Sevilla y Cádiz · Capítulo real 18 de 18

CAPITULO XXXIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 19 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XXXIII

Mesa revuelta : Arcos de la Frontera, Bornos, Olvera, Grazalexna, Gaucín, Jimena, San Roque y Campo de Gibraltar, Algeciras, Tarifa, la llanura del Salado y la Laguna de la Janda, Rota, Chipiona, Sanlucar de Barrameda, Bonanza, Trebujena, Lebrija, Utrera, Coronil, Morón, Osuna, Marchena, Alcalá de Guadaira, Carmena, la Luisiana, Écija; despedida del autor.

UBAMOS ahora, lector amigo, por entre la orilla del

¿^ Guadalete y la sierra hacia Olvera, pero no sigas tú

y^^^J^^ el mal consejo de hacer el viaje en calesa en día

■^^^^^J de lluvia, que te expones — lo sé por triste expe-

^Kt^^0^ riencia — á quedar plantado como un pitón en el

fango entre los dos bardales que conducen al llano de Caulina.

Deja á tu derecha el castillo de Margare] o (i), y rnás adelante

(i) Este castillo es un robusto torreón del cual arranca un lienzo de muralla que circuye un gran patio, por donde se llega á una pequeña puerta que da ingreso al interior de la fortaleza. El torreón es de dos cuerpos, cuadrangular el inferior y octógono el superior, el cual está coronado de almenas dispuestas de dos en dos sobre sendos arcos cuyo parapeto estaba sostenido en matacanes. La pequeña puerta mencionada tiene en su dintel un escudo con la cruz de Calatrava, y se eleva sobre un pretil, debajo del cual hay un gran arco ojival que conduce á una espaciosa bóveda. El salón que cae encima, principal del castillo, tiene una bóveda con pechinas en degradación. A la derecha del torreón hay un cuerpo de fábrica que presenta una ventanita de arco de herradura, tapiada.

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los pinares y olivares que preceden á los cortijos de la Peñuela y de Gebla ; apresurémonos á subir á la larga y angosta colina donde descansa, ó más bien duerme, echada como una pantera, la ciudad murada y torreada de

Arcos de la Frontera, asomada por el sudeste á una alta peña tajada, á cuyo pié serpentea por una vistosa y feraz campiña el lóbrego Guadalete. Descansemos, si te place, de esta áspera subida, contemplando desde la elevada plaza del Ayuntamiento la lejana y azulada sierra de Ronda. — Esta ciudad, conquistada á los moros por don Alonso X, tenía en el siglo xv en tan mal estado sus muros y fortaleza, que por súplica de su concejo y de su alcaide Alvaro de Castillejo, mandó donjuán II en 1430 que fuesen reparados. Don Enrique IV le concedió el título de vuiy nohle^ vniy leal y Tnuy heroica ciudad. Sus defensas fueron reedificadas en tres épocas distintas, en el mencionado año de 1430, en 1584 y en 1731. — Tiene dos parroquias que se han disputado la prioridad en pleitos seculares, saiita Mai'ía y san Pedro (i). Á los ojos del viajero artista, extraño á los alegatos de una y otra, la de santa María hace valer su caprichosa estructura del tiempo de los reyes Católicos (2), y la de san Pedro uno de los más grandes y bellos retablos del mismo siglo xv que posee la Andalucía. — El exterior de la iglesia de santa María está sin concluir. La imafronte ofrece una portada de dobles estribos ó pilares con arcos concéntricos de plena cimbra, dentro de los cuales hay una entrada rectangular con delicada cenefa de animales en su dintel. El grande arco tiene seis bellas cenefas en su intradós, y debajo, á la distancia conveniente, repisas, umbelas y marquesinas en las jambas, como para colocar cuatro estatuas en cada lado. El

( 1 ) Cuéntase que era tal el odio intestino entre ambas feligresías, que cuando los de San Pedro rezaban el Ave Maria, por no pronunciar este nombre, decían : Sají Pedro, madre de Dios, ruega por Jíosoiros. pecadores, etc. La verdad en su lugar.

(2) \'éase la lámina: Arcos de !a Frontera— Iglesia de Santa Maria.

tímpano entre la puerta y el arco presenta asimismo tres hornacinas con sus repisas y marquesinas para colocar otras imágenes. También ofrecen hornacinas con sus repisas y doseletes

UTRERA. — Parroquia de Santiago

los estribos que flanquean el arco central, y rematan en molduras prismáticas sin agujas por no estar terminada la decoración. Sobre el arco principal hay un conopio cuyo grumo se descompone en dos frondas abiertas: de su centro salen, como tallos

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de una planta peregrina, dos arcos que voltean uno á cada lado, y en medio un tallo recto que reviste en su ascenso otras dos frondas y se corona por un pequeño grumo. En la parte superior, dos grandes ventanas ornamentales y profundas, de cenefa relevada, forman como dos tribunas, encima de las cuales hay sendas claraboyas circulares dentro de unos arcos rebajados. Los otros estribos de esta caprichosa fachada son cilindricos y revisten columnillas que terminan en pináculos en la zona baja, y en la alta presentan delgados cuerpos prismáticos y cilindricos alternados, que rematan en agujas y pináculos. El arco central está inscrito en el lambel característico del siglo xv, y en las enjutas se ven, á un lado un jarrón de que brota una planta, como lirio, y al otro un escudo de armas sostenido por leones. — El lado exterior de la derecha solo ofrece una torre moderna de poco gusto, y la decoración externa de la capilla de la Aniigua^ donde se ven estribos con columnillas de fajas espirales terminando en pináculos. El lado de la izquierda, en el cual no hay capillas, y donde por lo mismo los empujes de las bóvedas habrían carecido de contraresto, ofrece arbotantes adintelados que arrancan de robustos estribos, formando en la angosta calleja á que mira una especie de galería de extraño y romántico efecto. Súbese á la fachada de la iglesia por una espaciosa y regia escalinata. — El interior es de tres naves, las laterales muy angostas y de la misma elevación que la central. Los pilares son cilindricos con baquetones que suben á formar la nervatura de las bóvedas. En el muro de la derecha hay cuatro capillas, en el de la izquierda solo retablos. Ventanas, ya de medio punto, ya de ajimez, lámbeles historiados, capiteles de cabecitas bien esculpidas, repisas de graciosos follajes, completan la decoración y ornamentación de esta preciosa y original basílica.

La de san Pedro no ofrece en su arquitectura remodernada cosa que de notar sea; pero su altar mayor luce un gran retablo de bella pintura del siglo xv, dividido en numerosos com-

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partimentos en que se representan los pasajes de la vida )- martirio del Santo apóstol titular.

Entre las antigüedades de Arcos más dignas de memoria, recordamos con dolor una torre y puerta árabe que se estaba demoliendo á nuestra llegada á la ciudad, bajo el pretexto de que interrumpía la línea de una tortuosa y desnivelada calle; otra puerta árabe que da salida al campo; y por último, la preciosa portada de la casa del conde del Águila, de estilo gótico florido, de que forma parte el graciosísimo ajimez que copiado te presento (i). No te figures que este ajimez es lo único bueno en esa portada; al contrario, toda la fachada desde la cornisa hasta el cimiento, es una joya del arte del siglo xv, y como modelo de construcciones civiles de uso particular en aquella edad, es impagable.

Seguimos por la corriente del Guadalete arriba, dejamos á BoRNOS con sus afamados baños y otras poblaciones de olvidada historia }• oscurecidos timbres, y llegamos á la enriscada y terrible Olvera, rival de Morón como refugio proverbial de la gente de vida airada (2), ominosa á los legionarios de Napoleón, á ■quienes, según cuenta M. de Rocca (3), hicieron sus vecinos comer carne de asno. — De aquí, atravesando el Guadalete, vamos á Ora ZALEMA, la antigua Lacidtdia^ adherida á la manera de un nido al tope de una escabrosa montaña, cuyos habitantes no recuerdan más hechos históricos de sus padres que haberse cebado como buitres en la retaguardia de una división francesa. — Va ahora el camino por las alturas una buena pieza separándose del Atlas de las cordilleras andaluzas, el Pico de san Cristóbal, para meterse en la sierra de Ubrique y bajar á Gaucín, donde en Setiembre de 1309 fué muerto Guzmán el Bueno. — Está el pueblo situado al borde de un profundo tajo, y desde la elevación que ocupa su morisco castillo, medio arruinado por

(1) \'. la lámina Arcos de la Frontera,— Ajimez de la casa del Conde del Águila.

(2) Mata al hombre y vete á Olvera. dice el refrán.

(3) V. su libro Guerre en Espagne.

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una explosión el año 1843, se goza á lo lejos la vista de Gibraltar, peñasco semejante por su corte á la muela de un Titán levantada en la espléndida llanura de líquido ultramar del Estrecho.— Subimos la cuesta de Jimena de la Frontera, villa del rey de Granada en el siglo xv, expugnada por el mariscal Pedro García de Herrera con las huestes de la ciudad de Jerez en el mes de Mayo de 1 43 1 , después de un encarnizado combate de tres días; atravesamos el riachuelo que se ilustra con su nombre, salimos á la llanura de la costa marítima, paramos un instante en San Roque, cabeza del Campo de Gibraltar, construido en I 704 después de la pérdida del Peñón con las reliquias de la segunda Carlcya, y nombrado así por una ermita que el cristiano Esculapio tenía en aquel paraje; y dejamos á nuestra izquierda las famosas Lineas con los escombros de los fuertes de San Felipe y Santa Bárbara, que levantó Felipe V, y que fueron derribados en días de triste recordación (i). — Aquí acaba España, y empieza Inglaterra!

La pérdida de la plaza de Gibraltar ocurrió de la manera siguiente. La guarnición que teníamos en tan importante presidio no llegaba á cien hombres, inclusos los paisanos. En vano fue que el gobernador don Diego Salinas, receloso de un golpe de mano de parte del príncipe de Darmstadt, resuelto favorecedor de la causa del Archiduque Carlos de Austria, pidiese aumento de fuerza para la plaza. El día 2 de Agosto de 1 704 echó Darmstadt de improviso sobre el peñón dos mil hombres de desembarco, los cuales inmediatamente cortaron toda comunicación por tierra y por mar, é intimó la rendición á Salinas. Dos días resistió éste la furiosa embestida de los ingleses, pero faltándole de todo punto elementos con que prolongar la resis-

(i; Los destruimos en 1810 los españoles, y lo más triste es que para esta obra de devastación imploramos el auxilio de los mismos ingleses, contra los cuales habían sido levantados por el primer Borbón que reinó en España ! El coronel Harding se dignó entonces prestarnos sus ingenieros para demoler aquellas fortalezas, sólidas como rocas, que eran una protesta permanente contra los dueños del Peñón.

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tencia, hizo una honrosa capitulación saliendo él de la plaza con todos los honores y ofreciendo el austríaco conservar á los habitantes su religión, sus bienes, sus casas )• privilegios. Mas esta condición no fué cumplida, porque los templos fueron profanados, las casas saqueadas, y los vecinos tratados con todo el rigor de la guerra. En esta infracción del derecho de gentes descansa la posesión de Gibraltar por la Gran-Bretaña. Conviene tenerlo presente por si llegase el día en que dejara de ser la fuerza el alma del derecho.

Pero volvamos á erguir la sonrojada frente al descubrir en el vasto hemiciclo de una magnífica bahía, más allá del Palmones y del Guadarranque, la moderna Algeciras, reedificada sobre la morisca ciudad antigua por Carlos III en 1760, y por consiguiente más recomendable por obras de comodidad pública que por el carácter artístico de sus construcciones.

La ensenada en que está Algeciras era el portiis alhits de los romanos, y la isla J ^ercie ó de las Palomas que tiene en frente, fué Xd. jeziratii-l-khadrá de los sarracenos. Fué conquistada por el caballeresco don Alfonso XI en 1344, después de un obstinado cerco de veinte meses, al que acudieron cruzados de toda la cristiandad. Entonces fueron destruidas la antigua población y sus fortificaciones.

De Algeciras á Tarifa va el camino por una soberbia montaña digna de las regiones tropicales, desde la cual se descubre el más grandioso panorama que es dado gozar. Una druídica selva de naturaleza gigantesca y bravia, que solo pide un Salvator Rosa para que de todas partes se acuda á admirarla, abre su enmarañada espesura al Guadamecil, el cual, por entre angostas quiebras y peñascales, baja murmurando al Estrecho. Las añosas ramas de los alcornoques, que parecen teñirse de sangre cuando las hiere el sol de ocaso, sirven de cortinaje al cuadro encantador de la bahía de Algeciras, que cae al Este terminando en la lengua de tierra donde se incorpora como en acecho el importuno leopardo inglés con la presa hecha en

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nuestra costa. — Es Tarifa la población más moruna de toda España: tomó su nombre de Tarif-ben-Malik, el primer jefe de taifas berberisco que tomó tierra en nuestra península, al que no debe confundirse, como es costumbre, con el conquistador Tarik. Tiene por armas un castillo sobre unas olas con una llave en su ventana, y esta leyenda: sed fuertes en la guerra. Sancho el Bravo la expugnó en 1292. Alonso Pérez de Guzmán se comprometió á mantenerla durante un año, empeño que ningún otro quiso contraer: sitiáronle los moros, asistidos del traidor infante don fuan, que tenía consigo en calidad de paje al hijo mayor de don Alonso, niño de 9 años. Llevó don Juan á este niño al pié del muro para matarle á vista de los cristianos si su padre no se rendía... Pero ; quién ignora la hazaña de Guzmán el Bueno .^ Hable por nosotros el antiguo romance:

luego tomando el cuchillo por cima el muro lo ha echado. Junto cayó del real de que Tarifa es cercado. Dijo : — Mataldo con este, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo que hijo con mi honor manchado. — El infante con gran saña que desto había cobrado, con aquel propio cuchillo • el hijo le ha degollado.

Presente el buen caballero desde el muro lo ha mirado. Luego fué quitado el cerco : los moros se habían tornado allende de do vinieron, y á Tarifa han descercado (i).

(.1) Colección de Duran, romance 95 5.

En las llusir aciones de la casa de Xiebla, obra que Barrantes Maldonadosacó de las crónicas de los reyes de Castilla, y de una particular de don Alonso Pérez de Guzmán que existía en el convento de San Isidoro de Sevilla, se refiere con estas sentidas palabras el trance terrible que hemos recordado. «Dijo el infante Don Juan: «Don .Alonso Pérez, ¿conocéis á este mochacho que aquí está á par de mí atado.

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Conserva esta sus antiguos muros, obra de sarracenos, pero en tal estado, que podrían fácilmente batirse con las menudas y almibaradas naranjas de su propia tierra. Sus calles son angostas y tortuosas. A la parte del Sur, entre la muralla y el mar, se extiende su pintoresca Alameda, y al Este se levanta, dentro de la cerca, su Alcázar, castillo moro orenuino, en el cual, aunque ya tapiada, la ventana por donde es fama que Guzmán el Bueno arrojó el cuchillo, se distingue por una menuda cenefa de azulejos en su antepecho. En el lugar donde fué degollado el niño, se alza una torre, llamada la torre de Giisindn (i). —

»que es Don Pero Alfonso de Guzman, vuestro hijo mayor y el mas amado y que- «rido vuestro, que me distes que os lo llevase al rey de Portogal Don Donís r... Don «Alonso Pérez lo conoció y dixo: sí conozco que es mi hijo mayor y el mas amado i)y querido mió, y pésame á mí mucho de lo ver en vuestro poder y no el de á oquien yo lo enbiava: y el niño empezó á llorar y dijo: padre, méteme allá, que "me quieren matar estos moros: y el padre respondió: hijo, en mis entrañas te «holgara yo de meter, porque si mal te hicieran, pasara primero por mí, mas no «puedo agora: e viniéronsele las lágrimas á los ojos de ver á la cosa desta vida »que mas amaba en poder de sus enemigos no lo habiendo él sabido ni sospechado nhasti aquel punto. Y apartaron luego el niño para los moros y dixo Don Alonso rtPerez de Guzman á los moros y al infante ¿qué es lo que me queréis hablar r Res- "pondió el iníante Don Juan diziendo : que me entreguéis esta villa de Tarifa, de la «qual me a hecho merced el rey Aben-Jacob mi señor, oy en todo el día, y synó os «mataré este vuestro hijo sin ninguna piedad. Don Alonso Pérez de Guzman estu- »vo un poco que no respondió, porque en aquel espacio peleava la onrra contra el «dolor natural, y esforcavase contra los derechos de naturaleza; y respondió: la «villa de Tarifa yo no os la daré que es del rey Don Sancho mi señor, y le hize «omenaje por ella: pero yo os daré por mi hijo lo que él pesare de plata ó las do- «blas que vosotros quisierdes; y diziendo el infante Don Juan que no le estava «bien aquel partido, se apartó un poco atrás, porque estava muy allegado á la to- «rre, y enbió á dezir á Don Alonso Pérez de Guzman que viese si quería entregarle «luego la villa y castillo, porque synó incontinente en su presencia le degollaría

«el hijo Estonces el buen alcayde, esíorzado capitán y verdadero Guzman

«dixo en voz alta que lo oyeron los moros que estavan abaxo : porque no penséis «que os tengo de entregar la villa con amenazas de la muerte de mi hijo, veis aquí »os echo el cuchillo con que lo degolléis; y echando mano á una daga que traía en

«la cinta, la arrojó por sobre las almenas, y fué á caer entre los moros y se

«quitó de las almenas y se fué á meter en el castillo, que estará cinquenta pasos de «la torre.» (Part. 2." cap. 24.)

La Real Academia de la Historia ha impreso estas Uustraciojies por un manuscrito que conserva en su archivo; pero nosotros hemos tomado este ligero extracto de otro manuscrito más precioso que se conserva en la Biblioteca de la Colegiata de Jerez, todo enriquecido de primorosas viñetas ejecutadas á pluma.

(1) Hace algunos años se dispuso por el ministerio de la Guerra demoler las murallas de Tarifa, conservando solo el torreón llamado de los Giizmanes y la íoi re de Guzmán el Bueno. La Comisión de monumentos de Cádiz, en sesión del 27 de

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Los vecinos de Tarifa, más africanos que españoles en sus costumbres, se complacen en soltar los toros por las calles, y hay viajeros que pretenden que las ían'fcñas, rebozadas en sus mantos á la usanza oriental, y descubriendo solo sus negros ojos, son más peligrosas que aquellos bravos animales (i).

Continuando nuestra peregrinación por la costa al occidente, tenemos ahora á la vista la histórica llanura del Salado, donde Walia en el siglo v derrotó á los vándalos silingos, y donde el valiente don Alonso XI deshizo en 1340 las fuerzas coaligadas de Yusuf I, de Abu-1-hajak rey de Granada, y de Abu-1-kassán rey de Fez: victoria que preparó el camino al triunfo definitivo de la Cruz, consumado un siglo después por los reyes Católicos. No te refiero la célebre batalla del Salado, tan grande en resultados como la de las Navas de Tolosa, porque no hay historia de España que no te la cuente; y yo, semejante al colector de objetos curiosos que huye de lo común para consagrarse á lo menos conocido, deseo no ofrecerte memorias manoseadas.

La llanura del Salado se extiende hasta las alturas de la Peña del Ciervo, desde donde se ve abrirse con imponente magnificencia la empinada costa africana, inmensa barrera de piedra tajada perpendicularmente sobre el mar y plateada en su h'nea superior por las nieves eternas del Atlas. — De aquí nos conduce una romántica y silvestre garganta por entre vestigios de calzadas y puentes moriscos, á la venia de Taibilla, poco distante de la famosa Laguna de la Janda, donde comenzó entre las huestes de Tarik y los ejércitos de Rodrigo (en 711), la gran batalla de siete días que tan funesto desenlace tuvo en los campos de Jerez.

Vamos á finalizar nuestra correría por la provincia de Cádiz. La que acabamos de verificar principió por la bahía; ahora nos falta reconocer las principales poblaciones que caen al nordeste

iMayo de i 876 acordó representar contra tal demolición, pero ignoramos qué resultado dieron sus trestiones.

(1) FoKi) en su H.ind book, etc.

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de la misma. Poco nos detendremos en la marítima villa de Rota, más celebrada por su estomacal tintilla que por sus antigüedades; diremos solo que está situada á unas dos leguas y media de Cádiz, en aquella punta de tierra que se llamó entre los antiguos Cabo de Satiinio . que suponen algunos ganada por san Fernando en i 25 i . juntamente con las villas de Lebrija, Arcos, Alcalá de los Gazules, Chiclana, Puerto de Santa María y otras ; que en el siglo xvi conservaba parte de su antigua cerca y una mediana fortaleza; que el diligente Horozco conoció en su única iglesia parroquial lui gentil retablo de que hoy ya no nos dan razón; que su señor el duque de Arcos tenía en su costa una muy productiva almadraba, y que en i 702, durante la guerra de Sucesión sufrió un brutal saqueo de parte del ejército anglo-holandés, auxiliar del archiduque pretendiente. Del mismo duque de Arcos era la villa de

Chipiona, situada más arriba, marcando la última punta de tierra que baña el Guadalquivir al salir al mar. Aquí estuvo, según todas las probabilidades, la antigua ara yicnojiis de Pomponio jMela (i). La antigualla más notable en los contornos de esta villa es un santuario cuyo nombre suena en una de las más interesantes leyendas de la Edad-media española. A un cuarto de legua de Chipiona y siguiendo la costa al sur, la vista del viajero, fatigada de registrar colinas de arena, pitas y melonares, descansa en un hermoso grupo de palmeras que recuerdan en aquella especie de desierto las descripciones de los oasis del África. Acompañan aquellas palmeras á una construcción en forma de ciudadela sobre cuya entrada principal se ven esculpidas las armas de los duques de Arcos. Esta ciudadela — ya lo ha adivinado el lector — es el convento de Niiestra Señora de Regla. Las palmeras pertenecen al huerto de los monjes agustinos que lo habitaban. — Cuenta la piadosa leyenda que cuando la ciudad de Hipona fué saqueada por los vándalos, dos de los

(i) \'. la página io<

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discípulos más queridos de S. Agustín lograron sustraer al bárbaro furor de los vencedores la preciosa imagen de la Virgen que el santo obispo veneraba entre las santas reliquias que había reunido, y que entregándose con ella en una barca á merced de las olas y bajo la protección de la que ya la Iglesia saludaba como estrella de los mares, aportaron con su sagrado depósito en el promontorio que hoy se llama de Regla. Allí, entre las rocas de la costa vivieron aquellos discípulos como ermitaños, allegándoseles paulatinamente otros hombres piadosos, con lo que creció la santa milicia del yermo , y cuando la devastadora oleada islamita, dos siglos después, arrolló todos los pacíficos santuarios del mediodía de España, los ermitaños de Regla sustrajeron por segunda vez al furor de los profanadores su querida imagen, escondiéndola en una honda cisterna, sobre cuya entrada volcaron una gigantesca losa. De entonces fué por grados disipándose el recuerdo de su antiguo culto, hasta que en el siglo xiv una sobrenatural aparición reveló á un santo de la orden de S. Ao^ustín de la ciudad de León la existencia de la milagrosa imagen. Lleno de religioso celo emprendió su peregrinación á la costa del Océano sin más guía que la voz interior de un misterioso aviso. Al llegar al Guadalete dejó á la izquierda el triste teatro de la rota de Rodrigo, encaminóse por la playa hacia la derecha, y obedeciendo á un secreto y divino impulso, al tocar al término de su viaje, se echó á dormir al pié de una secular higuera que cobijaba bajo sus ramas la piedra de la cisterna donde yacía la imagen. No le faltó el auxilio del cielo para descubrir el paradero del objeto de su anhelo, y con ayuda de las sencillas gentes de aquellos contornos, cavó al pié del árbol, removió la piedra, abrió la cisterna, y sacó de su escondrijo la santa efigie deshecho en un torrente de lágrimas. Conservábase ésta íntegra dentro de una arca de madera incorruptible, sobre la cual ardía aún milagrosamente la lámpara misma del antiguo santuario, y le acompañaban los ornamentos sagrados, la cruz'y el cáliz con que por última vez se había celebrado

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allí el santo sacrificio. Á treinta pasos de distancia tenía un castillo el señor de aquella comarca, don Pero Ponce de León, á quien pertenecían también las fortalezas de Rota y Chipiona: llevado este magnate de su acendrada piedad, lo desocupó inmediatamente y lo cedió para que Nuestra Señora tuviese nuevo y digno santuario (i). He aquí porqué el convento de Regla tiene el aspecto exterior de una cindadela. Hacen hoy romántica e interesante su pequeña iglesia su misma antigüedad y sencillez, y su fisonomía arquitectónica que recuerda la de algunos primitivos templos bizantinos.

Sanlúcar de Barrameda. — Al viajero que baja por el Guadalquivir admirando la matizada sierra que deja á su izquierda, donde descuella como un chopo la esbelta torrecilla de Lebrija, y la anchura del río que desemboca en la mar majestuoso como el Rhin, bajo un toldo de nubes que á lo lejos sombrea en las marismas las pirámides de plata de las salinas ; la pequeña ciudad de Sanlúcar se le aparece en frente como un grupo de blancos cisnes que salen del agua á sacudir sus alas al sol. Esta población se divide en alta y baja: en la alta, que es la más antigua, asienta sombrío un denegrido castillo de planta cuadrangular con doble recinto y barbacana, formando primero y segundo piso, torreones cuadrangulares en las esquinas y cubos cilindricos en cada lienzo de muralla : en su ángulo noroeste sobresale el cuerpo principal, que es también cuadrangular, y en la esquina de este al mismo viento se alza otro cuerpo exagonal, que es el más alto de todos, y al cual se llega en la parte superior por una puertecilla de ojiva conopial que marca perfectamente la época de sa construcción (siglo xv). — Esta era la fortaleza que en los días de intestinas contiendas entre las poderosas familias de los Guzmanes y Girones, mantenía respetada en

(i) Quien desee extensas noticias acerca de este Santuario puede acudir á los historiadores de la orden de S. Agustín, principalmente á los PP. Fr. Pedro del Campo y Fr. Nicolás de Santa María y al Rcsuynjn histórico del antiguo sj,ntua,- rio, etc., de D. Pedro Castelló. diligente investigador de esta clase de antigüedades.

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la villa de Sanlúcar la benéfica prepotencia de la casa de Medina Sidonia. El duque de este título era en ella el autócrata reverenciado y querido : como señor absoluto, casi como rey, la otorgaba privilegios, franquicias, mercedes, y la población festejaba á su arbitro y señor con públicas demostraciones solo usadas en otras ciudades con los monarcas (i). ¡Cuan alegre y

(i) El archivo municipal de Sanlúcar de Barrameda conserva una curiosa colección de libros capitulares de los siglos xv y xvi que patentizan este aserto. Los documentos anteriores á esta época no existen allí, porque los duques de MedinaSidonia que eran, según queda dicho, los señores de la villa y proveían los oficios municipales, se llevaron los papeles á su archivo, y deben hallarse en Madrid en el de la casa de \"illafranca. Debemos á la bondad del digno secretario de aquella corporación, numerosas copias de privilegios y acuerdos de la expresada época; entre los cuales citaremos, aunque sin orden cronológico rigoroso, los más interesantes. Lib. i .'-' — Privilegios concediendo propios á la villa, otorgados por don Juan de Guzmán, primer duque de Medina-Sidonia en 2 de Diciembre de 1445. — Ratificación de los mismos por el segundo duque de Medina-Sidonia, don Enrique de Guzmán, en 5 de Febrero de 1 46Q.— Carta dirigida al consejo de Sanlúcar por el duque don Juan en i 7 de Junio de 1516, franqueando á los cosecheros de Jerez el permiso de embarcar sus frutos por el puerto de Alventos. — Fundación del Pósito de Sanlúcar en 6 de Dicien\bre de i 5 32. — Merced del señor don Juan Alfonso, sexto duque de Medina-Sidonia, de 50 maravedises de renta perpetua al año sobre la aduana de Sanlúcar por aumento de dicho Pósito en 25 de Marzo de

1 548.— Lib. Ante-primero: — Acuerdo sobre el mal paso al pié del palacio de los duques, mandado componer en el año 151 5. — Mandamiento al mayordomo de la villa para que guarde las algaidas, penando á los quebrantadores : viernes 1 ^ de Abril de 1513 .—Petición de la misma fecha de Pedro Segovia, síndico procurador, para que se escriba á la señora duquesa madre exponiendo la necesidad de mantener la antigua costumbre de nombrar dos alcaldes, uno de caballeros y otro de regidores. — Acuerdo tomado en 18 de Abril de i 5 i 3 para que se escriba á la señora duquesa sobre el casamiento del duque su hijo y sobre otros particulares que interesan á la villa.— Acuerdo notable del 24 de Febrero de i 5 i 3 declarándose la villa por el gobierno de la duquesa, madre del duque don Alonso quinto, y apercibiéndose á repeler las violencias del conde de Ureña que intentaba retener el gobierno tiránico ejercido durante la vida del duque don Enrique. — Acuerdo del

2 5 de Febrero reconociendo la gobernación de la duquesa madre, doña Leonor de Zúñiga y Guzmán, como madre y tutora de don Alfonso el Fatuo, quinto duque de Medina-Sidonia. — Acuerdo de i ." de Abril multando al regidor Pedro Juan por haber dejado de concurrir al cabildo, y curiosa exculpación de éste alegando haberse voluntariamente retraido de los negocios de la república mientras duró la odiosa gobernación del conde de Ureña y de don Pedro Girón su hijo. — Acuerdo del 4 de Agosto de 1531 sobre el recibimiento que debe hacerse al duque don Alonso Pérez de Guzmán y á la duquesa madre doña Leonor de Zúñiga: pieza curiosa por la enumeración de las clases que habían de formar el ceremonioso cortejo, en el cual, por una extraña aberración de las costumbres que hoy no podemos apreciar, figuran lodas las luiijeies de amores de la mancebía, eti una danza o corro, e qite tengan á cargo, de las mandar salir los alguaciles de esta villa. — Libro 2.'' — Acuerdo del 24 de Abril de i 528, encargando á dos regidores que pidan

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alborozada le salía al encuentro en el estío de 1331, cuando para demostrar su cordial adhesión á la prudente duquesa madre, doña Leonor de Zúñiga, hacía emparamentar sus casas en toda la carrera desde la puerta de Jerez hasta el Palacio, y cu-

á la duquesa se digne conceder á la villa para propios de la misma todo lo que se edificase en el solar del Alcáiar Viejo. — Libro 3.° — Acucnlos de los días 20 y 2 i de Mayo de i $ 38, sobre el acatamiento y placer con que fué recibida la provisión del nuevo duque don Juan, participando á la villa haberle hecho S. M. merced del título que esperaba; sobre las albricias que pidió á la villa el secretario Juan Ruíz de Velasco por la buena nueva del título de su señoría; sobre exención de toda clase de pechos, derramas, servicios y repartimientos á Diego de la Horden, por haber sido el primero que trajo á la villa la noticia del título de su Estado expedido á su señoría; sobre los barcos que el nuevo duque mandaba á pedir para trasladarse á la villa, los que se acuerda enviarle con la gente necesaria, bien aderezados y ataviados, yendo con ellos los regidores Juan de Esquivel el Viejo y Pedro Serrano Roiz; sobre regocijos y placeres que convenía hiciese la villa por la fc7/e;m venida, del título de su señoría, luminarias y lumbres en las calles y puertas délas casas y ventanas, repiques de campanas y pregones, lidia de toros en la -plaza de arriba, juego de cañas de los caballeros, á cargo de Alonso de Castro Roiz, despejo de calles y construcción de /«/««í^í/eras al cuidado del mayordomo de la villa: enramados y juncia en la cuesta que conduce á la casa-palacio para el día de la llegada de su señoría, aderezo de toda la carrera, danza de espadas de los mismos que salían el día del Corpus, á cargo de Juan Alonso del Hoyo y Pedro Camayo Rizo; salida de todos los barcos disponibles al recibimiento del duque bien enramados y equipados, etc.— Acuerdos del 24 del mismo mes y año sobre peticiones que convenía hacer al duque, llegado que hubiese á la villa, para que declarase libre de derechos la introducción de trigo (pan) por extranjeros, por causa de la mucha carestía que se experimentaba en ella. — Acuerdo del día 2^ acatando y cumpliendo una provisión de su señoría, cometida al muy noble señor licenciado Cristóbal de Santa Cruz de su consejo, para que entregase á éste el licenciado Martel la vara de justicia: loque se llevó á efecto con el solemne juramento de costumbre. — Acuerdo del mismo día mandando anunciar por pregones á todos los caballeros de contía y personas honradas que tengan caballos, que estén prontos y aparejados para juntarse en la plaza pública con la justicia y salir á recibir al duque en oyendo la campana de repique. — Libro 4.° :— Acuerdo del fol. i .» sobre el modo como han de ir los oficios en la procesión del Corpus Christi. El orden era este: los techadores con la tarasca; luego los hortelanos con la suya; luego los herreros y tejedores, los carreteros con danza de segadores, los olleros y cantareros, los pintores, los esparteros, los zapateros, los barberos, los especieros, los sederos y detrás de ellos los moriscos, los taberneros con danza de espadas, los tahoneros, los toneleros, los hombres de mar con danzas, los carpinteros, los sastres y los armeros. Seguía después el Arca del Santísimo Sacramento, acompañada de los oficiales del municipio, con hachas encendidas, y detrás todos los mercaderes con hachas también. — Libro 6.°: fol. g i vto. : Fiestas de toros por los buenos sucesos de la guerra de Portugal y juegos de cañas en que fueron diputados Hernando Caballero y Juan Boscán ; — fol. 70 : primera denominación de ciudad concedida á Sanlúcar de Barrameda en 2 de Noviembre de i 579,- íol. 38: primera vecindad de gitanos en Sanlúcar, año i 577.

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brir sus calles de juncia y cañas verdes, y poner en las torres de su iglesia, de la puerta de Jerez y de las Casas consistoriales, barriles de alquitrán para que ardiesen de noche, y luminarias en las casas del duque, y arcabuceros en las torres que avisasen con salvas la entrada de sus señores! Acudieron al solemne recibimiento todos los caballeros de confia de la villa y todos los que tenían caballos ó muías, lujosamente ataviados; cincuenta gentiles hombres mancebos con su capitán, apalabrados por el regidor Alonso de Castro: cuadrillas de moros y cristianos haciendo sus alardes, dirigidos por el capitán García de León: los ingleses, de los cuales había muchos allí avecindados; los pendones todos de los oficios, cada cual con su alférez á la cabeza; las danzas de espadas á cargo de su regidor Fernando de Río ; los niños de las escuelas con marlotas moriscas y banderetas en las manos, y hasta las mujeres de amores de la mancebía formando su danza ó corro, enviadas (efecto singular de una relajación de costumbres más candorosa que desvergonzada) por excitación del municipio y comisión dada á los alguaciles de la villa. ¡Qué cuadro para el pincel de un Van-Alsloot! ¡Qué animación la que reinaría en Sanlúcar en esos días: y también en aquellos otros en que celebraba augustas ceremonias religiosas ! Cuan galana y majestuosa serpentearía por sus calles, colgadas y tapizadas de floridas ramas, la procesión conmemorativa del más portentoso y tierno de los misterios del catolicismo, en que acompañaban al Santísimo Cuerpo de Cristo todos los gremios de los oficios, todos los concejales, todos los mercaderes, por el orden marcado en uno de sus acuerdos (i). — Hoy nada de eso existe: la ausencia de su señor ha despojado de toda animación á la villa; el palacio, desierto y cerrado, apenas habla ya á la silenciosa y decaída ciudad de la pasada grandeza de sus duques; la amena residencia de verano de los duques de Montpensier, solo de vez en cuando hace renacer en la población una

(i) V. la nota anterior, acuerdos del lib. 4." de los capitulares.

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pálida aurora de prosperidad á la cual sucede el frío y habitual crepúsculo que la domina. El soberbio castillo está convertido en cuartel ; la iglesia mayor reducida á la categoría de una humilde parroquia de lugar! Pero los espaciosos y bellos jardines de la casa de Villafranca, que trepan escalonados hacia lo alto de la ciudad, verdes y risueños como dotados de perpetua juventud, y los del convento de San Diego (hoy hospital) que forman un espléndido anfiteatro sobre robustos malecones, asomando en agradable contraste de lo cultivado con lo agreste por encima del extenso bosque naranjal de la viuda de Picacho, revelan la aptitud de aquel suelo para transformarse en ameno paraíso.

Los monumentos artísticos más notables de Sanlúcar son la antigua iglesia parroquial, dedicada á Nuestra Señora de la O, el palacio de los díiqtLes de Medina-Sidonia, y algunos conventos.— No te describo la caprichosa fachada de esa parroquia, tampoco lo interior, donde lo único bueno es una rica techumbre de alfarge morisco cuajada de estrellas; pero te diré quién la fundó. El diligente rebuscador de las memorias de la casa de Niebla, Barrantes Maldonado, cuenta que doña Isabel de la Cerda, hija de doña Leonor de Guzmán y don Luís de la Cerda, y por lo tanto nieta de Guzrnán el Bueno y de doña María Alonso Coronel, después de casada con don Rodrigo Alvarez de las Asturias, señor de Nurueña y magnate de Galicia, quedó viuda sin hijos, y permaneció en este estado por espacio de veinticinco años, hasta que el rey don Enrique la casó con don Bernal de Bearne, hijo del conde Febus de Fox dándoles el condado de Medinaceli. Mientras se mantenía viuda, pues, y vivía religiosamente retirada en su casa de Sevilla haciendo obras de caridad, solía pasar muchas temporadas en Sanlúcar, y entonces edificó esta iglesia mdiyor poniendo en su puerta prÍ7icipal á mano derecha las armas de su padre, que eran castillos e leones e flores de lis e a la mano izquierda las armas de su madre, qíie eran calderas de los Guzmanes con quatro leo-

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nes por orlas sin castillos^ porque no tuvierofi los señores de la casa de Niebla castillos por orla hasta que se jiuitaron en casamiento con la casa de Castilla (i). Pertenece pues la obra al primer tercio del siglo xiv, y esta fecha, relacionada con el carácter artístico de la obra, es de interés para la historia de nuestra arquitectura meridional.

YX palacio antiguo de los duques de Medina-Sidonia estaba en el solar que, como queda dicho en una nota anterior, se destinó á Pósito el año 1532. Los restos que de él existen en la cuesta llamada de Belén, ofrecen una decoración fantástica de arcos ojivales aconopiados y estribos con columnas sobrepuestas, sosteniendo repisas en que apoyan sendas serpientes aladas, coronadas por sus correspondientes marquesinas. Algunas espaciosas repisas de molduras horizontales que se ven sobre los arcos, denotan que hubo antiguamente balconaje en esta singular fachada.

El nuevo palacio ducal se halla inmediato á la parroquia. Hablando de él escribía Horozco «la casa es de poco i mal edi- >ficio, pero de grande hospedaje i suma de pequeños aposen- >tos, i solamente tiene de autoridad el alteza del sitio.» — Otro palacio, de modesta aunque elegante arquitectura, pero de regias dependencias, tiene la casa de Villafranca en el vecino coto de Doñana á la otra parte del río, donde todavía se dan batidas que rivalizan con las más celebradas del tiempo de los Felipes. En 1625, escribe el autor de la Historia de Cádiz y su provincia^ el rey Felipe IV, con su hermano don Carlos, el conde-duque de Olivares, y muchos señores de la Corte, bajó á Andalucía con objeto de visitar sus principales ciudades y puertos. El duque de Medina-Sidonia que, con aparato real vivía en Sanlúcar, quiso dar al monarca una muestra de su poder, mandando construir de madera una pequeña ciudad en su coto de Doñana, que, como es sabido, está frente á aquella población á la otra

(1) Uuslraciones. de ia cjisjí de Xiebla,. part. 3.% caps. X[ y XWH.

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parte del Guadalquivir. Riquísimas colgaduras y tapicerías adornaban esta fábrica, construida con la mayor presteza y á costa de grandes dispendios por ser muy lluviosa la estación y retardar los deseos del duque. Éste, enfermo de una pierna, tuvo que permanecer en su palacio de Sanlúcar en tanto que el rey y su corte fueron con toda pompa recibidos en el coto por su hermano don Gaspar, por el marqués de Ayamonte, por el conde de Niebla y otros parientes y allegados de la prepotente casa de Guzmán. La magnificencia del hospedaje, los regalos con que el rey fué obsequiado y las fiestas que se habían prevenido, llenaron de asombro á la corte de Felipe IV. Se calcula que le costó al duque la visita del monarca medio millón de ducados.— Quince años después, otro duque de Medina-Sidonia, hijo de éste, cediendo á sugestiones del ambicioso marqués de Ayamonte, pretendió arrebatar á la corona de Felipe la Andalucía, proclamándose en ella Jefe de una república aristocrática semejante á la de Venecia ó Genova: el marqués perdió la vida en la jugada, el duque la salvó con una ridicula farsa inventada por su deudo el conde-duque ; pero el rey, recordando el aparato augusto con que en Sanlúcar vivían los Guzmanes, mandó poner guarnición real en esta ciudad y en Medina-Sidonia, y previno al duque que en lo sucesivo residiese en la corte.

En la parte baja y llana de la ciudad descuella smt Francisco, con su cúpula greco-romana, su fachada severa de sillería sin revoques, su grave arco de medio punto y su portada dentro. — No lejos se eleva santo Domingo, templo también de sillería denegrida, notable desde lo alto de la ciudad por el inmenso terrado que forma la parte superior de su gran nave, y por su capilla mayor que se levanta al norte como otro castillo (i). Este templo, fábrica y entierro de doña Leonor Manrique de Sotomayor, mujer de don Juan Claro de Guzmán, octavo conde

(i) Esta iglesia de Santo Domingo de Guzmán presenta una primera puerta de entrada toda almohadillada. Tiene en el exterior trozos de barandilla gótica, ventanas del renacimiento y agujas de estilo decadente.

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de Niebla, tiene en su presbiterio los cenotafios de estos ilustres personajes y de sus hijos de ambos sexos, cuatro varones y dos hembras, todos con sendos bultos arrodillados, aquellos á un lado y estas al otro. El coro de la iglesia está sostenido en un grande arco rebajado, en cuyas enjutas se representa de relieve el acto que inmortalizó el nombre de Guzmán el Bueno, honor de la casa de Bretaña.

A una legua de la barra de Sanlúcar, paso peligrosísimo en que han naufragado muchos bajeles en todos tiempos, y donde veíamos nosotros desde el castillo alzarse del agua dos palos de una embarcación sumergida pocos días antes de nuestra llegada á la ciudad, como brazos descarnados de un ahogado á quien sorprendió la muerte pidiendo socorro, está el puerto y surgidero de Bonanza, antiguamente llamado de Zanf anejos^ cuyo nombre perdió, tomando el que ahora lleva de una ermita que le domina y en la cual se venera de muy antiguo la imagen de Nuestra Señora de Bonanza. — La santa imagen ha escuchado los votos y preces de los mareantes de cuantas flotas y armadas han zarpado del Guadalquivir para todas las partes de las Indias, y surgido después á su retorno cargadas con los tesoros de aquellas regiones. Á este puerto acudían en los pasados tiempos de nuestra prosperidad en Ultramar, navios con mercaderías de Alemania, Noruega, Flandes, Francia, Irlanda, Escocia é Inglaterra, para la contratación de la rica y populosa reina del Betis, avecindándose de resultas en Sanlúcar muchas familias poderosas, especialmente bretonas (i) y francesas, y

(i) En la citada historia de la casa de Niebla encontramos el curioso pasaje siguiente sobre el establecimiento de los Bretones en Sanlúcar.— «Los mercaderes »bretones que antiguamente trataban en Galicia y en Vizcaya, se pasaron á conwtratar en Sanlúcar de Barrameda. lo qual hazian por mandado del duque de Bre- ))taña, su señor, en las dos ferias que en cada un año ay en la villa de Sanlúcar, »que llaman las vendejas., donde dende aquel tienpo hasta agora vienen á ellas la «gente de Bretaña, y por el respecto del parentesco antiguo son de los señores de »Sanlúcar humanamente tratados, é pagan menos derechos los bretones que los «flamencos, ingleses, franceses é de otras naciones que allí vienen por mar.» (Paróte 3.', cap. n.)

Sabida es la opinión general de los genealogistas sobre el origen de la casa de

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viniendo á ser de consiguiente la aduana de esta ciudad la más productiva del reino después de la de Sevilla. Pero aunque no quedara de Bonanza otra memoria que la de haberse embarcado en él el fúnebre convoy que en 1309 venía conduciendo el cadáver de Guzmán el Bueno desde el real de Algeciras á su enterramiento de Santiponce, entre el numeroso y enlutado cortejo de sus hijos, deudos y vasallos, éstos con las colas de sus caballos cortadas, en señal de duelo, aquellos en torno del féretro con hachas encendidas, — todavía nos ofrecería este puertecillo títulos sobrados para figurar en nuestro libro (i).

Dejamos ya las casas blancas y alineadas de la parte baja de Sanlúcar, sus grandes balcones sostenidos en historiadas repisas, sus anchas ventanas pintadas y cautelosamente provistas de caladas celosías, los miradores, los salientes cobertizos, las tiendas á la moderna, las anchas plazas y alamedas ; y tomamos por tierra hacia el nordeste el camino de Lebrija, por entre dos hileras de nopales, á los que sigue un extenso y triste pinar, entre cuyo ramaje, mirando á la izquierda, la plateada superficie del Guadalquivir nos ofrece mil puntos de vista que recuerdan los melancólicos paisajes de Ruysdael. Pasamos por la morisca Trebujena, ganada á los infieles por san Fernando en i 25 i , y á dos leguas de distancia nos hallamos en Lebrija, pueblo de la provincia de Sevilla.

Nuestra correría ahora va á ser rápida y breve. Las poblaciones que vamos á visitar en busca de monumentos de la Edadmedia y del Renacimiento, son pocas, y han decaído demasiado de su pasada prosperidad política é intelectual para que de ellas podamos prometernos un escrupuloso respeto hacia sus venerandas antigüedades. La agricultura se muestra en algunas muy

Guzmán, que la hace descender de un hermano segundo del duque de Bretaña Herispal, venido á España en tiempo de don Ramiro I de León, y casado aquí con la hija de éste, doña Hcrmisenda,

(i) Puede verse en la citada historia de Barrantes Maldonado la sentida descripción de esta fúnebre ceremonia. Part. 2.', cap. último.

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floreciente; pero hay cierta clase de hartura, que lo mismo que la indigencia suele bastardear los sentimientos delicados, sin los cuales el amor al arte se extingue.

Lebrija. — Estuvimos ya en este pueblo rebuscando en él los vestigios artísticos de su existencia durante las dos épocas romana y árabe (i). De la primera encontramos alguna escultura; de la segunda se nos ofrecieron parte de un antiguo castillo y parte de la iglesia mayor (2). — Conquistada la villa por san Fernando, ó por su hijo don Alonso X, poco después de ganada Sevilla, su importancia fué siempre en aumento hasta los días de nuestra general decadencia en el siglo xvii. — Del tiempo de la reconquista es sin duda alguna la obra que transformó en iglesia parroquial la mezquita principal de la villa, respetando de la construcción árabe hasta el crucero y haciendo nuevos éste y el ábside. Tiene esta iglesia una fachada lateral gótica muy buena: su arco de ojiva degradada, su archivolta de baquetones, las columnillas que la sostienen y las puntas de diamante que la decoran, están pregonando el arte del siglo xiii en su principio. — El retablo de este templo fué trazado por Alonso Cano en 1636, el cual tomó á su cargo la obligación de construirlo que contrajo su padre en 1628 y no pudo llevar á cabo. Lo que más le acreditó en esta obra fueron las estatuas, pues los cuadros no son suyos, sino de un cierto Pablo Llegot, según consta de los libros de fábrica de dicha parroquia.

Dan testimonio de la pasada riqueza de Lebrija la antigua Casa consistorial que en frente de la parroquia luce todavía su bella fachada greco-romana; y un convento de religiosas que en la misma calle presenta otra fachada, greco-romana también, notable por la bella armonía de sus líneas. — Desemboca la calle en una alegre plaza, donde ofrecen los árboles grata sombra al fatigado viajero.

(i) Véanse las páginas i66 y 167. (2) Véase el capítulo XIX.

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Utrera. — No fué en los primeros tiempos de la reconquista sino un lugar de la ciudad de Sevilla. Don Enrique II y otros reyes le concedieron después privilegios, y los reyes Católicos en el siglo xv, viéndolo despoblado y arruinado de resultas de las pasadas guerras, le otorgaron exención de todo pecho y tributo (i). — Tiene este pueblo notables iglesias, una graciosa Fuente^ que forma un templete octógono de arcos semicirculares y bóveda hemisférica, y un antiguo Castillo con un inmenso torreón de dos pisos. Conserva Utrera su cerca morisca con treinta y cuatro mutilados torreones.

La Iglesia 7nayor, consagrada á Nuestra Señora, presenta una fachada del estilo de Berruguete. Un grande arco abocinado con el intradós y las jambas casetonados y poblados de un sin número de cabecitas de ángeles, deja ver en su fondo una puerta cuadrangular muy elegante, flanqueada por las estatuas de san Pedro y san Pablo en sendos nichos aconchados. Sobre el dintel, la Co?icepción sostenida por ángeles; en lo alto el Padre Eterno. — El grande arco exterior se halla entre dos columnas platerescas: en sus enjutas hay dos medallones de alto relieve; y termina la portada con un bien proporcionado frontón coronado con tres agujas abalaustradas. Encima se levanta una esbelta torre de tres cuerpos, como te manifiesta la lámina inserta (2). — Contiene este majestuoso templo cinco naves: solo la central es genuinamente gótica, aunque se mantiene sobre doce pilares istriados y coronados de angostos capiteles acusando la traza del siglo xv. Los pilares, los haces de columnas, los muros, las bóvedas, todo está en esta iglesia pintado y dorado. — El coro tiene una soberbia sillería plateresca con bustos de santos de excelente talla. El crucero está coronado por una hermosa cúpula sobre pechinas, en que se representan los cuatro Doctores de la Iglesia. — El presbiterio es también greco-

(i) Así consta de una carta de privilegio que existe en su archivo municipal. (2) Véase la lámina Utrera— Iglesia, de Sania Marta.

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romano como el crucero : álzase sobre siete gradas de pulido mármol, y tiene un altar mayor todo dorado, en cuyos compartimentos se ven bellamente esculpidas de alto relieve las escenas de la vida de Nuestra Seño7'a. — El conde de Arcos, don Diego Ponce de León, tiene su enterramiento en esta iglesia.

Iglesia de Santiago. — Este templo (i), de fisonomía exterior puramente oriental por las cúpulas de su crucero y capillas laterales exteriormente revestidas de brillantes azulejos, es de tres naves ojivales sostenidas en esbeltos hacecillos de columnas, coronadas con capiteles de angostas cenefas. Los nervios de sus bóvedas laterales descansan por un lado en estos capiteles y por el otro en repisas colocadas á la misma altura. El crucero y el presbiterio son de arquitectura greco-romana: lleva aquel una ligera cúpula sobre arcos de medio punto. El presbiterio, como se observa en todas las iglesias de Andalucía, es poco profundo. — Está el coro á la entrada. En su fondo está el órgano, cuya colosal armazón llega hasta la bóveda. — El ventanaje es gótico, pero bárbaro: el altar mayor, malo. — La fachada, de estilo ojival decadente, contiene sobre el dintel de su puerta interior una bella imagen del santo titular á caballo. Otra figura del mismo santo se levanta á la región de las nubes sobre la linterna de la cúpula del crucero.

Las iglesias de Santa Ma7'ia y Santiago sostienen una rivalidad secular, semejante á la que existe entre las de Santa María y san Pedro en Arcos de la Frontera. Cuéntase que en los pasados tiempos los feligreses de la una parroquia no se arrodillaban ante el Viático cuando salía de la otra.

San Francisco., iglesia de un convento suprimido, es el tercer templo de Utrera que debemos mencionar. Tiene una sola nave, y una gallarda cúpula bien pintada.

Quien quiera formarse idea de las magnificencias dé la vida agrícola de los antiguos patriarcas y comprender los encanta-

(i) Véase la lámina : Utrera — Parroquia de Santiago.

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dores idilios que la Biblia nos ofrece en las faenas campestres de Jacob, Labán, Booz y Ruth, procure visitar los cortijos de Utrera. Allí también aprenderá á sentir toda la belleza de las poesías de Garcilaso, Rioja y Francisco de la Torre.

Torcemos ahora hacia el sudoeste, y quedando á nuestra derecha Coronil con su arruinado castillo morisco, nos dirigimos á

Morón, formidable rival de Olvera, puesto como en acecho al pié de su áspera é intratable sierra. Ostenta este pueblo una iglesia de jfesuitas, de fachada barroca y de tres naves, divididas por pilares á que están adosadas columnas de orden compuesto.—Una Iglesia niayoí" reedificada en 1726, en que el exterior vale muy poco, y el interior ofrece tres naves góticas separadas por hacecillos de columnas, sobre los cuales cargan esbeltas y gallardas ojivas; capillas y crucero greco-romanos; bóveda central de complicada pero elegante crucería del siglo XIV; y un ajimez árabe en un lado de la imafronte; — una iglesia de monjas denominada de Sarita Maria, que, reedificada en 1845, ^^ conserva un solo resto de su antigua estructura (i); — una iglesia de san Francisco^ que tiene un espacioso coro sobre su atrio, una sola nave sostenida en pilastras aparentes, dos hileras de tres arcos que descansan en columnas de mármol, y una fachada sencilla con un arco entre pilastras compuestas; — un convento de yesús, pequeño templo de una sola nave y de estilo greco-romano sencillo, al cual da cierto encanto y poesía un patio que hay á la entrada sombreado por frondosos árboles; — y un Castillo muy restaurado, de época para nosotros incierta, con cerca de muros y torreones medio derruidos, y con un elevado cuerpo cuadrangular, en cuyo interior hay un salón octógono inscrito en una elipse, que conduce por medio de una

(i) Es de tres naves, con una techumbre de madera sencillamente artesonada. Fué reedificada, como queda dicho, en i 845 , siendo su priora doña Dolores Ruíz Oviedo.

escalera á la parte superior de la bóveda, y de aquí al adarve de la muralla.

Atravesemos la peligrosa sierra, y siguiendo al este llegamos á Osuna. Conquistada á los moros en i 240, el rey Felipe II se la dio á don Pedro Girón. Don Juan Téllez Girón, cuarto conde de Ureña, fundó en 1534 la Iglesia mayor ^ llamada la Colegial^ y en 1549 una universidad literaria. — La iglesia Colegial es espaciosa y de gótico bastardo, y consta de tres naves. Su portada de poniente, llena de delicadas labores según el gusto de Berruguete, contenía antes de la invasión francesa bellísimos relieves de barro cocido, representando pasajes de la Historia Sagrada, y los soldados de Soult se ejercitaban en ellos á tirar al blanco cuando aquel culto vándalo, solo aficionado á las joyas artísticas que podía llevarse á su país, convirtió el edificio en una cindadela (i). Consérvanse en el retablo de esta iglesia cuatro cuadros de Ribera, que escaparon milagrosamente de la rapacidad de aquellos regeneradores. En esta fábrica hay un patio nombrado del sepulcro^ también de estilo del Berruguete, y en la sacristía un excelente Cristo de Morales. Las arcadas árabes que sostienen las bóvedas de la iglesia le dan el aspecto de una mezquita purificada y consagrada al culto cristiano. Los Girones tienen debajo de la capilla mayor un espacioso panteón con columnas de mármol, bóvedas y altares. — La Universidad, cuya fábrica corresponde al objeto, tiene un buen patio con doble galería, cada una de las cuales consta de veinticuatro columnas (2).

(i) Esta portada tiene dos columnas de mármol de orden compuesto. cuyo basamento y cornisa están llenos de adornos, y en su friso esta inscripción :

Joannes Girón pra^clara in gente secundus, quartus in Urania; nobilitate comes, hoc opus erexit. Qui portam intraveris, ora. Vive comes populis soecula longa tuis.

(2) Se equivocó Ponz al decir que fundó la universidad de Osuna el conde don Pedro, hijo de don Juan Téllez Girón. Este último no falleció hasta el año i =5 5 8, según afirma Gudiel en su historia de los Girones, y aquel instituto fué erigido, como queda dicho, en i ^49.

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Marchena. — Asiento de la prepotente casa de los duques de Arcos, debe á ésta toda su pasada grandeza. De los Ponces de León habla ella al viajero en sus más notables monumentos. Todo es pintoresco y romántico en la antigua villa, en cuya aportillada cerca se alzan medio arruinados y cubiertos de yerba y musgo los denegridos cubos y torreones de dura argamasa con que la fortificaron los moros. Conserva esta cerca algunas de sus puertas árabes, que describimos en su lugar oportuno. Una desmantelada fortaleza, pegada á la muralla, dilata su recinto hasta el antiguo palacio de los duqiLes de Aireos. Tiene este palacio su entrada en frente de la Iglesia de Santa María: llégase á su patio primero por una larga rampa embovedada, y descúbrese al fondo la majestuosa fachada del siglo xv, con su puerta cuadrangular cuajada de molduras, su espacioso dintel con el león heráldico y los escudos de armas sostenidos por dos Alcides, sus dos columnas espirales, sus dos agujas, su arco ornamental de segmentos, y su cornisa menudamente labrada. Conserva aún este edificio algunos salones ricamente artesonados, un delicioso jardín con fuentes y estanque, que empieza al pié mismo de la fortaleza antes mencionada, y bustos romanos en las paredes: restos de la magnificencia de sus señores.

Iglesia de Santa Maria. — Es un templo gótico de tres naves con armadura de madera toda labrada y taraceada. La grande ojiva que abre paso al presbiterio, está sostenida en dos columnas: la bóveda de esta parte es por arista, y toda cubierta de malas pinturas al temple. El coro se halla á la entrada, y sobre él la tribuna de los duques de Arcos, fundadores de la iglesia. Las paredes de las naves laterales y el intradós de sus ojivas están cuajados de follajes. — La fachada principal tiene su puerta tapiada, pero descubre un grande arco de ojivas concéntricas exornadas con puntas de diamante, y la flanquea una airosa torre de cuatro cuerpos coronada por una cupulita revestida de azulejos.

Iglesia de san Juan. — Templo de cinco naves divididas

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por arcaturas ojivales, la central y las dos inmediatas cubiertas con una riquísima armadura de alfarje morisco. La bóveda del presbiterio es por arista. — El coro es de estilo churrigueresco, pero la sillería tiene buenas imágenes de talla. — El altar mayor, aunque de la decadencia gótica, es una primorosa pieza: cubre con su afiligranada armazón todo el fondo del ábside (i). — La fachada de San Juan presenta cierta novedad por sus ojivas concéntricas, de fino ladrillo, encuadradas en una especie de lambel ó arrabá, sus estribos cilindricos, y la torre lateral que se corona en su primer cuerpo con una cornisa de azulejos, y lleva en el segundo arcos semicirculares contornados de bellas molduras. Esta especie de alminar remata en un antepecho perforado, sobre el cual descuella una pirámide revestida de azulejos. La fisonomía oriental de este templo es, si cabe, aún más marcada en la fachada lateral de la izquierda, coronada de pequeñas almenas figuradas.

San Miguel el nuevo. — Es esta iglesia de mal gusto arquitectónico, pero de agradable y majestuoso conjunto cuando al penetrar en ella se ve de pronto bajo la cúpula de su crucero el apostolado que decora los pilares de los arcos torales, y se prescinde del ornato churrigueresco que invadió todas sus partes.— Hay en este ornato accidentes ó más bien reminiscencias del estilo ojival, que en toda esta parte de Andalucía se manifiesta vivo á despecho de las demudaciones que sufre el arte desde el siglo xvi acá: tal es, por ejemplo, la cenefa de arcos

(i) Contiene el retablo en su parte baja cinco niclios, en que están los grupos de la Anunciación, la Visila,ción, la Adoración de los Reyes y la Presentación. Hay en él además otros cuadros de un estilo purista muy agradable, con imágenes de Santos y una Virgen en el centro. Todo el altar está dorado, y sus relieves pintados y dorados. Un bello tabernáculo se levanta del nivel del suelo sobre diez gradas de mármol.

Es famosa la custodia que labró para esta parroquia en i 58o el platero Francisco Alfaro.

Debemos asimismo liacer mención del alt ir del Sagrario, semejante en su estilo al mayor, aunque más sencillo, y cobijado por una riquísima marquesina; y de una bellísima y muy devota imagen de Nuestra Señora que se contempla en una capilla al extremo de la primera nave lateral de la Epístola.

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colgantes que pende del antepecho del coro, situado en lo alto, á la entrada del templo; arcos de formas diversas, trebolado el del centro, y orillados de cabecitas de ángeles. — Está enterrado aquí don Manuel Ponce de León, duque de Arcos, que murió en el año 1696. — La fachada presenta tres arcos de medio punto sostenidos en grupos de columnas, tres nichos encima, tres ventanas más arriba, un frontón triangular, y dos torres de planta cuadrada de escasa altura.

Sa7i Miguel el viejo: iglesia gótica remodernada, con naves de ojivas y torre greco-romana de dos cuerpos, el inferior dórico y jónico el superior (i).

La prosaica uniformidad de usos y costumbres que invade todos los países, ha respetado los trajes de las mujeres de Marchena: llevan aún no pocas de éstas los largos mantos negros con la cola recogida á la cintura, que probablemente empezarían á usar bajo el reinado de la casa de Austria. — También han sobrevivido algunos usos, como el de no blanquear las casas en todo un año cuando muere el propietario, y el de no barrer en ese tiempo las puertas, ni tener celosía en la ventana.

Un transparente arroyo que del llano de Marchena sale hacia el poniente para morir en el Guadalquivir por bajo de Sevilla, nos lleva por una ondulosa campiña, manchada á trechos de grisientos olivares y rubias mieses, á la afamada abastecedora de la comarca, la que provee de exquisito pan y cristalinas aguas á la reina de Andalucía, la morisca

Alcalá de Guadaira. — Reedificada por los Almohades, volvió esta ciudad á lucir su cerca torreada, ceñida á su colina, y las almenadas torres de su castillo, que es hoy uno de los más airosos modelos de la arquitectura mauritana (2). Este castillo

(1) Hay además en Marchena otros templos : el del convento de Sanio Dominoo de una sola nave : San Sebastián : San Andrés, de fachada gótica: y las Beatas; pero no contienen bellezas que notar.

(2) En este castillo de Alcalá de Guadaira hay memorias que deben perpetuarse. Supónese que desde una de sus torres estuvo don Fernando el Santo contemplando extasiado el panorama de Sevilla, y como tomando nuevo aliento para la recon-

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era la llave de la conquista de Sevilla: rindióse á san Fernando el 21 de Setiembre de i 246, fraternizando su guarnición con las tropas del rey de Jaén Ibnu-1-Ahmar que auxiliaba á los cristianos. Debajo de la fortaleza y como á su amparo, se extendía, siguiendo su muralla las sinuosidades de la pendiente, á manera de cinto que se desprende, la enriscada ciudad almohade, que ya no existe ; solo permanecía en pié en su recinto una pequeña mezquita convertida en iglesia bajo la advocación de san Miguel^ de que las tropas francesas hicieron una barraca.

La población actual tiene poco interés : deben visitarse, no obstante, la iglesia de saii Sebastián^ donde hay cuadros de Francisco Pacheco ; la de Santiago, que conserva uno del Purgatorio de la propia mano, y el convento de las monjas de Santa Clara, que posee un buen retablo con seis pequeños bajo-relieves de Montañés.

El valle del Guadaira es ameno y delicioso: de trecho en trecho descuellan en él los molinos y torres moriscas que se entretenían en dibujar Murillo é Iriarte (i); y el panorama de la llanura en que asienta Sevilla es espléndido, considerado desde la elevada carretera que como un largo balcón voladizo contorna en espiral la colina de Alcalá. — Sentarse á contemplarlo á

quista de la gran ciudad. Un siglo después, el rey don Pedro tuvo preso en ¿1 al arzobispo de Braga Juan Cardeillac, por mantener tratos condón Enrique, y no recobró la libertad hasta que el conde de Trastamara volvió á Castilla. También halló en él su cárcel en tiempo del mismo rey, y por idéntica causa, el maestre de Calatrava don Diego García de Padilla.— Avala, Crónica del rey don Pedro.

(i) Alcalá de Guadaira estuvo muy bien personificada, atendidas las ideas iconográficas de la época en la alegoría con que la representó Sevilla cuando entró en ella Felipe II. La Puerta Real apareció entonces revestida de figuras emblemáticas de las diferentes ciudades de Andalucía, y era Alcalá una linda doncella con ropa azul y púrpura, manto encarnado prendido al hombro izquierdo, cabellera rizada, coronada la cabeza con un castillo, teniendo en la mano izquierda un plato con aceitunas y panecillos : á sus pies nacía una fuente ; de su pecho, oprimido con la diestra mano, brotaba un chorro de agua, y debajo de la figura se leía una mala décima que revelaba su significado. Así representaba la agradecida Sevilla á su próvida abastecedora pregonando al propio tiempo sus excelencias, porque sabido es que de la altura en que asienta la antigua Ilienipa fluye el agua abundante y cristalina que por encima de la romana fábrica de los caños de Carmona corre á Sevilla, y que sus aceitunas y su trigo no tenían rivales en el mundo.

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la sombra de la dorada muralla sarracena que acompaña al camino en aquella altura, es un placer que debe proporcionarse todo viajero de buen gusto. — Partiendo de Alcalá, al nordeste, pasamos aí pié del castillo moruno de Gandul, rodeado de palmeras y naranjales; atravesamos el emporio de la gente maja, de los chalanes y gitanos, el lugar de las famosas ferias de Abril á que concurre todo lo más fino y sublime de la jacarandana, la alegre, abierta y blanqueada Mairena, en suma; — y llegamos á otro de los copiosos graneros de Andalucía, á la rival de Utrera por la abundancia y calidad de sus cereales, á la enhiesta, altiva y torreada

Carmona. — Recobró esta ciudad San Fernando en el mes de Setiembre de 1247, y le dio por armas una estrella con orla de castillos y leones, y esta divisa: Siciit Liicifer ¿ucet in aurora; sic in Bcetica C armonía. El rey don Pedro aumentó considerablemente su castillo musulmán, y lo destinó á guarda-joyas, á tesoro, á cárcel y retiro de las desgraciadas mujeres que fueron objeto de sus amores y de sus odios. Tomó entonces dicho castillo el nombre de Alcázar, y contribuyeron luego á su magnificencia los reyes Católicos, cu}-as armas lleva todavía. La entrada á este Alcázar es imponente y augusta: entre dos altos lienzos de muralla, uno de ellos almenado y fortalecido en su extremidad con una soberbia media torre, está la puerta principal, que es un grande arco de herradura encuadrado, todo de ladrillo, con un gracioso zigzag ^w su intradós. Conserva señales de haber tenido una especie de falsabraga. Una segunda puerta de dobles ojivas en el fondo, abre paso á un pequeño patio. — Otra puerta, de doble arco escarzano, conduce á un segundo patio, mayor que el primero, cercado de muralla, en cuyo terraplén crece la yerba. Torres y cubos gigantescos fortalecen este recinto. En \m lado un boquete lóbrego conduce á una cisterna de planta elíptica. Subiendo al torreón en que está la puerta de entrada, se ve en la parte superior de ésta una angosta abertura, que cae entre las dos mencionadas ojivas para defender des-

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de allí el paso. La muralla del patio grande está toda circunvalada por un foso, en que la exuberante naturaleza meridional ha tejido una espesa enramada de arbustos silvestres y nopales. — En el fondo del patio se levanta pavoroso un inmenso torreón, todo grieteado, cuya base presenta una gran solidez. Dentro de esta primera cerca había otra, circuida toda de formidables cubos, algunos de ellos modernos, de los cuales no quedan ya más que escombros imponentes. Penetramos en esta segunda cerca: rotas escalinatas, puertas con las dovelas desencajadas y las jambas amenazando desplomarse, nos conducen á vastos recintos de que no quedan en pié sino los muros. Hundidas las techumbres, desvencijadas las cimbras, trocados los antiguos salones en corrales, todo es allí desolación, tristeza, imagen acabada de una tremenda expiación (i). No volverán, no, á resonar entre esos muros los ahogados sollozos de las víctimas de la tiranía: doña Leonor de Guzmán, encerrada en esta fortaleza por odio, doña Aldonza Coronel, traída á ella para ser vilipendiada por un grosero apetito, el fratricidio de los infantes mancebos don Juan y don Pedro, brutal desquite de la rota de Araviana, tienen sus vengadores en los generosos instintos que hacen ya inverosímiles los antiguos y harto positivos excesos del poder. — Desde lo alto de los adarves de este interesante alcázar, formidable hasta en su cadavérica descomposición, se descubre el cuadro tranquilo, bíblico, delicioso, de una vega

(i) Dentro de esta segunda cerca se encuentran, primero los muros de una capilla, que conservan los arranques de los arcos de su bóveda ; después un vasto espacio ocupado por los escombros de un muro desplomado. — Las paredes aparecen llenas de aberturas, y en el muro se ven algunas pequeñas excavaciones. En un ángulo hay restos de un edificio circular, todo de sillería, formando alrededor en el interior una especie de pórtico con anchos tragaluces en el muro. Este pórtico tiene su bóveda : el espacio central no se conoce si la tuvo. En otro lugar hay una especie de capilla con bóveda hemisférica. — Cerca de allí un subterráneo que se extiende por debajo del muro; y no lejos, perpendicular al muro mismo, un pozo bastante profundo de excelentes aguas. — Consignamos aquí estos desaliñados apuntes, tomados en la localidad misma, porque no sabemos si durarán mucho tiempo estos vestigios del famoso Alcázar que simboliza para el que recuerda la tremenda historia del rey don Pedro I, toda una época de dolorosa gestación y de formidables turbulencias.

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dilatada en que forman variado tapiz los cortijos, los olivares, las mieses, las dehesas: inmenso idilio que embalsama el corazón y fortifica el espíritu con la dulce esperanza de que quizá no volverán ya nunca á asolar y despoblar esas fértiles campiñas contiendas feudales y guerras fratricidas ; y de que en las dilatadas llanuras de la izquierda del Guadalquivir, ubres copiosas de la España meridional, habrá sucedido para siempre al atropellado y ominoso discurrir de los bandos armados, el sosegado y lento desfilar de los rebaños ; al agrio clarín que infundía espanto en los sencillos campesinos, la alegre algazara de las ferias y romerías: á los lamentos de la familia esquilmada por la gente de guerra, los cantos de júbilo de los labradores que ven colmadas sus trojes, rebosando sus lagares, destilando oro líquido sus vigas, y llevando al mercado sus bueyes en carretas enramadas la bendición del cielo en los opimos frutos de sus campos.

La deslumbradora cal de Morón, que causa grima al anticuario, y que sin embargo da á larga distancia tan alegre aspecto de vida y aseo á las poblaciones andaluzas, disfraza muchas antiguallas de Carmona. Felizmente las puertas de esta ciudad no están blanqueadas, y la que lleva el nombre de Puerta de Sevilla presenta en toda su adusta grandeza los restos de la antigua fortificación: — arcos semi-circulares de inmensa altura, lienzos de muralla cortados por gigantescos cubos de sillares almohadillados en la base, barbacana, plaza de armas con aljibes, capilla arruinada, arcos árabes que no se sabe ya qué edificio formaron. Otra puerta, que se halla al extremo opuesto de la ciudad, y que conduce al camino de Córdoba, construida sobre los fundamentos de una puerta romana, lleva emparejadas dos obras de arte y estilo opuestos, un ligero arco sarraceno de ojiva túmida, y una pesadísima portada greco-romana, de Herrera.

Los templos de Carmona son semejantes á los de las otras poblaciones que acabamos de recorrer: las bóvedas ojivales alternan con los alfarjes moriscos: en las naves, los pilares

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greco- romanos con los haces de columnas; en los cruceros, las bóvedas por arista con las cúpulas; en las portadas, las líneas del siglo XV con las reminiscencias arábigas ó mauritanas, y el ladrillo con la piedra; en las torres, las agujas y cupulinos de brillantes azulejos con los cuerpos de órdenes sobrepuestos de la escuela greco-romana, más ó menos decadente. Así son Santiago, Santa María, Santa Clara, San Salvador, San Bartolomé y San Felipe (i).

Detrás de la iglesia parroquial de Santa María descubrimos una casa palaciana con una mediana fachada de la pasada centuria, dórica en el primer cuerpo, jónica en el segundo. — Otra

(i) Sa«/?ago.— Tres naves, tres ojivas muy sencillas á cada lado, bóvedas por arista, arco ojival en la entrada al presbiterio. Coro á la entrada. Fachada con puerta ojival sencilla. A la derecha una torre de planta cuadrada : arabescos en su parte anterior: en el remate, cupulita ó linterna.

Sa^itia. Clara,. — Una sola nave, con las paredes cubiertas de imágenes de santos. Techumbre artesonada. Arco ojival á la entrada del presbiterio, sobre gruesas columnas istriadas: la bóveda del presbiterio, por arista. Fachada antigua, tapiada : presenta una sencilla ojiva encuadrada, con una ligera cornisa encima.

Parroquia de Sajtta María. — La precede un patio en que quedan vestigios de mezquita musulmana, según dijimos al tratar de la Kannunah sarracena. Iglesia de tres naves, separadas por haces de columnillas, sobre cuyos capiteles bajos cargan las ojivas laterales y las de las naves menores, y en cuyos capiteles altos descansan las ojivas de la bóveda central, llena toda de claves y nervaturas de la decadencia gótica: capillas ojivales. — Coro en medio del templo. — Crucero, de bóveda por arista, muy elevada. — Fachada de ladrillo, con una torre de elegancia suma. La planta de la torre es cuadrangular : lleva en lo alto del primer cuerpo cuatro agujas: el segundo cuerpo está decorado con ménsulas que sostienen una graciosa cornisa : el tercero tiene pilastras, y aguja de azulejos por remate. Angostas lumbreras dan luz á estos cuerpos. — Tiene esta iglesia una portada ojival encuadrada, toda de ladrillo muy fino, con una archivolta de piedra exornada de puntas de diamante.

San Salvador.— Tvcs naves divididas por pilares, con pilastras de orden compuesto, con su entablamento, dos zonas sobrepuestas, dos órdenes de arcadas, dos coros, uno alto y otro bajo.— Bóvedas por arista: bella cúpula en el crucero: altar mayor adocenado; dos puertas laterales.— Fachada dórica muy sencilla, pero de bastante elegancia, con dos solas columnas; un escudo de armas en un segundo cuerpo, y dos torres, una de ellas sin concluir.

San Barlolomé.— Bella fachada ojival, con la archivolta de la puerta encuadrada. Interior de tres naves.

San Felipe.— Puerta ojival abierta en una torre de planta rectangular, con lumbreras angostas decoradas de ligeras columnillas. Tiene tres fachadas laterales por el mismo estilo, pero aún más severas. Interior de tres naves, divididas por pilares con columnas adosadas á ellos. Arquería ojival ; techumbre de madera.

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casa de no inferior jerarquía, y de no menos agradable estilo, existe en frente de la que debió ser fachada principal de la propia parroquia. — Por último, salimos de la ciudad con el disgusto de no saber á quién pertenece otra graciosa joya de arte, que es una antigua casa, situada en un ángulo de la espaciosa plaza de Isabel II, que presenta ocho bellísimos ajimeces sostenidos por esbeltas columnillas de mármol, decorada lá pared con alicatados árabes y azulejos.

Descendemos de la altura de Carmona, y por entre frondosos y alegres olivares, blancos cortijos y bardales contornados de pitas, que dan el aspecto de una decoración de fiesta á la abierta y descampada Luisiana, llegamos á una suave pendiente, desde cuya cima descubrimos, majestuosamente tendida en una espaciosa hondonada que fertiliza el Genil, y alzando al cielo sus ligeras torres que relumbran al sol revestidas de matizados azulejos, la populosa ciudad, término de nuestro largo y fatigoso viaje:

EcijA. — Émula de Córdoba y Sevilla por su riqueza y monumentos artísticos bajo las tres dominaciones romana, visigoda y sarracena, apenas podría rivalizar hoy con los más modestos pueblos de la campiña en galas de arte cristiano. Los templos de Ecija ofrecerían vasto campo á nuestras descripciones, si en vez de detener la pluma en el límite final del período del renacimiento, hubiera sido nuestro objeto trazar la historia de la decadencia de la arquitectura desde esa época hasta nuestros días. Sus torres, adornadas de cartelas, balaustres y azulejos, aunque vistosos indicios de una inusitada magnificencia, no tienen cabida en nuestro cuadro. Lo mismo decimos de los palacios de sus magnates : ciertos accidentes escenográficos de buen efecto, algunas portadas, algunos balconajes, algunas decoraciones y revoques de gusto italiano, y de más opulencia que belleza, no constituyen timbres artísticos dignos de loa.

Lector amigo, es llegado el momento de despedirnos. Quisiéramos tal vez tú y yo haber completado nuestras exploraciones

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arqueológicas con un nuevo giro por la tierra que á la derecha del Guadalquivir nos brinda aún, si no con monumentos de grande interés, al menos con memorias de los gloriosos días de la restauración. Catilbanco, Guillena, Alcalá del Río, la Rinconada, Gerena, la Algaba, Valencina, Castilleja, Tomares, Espartinas, Sanlúcar la Mayor, Umbrete, Gelves, Coria, Bollullos, Aznarcollar, Rianzuela y otros varios pueblos que caen á ambas márgenes del río de Sanlúcar, merecerían en efecto los honores de una visita, aun cuando no fuera más que por haber albergado en sus caseríos á unos cruzados de no menos fuste que los que siguieron á los Godofredos y Balduinos á la conquista del Santo Sepulcro. Pero la noticia casi exclusiva de sus franquicias y privilegios, recompensa de la lealtad y del valor, sería escasa cosecha como indemnización de nuestra fatiga. Esta, por otra parte, sería demasiado grande para el que, como nosotros, tantos tumbos ha dado ya y sinsabores ha sufrido en la bendita tierra de María Santísima. — Hagamos alto en la sartenilla de Andalucía; mas antes de regresar á nuestros hogares, descansemos un instante en la florida Alameda: y al pié de esas estatuas alegóricas y barrocas de las Estaciones, respirando el ambiente aromático de los valles que baña el Genil, recibe, según la costumbre de nuestra patria, esta mano dispuesta á estrechar la tuya en testimonio de amistad y acción de gracias por tu fiel compañía.

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