Teatro selecto, tomo 3 de 4 · Capítulo real 30 de 196
ESCENA III
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
LAURA, CELIA. — MARCELA, SILVIA.
MARCELA.
Laura mia, ¡á aquesta hora!
LAURA.
No te espantes desto, amiga; Que á tanto una pena obliga.
MARCELA.
¿Quién lo duda? ¿Quién lo ignora?
LAURA.
De la suerte que de mí Te fuiste ayer á valer, Vengo á valerme de tí.
CELIA.
Aprended, damas, de aquí, Lo que va desde hoy á ayer.
LAURA.
Aquel hombre que dejaste Cerrado, Marcela mia, En mi casa, vió Don Félix.
MARCELA.
¡Jesus!
LAURA.
No importa que diga El cómo ó el cuándo, puesto Que bastaba ser desdicha, Para que ella se estuviese Desde luego sucedida. Quísele satisfacer, Y vine á tu casa, amiga, Sin mirar á los respetos A que el ser quien soy me obliga. Entré en su aposento, y cuando A representarle iba Disculpas, que no tocasen En tu opinion ni en la mia, Una mujer, que detras De su aposento tenía, Y que era sin duda Nise...
MARCELA.
¿Quién duda que ella sería?
LAURA.
Salió á dar celos por celos.
MARCELA.
¡Hay tan gran bellaquería! ¿Y qué hizo Félix á eso?
LAURA.
Él, aunque quiso seguirla, Yo no lo dejé. En efecto, Las dos quejas repetidas, Ni las suyas quise oir, Ni él saber quiso las mias. Por mostrar que estaba (¡ay cielos!) Gustosa y entretenida, (¡Oh cuán á costa del alma, Marcela, un triste se anima!) Al mar de Antígola hoy Salí con unas amigas, Donde, aunque debió alegrarme Su hermosa apacible vista, No pudo, que para mí Ya se murió la alegría; Tanto, que ni el ver la Reina, Que infinitos siglos viva, Para que flores de Francia Nos den el fruto en Castilla Cómo en su verde carroza, Que caballos del sol tiran, Varado bajel de tierra Llegó á abordar á la orilla: Ni el ver tan ufano entónces Ese breve mar, que imita Del Océano las ondas Encrespadas y movidas De los céfiros süaves, Cuando al mirar quien las pisa Como plata las entorcha, Y como vidrio las riza: Ni el ver que ya el bergantin, Coche del mar, pues le guian, Como caballos, los remos, A quien el freno registra De un timon, abrió el estribo De su hermosa barandilla, Para que su popa ocupe, Para que su esfera admita Un sol, á quien hizo guarda No ménos que el alba misma: Ni el ver las hermosas damas, Que como flores seguian La rosa, bien así como Tejido coro de ninfas, En las selvas de Diana Profanas fábulas pintan: Ni el ver, en fin, que tan bello Ya el bajel bogando iba El piélago de cristal, Que al acercarse á la isla Del cenador, que con tantas Flores el estanque habita, No pudo determinar Desde aparte, no, la vista, Cuál el bergantin, ó cuál Era el cenador; pues via Flores en cualquiera tantas, Que unas á otras competidas, Naval batalla de flores Se dieron muertas y vivas, Me pudo aliviar; pues toda Esta pompa hermosa y rica, En los cristales bullicio, En las flores alegría, En los vientos suavidad, En las hojas armonía, En las damas hermosura Y en todos los campos risa, Llanto fué, llanto en mis ojos Celosa de Félix. Mira, Si á quien esto no divierte, Bastantemente peligra. Yo no he de hablarle; porque Es triste cosa, es indigna Accion darle yo á torcer Mis celos; y así querria De una industria aquí valerme, Si es que mi amistad codicias; Y es, que para que yo vea Si Nise en su cuarto habita, Le he de acechar esta noche Por aquella puerta, amiga, Que dijiste, y que á su cuarto Cae y él tiene escondida. ¿Cómo faltar de mi casa Podré? es fuerza que aquí digas; Y responderéte yo Que hoy mi padre fué á una villa, Adonde su hacienda tiene, Y no vendrá en cuatro dias. Así que estas noches puedo Ser tu huéspeda, si obliga Mi amistad á esta fineza, Pues es fineza de amiga Tan principal, tan discreta, Tan noble y tan entendida.
MARCELA.
¿Cómo te podré negar, Laura, lo que solicitas, Si con mi razon me arguyes, Si con mi dolor me obligas? Sólo hay un inconveniente; Mas si tú lo facilitas, Ven desde luego á mi casa; Mal dije, á la tuya misma.
LAURA.
¿Cuál es el inconveniente?
MARCELA.
Tanto mi hermano te imita En el dolor y en la causa (No importa que te lo diga; Primero somos nosotras), Que hoy me ha pedido que finja Con él un enojo, y vaya A ser por algunos dias Tu huéspeda; porque yo Allá de adalid le sirva. Pues si no voy á tu casa Yo, porque estás tú en la mia, Dirá...
LAURA.
Escucha; ántes mejor Es que desde luégo finjas Tú el enojo, y que te vayas; Pues con aquesto le obligas A que él esté más seguro De que yo en su casa asista.
MARCELA.
Dices bien, que con mi ausencia Se sanea esta malicia.
LAURA.
¿Cómo se ha de hacer?
MARCELA.
Así: Dame el manto, y dirás Silvia, Que fuí en casa de Laura; Que para hacer más creida La causa, quise ir de noche.
_(Pónese el manto.)_
Y despues (aparte mira) Busca á Lisardo, y dirásle Como mi afecto le avisa Que á verme vaya esta noche; Y quédate donde sirvas A Laura. Tú, Celia, ven Conmigo; pues nos obliga Esto á trocar con las causas Las criadas.
LAURA.
¿Tan aprisa?
MARCELA.
Estas cosas más se aciertan, Miéntras ménos se imaginan.
LAURA.
Marcela, á mi casa vas; Por ella y por mi honor mira.
MARCELA.
Por ella mira y mi honor, Pues te quedas tú en la mia. ¿En qué ha de parar aqueste Trueco?
CELIA.
¿Quieres que lo diga? En algun lance que á todas, O nos case, ó nos aflija.
_(Vanse por una parte Celia y Marcela, y por otra Silvia y Laura.)_
* * * * *
Cuarto de Lisardo.