Supersticiones y leyendas: región misionera, valles calchaquíes y las pampas · Unidad 37 de 91

Unidad 37 · SUPERSTICIONES Y LEYENDAS 115

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SUPERSTICIONES Y LEYENDAS 115

ría necesariamente una catástrofe tan rápida como completa, sin que quede ningún testif^o para explicar la súbita desaparición de las víctimas: ese es el dragón tan funesto.

En apoyo de ello, dice, y con razón también, que en otros puntos del Alto Paraná la superstición ha colocado monstruos análogos; y ha observado que en todas esas localidades existe algún obstáculo peligroso para la navegación, el que ha podido producir desgracias y naufragios, los que han sugerido a la imaginación esas leyendas.

Estoy conforme con la versión del doctor Bertoni ; pero creo que en la leyenda originaria la forma del monstruo se halla desprovista de las alas y hálito de fueero que lo acercan tanto a los dragones de las fábulas europeas.

ni. — El paredón del Suindá-Cuá (Cueva de la

lechuza)

En la Cancha de Trinidad, en el mismo Río Alto Paraná, más al Norte de Teyú-Cuaré, sobre la costa paraguaya se halla otro paredón de piedra que se llama Suinda-Cuá (Cueva de la lechuza) (1), que tiene también su leyenda.

Un día desaparecieron de las reducciones jesuíti-

(1) Suinda en guarany es el ttombre de un lechuzón, eepecie de buho del género Syrnivm.

116 JUAN B. AMBROSETTI

cas de Jesús y Trinidad todas las vacas que allí se criaban. Gran clamor levantó entre los indios de allí este acontecimiento, y mucho mayor fué aún cuando supieron que el autor de todo esto había sido un Santo, que, en vista de que no las cuidaban bien, se las había llevado, castigándolos de ese modo.

Siguiéronles el rastro y llegaron haiíta el pare- <lón, a cuyo pie creyeron ver en las rocas, roídas por el asTua, las huellas que habían dejado estampadas allí los animales, para eterna memoria de este hecho tan trascendental.

Es indudable que, necesitando los .iesuíta;S extraer esas haciendas, quizá para ir a socorrer con ellas alcnina otra reducción o por cualquier otro motivo, dieron con esta leyenda no sólo una satisfacción a los indios, sino que, al mismo tiempo, según su costumbre, aprovecharon de esta oportunidad para aplicarles una lección de formidable moral práctica para lo sucesivo.

El doctor Bertoni da a ese ipunto el nombre de Pacú-Cerá y dice que, durante las bajantes extraordinarias del Alto Paraná, tiene poca hondura, en razón de tener el río allí una media legua de ancho y cuenta entonces con un banco en medio de la corriente.

Con este motivo, tiene su monstruo sumamente peligroso, que es un buey con cuernos de oro, y no falta quien repita sus hazañas pasadas, puesto