Sevilla y Cádiz · Capítulo real 17 de 18

CAPITULO XXXII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 18 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XXXII

Continuación: Jerez de la Frontera

STA ciudad, cuyo nombre es arábigo {Sherish Filisthi, ó Xirás de la tribu de los Filisteos), y cuyo antiguo caserío es también sarraceno, ocupa, mirada por la parte del mediodía, una elevada mesa entre dos vallados, á la cual se sube por una suave pendiente que termina al pié de su ya inutilizada muralla. Ceñía ésta la población en otro tiempo, principiando y concluyendo el recinto de lienzos y torreones en el Alcázar que descuella al sur; pero la antigua cerca, teatro de gloriosas hazañas en las guerras del siglo de San Fernando y don Alonso X, se halla hoy maltratada y aportillada, confundida y medio oculta entre las casas de la ciudad, cuyo ensanche la ha hecho reventar á trechos: y las vetustas almenas en aquella época regadas con generosa sangre, asoman echando en cara á los pacíficos idólatras de los intereses mate-

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ríales el abandono de la fe y del ardiente patriotismo de sus mayores (i).

Don Fernando III, antes de emprender la toma de Córdoba, mandó un ejército á explorar la tierra de Andalucía hasta las costas del Océano, y dio su mando á su hermano el infante don Alonso de Molina, asistido de Alvar Pérez de Castro, guerrero experimentado, valiente y sagaz. Salió la hueste de Toledo con gran ardimiento y bríos: con decir que iban en ella Vargas y Gaitanes, dicho está lo que de su correría debía esperarse. Llega el ejército cristiano á Jerez, y asienta sus reales no lejos de las márgenes del Guadalete. Su presencia esparce el terror por la comarca. — Sabedor del peligro que corre la ciudad, acude apresuradamente con un grande ejército á socorrerla el walí de Murcia Aben Hud, que había derrotado al Amir y le tenía usurpado el trono, y trabóse una encarnizada batalla en las inmediaciones de la mesa llamada hoy de Santiago, cerca de los arroyos Fontetar y Miísas, porque estaba escrito que la inconstancia de la suerte había de facilitar á los cristianos la reducción de las principales ciudades de aquella parte de Andalucía en el mismo sitio en que facilitó á las huestes de Tarik la conquista de España. La victoria se pronunció de parte de los castellanos. Alvar Pérez de Castro no se vistió aquel día de lucientes armas: presentóse en el campo cubierto con un ligero almejí y el cabello tendido por la espalda, cabalgando en un fogoso alazán sin más que una vara en la mano. Garci Pérez de Vargas, á quien había el Infante armado caballero al comenzar el combate, mató al reyezuelo moro de Alcalá de los Gazules, y Diego Pérez de Vargas, habiendo perdido su lanza en la refriega, desgajó de un olivo una nudosa y enorme rama, y apo-

(i) Era natural que los muros de Jerez que tan buen servicio prestaron durante el reinado de don Alonso el Sabio á los leales castellanos, fueran en la Edadmedia alguna vez objeto de la solicitud regia. .\sí era de presumir, y así lo hemos visto confirmado en, documentos históricos. El archivo de la ciudad conserva una carta de don Fernando fV concediendo enjavor de la labor de muros, torre y barbacana, el diezmo que sobre la villa cobraba. — Archivo municipal. Cajón 2 i — n." 1 8.

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rreando con ella á diestro y siniestro, dejó á sus pies muertos ó mal heridos á muchos moros (i). La expugnación de Jerez estaba reservada á don Alonso X, el cual entró en ella por capitulación en 1255.

La planta de Jerez cuando la ganó don Alonso, era casi un cuadrilongo cercado de gruesa muralla, rebellines y torres con su antemuro : en los cuatro lienzos de la muralla tenía cuatro puertas que se correspondían en cruz : la de Sevilla, la de Santiago, la de Rota y la del Real. En la puerta de Rota se divisan aún torreones perfectamente conservados, y el antiguo almenaje aparece en los muros de Santiago y la Merced, y en las calles Ancha y de Polvera. Á la parte de mediodía se levantaba el Alcázar, que aún hoy existe, de obra morisca, y lleva en su interior una capilla real dedicada á Santa María. Los infieles habían quedado en la población como mudejai^es ó por vasallos del castellano, y en su Alcázar estaba de gobernador don Ñuño de Lara, que puso en su lugar otro caballero llamado Garci Gómez Carrillo, con título de alcaide. Los moros, faltando á su palabra, se rebelaron y cercaron el Alcázar en I 2Ó1, y entonces ocurrió un hecho que hizo grande honor á sitiados y sitiadores. El alcaide Garci Gómez Carrillo, después de haber perecido casi toda la guarnición, defendía la fortaleza con tesón, solo y en pié en la torre del homenaje, con la espada en la mano, todo cubierto de sangre y de flechas, sosteniendo con tan esforzado ánimo el ímpetu de los enemigos, que llegó á causar en éstos admiración y asombro. Prendados de tan heroico ardimiento, resolvieron prenderlo sin causarle la muerte: dejaron de estrecharle con las armas, á las cuales hacía él mejor rostro que á las promesas con que intentaban seducirle: tomaron garfios de hierro, y asiéndole en la escalera de la torre, le sacaron de allí maltrecho. Hecho prisionero, y dueños otra vez

(i) Cuéntase que por esta acción se le dio á Diego Pérez de \'argas el apellido de Vcir<yas Machuca.

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de la ciudad los moros, le curaron con grande humanidad sus heridas, y aplaudiendo el valor con que había defendido la plaza, le dieron libertad colmándole de agasajos. — Para conservar la ciudad por suya, dice Roa, pusieron luego mano á fortificarla^ repararon sus 7nuros^ y levantaron su fáb7'-ica tm tercio más alta, curo sobrepuesto aim hoy se echa de ver en el edificio.

No podía el rey don Alonso por aquel tiempo dedicarse á recobrarla, pero lo verificó el año 1264, en que la puso cerco muy apretado, que duró todo el verano. Los moros la defendie ron con obstinación y dureza temerosos del castigo de su pasada traición; y los cristianos la embestían con el encono de la memoria de ésta. Fué al fin entrada por fuerza de armas el 9 de octubre, día de san Dionisio, en cuyo honor mandó luego el rey edificar la iglesia parroquial que lleva su advocación; dejó ir libres á los moros, pobló la ciudad de caballeros é hidalgos de su ejército, y dióles por armas la mar con orla de castillos y leones, símbolo de los peligros en que los dejaba por frontera de enemigos, á quienes con invencibles ánimos habían de hacer rostro como leones y como fuertes castillos, siempre que en lo sucesivo fuera preciso defender la entrada y costa de Andalucía, el reino y su ciudad.

No defraudaron los jerezanos las esperanzas de sus reyes: en el año 1284, reinando en Castilla don Sancho el Bravo, sitiaron la ciudad innumerables tropas del rey de Marruecos BenYusuf. Hallóse jerez en grande aprieto por espacio de seis meses: el rey, habiendo recibido de la ciudad sitiada un aviso escrito con sangre, partió á Sevilla, desde donde marchó con diez mil caballos la vuelta de Lebrija; incorporándosele allí otras fuerzas, subió su ejército á veintidós mil jinetes y considerable número de peones, y sabedor el rey de Marruecos de la aproximación de tan crecida hueste, levantó el sitio y se retiró á Algeciras. — En el siglo siguiente, año 13 14, reinando ya don Alfonso XI, lució en la propia Algeciras con nuevo brillo el esfuerzo de los caballeros de Jerez. El rey Aben-Zahá, que dominaba

UTRERA. — Iglesia de Santa María

aquella costa, había juntado un numeroso ejército con los moros de Ronda y sus castillos, y corría los campos de la frontera talando las viñas y los panes, saqueando las aldeas y llevándolo todo á sangre y fuego. Salieron los jerezanos al aviso de aquella terrible algarada, y alcanzando á los infieles en el Majaceite, cerca de la villa de Cárdela, pelearon con ellos, los desbarataron, les arrebataron la presa, cautivaron á muchos, prendieron á Aben-Zahá, y desoyendo las ofertas que éste les hizo para rescatarse, lo entregaron á don Alfonso. — Años después, en 1332, el Amir Abul Hassán envió á España á su hijo Abdul Malik con la investidura de rey de Algeciras y Ronda y con poderosa hueste de jinetes y peones. Puso cerco á Gibraltar, se enseñoreó de sus atarazanas, y el alcaide castellano Vasco Pérez de Meira, después de una obstinada y heroica resistencia, se vio precisado á capitular por falta dé auxilios. Bajó don Alfonso en persona con su ejército á recobrar la plaza : por ambas partes recrecían las fuerzas; si era grande el poder de los cristianos, no era inferior el de los moros. Convencidos por fin uno y otro rey de serles perjudicial la continuación de la guerra en semejante estado, hicieron capitulaciones: Abdul Malik permaneció en Gibraltar, y don Alfonso se volvió á Sevilla para atender al gobierno de sus pueblos. Pasaron siete años sin que tornaran á molestarse el uno al otro; pero en 1339 sale el moro de Algeciras con numerosa hueste y se apresura á llegar á las inmediaciones de Jerez: asienta su campo en la ribera del Guadalete, en los llanos de Laina, y clava su tienda en la cabeza ó cerro del Real; y para que la ciudad no pueda ser socorrida, incendia, devasta, asuela y esparce por todo su contorno, hasta los campos de Sanlúcar, Rota y el Puerto, las huellas de la muerte. Los auxilios pedidos al rey en aquel apurado trance no podían llegar con oportunidad, atendida la descomunal pujanza con que apretaba el cerco el enemigo; y en tan crítica situación, mientras todos los jerezanos, sin excepción de edades ni sexo, se prepa ran á hacer una impetuosa salida, capitaneándolos el obispo de

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Mondoñedo don Alvaro de Viedma, frontero por el rey, un denodado caballero, Diego Fernández de Herrera, hijo de uno de los pobladores de Jerez, concibe la atrevida idea de ir al campamento moro, disfrazado de musulmán, para dar la muerte á Abdul Malik, exponiendo gustoso la vida por el triunfo y la libertad de su patria. Favorecíale en su arrojado designio la circunstancia de hablar con perfección la lengua árabe, que había aprendido estando en rehenes por su padre en tierra de moros. Púsolo por obra en el momento mismo de acometer los jerezanos á los sitiadores con gran estruendo de trompetas y atabales. Al oirlo, sorprendido Abdul Malik, sale de su tienda para inquirir la causa del rebato: llama á su esclavo que acuda á ceñirle el arnés de batalla ; preséntesele Diego Fernández de Herrera al favor de la general confusión, y le arroja con toda su fuerza la lanza que le atraviesa el costado, derribándole en tierra revolcado en su propia sangre. Cuando los suyos acuden al oir su mortal alarido, ya el cristiano ha tomado su corcel; reconócenle en el modo de cabalgar, emprenden tras él, y le causan en su fuga varias heridas, de que murió en Jerez á los pocos días. Pero muerto el rey moro, todo fué desorden y terror en su hueste: levantó ésta el campo velozmente, y abandonando el cerco de Jerez, huyó desbandada dejando riquezas y despojos por los campos y por los caminos.

Este hecho memorable fué perpetuado en una pintura mural de que nos da noticia un diligente cronista monje (i). Dice él que existen papeles auténticos del cabildo de la ciudad, esto es, de su Ayuntamiento, en los cuales se halla « un acuerdo en que ordena y manda que esta batalla y suceso se pinte en la PLAZA DEL Arenal , en las casas del corregidor, de cuerpos

GRANDES, Y QUE SE RENUEVE SIEMPRE QUE LA NECESIDAD LO PIDA PARA QUE NO SE PIERDA LA MEMORIA DE ELLO : la CUal alcanzÓ y

(i) Fr. Esteban Rallón en su Hision'a de la ciudad de Jerez, ms. citado por don Adolfo de Castro en su mencionada Historia de Cádiz, etc., Lib. V, cap. 11.

llegíi hasta ¿os tiempos de mis padres en aquel mismo sitio hasta que se gastó con el tiempo, y por no habe^' tenido cuidado de renovarla se ha perdido. Oi yo á los míos que referían que en ella se veía á Diego Fernández de Herrera hiriendo al Infante con la lanza por una parte, y por otra los moros que lo seguían, y el obispo de Mondoñedo que por otra acom.etia á los reales y ponía á los moros en huida. » Tan digno de memoria como la hazaña de aquellos jerezanos, y de aquel inspirado héroe que tomó el ejemplo de Judith para libertar á su pueblo, es el acuerdo municipal que acabamos de transcribir. No recordamos en la historia de la edad media castellana ninguno semejante, y para encontrar regidores de pueblos tan sabiamente penetrados de los deberes de una autoridad moralizadora y educadora, hay que subir hasta los tiempos heroicos de Grecia y Roma.

Distinguiéronse también los jerezanos en la memorable batalla del Salado, y allí ganaron juntamente con los de Lorca el pendón de los moros, del cual se les cedieron las alas, llevándose el asta sus compañeros en la hazaña. Este pendón no es el mismo que se saca todos los años en pública procesión el día de san Dionisio, patrono de Jerez ; era un riquísimo paño bordado á aguja con oro y sedas: el vulgo le llamaba el rabo de gallo. Fué tan venturoso, dice el Padre Roa, que jamás entró en batalla que no saliese vencedor. La frecuencia de estas fué causa de que se gastase pronto, y en su lugar se hizo otro de la misma forma, labrado en Venecia el año 1470, que después se perdió en la Ajarquía de Málaga. Últimamente se hizo un tercer pendón, )- este es el que todavía se muestra al pueblo en la citada solemnidad anual.

Durante el mismo reinado de don Alfonso XI, celebraron las ciudades de Jerez y Córdoba la famosa hermandad que se ha venido observando hasta una época muy reciente. Había entrado, robando y talándolo todo, por las comarcas de Arcos y Lebrija un ejército de moros de África y Granada, que, pasado el Guadalete, asentó sus reales en las dehesas que llaman de la

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Moratilla, á cosa de una legua de Jerez. Hacían desde allí frecuentes y terribles correrías hasta las mismas puertas de la ciudad. Los jerezanos, después de varios días de brava é inútil resistencia, frustrada la esperanza de recibir socorro de los sevillanos, á quienes habían mandado aviso, encomendados al auxilio divino, resolvieron hacer un último y desesperado esfuerzo. Dejaron en la fortaleza y en las puertas de la ciudad la guardia necesaria, salieron de noche al campo con gran orden y silencio, llevaron consigo todos los potros y demás bestias cerriles que en sus haciendas tenían, y todos los cueros sin curtir de que pudieron proveerse, y fueron la vuelta de Vejer para coger a los moros por las espaldas, camino de Medina Sidonia. Los cordobeses, que habían sabido el aprieto de los jerezanos, dolidos del peligro que corrían tan lucidos caballeros, determinaron socorrerlos: enviaron mil infantes y seiscientos caballos con un capitán experimentado y valiente, y este auxilio llegó á Jerez la noche misma en que habían salido los naturales en busca del enemigo. Sin descansar los cordobeses, y sin ser sentidos, fueron al campo donde se presumía que sería la batalla. Los jerezanos la habían ya comenzado: ataron á las bestias cerriles los cueros que para el efecto habían llevado, y las soltaron dejándolas ir disparadas. Aquellos animales, estimulados por la querencia de sus pastos, y asustados por el ruido de voces, trompas y pífanos que venían haciendo detrás los jerezanos, tomaron todos la vuelta de Jerez, atravesando el campo de los infieles con tan gran ímpetu, velocidad y desorden, que introdujeron una completa confusión en las haces enemigas, las cuales, sobrecogidas con tan inesperada acometida de bestias desatentadas, apenas podían regir su caballería. Al mismo ounto acometieron animosamente los cordobeses, y cogiéndolos en medio, tan fuertemente los apretaron, que desfallecidos de ánimo y fuerzas los moros, emprendieron la fuga, dejando treinta mil hombres entre muertos y heridos en el campo, el cual lleva desde aquel día el nombre de la Matanza. Siguiéndoles los cristianos el alcance,

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encontraron á media legua en unos arroyos otra muchedumbre de infieles, y los acuchillaron también en el lugar llamado todavía de la Matanzuela. Reconociéronse después jerezanos y cordobeses, abrazáronse estrechamente, dieron gracias al Señor por el feliz suceso de la jornada, y después de poner en libertad á los cristianos cautivos y de saquear los reales de los enemigos, llenos de contento y de despojos regresaron á Jerez, atribuyéndose con hidalga generosidad unos á otros la gloria de tan memorable hazaña. Al llegar á la puerta del Real, el pendón de Córdoba fué subido por encima del muro, y cediéndole después el lado derecho, se encaminaron todos en procesión á la iglesia para tributar su acción de gracias al Altísimo. Siguieron cuatro días de agasajos y regocijos, regalos y fiestas de todo género, y al despedirse los de Córdoba, los acompañaron los jerezanos hasta el llano de Caulina, donde tenían los moros cautivos, las armas y los caballos cobrados en la batalla, de los cuales con o-ran largueza les hicieron servirse. — Desde entonces se tienen

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y tratan las dos ciudades como hermanas en armas, y dan dello testimonio, añade el tan diserto cuanto crédulo é hiperbólico Roa, las buenas obras de la tuia á la otra, sin que los siglos de tantos años hayan sido poderosos, ó para criar olvido e7i la memoria de los descendientes^ ó para m-ejioscabar ten punto la Í7iclinación de las voluntades.

En el propio siglo xiv y en el xv obtuvieron asimismo los jerezanos otras señaladas victorias, entre las cuales son las más famosas la de Val/iermoso , contra los moros de Jimena, capitaneados por Zaide; la de Gigonza^ contra los moros granadinos y africanos; la del Rancho., alcanzada en 1425 contra el formidable alcaide de Ronda Abdallah-Granatexí, en que este temido caudillo fué preso y entregado al rey don Juan, que le reclamó por una real cédula (i); el socorro que prestó Jerez con su ca-

(i) Esta batalla del Rancho está consignada en los libros del cabildo secular de Jerez y en varias historias, señaladamente en la del Padre Roa. Al alcaide de Ronda Abdallah-Granatexí acompañaba Jemete su sobrino, y ambos fueron recia-

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pitan Pedro Núñez de Villavicencio, el Mozo, al conde don Pero Ponce de León, acometido en su tierra de Arcos por el rey de Granada }• los alcaides moros de Archidona, Alhama, Ronda y otras fronteras enemigas; la expugnación de Jimena, hábil y denodadamente dirigida por el mariscal Pedro García de Herrera, sobre cuyo hecho escribió la ciudad de Jerez al rey una notable carta en 20 de Marzo de 143 1 ; la toma de la villa de Patria en 1448 (i), y la famosa hazaña de los cuatro Juanes (2). No hubo en aquellos días empresa, ni asalto, ni cerco, ni conquista, ni entrada, ni correría en que no tuviese Jerez, si no la mayor, al menos muy gran parte. ¡Qué de argumentos para los libros de caballería y los romances! ¡Cuánta gala de narraciones para la leyenda y la poesía! — Fruto de tan generosos esfuerzos y de tan acendrada lealtad fueron los privilegios otorgados á Jerez desde su reconquista hasta los tiempos de don Enrique IV (3).

mados por la cédula que el rey don Juan escribió á Jerez desde Toro á i6 de Febrero de 1427. Abdallah estaba ya rescatado: Jemete en poder de AnaRodríguez, mujer de Alonso Fernández de \'aldespino, que no le quería entregar al corregidor Juan Rodríguez de Sevilla y á los demás Regidores que la requerían al cumplimiento de la real cédula, fundada en que era deudor á su marido de loo doblas. De esta circunstancia no tuvo conocimiento el Padre Roa, el cual solo consigna la negativa á entregar el prisionero. Este por fin le fué arrebatado al caballero que le tenía en su poder, y entregado al alguacil Diego de Orta de Silla para que lo llevase al rey don Juan. El Padre Roa dice que le pasaron de casa de Valdespino á la cárcel: pero este hecho no consta en los libros del cabildo.

(i) Por el libro capitular que abraza desde el año 1478 al 1485, sesión del i.° de Octubre de 1484, consta que los caballeros de Jerez, sabedores de que 100 moros con marlotas encarnadas y caballos blancos habían salido de la villa de Patria para saquear el país, se armaron, tomaron marlotas de grana y caballos encubertados con sábanas blancas, y salieron con dirección á la villa, llevando consigo algunos ganados y aparentando conducir cautivos. Fueron recibidos alegremente por lq,s habitantes engañados, se apoderaron de cuanto quisieron, y al ver que los i 00 moros venían de regreso á la villa ignorantes del suceso, cayeron sobre ellos de improviso, pegaron fuego al caserío, y se volvieron á Jerez colmados de despojos y con una larga hilera de cautivos. La villa de Patria se halla á unas ocho leguas de Jerez, no lejos de Vejer de la Miel.

(2) Fueron estos Juanes cuatro distinguidos caballeros jerezanos, Juan Fernández de Herrera. Juan Sánchez de Cuenca, Juan García Picazo y Juan Fernández Catalán.— Su hazaña fué acudir solos á la defensa y guarda de la villa de Zahara y haber derrotado en las angosturas del arroyo de Gomares á veintisiete moros, matando á más de la mitad de ellos, cautivando á diez, y tomándoles ocho caballos y los despojos.

(3) En los disturbios ocasionados por los nobles contra Enrique IV, frente al

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El rey don Alonso el Sabio, en la era de 1306 (año 1268), con el objeto de honrar á esta ciudad, y fomentar su población, heredó en ella á cuarenta caballeros hidalgos, dando á cada uno de ellos en feudo casas, y seis aranzadas de viñas, y dos avanzadas de huerta^ y quince aranzadas de olivar, y seis aranzadas de tierra para majuelos^ y seis yugadas de heredad á año y vez para pan^ y además 200 mrs. anuales del tesoro del rey; pero de tal manera, que dichos caballeros habían de ser siempre vasallos de la corona, y lo mismo sus herederos en dicho feudo, y además habían de tener en Jerez su mayor casa poblada, con sus mujeres y sus hijos, y habían de estar siempre guisados los cuerpos é los caballos armados, esto es, dispuestos á acudir en hueste á su rey y señor (i). — El mencionado rey don Alonso, por dos privilegios otorgados en el mismo año diez y seis de su reinado (1268), concede á los jerezanos que non fagan hueste á otra parte fuera de Jerez, y los declara libres de alojamientos (2). Al año siguiente (1269), estando en Jaén á 8 de Abril de la era de 1307, el propio monarca declara yr¿?;^- co todo el barrio de Jerez que va de la puerta de Sevilla á la izquierda, y le concede todos los honores, franquezas y libertades que gozaba el barrio de francos de Sevilla (3). — El rey don Sancho IV, en Sevilla, á 26 de Setiembre de la era 1323

cual pusieron á su hermano don Alfonso, Jerez se declaró desde un principio por el legítimo monarca, aun después de haber recibido cartas de Sevilla y del duque de Medina-Sidonia, que tanto ascendiente ejercía en la ciudad, para que se levantase. Á una y á otro contestó cortésmente sin consentir en lo que pedían, alegando que el sublevarse, sobre ser odioso, daría ocasión á que se resucitaran los mal apagados odios entre los nobles. En aquel siglo efectivamente habían andado tan desavenidos entre sí los caballeros y escuderos, que no pocas veces vinieron á las manos, y solo el duque de Medina con su grande influjo había logrado pacificarlos. — Don Enrique, agradecido á la lealtad de los jerezanos, les otorgó algunos privilegios. También entró Jerez en la célebre confederación de las ciudades de Andalucía contra los Comuneros, ofreciendo al emperador las vidas y haciendas de sus pobladores, con lo demás que comprenden las capitulaciones consignadas en la Concordia de 8 de Febrero de i 5 2 i .

(i) Archivo municipal : Cajón i 2, n." i 5.

(2) Cajón 12, n.° 3, letra Q.

(3) Consta esta concesión por diversas confirmaciones que existen en el Archivo municipal, y sobre todo por una de Enrique 111, cajón i 2, n." 27.

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(año T285), juntamente con su mujer la reina doña María y su hija primogénita la infanta doña Isabel, concede al concejo de Jerez, por los muchos y señalados servicios que hizo á la corona y seguía haciendo, y por los muchos trabajos y daños que recibió de los moros, que sus vecinos y moradores estén para siempre exentos de pagar diezmo, portazgo y cualquier otro derecho en todos los lugares del reino, respecto de las cosas que vendieren y compraren, así por mar como por tierra (i). — El último privilegio notable concedido á Jerez de que debemos hacer mención, es el de la merced que le hizo el rey don Enrique IV por el generoso auxilio que le prestó en la conquista de Gibraltar, donde sirvió al monarca con 400 jinetes, 1600 peones y la persona de su corregidor Gonzalo Dávila. Entonces ganó Jerez el título de nnty noble y mtiy leal^ de que justamente se enorgullece, y á sus regidores se dio el nombre de veinticuatros á imitación del que llevaban los de Sevilla, según expresa la cédula despachada con este motivo (2).

El gobierno de Jerez estaba fiado á un corregidor y capitán de guerra con su teniente, un alférez mayor, cuarenta y ocho veinticuatros y cuarenta jurados al fuero de los de Sevilla y Tarifa. Para los veinticuatros y jurados tenía sus Casas Consistoriales, tan suntuosas como grandes, labradas de buena piedra, en la plaza de San Dionisio. Detrás de ellas tenía la ciudad otras casas principales en la gran plaza llamada del Arenal, habitación de los corregidores y Tenientes. En esta plaza se corrían los toros y cañas, y se hacían los alardes y reseñas ordinarios de la gente de guerra, diestra en formar escuadrones y trabar escaramuzas. Mantenía la ciudad alistadas diez y seis compañías de infantería con sus capitanes y demás oficiales, abastecidas á su costa de todas armas : y para armar nueva gente en ocasiones críticas, tenía una gran casa con espadas,

(i) Cajón i.°, n.° 2.

(2) Su fecha i 5 de Julio de 146^.— \'. al Padre Roa, obra citada. Xombre, sitio y antigüedad de Jerez de la Frontera, cap. XV.

arcabuces, picas, coseletes, etc., además de seis piezas de campaña, con que salía á defender la costa.

Los edificios públicos de carácter civil más notables son en Jerez las referidas Casas Consistoriales, el Alcázar^ el Hospital general, instalado en el convento que fué de la Merced, el Hospicio, situado en el ex-convento de Capuchinos, el Hospicio de niñas huérfanas , y la Casa de Expósitos. Bajo el aspecto arquitectónico, solo debemos ocuparnos en describir los dos primeros. El edificio del Hospital general, aunque grandioso y magnífico, no conserva en su arquitectura belleza alguna de la interesante época en que fué fundado (1278): todo en la espaciosa y augusta mole es moderno.

Casa del Cabildo vieja. — Su elegante fachada plateresca lleva sobre el dintel de la puerta principal una inscripción por la cual consta que este edificio se hizo por acuerdo del ilustre cabildo de Jerez, siendo rey don Felipe II, corregidor don Pedro de Herrera, y diputados don Baltasar de Morales y Maldonado, fiel y ejecutor veinticuatro, y Hernán López, jurado, en el año 1575. La puerta es rectangular: en torno de ella corre una cinta ó marco de caballos, corazas, adargas, cureñas, carrozas, cajas de guerra y otros instrumentos y trofeos militares, delicadamente esculpidos. Sobre el dintel campea el escudo de Jerez orlado de torres y leones. Flanquean la entrada hermosas medias-columnas pareadas é istriadas, cuyos pedestales aparecen convenientemente historiados. Hay á los lados dos ventanas, también entre columnas pareadas, iguales á las que flanquean la puerta. La decoración de estas ventanas se compone de graciosas pilastrillas platerescas con su cornisa y frontón, encima unos nichos con su concha cóncava, y dentro las estatuas de Hércules y de un emperador. En el tímpano de los frontones se lee: Siendo maestro mayor el señor Andrés de Ribera y Diego Martiji de Holiva, y Bartolomé Sánchez^ vezinos desta ciudad de Xerez: y el dicho señor Corregidor en cuyo tiempo se hizo esta obra., era natural de Córdoba^ nuestra her7nana.

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Hay también estatuas de alto relieve en las vertientes de ambos frontones, que representan las cuatro virtudes cardinales. Sobre las ocho columnas pareadas que dividen esta fachada en tres espacios, corre un hermoso entablamento en cuyo friso juguetean, animados por el delicado cincel del renacimiento, niños y sátiros entre jarros, flores, guirnaldas, etc.: y corona este cuerpo una terraza con balaustrada de mal gusto adornada de jarros, sin duda alguna de mano ajena á la bella traza primitiva. En su centro campean las armas de España. — A la izquierda se abre un pórtico dórico, cuyos elegantes arcos voltean sobre columnas de fuste de blanco mármol y capitel árabe, y sobre él corre el entablamento con la balaustrada de la fachada principal, pero sin adornos (i).

El Alcázar. — Esta fortaleza, teatro de las épicas hazañas de su alcaide Garci Gómez Carrillo y de su alférez mayor Fortún de Torres, del cual se cuenta que en el asedio de ella mantuvo enarbolado el estandarte real y que, herido en las piernas y cortadas las manos, todavía con los dientes y los troncos de los brazos la sostuvo derecha hasta que acudieron á recogerla los cristianos, apenas presenta hoy la fisonomía que de su gloriosa historia se promete el viajero. El clima de Andalucía no afea ni ennegrece los viejos muros, y así las reliquias del histórico recinto que albergó al rey sarraceno y al héroe cristiano, aparecen como una de tantas ruinas modernas de las que afean nuestras poblaciones. Es menester examinar despacio esta veneranda mole para descubrir en ella los caracteres auténticos de su antigüedad. Los robustos y almenados cubos descuellan sobre la galana frondosidad de la Alameda, y desde la espaciosa plataforma que corona la torre del Homenaje y la otra octógona que se levanta al Este, se descubre un panorama encantador; — su primer término son los regios jardines del Alcázar mismo.

(1) Véase la lámina: ]erez de la Frontera, — Fachada del Cabildo viejo, hoy Biblioteca provincial.

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y su horizonte una espléndida cortina de sierras, verdes y moradas, para cuya copia hubieran faltado tintas á la rica paleta de Claudio de Lorena ó de Gaspar Pusino. — La capilla de este Alcázar es circular y pequeña. Mandóla labrar el rey Sabio, según nos dice Roa, bajo la advocación de Santa María (i). No tiene cuerpos de reyes, mas es fundación y dotación suya, confirmada por diversos monarcas, desde don Alonso X hasta Felipe II, y en ella están enterradas las entrañas de don Felipe de Navarra, que murió sobre el cerco de Gibraltar y Algeciras. — Pobre y sin majestad el pórtico de este Alcázar, mezquina y sin amplitud su escalera, desmienten por una mal entendida restauración la regia aunque ya deslustrada gala de los salones interiores, entre los cuales conserva aún el llamado del trono la rica sedería de que fué tapizado á principios de este siglo. Son alcaides del Alcázar de Jerez los duques de San Lorenzo. Ven conmigo, lector, y contempla desde la almenada plataforma de una de las torres de esta fortaleza, mirando hacia la ciudad, la augusta mole de piedra de la Colegiata. Entramos en el examen de las construcciones religiosas de Jerez. — Esa elevada y gallarda cúpula con cuerpo de luces octógono, sobre cuyas aristas se levantan sendas estatuas de santos, que sirven como de vigías en la casa del Señor, te revela desde luego la mano valiente y experta de don Torquato Gayón de la Vega, gloria del arto monumental andaluz en la pasada centuria. El edificio rectangular que se extiende debajo en forma de cruz, con una espaciosa terraza contornada de balaustres y pináculos barrocos,

(i) El rey don Sancho IV y su padre don Alonso fundaron en esta capilla fiestas y aniversarios, dotando para ello á los canónigos de la Colegiata de San Salvador. Sean lenudos., dice una carta del primero, defazer cada, año seis aniversarios en la su capilla de Sania María del Alcázar, el uno f>or el rei don Alonso su trasbisabiielo. e el otro -por la reina doña Beretiguela su visabiiela, y otro por el rei don Fernando su señor e abuelo, e otro por el rei don Alfonso su padre; e demás desto, que se junten todos el primero sábado de cada mes en la su capilla sobredicha, que digan Missa de Santa María 7nucho altamente con diácono e subdiácono, e los otros con sobrepellices vestidas: e que rueguen a Dios por sti vida e por sti salud, e de la reina doña María su mujer, e de sus hijos.— Roa, obra cit., cap. XIII.

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con contrafuertes y arbotantes, y claraboyas angreladas, te habla de un arte bastardo en que predomina el deseo de la sencillez greco-romana y sobreviven á despecho del gusto vignoleseo las tradiciones del arte ojival. Por la parte del hastial ó fachada, que desde aquí no descubres porque cae á la banda opuesta, verías un heterogéneo y muy pesado conjunto en que se mezclan accidentes de todas las arquitecturas, desde la antigua clásica hasta la moderna más decadente, y en que explayándose sobre miembros absurdos y dislocados, ostenta el cincel no escasa gracia y delicadeza en ornatos, estatuas, capiteles, etc., campeando la Concepción, la Transjiguracióji, los apóstoles san Pedro y san Pablo y el Padre Eterno: todo levantado sobre anchas rampas, vasta gradería y pretiles con balaustres. La torre exenta que descuella á la izquierda, fué la de la Colegiata primitiva, á que dio el rey Sabio el título de San Salvador cuando la mezquita que existía pegada á ella fué purificada y habilitada para templo católico. Conserva esta torre en su cuerpo inferior la decoración gótica con leves rasgos de morisca, que sin duda se le aplicó después de la reconquista: así lo indican las altas y elegantes ventanas de sus cuatro lados, cuyo trebolado ajimez presenta una crestería de estilo florido ó flamular y un arrabá de delgadas cañas (i). — El interior del templo es de mal gusto greco-romano combinado con el ojival

(i) a la izquierda de la puerta del templo se lee la inscripción siguiente, que perpetúa la memoria del destrozo sufrido por esta torre en el siglo xviii, y de su reedificación. Anno a nativitate Dñi. m. d. ce. 1. v.pridie kalendas marin biparUium fulmen in proximam hujiis templi irriiit turrem: kalendis novembris prcedicti anni, tota tremente Hispania, adeo tremuit, ut vel maxiina cymbala a se ipsts sonuerint. Post VI anuos pristince restituta est integritati. quam non amissit licet iterum tremente Hispania pridie kalendas aprilis anni m. d. ce. ¡x. i. adeo tremuerit, ut vel lignetnn crepitaculum (vulgo matraca) a se ipso sonitum emisserit. Qua: omnia ut venluris soeculis nota sint prxses et capitulum iapidibus inscribi voliierint. — Á la derecha se lee esta otra que consigna la época en que principió la obra del templo: Anno a nativitale Dñi. m. d. c. .ve. vi. VIH idus viaji posita suní hujus ma.ximi teinpii fundamenta^ etc.

En el Archivo existe una historia manuscrita en que se lee que en i ^ 5 7 se habían echado ya los cimientos de este templo, pero no había podido continuarse por falta de recursos.

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decadente (i). Tiene cinco naves con bóvedas por arista, un espacioso crucero, un presbiterio en que el altar está aislado y exento, pilares que remedan los haces de columnillas y baquetones del arte ojival, medias columnas en la nave mayor con cornisamento compuesto y grandiosos capiteles: no tiene capillas, sino altares laterales. El coro, todo de piedra, está adornado de pilastras corintias. La sacristía, á espaldas del presbiterio, ofrece también un frontispicio del mismo orden con varias estatuas (2).

Sigue en importancia la parroquia de San Miguel, que ves asomar allá lejos en el horizonte sobre los terrados de la Colegiata. Esta iglesia te ofrece en su fachada (3) una decoración de gusto greco-romano bastardo, sobrepuesta como una máscara al antiguo hastial de una basílica de la Edad media, de osatura ojival. El genio español, siempre apegado á las antiguas prácticas, reunió aquí con unas columnas berninescas, las andanas de santos que era uso poner en las portadas góticas, y un arco apuntado en el cuerpo central, y un chapitel de azulejos de efecto oriental en el cuerpo superior. — Las puertas laterales de este templo son rectangulares y muy ornamentadas, inscritas en sendas archivoltas ojivales flanqueadas de agujas de tosca crestería. — El Sagrario, contiguo á la fachada lateral de la izquierda, es un cuerpo de construcción greco-romana y orden corintio, cuyo entablamento se halla interrumpido por un bello altarcito en que campea la imagen del Divino Pastor. — El interior de la iglesia de San Miguel es de estilo gótico decadente : no va descaminada la tradición que le supone construido en el siglo xv (año 1482). Es de tres naves, divididas por pilares en forma de

(i) \'. el final de la nota antecedente.

(2) Posee la Colegial un rico museo numismático que le legó don Juan Díaz, obispo de Sigüenza. el cual contiene i 284 monedas de bronce, griegas y latinas, 90 de colonias y municipios, 6<)8 de plata, 95 de oro, y una serie de bronce desde los reyes Católicos, varios pontífices y príncipes, hasta la época presente. Tiene además camafeos y otras particularidades. La librería que acompaña á este museo consta de 2138 volúmenes.

(3) \'. la lámina : Jerez de la, Frontera,— Antigua iglesia, de S. Miguel.

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gruesas columnas, sobre cuyos sencillos capiteles voltean las ojivas de las naves laterales y apoyan los hacecillos de baquetones en que se sostiene la bóveda de la nave mayor. Los pilares del crucero son de más altura que los otros, están cortados en haz, y llevan de arriba abajo follajes, doseletes y molduras. El crucero ofrece una gran complicación de líneas y menudencias: tan exuberante es la ornamentación derramada por los escultores y estucadores en sus pilares, ojivas, nervios, claves y cascos de bóveda, y en el frontispicio corintio del Sagrario. — Es notable en el presbiterio el altar mayor, corintio en el primer cuerpo, compuesto en el segundo, jónico en el tercero, más que por la traza arquitectónica por los bajo-relieves de Montañés que representan la Anunciación, el Nacimiento, la Adoración, la Circuncisión, la Transfiguración^ NzLcstro Señor en el Limbo y San Miguel (i).

d) En el Archivo de esta parroquia existen documentos de bastante interés sobre la obra de su altqr mayor. Encargóse primero el retablo á Juan .Martínez .Montañés y á Juan de Oviedo. Renunció éste al derecho que tenía, y se encargó entonces la obra por entero á Montañés bajo las condiciones siguientes: i.aque debía concluirla dentro de 4 años y hacerla toda en Jerez, menos la escultura que se había de hacer en Sevilla; 2.a que debía estar en Jerez sin salir de ella hasta dejar planteada y entablada la obra, de modo que no hubiera que hacer más que proseguirla, para lo cual había de llevar oficiales, y sobre todo uno que pudiese suplir su persona: 3." que debía proporcionar todos los utensilios y primeras materias ; 4.' que el mayordomo que otorgaba el contrato en nombre de la iglesia, se obligaba á llenar todo el alto y ancho de la pared en que había de ser colocado el altar; 5.* que Juan .Martínez debía sujetarse en todo á los proyectos existentes; 6." que lejos de poder quitar un solo filete de los que llevaba el proyecto, si convenía añadir algún adorno, debía Juan Martínez hacerlo, con tal que no fuese cosa de un excesivo coste. (Esta condición nos da á conocer el gusto artístico de aquel tiempo, en que la sencillez ultramontana no tenía muchos secuaces). Detállase luego de una manera minuciosa todo lo que ha de hacerse en dicha obra, las esculturas que debe contener, y hasta la forma que han de tener las imágenes. Otra condición hay, y es que no se podrá colocar ninguna pieza sin el visto bueno del maestro mayor y de un escultor nombrado por éste. La iglesia se obligaba á proveer á .Montañés y á sus oficiales de taller y casas próximas en que poder albergarse.—Sobre el precio se lee: llem, es condición que al dicho maestro se le ha de dar for hacer el dicho retablo asi de arquitectura, semblaje, talla y escultura y apuntarlo como lo declaran las dichas condiciones, ocho mil y dúdenlos ducados como está dicho arriba. Estos 8200 ducados debían dársele del modo siguiente: 500 ducados en cada uno de los cuatro años que había de durar la obra ; 1 000 ducados al comenzarla, y los 5200 restantes en los años posteriores, no pudiendo

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Sa)i Dionisio. — He aquí una parroquia preciosa, modelo casi intacto de la arquitectura entre ojival y sarracénica del siglo de don Alonso el Sabio. El cuerpo de su iglesia presenta por la imafronte el mismo exterior de las parroquias antiguas de Córdoba y Sevilla : coronación angular marcando las vertientes de la nave central á las laterales ; tres sencillas claraboyas circulares por donde penetra la luz del sol poniente en las tres naves; portada de archivolta apuntada, generalmente con hojas achatadas en la moldura exterior; alero sostenido en canes de cabezas de animales. Pero la fachada que ahora consideramos, presenta además bajo las claraboyas de las naves un ajimez angrelado con su arrabá ; y la torre de piedra que se levanta á la izquierda del ábside, formando dos cuerpos, uno avanzado hacia la imafronte y otro más retrasado y elevado, lleva ventanas y ajimeces ya de arco de herradura, ya angrelados, contornados por sus arrabás, ora sencillos, ora de entrelazos de bello estilo y delicada ejecución, y se corona con menudas almenas. El ábside, todo de piedra como la torre, tiene sólidos estribos )' lindas ventanas de medio punto con molduras delgadas y capiteles bizantinos : en los estribos, gárgolas caprichosas medio cubiertas por las yerbajos que han nacido en las junturas del sillarejo, produciendo el más pintoresco efecto. — Esta iglesia es una de las más bellas parroquias gótico-moriscas de toda la Andalucía; mandóla edificar el rey Sabio en honor de san Dionisio, por cuya intercesión recuperó de los infieles la ciudad en 1264, y su elegantísima torre en forma de alminar moruno, única que durante nuestro viaje hemos visto libre de revoques,

empezar la Fábrica ninguna otra obra antes de dejar pagado el precio. Firmóse este contrato en Sevilla á i o de Diciembre de i 6 i 3.

En 30 de Noviembre de 1625 encontramos que recibió Montañés la última par. tida: pero al propio tiempo hallamos un pedimento hecho por José Ortiz en nombre de la Fábrica solicitando que se le apremie para que venga á Jerez á concluir el retablo cumpliendo con las condiciones del contrato.

De estos documentos no tuvo noticia Ceán Bermúdez, ni tampoco de la obra á que se refieren.

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es la que por medio de una famosa campana sirve á la ciudad de vigía contra los rebatos y da la señal de alarma á los leales jerezanos en los días nefastos de las invasiones extranjeras.

Las parroquias de Sa)i Lucas y Santiago se nos representan como de los siglos xiv y xv. En aquella, una caprichosa portada lateral con archivolta angrelada muy saliente , exornada con estrellas de relieve, una graciosa estatuilla del santo titular, y la puerta principal abierta en la torre, con once gradas de piedra que á ella conducen, es cuanto tenemos que notar. En la segunda, una fachada lateral de estilo ojival terciario con tres lindas imágenes, una mala restauración del año 1663 en su fachada principal, en la que un artista barroco trató de amoldarse al gusto gótico que no comprendía ; y por último, un interior de tres elegfantes bóvedas de crucería, sostenidas en columnas con capiteles dorados en forma de corona (i).

Había en Jerez numerosos conventos de religiosos de ambos sexos: los más antiguos eran: el de Santo Domingo (fundado en 12Ó6), hoy destinado á bodega y granero, y en cuya estructura llaman la atención las atrevidas y garbosas ojivas de su única nave gótica, sostenidas en ménsulas, adornadas en el presbiterio con flores, frutos y claves doradas ; y seis capillas ojivales de bóveda muy rebajada (2) ; y el de San Francisco, erigido en la misma época, ya lastimosamente hecho escombros para cons-

(i) Esta iglesia fué construida en tiempo de los Reyes Católicos, según permite creer el escudo colocado sobre la puerta mayor.

(2) El convento de Santo Domingo es de fundación del rey don .Alonso el Sabio. La capilla mayor de su iglesia conserva los escudos de las armas reales, y era entierro de una familia de caballeros de Jerez, descendientes del conquistador de Canarias.— En una de las capillas que hemos mencionado se conservaba la milagrosa imagen de Xuestra Señora de la Consolación, hallada milagrosamente en el golfo de Rosas por un caballero genovés en 1285.— Cuenta la piadosa leyenda, que navegando aquel caballero con rumbo á Cádiz, vio una luz en el mar, y acercándose á mirar qué fuese, halló la Santa imagen en una galerita con una candela encendida delante, oyendo al propio tiempo una voz que le decía : Llévame á la casa de Predicadores. No refiere la leyenda cómo conoció el caballero que la imagen quería venir al convento de Predicadores de Jerez; pero estas piadosas tradiciones son como cierta clase de poesía, y como las flores, que pierden su perfume si se las estruja.

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truir en su área una plaza de abastos ! Dura su iglesia, afeada con numerosas y mal entendidas restauraciones, y son lo más interesante en ella dos sepulcros del siglo xv pertenecientes á la familia de un caballero de Jerez de la casa de la reina doña Isabel la Católica, y el enterramiento de la reina doña Blanca de Borbón, esposa desgraciada de don Pedro el Cruel, que permaneció en la capilla mayor hasta el año 1483, en el cual la mencionada doña Isabel mandó trasladarle al altar mayor en una urna de mármol con escudos de las armas de Castilla y Francia (i). — Del convento de Nuestra Sefiora de la Merced^ dijimos ya que había sido transformado en Hospital general. Su iglesia es notable por su única y espaciosa' nave gótica de ocho ojivas, sostenidas en pequeñas ménsulas con escudos, y por el soberbio arco rebajado de su coro, delicadamente exornado con cenefas de follaje y de angrelado morisco.

Á una legua de la ciudad, orillas del Guadalete, no lejos del teatro donde finalizó la sangrienta batalla de siete días que decidió en siglos remotos los destinos de nuestra patria, se levanta la suntuosa Cartuja de Jerez^ célebre hasta este siglo por su templo, su claustro, sus jardines, sus fuentes, sus dehesas y yeguadas, las riquezas de su sacristía y Sagrario, sus cuadros y su ermita de Nuestra Señora de la Defensión, origen y parte la más devota del grandioso monasterio. — El pequeño santuario de la milagrosa imagen á la cual debieron los jerezanos muy señaladas victorias, fué como el núcleo de esta gran casa. Si hubiera de contarse todo lo que la religiosa gente de este país ha hecho en los pasados siglos movida de su ardoroso amor á la pura y hermosa reina de los ángeles, resultaría un voluminoso libro de poéticas y entretenidas leyendas. — Cuen-

co La lápida de este sepulcro está detrás del altar mayor, y su inscripción dice así : Chr. opt. max. sacriim. Diva Blanca, hispaniarum regina, paire Borbónico, ex Ínclita francorum regiim prosapia, moribus el coi-pare venustissima fuit ; sed prcevalente pellice, occubnit jiissii Petri mariti cnidelis, anno sahüis /?6/, cetatis vero sucv 2^.

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tase que en el siglo xiii, reinando don Alonso el Sabio, habiendo salido los de Jerez contra los moros que talaban sus campos, éstos les tenían dispuesta una celada en una gran mata de olivares llamada el Sotillo^ donde hoy se eleva la Cartuja. Los cristianos, al llegar de noche al paraje de la emboscada fueron favorecidos por una luz sobrenatural y repentina que les descubrió el lugar donde estaban ocultos los infieles, y cayendo sobre ellos, los pusieron en completa derrota. Acercándose luego al paraje de donde salía la gran claridad, vieron una imagen de la Virgen. Edificóse allí una ermita con el título de Nuestra Seíiora de la Defensión^ y la imagen de la Madre de Dios pintada en ella para memoria del suceso, en medio de una nube resplandeciente, con los moros y caballeros jerezanos al pié, duró largos siglos atrayendo hasta nuestros días el devoto y numeroso concurso de los fieles del país, entre los cuales aún se conserva fresca la memoria de los beneficios pasados debidos á Nuestra Señora. La ermita transformada en pequeña iglesia, aneja al monasterio, quedó en cierto modo exenta, con una puerta al campo para que pudiera ser frecuentada sin ofensa de la clausura.

« Fundó la Cartuja en el siglo xv Alvaro Obertos de Valeto, vecino de Jerez de la Frontera, el cual, según expresa la inscripción de la bella losa sepulcral que tiene su enterramiento en la iglesia, al pié de las gradas del presbiterio, falleció en el año de 1482. De otra inscripción, colocada en unas cartelas del arco central en la portada de renacimiento que dividía el coro de profesos del general de la comunidad, se colijé que toda la parte plateresca de este magnífico templo fué ejecutada á mediados del siglo XVI. Estas dos fechas explican satisfactoriamente la mezcla de los dos estilos arquitectónicos, ojival florido y renacimiento, que se advierte en este interesante edificio, así en la iglesia, donde la mano pesada y torpe del siglo pasado enmascaró con un ridículo cornisamento greco-romano los arranques de la gallarda bóveda gótica y los pilares que sustentan el arco

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toral; como en el llamado claustrillo, atrevida y fantástica concepción del arte cristiano en su ocaso, en el cual forman contraste las galerías de arcos apuntados, su crestería y sus pináculos, con la portada del refectorio (i), de columnillas abalaustradas flanqueando un arco de medio punto, con medallones á la italiana en pedestales y enjutas (2).»

«La fachada principal del monasterio es greco-romana, obra del arquitecto Andrés de Ribera, ejecutada, según expresa la inscripción esculpida en dos triglifos, en 1 5 7 1 . Presenta cuatro grandes columnas dóricas istriadas, que sostienen un espacioso entablamento bajo el cual se abre un soberbio arco de medio punto. Debajo de este arco voltea otra cimbra, que corona otro entablamento menor, donde campean en sendos nichos las tres estatuas de Nuestra Señora, San Bruno y San Agustín. La cornisa general lleva encima una especie de frontón con una concha en que figura el Padre Eterno (3). — Por esta fachada se entra en un gran patio, en cuyo fondo se alza la imafronte de la iglesia antes mencionada, de orden corintio muy bastardo, construida en 1667, en la cual, entre columnas pareadas, se ven las imágenes de varios santos fundadores, y multitud de adornos importunos, de riqueza pueril. — Son tres los patios ó claustros de este monasterio; el principal es greco-romano, con veinticuatro columnas de mármol blanco en cuadro; otro es el claustrillo mencionado , cuyos sostenes angulares son cuatro esbeltas columnas con capiteles de garbosos tallos y abacos circulares de follajes bizantinos delicadamente cincelados. Cuando visitamos este bello claustro, un oraje repentino descargó sobre aquella medio desvencijada armazón de piedra, y al punto em-

(i) V. la lámina.- jerez de la Frontera,— Portada del refectorio de la Cartuja.

(2) Hemos creído de interés para los aficionados á nuestros antiguos monumentos artísticos reproducir la descripción que hicimos de esta soberbia Cartuja según el estado en que se hallaba en 1853. De entonces acá ha mermado mucho su riqueza arquitectónica: el famoso claustrillo se ha convertido en ruinas; el interior del templo ha sufrido espoliaciones: algunos de los objetos que le embellecían han sido trasladados á Jerez para decorar otros templos.

(3) V". la lámina: Jerez de la Frontera— Puerta del palio de la Cartuja.

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pezaron á filtrar las aguas por las junturas, convirtiéndose cada uno de aquellos cimacios en una copiosa regadera. Este inesperado fenómeno nos dio á conocer el triste abandono en que yacía la preciosa fábrica! El tercer claustro, gótico también, está sostenido en diez y ocho arcos ojivales que arrancan de sendos pilares formados de baquetones en haz. — En el primero de estos patios hubo estanque: consérvanse todavía la antigua cruz, los cipreses y otros árboles, las celdas de los cartujos, el magnífico refectorio, donde solo dos veces al año se reunía la comunidad, y donde se le hacía oir la palabra divina desde un hermoso pulpito, que considerado como obra del arte del renacimiento, llamaría hoy la atención en cualquiera de los más lujosos templos del orbe. »

«Las famosas yeguadas de la Cartuja subsisten, aunque en decadencia; pero llora su desamparo cubriéndose de silvestre yerba el jardín del monasterio, donde hay aljibes, pozo, lavadero, árboles frutales, flores: todo lo que además de proporcionar comodidad, puede dar encanto á la vida monástica (i). — ¿Cuál

(i) Juzgamos oportuno transcribir del Diario de nuestro viaje en 1853, algunos pormenores para dar á conocer mejor las bellezas artísticas que este gran monasterio encerraba. ^<Temflo: su bóveda está pintada de azul con estrellas de plata: hállase dividida en cuatro compartimentos, sin contar el del presbiterio. Sus nervios figuran en cada compartimento una grande estrella de cuatro puntas, adornada con óvalos. El presbiterio forma en su ábside un pentágono, en cuyasdesnudas paredes se ven la antigua imposta, de que pendía una linda cenefa cairelada con arquitos trebolados, tres graciosas ventanas de ajimez con crestería de alabastro en el entrearco; dos elegantes y sencillos arcos en los lados que formaban los costados del retablo (que se conoce era angosto;, y finalmente en la parte superior las dos imágenes de San Bruno y San Hugo pintadas al claro-oscuro en la piedra con suma gracia y candor, dorados los accesorios, como la aureola del primero y la mitra y báculo del segundo. La figura del fundador Alvaro Obertos de Valeto, grabada en la piedra de su sepultura al pié de las gradas del presbiterio, es de bello estilo rafaelesco: está armada, tiene el montante asido con ambas manos, y su escudo de armas á los pies con dos leones levantados de manos y apoyados á un pino. Parécenos que esta lápida debió ser trabajada mucho después de la muerte del personaje, y quizás en la época ( i =; 5 3) en que se ejecutó la obra que pasamos á describir. — Coro: su sillería es plateresca, pero lo más notable en ella es á mis ojos el zócalo de piedra blanca que la sostiene. ¡ Qué figurillas, qué follajes, qué graciosísimos mascarones, qué niños en actitudes movidas, arrastrando guirnaldas, qué sirenas deslizándose por entre flores, qué geniecillos cargados de frutos ! Todo parece sugerido por alguno de los más aventajados discí-

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será el destino reservado á este abandonado monumento? (i).» « Los demás conventos de Jerez van paulatinamente convirtiéndose en arsenales de la industria y del comercio, y en habitaciones de gente de guerra. El bullicioso tráfago de los secuaces de Pluto y Marte asorda hoy las bóvedas en que hasta el presente siglo solo resonaron los ecos de tranquilos coloquios y de un andar acompasado. Ya hemos dicho á qué han quedado reducidos Santo Domingo y San Francisco. San Juan de Dios (fundado en 1567) está destinado á pabellones de oficiales. San Agustín (del 1623) á cuartel de caballería: Nuestra Señora de Belén (del 1 644) á cárcel nacional : la Victoria (del 1 5 1 7) fué vendido y consagrado á almacenes de madera y otros usos : en la Trinidad (del 1 5 60) lo que no estaba arruinado se convirtió

pulos de aquel genio de tan maravillosa universalidad que hizo juntamente con la Escuela de Atenas y la Misa de Bolsena la Calatea de la Farnesina y las Loggias del Vaticano!— Hay una galería divisoria entre el coro de los profesos y el general de la comunidad : forma una especie de portada, en cuyo centro campea un arco sencillo entre dos pilastras de caprichoso orden compuesto, con su cornisamento. Todo está cuajado de figurillas y frutos sobre fondo de oro, con los emblemas de la pasión de N. S. en el escudo de la clave. En las enjutas se ve á Adán y Eva; en la archivolta cabezas de serafines: en las jambas mascarones y figuras monstruosas, y dos cartelas con inscripción que expresa: Se doró año i~]o, y se hizo año IS53- Las figuras de las pilastras son bellas sobre toda ponderación: representan pasajes del Evangelio, y en el pedestal de la pilastra de la izquierda está copiado de relieve el famoso San Jerónimo del Torriggiano del museo de Sevilla. —Refectorio: ya hemos indicado el estilo plateresco de su portada en el claustrillo: fáltame añadir que esta portada termina con un frontón en que descuella, sostenido por dos leones, un escudo con esta tarjeta encima, Alvaro Obertos de Valeto:/. Esta_/debe X&crse fundador, no fecit, pues según queda ya dicho, este personaje es de tiempo anterior al en que se practicaba el arte plateresco. El refectorio es una grande y magnífica cuadra : su elevada bóveda consta de cuatro compartimentos: sus nervios forman estrellas flamulares en su conjunción y descansan en repisas unidas por una imposta que remata por lo bajo en una cinta ondulante con tréboles en cada onda. El pulpito en que se leía es de riquísimo mármol blanco, de planta decagonal, con pilastrillas de orden compuesto, hornacinas con repisas, y cairel de angelitos con guirnaldas, todo sostenido en un gracioso cáliz de pequeños casetones terminando en una especie de repisa ó tenia de figurillas agrupadas en graciosa torsión.— En la pared de oriente de este refectorio está pintada al fresco la Virgen de la Antigua, de medio cuerpo.»

(i) En el año 1876 fué concedida de real orden la Cartuja de Jerez á don Francisco García Tejero, presbítero director de la Congregación filipense de Hijas de los Dolores, con todas sus dependencias, para establecer en ella un instituto religioso, industrial y agrícola, y abrir la iglesia al culto, cuidando de su conservación y reparación, así como de toda su parte monumental.

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en habitaciones particulares: el Carmen (dej 1587) sirve también de albergue á esa gente pobre, y de almacén de maderas : la Vera Cruz del 1559 y los Descalzos del 1605, se transformaron en nuestros días en bodegas y almacenes de trigo. »

3>De los conventos de monjas solo podemos decir el orden cronológico de sus fundaciones ; las bellezas artísticas de los que hoy subsisten han sido para nosotros fruto vedado. El más antiguo fué el del Espíritu Santo, del 1 43 i : siguen el de Madre de Dios ^n 1505, el de sa?i Cristóbal e.n 15 13, el de yesús v Maria en 15 14, el de santa Maria de Gracia en 1526, las Descalzas Clarisas en 1609, y ^^Pnrisima Concepción en 1619.» Así como la tranquila vida del cartujo realizaba en cierto modo, en cuanto á lo externo, algunas aspiraciones de los modernos socialistas y utopistas, así también eran los antiguos monasterios benedictinos, en lo tocante á faenas aerícolas, como un preludio de la vida de los grandes cortijos de los contornos de Jerez. Tienen algunos de éstos ilimitada extensión de terreno: los hay de más de mil y trescientas hectáreas; y en sus edificios hay tahonas, hornos, alm»acenes, graneros, bodegas, cuadras, departamento para jornaleros, establos para bueyes y muías, cuyo número en muchas labores asciende á doscientos pares. — Hay también en la comarca ranchos y pegujares, ó sean labores cortas de ciento y ciento cincuenta hectáreas, con edificios pequeños. — Hay por último granjas con plantaciones de naranjos, olivos y otros árboles, y aún queda, entre las posesiones dignas de ser visitadas, la memoria del Majuelo^ del Giraldillo y del Recreo, en cuyas labores se reunían hasta mil jornaleros, que rendían á sus dueños hasta mil quinientas botas de exquisito vino... Pero perdónennos los señores González, Misa, Pemartín, Garvey, Domecq y demás afamados vinícolas y extractores de Jerez, si no consagramos á sus viñedos y bodegas toda la atención de que son dignos; á fuer de visionarios, hemos preferido durante nuestro viaje la cristalina fuente del monasterio al amontillado y reañejo de la horrca, é imitando al

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padre de Lúculo que no hacía servir á sus convidados más que una sola vez el vino griego (i), en nuestra sobria refacción de viajero apresurado solo una vez interviene la botella de Jerez.

Somos exploradores de la antigua España más que de la moderna: vagamos como espíritus salvando las altas montañas, los caudalosos ríos, los profundos barrancos y los sinuosos ferro-carriles para posar en los castillos de los denegridos picachos; penetramos en las ruinas donde solo penetran la garduña, el buho ó el lagarto, ó en los desiertos archivos que solo habitan la polilla, los ratones y los gatos — y á veces el apergaminado archivero; — nos consagramos á escudriñar la índole, orígenes, naturaleza é historia de los pueblos, sus artes y monumentos ; no concurrimos al café del Centro, ni nos hemos hecho presentar en el Casino ni en el Circnlo jcrezano;VÍ\ en la sobremesa de la fonda tomamos parte en las animadas controversias de la juventud cosmopolita sobre los lances del jr^¿?r/, del cotillón ó del handicap^ ni compartimos las emociones del hipódromo, de los toros ó del haccarat. Es tal nuestra indiferencia por lo moderno, uniforme en todas partes desde la corte de Lisboa hasta la de San Petersburgo, que si al invadir con nuestra ansiosa mirada el patio morisco de la casa de Agreda, ó al contemplar la plateresca fachada de la casa de Riqíielme^ oimos explayarse por aquellos contornos los armoniosos ecos de una fantasía de Osear de la Cinna, el compositor)- pianista predilecto de la ///>// /{/é" jerezana, después de tributar una palmada á la deliciosa música que como rocío bienhechor inunda de frescura todo nuestro ser, proseguiremos nuestra excursión arqueológica sin inquirir siquiera quién es el feliz intérprete — masculino ó femenino — del gran artista húngaro.

Quisiéramos decir algo de las antiguas viviendas de personajes particulares. El bello patio del siglo xv que publicamos, de una casa que creemos se halla situada en la //í?5^¿z Carrizosa, dará una ligera idea de lo que eran las moradas de los jerezanos nobles (2).

(1) PuiMO. Hisi. Kat., lib. XI V, cap. 14.

(2) Véase la lámina : Jerez de la Frontera— Patio de una casa particular.