siga por ella su camino, como prófugo aventurero que abandona el hogar patrio, y se desprende, loco, de su familia, para correr mundos y cosechar desengaños, hallando la muerte en país distante del suyo, y depositando su caudal entre los alfaques cerca de Tortosa, encontrar sepultura en el Mediterráneo, después de recorrer siempre con varia on-
dulación hacia Levante, 725 kilómetros, durante los cuales discurre por las provincias de Burgos, de Logroño, de Navarra, de Zaragoza y de Tarragona, y recibir en su creciente marcha como principales afluentes, entre otros muchos, el Aragón, el Arga, el Irati, el Gállego, el Isuela, los dos Nogueras, el Segre, el Jalón, aquel río «traidor que nace en Castiella é riega á Aragón», el Jiloca, el Guadalope y el Huebra.
Bien que no de la importancia y de la nombradía del Ebro, — sirviendo de frontera á esta provincia de Santander por espacio de algunas leguas, respecto de la de Oviedo, aparece entre los más interesantes el Deva^ río engendrado en los elevados Picos de Ettropa, á la parte meridional del pie de la encumbrada-/^^^^¿í Vieja^ que en su Pico Siero alcanza la mayor altura de cuantas se erizan en el término de la antigua Cantabria. Allí, á más de dos mil metros sobre el nivel del mar, entre aquella enorme masa de rocas que parecen amontonarse las unas sobre las otras sin descanso,: — busca el Deva y se trabaja el cauce, dilatándose primero hacia el S., rumbo que sigue decidido por corto tiempo, y en el cual se le agregan diversas corrientes que se precipitan desde las crestas de aquellos imponentes relieves, hasta llegar á Espinama, de donde con ondulaciones varias, y trazando curva irregular en su carrera, remonta por las anfractuosidades de las sierras el terreno hacia NE. y pasa por Santibáñez, recogiendo las aguas de distintos arroyos por uno y otro lado, para recibir en Potes, más á Oriente, con el río Quiviesa ó Corezeda^ que trae ya de camino 15 kilómetros, y nace á 1,983 metros al pie de la Peña de Diego y la del Cigal, el río Valdeprado que, desde la falda boreal del pico de Piedras Luengas, ha corrido hasta incorporarse al Deva no menos de 20 kilómetros, cruzado, entre otras poblaciones, por Valdeprado, de que toma nombre, y por Cabezón de la Liébana, y recibido el tributo en este pueblo de otro río respetable, que brota por Ocaso en las estribaciones del Cuerno de Peña Sagra, como más abajo de Potes el de « otro que baja de la misma Peña Sa-
gra, pasando por el Santuario de la Virgen » de este título.
Regando la vega de la Liébana, el Deva, ya así enriquecido, continúa en dirección NNE., partiendo en dos mitades la circular configuración del valle mencionado, y baña á Hojedo, á Castro y otros pueblos, y llega á la Peña Lebeña, y entonces, cortando sin vacilaciones hacia el N. los Picos de Etcropa, en los que deja su cuna, — se desliza como corpulenta culebra por asperísimas gargantas, describe luego ancha curva con rumbo á Ocaso, y se precipita cual desenfrenado aluvión por la Hermida, donde hay un establecimiento de aguas termales, y en cuyas gargantas encajonado, golpea la base de las altas rocas, atropella en cascadas bullidoras y resonantes los peñascos que le salen al encuentro, y refleja en los remansos de sus orillas todos los prodigios que la sabia mano de la naturaleza ha labrado paciente é incansable en aquellos riscos inconmovibles, simulandoxonstrucciones portentosas, en que la fantasía cree distinguir y distingue de cierto con todo su carácter, esbeltas agujas ojivales decoradas vistosamente de trepados, monumentales obeliscos, arcadas de todas formas, como si el río cruzase allí, en el silencio imponente que interrumpe á su paso, dilatada ciudad ya muerta y sin habitantes (i).
(i) «Si por acaso,— escribe D. Amalio Maestre, en su Descripción física y geológica de la provincia de Santander,— un viajero ansioso de emociones osara embarcarse en Estragüeña en las chalanas que conducen el mineral [que baja tanto del Concejo de Peña Rubia cuanto de las Peñas de Europa], seguro puede estarde que hallará mucho más de lo que los poeta^í puedan decirle de los países los más ásperos y pintorescos.» «Una vez en la barca, se corre por el río al través de escollos, á veces chocando con ellos, y con una velocidad espantosa.» «Los vórtices ó rabiones del río y las rocas imponentes y caprichosas de la garganta, ofrecen panoramas repetidos que dejan muy atrás cuanto se pinta de los Pirineos y los Alpes.» «Los grandiosos obeliscos que se elevan al cielo á la manera de las torrecillas de las góticas catedrales ; los arcos naturales que se ven á uno y otro lado ; el chillido de las águilas que se ciernen en los aires, esperando cebarse en el cuerpo de los imprudentes viajeros que han entregado su vida á este torrente impetuoso que se llama rio Deva, todo esto hace experimentar un vértigo que se prolonga por más de legua y media, hasta que pasada la confluencia del río Cares se llega frente á los pueblos de Panes y Siejo, en donde se ve un valle dilatado, y la imaginación descansa, y se ensancha el corazón, comprimido por tantas emociones » (págs. 1 8 y 19).
Entre la Hermida y Estragüeña, el límite jurisdiccional de la provincia corta el Deva, arrojándole á Asturias, de donde vuelve como arrepentido diez kilómetros adelante entre Buelles y Muño-rodero, para recibir el Cares, cruzar después frente á los pueblos de Panes y de Siejo, donde sus aguas reproducen la silueta de un viejo torreón hendido, y se recrean en el tendido valle por el cual caminan presurosas, para encajonarse de nuevo y repetidas veces á la aproximación de los rocosos montes, y llegar á Bustio, pueblo inmediato á la embocadura del que llaman puerto de Tina Mayor ó del O., arrojándose en el mar por Unquera, donde se presenta ya imponente y verdaderamente hermoso. Por el camino, á él, del uno y otro lado, cual tributo merecido por su importancia, llevan sus corrientes diversos cursos de agua, que acrecientan su poderío y su bravura, y con los cuales se presenta determinado á las olas del Cantábrico, las que le reciben atropelladas y amenazadoras, como pidiéndole cuenta de su tardanza en llegar hasta ellas, y del tiempo que ha perdido, recreándose en corretear por la tierra en varias direcciones.
A i,8oo metros de altura, y á la parte N. de la Peña Labra^— de diversas fuentes, que forman entre ellas dos distintos arroyos, se desprende el río Nansa, á cuya corriente dan los relieves del terreno ya marcado el rumbo, abriéndole paso en la dirección septentrional por la que camina corriendo cerca de Tresabuela, hasta Puente Pomar, en el valle de Polaciones ; en este punto se le incorporan dos de los arroyos mencionados, de los cuales el uno discurre cerca de Salceda, pone en movimiento varios molinos, sigue por la falda de Santa Eulalia, que deja á la izquierda, continúa bajando por Pejanda, donde se le une otro arroyo que baja del Puerto de Brañas, divide los valles de Polaciones y de la Liébana, y llega en esta forma á Puente Pomar, que queda á su derecha, para verter en el Nansa, mientras el segundo, pasando por Uzuayo, lugar en que pone en acción varios molinos, se le reúne poco antes de la citada Puente
Pomar, desde donde el Nansa, ya crecido, recibe los afluentes que vienen como atraídos á él desde Peña Sagra, Collado de la Cruz de Cabezuela y Puertos de Sejos, tuerce al NNE., sigue por el estrecho de la Peña de Bejo, desembocando en él por la derecha el arroyo que nace en Gergal, y desciende al Vado de la Reina^ y marcha en aquella dirección hasta Tudanca, capital del valle del mismo nombre, desde donde se revuelve al N. hasta Puente Nansa, confundiéndose con él más abajo del lugar de Cosío el río Vendúl que procede del Cuerno de la Peña Sagra^ y que se le incorpora por la izquierda.
En Puente Nansa acaudala su corriente la del río Tibierga, nacido al pie del Puerto de Aa, y vertiente S. del Escudo de Cabuérniga ; y como á seis kilómetros de dicha población, el Tanéa, nacido en Peña Sagra, se le agrega frente al pueblo de Celis, cortando después el Nansa la montaña del Escudo de Cabuérniga, ya referida, por pintoresca garganta, arrastrando sus aguas hacia el NNO., cruzando valles y montañas, regando los términos de Celuco, Rábago, Cades, Otero de Cabanzón, Vielva, Cabanzón, Camijanes, donde tiene un puente de piedra, Luey, Prío, Helguera, Muño-rodero y Pechón, y desaguando en el mar por bajo del pueblo de Pesúes, donde su desembocadura forma el pequeño puerto denominado Tina Menor ó del E., en cuya parte central se irgue un islote, en tanto que á la de Levante ofrece espaciosa caverna, accesible en la baja mar, y «donde en las altas mareas y con los duros temporales de la costa cantábrica, las olas penetran» en tumulto llenas de cólera, y baten afanosas con singular y medroso estrépito aquellas sombrías concavidades, que parecen habitadas de maravillosos genios marinos.
Desde la Sierra de Lleno, estribación paralela y al N. del mencionado Escudo de Cabtiérniga, y desde esta misma montaña, no lejos de Treceño, — dimanan dos ríos, el último de los cuales se apellida el Escudo; y caminando por distintos cauces pero en asemejable dirección, van ambos á encontrarse en San
Vicente de la Barquera, donde forman la hermosa ría de este nombre, con su correspondiente puerto, sobre el cual descuella, dominándole, y á no larga distancia de la orilla, el islote del Callo. Caminando también hacia el N., y no de otra suerte que si, atemorizadas de verse en la tierra, buscasen las aguas su propio elemento en el seno del Cantábrico, — de cerca de Cabiedes, y con el curso escaso de 6 á 7 kilómetros, el principal afluente de la ria de la Radia, que lo es el denominado río Sucio, ingresa en aquella, y aparece ya á dos kilómetros al Poniente de Comillas con aspecto humilde, bajando «del monte de la Corona, encaramado á siniestra mano», con «breve curso y turbulentas aguas..., falto de espacio y tiempo para cansar su furia», la cual «gasta arremolinándose sobre sí mismo en ruidos vanos y huecas espumas». «Su rapidez excesiva parece haberle apellidado en antigüedad desconocida..., y es pesquería de excelentes ostras, servidas á los glotones madrileños». «La corriente, embalsamada por las tierras que ella misma arrastra y acumula, fluye perezosamente, buscando por largos y repetidos rodeos la salida al mar; en la marina yerma y desolada, apenas si una ruina de ermita, molino ó garita quiebra la uniforme línea de los bancos y dunas ; apenas si entre los juncos y légamos verdes de la playa blanquea una gaviota ó garza solitaria» (i).
Engendrado á grande altura, no muy distante de 2000 metros sobre el nivel del mar, el manantial más importante de los que forman el río Saja, que es otro de los múltiples derivados de la divisoria septentrional de la montaña, surge por este lado del Píierto de Palombera, y se despeña rugiendo por espacio de siete kilómetros al NO. En él y por la izquierda, penetra otro que nace no muy lejos y marcha de S. á N., y reunidos ambos al que procede de Ctieto Cordeles y falda oriental de los Puertos de Sejos, dan juntos origen á aquel río, apellidado Salia en Estrabón, en Plinio y en Tolomeo, el cual riega el monte de
(1) Escalante, op. cit., pág. 590.