Suma y narracion de los Incas, que los indios llamaron Capaccuna, que fueron señores de la ciudad del Cuzco y de todo lo á ella subjeto · Unidad 9 de 15
CAP. XVI.--En que trata cómo Inca Yupanqui reedificó la ciudad del Cuzco, é cómo la repartió entre los suyos. 106 — parte 6
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Salidos que fueron aquellos señores caciques de donde Inca Yupanqui estaba, y fueron á do Viracocha Inca estaba, como ya la historia os ha contado, é Inca Yupanqui quedase solo en su ciudad con los suyos, despues de haber reposado dos dias, parescióle que tenian ya ociosidad, é habia tomado por recreacion el ejercer de su persona; é ansí, salió un dia de mañana de la ciudad del Cuzco, é llevando consigo los señores que allí consigo tenia, anduvo aquel dia todas las tierras que en torno de la ciudad eran, y lo mismo hizo otro dia siguiente; [y] despues de las haber bien visto y mirado, vió la mala reparticion é arte que el tiempo que allí su padre estuvo ellas tenian. El tercero dia, tambien ansímismo anduvo mirando, juntamente con los señores, el sitio donde la ciudad del Cuzco estaba fundada, todo lo cual, ó lo más dello, eran ciénagas y maniantales, como ya la historia os lo ha contado, y las casas de los moradores della eran pequeñas y pajizas é mal edificadas y sin proporcion de arte de pueblo que calles tuviese; y bien ansí como es el dia de hoy junto á esta ciudad un pueblo que llaman Cayaucachi, era en aquel tiempo las casas y pueblo que agora es la gran ciudad del Cuzco.
Y como Inca Yupanqui viese tan mal parado este pueblo del Cuzco, é ansímismo las tierras de labranzas que en torno dél eran, parescióle, viendo que tenia tiempo y gran aparejo para de nuevo reedificarla, y que primero que en el pueblo hiciese casa, ni el reparto de las tierras, que seria bien hacer y edificar una casa al sol, en la cual casa pusiesen y fuese puesto un bulto en el lugar do el sol reverenciasen y hiciesen sacrificios; porque, aunque ellos tienen que haya uno que es el Hacedor, á quien ellos llaman Viracocha Pachayachachic, que dice _Hacedor del mundo_, y ellos tienen que éste hizo el sol y todo lo que es criado en el cielo y tierra, como ya habeis oido; caresciendo de letras, y siendo ciegos del entendimiento en el saber, casí muchos varian en esto en todo y por todo, que unas veces tienen al sol por hacedor, y otras veces dicen que el Viracocha; y por la mayor parte, en toda la tierra y en cada provincia della, como el Demonio les traiga ofuscados, y en cada parte que se les demostraba les decia mil mentiras y engaños, y ansí los traia engañados y ciegos, y en los tales lugares do ansí le vian ponian piedras en su lugar, á quien ellos reverenciaban y adoraban. Y como les dijese unas veces que era el sol, y á otros en otras partes decia que era la luna, y á otros que era su Dios y Hacedor, é á otros que era su lumbre que los calentaba y alumbraba, é que ansí lo verian en los volcanes de Arequipa[33]; en otras partes decia que era el Señor que habia dado el ser al mundo, y que se llamaba Pachacama, que dice, _Dador de ser al mundo_; y ansí los traya, como tengo dicho, engañados y ciegos.
Y volviendo á nuestra historia, este Señor Inca Yupanqui, como quisiese hacer casa y adoratorio á quien él reverenciase y los demás de su pueblo, quiriendo lo hacer á reverencia y semejanza del que habia visto ántes de su batalla, y considerando él quel que ansí viera, á quien él llamaba Viracocha, que le vió con gran resplandor, segun ellos dicen, y en tanta manera que le paresció que todo el dia era allí delante dél y su lumbre, lo cual viendo delante de sí, dicen que hubo gran pavor, y que nunca le dijo quién fuese; considerando él en sí, cuando esta casa queria edificar, que aquel que viera, segun la lumbre que en él habia visto, que debia de ser el sol, y que como llegase á él y la primera palabra que le dijese "Hijo, no tengas temor," y ansí los suyos, como la historia os ha contado, le llamaron despues Hijo del Sol; y tiniendo él ansí lo que ya habeis oido, propuso de hacer esta Casa del Sol.
Y como la propusiese, llamó los suyos y los señores de la ciudad del Cuzco que allí consigo tenia, y díjoles lo que ansí tenia pensado y que queria edificar esta casa; y ellos le dijeron que diese la órden y traza del edificio della, porque tal casa como aquella, ellos, los naturales y propios de la ciudad del Cuzco la debian edificar é hacer; é Inca Yupanqui les dijo que la casa debia ser edificada luego, porque él ansí lo tenia pensado. Y visto por él el sitio do á él mejor le paresció que la casa debia de ser edificada, mandó que allí fuese traido un cordel, y siéndole traido, levantáronse del lugar do estaban él y los suyos, y siendo ya en el sitio do habia de ser la casa edificada, él mismo por sus manos con el cordel midió y trazó la Casa del Sol; y habiéndola trazado, partió de allí con los suyos y fué á un pueblo que dicen Salu[34], que es casi cinco leguas de esta ciudad, ques do se sacan las canteras, y midió las piedras para el edificio desta casa, y ansí medidas, de los pueblos comarcanos pusieron las piedras que les fué señaladas y las que fueron bastantes para el edificio desta casa; y juntamente con esto, trujeron todo lo demás que para el edificio desta era necesario; y siendo ya allí, pusieron por obra el edificio della, bien ansí como Inca Yupanqui la habia trazado y imaginado. Andó él siempre y los demás señores encima de la obra, mirando cómo la edificaban, y ansí él como los demás, trabajaban en el tal edificio; la cual obra, como allí tuviese juntos los materiales y menesteres della, que en breve tiempo fué acabada.
Y como ya fuese acabada esta otra Casa del Sol que habeis oido, mandó Inca Yupanqui que luego fuesen juntas quinientas mujeres doncellas, y como allí fuesen traidas, ofreciólas al sol, para que allí siempre estas tales doncellas sirviesen al sol y estuviesen allí dentro, bien ansí como las monjas son encerradas; y luego, allí, llamando á un señor anciano y natural de la ciudad del Cuzco que á él le pareció que era hombre honesto y de buen exemplo y fama, que estuviese y regiese allí en la Casa del Sol, y que fuese mayordomo del sol y de la tal casa. Y luego mandó que allí fuesen entregados doscientos mozos de servicio del sol; y ansímismo en aquella hora señaló ciertas tierras para el sol, en que sembrasen estos doscientos yanaconas.
Y esto hecho, mandó Inca Yupanqui á los señores del Cuzco que, para de allí á diez dias, tuviesen aparejado mucho proveimiento de maíz, ovejas y corderos, y ansímismo mucha ropa fina, y cierta suma de niños y niñas, que ellos llaman Capacocha, todo lo cual era para hacer sacrificio al sol. Y siendo los diez dias cumplidos y ésto ya todo junto, Inca Yupanqui mandó hacer un gran fuego, en el cual fuego mandó, despues de haber hecho degollar las ovejas y corderos, que fuesen echados en él, y las demás ropas y maíz, ofreciéndolo todo al sol; y los niños y niñas que ansí habian juntado, estando bien vestidos y aderezados, mandólos enterrar vivos en aquella casa, que en especial era hecha para donde estuviese el bulto del sol; y con la sangre que de los corderos y ovejas habian sacado, mandó que fuesen hechas ciertas rayas en las paredes desta casa; todo lo cual hacia y los sus tres amigos é otros; todo lo cual sinificaba una manera de biendecir y consagrar esta casa; en el cual sacrificio andaba Inca Yupanqui y sus compañeros descalzos y mostrando gran reverencia á esta casa y al sol. É ansímismo con la misma gente [sangre?] el Inca Yupanqui hizo ciertas rayas en la cara [á] aquel señor que era señalado por mayordomo desta casa, y lo mismo hizo á aquellos señores, sus tres amigos, y á las mamaconas monjas que para el servicio del sol eran allí. Y luego mandó que todos los de la ciudad, ansí hombres como mujeres, viniesen á hacer sus sacrificios allí á la casa del sol; los cuales sacrificios que ansí la gente comun hizo, fué quemar cierto maíz y coca en aquel fuego que ansí era hecho, entrando cada uno destos uno á uno y descalzos, los ojos bajos; y al salir que ansí salian, despues de haber hecho su sacrificio, á cada uno destos por sí mandó Inca Yupanqui que aquel mayordomo del sol hiciese la raya misma que habeis oido, con la sangre de las ovejas, en los rostros destos que ansí salian, á los cuales les era mandado, que desde aquella hora hasta que el bulto del sol fuese hecho de oro, todos estuviesen en ayuno, y que no comiesen carne ni pescado ni áun guisallo, ni llegasen á mujer, ni comiesen verdura ninguna, y que solamente comiesen maíz crudo y bebiesen chicha, sopena que el que el ayuno quebrantase, fuese sacrificado al sol y quemado en el mismo fuego. El cual fuego mandó Inca Yupanqui que siempre estuviese ardiendo de noche y de dia; la leña del cual fuego mandó Inca Yupanqui que fuese labrada y quemada mientras al ídolo se hiciesen en el fuego sacrificios, los cuales mandó que durante este tiempo hiciesen las mamaconas del sol; las cuales ansímismo estaban en grande ayuno y lo mismo el Inca Yupanqui y los demás señores.
Y esto hecho y proveido, mandó Inca Yupanqui que viniesen allí los plateros que en la ciudad habia, y los mejores oficiales, y dándoles todo aparejo allí en las Casas del Sol, les mandó que hiciese un niño de oro macizo y vaciadizo, que fuese el tamaño del niño del altor y proporcion de un niño de un año y desnudo; porque dicen que aquel que le hablara cuando él se puso en oracion estando en el sueño, que viniera á él en aquella figura de un niño muy resplandeciente, y que él vino á él despues, estando despierto, la noche ántes que diese la batalla á Uscovilca, como ya os he contado, que fué tanto el resplandor que vió que dél resultaba, que no le dejó ver qué figura tenia; y ansí mandó hacer este ídolo del tamaño y figura de un niño de edad de un año; el cual bulto se tardó de hacer un mes, en el cual mes tuvieron grandes sacrificios y ayunos.
Y este bulto acabado, mandó Inca Yupanqui que aquel señor que habia señalado por mayordomo del sol, que tomase el ídolo, el cual le tomó con muchas reverencias, y vistióle una camiseta muy ricamente tejida de oro y lana é de diversas labores, y púsole en la cabeza cierta atadura á uso y costumbre de ellos, y luego le puso una borla segun la del estado de los Señores, y encima della le puso una patena de oro, y en los piés le calzó unos zapatos, _uxutas_[35] que ellos llaman, ansímismo de oro. Y estando ansí el bulto, llegó Inca Yupanqui á do el bulto estaba, el cual iba descalzo, y como llegase á él, hízole sus mochas[36] y gran reverencia, mostrándole gran respeto; é ansí, tomó el bulto del ídolo en sus manos y llevólo á do era la casa y lugar do él habia de estar; en la cual casa estaba hecho un escaño, hecho de madera y muy bien cubierto de unas plumas de pájaros tornasoles de diversas maneras y colores, de las cuales y con las cuales era muy vistosamente labrado; en el cual escaño puso Inca Yupanqui el bulto del ídolo. Y siendo allí puesto, hizo traer un brasero de oro, y siendo encendido en él fuego, mandóle poner delante del ídolo, en el cual fuego y brasero hizo echar ciertos pajaricos y ciertos granos de maíz, y derramar en el tal fuego cierta chicha; todo lo cual dijo que comia el sol, é que haciendo aquello, le daba de comer; y de allí adelante se tuvo aquella costumbre ordinariamente; lo cual hacia aquel mayordomo dél, ansí como si fuera persona que comiera y bebiera; ansí se tenia especial cuidado de le guisar de comer diversas comidas y maneras de manjares, y ansí las quemaban delante, á la tarde y á la mañana en braseros de oro y plata, en la manera que ya habeis oido. Y dende allí adelante adoraban en aquel ídolo; y no entraban dentro del ídolo donde estaba, sino eran los señores principales, entrando con mucha reverencia y veneracion, los zapatos quitados, y las cabezas bajas; y el Inca Yupanqui entraba sólo, y él mismo por su mano sacrificaba las ovejas y corderos, haciendo él el fuego y quemando el sacrificio. Y cuando él ansí estaba haciendo el sacrificio, ningun señor osaba entrar dentro, y todos se quedaban en el patio, y allí hacian ellos fuera sus sacrificios y sus mochas y adoramientos. Y para en que la gente comun adorasen allá fuera, porque no habian de entrar allá dentro si no fuesen señores, y éstos en el patio, hizo poner en medio de la plaza del Cuzco, donde agora es el rollo, una piedra de la hechura de un pan de azúcar, puntiaguda para arriba y enforrada de una hoja de oro; la cual piedra hizo ansímismo labrar el dia que mandó hacer el bulto del sol, y esta piedra, para en quel comun adorase, y el bulto, en la Casa del Sol, los señores; la cual casa era reverenciada y tenido en gran reverencia, no solamente el bulto, mas las piedras della y los sirvientes y yanaconas della eran tenidos por cosa bendita y consagrada.
Y al tiempo que la edificaban, estando asentando cierta piedra, quebróse de la juntura de la tal piedra un pedazo como tres dedos en ancho y largo, y mandó Inca Yupanqui que luego fuese allí derretida cierta plata y vaciada de tal manera en la piedra y quebrado della, que viniese al justo de lo que la piedra se quebró; todo lo cual era de cantería, y la juntura de la tal cantería de piedra con piedra era tan sotilmente asentado, que parescia raya hecha con un clavo en una piedra. En la cual se enterraban los señores principales en los patios y aposentos, excepto donde el ídolo estaba; y el dia quel ídolo se puso en la casa, entraron en la ciudad, que no lo saben ni pueden inumerarlo, mas que dicen que la vez que ménos ovejas y corderos allí sacrificaron, que pasaba de más de quinientos.
_CAP. XII.--En que trata cómo Inca Yupanqui hizo juntar los señores de toda la tierra que hasta allí á él eran subjetos, y cómo fortaleció é hizo repartir las tierras en torno de la ciudad del Cuzco; y cómo hizo hacer los primeros depósitos de comidas é otros proveimientos que para el bien de la república en el Cuzco eran necesarios._
Acabado de dar órden Inca Yupanqui é de haber hecho los ídolos y casas del sol, que habeis oido, mandó en la ciudad del Cuzco que en un cierto dia señalado fuesen juntos en ella todos los señores, caciques y principales que en las provincias y comarcas de en torno de la ciudad del Cuzco vivian y á él habian dado obidiencia, para [por] que tenia ciertas cosas que comunicar con ellos; é oido el mando por los principales del Cuzco, luego inviaron sus orejones por las provincias y comarcas que ya habeis oido, con los cuales inviaban á mandar á los tales señores de ellas el mando que el Inca Yupanqui tenia hecho, y que para aquel dia señalado fuesen todos á la ciudad. Y como los tales señores supiesen el mando que el Inca Yupanqui mandaba, con la más brevedad que posible les fué, se vinieron á la ciudad del Cuzco; y siendo ya todos juntos, Inca Yupanqui les dijo, que ya vian que el sol era en su favor y que no era justo que se contentasen con poco; que le parescia que, porque andando el tiempo la guerra no les daria lugar á hacer sus tierras y repartirlas[37] de la manera que de una vez queria que se repartiesen, que para perpetuamente ellos y sus descendientes sembrasen y se sustentasen, que le parescia que seria bien que cada uno tuviese sus tierras señaladas y conoscidas, para que las sembrasen y aderezasen cada uno dellos con la gente de sus casas y amigos, todo lo cual decia á los señores y moradores de la ciudad del Cuzco. Y ansí, todos juntos, viendo la merced grande que les hacia de darles las tierras que conosciesen para perpetuamente á cada uno de ellos, todos juntos y á una voz le dieron grandes gracias, llamándolo é intitulándolo _Intipchuri_, que dice "Hijo del sol."
Y luego de allí mandó Inca Yupanqui que todos fuesen á cierto sitio do las tales tierras estaban pintadas, donde, como allí fuesen, dió y repartió las dichas tierras, dando á cada uno de ellos las tierras que le paresció que le bastaban. Y esto hecho, mandó luego que aquellos tres señores sus amigos se las fuesen á repartir á todos los de la ciudad, bien ansí como se las habia dado y señalado, y que esto hecho, volviesen todos ellos delante dél. Y ansí, los señores fueron y dieron y repartieron las tierras, y metieron en las posesiones de ellas á los tales que ansí les fué hecha la dicha merced por el Inca Yupanqui. [¿Mandó?] á los señores caciques que allí estaban, que le trujesen por cuenta cada uno de ellos los indios que allí consigo tenian; y luego los señores caciques le trujeron por quipo, que dice cuenta, la suma de los indios que tenian; y sabido por el Inca Yupanqui los indios que habia, mandó[38] á los señores que luego los repartiesen por casas; y ansí fué hecho. Y mandó que luego otro dia, que cada uno de los del Cuzco, como le habia cabido la suerte de las tierras, saliesen á las aderezar y reparar y hacer sus caños y regaderas, todo lo cual fuese reparado y hecho de piedra de cantería, porque fuese el tal edificio de tal manera hecho, que para perpétuamente durase, mandándoles que pusiesen sus linderos y mojones altos, de tal manera hechos, que nunca se perdiesen, debajo de los cuales mojones y de cada uno dellos fuese puesta cierta carga de carbon, diciendo, que si en algun tiempo se cayese el mojon, que por el carbon que allí se hallase conocerian los linderos de las tales tierras. Y esto proveido, Inca Yupanqui estuvo algunos dias, mientras en el aderezar de las tierras se daba órden, holgándose y recreándose viendo como cada uno trabajaba y aderezaba la parte que le habia cabido, y al que via que con algun trabajo lo hacia, dábale ayuda.
Y como viese que el edificio y reparacion de las tales tierras iba largo y que segun iban los reparos que los tales hacian, y que era edificio que no se podia acabar sin[39] ayuda, mandó que los señores y caciques que allí eran se juntasen en su casa cierto dia, y luego fueron juntos bien ansí como él lo mandó; y siendo allí en su casa, díjoles que habia gran necesidad que en la ciudad del Cuzco hubiese depósitos de todas comidas, ansí de maíz como de aji y frísoles é chochos, y chichas y quínua, y carnes secas, é todos los demás proveimientos y comidas curadas que ellos tienen; y que para aquello habia necesidad que de sus tierras lo mandasen traer. Y luego los señores caciques dijeron que les placia de toda voluntad de lo mandar traer, que mandase que de la ciudad del Cuzco fuesen algunos orejones en compañía de los indios que ansí ellos inviasen, para que en sus tierras les constase á los que allá eran que era su voluntad que el tal proveimiento hiciesen á la ciudad del Cuzco, porque aquel era el primero que ellos hacian, y por ellos muy mucho deseado de hacer el tal servicio á la ciudad del Cuzco y á su Señor Inca Yupanqui. Todo lo cual les fué agradecido por Inca Yupanqui y mandó luego á aquellos señores del Cuzco que proveyesen allá en sus posadas, juntamente con aquellos caciques y señores, los orejones que ansí habian de ir por los pueblos y provincias á juntar y traer las tales comidas y mantenimientos. Y ansí, fueron los señores é sus capitanes é hicieron allá su junta ellos y los caciques, y repartieron lo que cada una provincia habia de traer y contribuir. Y ansí se les repartió á los caciques que allí eran los depósitos que ansí habian de hacer, y se les mandó y señaló el tiempo que de tantos á tantos años se le hiciesen _in perpetuum_, si por el Inca no les fuese mandado otra cosa; todo lo cual acetaron de hacer los tales caciques, porque entendian que Inca Yupanqui era Señor que sabia bien satisfacer todo servicio que le fuese hecho.